domingo, 7 de diciembre de 2008

CONFUSIÓN BLANCA

Por desgracia, todavía parece menester justificar algunas cosas, como que un escribidor pueda hacerlo sobre fútbol. Por supuesto no llego al nivel de Verdú, Vázquez Montalbán, Javier Marías, Juan Cruz, Sábato, Bennedetti, etcétera. Ellos también han escrito sobre este juego y como digo en el encabezado de este cuadernillo, a uno le gusta también este juego. Espero que a los no futboleros/as no les importe esta entrada. Espero que a los muy futboleros, no les importe que intente hacer algo de literatura con el tema.

Ya esta mañana quise escribir sobre el partido del Barça el del sábado. Pero como otros con más sapiencia se me han adelantado, he preferido dejarlo para esta noche, para hablar más bien de la jornada. Seré sincero, pensaba hablar del Madrid, con una victoria, pero la cosa ha sido un desastre.
Anoche, una vez más durante esta temporada, me maravilló el juego del equipo culé. Quizá no fuese el partido más brillante de la temporada, o lo fue sólo a ráfagas, pero es una suerte poder contemplar a un equipo cuando juega de esta forma, cuando todos lo hacen al unísono.
Han construido una especie de orquesta en la que todos los grupos de instrumentos saben que son importantes y cada uno se aplica lo mejor que sabe a su tarea, y saben mucho, y no se olvidan en ningún momento que lo que importa es el juego colectivo, el resultado global.
Desde el delantero centro, normalmente el camerunés explosivo y apasionado (no anoche), empiezan a defender y a presionar con fuerza y determinación. Si el rival consigue llegar al área, cosa más bien extraña, lo hace ya deshilachado, mermado de facultades y de efectivos, y peor aún, sin ideas.
Desde la portería defendida por el joven catalán un poco inseguro, saben que su misión es la de meter más goles que el contrario, y para ello aplican la máxima futbolera que lleva la contraria a la realidad geométrica: la línea recta casi nunca es el camino más corto.
Pero la clave está en que esta orquesta tiene dos directores, a veces tres incluso, y claro así cualquiera. Fuera del campo está Pep Guardiola, siempre tan serio, siempre tan trajeado de oscuro, con esa mirada honda que parece estar constantemente malhumorada, pero que más bien se trata de una concentración extrema. Dentro del césped Xavi Hernández interpreta la partitura con exquisitez, y si algún día no está tan inspirado, suele aparecer Iniesta, el joven de la tez pálida, para sustituir con su propia sabiduría e intuición.
Quizá me esté equivocando, y se trata más bien de una orquesta de jazz que improvisa con calidad extrema sobre un mismo tema. Saben que el fútbol es un deporte colectivo en el que los esfuerzos se han de aunar y en el que las potencias de cada uno se han de asociar a las del resto de compañeros.
Ahora mismo, ha concluido otro desastre en el Bernabéu. Los merengues, por el contrario, son la confusión caótica de un anarquismo abocado a derrumbarse en un precipicio al que han acudido ellos solos, probablemente por su amor al peligro, a las experiencias límites. El Real Madrid convierte sus partidos de fútbol en deporte de alto de riesgo o extremos.
Esta noche, por ejemplo, hace unos minutos, ha sido todo confuso. Los dos primeros goles del Sevilla, que podían haber sido anulados por infracciones de los hispalenses, han subido al marcador ya que los madridistas han embrollado el fuera de juego del primer tanto y la falta que Kanuté ha cometido sobre Cannavaro, en el segundo. También han tornado confusa la jugada en la que Palop ha derribado a Higuaín, ya que éste ha rematado al poste y por si fuera poco, a Robben lo han expulsado en la finalización del mismo lance. Y todo ello por causa de la ansiedad que provocan sus prisas desaforados. Sólo Guti intentaba poner raciocionio, pero nada le salía, y el estadio se ha pasado medio partido chilllándole.
Pareciera que uno asiste, más que al juego de unos profesionales que cobran un dineral escandaloso, a la revuelta popular de los madrileños el dos de mayo de 1808. Todos lanzados en una muestra de pasión desaforada, de ardor incandescente, mostrando agallas, entereza y arrojo. Cualquier cosa menos fútbol, o fútbol de un equipo presuntamente campeón de casi todo.
No sé por qué, he pensado en las novelas de Pérez Reverte, sobre todo las históricas, por ejemplo Un día de cólera. Allí se ve también el ardor de un pueblo que lucha por lo que cree que es suyo a su manera, también de modo anárquico e impulsivo, desaforado y romántico.
Los partidos se convierten en narraciones heroicas o épicas (hoy ha habido de las dos), y suelen acabar con los chavales exhaustos, y algunas veces con aplausos y otras con pitos.
Lo ha dicho Robbinson, el comentarista de Canal Plus, uno ve al Madrid y se acuerda de la selección española cuando ésta era sólo la furia roja, esa selección llena de estrellas sólo en nuestro país que jugaba como nunca y perdía como siempre. Su comentario, tan sutil como muchos otros suyos, ha dejado abierto de par en par el recuerdo y la comparación con el juego de nuestra actual selección, la campeona de Europa, y claro, era muy fácil, recordar unas cuantas jugadas del partido de anoche tan similares a las de nuestro combinado nacional.
Sólo espero que el próximo sábado a ellos no les salga tan buen partido…
Uno, por si no se ha entendido, tiene su corazoncito.

2 comentarios:

mery dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
j. javier dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con lo que has dicho. Hoy tenemos novedades en el banquillo blanco. yo sigo insistiendo que cuando la cabeza no funciona,lo demás tampoco; mientras siga este presi, no levantamos cabeza. Saludos.