Al final del curso anterior, Lorena había contactado con la panda de Sanlu (Juan Pedro San Lucas del Pinto). Desde ese día, su vida había pegado un brusco giro que le asustaba y le avergonzaba. Hasta ahora había tenido suerte con la policía y con su madre, pero sabía que en cualquier momento todo podría cambiar.
Su amiga Alicia un día tuvo un disgusto, pues la policía local pidió la documentación, mientras hacían botellón junto al Óreo*, y escribió una carta a sus padres. Alicia estuvo un mes sin salir de casa. Pero ella, siempre se había salvado.
Sin embargo, se sentía en la cuerda floja. Deber dinero a alguien como Sanlu no era un buen negocio. Y ella se lo debía.
Su amiga Alicia un día tuvo un disgusto, pues la policía local pidió la documentación, mientras hacían botellón junto al Óreo*, y escribió una carta a sus padres. Alicia estuvo un mes sin salir de casa. Pero ella, siempre se había salvado.
Sin embargo, se sentía en la cuerda floja. Deber dinero a alguien como Sanlu no era un buen negocio. Y ella se lo debía.
Yanila, ya acostada, seguía pensando en el modo de dañar a Héctor. Era intolerable que ese chaval tan consentido hiciera sufrir del modo en que lo hacía a su hija. No había derecho que un niñato como aquél, porque su padre tuviera mucho dinero, se creyera que todo le estaba permitido en esta vida. Sabía que su gran ocasión estaba en el viaje fin de curso, pero antes tenía que hacer las cosas bien. Antes de que llegara ese día, el podólogo tenía que comer de sus manos, pero no tendría que haberle puesto un sólo dedo encima.
Tenía que conseguir que la exmujer de Álex también se apuntara a la excursión. Sería ideal, perfecto para el plan. Iba a ser muy complicado que Álex se pudiera defender de la acusación de intento de violación. Muy difícil. Después de eso, con la vergüenza pintada en el rostro, a ver si a su hijo se le iba a ocurrir seguir acercándose a Lorena. Pero tenía que organizarlo bien, tenía que tenerlo todo bien pensado. Tenía que ser un golpe maestro. Si Héctor era como era y trataba a su hija como la trataba, el único culpable era su padre que le había educado consintiéndole todo, cualquier cosa que se le ocurriera al mocoso…
Álex, por fin acostado, imaginaba a Yanila también en la cama. En su mente, desbocada por la fantasía, el deseo crecía como un animal del cuaternario, hasta ocupar cada uno de los centímetros de su imaginación. Ese antojo tenía forma y tacto de mujer. Allí dentro sólo estaba la imagen curvilínea de la madre de la compañera de su hijo (¿cómo se llamaba aquella niña, digna heredera de su madre?). En las retinas de su pensamiento sólo se reflejaba la silueta de Yanila, a la que recordaba vagamente, de haberla visto de modo fugaz en alguna otra reunión o a la puerta del colegio, cuando los chicos eran más pequeños. Y en los tímpanos de las neuronas retumbaba el soniquete de su voz repitiendo de modo machacón e insinuante, ‘Álex, creo que me entiendes a la perfección’.
Héctor, a pesar de las advertencias de su madre, aún no había apagado la luz seguía enfrascado en la lectura de Las leyendas de Bécquer, de las que tenía que hacer un trabajo que le había mandado la profesora de Lengua. En realidad tenía que escribir dos, el suyo y el de Lorena.
Lorena tecleaba con velocidad vertiginosa, ‘De mañana no pasa, tío, seguro que saco algo, pero pásame las pastillas, tío, que las tuyas son cojonudas…’ En su cabeza el rostro de Héctor era la víctima propiciatoria. Sabía que lo tenía en sus palmas. Sólo con un beso sería suficiente para que le diera lo que quisiera…
Lorena tecleaba con velocidad vertiginosa, ‘De mañana no pasa, tío, seguro que saco algo, pero pásame las pastillas, tío, que las tuyas son cojonudas…’ En su cabeza el rostro de Héctor era la víctima propiciatoria. Sabía que lo tenía en sus palmas. Sólo con un beso sería suficiente para que le diera lo que quisiera…
Pero algo en su interior le decía que aquello no estaba muy bien. En alguna ocasión, ante la insistencia de su madre en saber de dónde habían salido ciertas cosas que con la paga que recibía mensualmente no le llegaban, el nombre de Héctor había nacido como una excusa.
La excusa se convirtió en hábito.
‘Héctor me lo ha regalado’, ‘Héctor me lo ha comprado’, ‘Es que Héctor ha insistido tanto en que lo llevara puesto…’. En una ocasión su madre le había visto llorando y después descubrió una magulladura en su brazo. Vio pintado el terror en el rostro de su madre. ‘¿¡Quién te ha hecho esto!?’ gritaba mientras la zarandeaba…
Lorena recuerda que durante unas décimas de segundo quedó asomada a un precipicio. La verdad era un abismo…
¿Cómo le iba a decir a su madre que Sanlu le amenazaba con rmarcarle la cara si no le devolvía el dinero que le debía por las pastillas? Y aquel día lo dijo muy en serio. Más en serio que nunca, tanto que sintió que el cuchillo lo usaría sacándolo de sus propios ojos, tal era el filo de su mirada. Así que a Lorena sólo le ocurrió volver a su comodín habitual dentro de las paredes de su casa.
La excusa se convirtió en hábito.
‘Héctor me lo ha regalado’, ‘Héctor me lo ha comprado’, ‘Es que Héctor ha insistido tanto en que lo llevara puesto…’. En una ocasión su madre le había visto llorando y después descubrió una magulladura en su brazo. Vio pintado el terror en el rostro de su madre. ‘¿¡Quién te ha hecho esto!?’ gritaba mientras la zarandeaba…
Lorena recuerda que durante unas décimas de segundo quedó asomada a un precipicio. La verdad era un abismo…
¿Cómo le iba a decir a su madre que Sanlu le amenazaba con rmarcarle la cara si no le devolvía el dinero que le debía por las pastillas? Y aquel día lo dijo muy en serio. Más en serio que nunca, tanto que sintió que el cuchillo lo usaría sacándolo de sus propios ojos, tal era el filo de su mirada. Así que a Lorena sólo le ocurrió volver a su comodín habitual dentro de las paredes de su casa.
—Es que Héctor me ha pedido algo y yo no he querido y…
—¿Héctor? ¿El hijo de Álex, el podólogo…?
Al asentir, Lorena no sabía el relato que se estaba escribiendo por sí solo en la cabeza de su madre. A esas alturas Yanila empezó a desear la muerte de Héctor o, al menos que se alejara para siempre de la vida de su hija, causarle el mayor posible de los daños. Al asentir, y ver que su madre se alejaba del verdadero foco del peligro por lo que ella estaría bien segura, respiró aliviada…
Lorena tenía pensado recompensar a Héctor de algún modo.
Ya se había asegurado de que iría a la excursión de final de curso. Quizá en ese viaje ocurriría algo que Héctor no podría olvidar, en el resto de su vida.
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* Óreo: río de Euritmia que pasa junto a su Alcazaba. En su zona más próxima a la ciudad, cerca de su ribera, los fines de semana, los jóvenes y adolescentes de Euritmia (sobre todo con el buen tiempo), se reúnen para hacer botellón. De vez en cuando alguna dotación de la policía local pasa por la zona, solicitando documentación a quienes aparentan menos de 18 años. En caso de que el DNI demuestre que el joven o la joven no ha llegado a la mayoría de edad, por parte del Ayuntamiento se escribe una carta a la familia, para que ésta esté advertida de la situación. En la mayoría de los casos esta comunicación nunca llega a las manos paternas, puesto que los jóvenes suelen actuar con más astucias. Pero algún padre, en alguna ocasión sí ha recibido esta notificación. N. del A.
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* Óreo: río de Euritmia que pasa junto a su Alcazaba. En su zona más próxima a la ciudad, cerca de su ribera, los fines de semana, los jóvenes y adolescentes de Euritmia (sobre todo con el buen tiempo), se reúnen para hacer botellón. De vez en cuando alguna dotación de la policía local pasa por la zona, solicitando documentación a quienes aparentan menos de 18 años. En caso de que el DNI demuestre que el joven o la joven no ha llegado a la mayoría de edad, por parte del Ayuntamiento se escribe una carta a la familia, para que ésta esté advertida de la situación. En la mayoría de los casos esta comunicación nunca llega a las manos paternas, puesto que los jóvenes suelen actuar con más astucias. Pero algún padre, en alguna ocasión sí ha recibido esta notificación. N. del A.