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lunes, 15 de noviembre de 2010

La verdad era un abismo. (Parte 5 y ultima)

Al final del curso anterior, Lorena había contactado con la panda de Sanlu (Juan Pedro San Lucas del Pinto). Desde ese día, su vida había pegado un brusco giro que le asustaba y le avergonzaba. Hasta ahora había tenido suerte con la policía y con su madre, pero sabía que en cualquier momento todo podría cambiar.
Su amiga Alicia un día tuvo un disgusto, pues la policía local pidió la documentación, mientras hacían botellón junto al Óreo*, y escribió una carta a sus padres. Alicia estuvo un mes sin salir de casa. Pero ella, siempre se había salvado.
Sin embargo, se sentía en la cuerda floja. Deber dinero a alguien como Sanlu no era un buen negocio. Y ella se lo debía.
Yanila, ya acostada, seguía pensando en el modo de dañar a Héctor. Era intolerable que ese chaval tan consentido hiciera sufrir del modo en que lo hacía a su hija. No había derecho que un niñato como aquél, porque su padre tuviera mucho dinero, se creyera que todo le estaba permitido en esta vida. Sabía que su gran ocasión estaba en el viaje fin de curso, pero antes tenía que hacer las cosas bien. Antes de que llegara ese día, el podólogo tenía que comer de sus manos, pero no tendría que haberle puesto un sólo dedo encima.
Tenía que conseguir que la exmujer de Álex también se apuntara a la excursión. Sería ideal, perfecto para el plan. Iba a ser muy complicado que Álex se pudiera defender de la acusación de intento de violación. Muy difícil. Después de eso, con la vergüenza pintada en el rostro, a ver si a su hijo se le iba a ocurrir seguir acercándose a Lorena. Pero tenía que organizarlo bien, tenía que tenerlo todo bien pensado. Tenía que ser un golpe maestro. Si Héctor era como era y trataba a su hija como la trataba, el único culpable era su padre que le había educado consintiéndole todo, cualquier cosa que se le ocurriera al mocoso…
Álex, por fin acostado, imaginaba a Yanila también en la cama. En su mente, desbocada por la fantasía, el deseo crecía como un animal del cuaternario, hasta ocupar cada uno de los centímetros de su imaginación. Ese antojo tenía forma y tacto de mujer. Allí dentro sólo estaba la imagen curvilínea de la madre de la compañera de su hijo (¿cómo se llamaba aquella niña, digna heredera de su madre?). En las retinas de su pensamiento sólo se reflejaba la silueta de Yanila, a la que recordaba vagamente, de haberla visto de modo fugaz en alguna otra reunión o a la puerta del colegio, cuando los chicos eran más pequeños. Y en los tímpanos de las neuronas retumbaba el soniquete de su voz repitiendo de modo machacón e insinuante, ‘Álex, creo que me entiendes a la perfección’.
Héctor, a pesar de las advertencias de su madre, aún no había apagado la luz seguía enfrascado en la lectura de Las leyendas de Bécquer, de las que tenía que hacer un trabajo que le había mandado la profesora de Lengua. En realidad tenía que escribir dos, el suyo y el de Lorena.
Lorena tecleaba con velocidad vertiginosa, ‘De mañana no pasa, tío, seguro que saco algo, pero pásame las pastillas, tío, que las tuyas son cojonudas…’ En su cabeza el rostro de Héctor era la víctima propiciatoria. Sabía que lo tenía en sus palmas. Sólo con un beso sería suficiente para que le diera lo que quisiera…
Pero algo en su interior le decía que aquello no estaba muy bien. En alguna ocasión, ante la insistencia de su madre en saber de dónde habían salido ciertas cosas que con la paga que recibía mensualmente no le llegaban, el nombre de Héctor había nacido como una excusa.
La excusa se convirtió en hábito.
‘Héctor me lo ha regalado’, ‘Héctor me lo ha comprado’, ‘Es que Héctor ha insistido tanto en que lo llevara puesto…’. En una ocasión su madre le había visto llorando y después descubrió una magulladura en su brazo. Vio pintado el terror en el rostro de su madre. ‘¿¡Quién te ha hecho esto!?’ gritaba mientras la zarandeaba…
Lorena recuerda que durante unas décimas de segundo quedó asomada a un precipicio. La verdad era un abismo…
¿Cómo le iba a decir a su madre que Sanlu le amenazaba con rmarcarle la cara si no le devolvía el dinero que le debía por las pastillas? Y aquel día lo dijo muy en serio. Más en serio que nunca, tanto que sintió que el cuchillo lo usaría sacándolo de sus propios ojos, tal era el filo de su mirada. Así que a Lorena sólo le ocurrió volver a su comodín habitual dentro de las paredes de su casa.
—Es que Héctor me ha pedido algo y yo no he querido y…
—¿Héctor? ¿El hijo de Álex, el podólogo…?
Al asentir, Lorena no sabía el relato que se estaba escribiendo por sí solo en la cabeza de su madre. A esas alturas Yanila empezó a desear la muerte de Héctor o, al menos que se alejara para siempre de la vida de su hija, causarle el mayor posible de los daños. Al asentir, y ver que su madre se alejaba del verdadero foco del peligro por lo que ella estaría bien segura, respiró aliviada…
Lorena tenía pensado recompensar a Héctor de algún modo.
Ya se había asegurado de que iría a la excursión de final de curso. Quizá en ese viaje ocurriría algo que Héctor no podría olvidar, en el resto de su vida.
___________________
* Óreo: río de Euritmia que pasa junto a su Alcazaba. En su zona más próxima a la ciudad, cerca de su ribera, los fines de semana, los jóvenes y adolescentes de Euritmia (sobre todo con el buen tiempo), se reúnen para hacer botellón. De vez en cuando alguna dotación de la policía local pasa por la zona, solicitando documentación a quienes aparentan menos de 18 años. En caso de que el DNI demuestre que el joven o la joven no ha llegado a la mayoría de edad, por parte del Ayuntamiento se escribe una carta a la familia, para que ésta esté advertida de la situación. En la mayoría de los casos esta comunicación nunca llega a las manos paternas, puesto que los jóvenes suelen actuar con más astucias. Pero algún padre, en alguna ocasión sí ha recibido esta notificación. N. del A.

viernes, 12 de noviembre de 2010

La verdad era un abismo. (Parte 4)

 Después de colgar el teléfono, Álex apagó el televisor que había seguido emitiendo imágenes estúpidas durante toda la conversación, y levantó el libro del suelo, El perfume. ‘¿Qué habrán visto tantas personas en esta historia?’ La pregunta le perseguía como una sombra maligna, desde casi la mitad del libro. A él le estaba aburriendo como hacía mucho tiempo no le aburría un libro. Por mucho que quisiera buscar algún aliciente en el comportamiento sanguinario del protagonista, no lograba que la trama llegase a mantenerle con la atención despierta. Era repulsivo elaborar fragancias con restos animales y humanos. Contra esa sensación no podía. Sin embargo tenía la costumbre de acabar todos los libros que empezaba. Quizá por inercia, quizá por cabezotonería, quizá por orgullo...
Pero en esta ocasión, poco le duró este pensamiento. Su cabeza no estaba en la novela, sino en la voz de Yanila, que seguía zumbando en sus tímpanos, como una campanilla en día de fiesta. Después de muchos meses había hecho una conquista. ‘Bueno’, reconoció con la excitación a punto de desbocarse, ‘en realidad ha sido ella la que me ha echado el lazo…’
Por un instante un pensamiento oscuro fue capaz de amainar su erección, pero se encogió de hombros. ‘Los tiempos cambian’, se dijo con media sonrisa, ‘Y no es mala cosa que ellas tomen estas iniciativas. Mejor aprovechar las cosas cuando vienen bien dadas’.
Yanila, después de asomarse a la habitación de Lorena que, para variar, andaba tras la pantalla del ordenador, probablemente chateando con sus amigas, se dirigió hacia el dormitorio. No sería capaz de dormir. Tendría que tener más cuidado en los próximos meses. Debería encontrar el ritmo justo, la velocidad adecuada. No se podía precipitar, pero tenía que darle algo a Álex. Los hombres, y menos los que ya tienen experiencia, no se conforman con romanticismos. Tendría que organizar bien las cosas. Además, quizá convendría que se informara con más precisión sobre la verdadera influencia que Álex ejercía en su hijo. Todavía tenía esa duda en la cabeza, todavía esa información era una sombra que atenuaba lo que su hija le había contado tantas veces sobre Héctor.
Casi cuando estaba a punto de meterse en la cama, tuvo que volver sobre sus pasos. Allí, de repente, golpeando en sus tímpanos, estaban nuevamente las lágrimas de su hija. No hizo falta abrir la puerta para escucharlas, eran como lluvia fina. A pesar de que estaban ahogadas, para evitar que el llanto fuera muy escandaloso, no podía silenciarlas del todo.
— ¿Qué ocurre, Lorena?
Para su sorpresa, Lorena miró desafiante, todavía con los ojos repletos de lágrimas, que más bien parecían vidrios rotos.
— ¿Mamá, cuántas veces te he dicho que llames antes de entrar en la habitación…?
— No seas tan arisca con tu madre, hija. Sólo he entrado porque he oído que llorabas y ya sabes que lo que más me duele en el mundo es verte sufrir, es ver que no eres feliz… No sabes lo que sería capaz de hacer contra quien te haga daño
En el alma de Yanila las lágrimas de su hija representaban un juguete roto, mejor dicho, asesinado… Pero no se dio cuenta del escalofrío que recorrió la columna vertebral de Lorena.
— Anda que no eres exagerada, mami... Tranquila... No pasa nada, de verdad, malos rollos de amigas.
— ¿De amigas…?
La mirada de la adolescente se hizo más dura, casi metálica, mineral casi…
— Pues sí, claro, de amigas… ¿Qué has pensado…? Joder, mamá, siempre estás con tus neuras…
— ¡Lorena, no consiento que hables así a tu madre…!
— Pero reconoce que eres desesperante. Pareces neurótica. Todo el día viendo fantasmas. ¡Que no estoy metida en ningún rollo raro, coño!
— Vale, vale… ¿Se puede saber qué te cuesta hablar bien? No sé si sabes que no soy una de tus amiguitas, soy tu madre… Si tu abuelo levantara la cabeza…
— Ya estamos… A ver cuándo te enteras que estamos en otros tiempos, no el Pleistoceno…
— Habrase visto esta mocosa, para una cosa que sabe de historia y como se la restriega a su madre por las narices…
Pero mientras se daba la vuelta y cerraba la puerta, sonreía... Sonreía, cómplice y aliviada. Las cosas entre amigas nunca eran problema, por el contrario, eran lo que siempre habían sido.
Al cerrar la puerta, Lorena volvió a abrir la ventana del ordenador que había minimizado, justo cuando su madre había abierto la puerta. Desde hacía unos cuantos meses, había realizado una sutil variación e la disposición de su dormitorio. Con la excusa de una mejor iluminación, razón suficiente para que su madre no entrase en más detalles, había modificado la posición del ordenador, de tal modo que la pantalla no se veía desde la puerta. Así su madre no podría averiguar en qué estaba en cada momento. Aún así, cuando ella aparecía por allí, tomaba precauciones.

Continuará

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La verdad era un abismo. (Parte 3)

Yanila sonreía. El hombre, como la mayoría de hombres, por no decir todos, había mordido el anzuelo casi a la primera. No había tenido que esforzarse. Estaba segura que si le pedía, no una hora, sino la tarde al completo, al día siguiente cancelaría todas las citas de la consulta y se iría tras ella a cualquier parte, hasta el fin del mundo… 'Todos sois iguales', pensaba recordando el modo en que encontró a Esteban aquella tarde de hacía un par de años… 'Y en mi propia casa...' Pero debía continuar con la conversación. Tampoco le interesaba que Álex fuese demasiado rápido en sus conclusiones.
— ¿Álex, no te parece un poco precipitado…?
— Tampoco falta tanto para la excursión… Unos pocos meses. El tiempo más que correr vuela, ¿no te has fijado?
‘Y tus ansias de acostarte conmigo viajan en avión’, pensó la mujer con una mueca en la que la repugnancia era el principal componente.
— Sí, es increíble… Bueno, pues rematamos la faena con una copita después de la reunión, y así hablamos de los chicos…
— ¿De los chicos…? La verdad es que para eso tendrías que hablar con mi ex, yo de Héctor sé más bien lo justo… Ya sabes, un par de fines de semana al mes, y la mitad de las vacaciones. Y a veces ni eso… Mi vida es complicada… No es nada extraño que alguno de los fines de semana que tendría que estar con él tenga que acudir a algún congreso, y su madre no está por la labor de cambiar el orden establecido. Tan rígida como una barra de hierro. Así que me quedo sin ver al chaval. No lo querrás creer, pero hay meses en que lo veo ni una sola vez. Creo que va a acabar odiándome. Y si cuando llegue a la mayoría de edad pasara de su padre, no tendré más remedio que darle la razón, aunque la culpa casi siempre la tiene su madre…
Yanila almacenó esa información con urgencia en su cerebro. No coincidía en nada con lo que le había contado Lorena. En realidad era exactamente opuesta. O bien mentía Álex, o bien mentía Héctor… o bien mentía su hija… Esto último lo descartó de inmediato. Su hija nunca mentía. Aquellas lágrimas no se podían improvisar. De todos modos prefirió no decir nada sobre el asunto, era mejor seguirle la corriente, callar y esperar…
— Me hago una idea. A mi exmarido le ocurre lo mismo.
— ¿También tiene una consulta?
— ¡Qué va, trabaja en un banco...! Director de una sucursal.
— No sabía que los banqueros tuvieran congresos…
— Ni yo… Pero eso es lo que dice. Bueno, siendo sinceros no siempre son congresos, a veces son cursos y otras son viajes de negocios. Nunca le he creído. Estoy segura de que son viajes con alguna amante que tiene por ahí…
A Álex se le encendió una bombilla de alarma. Por un instante pensó que él iba a ser la moneda de cambio con la que Yanila quería vengarse de la traición de su marido. A semejante juego no estaba dispuesto a jugar…
— Pero a ti no te importará lo más mínimo.
— Claro que no me importa. — Yanila se dio cuenta que pisaba terreno fangoso y se apresuró a corregir la impresión—. Él con su vida puede hacer lo que le dé la gana. Si soy sincera, casi lo prefiero, así me deja en paz. Lo digo porque me preocupa por la niña. La niña no es tonta, como puedes figurarte. A pesar de los pesares es su padre, y no creo que esa vida sea el mejor ejemplo para una niña de quince años…
— No fastidies, Yanila… ¿Crees en serio que a nuestros hijos les escandalizan los escarceos de sus padres…? Al mío fijo que no…
‘Así actúa él… Si tú supieras… Se piensa que todo el monte es orégano… Seguro que como su padre’
— Escandalizar ya sé que no. Pero es un modelo que les ofrecemos. Van a llegar a la conclusión que la vida en pareja se reduce a unas cuantas noches de sexo…
‘Pues claro’ pensó el podólogo, ‘¿Qué es si no?’. Pero se abstuvo de comentar nada. La excitación empezaba a agobiarlo. Sabía que se había despertado del todo, y que tardaría algunas horas en volver a coger el sueño. Aquella mujer le estaba llevando por derroteros escabrosos. Por suerte encontró una salida airosa al último comentario femenino.
— Es un poco melodramático lo que dices, ¿no te parece? Tengo la impresión de que no son tan tontos como nos imaginamos. Estoy seguro que saben distinguir perfectamente entre una aventurilla y una relación seria…
— Y los nuestros seguro que prefieren una aventurilla, porque de las relaciones serias estarán escarmentados. Con los padres que han tenido…
— Te castigas sin necesidad. Las cosas son más sencillas, al menos entre Estefanía y yo fueron más sencillas, aunque acabaron muy mal. Que yo sepa no hubo traiciones ni aventuras, simplemente dejó de funcionar. Era mejor dejarlo. De lo contrario el daño habría sido mayor. Luego fue cuando las cosas se complicaron, te puedes figurar, el dinero, la pensión, esas cosas…
— Quizá tengas razón, Álex… Si te parece, mejor lo hablamos mañana. Ahora se está haciendo muy tarde y me caigo de sueño…

Continuará...

lunes, 8 de noviembre de 2010

La verdad era un abismo. (Parte 2)

— Lo más probable es que pidan tres o cuatro padres voluntarios, así que habrá hueco para todos. Si viene tu exmujer, estarás más tranquilo, porque seguro que Héctor no se mete en ningún lío. Creo que ya va siendo hora de que te diviertas un poco. Y una salida, aunque sólo sea a Ibiza no te vendrá mal, nada mal.
— Yanila, no sé si te estoy entendiendo o son imaginaciones mías.
Ella tardó un poco en responder. A través del silencio se podía calibrar a la perfección la búsqueda apresurada de las palabras más adecuadas.
Álex no podía ver que en el piso de Yanila, al otro lado de Euritmia, la mujer había tensado todo su cuerpo de modo inconsciente. Tampoco podía saber que había estado viendo la misma serie que a él le estaba durmiendo, y a ella no le distraía de sus pensamientos. Desde hacía unos meses, el podólogo era alguien más, al menos en sus pensamientos, que el padre de Héctor, aquel muchacho que siempre le había parecido un tanto turbio y que le hacía la vida imposible a Lorena. Desde que Yanila se había separado de Esteban, hacer de padre y madre de una adolescente demasiado exuberante para sus quince años, le suponía una interminable serie de quebraderos de cabeza, las más de las veces originados por el miedo, por esa imaginación suya que tendía siempre a situar a su hija en los escenarios más peligrosos.
Según lo entendía Yanila, Álex era una influencia perniciosa para aquel adolescente de mirada esquiva y rostro demasiado duro. Sabía de sobra que, como en su caso, la custodia del jovencito corría a cargo de su madre, pero por las palabras de su hija, tenía clara conciencia de que aquella situación no era más que una bagatela burocrática. La realidad, según sus datos, se correspondía a otra cosa. Por lo que Lorena le contaba en minúsculas dosis de información, más bien robada, no era infrecuente que Héctor durmiera en casa de su padre y obtuviera de él toda clase de prebendas en forma de dinero, ropa y permisos excesivos a su manera de pensar para acudir a su casa a las horas más intempestivas. Por una de esas cuestiones casi inexplicables, su hija se había convertido en diana del deseo Héctor. Lorena era sistemáticamente perseguida por el adolescente que no se cansaba de ofrecerle todo tipo de regalos, con tal de que ella acabara en sus brazos.
Yanila se había trazado un plan, que comenzaba a poner en práctica en esos momentos y terminaría en la excursión de fin de curso de aquel año, cuando el cuarto de la ESO del Instituto Miguel de Cervantes de Euritmia diera por concluida la etapa de formación obligatoria de sus alumnos.
— Álex, creo que me entiendes a la perfección…
Había comenzado el juego, como ella pretendía. Quizá, a última hora, todo había sido muy precipitado, pero las lágrimas de su hija eran como una daga que se le clavaba en el corazón. No podía esperar más. No podía entender que alguien pudiera hacer daño a su hija de ese modo.
— O sea — contestó Álex —, que estás especialmente interesada en que hagamos un viaje juntos, aunque no seamos los únicos viajeros.
— Veo que has leído mis pensamientos.
Le costaba modular la voz en ese justo espacio que se queda al borde de la insinuación, pero no deja de ser una mera afirmación enunciativa. Las gotas de deseo tenían que ser tan escasas que casi no tenían que percibirse. Y ella no era una consumada actriz. A pesar de ello, intuyó que lo había escenificado bastante bien…
— Entonces — asintió él, mientras su mano iba camino de la entrepierna — haré lo posible porque la agenda quede libre mañana un par de horas…
— Si la reunión sólo durará una…
— Ya, pero no estaría de más que después tomásemos una copita en algún lugar, y ver la manera de concretar algo de lo que se diga en la reunión. Casi seguro que nos supone más lío del que parece.
— Si tú lo dices… Pero yo creo que los profesores no querrán que los padres tomemos el mando de la situación. Seguro que lo único que quieren son unos cuantos policías que les garanticen el buen comportamiento de los chavales…
— No lo termino de ver claro… Pero aún así, ¿si no te apetece tomar una copa mañana, por qué esa insistencia para que vaya a la excursión contigo…?

Continuará...

viernes, 5 de noviembre de 2010

La verdad era un abismo. (Parte 1)

Estaba a punto de quedarse dormido, cuando sonó el teléfono.
Se levantó medio trastabillándose. Entre la retina y alguna de sus neuronas aún despiertas, se colaba la imagen de la protagonista de la serie con que se adormecía aquella noche. El ruido del libro cayendo desde su regazo hasta el suelo, terminó por despertarlo. Aunque más que despertarlo habría que decir que le espantó la dormidera, pero no el sueño.
Por suerte, sin más contratiempos, llegó hasta el auricular, y descolgó. Al hacerlo parecía que había enmudecido y se olvidó de decir el típico, ‘Diga’, o ‘Dígame’, o ‘¿Sí?’, u ‘Hola’ con que se suele saludar a quien ha marcado nuestro receptor. La voz inconfundible que estaba a la otra parte fue la que tuvo que saludar.
— Buenas noches, Álex… Espero no haberte despertado…
— ¡Yanila, eres tú…! La verdad es que has estado a punto, creo que faltaban unos segunditos para caer anestesiado. Si supieras el día que llevo… ¿Qué quieres a estas horas?
La voz de Yanila, sí lo había despertado, más aún, había supuesto una inmersión de vida.
— Nada especial… Sólo recordarte que mañana es la reunión en el cole, y me parece muy importante que acudas. No vayas a fallar como la otra vez.
— Pero si en esas reuniones no se hace nada importante. Las mismas cuatro chorradas que nos cuenta el director todos los años, alguna simpleza que se le haya ocurrido este curso a la Jefa de Estudios y las advertencias de la tutora sobre el comportamiento, las horas de sueño, la organización del estudio… Si supieras el lío que tengo montado en la consulta, ni se te ocurriría decírmelo.
— No creo que sea para tanto, hombre. Si sólo es una hora. Seguro que te puedes organizar. Además esta reunión es importante, hablan de la excursión de final de curso y seguro que proponen que algunos padres acompañemos a los profesores…
Aquel verbo conjugado en primera persona del plural actuó como una escoba que barrió todas las telarañas del sueño de la cabeza del hombre.
— Un momento, un momento… ¿Acompañemos? ¿Has dicho acompañemos…? Ya sabes que la custodia de Héctor la tiene su madre, no creo que sea lo más conveniente que me apunte como padre acompañante. Seguro que Estefanía va a la reunión. Y si se me ocurre levantar la mano, una de dos, o se apunta ella también, no se me vaya a ocurrir secuestrar al chico…, o intenta que no me dejen viajar y es capaz de convencer al mismísimo ministro del Interior de que me llevaré a mi hijo a la Patagonia.
— Venga ya, Álex. No creo que sea para tanto. Y si se quiere venir que se venga. Qué más te da a ti… ¿No estáis divorciados…?
— Pues imagínate qué gracia. Tener que soportar a la mujer de la que me he divorciado y encima tener que cuidar de una manada de adolescentes con todas las hormonas a punto de entrar en erupción…
‘Eso por no hablar de las mías, si se te ocurre viajar a ti y ponerte a mi lado’. Esto último se lo guardó bien entre la zona del pensamiento de la que brotó como una flor asilvestrada y la garganta que se convirtió en un abrupto precipicio para evitar que las palabras siguieran rodando hacia la boca, no fueran a cruzarla, cuando ya no tuvieran remedio…
Por suerte, Yanila seguía hablando…

Continuará

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Este relato en 5 partes se publicará los días 5, 8, 10, 12 y 15 de noviembre.