lunes, 13 de julio de 2009

LA LECTURA, LOS LECTORES Y LOS SOPORTES INFORMÁTICOS


El otro día comentaba a un amigo que llevaba mucho tiempo sin leer, que en el devenir de segundos y minutos en que hemos dividido nuestra existencia, no encontraba la cantidad suficiente de esos pedacitos de movimientos de la Tierra alrededor del sol, que me permitan tomar un libro entre las manos, acomodarme en mi sofá preferido y chapotear como un niño feliz en su bañera dentro de sus páginas.
Me detengo ante mi propia afirmación, y, aunque es cierta, en parte es rigurosamente falsa, pues no hago cosa diferente que leer y adentrarme en textos ajenos y propios.
Entonces, ¿qué es la lectura? ¿Leo o no leo? ¿Hay diversos modos de leer? ¿El soporte sobre el que se lea modifica la esencia de la lectura? ¿A todo lo que llamamos lectura es efectivamente lectura?
Quien escriba o quiera escribir debe invertir buena parte de su tiempo en leer, porque, como ocurre con cualquier otra actividad humana, se necesita de un combustible adecuado que permita recorrer su singladura sin miedo al desfallecimiento. Como en toda dieta equilibrada, no hay un solo alimento, pero hay algunos que son tan básicos que su aporte ha de ser diario. La lectura es uno de esos nutrientes imprescindibles para un escritor, cuánto más para un escribidor.
Esto mismo es ya una clave que explica, o al menos advierte, que la lectura no representa lo mismo para cada persona. Como para un deportista de élite son imprescindibles, y base de su alimento, los hidratos de carbono, así para el escritor (o quien aspire a serlo), es la lectura una de sus herramientas cotidianas.
Ahora parecería menester preguntarse por cuestiones tales como el tipo de lecturas, el tiempo que se dedique a ellas, la conveniencia o no de seguir determinado canon… Pero creo que hay otra cuestión previa que hemos de analizar y a la que normalmente se presta poca atención: el lector.
Creo que el escritor es antes que nada lector, un lector impenitente que ha descubierto que la vida y su interior se pueden convertir en textos que otros disfruten. Y en semejante aserto anida parte del problema planteado. Pero esto no quiere decir que todo lector vaya a ser escritor, es más, no todo lector quiere ser escritor. (En este matiz habita un sutil problema que se apunta, pero no se desarrolla: una cosa es ser algo, y cuestión bien diferente es querer serlo). ¿Quien escriba ha de pensar en sus posibles lectores? O, preguntado de otro modo ¿El lector tiene un papel en el proceso de la creación literaria?
Comenzaba estas líneas apuntando que hace meses no leo un libro como a mí me gusta leer un libro, y, sin embargo, no hago otra cosa que leer textos literarios aquí y allá. La introducción de textos literarios (aún no sabemos con qué futuro y menos aún con qué destino) en el mundo inasible de internet supone una revolución similar a la que produjeron inventos tales como el alfabeto, o el papel vegetal, o la imprenta, o la prensa diaria. Cada vez que el ser humano ha dado un paso en orden a la universalización y accesibilidad a la lectura, se ha producido una radical modificación en muchos ámbitos. El creador de la obra escrita, del mismo modo, tuvo que adaptar su modo de escribir.
El otro día en el Ateneo de Madrid, así lo ha recogido la prensa, Umberto Eco sostuvo que el libro tradicional no desaparecería. Es posible que así sea, en tanto en cuanto es un ‘objeto’ que permite el acceso directo y cómodo, fácil y manejable a la lectura. Es el paso que resta a los informáticos para derrotar al papel. Todavía no existe una alternativa mejor que el libro para leer, por ejemplo, El Quijote. Por mucho que uno se lo pueda bajar a su ordenador esta novela (que, por cierto ni sé ni me importa si ya es posible realizar tal pirueta), por mucho que uno la lea en un PDA (creo que así los llaman), es mucho más incómodo que en su edición en papel. Quizá una novela ejemplar de Cervantes, por no cambiar de autor, se goce a través de una pantalla electrónica sin que el lector padezca algún tipo de angustia o perplejidad.
O dicho de otro modo, en la propia extensión de la obra escrita encuentro una de las diferencias capitales entre el lector de libros y el lector de pantalla de ordenador. Este último no puede ser agredido por una extensión desmesurada. La propia concepción del espacio virtual sobre el que lee está concebida para la velocidad, la agilidad, la inmediatez, lo escueto y directo. Por lo que sé, por lo que me dicen, por lo que experimento, cuando un lector cibernético se enfrenta a un texto que roza o supera el folio y medio, aquello se hace complicado de leer. Y sin embargo se pueden leer al cabo de la jornada muchos folios, pero de textos bien diferentes.
¿Dispersión, falta de hondura, intrascendencia, lectura compulsiva, adición a la red…?
Quizá estemos en los albores de una nueva época. Cuando hacia 1450 Johans Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles, no sabía que había hecho por la cultura tanto o más que los filósofos de la Grecia clásica. Su mejor obra, según dicen los que saben, fue su impresión de la Biblia. Se me hace cuesta arriba imaginarme una edición de la Biblia en un archivo de pdf, aunque seguramente existirá.
Quizá es que aún esté por llegar el Gutenberg cibernético, que permita la lectura de un libro en soporte electrónico que se pueda llevar al metro o a la playa o a la cama, que permita ser retomado en la misma línea sin mucho esfuerzo, con un simple papelito, por ejemplo un billete de metro, que haga de marcador de página, que en caso de pérdida no suponga un tragedia económica (no hablo de las ediciones de lujo, claro), sobre el que se subraye o anote con un instrumento similar a un lapicero, que para ser leído sólo necesite la claridad del día…
Probablemente Umberto Eco tenía razón…, salvo que alguien descubra un soporte electrónico que permita todas esas cosas y muchas más… a un precio razonable. Cuando esto suceda, no es que haya desaparecido el libro, sino que habremos dejado de utilizar celulosa para impregnarla con nuestras ideas. Por tanto, Italo Calvino tenía razón, pues el nuevo soporte seguirá llamándose libro.
Otra cosa bien distinta, y si ustedes quieren sobre ello podremos reflexionar al próximo mes, es la labor creadora del escritor ante las nuevas herramientas informáticas.

24 comentarios:

Susana dijo...

¿Cómo no va a ser posible que todavía te aguante?

Amando Carabias María dijo...

Susana: Claro una de las damnificadas con la desaparición del libro serías tú. aunque siempre nos quedarán las joyas que el tiempo ha ido dejando, y de las cuales, algunas has manejado en tu labor investigadora, ésa un poco más secreta, que poco a poco se irá conociendo.

maria dijo...

buenos días, tendría que imprimirlo para digerirlo y darte mi opinión.
jejeje
Yo escribo facilmente en internet, pero no leo como a mi me gusta leer.
La posición primero, muy incomoda, los lentes no tienen la buena distancia, me duelen las cervicales, volver atrás es un ejercicio de acrobacia, o sea que evito releer para comprobar...
pero sobre todo no puedo pararme a pensar, soñar, encontrar el eco exacto...
No creo que internet sea el lugar para encontrar un libro, evita pasar por las editoriales, pero sólo sirve de ejercicio.
Maririu

Amando Carabias María dijo...

Maririú: Completamente de acuerdo, aunque sea tirar piedras contra el propio tejado de quienes sólo tenmos como posiblidad para publicar, internet.
Y además de lo que dices, no me imagino un relato de unas veinticinco páginas de un libro 'tradicional' en un blog como éste o en otro soporte informático.
Al final, o esa es mi experiencia, te lo acabas imprimiendo.

Susana dijo...

Escribir, quienes sois genios de las palabras, no deberíais dejar de hacerlo cada día, a ser escritor no se aprende, se lleva impreso en los genes. Los que bastante tenemos con leer y leeros, aprendemos cada día de aquellos que hacéis de la palabra un arte, tanto para el disfrute como para el estudio o la consulta.
Es impensable, como me comentaba el otro día un encuadernador-grabador amigo, es impensable la desaparición del libro, mientras haya personas con el gusto por lo bien hecho, por las tradiciones del pasado; el libro siempre nos acompañará en nuestras vidas. Bien es verdad que desde aquellas tablillas de arcilla hasta el libro de hoy (no incluyo el cibernético) el soporte ha evolucionado al igual que lo ha hecho su primitiva función y las personas a quienes va dirigido.
Recuerdo cuando éramos un poco más niños y pensábamos en el año 2000 como la época del futuro, época en la que comeríamos con cápsulas, viajaríamos en naves volantes y nos comunicaríamos vía cable. Muchas cosas han llegado, pero nuestra vida sigue siendo, básicamente, la misma, seguimos disfrutando de una buena comida, de un buen vino, de un viaje con todas sus penalidades y por supuesto, de un buen libro. Estoy muy segura de que nunca, nunca, nunca desaparecerán y no lo digo por deformación profesional. En cualquier caso, no hay más que mirar las estadísticas y es precisamente el libro el que, en época de crisis, apenas ha bajado sus ventas. Por otro lado, la aplicación de nuevas tecnologías al mundo del libro no tienen por qué hacer desaparecer las tradicionales. Y lo siento, pero no es lo mismo llevarse a la cama, la piscina o el metro un libro que llevarse la PDA. En cualquier caso, el debate es largo y profundo y sólo el tiempo tiene la respuesta. Las nuevas tecnologías son maravillosas, desde luego estoy a favor del desarrollo de las mismas. El otro día comentábamos, Amando, lo maravilloso (con sus contras también) que es poder realizar trabajos de investigación sin moverte de la silla del ordenador, poder consultar todas las bibliotecas y los archivos del mundo y obtener información primaria en soporte digital. En este sentido, en el acceso general a la información, todo trabajo que hagamos es poco.
(Un apunte personal, ¿a quién interesan los libros que con cariño vamos guardando en las estanterías de nuestras casas? Tengo dos hijos, uno de ellos, el de 19 años, ya me ha dicho que todos mis libros de arte serán para él el día de mañana. Una de sus tías, le contestó : ¿en un piso de 40 m2?)
Besos escribidor
Besos a todos
P.D.: ¿dónde se ha metido Adrián?

Amando Carabias María dijo...

Susana: Empiezo por el final. Según mis informaciones, Adrián está más que absorbido por el trabajo de elaboración de una revista cibernética relacionada con lo artístico y literario, cuyo diseño se le ha encargado a él. Y por lo que sé, no sólo el diseño, sino que coordina alguna sección más de la misma. Además, está con un mural que le ha encargado el Gobierno de Buenos Aires, y de vez en cuando, incluso, escribe en su blog.
En lo demás seguimos estando de acuerdo, claro. Tu comentario viene a dar más argumentos, a completar de algún modo lo que expongo en este artículo.
Quizá tu hijo, el de 19, está pensando, a diferencia de su tía, que su casa no tendrá cuarenta metros cuadrados. Que va a tener más sólo para poder rendir homenaje a su madre y guardar lo que ella con tanto amor fue atesorando.
En todo caso, planteas un problema que ya no sólo sirve para preguntar por los libros, sino por los seres humanos (no se me va de la cabeza la tertulia que mantuvimos el otro día a raíz del estremecedor relato de Miguel Morea. Y sin saberlo, lo mismo has dado un argumento a quienes patrocinan con ahínco la sustitución del libro-objeto, por el libro cibernético.
Un beso

Catherine dijo...

Poco que anadir después de Susana,Maririu y tù, Amando sino que de vez en cuando llevamos libros al encuadernador, que hace cinco anos tiré (no, di a los Compadres de Emmaüs y seràn vendidos de ocasion) màs que cien libros, cesé de contar después de cien, que para una de mis sobrinas lo mejor en un libro es su olor, lo màs viejo es el libro mejor el olor. Tiré una veintena de libros de Henry Bordeaux, escritor saboyano, con dedicatoria a mi abuelo porque no los habia tocado desde que los habia traido del piso de mi madre y nadie le lee ni le conoce ahora. Hay que elegir de vez en cuando para tener sitio para los que entran. Me llegara dentro muy poco con mi hija Los otros catalanes; compré unos diez libros la semana anterior, tengo que volver a la libreria a comprar otros. Me gusta tanto fisgonear en una libreria.
Desde la infancia no puedo tirar un papel sin leerlo (menos Henry Bordeaux, porque?), leo y leo. Qué leo? los periodicos, newsmagazines como decimos en francés, y como tù me paso a veces un mès entero con la impresion de no leer. Internet es una maravilla por la documentacion, los blogs. Pero nada como un libro imprimido para leer.
Buen dia. No tengo tiempo de releer. Hasta luego.

Pilar dijo...

Home again.
Y cuando digo "home" me refiero a mis lugares habituales, no sólo a mi casa-casa. Y uno de ellos es este blog ardiente, que me he dado una vuelta por las entradas anteriores y están al rojo vivo, como debe ser.
Amando, trás la entrada dedicada a mi vencejillo, me propuse encontrar en mis múltiples libros de historia la institución "El Concejo del Vencejo", pero al no hallar noticia alguna, tuve que utilizar las inestimables referencias y datos múltiples que me proporcionó mi colega, y por encima de todo amiga, Susana V-C,la archivera y bibliotecaria de esta Institución, que puso a mi disposición, como acostumbra, documentación a punta pala, con primeras ediciones e incunables incluídos. Sobre la edificación del nidal no he encontramos nada, pero sí sobre las Ententes que celebraron con el Consejo de Aves Sabias, dónde parece ser que el Buho Anciano, llevaba la voz cantante y era algo cerril, y que el acuerdo se llevó a cabo gracias al Ruiseñor Albo que era todo un caballero e intermedió lo que no está escrito para la resolución del grave problema entomológico que asoló nuestra bella ciudad.
Sé, positivamente y de buena tinta que el resto de la documentación con los datos que nos faltan sólo la la dominas tú, querido Amando, y sabes dónde se encuentra, y es por eso que estamos deseando que nos desveles ya cómo se inició la construcción de ese magnífico arco en el cielo de nuestra urbe.
Me encanta la fábula que te has marcado, poeta. Una delicia.
Bueno, lo que he contado sólo tenía la finalidad de que se valore el papel que los libros como vehículo de información y difusión de la cultura suponen para el ser humano.Por no hablar de los mágnificos ratos de ocio que nos supone tumbarnos a la bartola con uno entre nuestras manos. Como profesional del libro estoy con Susana, y por supuesto, suscribo, como ella todo lo que dice. No se puede apuntar nada más que no haya dicho ya en su comentario esta inteligente mujer.

Muy dulce el poema del sábado, POETA.

Besos submarinos.
Pilar en su Pecera.

Amando Carabias María dijo...

Catherine: Ay, lo de tirar libros, qué dolor, qué dolor, aunque sea entregándoselos a una institución como hiciste. Y sin embargo te entiendo. ¿Quien dijo que el saber no ocupa lugar...? Y tiempo, y bolsillo, y... ¡Qué doloroso y sin embargo hay que hacerlo.
Y fíjate que casualidad que entregaste aquellos que, aunque fueron importantes para alguien, no lo eran tanto para vosotros. Al final es que en todo ponemos los afectos, incluido lo material. Así que un libro con el que hemos pasado determinadas horas es más difícil aún.
Por hablar de mí. Sé positivamente que muchos de los libros que tengo no los volveré a leer en mi vida, y sin embargo, antes de tirarlos tendrán que pasar tantas cosas. ¿Por qué? ¿Quizá sea ésta otra de las razones por las que el libro (aunque sea con otro material) no morirá del todo nunca?
Y ahora que citas el olor, esta puede ser otra razón para que ni siquiera se altere el material en el que se elaboran.
De todos modos, internet, estoy contigo, es una maravilla, con muchos peligros.
Un beso.

Amando Carabias María dijo...

Pilar: Pues fíjate que no es cierto, que no dispongo de ese material. Lo más probable, incluso, es que ese documento al que te refieres y que te ha pasado Susana le haya llegado a ella a través de don Cosme Leirán Merano colega de nuestra amiga en Euritmia, y ya sabes que entre colegas es todo más sencillo, en aplicación de ese dicho: hoy por ti, mañana por mí.
Por lo que me comentó el bibliotecario de Euritmia mientras me contaba la leyenda, tampoco es que exista mucho más ya que la tradición es más bien oral.
Y cuánta razón tienes, ahí Ferran nos apoyará como historiador que es, sin los soportes doumentales, sobre todo los escritos, sería imposible que las generaciones futuras conozcan, aunque sea por aproximación, cómo fue la vida de sus antepasados.
A este paso, los de la Dirección General del Libro, nos van a nombrar hijos predilectos, tantos argumentos estamos encontrando en su defensa.
Un beso y muchas gracias por tus valoraciones

PD ¿Qué tal la cerveza negra? Primero nos pones los dientes largos y luego no dices nada. Un poquito de información... Si se puede claro que yo también me meto en unos charcos. Excuse me.

Amando Carabias María dijo...

No es que quiera presumir de errores, pero hasta que María A, por mail, no me lo ha hecho saber nadie nos hemos dado cuenta, ni siquiera durante más de un mes, del garrafal error que cometí en el texto y que ya está subsando. Hasta hace unos instantes en que lo he corregido, había atribuido a Italo Calvino una visita al Ateneo de Madrid y unas afirmaciones que sencillamente eran imposibles como todos bien sabéis, pues Calvino falleció en 1985. Aunque como dice nuestra amiga, que me ha prometido que luego se dará una vuelta por aquí, seguro que estaría de acuerdo.
Mis confusiones con los nombres son de antología, la verdad. Y lo peor del asunto es que mientras escribía el artículo tenía el rostre de Eco en la cabeza.
En fin, que esto lo señalo, para agradecérselo a María A, y para demostrar una vez más que sois vosotros los que enriquecéis el blog.

maria dijo...

h pues al repasar tu texto me fijé en Umberto Eco y pensé que mal he leido esta mañana juraría que había Italo Calvino y no pensé ni un momento enél sino en Eco, Somos dos.
En cuanto a Henri Bordeaux te comprendo Catherine, recuerdo que era un tostón, una especie de novela rosa pretenciosa de "entre deux guerres" me gusta mucho la expresión francesa, entre la del 14 o europea y la del 40 mundial, cuando Francia y su vida perfecta se tenían que salvar de los hordas rojas y judías por qué no lo único que Calvo Sotelo el del 36 tenía de diferente era que añadía masones. pero seguro que Emmaus lo venderá.
Cathérine hay otra opción alquilar un piso, como Ferran, destinado a libros pero para Henri Bordeaux...

Ferran dijo...

Ay, Maria, "L'entre deux guerres"...Yo explico en clase una asignatura que lleva por título la Europa de entreguerras precisamente. Por eso estoy hinchándome ahora a leer a los maurrasianos acabados en el fascismo. He conseguido casi toda la obra de Georges Valois (del sindicalismo revolucionario pasa a Action Française, luego monta Le Faisceau y acaba creando un Partido Republicano Sindicalista y muriendo en bergen-Belsen tras luchar en la resistencia...), de Déat, de Doriot y de Drieu, ahora estoy consiguiendo algunas cosas muy interesantes de Brasillach. Creo que esta época define muy bien una Francia que se ocultó tras el mito de la resistencia unánime. Basta con leer "Notre avant-guerre", de Brasillach que expresa muy bien una cara que Francia ha preferido no querer mirar...¿Sabes que cuando Sternhell habló de los "orígenes franceses del fascismo" en 1978, se le respondió con artículos muy agresivos, con títulos como "La France allergique au fascisme" o "France, le fascisme introuvable?". En las oposiciones, los seguidores de René Remond, que estableció esa inexistencia, suspendían a quienes defendían que en Francia no sólo hubo fascismo, sino un fascismo de masas que forma parte de una tradición bonapartista, populista y autoritaria, que pasa al fascismo en la etapa de la ocupación.

Catherine, Maririu, si conseguís el libro de Brasillach, no os frene leer a un futuro símbolo de los fascistas depurados (lo fusilaron en febrero de 1945) por haber pedido la muerte de los resistentes en "Je suis partout". Hay que superar esa repugnancia para comprender los mitos de una generación y, además, para saber contra qué se luchaba, cuál era el enemigo crucial para la civilización en la Europa de 1914-1945.

Abrazos desde una Barcelona insoportable...Hoy he ido a cerrar las actas a la UAB. Quedan aprobados definitivamente alumnos que no saben ni sabrán ya quien fue Thomas Mann...Resignación.

Ferran dijo...

Amando: yo soy, quizás, fetichista. También pertenezco a una generación complicada, a la que no le resultaba fácil, por motivos políticos o económicos, hacerse con una biblioteca. Además, en mi casa no había ningún interés por este mundo. Creo que ya te he explicado que iba al colegio andando, y con lo que ahorraba cada semana de Ferrocarriles de Cataluña (como se llamaban entonces los de la generalitat), me compraba un libro de bolsillo de Plaza. Entonces eran Pearl S. Buck, Van der Meersch, Frank Yerby´...hasta Vicki Baum! Lo que había: también Somerset Maugham, por cierto...Era hacia 1968-1969...Luego, los de bolsillo de Alianza, el primer título era "Unas lecciones de metafísica" de Ortega, siempre lo recordaré. Después la poesía de Losada, consiguiendo a Neruda, a Lorca, a Salinas, a Alberti...Y en el Fondo de Cultura Económica, la edición completa de LA REALIDAD Y EL DESEO, que fue una experiencia grave, en 1971.

Ferran dijo...

En todos esas experiencias, lo que había era el contacto físico con el libro, un objeto perfecto. me han enviado libros descatalogados en PDF y no puedo con ellos. Yo tengo que tocar el libro, forma parte de una educación en la que ver crecer la propia biblioteca tenía algo de orgánico. Y te temblaban las piernas cuando entrabas en una sala de la Nacional, con las paredes forradas, o veías esas películas inglesas en las que tomaban un coñac en una biblioteca que llegaba hasta el techo...

No amamos solamente la lectura. Amamos el libro. No podremos justificarlo con un argumento convincente o que simplemente "gane". Es una emoción, pero una emoción radical, que no discutimos con nuestro propio corazón. Es, ya, una forma de ser, una forma de estar en el mundo. Yo quiero mirar, ahora mismo, hacia delante, y ver...¡qué horror! No os lo digo...unas memorias políticas de un personaje que se presentó a las elecciones de 1977 por Toledo. Pero sé que, a mis espaldas, están los escritos de Benjamin o "Los años salvajes de la filosofía" de Sagransky. Y en el piso...me quedo embobado, mirando una letra, la C o CH, donde están Capote con Willa Cather, Chesterton con Agatha Christie, algo más allá Faulkner con Fante o, al fondo, Pavese con Pedrolo. Hay que ir al otro lado de la casa para seguir con la R. A veces, paso un rato solamente mirándolo todo, esa vida mía entera atesorando esos libros. Yo sé más de un personaje de Faulkner que de determinadas personas que conozco de forma superficial, pero que trato cada día. Y necesito esa corporeidad de las historias sedimentadas en un espacio material, las letras en el papel, la inteligencia de las portadas de Alianza de bolsillo, que diseñó Daniel Gil. O las ilustraciones de nuevas ediciones como "Los tres mosqueteros" que, no hace mucho, sacó Edhasa...Quiero sentir su peso y su consistencia, irme a la cama con ese tacto, dominar su volumen y dejar que me domine en una complicidad que nunca lograré establecer con una información encriptada, que me aguarda silenciosa, traducida a un lenguaje informático, a la nada, esperando que la sepa manejar para convertirla en verbo transitable.

maria dijo...

Ferran lírica defensa con la que estoy plenamente de acuerdo, espero verla muy pronto esa biblioteca de tu vida.
Yo no tenía libros aquí pero yo no estaba bien, no era un espacio mío, traje lo que pude, compré algo poco porque en general me lo llevo a París.
Tengo los "poches" que compro en la estación o en el aeropuerto, bueno no hay muy valiosos, una primera edición de Heine en español y me gusta, encuadernada y del siglo XIX.
Francia vive sobre una fama que no se merece bueno más de la mitad de ella no se la merece. Y las "jacqueries" que presentí en el blog de Lluis Bassets están llegando.

Amando Carabias María dijo...

Maririú I y II: Pues es curioso esto del subconsciente. Quizá es que la mayoría nos habíamos enterado por los medios de comunicación que Eco había pronunciado aquella conferencia en el Ateneo. A partir de ahí, todo el mundo supimos, incluso yo mismo, que donde ponía Calvino quería decir Eco. Y todos cuando leíamos un nombre veíamos un rostro con gafas y barbudo. En fin.
No es por malmeter, acabarás por llenar el libro de Tortosa con libros. Al tiempo.
NO es por ser pesado, pero ya sabes que tú y Ferran tenéis un encargo para cierto día.

Amando Carabias María dijo...

Ferran Que Francia no haya reconocido la existencia de fascismo entre los suyos, puede ser señal de muchas cosas, pero también cierto interés por lo que genéricamente se llama derecha, que sé que es una denominación excesiva por inconcreta. Luego pasan cosas. Cuando Lepén obtuvo los resultados que obtuvo, creo que debería haber habido más examen de conciencia, pero la solución es la de siempre: la llamada derecha civilizada adopta propuestas sugeridas por el fascismo (lo que en tiempos de crisis funciona muy bien, porque el miedo abunda), y asunto solucionado
Cosas más graves se han visto. Ya sé que no está bien que un estudiante de Historia no sepa quien fue Mann, pero peor es que los estudiantes de literatura no les guste leer, y creo que los hay, salvo que quien lo dijo me mintiera. Y no tenía por qué, la verdad.
Estoy contigo, más con el final del argumento, que con el principio. No es solo fetichismo (quizá aquellos que coleccionan libros de anticuario y esas cosas, puedan añadir ese calificativo a lo otro). Yo, no sé si por suerte o por desgracia, no tengo ese afán por libro antiguo, primeras ediciones, facsímil, etcétera. Estoy, de acuerdo, digo, con que la lectura en libro es un modo de ser, un modo de ver la vida, una manera de entender el mundo.
El avance de la descripción que haces de tu biblioteca confirma mi teoría de que debes cobrar entrada para que se conozca esa maravilla... Así amortizas parte de lo invertido...

María A. dijo...

Hola, hola, desde el Campo Charro salmantino, me encuentro en la primera etapa de esta migración vacacional... mi pueblo-ciudad, fronterizo con Portugal, está lleno de cigüeñas, cigüeñines y vencejos.. Esta mañana, con mi libro de lectura, he dado un paseo por sus murallas, sentándome a leer en las mismas cañoneras de mi época de bachiller.. Las cigüeñas, los vencejos y golondrinas,las campanas de la Catedral y del Ayuntamiento -la campana "gorda"- acompañaban mi lectura... He disfrutado mucho, pero también he echado de menos a mucha gente. Esta zona de Castilla, raya de Portugal, está quedándose totalmente despoblada, apenas se ven jóvenes.. ninguno paseando por las murallas... mucho menos leyendo un libro. Por cierto, yo pensaba hoy que mi paseo literario, no habría podido realizarse con soporte digital...la luz solar me lo impediría...
A mí también me gusta el papel, el olor del libro...Pasar las páginas de los libros.. tocarlas... señalarlas...
El progreso, nos irá llevando a los libros digitales, puede ser... como el ordenador sustituyó a la vieja máquina de escribir...y el libro a los legajos...pero los que amamos los libros, los que hasta los pagábamos a plazos...En mi casa también teníamos la colección de Plaza, Ferrán... Y yo leía todos los veranos las novelas de Delibes a mi abuela, sólo le gustaba Delibes y Fortunata y Jacinta...
Nunca prescindiremos de ellos. Porque forman parte de nuestro espacio vital y sentimental: son parte de nosotros mismos. Además, yo los necesito para justificar mi colección de señaladores...¿dónde voy a colocarlos si no es en un libro?. Estoy con Umberto Eco y con Italo Calvino... que seguro que opinaría lo mismo, seguro Amando...Besos castellanos.

Amando Carabias María dijo...

María A: Los mismos cielos, los mismos habitantes... Quizá incluso más calor que aquí. Castilla que sigue desangrándose... Castilla que se duerme sobre sí misma y amenaza con convertirse en un museo de sí misma.
Esperemos que haya solución para esta sangría. Aunque en el fondo siempre ha sido así.
Debe ser curioso eso de regresar al territorio de la infancia y de la adolescencia, quizá de la juventud, cuando uno vive tan lejos.
Los que no nos hemos movido, no hemos tenido nunca esa sensación, siempre estamos en el mismo lugar y es más difícil apreciar las modificaciones, a veces ni las nuestras.
De nuevo gracias por tu corrección fraterna

Catherine dijo...

Maririu no pagara para entrar en la bibliocasa de Ferran, solo tendra que colocar los 200 libros. Figuraos a los dos en un mar de libros, los dos porque Carmen se habrà ido entre palabrotas teutonas. Y Maririu que se perderà los museos. Este espectaculo imaginario es una forma de venganza porque estoy bloqueada en casa con tres fuegos artificiales y màs manana, el perro asustado, el nieto que dice que el vecino le conto que jabalies pasean por la noche en la colina-yo sé que hay un zorro que entra en el jardin- y que se hace comer por mosquitos durante la cena o en la cama. Se arregla con cidronela y paciencia.
Bueno, aqui no vamos a comprar otro piso para libros, anadimos estanterias pero ahora ni cabe una màs. Queda sitio para unos cientos màs quizàs, pués otra vez a seleccionar lo que se queda y lo que se tira. Y seleccionar lo que se compra? ya sabia que Brasillach es de interés, se lee a Céline sin problema. No conocia a Valois, en Grenoble es el apellido de un jefe resistante que se suicido en el noviembre rojo (de sangre) de 1943 para no hablar cuando volverian a torturarle. Ni idea del Faisceau. De Mann, padre, hijo y hija,si. Ferran eres un "pozo de sabiduria" (se dice en espanol?). De los masones, judios y otros métèques, palabra tipica de la entre deux guerres, todavia se puede oir de vez en cuando en estos terminos u otros parecidos. Termino porque hay que acabar con agradecimientos a Maririu a proposito de Bordeaux, no sin preguntarme porque mi abuelo leia novelas rosas; porque era saboyano él también?
Gracias, Amando, por este buen dia en el blog. Besos a estos Castellanos que se pasan la vida mirando a vencejos, golondrinas y aviones un libro en la mano.

Ferran dijo...

Pena negra, Catherine...Me han dicho en la librería "Negra y Criminal" que el encargo es enorme, pero que algunos de los títulos están descatalogados y otros no los tienen, aunque conste en su fondo. Harán lo que puedan.

Carmen ya me maldice en teutón (¿sabíais los alemanes siempre insultan con dos cosas: partes de la anatomía /una en especial/ y, sobre todo, animales: perrrocerdo y vaca burra?). Carmen, algo solidaria, me llama lo de la vaca, lo más suave. Cuando la cosa va de libros, prefiere pasar directamente a la psiquiatría...

Maririu aún no podrá cargar con libros, los están buscando (y el encargo ha llegado a la letra G solamente)...tengo previsto que hagáis una excursión para colaborar todos...¿no os fascina la idea, especialmente si es en un agosto barcelonés?

Catherine, Brasillach es un artista, mucho más elegante que Céline, que al final sólo lanzaba escupitajos (aj, d'un chateau a l'autre...). Cuando compré el Voyage, en francés, una anciana (bueno, me parecía una anciana, yo debía de tener unos 20 años, no había acabado la carrera) me miró con mucha preocupación. Era francesa y Céline aún sonaba, en 1972 o 1973, casi igual que en 1945. Brasillach nunca se consideró un revolucionario, eso le honra por no engañar; Céline se limitaba a ser un nihilista consecuente y Drieu siempre quiso parecerse al protagonista de GILLES, quizás la mejor novela acerca de una personalidad fascista. Él sí que quiso llamarse revolucionario, pero hay un artículo precioso de Nizan (toujours Nizan) que señala perfectamente la impostura de esos presuntos "inconformistas" y rompe con la idea de la "rebeldía juvenil" que podía enlazar a la extrema izquierda y la extrema derecha en una trama generacional. Buscaré el artículo concreto, es muy interesante.

Valois no escribió más que ensayos políticos y, sobre todo, económicos. Sólo fue fiel a dos cosas: el obrerismo y el antiparlamentarismo, mezclados ambos con una preferencia de la tradición proudhoniana frente a la marxista. Hay cierta coherencia en su monarquismo inicial, porque el rey pasa a ser la alternativa frente a la república venerable de los ancianos anticommunards. Para él, el rey era la antítesis del Estado, una especie de liderazgo tenue en una sociedad autoorganizada. No se aclaraba en absoluto, hasta que encontró una dignidad y su propio camino en la más completa soledad política, cuando volvió a una actitud libertaria como la de su primera juventud. Un personaje curioso, que puede representar a una época de incertidumbre, aunque sirve también para señalar hasta dónde estaban dispuestos a llegar en la tarea de demoler todo lo que había de impulso democrático en 1918.

En fin, rollo de historiador, puaj.

Pepe Gonce dijo...

Amando, me pasa un poco como a ti. Con la lectura diaria de los periódicos digitales y los blogs usuales me queda poco tiempo para la lectura de libros. La suerte es que de vez en cuando nos quedamos sin conexión a internet y es entonces cuando le doy un achuchón a los libros (de papel).

Un abrazo atrasado.

Amando Carabias María dijo...

Pepe Gonce: Pues con más retraso aún me paso a recoger este abrazo. Qué desastre.