lunes, 17 de octubre de 2011

Sin sonrisa

Cuando a la mañana siguiente, después de una noche de extraños sueños, y con sabor de tierra en la lengua, llegó a la oficina, ya no sonreía, aunque aún no se había dado cuenta. Sólo había percibido cierta dificultad para elevar la comisura de sus labios. Era como si dos plomadas invisibles le obligaran a apuntar el gesto hacia el centro de la tierra.
Mientras se afeitaba no prestó atención al gesto de su faz. Se tenía muy visto y el sueño aún le abrazaba, como esos pelmas que no saben beber, y con dos copas de más, únicamente sirven para colocar sus brazos por encima de hombros ajenos mientras perpetran canciones a voz en grito.
A esas horas en que uno duda si estarán puestas las calles, no tenía necesidad de sonreír a nadie, pues las paredes de su apartamento no solían responderle de ningún modo, ni siquiera con un vago gesto de desprecio.
Cuando llegó ella a la oficina, y sintió que entonces empezaba a amanecer, notó un peso extraño en las esquinas de la boca. Por más que se esforzaba era imposible que aquellas dos rayas alcanzaran la forma de una barquichuela. Ni siquiera consiguió que quedaran en posición paralela a la de su mesa.
Se asustó.
Salió precipitadamente hacia el baño. Su jefe sonrió maliciosamente, pensando en una diarrea incontrolable. Frente al espejo volvió a intentar el gesto y comprendió que no podía alzar los labios. Llegó a temer que se le produjera un desgarro en la piel. Era como si, para llegar a la posición de sonrisa, la boca tuviera que hacer un tremendo ejercicio de halterofilia.
Intentó tranquilizarse. Respiró hondo. Movió las mejillas, pero cuando ese movimiento era de subida, también era imposible. Llegó a pensar en una parálisis facial.
El miedo dio paso al pánico.
Optó por lavarse la cara, con la vaga esperanza de que el agua, o bien se llevase aquel lastre invisible, o bien acelerase la circulación sanguínea reactivando aquellos músculos anquilosados o postrados.
También fue inútil.
Al volver a su puesto de trabajo, decidió olvidarse de aquel incidente, esperando que, igual que había llegado de improviso, se marchase sin otro tipo de formalidad. Pero fue un intento vano. En realidad era lo único que tenía dentro de su cabeza. Cada poco tiempo lo intentaba, pero cada vez era más doloroso.
Ella pensó que se había enfadado. Se acercó a él discretamente, con una excusa absurda y le preguntó sin preámbulos, “¿Te he hecho algo?” Él miró alarmado aquel rostro pecoso, y no supo qué responder. Ella insistió. Él, en un supremo esfuerzo, intentó una sonrisa, pero el dolor le atravesó el gesto. Entonces ella empezó a sospechar que algo ocurría. Él decidió que era mejor confiarle el secreto. “No puedo sonreír”, musitó. Ella no entendió, pero el miedo de su mirada se atemperó. “¿Cómo que no puedes sonreír?” “Sí, que no puedo sonreír… Que lo intento, y mis labios no responden… Siento que algo de la cara se me va a desgarrar…”.
El jefe se impacientaba. “Señores, ya está bien de cháchara. Estamos trabajando, no en la hora del almuerzo”. No hizo falta más para que cada uno se enfrascase en sus respectivas tareas; pero de vez en cuando, alzaban la cabeza y se miraban. El gesto de él, cada vez se parecía más al de un condenado.
Aunque aparentaba su habitual concentración, en realidad no sabía lo que hacía. Al emitir aquellas pocas palabras se había dado cuenta que pronunciar la i y la e provocaba un pinchazo intenso de aguja en sus músculos. Comprendió que ello se debía a que los labios para dejar pasar el aire de ambas vocales, tenían que moverse hacia la postura de la sonrisa. Sin que su jefe se percatase, se dedicó a mover en silencio la boca colocándola en todas las posiciones que requiere la articulación de cada fonema.
Pensó que se volvería loco.
A este paso, no sólo es que no pudiera sonreír, sino que enmudecería, pues hablar podía ser como un tormento. No le cupo duda de que estaba padeciendo una parálisis facial progresiva, y, además, a altísima velocidad, pues a penas podía abrir la boca sin sentir un dolor agudo y penetrante. Cada vez más agudo y más penetrante. Ya no era una aguja sobre la piel, sino cientos de agujas candentes que le atravesaban, como si le cosiesen apresuradamente los labios. Fueron las peores siete horas de su vida. Aunque temió que sólo fuera el principio de una terrible agonía.
A la salida, ella se empeñó en que le acompañara a su casa. Estaba sinceramente preocupada, y sabía que no podía dejarle solo durante aquella tarde. “¿Y si después de comer nos acercamos a urgencias?”, propuso dulcemente, mientras le acariciaba el rostro.
A pesar de la preocupación que, en realidad, ya era obsesión, él sintió aquella primera caricia (tantas veces deseada) como la puerta de entrada en algún paraíso. Intentó responder, pero no pudo. Asintió como quien muestra la bandera blanca de rendición.
“Al menos”, pensó durante una fracción de segundo, “mi agonía no será una agonía solitaria. Ella estará conmigo”.
No probó bocado sólido. Sólo pudo beber con una pajita algunos zumos.
De pronto, ella empezó a esquivar mirarle al rostro. Cada vez que le hablaba dirigía la vista a cualquier lugar, cualquier parte, incluso el suelo, era mejor que su cara. Lo notó de inmediato. Entonces empezó otra lucha contra sí mismo: “¿Y si voy al baño y me miro al espejo?”
Pero aquella extraña reacción de ella era como un aviso para que se estuviera quieto y no hiciera nada. Sin saber por qué, al percatarse de esos movimientos esquivos de la mirada femenina, pensó en el movimiento de las serpientes y recordó, con terror, que durante la última madrugada había soñado que se convertía en serpiente.

sábado, 15 de octubre de 2011

Quiero hacer



Ya sabes que mis dedos son niños balbucientes,
y tiemblan al sentir el peso de los días,
ese peso que cuaja como nieve
y me hunde en pensamientos de ceniza:
miedosos como túneles
y oscuros como pájaros nocturnos.
Pero cuando contemplo tu cansancio
-tantas generaciones de derrotas
matando la esperanza-,
quiero hacer de mis manos un andamio.


Quiero hacer de mis manos un andamio
donde tus sufrimientos
se olviden de ese fardo que te aplasta.
Quiero hacer de mis manos un andamio
donde puedas dejar
la piedra del dolor que te ciega y te ahoga.
Quiero hacer de mis manos un andamio
donde puedas secar
el plomo de las lágrimas que roe tu mirada.
Quiero hacer de mis manos un andamio
donde puedas soñar
para alzar tu cobijo y tu futuro.

Ya sabes que soy brisa de la tarde
rota con el aullido de la noche,
y mi voluntad cruje
como madera seca o crepitar de huesos
en medio de la hoguera
que cercena el presente y abrasa los recuerdos.
Pero cuando contemplo tu abandono
-tantas generaciones de desprecio
matando la autoestima-,
quiero hacer de mi vida andarivel.

Quiero hacer de mi vida andarivel
en donde te acomodes
y salves la hondonada
que acecha los minutos y los labios.
Quiero hacer de mi vida andarivel
donde puedas dormir
cuando te venza el miedo y el dolor.
Quiero hacer de mi vida andarivel
donde puedas soñar
cuando sientas la risa del futuro.
Quiero hacer de mi vida andarivel
donde puedas mirar
la estela del mañana al acercarse,
y alzando los anhelos, te subas a su cima
para elevarte al vuelo de la vida.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Japón sin tópicos: "Frente al Pacífico" de Montserrat Sanz

Portada del libro



El pasado once de marzo de este año, Japón saltó a las cabeceras de todos los medios de comunicación a causa del terrible terremoto que provocó un devastador tsunami. Esta ola gigante y voraz se llevó por delante varias ciudades costeras, engulló vidas, haciendas, infraestructuras, hospitales, escuelas, negocios y casi destruyó una central nuclear, con lo que el problema se hizo mayor y todavía preocupa a nuestra sociedad.
En junio de este mismo año, la editorial Isla del Náufrago editó Frente al Pacífico escrito por Montserrat Sanz Yagüe (Segovia, 1966), filóloga que vive y trabaja en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kobe (Japón) donde ocupa una cátedra desde 1996.



Montserrat Sanz Yagüe
(Foto tomada de la web Isla del Naúfrago)

Frente al Pacífico es un libro recopilatorio de artículos seleccionados de entre todos los que Montserrat Sanz ha publicado en el Adelantado de Segovia entre 2008 y 2011. Por tanto, ante nosotros tenemos un libro con doce artículos cuidadosamente seleccionados, donde desde el punto de vista de una española, se muestran aspectos de la forma de vida japonesa en gran parte desconocidos por el resto de Occidente: integridad, sentido de la belleza, esfuerzo, aceptación del destino, responsabilidad, colectividad, abnegación, servicio, respeto a los ancianos, educación, dedicación, sacrificio…

Quienes vivimos en ciudades llamadas turísticas estamos acostumbrados a ver transitar nuestras calles por grupos de japoneses que, cámara en mano, fotografían todo cuanto ven, tanto los monumentos más notables, como detalles ínfimos que a la mayoría nos pasan desapercibidos. Sin embargo, ¿qué sabemos del modo de ser de este pueblo? Sabemos que se trata de una nación puntera en tecnología. Sabemos que cuentan con tradiciones milenarias, aunque difícilmente podamos concretar alguna. Sabemos que son ceremoniosos. Sabemos que no destacan por exteriorizar en exceso sus sentimientos ni los de alegría ni los de tristeza ni los de frustración. Pero en general sus comportamientos se hacen extraños a nuestras mentalidades.

Recuerdo que una de las cuestiones más comentadas por los medios de comunicación occidentales desde pocas horas después del tsunami fue la reacción ordenada, pacífica e incluso tranquila del pueblo japonés que, de modo disciplinado, cumplía con todas las indicaciones y con todos los protocolos programados para catástrofes de este tipo. No hubo otras reacciones que tan naturales nos parecerían e incluso podrían ser disculpables a causa de tan extremas circunstancias. Escribe Monserrat Sanz al comienzo de la nota introductoria: 

“Atraer la atención sobre sí mismo es una de las peores cosas que podían pasarle a este pueblo, cuyos miembros tratan de pasar desapercibidos a toda costa en su vida diaria. Sin embargo, horas de informativos mantuvieron a millones de personas de todo el globo escudriñándolo con detalle. Si hubo algo positivo de esto fue que el carácter sobrio, digno y estoico de los japoneses quedó patente en las reacciones que siguieron a la destrucción. Muchos rasgos de su forma de vida resultaron evidentes para un Occidente que desconoce profundamente a este país y que, aunque lo ha despreciado o infravalorado en ocasiones, no ha podido por menos de sentir respeto y admiración hacia él tras su tragedia (…) Mi intención al recopilar y adaptar los artículos de esta manera es ayudar a los lectores a entender mejor las reacciones que quedaron manifiestas en las semanas posteriores al desastre, trascendiendo las fronteras de mi pequeña ciudad para llegar a cualquier lector, se encuentre donde se encuentre, que haya quedado intrigado por esta distinta cultura”.


He de confesar que los artículos, cuando fueron publicados por El Adelantado en su sección “Segovia desde fuera”, no los leí con atención. Y bien que lo lamento ahora, pues la cuidada y bella prosa de Montserrat es un placer para su lectura.

En mi opinión, el modo de escribir de Sanz Yagüe se caracteriza por la concisión en la idea y la mirada amable puesta en la cotidianidad de lo pequeño y el rigor desnudo en el dato que ofrece a nuestra consideración. En sus textos no encontrará el lector sesudos análisis económicos, sociológicos, científicos o psicológicos que pretendan explicar las reacciones de las mujeres y hombres de cualquier edad, profesión o condición durante los días y semanas posteriores a este desastre que aún, de vez en cuando, salta a la palestra de nuestros medios informativos, normalmente entintado por expresiones más bien sensacionalistas.

He de confesar que tras leer el libro, cambió mi percepción sobre esta nación y aumentó mi sentimiento crítico hacia el modo en que se abordan los desastres naturales por nuestros medios de comunicación que en demasiadas ocasiones superponen el negocio a la información.

Cuando en el mes de junio se presentó el libro, Montserrat Sanz estuvo presente en la sala a través de vídeo conferencia. Sus palabras, su gesto, su sonrisa cautivaron y emocionaron al auditorio. Estas mismas reacciones se producen al leer su obra. Aunque fuera a través de las imágenes de una webcam, entramos en el salón de su casa a una intempestiva hora de la madrugada japonesa. Aquel día ya explicó algunos detalles que desbrozaron las ideas fuerza de estos artículos; pero me quedé con una sobre las demás: la solidaridad como mejor y más eficaz medio para sobreponerse a las situaciones complicadas. El pueblo japonés tiene injertado en su genética la idea de la colectividad y sabe que si deja de ser racimo no será nada. La dilatadísima experiencia milenaria de su historia así lo acredita. El pueblo japonés ha salido de situaciones complicadísimas apelando a este sentido solidario que se basa en el respeto, el esfuerzo personal y en el sentido del deber. Recordar las bombas atómicas sobre Hirosima y Nagassaki sólo es traer a la memoria uno de los botones de muestra más recientes.

Desvelaré un detalle que me impactó durante la presentación. Es sabido de todos que el transporte férreo por Japón es básico para su vida diaria. En uno de los trayectos en tren que habitualmente realiza la escritora entre su lugar de trabajo y su residencia, vio un cartel en el que la empresa prestataria del servicio solicitaba trabajadores como revisores y encargados de estación. Esto es lo que a continuación escribe Sanz Yagüe: “Indicaban [los carteles] la apertura del plazo de solicitud, y contenían la siguiente información, cuya traducción precisa se me escapa, porque es imposible captar la concisión y belleza de la oración en japonés. ‘Requisitos: personas para quienes los clientes sean lo más importante’ (o ‘personas que sepan mimar a los clientes’)”.

De este modo, pues este tipo de detalle es el condimento esencial de Frente al Pacífico, la autora nos lleva por el texto para alcanzar conclusiones sobre el modo de ser nipón citado más arriba. Montserrat utiliza el método de contar los pequeños detalles, esas cosas de lo cotidiano que a menudo pasan desapercibidas. Uno disfruta leyendo porque a través de la mirada de la autora accede a la vida de estas personas. Es como si fuera de visita a Japón hospedándome en la casa de un amigo. Antes de trasladar las frases al papel, sus retinas han encontrado en lo sencillo y habitual la clave que todo lo explica. Y sin artificios ni alharacas cuenta lo que ha visto. Así el lector accede a la vida cotidiana de un pueblo y se explica por qué reaccionó de la forma en que lo hizo.

Otra característica de la escritura de este libro es que la mayoría de los doce artículos, podrían ser considerados como pequeños relatos. Mientras leía Frente al Pacífico, intuía a la escritora con vocación narradora. No se encontrará el lector, reitero, con sesudos análisis en el texto, sino con doce historias o doce reflexiones que lo aproximarán a algunos de los más profundos sentimientos de los japoneses, más allá de los tópicos. Y también descubrirá el lector la emoción contenida, esa emoción que subyace en determinados fragmentos, donde la grandeza humana revolotea en pequeños gestos.

El libro, cuidadosamente editado, como es norma de La Isla del Náufrago, cuenta con otro aliciente que el lector atento a los detalles y catador de la belleza sabrá apreciar: las delicadas ilustraciones, que en realidad son obras caligráficas debidas a la artista Tomoko Miyamoto, licenciada en Filología española, quien acompañó a la autora durante la presentación del libro. A poco que el lector sea observador y mire con calma, un poco ajeno a la velocidad que nos marca este mundo, se sorprenderá por el poder evocativo de estos trazos que para la mayoría de nosotros no son letras o ideogramas, sino ilustraciones, y mucho más al contemplarlas en el tamaño en que se nos ofrecen.

Hoy nuestra sociedad occidental está siendo atacada por una virulenta crisis económica que a pesar de haber sido causada por cuestiones ajenas a la mayoría de las víctimas, amenaza con llevarse por delante mucho de los avances conseguidos gracias al esfuerzo y valentía de generaciones anteriores a la nuestra. Quizá sea hora ya de poner los cimientos hacia un mundo un poco diferente, hacia un modo de entender la existencia que introduzca alguna novedad respecto de lo que nos lleva hacia un precipicio. Palabras como solidaridad, esfuerzo, respeto, sacrificio, responsabilidad y esperanza tendrían que ser piedras clave en este proceso. Estas palabras son las que Montserrat Sanz Yagüe descubre como parte de los cimientos de la civilización japonesa y que tantas veces les han permitido salir de situaciones trágicas y lo hace desde un retrato sencillo, ameno y riguroso.

Por último, señalar que la mitad de los beneficios obtenidos por la adquisición de este libro se destinarán a ayudar en la reconstrucción de la escuela primaria de Ookawa, en Ishinomaki, destruida por el terremoto y el tsunami. A consecuencia de esta catástrofe, murieron 74 de sus 108 alumnos y 10 de sus 13 profesores.

 

 

Este es el enlace a la Isla del Naufrago: http://www.isladelnaufrago.es/

domingo, 9 de octubre de 2011

Ahora que el domingo tiene por nombre luz. (Oniliria XI)



Danza del amanecer
Acrílico sobre tabla. 32 x 30 cm.
© Mariano Carabias


En la entraña del frío, la luz de este domingo se asoma y me sonríe abrazada al silencio, alejando a las sombras. Cuando la luz pregunta por las cosas, las mece con susurros de limón y besa sus contornos bendiciéndolos. A estas horas la casa es un sigilo, donde sólo hay respiros de relojes acostados en sombras y maitines. Llega el amanecer: instante mariposa, temblor, fuga y misterio.
Ahora que el domingo tiene por nombre luz, quisiera reabrir aquel desván donde duerme la infancia cascabel, y quisiera halitar de nuevo los aromas de los días de antaño, cuando este día siempre era festivo: los rítmicos poemas, la aventura soñada, el carrusel de risas, la oración silenciosa, casi muda… la verdadera música de Dios.
Montaré en el tiovivo y cumpliré el mandato haciendo santa esta jornada luz…
Y rezará mi voz por las miserias, e intentaré escribir un salmo de alabanza.
Porque en medio del frío entra la luz, llamándome a la vida. Acampa en este barro, convirtiéndolo en barro iluminado.
Porque en la misma entraña del dolor, hay hombres y hay mujeres que allí ponen sus manos cargadas de caricias y sonríen con lágrimas mordidas, aun en mitad de heridas pestilentes.
Porque en este mar lleno de cadáveres, hay hombres y hay mujeres buceando al rescate de agonías, alejando a la muerte con sus sueños.
Porque ante la muralla de injusticias que acechan tantas vidas, hay hombres y hay mujeres en eternas tareas de derribo, inmunes al cansancio, al desaliento, en eterna batalla contra los asesinos del futuro.
Porque contra los falsos dioses muertos, hay hombres y hay mujeres poniendo el corazón en la miseria y haciéndose de barro para que sea luz siempre, cada jornada, para que también lunes, tenga por nombre luz y siempre sea barro iluminado.

sábado, 8 de octubre de 2011

Sueños. (Oniliria X)



Reflejos de Nenúfares
Autor, Nabuco


Sería conveniente romper todos los anclajes. Levar amarras nunca es suficiente, pues me convierto en caracol, o en ostra. Quizá pudiera hallarse una perla en su interior viscoso, pero para qué se quiere una perla sino hay dónde engarzarla. Ni siquiera hay lugar donde colgar el collar, la pulsera o el pendiente. Llevar una perla guardada en un bolsillo es como esconder un beso en el brocal del corazón.
De niño soñaba con aprender a escribir sobre mis sentimientos y sobre historias como las de Julio Verne o Enid Blyton (aunque pronto me asomé a ellos, otros me parecieron siempre astros inalcanzables). Ahora la niñez es un cuarto oscuro, donde casi nunca entro.
Quisiera saber escribir para no sufrir, para que esta sensación tan extraña me deje contemplarlo con total atención, sin distancias, el gorgoteo de una fuente. Pero probablemente sea lo contrario, escribir es sufrir más de una vez. Todas las veces.
Pero el jardín -al menos a estas horas camufladas en esmeraldas y oros- está asaeteado por el insoportable ruido de una ciudad que transita en sus vehículos.
¿Por qué una ciudad como ésta tiene la cantidad de tráfico que tiene?
Nunca lo he entendido.
Estoy escribiendo. Alrededor oigo ruidos: la vida se manifiesta en un precario estado rudimentario y selvático. Porque el silencio es una conquista, una expresión más elevada de civilización.
Estadistas del mundo, uníos contra el ruido.
Soñar no es difícil, lo difícil es recordar los sueños y es más difícil aún cumplirlos, si es que se recuerdan.
Aún no tengo claro si los sueños son como un laboratorio, o son un aviso o son un vertedero para el reciclaje del subconsciente.
Quizá haya sueños de diversas categorías. Y entonces se añade otra dificultad, cómo establecer los filtros o drenajes que alejen de la conciencia las pesadillas o las premoniciones de dolor y muerte.
Tendría que hacerme ingeniero de canales, para abrir un túnel que una y comunique mis sueños y mis dedos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Mañana de domingo







Mañana de domingo,
dos de octubre del año dos mil once;
me he subido al periódico,
y la muerte viajaba en cada línea,
felino agazapado e insaciable.
Tras una singladura de vértigo y asfixia
vuelvo como coágulo de vómito…
En el Puente de Brooklyn se alzan gritos
contra ese falso dios que nos doblega,
gritos como puñales de lágrimas y viento,
gritos como los salmos redentores,
como árboles erguidos y valientes,
y el miedo ha traspasado las paredes
del templo donde mora
el diablo que blasfema: Wall Street.
Pero sus sacerdotes han mandado jaurías
de mastines con órdenes precisas.
Un inicio de náusea me avisa,
pero he hecho caso omiso.
En la ciudad de Juba,
capital del más joven estado del Planeta,
Sudán del Sur, Alphonse, catorce años,
vive en el corredor de la agonía
esperando el perdón, esperando la horca,
por un asesinato indemostrable.
He sentido la náusea crecer,
eclipse de razón.
Sus ojos detenidos ante mí,
eran carbón a punto de abrasarme.
En el país más joven habita la venganza
más vieja y más injusta.
La arcada no es aviso, sino hecho irrefutable.
En Irán, viejo estado milenario,
un hombre es condenado a muerte por cristiano,
por impedir que su hijo se instruyese
según las santas normas del Corán.
El vómito me impide el pensamiento:
si en el nombre de un dios se mata a un dios,
o alguno de sus fieles,
o nadie entiende a dios, o dios no existe.
Luego he visto el retrato de Salvador Iborra.
En realidad he visto al joven que fumaba,
el rostro placentero de un joven, cuyo nombre
era desconocido para mí.
Ha muerto en Barcelona, su ciudad,
en pleno Barrio Gótico, su barrio.
Murió a una hora lírica y hermosa,
murió porque encontró la bicicleta
robada de un amigo, y los ladrones,
durante la pelea, lo mataron.
(Un suceso ni lírico ni hermoso.
Quizá, si Salvador no fuera poeta,
su foto no estaría en un periódico.
¿Y tiene algo que ver su asesinato
con que este Salvador fuese un joven poeta?
¿Influyeron sus versos de algún modo?)
He sentido la náusea ocupándome,
como inmenso volcán.
De nuevo he comprobado que la vida
carece de valor en cualquier parte.
También he comprobado que algunos periodistas
se atreven con metáforas difíciles,
que buscan marear a sus lectores.
Desde luego en mi caso lo han logrado.
Al menos he llegado a convencerme
que Salvador murió por ser poeta,
y no por pretender que aquella bici
retornase a las manos de su amigo,
porque si así no fuera,
la conclusión sería detestable:
aunque la vida vale casi nada,
hay muertes que decoran más que otras.
Mañana de domingo,
dos de octubre del año dos mil once,
me apeo del periódico.
Tras una singladura de vértigo y asfixia,
vuelvo como coágulo de vómito.
Quizá sea mejor vivir dentro de un verso.

lunes, 3 de octubre de 2011

Cerviz uncida en yugo inapelable (Nueva versión)

(En el post de ayer hablaba de la comunicación con amigos y amigas sobre los textos que voy publicando en este espacio. Una de las últimas fue a raíz de la publicación de este poema el pasado lunes 19 de septiembre. Una amiga que prefiere permanecer en el anonimato por pudor, me hizo una serie de consideraciones sobre aquella primera versión que se puede leer AQUI. Considerando que el interés que le movía para opinar de ese modo era la mejora de mis versos, repasé el poema a la luz de esas ideas y llegué a la conclusión de que tenía razón. Así que me puse manos a la obra. El resultado es el que ahora ofrezco. Gracias infinitas a esta consejera y amiga a quien, obviamente dedico el poema. Hoy es anónimo, pero si algún día estos versos forman parte de algún poemario, su nombre ha de figurar impreso).

Tus dedos son un verso ensangrentado,
azul huella de espanto acariciándome
la piel indiferente a tu prisión,
insensible al desgarro que te asfixia,
el desgarro y la cárcel invisibles
para estas dos retinas siempre en fiesta
oropel cimentado en tu miseria,
fiesta endeble, tan frágil como un sueño
tan fugaz como el brillo del diamante.

Entorno a mi cintura, tu sudor
es tejido invisible que me cubre,
un sudor que ha castrado tu futuro,
un sudor como yugo con candado
que aprisiona cerviz y pensamiento,
impidiendo al destino de su vuelo
encontrar las respuestas que caminan
hacia la misma dársena común…
Mientras, la huella esclava de tus dedos
aún sangra en los tejidos que me cubren
como invisible verso maniatado,
como llanto de lágrima sin grito.

Si tus pupilas arden con el fuego,
el mismo que da vida a mi mirada,
el mismo que calienta mis latidos,
el mismo que ilumina mi sendero,
¿por qué tu esclavitud no me desgarra,
por qué el brutal silencio genocida
no cesa de crecer cada jornada…?

¿Por qué, si tu materia es mi materia,
este dolor me importa más que el tuyo?
¿Por qué, si tu materia es mi materia,
no cuento tu llorar entre mi llanto,
ni cuento tu prisión como mi cárcel?

¿Por qué, si tu materia es mi materia,
no cuento la injusticia que te llaga
como una inmensa losa que me asfixia,
ni cuento tus heridas como mías,
ni tu muerte conmueve mis entrañas?

¿En qué parte del viaje compartido
en esta nave azul y milenaria
se decidió que tanta esclavitud
sería el pedestal para mi dicha?

Y ahora que me acecha la mentira,
y ahora que ese yugo crece y crece,
como las sombras negras de la tarde
y aproxima sus fauces a mi cuello
y asedian sus colmillos mis arterias,
quizá ya sea tarde y no haya tiempo
que evite compartir nuestro destino:
pues mi carne también como la tuya
será un verso de piel ensangrentada,
macerada en barrotes de vergüenza:
cerviz uncida en yugo inapelable.

sábado, 1 de octubre de 2011

Tribulaciones de un escribidor cambiando el rumbo

Verán ustedes, llevo un tiempo dudando si dejarlo por escrito, o si no hacerlo para evitar las contradicciones. Pero he llegado a dos conclusiones. Si no lo digo no me quedaré a gusto, y desde ya reivindico el derecho a la más pura y dura contradicción.
Me explicaré, porque esto puede convertirse en un galimatías.
Pavesas y cenizas está próximo a cumplir tres años de edad lo cual para un blog no está mal. Un blog que procuro renovar con cierta frecuencia. Al menos un par de entradas por semana, aunque no siempre cumplo con este ritmo.
Acabo de mirar las estadísticas a las que tengo acceso, las mismas que ustedes podrán ver si se dirigen a la parte inferior del blog. Llevaba meses sin hacerlo. Lo cierto es que no me interesan mucho o nada. Si en alguna ocasión me hubieran preocupado, quizá hubiera buscado alguna solución. En fin, digo que he mirado las estadísticas y resulta que este blog ha pasado de las sesenta y siete mil visitas que, groso modo, significan unas sesenta y cinco visitas diarias. Aún desconociendo si el contador tiene en cuenta las mías propias, todavía estoy maravillado de que este espacio reúna a tantas personas, sobre todo si uno es consciente de la cantidad de blog que existen y la excelente calidad de la mayoría de ellos. Es cierto –y soy perfectamente consciente- que el ritmo de visitantes no es el mismo en el último año que en los anteriores, sobre todo el primero. Uno actúa de un modo determinado, lo que tiene consecuencias.
Todo esto para decir que, definitivamente, este blog va a pasar a ser un blog donde aparecerán básicamente mis textos poéticos (poemas, estampas, onilirias) y los relatos cortos. Los trabajos de más extensión, si es que alguna vez los llevo a buen puerto, engrosarán otro de mis blog: Euritmia en la red, que lleva seis meses sin entrada, y seguiré –ese sí casi de modo incesante- escribiendo El surco de los días, el tercero de mis blog, mi diario. No necesito más. No puedo con más. No me interesa más. Aporto poco en estos campos, desde luego, pero no aporto nada en otros, por tanto sobran otro tipo de post.
He llegado a múltiples conclusiones en este tiempo, pero sobre todo he llegado a la certeza de la presencia de excelentísimas personas en la red, personas que me dan y me seguirán dando su amistad y su confianza. He descubierto que cuando alguien me quiere de verdad y tiene algo que decirme sobre mis textos, lo hace mucho más a gusto en privado, y más desde que por la falta de tiempo no contesto como debiera cada una de las intervenciones de los lectores, que siempre he agradecido, pues suponen un esfuerzo. Pronto habrá una prueba de lo que digo. He comprobado que parece existir entre los blogueros una ley no escrita en la que se comenta, si tú comentas, algo así como una devolución de visita. Y quizá haya de ser así, pues el comentario es el único modo de hacerse visible en otra página. Y he concluido, con mi habitual pericia de efecto retardado, que no soy un bloguero, sino que uso de este medio para dejar volar mis palabras, sean éstas interesantes, o meras ocurrencias insustanciales.
Por ello y para evitar que nadie se sienta obligado a un comentario forzoso, he decidido eliminar los comentarios. Sé que esto es tirar, no piedras, sino bombas contra una de las esencias de un blog, pero Pavesas y cenizas, a partir de este artículo, se convierte en un poemario y en un almacén de pequeños relatos, quizá también aparezcan algunas noticias sobre algún acto que me importe o la reseña de algún libro, poco más…
Por supuesto, continuaré comentando en los blogs amigos, seguiré visitando y leyendo y aprendiendo de los blogs de las amigas y de los amigos e incluso de quienes no conozco nada, salvo su tarea en la blogosfera.
Me interesa, a esta altura de mi vida, escribir y dar a la luz, quizá, lo que se escriba, pero no me encuentro con ánimos ni con tiempo para llevar un blog como se debe.
Y claro está, a partir de este momento, empezarán las contradicciones.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Crónica de un fin de semana en Zaragoza


 

Estoy seguro de que en Zaragoza hay más taxistas que este joven tan simpático. He visto decenas de ellos circulando por la ciudad. Sin embargo ayer y hoy es quien ha hecho el servicio que he pedido al hotel. Hoy me he ido de la capital aragonesa con algo menos de peso en la maleta del que traje el viernes. Ayer me llevó desde el hotel hasta el Centro Cívico Teodoro Sánchez Punter donde pasamos la jornada entorno a la literatura y al diálogo.
Aunque la cosa empezó el viernes…
* * *
Cubierta del libro Tintas distintas


En el Albergue Zaragoza, vieja posada de peregrinos en camino hacia Santiago y que también fue cárcel de la Inquisición, la editorial La Fragua del Trovador, responsable de la edición del libro Tintas distintas. Relatos II, había organizado la presentación de este volumen.
Esta es la primera razón de mi viaje a Zaragoza. Tres buenos amigos, José Antonio Prades, Pilar Aguarón y Anabel Cosejo son los autores de este trabajo que aún no he tenido tiempo de leer. Como es conocido por quien sigue este espacio, ellos tres forman la asociación 3d3 LiterArt y están realizando una seria labor en Zaragoza por el relato corto. Este Tintas distintas es el segundo trabajo que dan a la imprenta en relativamente poco tiempo. Es evidente que el trabajo en equipo estimula y empuja.
Lo primero que me sorprendió en el mejor de los sentidos posibles de la palabra, fue la implicación de Luis Sanz, el editor (La Fragua del Trovador), y su mujer M ª José Carvajal (ella misma escritora y poeta). Cualquier editor está pendiente de los libros que pone en circulación, eso es innegable, pero esa implicación tan visceral y apasionada, no suelen ser tan habitual.
La presentación resultó entretenida y amena. Como en cualquier pieza musical, el bajo continuo que determinó el ritmo y el tono del evento, fue la camaradería y la confianza existentes entre escritores y editores. Tras las palabras introductorias en las que Luis explicó esquemáticamente el desarrollo del acto, los autores tomaron la palabra. Cada vez estoy más convencido de que en la sencillez está el camino más certero, y si se produce a modo de juego, mejor aún. Esta fue la propuesta del editor. A cada autor, por sorteo, le había correspondido en suerte hablar de otro de sus compañeros y leer uno de los textos del libro, que no fuera suyo.
Después de esta parte de la presentación se pasó al coloquio, a modo de entrevista realizada por el propio Luis. El acto propiamente dicho concluyó con la actuación del jovencísimo cantautor zaragozano Mario Iriarte quien interpretó varios temas de su último disco El sabor de las palabras.
Como ya he dicho aún no he tenido tiempo de leer el libro –el tiempo libre no ha existido en estos dos días-, pero sí puedo explicar aquí el cimiento sobe el que se asienta con solidez.
3d3 está empeñado en demostrar dos cosas: que a pesar de las diferencias –incluso de los debates intensísimos- el trabajo en equipo es posible en materia tan individual como la literatura, y que el relato corto no es precisamente un género menor. Tintas distintas no es un mero libro editado por tres autores en los que se han adicionado uno tras otro, relatos escritos por cada uno de ellos.
En el primer capítulo o Paseo del libro, los autores proponen tres relatos divididos en tres partes de trescientas treinta y tres palabras cada uno de ellos. Por tanto cada autor escribe una parte del relato, pero no la misma en los tres, de tal modo que cada uno de ellos ha escrito una presentación, un nudo y un desenlace. Ésta es la parte del libro que ya me he leído y estoy en condiciones de afirmar que si no hubieran escrito el nombre de los tres autores en cada uno de los relatos sería imposible –salvo para ellos mismos- saber quién ha redactado qué. A pesar de lo que aseguran en la presentación de esta primera parte, se demuestra que es posible llegar a un acuerdo, siempre y cuando se tengan claros los objetivos.
La segunda parte consiste en incluir como elemento de cada tríada de relatos una frase propuesta por cada uno de ellos. Así nos encontramos con tres diferentes relatos cuyo nexo de unión es la existencia de la misma frase: el comienzo de La metamorfosis de Kafka, tres versos de la canción Vértigo de Ismael Serrano y una frase que dice Al Pacino en la película Carlito’s way.
En el tercer apartado, el nexo común son los títulos de las historias, A mesa puesta, A tiro fijo y A la vez que tú… Casualmente una triple A al comienzo de cada título…
La cuarta sección tiene como elemento común el desarrollo de tres ideas propuestas por cada autor, que en sí mismos son una especie de desencadenante o microrrelato con vocación de semilla que ha de dar fruto…
En el quinto grupo Anabel, Pilar y José Antonio decidieron que el postre era de libre elección y cada uno nos regala un relato propio y sin ligazón con los otros.
Mientras les escuchaba –y a la mañana siguiente cuando hablamos sobre Oscurece en Edimburgo- y ahora que escribo estas líneas, una idea se abre paso en mi interior. Es aún un esbozo, algo mínimo, casi una semilla, quizá una mera intuición, pero sus contornos van siendo menos imprecisos. La literatura en equipo es posible. En algunos casos, incluso, podría llegar a ser necesaria. Es imposible que desaparezca la obra debida a una sola mente creativa, pero ya no es una quimera llevar a buen puerto obras de autor coral.
A la salida del Albergue Zaragoza la lluvia había aliviado el bochorno de la tarde y la cena y unas copas junto al Ebro propiciaron una velada agradable y distendida. Una velada de clima propicio y compañía grata que ayudaron a que llegara al hotel lo suficientemente rendido, como para que el estruendo de la fiesta habitual de todos los fines de semana de todas las ciudades españolas no me desvelara.
Tenía que estar fresco para la jornada del sábado ya que se celebraba el II Recital de Narrativa SéBreve.
* * *
Anabel y yo mismo momentos antes de iniciar la presentación
de Oscurece en Edimburgo. Anabel sostiene un ejemplar del
último número de la revista La Esfera Cultural


La mañana del sábado fue intensa para el diálogo y el debate. Se presentaron en el mismo local donde por la tarde se desarrolló el recital, Tintas distintas, Oscurece en Edimburgo y Versos como carne…
Como siempre sucede, la sorpresa y el interés por el modo en que se escribió Oscurece en Edimburgo hacen presa de la concurrencia. Hablar de la presentación de esta novela –que hicimos entre Anabel y yo mismo- es hablar nuevamente del trabajo en equipo, de las dificultades y de las satisfacciones que provoca, así como los retos a los que hay que hacer frente durante la escritura del texto. La sorpresa y admiración que despierta poder tener entre las manos una novela tan intensa y trepidante escrita por siete autores con escrupuloso respeto a las normas dadas, es reiterativo ciudad tras ciudad: personas ajenas a todo el proceso de la escritura de la novela en Tenerife, Las Palmas, Lérida, Segovia y ahora Zaragoza siguen sin pestañear las explicaciones que los autores damos. Y es automático que se produzcan las preguntas, sobre todo –al menos así lo he vivido en Segovia, Lérida y Zaragoza- entre aquellos asistentes que han tenido o tienen que ver con la creación literaria. Aunque no en modo exclusivo. El planteamiento de escritura, tan radical, de 7 plumas es una vuelta de tuerca más a lo que decía más arriba sobre el trabajo común en literatura. En nuestro caso –del que también participa Anabel Consejo, como todos saben- ni siquiera existió la posibilidad de corrección o reescritura de la obra. Como se sostuvo en el acto de esta presentación, para que Oscurece en Edimburgo fuese una novela homogénea había que corregir hacia delante, por así decir. O como se comentó un poco más tarde, los autores decidimos ser fieles hasta el final con la esencia del proyecto y en la versión de esta primera edición, no depuramos nada del contenido de la obra, aún a costa de correr algún riesgo. Quisimos ser fieles a la aventura. Y tal y como se continúa manifestando, lo verdaderamente doloroso es no haber podido editar el libro que habíamos soñado, por una mera cuestión de extensión del proyecto. La originalidad y el riesgo de Oscurece en Edimburgo hubieran quedado más evidentes, si se hubiera publicado la otra novela que se escribió a la vez que escribíamos la búsqueda de Sophie; porque el proceso de elaboración de la novela es, en sí mismo, otra novela dentro de la propia novela…
* * *

De Izquierda a derecha: José Antonio Prades, Pilar Aguarón
Anabel Consejo y servidor junto al cartel
II Recital de Narrativa SéBreve


La tarde, como un broche de oro, consistió en la lectura de los relatos de treinta y cuatro autores y autores. Escritores de Lérida, Sabadell, Barcelona, Huesca, Zaragoza y Segovia pasamos poco más de cuatro horas fantásticas mientras escuchábamos las imaginativas propuestas de nuestros colegas. Además de la distinta procedencia de las escritoras y escritores, me interesa dejar patente la variedad de las edades.
Podría parecer que el relato corto (cada autor dispusimos de cinco minutos como máximo y se respetó esta condición casi sin excepciones) encaja más bien con un escritor o escritora joven, pues es un género de relativa poca tradición. Nada más lejos de la realidad. Podría decir –y ahora vierto una opinión muy personal- que, en general, los relatos leídos por personas de más edad, resultaron más transgresores no sólo en ideas.
A mi modo de ver la calidad fue más que estimable y disfrutamos con relatos de corte realista y costumbrista, otro con tintes surrealistas; hubo relatos que rozaban la prosa poética, otros adscritos al género negro, otros en que los protagonistas eran animales o cosas. También pudimos descubrir en la práctica que hablar de relato corto, es incluir mucha variedad, no sólo de estilos, sino de extensión.
El ser humano se caracteriza por su afán investigador o explorador y no se conforma con lo primero que encuentra. Si se acepta comúnmente que un microrrelato tiene como límite máximo las doscientas cincuenta palabras, hay autores que buscan ir más allá y exploran con determinación casi científica para reducir aún más las posibilidades para crear una historia, que al fin y al cabo eso es un relato. Cada vez se escriben más nanorelatos o mini microrrelatos, en los que pasar de cien palabras es una exageración.
En general abundó la temática un poco sombría o melancólica, pero no faltaron notas de humor, ironía y sarcasmo. Hubo relatos amorosos o desamor, relatos del género negro, relatos fantásticos, relatos surrealistas, relatos que podrían representar al realismo mágico, hubo relatos eróticos…
Hubo quién nos explicó la realidad que siempre se nos ha ocultado sobre los hechos que originaron los sucesos que luego se fijaron en la memoria colectiva como Caperucita Roja, o quien dio voz a un máquina de escribir que añora a su primer propietario, o el de que relató un viaje al azar y allí encontró amistades, o aquel en que una mujer decide añadir reliquias a su escapulario de manera un tanto radical, o quien determinó que un orinal es el mejor modo de viajar por el mundo, o quien recorrió la miseria humana siguiendo la senda de un morroñoso billete de cincuenta euros, o quien hizo un canto hermosísimo a los cuentos como mejor modo para aprender a vivir, o quien nos demostró que los ángeles chapotean en piscinas celestiales, o quien nos contó cómo una lápida de un desconocido es testigo de un amor imposible o quien soñaba que estaba muerto (¿o estaba ya muerto y soñaba?), o quien porfió por explicar las apariciones y desapariciones de unos hermosos pendientes de plata, o aquel en que una joven deja a sus padres para ingresar en un convento, o cómo Zaragoza estuvo a punto de ser llevada por el cierzo y acabar sumergida en el río Ebro, o aquel en que se zambulle en la mente de un expresidiario que sale de la cárcel para ajustar cuentas con su pareja, o aquel en que una mano amiga en realidad es la mano de un trepa, o en el que se indaga en la mente confusa de una locura, o esos tres últimos escritos por 3d3 que narran tres historias engarzadas entre sí, y al mismo tiempo independientes y que forman parte de un nuevo libro que está muy avanzado ya… Y por si esto fuera poco, también Mario Iriarte nos deleitó con sus canciones que tienen una vocación de relato innegable.
El año pasado, en la primera edición, lo pasé muy bien, como escribí en su momento, pero este año (quizá porque no me visitó una jaqueca tan inoportuna e intensa como entonces) he disfrutado como disfrutan los niños cuando están jugando. Jugar en general no cansa y si después de cuatro horas los padres u otro adulto, deciden que se ha acabado la hora de los juegos, los niños refunfuñan.
Así yo, ayer sábado. Cuando a las ocho y media acabó el acto, aún no me hubiera importado continuar escuchando más propuestas. Pero todo ha de tener un final, y el de ayer –después del adelanto que nos propusieron 3d3 de su próximo libro- fue un final maravilloso que acabó tras la cena saboreando un exquisito gintonic en una glamorosa terraza zaragozana de la calle Cesáreo Alierta, mientras cinco escritores continuábamos hablando de esas cosas tan raras de las que hablamos los escritores. Si queréis leer los relatos que ayer disfrutamos, pinchad AQUÍ.


Así nos retrató Pilar a José Antonio, Anabel y a mí,
media hora antes de comenzar el acto matinal

miércoles, 21 de septiembre de 2011

II Recital de Narrativa SéBreve en Zaragoza y presentación de libros

Cartel del recital

Este próximo fin de semana son los días centrales del Hay Festival en Segovia. Como los lectores de este espacio saben, soy adicto al festival y normalmente doy cuenta en el blog de algunos de los actos a los que asisto… Pero este año el festival literario que me ocupará las jornadas del fin de semana, se celebra en Zaragoza.
La asociación cultural 3de3 formada por nuestros amigos Pilar Aguarón, Anabel Consejo y José Antonio Prades, prosigue con su paso firme y decidido. No se trata de actos quizá con una trascendencia mediática sobresaliente. Ni ellos lo pretenden. Lo que buscan, y acaso encuentran, es que la literatura (pasión común que devora a los tres –aunque no la única-) les satisfaga en lo personal.
Por segundo año han dado el paso de organizar el II recital de narrativa SéBreve. Han tenido el detalle de invitarme y yo la desfachatez de aceptar su ofrecimiento, así que el sábado 24 a partir de las 16:30 compartiremos relatos y alguna otra sorpresa en el salón de actos del Centro Cívico Teodoro Sánchez Punter, ubicado en la Plaza Mayor de San José n.º 2.

Trítptico del Recital y las presentaciones
Pero este año no se han limitado a este evento que ocupará la tarde sabatina. En esta ocasión han dado un paso más y ocuparán la mañana del sábado. En esta ocasión, desde las diez de la mañna, en el mismo lugar, o sea en el Salón de actos del Centro Cívico Teodoro Sánchez Punter, se presentarán tres libros.


Portada del libro Tintas Distintas

Aún desconozco el orden de las presentaciones, pero aunque lo conociera, en primer lugar me tendría que referir al libro que sacan a la luz los organizadores de esta jornada. Efectivamente 3de3 presentará su segundo volumen de relatos Tintas distintas. Relatos II editado por La Fragua del Trovador. El año pasado tuve la oportunidad de leer y gozar con su primer libro conjunto titulado Tres de tres. En él, el trío de escritores daba a la luz su primera colaboración conjunta con un grupo de veintiún relatos breves. Ahora nos ofrecen su segunda criatura. Aún no conozco nada del volumen, así que sólo puedo adelantar lo que se dice en el tríptico preparado para el acto “Los tres autores continúan con la cruzada de difundir y promocionar la narrativa breve y nuevas formas de creación. Demuestran cómo, partiendo de unas mismas coordenadas se pueden conseguir resultados asombrosamente distintos y originales. ¿Escritura sinérgica?"

Portada de Oscurece en Edimburgo

También se presentará en la capital maña Oscurece en Edimburgo. En este punto deseaba detenerme pues nuestra novela tiene mucho que agradecer tanto a Zaragoza como a 3de3. La ciudad fue escenario –bello y bullicioso- donde se decidió el modo en que concluiríamos la novela y su título. En primer lugar (lo más importante, sin duda) gracias a 3de3 y a Zaragoza los siete autores de la novela nos conocimos en persona y estrechamos más aún los lazos que nos unían. Además, –y no es exagerado-, junto a la Basílica del Pilar, mientras los jóvenes disfrutaban de la noche del sábado zaragozano, bautizamos la novela, y unos metros más allá, pero no muchos, gracias a Pilar Aguarón se resolvió el modo de su conclusión: un sorteo dirigido por ella en que salió el mejor de los posibles resultados: Marcos Alonso pondría el punto final a esta primera aventura de 7 plumas. Y por si fuera poco, las únicas fotografías que existen del grupo completo, están hechas en Zaragoza. Tanto Anabel Consejo, como yo mismo, intentaremos explicar los pormenores de este libro y de alguna manera intentaremos que nuestros ‘plumigos’ Ana, Dácil, Francisco, Inma y Marcos se hagan presenten en Centro Cívico Teodoro Punter.

Portada de Versos como carne

Y por último 3de3 ha tenido el detalle que no sé cómo agradecer, de que en este acto se presente mi poemario Versos como carne. Se trata de la tercera presentación del libro, y reconozco que estoy emocionadísimo por este regalo. Intuyo que Anabel tiene mucho que ver en esta decisión, pero sin el consentimiento entusiasta de Pilar y José Antonio, no se habría producido, y no tendría la mayor trascendencia, puesto que el entorno en el que se mueven los actos tiene que ver con el relato, más que con la poesía. Si digo que estoy desbordado por esta muestra de cariño, en realidad no soy suficientemente sincero, o, mejor dicho, no alcanzo a describir con precisión mi estado de ánimo. Que Versos como carne se presente en Zaragoza, después de haberlo hecho en Segovia y Lérida, quiere decir, sobre todo, que Anabel Consejo, además de escritora por descubrir, es una grandísima persona que encima me honra con su amistad.
Invitación para la presentación
de
Tintas distintas

Pero como el sábado parece poco, organizado por La Fragua del Trovador, el grupo 3de3 aprovecha la tarde del viernes, a partir de las siete y media de la tarde, para presentar, Tintas distintas en El Albergue Zaragoza (calle Predicadores, 70).
Si todo marcha como está previsto, allí estaré.
Espero de todo corazón que pasado mañana pueda comenzar mi particular festival literario que comenzará con esa presentación en el Albergue Zaragoza. Tendré la oportunidad de abrazar a Anabel, Pilar y José Antonio y a los queridos amigos zaragozanos con quienes me reencontraré después de un año.
Un año da para muchas cosas, son muchos días, y muchas horas, pero también da para los abrazos de quienes desde las diferencias de estilos y sensibilidades, tenemos como uno de los vértices de nuestra existencia la literatura.
Desde aquí, aprovecho para invitar a cuantos estéis por Zaragoza. Seguro que encontráis motivos para pasar buenos ratos

lunes, 19 de septiembre de 2011

Cerviz uncida en yugo inapelable


Tus dedos son un verso ensangrentado,
azul huella de espanto que acaricia
nuestras pieles ajenas a tu cárcel,
ajenas al desgarro que te asfixia,
el desgarro y la cárcel invisibles
para nuestras retinas siempre en fiesta,
fiesta cuyo cimiento es tu miseria,
fiesta endeble, tan frágil como un sueño,
tan fugaz como el brillo del diamante.

Sobre nuestras cinturas, tu sudor
es tejido invisible que nos cubre,
un sudor que ha castrado tu futuro,
un sudor como yugo con candado
unciéndote cerviz y pensamiento,
impidiendo el destino de su vuelo:
encontrar las respuestas que caminan
hacia ese mismo puerto compartido
mientras la huella esclava de tus dedos,
aún sangra en los tejidos que nos cubren
como invisible verso maniatado.

Si tus pupilas arden con el fuego,
el mismo que da vida a mi mirada,
el mismo que calienta mis latidos,
el mismo que ilumina mi sendero,
¿por qué tu esclavitud no me desgarra,
por qué nuestro silencio genocida
no cesa de crecer cada jornada…?

¿Por qué, si tu materia es mi materia,
nuestro dolor importa más que el vuestro?
¿Por qué, si tu materia es mi materia,
no cuento vuestro llanto como nuestro,
ni cuento vuestra cárcel como nuestra?

¿Por qué, si tu materia es mi materia,
no cuento la injusticia que sufrís
como una inmensa losa que me asfixia,
ni cuento vuestra sangre como nuestra,
ni cuento vuestra muerte como nuestra?

¿En qué parte del viaje compartido
en esta nave azul y milenaria
se decidió que vuestra esclavitud
sería el pedestal de nuestra dicha?

Y ahora que sabemos del engaño,
y ahora que ese yugo crece y crece,
como las sombras negras de la tarde
y aproxima sus fauces a nosotros,
quizá ya sea tarde y no haya tiempo
que evite compartir nuestro destino:
y al igual que la vuestra, nuestra carne
será un verso de piel ensangrentada,
macerada en barrotes de ignorancia:
cerviz uncida en yugo inapelable.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Una labor poco conocida... aún

Iba a escribir que no hace muchos años entorno a estos idus septembrinos, uno estaba de estreno. Los libros nuevos, los renovados encuentros con los compañeros, los cuadernos por estrenar, como un horizonte que se prometía lleno de hermosos paisajes y de ilusiones ilimitadas. Quizá ese curso que empezaba fuera, por fin, el del primer amor. Quizá fuera el de encontrar el verdadero sentido a la vida. Quizá, por qué no, el que me encontrara de golpe con un editor dispuesto a publicar mis versos… Pero no es verdad del todo, porque en realidad no hace pocos años, sino que ya han pasado muchos, más de treinta. Y es que, aunque por dentro me sienta igual de joven, con las mismas ganas de nadar cada día en toda sus amplitud y profundidad, los calendarios han ido cayendo, para mi suerte, ¿por qué decir otras cosas…?
Recordaba esto, porque poco a poco todo va tornando hacia lo cotidiano, hacia esa maravillosa rutina que nos introduce en la rueda de la existencia, esa cotidianidad que nos permite gozar de los placeres que provoca después lo excepcional.
Cada día que pasa el escritorio de mis blog va aumentando las entradas en los blogs que se tomaron unas merecidas vacaciones. Es verdad que no todos se marcharon, pero algunos sí…
Hoy he descubierto que ayer fue el programa de Paloma Corrales quien ha regresado a este espacio que llamamos virtual para entendernos, pero que tiene mucho de real, para mí mucho más que otras cosas. La verdad es que ando un poco despistado, mejor dicho, dispersado en mi interior. Es algo que no puedo evitar desde hace algunos meses. Pero no se trata ahora de elevar otra queja más, o este diario se va a tornar jeremiada insoportable. El caso es que el seguimiento de los blogs de los amigos no es tan preciso como debiera.
Conv3rsando tiene varias cosas que le hacen muy especial para mí, por eso procuro no perdérmelo y, no sólo eso, procuro concentrarme al máximo en su escucha. En primer lugar que lo dirija y presente Paloma es fundamental. Estoy convencido –y no de ahora, ni si quiera de estos años en Internet- que somos los poetas –con independencia de la categoría de cada uno- los que podemos mantener viva la llama de la Poesía. Es la Poesía –como la verdad, como el amor, como la muerte, como la vida- algo tan inmenso que se hace inabarcable para una sola persona. Como la verdad, como el amor, como la vida, como la muerte, la Poesía es una, pero esa unidad tiene tantos modos de expresarse o manifestarse que, por ejemplo, procurar una definición unánime de la Poesía es una quimera. Igual de quimérico que definir la verdad, el amor, la vida, la muerte... Sin embargo sucede que entre muchos poetas abunda (y ha abundado siempre) una suerte de envidia que a veces produce verdadera grima. A mí, en concreto me resulta repugnante tanta pelea, tanto navajeo como por ahí abunda. Creo yo que quienes así actúan, lo hacen porque piensan que no hay suficientes aficionados a la lectura de versos, como para que todos quienes escribimos poesía podamos darla a conocer. Algo así. Sin embargo, Paloma, gran poeta como cualquiera que visite su blog (Alcoba paralela) puede comprobar, se dedica a lo contrario. Ella promociona a colegas, los lanza a la red para que podamos ir ampliando, no sólo nuestro conocimiento, sino –y sobre todo- nuestra sensibilidad y nuestra inspiración. Me parece que su apuesta no sólo es valiente, sino que aún no está suficientemente reconocida, aunque sólo sea por la cantidad de horas que le tiene que llevar elaborar las entrevistas que durante más o menos media hora ocupan el programa. Y por si ello fuera poco, poder gozar durante media hora de un poeta entrevistado por Paloma, teniendo en cuenta cómo está el mundo en el que vivimos, es un lujo que no se paga con dinero. (Es cierto que no es la única persona en esta blogosfera que realiza un trabajo de promoción de otros poetas. Pienso en Fernando Sabido, por ejemplo, pienso en Claudia que tanto hizo en tan poco tiempo...).
Lo que comentaba el otro día sobre Ana J., Iván e Inma, respecto de la entrevista que hicieron a Mariano en Tenerife, lo podría aplicar con las mismas palabras a la labor de Paloma con sus entrevistados. La temporada pasada fueron diez, nada menos. Y a todos les hizo entrevistas que no transitaron por los lugares habituales o tópicos. Es verdad que hay preguntas que hay que hacer siempre, porque de lo contrario el espectador andaría desorientado, pero a parte de esas dos o tres preguntas imprescindibles, el resto eran fruto del conocimiento y la investigación sobre la vida y la obra del entrevistado.
Pues bien hoy –bueno, hoy para mí- ha comenzado esta nueva temporada con una poeta cordobesa de la que desconocía todo: Carmen Garrido.
Citar el origen de Carmen no está dicho en vano. Creo que Córdoba es tierra especial para la poesía. No sé qué tendrá esa parte del planeta para que la nómina de sus poetas sea tan grande y de tanta calidad.
En el caso de esta joven escritora me ha parecido intuir en los veintiséis minutos de entrevista, además, que hay una persona apasionada por la vida en todas sus facetas y una gran persona. Barrunto que detrás de ese verbo intenso, fluido y expansivo hay alguien que se entrega de la misma manera en todo lo que hace. Una de esas personas que es capaz de seguir siempre adelante. Una de esas personas que ante un problema primero busca la solución y después, sólo después pero no siempre, se lamenta por lo sucedido. Lamentarse es una pérdida de tiempo. En todo caso, llorar para lavar la pena, para purificar el dolor, pero después, siempre después.
No he tenido tiempo aún de leer su blog, ni, claro está, ninguno de sus libros, pero lo que le he escuchado en la entrevista se asemeja mucho a ese literatura emparentada con los horizontes sin límites, con los ríos caudalosos y anchos, con vastas extensiones, con una mirada lanzada desde lo alto de una torre, o quizá desde un globo que se pasea junto a nubes… Quizá, como afirma la propia escritora, provenir como proviene de la prosa le haya situado en ese territorio fronterizo entre el verso y la prosa al que denominamos versículo en unos casos o prosa poética en otros. Si tuviera que definir la poesía de Carmen Garrido con lo que he escuchado –aún a riesgo de embadurnarme con el error-, hablaría de intensidad, extensión, hondura e imaginación. Ella misma se define como barroca, por tanto es consciente de la función enfática del lenguaje poético, de la misión especial que tiene la búsqueda de lo bello. No puede obviar –y no lo hace- sus orígenes cordobeses y trata a sus versos con la misma intensidad con que los cordobeses adornan sus patios con macetas en la primavera. Para ella la imagen es su hábitat natural.
También me ha parecido que Carmen Garrido es una mujer afanosa, infatigable, y se toma muy en serio esta pasión nuestra de la escritura. Creo –y lo que ha contado sobre la libreta y la pluma es una pista que me lleva directamente a tal creencia- que si no escribe cada día se llegará a sentir mal.
Me da la impresión de que he descubierto a otra gran poeta, de las muchas que abundan entre nosotros y que aún no han sido descubiertas por el público lector de poesía, pero que no tardará en tener un huequecito entre los buenos aficionados.
Hace unos días afirmé que uno tiene conciencia de sus propios límites y del lugar que ocupa en este mundillo. No se trata de falsa humildad, ni se trata de otras cuestiones. Es la pura y lisa verdad. Y no es que me conforme con ello, ni me deje de conformar. Es lo que hay y de lo que tengo que disfrutar, porque si no acepto mi propia realidad y me rebelo contra ella, acabaré por aborrecer aquello que me revelará la felicidad. Digo que dije que juego en tercera división, y, por tanto, poder disfrutar de colegas que están en otras divisiones superiores es un momento espléndido para continuar abriendo mi corazón.
Y esto, sin duda, es lo mejor que hace Paloma con este programa, y lo que le agradeceré siempre. Promocionar la poesía es un riesgo, porque la poesía nunca ha sido (ni lo será, ni quizá deba serlo) un género para multitudes; pero, sin embargo, a quienes nos gusta y disfrutamos con ella, todo, siempre nos parece poco.
Y como un guiño cómplice hacia Carmen Garrido, he de confesar que esta entrada la he escrito escuchando a Mozart.

(Por cierto, la entrevista puede verse en este mismo blog, en la parte inferior, o en este enlace).