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lunes, 17 de octubre de 2011
Sin sonrisa
sábado, 15 de octubre de 2011
Quiero hacer
Ya sabes que mis dedos son niños balbucientes,
y tiemblan al sentir el peso de los días,
ese peso que cuaja como nieve
y me hunde en pensamientos de ceniza:
miedosos como túneles
y oscuros como pájaros nocturnos.
Pero cuando contemplo tu cansancio
-tantas generaciones de derrotas
matando la esperanza-,
quiero hacer de mis manos un andamio.
donde tus sufrimientos
se olviden de ese fardo que te aplasta.
Quiero hacer de mis manos un andamio
donde puedas dejar
la piedra del dolor que te ciega y te ahoga.
Quiero hacer de mis manos un andamio
donde puedas secar
el plomo de las lágrimas que roe tu mirada.
Quiero hacer de mis manos un andamio
donde puedas soñar
para alzar tu cobijo y tu futuro.
rota con el aullido de la noche,
y mi voluntad cruje
como madera seca o crepitar de huesos
en medio de la hoguera
que cercena el presente y abrasa los recuerdos.
Pero cuando contemplo tu abandono
-tantas generaciones de desprecio
matando la autoestima-,
quiero hacer de mi vida andarivel.
en donde te acomodes
y salves la hondonada
que acecha los minutos y los labios.
Quiero hacer de mi vida andarivel
donde puedas dormir
cuando te venza el miedo y el dolor.
Quiero hacer de mi vida andarivel
donde puedas soñar
cuando sientas la risa del futuro.
Quiero hacer de mi vida andarivel
donde puedas mirar
la estela del mañana al acercarse,
y alzando los anhelos, te subas a su cima
para elevarte al vuelo de la vida.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Japón sin tópicos: "Frente al Pacífico" de Montserrat Sanz
Quienes vivimos en ciudades
llamadas turísticas estamos acostumbrados a ver transitar nuestras calles por
grupos de japoneses que, cámara en mano, fotografían todo cuanto ven, tanto los
monumentos más notables, como detalles ínfimos que a la mayoría nos pasan
desapercibidos. Sin embargo, ¿qué sabemos del modo de ser de este pueblo?
Sabemos que se trata de una nación puntera en tecnología. Sabemos que cuentan
con tradiciones milenarias, aunque difícilmente podamos concretar alguna.
Sabemos que son ceremoniosos. Sabemos que no destacan por exteriorizar en
exceso sus sentimientos ni los de alegría ni los de tristeza ni los de
frustración. Pero en general sus comportamientos se hacen extraños a nuestras
mentalidades.
Recuerdo que una de las cuestiones más comentadas por los medios de comunicación occidentales desde pocas horas después del tsunami fue la reacción ordenada, pacífica e incluso tranquila del pueblo japonés que, de modo disciplinado, cumplía con todas las indicaciones y con todos los protocolos programados para catástrofes de este tipo. No hubo otras reacciones que tan naturales nos parecerían e incluso podrían ser disculpables a causa de tan extremas circunstancias. Escribe Monserrat Sanz al comienzo de la nota introductoria:
“Atraer la atención sobre sí mismo es una de las peores cosas que podían pasarle a este pueblo, cuyos miembros tratan de pasar desapercibidos a toda costa en su vida diaria. Sin embargo, horas de informativos mantuvieron a millones de personas de todo el globo escudriñándolo con detalle. Si hubo algo positivo de esto fue que el carácter sobrio, digno y estoico de los japoneses quedó patente en las reacciones que siguieron a la destrucción. Muchos rasgos de su forma de vida resultaron evidentes para un Occidente que desconoce profundamente a este país y que, aunque lo ha despreciado o infravalorado en ocasiones, no ha podido por menos de sentir respeto y admiración hacia él tras su tragedia (…) Mi intención al recopilar y adaptar los artículos de esta manera es ayudar a los lectores a entender mejor las reacciones que quedaron manifiestas en las semanas posteriores al desastre, trascendiendo las fronteras de mi pequeña ciudad para llegar a cualquier lector, se encuentre donde se encuentre, que haya quedado intrigado por esta distinta cultura”.
He de confesar que los artículos,
cuando fueron publicados por El
Adelantado en su sección “Segovia desde fuera”, no los leí con atención. Y
bien que lo lamento ahora, pues la cuidada y bella prosa de Montserrat es un
placer para su lectura.
En mi opinión, el modo de
escribir de Sanz Yagüe se caracteriza por la concisión en la idea y la mirada
amable puesta en la cotidianidad de lo pequeño y el rigor desnudo en el dato
que ofrece a nuestra consideración. En sus textos no encontrará el lector
sesudos análisis económicos, sociológicos, científicos o psicológicos que
pretendan explicar las reacciones de las mujeres y hombres de cualquier edad,
profesión o condición durante los días y semanas posteriores a este desastre
que aún, de vez en cuando, salta a la palestra de nuestros medios informativos,
normalmente entintado por expresiones más bien sensacionalistas.
He de confesar que tras leer el
libro, cambió mi percepción sobre esta nación y aumentó mi sentimiento crítico
hacia el modo en que se abordan los desastres naturales por nuestros medios de
comunicación que en demasiadas ocasiones superponen el negocio a la información.
Cuando en el mes de junio se
presentó el libro, Montserrat Sanz estuvo presente en la sala a través de vídeo
conferencia. Sus palabras, su gesto, su sonrisa cautivaron y emocionaron al
auditorio. Estas mismas reacciones se producen al leer su obra. Aunque fuera a
través de las imágenes de una webcam,
entramos en el salón de su casa a una intempestiva hora de la madrugada
japonesa. Aquel día ya explicó algunos detalles que desbrozaron las ideas
fuerza de estos artículos; pero me quedé con una sobre las demás: la
solidaridad como mejor y más eficaz medio para sobreponerse a las situaciones
complicadas. El pueblo japonés tiene injertado en su genética la idea de la
colectividad y sabe que si deja de ser racimo no será nada. La dilatadísima
experiencia milenaria de su historia así lo acredita. El pueblo japonés ha
salido de situaciones complicadísimas apelando a este sentido solidario que se
basa en el respeto, el esfuerzo personal y en el sentido del deber. Recordar las
bombas atómicas sobre Hirosima y Nagassaki sólo es traer a la memoria uno de
los botones de muestra más recientes.
Desvelaré un detalle que me
impactó durante la presentación. Es sabido de todos que el transporte férreo
por Japón es básico para su vida diaria. En uno de los trayectos en tren que
habitualmente realiza la escritora entre su lugar de trabajo y su residencia,
vio un cartel en el que la empresa prestataria del servicio solicitaba
trabajadores como revisores y encargados de estación. Esto es lo que a
continuación escribe Sanz Yagüe: “Indicaban [los carteles] la apertura del
plazo de solicitud, y contenían la siguiente información, cuya traducción
precisa se me escapa, porque es imposible captar la concisión y belleza de la
oración en japonés. ‘Requisitos: personas
para quienes los clientes sean lo más importante’ (o ‘personas que sepan
mimar a los clientes’)”.
De este modo, pues este tipo de
detalle es el condimento esencial de Frente al Pacífico, la autora nos
lleva por el texto para alcanzar conclusiones sobre el modo de ser nipón citado
más arriba. Montserrat utiliza el método de contar los pequeños detalles, esas
cosas de lo cotidiano que a menudo pasan desapercibidas. Uno disfruta leyendo
porque a través de la mirada de la autora accede a la vida de estas personas.
Es como si fuera de visita a Japón hospedándome en la casa de un amigo. Antes
de trasladar las frases al papel, sus retinas han encontrado en lo sencillo y
habitual la clave que todo lo explica. Y sin artificios ni alharacas cuenta lo
que ha visto. Así el lector accede a la vida cotidiana de un pueblo y se
explica por qué reaccionó de la forma en que lo hizo.
Otra característica de la
escritura de este libro es que la mayoría de los doce artículos, podrían ser
considerados como pequeños relatos. Mientras leía Frente al Pacífico,
intuía a la escritora con vocación narradora. No se encontrará el lector,
reitero, con sesudos análisis en el texto, sino con doce historias o doce
reflexiones que lo aproximarán a algunos de los más profundos sentimientos de los
japoneses, más allá de los tópicos. Y también descubrirá el lector la emoción
contenida, esa emoción que subyace en determinados fragmentos, donde la
grandeza humana revolotea en pequeños gestos.
El libro, cuidadosamente editado,
como es norma de La Isla del Náufrago, cuenta con otro aliciente que el lector
atento a los detalles y catador de la belleza sabrá apreciar: las delicadas
ilustraciones, que en realidad son obras caligráficas debidas a la artista
Tomoko Miyamoto, licenciada en Filología española, quien acompañó a la autora durante
la presentación del libro. A poco que el lector sea observador y mire con
calma, un poco ajeno a la velocidad que nos marca este mundo, se sorprenderá
por el poder evocativo de estos trazos que para la mayoría de nosotros no son
letras o ideogramas, sino ilustraciones, y mucho más al contemplarlas en el
tamaño en que se nos ofrecen.
Hoy nuestra sociedad occidental
está siendo atacada por una virulenta crisis económica que a pesar de haber
sido causada por cuestiones ajenas a la mayoría de las víctimas, amenaza con
llevarse por delante mucho de los avances conseguidos gracias al esfuerzo y
valentía de generaciones anteriores a la nuestra. Quizá sea hora ya de poner
los cimientos hacia un mundo un poco diferente, hacia un modo de entender la
existencia que introduzca alguna novedad respecto de lo que nos lleva hacia un
precipicio. Palabras como solidaridad, esfuerzo, respeto, sacrificio,
responsabilidad y esperanza tendrían que ser piedras clave en este proceso.
Estas palabras son las que Montserrat Sanz Yagüe descubre como parte de los
cimientos de la civilización japonesa y que tantas veces les han permitido
salir de situaciones trágicas y lo hace desde un retrato sencillo, ameno y
riguroso.
Por último, señalar que la mitad
de los beneficios obtenidos por la adquisición de este libro se destinarán a
ayudar en la reconstrucción de la escuela primaria de Ookawa, en Ishinomaki,
destruida por el terremoto y el tsunami. A consecuencia de esta catástrofe,
murieron 74 de sus 108 alumnos y 10 de sus 13 profesores.
domingo, 9 de octubre de 2011
Ahora que el domingo tiene por nombre luz. (Oniliria XI)
En la entraña del frío, la luz de este domingo se asoma y me sonríe abrazada al silencio, alejando a las sombras. Cuando la luz pregunta por las cosas, las mece con susurros de limón y besa sus contornos bendiciéndolos. A estas horas la casa es un sigilo, donde sólo hay respiros de relojes acostados en sombras y maitines. Llega el amanecer: instante mariposa, temblor, fuga y misterio.
sábado, 8 de octubre de 2011
Sueños. (Oniliria X)
Autor, Nabuco
Sería conveniente romper todos los anclajes. Levar amarras nunca es suficiente, pues me convierto en caracol, o en ostra. Quizá pudiera hallarse una perla en su interior viscoso, pero para qué se quiere una perla sino hay dónde engarzarla. Ni siquiera hay lugar donde colgar el collar, la pulsera o el pendiente. Llevar una perla guardada en un bolsillo es como esconder un beso en el brocal del corazón.
jueves, 6 de octubre de 2011
Mañana de domingo
dos de octubre del año dos mil once;
me he subido al periódico,
y la muerte viajaba en cada línea,
felino agazapado e insaciable.
Tras una singladura de vértigo y asfixia
vuelvo como coágulo de vómito…
contra ese falso dios que nos doblega,
gritos como puñales de lágrimas y viento,
gritos como los salmos redentores,
como árboles erguidos y valientes,
y el miedo ha traspasado las paredes
del templo donde mora
el diablo que blasfema: Wall Street.
Pero sus sacerdotes han mandado jaurías
de mastines con órdenes precisas.
Un inicio de náusea me avisa,
pero he hecho caso omiso.
capital del más joven estado del Planeta,
Sudán del Sur, Alphonse, catorce años,
vive en el corredor de la agonía
esperando el perdón, esperando la horca,
por un asesinato indemostrable.
He sentido la náusea crecer,
eclipse de razón.
Sus ojos detenidos ante mí,
eran carbón a punto de abrasarme.
En el país más joven habita la venganza
más vieja y más injusta.
La arcada no es aviso, sino hecho irrefutable.
un hombre es condenado a muerte por cristiano,
por impedir que su hijo se instruyese
según las santas normas del Corán.
El vómito me impide el pensamiento:
si en el nombre de un dios se mata a un dios,
o alguno de sus fieles,
o nadie entiende a dios, o dios no existe.
En realidad he visto al joven que fumaba,
el rostro placentero de un joven, cuyo nombre
era desconocido para mí.
Ha muerto en Barcelona, su ciudad,
en pleno Barrio Gótico, su barrio.
Murió a una hora lírica y hermosa,
murió porque encontró la bicicleta
robada de un amigo, y los ladrones,
durante la pelea, lo mataron.
(Un suceso ni lírico ni hermoso.
Quizá, si Salvador no fuera poeta,
su foto no estaría en un periódico.
¿Y tiene algo que ver su asesinato
con que este Salvador fuese un joven poeta?
¿Influyeron sus versos de algún modo?)
como inmenso volcán.
De nuevo he comprobado que la vida
carece de valor en cualquier parte.
También he comprobado que algunos periodistas
se atreven con metáforas difíciles,
que buscan marear a sus lectores.
Desde luego en mi caso lo han logrado.
Al menos he llegado a convencerme
que Salvador murió por ser poeta,
y no por pretender que aquella bici
retornase a las manos de su amigo,
porque si así no fuera,
la conclusión sería detestable:
aunque la vida vale casi nada,
hay muertes que decoran más que otras.
dos de octubre del año dos mil once,
me apeo del periódico.
Tras una singladura de vértigo y asfixia,
vuelvo como coágulo de vómito.
lunes, 3 de octubre de 2011
Cerviz uncida en yugo inapelable (Nueva versión)
azul huella de espanto acariciándome
la piel indiferente a tu prisión,
insensible al desgarro que te asfixia,
el desgarro y la cárcel invisibles
para estas dos retinas siempre en fiesta
oropel cimentado en tu miseria,
fiesta endeble, tan frágil como un sueño
tan fugaz como el brillo del diamante.
es tejido invisible que me cubre,
un sudor que ha castrado tu futuro,
un sudor como yugo con candado
que aprisiona cerviz y pensamiento,
impidiendo al destino de su vuelo
encontrar las respuestas que caminan
hacia la misma dársena común…
Mientras, la huella esclava de tus dedos
aún sangra en los tejidos que me cubren
como invisible verso maniatado,
como llanto de lágrima sin grito.
el mismo que da vida a mi mirada,
el mismo que calienta mis latidos,
el mismo que ilumina mi sendero,
¿por qué tu esclavitud no me desgarra,
por qué el brutal silencio genocida
no cesa de crecer cada jornada…?
este dolor me importa más que el tuyo?
¿Por qué, si tu materia es mi materia,
no cuento tu llorar entre mi llanto,
ni cuento tu prisión como mi cárcel?
no cuento la injusticia que te llaga
como una inmensa losa que me asfixia,
ni cuento tus heridas como mías,
ni tu muerte conmueve mis entrañas?
en esta nave azul y milenaria
se decidió que tanta esclavitud
sería el pedestal para mi dicha?
y ahora que ese yugo crece y crece,
como las sombras negras de la tarde
y aproxima sus fauces a mi cuello
y asedian sus colmillos mis arterias,
quizá ya sea tarde y no haya tiempo
que evite compartir nuestro destino:
pues mi carne también como la tuya
será un verso de piel ensangrentada,
macerada en barrotes de vergüenza:
cerviz uncida en yugo inapelable.
sábado, 1 de octubre de 2011
Tribulaciones de un escribidor cambiando el rumbo
Y claro está, a partir de este momento, empezarán las contradicciones.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Crónica de un fin de semana en Zaragoza
miércoles, 21 de septiembre de 2011
II Recital de Narrativa SéBreve en Zaragoza y presentación de libros
Portada del libro Tintas Distintas
de Tintas distintas
Pero como el sábado parece poco, organizado por La Fragua del Trovador, el grupo 3de3 aprovecha la tarde del viernes, a partir de las siete y media de la tarde, para presentar, Tintas distintas en El Albergue Zaragoza (calle Predicadores, 70).
lunes, 19 de septiembre de 2011
Cerviz uncida en yugo inapelable
azul huella de espanto que acaricia
nuestras pieles ajenas a tu cárcel,
ajenas al desgarro que te asfixia,
el desgarro y la cárcel invisibles
para nuestras retinas siempre en fiesta,
fiesta cuyo cimiento es tu miseria,
fiesta endeble, tan frágil como un sueño,
tan fugaz como el brillo del diamante.
es tejido invisible que nos cubre,
un sudor que ha castrado tu futuro,
un sudor como yugo con candado
unciéndote cerviz y pensamiento,
impidiendo el destino de su vuelo:
encontrar las respuestas que caminan
hacia ese mismo puerto compartido
mientras la huella esclava de tus dedos,
aún sangra en los tejidos que nos cubren
como invisible verso maniatado.
el mismo que da vida a mi mirada,
el mismo que calienta mis latidos,
el mismo que ilumina mi sendero,
¿por qué tu esclavitud no me desgarra,
por qué nuestro silencio genocida
no cesa de crecer cada jornada…?
nuestro dolor importa más que el vuestro?
¿Por qué, si tu materia es mi materia,
no cuento vuestro llanto como nuestro,
ni cuento vuestra cárcel como nuestra?
no cuento la injusticia que sufrís
como una inmensa losa que me asfixia,
ni cuento vuestra sangre como nuestra,
ni cuento vuestra muerte como nuestra?
en esta nave azul y milenaria
se decidió que vuestra esclavitud
sería el pedestal de nuestra dicha?
y ahora que ese yugo crece y crece,
como las sombras negras de la tarde
y aproxima sus fauces a nosotros,
quizá ya sea tarde y no haya tiempo
que evite compartir nuestro destino:
y al igual que la vuestra, nuestra carne
será un verso de piel ensangrentada,
macerada en barrotes de ignorancia:
cerviz uncida en yugo inapelable.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Una labor poco conocida... aún
(Por cierto, la entrevista puede verse en este mismo blog, en la parte inferior, o en este enlace).




















