viernes, 26 de marzo de 2010

LA CARTA. Parte décima.



1ªparte 2ª parte 3ªparte 4ª parte 5ª parte 6ª parte

7ª parte 8ª parte 9ª parte

La decisión de Luis fue como una prórroga para Laura Enciso. Con el paso de los años, lo más agudo de la enfermedad había pasado y ella había tomado la suficiente perspectiva sobre sí misma, como para ser consciente de que se había salvado de despeñarse por el precipicio de la locura gracias a la presencia de su hijo en casa.
A pesar de las noches en vela, a pesar de los quejidos que se arrastraban como cadenas de fantasmas por la casa, a pesar de su avejentamiento prematuro, a pesar de que el dolor, quizá no muy agudo, pero sí hondo, se había convertido en una parte constitutiva de su ser, contar con la presencia del hijo en su casa, había sido una boya firme sobre la que había permanecido a flote su razón, había sido la ventana que había impedido que su existencia se hubiera clausurado al exterior y se hubiera tornado vida de ataúd o, peor aún, vida de sarcófago en un manicomio.
Una vez seco, Luis miró el reloj que había dejado sobre la cama. No le apetecía acudir a la cita con los compañeros de la oficina. Habían quedado para tomar unas copas y para lo que surgiera. Como siempre, él había respondido a la invitación con un vago gesto que tanto podría interpretarse como que acudiría, como que no sabía si acudiría o como que no acudiría. Era un ademán polisémico, por así decir, que mezclaba un encogimiento de hombros, con un leve movimiento de arriba abajo en su cabeza y una mirada dubitativa.
Desde que Nélida había sido destinada a la fiscalía de Euritmia, no eran infrecuentes esas salidas de viernes por la tarde, como si de nuevo fueran estudiantes. Nélida era soltera y se aburría en la ciudad, donde todavía no tenía conocidos, salvo los compañeros de la Fiscalía. La distancia entre Euritmia y su casa en Alicante era lo suficientemente amplia como para que no fuera hasta allí todos los fines de semana, ni siquiera cada dos fines de semana. Así que por norma, con la excusa de que ella no pasara sola las primeras horas del descanso semanal, solían quedar cada viernes. Pero él no acudía siempre. Aunque una vez al mes solía hacer un esfuerzo y aparecía. Tampoco le interesaba seguir siendo la persona más rara de la Fiscalía, aunque la mayoría de los compañeros, así le consideraban. Su modo de ser introvertido no se había modificado en exceso con el paso de los años. Ni su gusto por el silencio. Ni la dificultad para las risas. Ni el tembleque que le recorría el alma, cada vez que tenía que enfrentarse en soledad a una mujer que le atrajera, aunque fuera mínimamente…
Tampoco había cambiado su afición por el estudio. Esta afición, precisamente le había llevado hasta donde estaba. Cuando comenzó la carrera, una vez obtenida la correspondiente beca que le llenó de orgullo a él y del mismo sentimiento, pero regado por lágrimas, a su madre, y que fue otro espaldarazo para continuara ahondando en su metódico modo de vida, pronto comenzó a destacar.
Al cruzar por vez primera las puertas que daban acceso a la Colegio Universitario de Derecho de la ciudad, que formaba parte de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, pensó que entraba en el lugar de sus sueños, donde el saber y el estudio camparían por sus respetos, pensó que se encontraría, por fin, con docenas y docenas de jóvenes que como él mismo gozaban con el estudio e incluso aspiraban a la investigación… El sueño le duró escasos minutos. En cuanto vio muchas caras conocidas del instituto que se correspondían a intelectos poco habituados al esfuerzo, comprendió que aquello no sería más que una extensión del bachillerato.
Acertó.
De hecho, en pocos días, ni siquiera en una semana, todo el Colegio Universitario, incluso el último curso, incluso parte del claustro, le conocía como Empollón. Aunque la sombra de Eladio no llegaba hasta allí, y pronto fue un turbio recuerdo de su infancia y de su adolescencia, que sólo tantos años después había resucitado en forma de carta, todavía perduró aquel insulto que se había convertido, finalmente, en uno de los apelativos por los que era conocido en buena parte de la ciudad, casi como su apodo: Luis Prieto Enciso, el Empollón. Pensaba que si alguna vez le diera por formar parte de una banda de delincuentes, en los carteles publicados por la policía con la efigie, nombre y alias de los criminales aparecería tal alias, tras su nombre. Y también pensaba lo casi opuesto, que una hipotética placa que se clavara en el portal donde tuviera el correspondiente despacho profesional, a continuación de su nombre, y antes del flamante ABOGADO, tendría que incluir el mote para que sus clientes euritmitenses supieran a quién se dirigían. Durante el primer curso no hubo forma de romper ese sambenito que le acompañaba con más contumacia que su propia sombra.
A su pesar volvió a sonreír. Sólo cubierto por el albornoz regresó al salón y volvió a tomar la carta. Repasó su contenido, pero se detuvo, nuevamente en el mismo escollo. La palabra odio le golpeó con contundencia.
No la esperaba. Y en esta segunda relectura volvió a sorprenderle, a golpearle, como si una mano invisible hubiera arrojado una pedrada desde un punto lejano. Por suerte no le habían acertado.
A pesar de los muchos años transcurridos, ahí seguía latiendo como una alimaña indestructible cuya única misión era el afán de destrucción sin lógica o causa conocida. Cuando abrió el sobre, estaba seguro de que por fin sabría la razón de ese odio unívoco. Ahora que ya conocía el motivo, estaba todavía más sorprendido. Porque él, Luis Prieto, nunca había odiado a Eladio. Le había temido y nunca le había entendido, pero era incapaz de odiarlo.
En realidad sólo se odiaba a sí mismo, y no tenía muy claro que ése fuese el nombre preciso para los sentimientos que albergaba sobre su persona. Aunque se había atenuado bastante, la sensación de culpa por lo sucedido aquella tarde siempre le había acompañado, y le había producido una terrible impresión de inseguridad en la mayoría de situaciones vitales, excepto las relacionadas con el estudio.
De nuevo la carta estaba sobre la mesa. Su relectura estaba siendo demasiado dura, casi como el alegato final de un juicio en el que se le juzgaba a él mismo. Tuvo miedo de ser reo, de que aquella carta condujera a un veredicto inapelable de culpabilidad, cuya condena fuese terrible, acaso definitiva.
El contenido de aquellos renglones, como grajos enfurecidos, sin embargo no acallaba las imágenes que como una película retrospectiva ocupaban su mente. A medida que fueron avanzando los cursos, la presencia de Eladio se fue esfuminando hasta casi hacerse imperceptible. De vez en cuando se leía alguna noticia en la prensa local que avisaba sobre los avances de la empresa. Pronto su ex-compañero pasó a dirigir la fábrica, y bajo su mandato, ésta creció convirtiéndose en una de las más boyantes de la ciudad. Diversificó su actividad, aunque nunca abandonó el sector de la alimentación, y cada nueva iniciativa suponía un éxito empresarial.
Cuando encontró trabajo en Madrid, para Luis aquellas noticias se convirtieron en ecos que le llegaban muy de vez en cuando. Sucedió en el último año de la carrera. Su profesor especialista en Derecho Penal, le habló de que en un despacho de un amigo suyo les hacía falta un pasante, y había pensado en él como el mejor posible, y además, le facilitaría el acceso al mundo laboral. Era hora ya de que dejase el mundo un tanto ficticio de la facultad y pasase a la realidad de la vida.
— Te interesa licenciarte en la Complutense, no en este Colegio. No es lo mejor para tu currículum que aparezca el nombre de este centro —. Concluyó su profesor con total convicción
Este comentario fue determinante. Suponía que a su madre le podría hacer daño su ausencia, pero sabía a ciencia cierta que los titulados en su ciudad tenían más dificultades en encontrar un buen trabajo. En el mundo del derecho no era precisamente el centro mejor valorado.
Cuando le habló a su madre sobre el asunto, hubo en su corazón un sobresalto parecido al vértigo. Pero durante los años en que él se formó como especialista en Derecho, ella se había preparado para ese momento. Se lo había impuesto como tarea. Había aprovechado bien la prórroga que le concedió la vida cuando su hijo decidió los estudios que seguiría.
Por fin se sabía fuerte para afrontar lo que le quedara de vida, viviendo día y noche con el fantasma de aquel amor que se le había truncado antes de tiempo. Creía, y acertó, que ya podría soportar la ausencia sin caer por la sima de la locura. Había conseguido durante ese tiempo, convivir con sus recuerdos, como quien convive con alguna enfermedad crónica.
En aquellos años había regresado a la vieja Parroquia de Todos los Santos. El nuevo párroco era un hombre afable, de edad difusa pero no indefinible, entre los cincuenta y muchos y los setenta y pocos, algo místico, debido a su aspecto macilento, enteco y espigado y al color grisáceo de su mirada, con manos que crecían sobre una arquitectura de huesos finos y largos, dedos diseñados para haber pulsado el secreto de un piano o de un violín. Sabía escuchar a las personas, quizá por ello pronto se hizo un hueco en el corazón de sus feligreses. Los comentarios sobre esta cualidad acrecieron por el barrio como el caudal de los ríos durante la primavera y aquel sonido llegó hasta el corazón de Laura Enciso. Ella se dio cuenta pronto y decidió acudir a él a las pocas semanas de su llegada a Euritmia.
Empezó por una confesión.
El sacerdote, don Lucas, comprendió que en aquella mujer, más que pecado, se había enquistado el boceto de una enfermedad, y decidió que allí tenía una tarea. En realidad utilizó el confesionario como un gabinete psicológico. Cuando Laura Enciso comprendió que más que perdonarle los pecados, le estaba rescatando de una dolencia, decidió que no era necesario que hablaran de un modo tan incómodo para ella, tanto tiempo arrodillada; así que se institucionalizó un café los miércoles, después de la comida.
Las malas lenguas pronto se lanzaron a escribir una novela escabrosa de tintes romántico-eróticos, pero iban desencaminadas. Como ella decía a quien le quería escuchar, el amor que le unió a Luis Prieto era indisoluble, y trascendía la leve frontera de la muerte.

31 comentarios:

catherine dijo...

Había apostado por pijama o bata, resulta que se trata de un albornoz, palabra nueva para mí como lo son macilento, enteco y espigado.
Sabemos un poquito más del tenor de la carta. Aparecen una colega soltera, un cura con manos de artista y mucha agudeza. La pista de las malas lenguas es falsa. No tenemos más remedio que esperar el capítulo siguiente.

Mercedes dijo...

Luis ya hace tiempo que dejó de ser Luisito. Ahora es un hombre que toma decisiones; pero sigue arrastrando parte de su pasado, aunque de una forma difusa. También sigue siendo "El empollón", incluso en la facultad, lo que hace que no termine de liberarse, de alguna forma este alias lo hace prisionero de su triste infancia. Seguimos sin saber el contenido de la carta, aunque parece que le revela el motivo del odio que le tenía Eladio.
La madre se ha resignado a vivir sola, y gracias a las confesiones-conversaciones con el sacerdote parece soportar su nueva situación.
Sigo muy pendiente de "La carta", deseando conocer su contenido y encajar esa pieza del puzzle tan fundamental.
A tu casa se viene a disfrutar de la buena lectura.
Un abrazo.

maririu dijo...

¿hasta donde ha llegado el odio? Trazas de Regenta pero en "buena" decididamente es decimononico tu relato, no me lo creo ni el amor conyugal de la madre, y su resignación a la partida del hijo a Madrid, ni el carácter liso del hijo ¿cuantos años tiene en el momento de leer la carta? Sigo leyendo para ver si al final me convences.
Ya sabes soy mala

El albornoz es al bournous Cathérine

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Seguimos avanzando.

Amando Carabias María dijo...

Mercedes:
Me encantan estos resúmenes que haces, se están convirtiendo en guia de lectura.
Muchas gracias.

Amando Carabias María dijo...

maririu:
Ojalá que hubiera trazas de "La Regenta". A veces las influencias son subconscientes y quizá estén.

Es curioso lo de decimonónico. Es un apelativo que se dice en muchos de mis relatos, e incluso en algunos de los aquí publicados. Unido a lo que dices de "La Regenta" me hace reflexionar sobre algunas cuestiones.
No discuto que Luis sea plano, pero hay más personas planas de las que parece.
Que no creas el modo de ser de Laura Enciso, sin embargo, me sorprende. Conozco a más de una.
Luis nació en 1964 por tanto en este año cumpliría los cuarenta y seis años, dos menos que yo mismo.
Y como te digo siempre no eres mala, es que te gusta hacer reflexionar.

Flamenco Rojo dijo...

Vamos que Luis ya ha leído la carta un par de veces y nosotros con estos pelos…Bueno pues seguiremos expectantes los próximos capítulos.

Buen fin de semana y cuidadito con las torrijas.

Maria Sanguesa dijo...

Bueno, ya me he puesto al día. Las ganas de saber qué es lo que motiva el odio de Eladio van en aumento. La evolución de los personajes a mí sí que me resulta muy creíble. La madre sigue estando casada con el fantasma del padre, pero el apoyo del psicólogo con sotana hace que vaya asumiendo etapas en su relación con Luis. Que no me parece un personaje plano, sino coherente en su desarrollo desde la infancia. El trauma más enquistado es el de Eladio, mal estudiante y peor persona. Habrá que ver el tipo de relación que unió a los padres, más allá de la meramente laboral, y que podría tener que ver con ese odio tan arraigado. Da gusto leer una sintaxis tan correcta y un vocabulario tan rico. Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
Lo ha leído una vez completa. En este capítulo comienza a releerla.

Amando Carabias María dijo...

María Sangüesa:
Ya falta menos, en cinco capítulos todo se solucionará, y se sabrá.
Gracias por tus palabras.

urbanoyhumano dijo...

A ver Amando, una pregunta porque yo lo estoy flipando ¿Cuánto tiempo has dedicado a escribir La Carta? Porque entiendo que comenzaste no hace muchas semanas y lo hiciste, como quien dice, de un tirón ¿Prolijo se dice? Últimamente se me mezclan los idiomas porque estoy leyendo exclusivamente en francés. Estamos en la mitad de tu relato. Sólo añadir que siempre habrá algún tocapelotas, algún Eladio

urbanoyhumano dijo...

Y un abrazo a toda la familia que has creado en este blog .

Isolda dijo...

Estoy con María S. y creo que lo apunté en su día, ese odio viene de los padres de ambos, Luis y Eladio. En realidad, lo digo, por si cae alguna pista, (que no caerá) y además el escribidor advirtió que el final sería como una bomba y totalmente inesperado.
La verdad es que no se puede pedir más a una novela de intriga, el placer de leerla y las ganas de conocer el por qué.
Pues nada, Amando, aquí seguiremos espectantes. No sé si lo dije ya, pero es una novela muy buena.
Besos que huelen a semana santa, estoy tan emocionada como María A. aunque parezca mentira.
Más besos.

Amando Carabias María dijo...

urbanoyhumano:
Digamos que en cuatro tirones. Las tres primeras partes las escribí en el instante de su publicación. El resto aproveché un finde de soledad. Avatar, no sé si lo recuerdas, en esa tercera entrada me sugirió un retiro, y coincidió que el retiro lo tuve sin necesidad de salir de casa.
Ahora lo que hago cada jueves es pulir lo escrito.
Al final de la publicación del relato, diré algunas cuestiones más sobre este asunto que, digamos tiene que ver con la cocina de quien escribe.
Tienes razón todos hemos conocido a algún Eladio, aunque no hayamos sido Luis.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
No, no caerá ninguna pista, tienes razón.
En este momento está lloviendo en Segovia. Esperemos que las previsiones meteorológicas, acierten y para la Semana Santa el tiempo sea lo suficientemente benigno como para permitir que todo lo que se manifiesta en esas jornadas (tradición, fe, antropología, arte, sentimiento, emoción, belleza, dolor...) ocupe las calles.

catherine dijo...

Tuvimos una tormenta esta mañana con nieve en altitudes muy bajas otra vez. Por suerte en el cementerio donde descansan muchos parientes de la rama materna de mi familia el sol apareció. Era el entierro de una tía, cuñada de mi madre, viuda a sus 38 años con tres hijos entre 8 y 2 años, huérfana de madre poco antes de casarse, con un padre ya anciano. Así que muy rápido se encontró con su familia política sólo y amigos fieles. Su hija leyó un escrito de la tía muy alegre, un himno a la alegría compuesto hace 3 años a los 91 años. Este elogio de mi tía Denise tiene algo que ver con tu relato.
La meteorología nos promete malo tiempo para los días siguientes. Les deseo lo mejor en España; aquí no importa tanto porque no tenemos fiestas durante Semana Santa.

urbanoyhumano dijo...

Desearía tanto, al leer a Catherine, estar en Bruselas.
Ésta no es mi ciudad ni mis calles aunque hable tanto de ellas. Me he afincado en la rue de Namur.

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Es hermoso eso que cuentas de tu tía. Es pura melancolía: la nevada, el cementerio, la viudez de treinta y ocho años... Es vida y es alegría al final ese himno a la vida leído en un funeral y escrito con 91 años y que tiene que ver con el relato...
Aquí ayer bajaron las temperaturas. Llovió. Esta mañana el sol parece que quiere vencer una batalla, pero la cosa se le presenta dura, se va a tener que emplear a fondo, muy a fondo, porque las huestes de un ejército vestido de gris avanzan por el oeste con ciertas ganas de hacer daño...

Amando Carabias María dijo...

urbanoyhumano
Ya falta menos para junio. Ánimo.

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Tendré que empezar desde el principio, Amando, porque me he perdido varias sesiones epistolares y ahora voy perdida, pero lo haré. no te quepa duda.

Un besote
Marian

Amando Carabias María dijo...

Marian Raméntol:
Ya sabes que aquí estamos esperando tus lúcidos comentarios.
Besos.

maririu dijo...

1a)- una de las características de la novela decimononica, (el gran siglo de la novela) es el autor deus ex-maquina porque está y sabe lo que hay en la cabeza de todos los personajes, el gran invento del siglo XX fue el relato en primera persona creo que el primero fue André Gide no fue Marcel Proust, y tú eres deus lo sabes todo de tu relato. No sé si en castellano no hay que esperar a Juan Goytisolo,
1b-) Hay una transición que es 2desde el punto de vista de un personaje, Faulkner y Paul Auster son los grandes ilustradores, no es tu caso porque ahora sabemos cosas de Laura sin la ayuda de Luís.
1c)- se puede llegar a que cada personaje nos de su versión del relato, Faulkner tiene una novela o nouvelle esclarecedora al respecto "Tandis que j'agonise= mientras agonizo" hasta la muerta nos da su versión.
2a)- El asomo de Regenta es el director de conciencia toma, tomad, el tiempo necesario para releer al menos esas relaciones y verás el daño que nos ha hecho el franquismo a la sociedad española.
Explicas muy bien el papel que me he otorgado haceros reflexionar literariamente y sociológicamente.
Sé que estamos todos angustiados por la reaparición de "Falange española", por lo menos así lo espero, por eso me permito decir lo que digo. El daño no es político solamente es sociológico sino no reaparecería a la luz 34 años después de la muerte de Franco y casi un siglo después de su fundación hasta salía disfrazada y podíamos dudar, ahora no el lobo se quitó la piel de cordero.

catherine dijo...

Me preguntaba porque Falange española no había sido disuelta y prohibida y ahora Maririu nos dice que es que reaparece. Me esfuerzo por entender el caso Garzón pero a pesar de leer todo lo que se escribe en la prensa o en internet se me hace difícil.

Pepe, por favor puedes darme, darnos, la dirección del sitio que emite Semana Santa en Sevilla. Nos lo diste el año pasado pero ya no sé dónde encontrarlo.

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Ahora respondo al comentario tuyo y al de maririu.
Este es el enlace: http://www.giraldatv.es/
En este momento está saliendo el Cristo del Amor de la Iglesia de El Salvador
Aquí mismo se ven imágenes

Amando Carabias María dijo...

maririu:
Es cierto todo lo que nos dices. No hay nada que discutir. De hecho, y si vamos a técnicas narrativas, se puede añadir la novela o el relato del yo. Sería lo más contemporáneo (Vila Matas, Galdeano, etcétera). En este caso la primera persona pasa a ser la del narrador que suele confundirse con el propio escritor (cfr. "París no se acaba nunca", de Enrique Vila Matas).

Sin embargo, no todos los relatos o novelas del siglo XX se han escrito utilizando la primera persona como voz del narrador. La tercera persona en la que el narrador omniesciente controla todo el proceso está presente en la obra de Saramago, Mateo Díez, buena parte de Delibes incluso García Márquez, por citar algunos que se me vienen a la cabeza sin pensar.
En este sentido, y como pista para la torpe arquitectura de este relato, repito, arquitectura ver "El amor en los tiempos del cólera"...

Me imaginé que te referías a la aparición de D. Lucas en el relato, cuando te referías a la Regenta. Sinceramente no pensé en el cura recordando a Fermín de Pas u otro de los canónigos o clérigos de la catedral de Vetusta. Simplemente se trata, como bien apuntas, de una realidad que en la sociedad española, y más en las pequeñas capitales de provincia, se ha dado (y se da, aunque no lo creas) con más frecuencia de lo que parece.
Muchas personas de la edad o similar a Laura Enciso han encontrado en sus creencias y en la práctica religiosa refugio y consuelo para sobrellevar los golpes de la vida.

Falange como organización nunca ha desaparecido, para nuestra desgracia. Como ningún fascismo europero. Es un grupo minoritario que, además, en las elecciones se presenta escindido (para nuestra suerte) en dos o tres grupúsculos que quieren ser (qué afán con ir oliendo a muerto a todas partes) los verdaderos heresderos de la docrina que tanto mal ha hecho.
Parece ser que alguna de las personas de este grupo encabeza y dirige MANOS LIMPIAS que como es sabido es una asociación que 'lucha' por las víctimas del terrorismo etarra. Es un paraguas muy goloso para engañar a incautos y desgarrados por la pérdida de un ser querido.
Uno de sus abogados fue quien se querelló contra el juez Garzón por su investigación por los crímenes franquistas... Alguien en el Tribunal Supremo ha decidido que tenía razón.
Esperemos que iniciativas como la que he enlazado en la columna de la derecha, y tantas otras pongan las cosas en su sitio y un poco de cordura.

PD: No sé si he entendido bien lo que comentas en el apartado 1b).
Besos

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Como acabo de decir, Falange no ha desaparecido del todo, aunque su presencia ha sido poco menos que testimonial. De hecho, a diferencia de lo que sucede con la extrema derecha francesa de Lepen (no sé si lo he escrito bien), no tienen ningún representante en ninguna institución.
No es que ahora reaparezca, o no como tal. Más bien se trata que a través de la asociación MANOS LIMPIAS han encontrado una ranura por la que meter la cabeza.

Que no entiendas lo que está sucediendo en el caso Garzón sobre los crímenes del franquismo, es normalísimo y demuestra que eres persona de buena voluntad. Se trata de algo ininteligible.
Supongo que alguna línea de algún artículo de alguna ley hace posible que se pueda llevar a cabo un proceso contra quien juzga a unos criminales.
Creo que esta parte del manifiesto de Pablo Torres resume muy bien el sentir de muchos:

"No tienen pruebas contra Garzón: investigar el franquismo es una necesidad democrática,
para reparar de una vez a las víctimas del franquismo. Procesar a Garzón es procesar a los
demócratas, es procesar a la democracia."

catherine dijo...

No quiero meterme en la política de otro país es sólo que intento entender. Ya sabía que la asociación de víctimas tenía los manos muy sucias. Lo que me extrañaba es la palabra Falange, en Alemania por ejemplo la referencia al nazismo no es posible, en Francia la extrema derecha tuvo que crear muchos partidos cada vez prohibidos hasta el éxito del Frente Nacional de Le Pen. De hecho lo malo no es tanto su nombre que las ideas que profesan y los resultados que obtienen a escondidas. Gracias por la aclaración.

Gracias Amando y Isolda por las direcciones de varias televisiones andaluzas. Me quedé alrededor de tres horas mirando los pasos para no perderme la Estrella, la Valiente de Triana. ¡Hola Pepe! supongo que te lo pasaste bien con el buen tiempo que hacía. Ahora entiendo el hablar andaluz de maravilla. Un beso para los tres después de este cursillo de pronunciación y esta tarde de fiesta.

Evaasecas dijo...

Cinco capítulos, o sea, cinco semanas, es lo que nos queda para saber el contenido de la carta.
Cada vez me gustan más las descripciones y cómo nos llevas a donde quieres. Y eso que no entiendo absolutamente nada sobre novela decimonónica y todas estas cosas, pero claro, siempre aprendo pasándome por aquí.
Un saludo Amando y gracias.

Amando Carabias María dijo...

Evaasecas:
Muchas gracias por estas palabras.
La verdad es que es una suerte contar con personas que nos puedan hacer ahondar en ciertos planteamientos más o menos teóricos sobre la narrativa o la literatura en general. A mí, al menos me interesan mucho.
Se produce una visión múltiple y enriquecedora que amplia mis perspectivas: por una parte las consideraciones del lector cuyo planteamiento único es la propia historia sin entrar en otras disquisiciones de carácter técnico, y por otra la de quien escudriña en otras cuestiones que también me ayudan en la mejoría de la tarea como escribidor.
Un beso.

Marina Fligueira dijo...

Hola Amando: pero vale más llega… Pues vaya… ¡Que intrigada me tiene esta novela! Pienso que el final no está muy lejos… seguramente nos sorprenderá ¡O… no tanto! Luis creo que tiene un polémico dilema a resolver… esa segunda relectura demasiado dura, le trae por el camino de la amargura. A Luis, la palabra odio- le golpea el alma duramente. ¡Por que se sorprenderá tanto al conocer el motivo… bueno me parece que el asunto trae algo de pedúnculo… Creo que Laura Inciso, va a encontrar paz y sosiego- en las confesiones con el Señor Cura. Bueno como siempre- esperando haber que pasa. Por cierto, Amando. Con frecuencia me quedo admirada, con algunas frases tuyas, que me gustan por originales, por deferentes, por tener quizá una cierta frescura. Entre otras que he leído, una es ésta, Polisémico. Por más que busqué en mi pequeño diccionario, no la encontré. He visto, Polimorfo… Polinomio… Que sepas que te admiro por tu capacidad de escribidor, Todo lo que escribes atrae la atención- no solo mía, sino de otras personas que disfrutan con tu personalidad autentica. Un abrazo.

Perdóname por haber dejado este comentario en donde no correspondía. Quizás… Los años…

Amando Carabias María dijo...

Marina Fligueira:
Pues hago lo que tú. Y aquí te contesto lo mismo que te contesté abajo. Pero no te preocupes, no pasa nada.

Sí, todo se solucionará en su momento. Muchas gracas por tus palabras que tanto me animan.
Polisémico se suele emplear con las palabras. En este caso yo lo empleo con los gestos. Significa varios o múltiples significados.