viernes, 22 de enero de 2010

LA CARTA. Primera parte

IMAGEN TOMADA DE INTERNET




La carta llegó mezclada con la correspondencia bancaria, con la propaganda basura que infecta los buzones, y con la factura de la compañía eléctrica.
¿Cuánto tiempo hacía que no recibía una carta manuscrita? ¿Quién podría necesitar comunicarse con él de este modo? ¿Quién perdía su tiempo en escribir a mano, pudiendo llamar por teléfono, pudiendo mandar un correo electrónico…?
Antes de introducir la llave en la cerradura, ya sabía quién era el remitente.
Y la tarde empezó a girar en otro sentido. Como si retrocediera, como si se hiciera un espejo de sí misma, un espejo dirigido hacia el pasado.
Nunca había pensado que aquel nombre podría volver a lastimar sus recuerdos.
Fue una aparición demasiado brusca, una granada de mano arrojada desde alguna parte imposible del pasado y que partió en dos el tiempo.
Eladio Roquedal Torrequebrada era un nombre que su vida se había encargado de arrojar al profundo mar del olvido, envuelto en una argolla de hormigón y con la orden de quemarlo en cal viva.
Pero algo había fallado.
O alguien que le conocía demasiado bien sabía cómo podría hacerle daño, mucho daño.
Mientras rasgaba con impaciencia el sobre, el recuerdo del cristal cortante de la voz de su madre también reapareció sobre el oleaje de los recuerdos que amenazaban con anegarlo en el pasado.
— ¡Luisito, Luisito, baja a por una hogaza de pan, que a tu hermano se le ha olvidado…! ¡Y date prisa que está a punto de llegar tu padre del trabajo!
La voz había llegado con nitidez y envuelta en un halo inconfundible de ansiedad. En realidad no había ninguna interpretación posible. Pero no le apetecía bajar hasta la panadería de doña Tesita, y menos a esa hora. Seguro que se encontraba con Eladio y después de lo que había ocurrido en el patio del colegio tampoco es que fuera el mejor momento para reencontrarse con ese bruto.
— Pero, mamá, si seguro que doña Tesita ya ha cerrado.
— ¡Qué bajes, he dicho!
Mejor arriesgarse a un mal encuentro con Eladio que a un sonoro sopapo de mamá.
El sol del mediodía le acompañó durante su carrera veloz, acera abajo hacia la panadería de doña Tesita.
Ya estaba a punto de alcanzar la puerta de la vieja, cuando, antes que a su dueño, vio su pelota de colores.
Fue un solo instante, un momento de duda.
Quizá, si hubiera seguido adelante, hacia el viejo comercio del pueblo, le hubiera dado tiempo a esquivar el encuentro con Eladio. Pero el atractivo de la pelota era excesivamente grande. Era su pelota. La que le había robado con tan malas artes durante el recreo. Casi fue una reacción instintiva. Giró a su derecha y fue tras la pelota, mientras el grito de Eladio rompió el silencio de la calle.
— Luisito, como toques la pelota te vuelvo a machacar, ¿o es que no has tenido bastante, esta mañana?
No, no iba a ser esta vez víctima de la fuerza de Eladio. Esta vez no le pillaba por la espalda, ni de sorpresa. Y él, por ser más pequeño y más delgado, era más ágil y más veloz. Seguro que no le alcanzaba.
Con toda la fuerza que fue capaz de imprimir a sus piernas, continuó tras el bote un poco artero de la pelota de colores, la que esta mañana había pasado a ser propiedad de Eladio Roquedal Torrequebrada, después de una pelea desigual e injusta.
De pronto el silencio se vistió de blanco en su mirada.
No recordaba nada más.
Iba obcecado por alcanzar la pelota, su pelota, y, al mismo tiempo, iba perseguido por aquella voz autoritaria, de quien se sabe dueño de haciendas, voluntades y vidas, aunque sólo tuviera ocho años. El auto que subía por la calle, fue una aparición innecesaria. ¿De dónde había salido? El aullido de la frenada llegó unas décimas de segundo más tarde de que hubiera perdido el sentido, tras el golpe con el parachoques metálico que le arrojó contra los adoquines brillantes de sol y primavera.
Ni siquiera reconoció a su padre que, con la cara desencajada, intentaba abrir la portezuela del vehículo, para ayudar a su hijo, a quien acababa de mandar al cielo, o eso pensó confusamente, mientras el corazón le estallaba dentro del pecho…
Claro que de eso se enteró unos días más tarde, cuando recobró el conocimiento. Aquella última imagen de su padre se confundía en su mente con un vago recuerdo que el tiempo anestesia, y al mismo tiempo con cierto aire de retrato falsificado, pues en su fuero interno estaba seguro que él no había visto ni al coche ni a su conductor. Sus ojos, y su corazón completo, estaba pendiente de la pelota que botaba como si la felicidad fuera eterna.
Salvo el abrigo, que arrojó de cualquier manera sobre uno de los sofás, no se desprendió de nada más. Necesitaba leer aquella carta, porque necesitaba poder volver a respirar. Aquel nombre había tenido casi el mismo efecto que el golpe contra el pavimento adoquinado. Eladio Roquedal Torrequebrada era un puñetazo en el mismo centro del plexo solar. Definitivo en la mayoría de los casos. Es verdad que habían pasado más de treinta años, y Luisito ya no era Luisito, sino Luis Prieto Enciso ayudante del Fiscal Jefe de la Audiencia Provincial, pero ciertas cosas son inevitables, como temblar después leer el nombre de Eladio Roquedal Torrequebrada.
Era un viejo temblor casi olvidado. Pero quizá sea conveniente aclarar que no había ningún tipo de miedo en aquella reacción de su organismo. Se trataba de la ansiedad que desde aquella mañana, siete días después del accidente se alimentaba como una parte más de su cuerpo. Si hubiera podido, se habría levantado de la cama del hospital donde había yacido inconsciente más de ciento sesenta horas, pero con las constantes vitales en perfecto funcionamiento, y habría vuelto a la casa de Eladio, no para cogerle la pelota de colores. La maldita pelota azul y amarilla y roja ya no le importaba un bledo. Habría ido hasta allí para intentar arrancarle la cabeza. Y esa primera reacción, la que tuvo nada más despertar después de aquel mal golpe, fue espontánea, aún antes de conocer con exactitud las consecuencias del accidente.
Las más graves no habían sido sus costillas rotas y el golpe en la cabeza (lo que más preocupó a los médicos durante mucho tiempo, pues aquel hematoma que no sangró podría tener complicaciones en un futuro). La más grave fue contemplar cada día desde entonces el eterno luto de su madre. La eterna rabia que desde ese momento consumió a Laura Enciso y que le transmitió a él, desde que abrió los ojos, a la séptima mañana después del accidente, hasta que murió muchos años después, de pura consunción y odio.

34 comentarios:

vivoenlared dijo...

Magnífico relato.Te felicito.
Saludos

Alena .Collar dijo...

Pues...
Porompompero...
A ver; empieza muy bien...me gusta cómo se desarrolla; me gusta cómo lo cuentas, pero porompompero...no atrapo el final, y no atrapo el sentido de la "carta". No se nos explica nada de esa carta. No sé,Amando, hoy estoy espesa, pero me falla el final, quillo.
Un beso pelín perplejo.

Alenaglups dijo...

PERDÓN
LA CARTA "I".
PERDÓN....
Mil excusas....glubs...
(Alena debajo de la mesa)

Fernando. dijo...

Excelente relato, como todos los tuyos. Mi primera impresión: recibir una csrta en el buzón del correo que no sea de bancos o de propaganda comercial. Me sigue produciendo una extraña impresión. Es cierto, ya no nos escribimos por carta. todo se queda perdido o grabado en una memoria de ordenador. Estos días estaba leyendo justamente un libro de cartas; CARTAS (1927-1984) - Luis A.Piñer/Gerardo Diego en la edición de Juan Manuel Díaz de Guereño,y envidio la fecundidad de lo escrito en unas cartas íntimas. Conservo muy pocas, quizás unas pocas, de mis padres y prácticamente ninguna de nadie en los últimos treinta años. La técnica ha venido a arrebatarnos ese modo de escribir placentero y meditado de unas cartas de correo.
Lo que cuentas del accidente y cómo lo desarrollas es una muestra de lo bien que escribes. Merece la pena contactar contigo a través de este blog. Un fuerte abrazo.

Amando Carabias María dijo...

vivoenlared:
Gracias por tu visita y tus palabras. Alguien tan ocupada como tú, no sé cómo tiene tempo. Los blog que llevas son muy recomendables para los chavales.

Amando Carabias María dijo...

Alena Collar:
Pues muchas gracias por tus palabras...
Tu lapsus, me ha hecho caer en la cuenta del pequeño error cometido por mi parte. Ese 1, así como solitario y despistado, llamaba al error, así que ya lo he solucionado.
Esperemos que haya sido a tiempo y que mi laconismo numérico no haya despistado a muchos.
Comenzamos un nuevo relato del que sólo hay escrito lo publicado. Espero poder avanzar en el relato y saber algo más que los lectores en poco tiempo.

Amando Carabias María dijo...

Fernando:
Sí, recibir hoy en día una carta manuscrita es casi una noticia digna de acabar en algún periódico.
Tus palabras sobre mis relatos son de agradecer. Intentaré que mantengas la opinión a medida que continuemos con las siguientes entregas.
Abrazos.

AVATAR dijo...

Esperaré con ansiedad las siguientes partes (espero que muchas porque el relato tiene muy muy buena pinta).

Escribe usted muy bien, caballero, muy bien. Aunque mi opinión tenga poco peso, por no decir ninguno.

Saludos

Mercedes dijo...

Tus relatos te arrastran hasta el final casi sin respirar. Este en particular me ha traido recuerdos de la infacia, ¿quién no ha sido acosado por un compañero de colegio?
Después de leerte, grito: ¡¿Qué decía la puñetera carta?! Ya sé, esta era tu intención, dejarnos así. Pues lo has conseguido. ¡Qué malvado!
Un placer leerte.
Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Avatar:
Pues, la verdad, no tengo ni idea (aún) sobre la extensión del texto. Al menos habrá una segunda parte, digo yo, porque si no...
No sé el peso de tu opinión, quizá no tan poca como dices, pero son gratificantes tus palabras...

Amando Carabias María dijo...

Mercedes
Mira quién fue a hablar. Anda qué... ¿Ahora soy yo el malvado quién deja en ascuaas a los lectores? ¿Entonces tú que prometes unas ciento cincuenta entrega?
Ya sabes, ahora en serio, en los relatos por entregas hay que intentar mantener cierta tensión, para que el lector quiera volver.

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Mmmmm, esperaremos con impaciencia la resolución del relato, Amando...

y por cierto, esto: "una granada de mano arrojada desde alguna parte imposible del pasado y que partió en dos el tiempo" bien podría formar parte de un magnífico poema, je.

Besos
Marian

AVATAR dijo...

Poco peso, créeme.

Son sinceras mis palabras, eso sí. No soy dado al jabón inmerecido. Otra cosa es que pueda estar más o menos acertado...

Elena dijo...

Ayyyyyy, el destino, los recuerdos del pasado,las cartas inesperadas y de alguien "temido y odiado" Ahhhh y ahora nada menos que fiscal... todo una caja de herramientas completa para dejar al lector pendiente. Esperamos...
Besiots

la palabra en cierne dijo...

El último párrafo me parece de una fuerza extraordinaria.

Un abrazo.

Flamenco Rojo dijo...

Ea…pues aquí nos tiene otra vez esperando la próxima entrega de un relato…a ver si el ayudante del fiscal se venga o es condescendiente con el Eladio. Me da que la carta tiene que ver algo con la pelotita de colores. Por cierto, ¿a que se dedica el tal Eladio?

Un abrazo y buen fin de semana.

Amando Carabias María dijo...

Marian Raméntol:
Mientras escribía esa frase, me daba cuenta de que podría ser un verso, quizá el nido de donde se esparza un poema.

Amando Carabias María dijo...

AVATAR:
Porque sé que no eres dado a lisonjear oídos, escribí lo que escribí más arriba, y por eso mismo, se hace mayor el reto.

Amando Carabias María dijo...

Elena:
Sí el material empieza a estar dispuesto. Esperemos que el operario haga buen uso de ello.

Amando Carabias María dijo...

Palabra...:
Fuerza, sí, aunque habrá que ver si es fuerza constructiva o destructora.

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
Es una idea para la carta.
Una de las primeras tareas que tengo es la de conocer a Eladio. De momento sólo sé de él que ha escrito una mano y que birló una pelota de colores y que de niño se creía que el mundo era suyo.

Marina Fligueira dijo...

Hola Amando: Un interesante relato- como siempre, sabes bien pudiera ser realidad. Yo se de un padre que en un desafortunado momento, atropello a su hijo causándole la muerte, y no es el primer caso.

Necesitaba leer la carta para volver a respirar… que tendrá de inquietante- la dichosa… creo que no le da buena espina… el Roquedal Torrequebrada. ¿Si es como un putezoooo? Bueno ya se irá desenvolviendo el ovillo. Un beso. Y ser felices.

maririu dijo...

pues la verdad la que me inquieta es la madre de luto si el Luisito está vivo, qué será ??????
Aprisa, averigualo.

Isolda dijo...

Magnífico relato, que nos deja nuevamente en un sinvivir. Estoy con Maririu, qué fué de la vida de Laura Enciso, siempre de luto, hasta el final?
Los nombres de cada uno de ellos, como siempre afortunados, la van a cada uno que ni pintados.
Besos intrigados.

Amando Carabias María dijo...

Marina Fligueira:
Este tipo de desgracias suceden y marcan para el resto de la vida. Es inevitable.

Bueno, pues todo ha de llegar, también la carta... espero.

Amando Carabias María dijo...

maririu:
Lo del luto de la madre, creí que se explicaba en este párrafo:

"Ni siquiera reconoció a su padre que, con la cara desencajada, intentaba abrir la portezuela del vehículo, para ayudar a su hijo, a quien acababa de mandar al cielo, o eso pensó confusamente, mientras el corazón le estallaba dentro del pecho…"

Aunque tendremos que descubrir con más precisión los verdaderos sentimientos de Laura Enciso.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Como me ocurre en tantas ocasiones, los nombres de los personajes son fundamentales. Cuando les descubro el nombre, es como si tuviera acceso directo a su biografía.

Maria Sanguesa dijo...

Estupendo relato, Amando, un arranque con fuerza, dramatismo e intriga. Aquí nos tienes, deseando saber qué dice la carta y quien es el tal Eladio. Y ahora voy a ponerme al día de lo que has escrito mientras estuve fuera. Un fuerte abrazo.

Amando Carabias María dijo...

María Sangüesa:
Bienvenida. Después de estas semanas de ausencia se te echaba de menos.
Gracias por tus palabras.
Espero que lo que leas sea de tu agrado.

Amando Carabias María dijo...

Recuerdo que a las 00.01 se publica el penúltimo capítulo de Mañana amanecerá, que como sabéis es la novela que estoy publicando en mi otro blog Euritmia en la red
El enlace a dicho capítulo aparecerá en la columna de la derecha de este blog. No obtantes esta es su dirección electrónica:
http://euritmiaenlared.blogspot.com/
Y si queréis pinchando aquí, podréis leerla.
Un abrazo.

Ángeles Hernández dijo...

La carta no me interesa en estos momentos. Acabo de leer el capitulo 10 y todavía estamos en ello. Sí es interesante y espeluznante , la historia del niño atropeyado, por coger su pertenencia que le habñia sido vilmente robada y con abuso. ¿Cómo no iba a querer recuperarla? lo primero la honra y no dejarse pisotear por el abusón.

Fue mala suerte, a veces existe la mala suerte, como la buena (match point) y este es el típico ejemplo de coincidencia de hechos encadenados que desembocan en una tragedia, sin que nadie haya hecho algo especialmente mal.

Que la madre de Luis le recibiera tras su politraumatismo (bastatne tuvo el chiquillo ) con esa frialdad acusadora, quizás sea normal como primera reacción de duelo doloroso pero, ¡cuanto daño, cuantas consecuencias , cuantas limitaciones!, va a producir su actitud en la vida de su hijo, que encima tiene la desgracia de haber perdido a su padre y que de por sí tendrá tendecia a sentir algo de culpa.

Pobre chico. Y si por lo menos algo hubiera cambiado, pero parece ser que desde entonces hay un reproch permanente.

Amando Carabias María dijo...

Ángeles Hernández:
Lo primero una breve explicación. En las entradas con fechas retrasadas tengo establecida la moderación de comentarios, porque por alguna razón inexplicable y misteriosa para mí (supongo que una serie de concatenaciones casuales) hay un post de este blog (no diré cual, por si acaso) que todos los días, al menos recibe un correo spam. Además es muy divertido porque unas veces remite a páginas eróticas, otras veces a páginas de dibujos animados infantiles, otras ni se sabe. Con este sistema de moderación de comentarios, al menos lo puedo suprimir antes de que aparezca en el propio blog...

Lo que otro que he pensado es precisamente lo de las fechas. Han pasado casi tres meses desde esta primera entrega y aún no he desvelado el contenido de la carta, y, como a ti te pasa, ahora importa un poco menos, aunque todos la estamos esperando.

Tienes razón en lo que dices. No recordaba 'Match point' al escribir este relato, y algo de esa cuestión hay.
Como mejor sabes que yo (aunque tu especialidad no sea la misma, tu profesión seguro que te ha permitido acercarte con más rigor al asunto), hay muchos duelos mal resueltos, y en muchas ocasiones (como es lógico por otra parte) se dan después de muertes repentinas, y mucho más en muertes tras un suceso violento e inesperado. El alma del ser humano, ante tan penoso acontecimiento se siente arrojada al vacío del abismo.
Como irás descubriendo, el reproche tarda en dar paso a otra situación, pero Luis, ya no se puede quitar ese estigma. En el nivel del raciocionio quizá lo tenga superado, pero esa carencia afectiva, por un lado, y esa carga de culpa por otro, harán de él el personaje oscuro y gris que se nos va dibujando en el relato.
Gracias por llegar hasta aquí, y gracias por dejar constancia de ello.
Un beso.

Ángeles Hernández dijo...

Sólo por información y n por vanidad: hace unos meses terminé un máster relacionado con maltrato del género en el que los temas de autoestima, duelos, guiones de vida, conflictos no resueltos, expectativas de género etc fueron profundamente tratados.

Entiendo prefectamente de qué me esstás hablando.

Un abrazo Á

Amando Carabias María dijo...

Ángeles Hernández:
Pues esta información que nos ofreces, que me ofreces, es muy valiosa. Cualquier día me tienes en la puerta de tu buzón haciéndote alguna consulta...