martes, 30 de agosto de 2011

Carta abierta a sus señorías (a todas)

(Al final del artículo un enlace interesante)
DESDE esta mediodía a las tres de la tarde, no tengo ni la más remota idea de cómo están las cosas sobre el famoso no referéndum que impedirá que opinemos sobre la conveniencia de la reforma del artículo 135 de nuestra Constitución. Supongo que no habrá ninguna novedad significativa. Así que daré por buenas esas informaciones.
En estas páginas no hablo, ni quiero hablar, sobre estas cuestiones relativas a la partitocracia que nos dimos como sistema de gobierno, pero haré ahora una excepción.
[La democracia y la política –a mi utópico modo de ver- poco o nada tienen que ver con este guirigay miope, demencial y destructivo de los partidos, y con este modo de gobernar y administrar, cuyo único horizonte, nada más, son las próximas elecciones y no perderlas, naturalmente, cosa que consiguen casi todos casi siempre. Y nosotros, además, entramos en el juego, porque nos parece lo máximo o porque nos entretiene o porque, en el fondo, nos encantaría formar parte de la farándula.]
Sé que es peligroso criticar sin más a los partidos, porque siguen siendo un mal necesario. No se me olvida que la extinción de los partidos políticos es el primer mandamiento de los regímenes fascistas y los regímenes totalitarios comunistas. Y entre el fascismo, el comunismo o la partitocracia, qué quieren, me quedo con esta última… Algo es algo.
Pero digo que haré una excepción…
Estoy triste, más que indignado.
Este no referéndum es la prueba más evidente de que estamos en manos de una oligarquía multinacional que decide sobre nosotros, sobre nuestra voluntad. Este no referéndum es la demostración científica de que nuestra democracia está amordazada y que su verdadero actor ha sido suplantado por unos malos intérpretes. No me vale, a nadie en su sano juicio le puede valer, que se trate de un pacto entre los dos grandes partidos que nos representan a los ciudadanos que tan dócilmente –al menos hasta ahora- hemos acudido a las urnas a votar a unos o a otros, por la sencilla razón de que esta cuestión no estaba contemplada (ni podía estarlo hace casi cuatro años) en ninguno de los programas electorales presentados a nuestra disquisición y porque no se trata de una cuestión coyuntural –o sea regulada en una ley ordinaria, que una nueva mayoría parlamentaria podría derogar o modificar sin muchas dificultades, cuando el momento puntual así lo demande-, sino que se trata, ni más ni menos, de modificar la Constitución, nuestra máxima ley, la cúspide por la que se rige –supuestamente- nuestro ordenamiento jurídico y nuestra convivencia.
Se me ocurren varias excusas que expliquen el no referéndum, y ninguna de ellas me tranquiliza, precisamente. Porque, a), no se fían del criterio de la ciudadanía y tienen que evitar el riesgo del no a la reforma –o sea lo más antidemocrático que existe-; b), si se convocara la consulta electoral, los mercados castigarían nuestra economía –es decir seguirían especulando con nuestro futuro-, porque según ellos tal convocatoria generaría dudas e incertidumbre sobre nuestra solvencia, lo que viene a subrayar que son otros los que deciden nuestras políticas económicas; c), están convencidos de que no tienen trascendencias nuestras quejas, lo que sitúa a los partidos políticos y sus jerifaltes en una burbuja o castillo de cristal que vaya usted a reírse de otros sistemas de gobierno tan vilipendiados por nuestra clase política; y, d), creen firmemente en que sus razones son nuestras razones, lo que viene a indicar también a las claras que su miopía se aproxima peligrosamente a una ceguera irreversible.
Y analizar, aunque sea sin el más mínimo interés o detalle, quiénes dan por buena esta reforma y su modo de tramitarla no es que me tranquilice especialmente. Unos, directamente aplauden ambas cuestiones y se hacen cruces, extrañadísimos, por estas reivindicaciones. Otros tragan quina por no hacer más leña del árbol caído, o sea para evitar una debacle inevitable que les va a costar muchos años reconstruir y, que por tanto, va a hipotecar su futuro más próximo. Si en esta circunscripción electoral de Segovia, se produce un tres a cero, a diferencia del sempiterno dos a uno, a quien esto escribe no le produciría ni una micra de extrañeza.
Como ocurrió con el referéndum sobre la constitución europea, que en paz descanse, en España somos más papistas que el Papa. Supongo que hasta Sarkozy y Merkel se miran extrañadísimos de esta reacción tan rápida, tan desmedida. En ningún país –al menos que yo tenga noticias- se han planteado esta cuestión. Sólo Alemania cuenta en su constitución con semejante disposición. Ni siquiera Francia –que también es mentora de la propuesta- ha dicho nada al respecto. Pero nosotros, nuestros gobernantes –y acudo a una comparación que salió de boca de Gaspar Llamazares, o sea que no es de mi cosecha-, como el repelente niño Vicente han corrido hasta la mesa de la maestra para mostrarle que hemos sido los primeros en hacer los deberes.
Después se quejarán de lo que ocurra.
Esta vez va a ocurrir. Como alguien tuiteó en días pasados, si la reforma es tan urgente y necesaria, no se entiende que se haga sin referéndum, y si no es tan urgente y necesaria, no se entiende por qué se hace con tantas prisas. Creo que en los temas de esta trascendencia cotidiana –aunque a primera vista no lo parezca- habría que aplicar como regla de oro lo que decía el torero aquél: ‘Vísteme despacio que tengo prisa’. Que la propia carta magna prevea que algunas de sus reformas no exijan referéndum –como el presente caso que nos ocupa-, no quiere decir que no se convoque, no quiere decir que a sus señorías les falle tanto el sexto sentido y la sensibilidad, o simplemente el oído. Digo yo para qué querrán casi todos Twitter, Facebook, para qué querrán algunos sus blogs, para qué… Con la que está cayendo en nuestras calles, plazas y bolsillos este ninguneo a la voz de la ciudadanía es como pedir a gritos el próximo castigo. En su fuero interno alguno se repetirá una y otra vez que con semejantes amigos no necesita enemigos. Salvo que una parte del espectro político, a estas alturas de la película sólo se considere espectro, sin más, o tenga influencias niponas y crea firmemente en el harakiri, en este caso político.
Y alguien, sin abrir los labios, como quien dice, se va a encontrar con la papeleta resuelta.
Verdaderamente la mayoría de cuestiones sobre las que se puedan escribir son muchísimo más importantes que el techo del déficit público. Creo que nadie lo dudará, salvo políticos y tertulianos y opinantes de los medios de comunicación. Ni siquiera perder o ganar unas elecciones es trascendente, salvo para quienes contiendan en ellas. Nuestra vida continuará con sus breves o inciertas ilusiones, con sus pequeñas debacles, con sus sueños y sus pesadillas, con sus monotonías o sus aventuras domésticas, con eso que hace que nuestro corazón lata en primera o sexta velocidad. Pero algunas cosas, señorías, nos afectan más de lo que parece.
En mi casa, si el dinero no llega para comprar un nuevo frigorífico o si por comprarlo este hogar se queda en una situación financiera más bien delicada, tengan la seguridad que hasta que el que tengo no dé encefalograma plano, no lo cambiaré… Ahora bien, si para que mis hijas estudien o para que mis hijas se sanen de una enfermedad –Dios no permita que la contraigan- tengo que endeudarme, no duden que acudiré hasta donde haga falta, aunque tenga que hipotecar hasta los calcetines en el Banco Central Europeo, o tenga que ponerme a pedir a la puerta de una iglesia (aunque no sé yo si esto es buena idea). Y probablemente me dará igual que mi prima de riesgo baje su calificación al nivel de bono basura.
Y a buen entendedor…


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Gracias a nuestra amiga Beatriz Ruiz os dejo un enlace interesantísimo relacionodo con la reforma constitucional (AQUÍ). Se trata de un artículo donde están las opiniones de los profesores de Economía Vicent Navarro y Juan Torres

miércoles, 24 de agosto de 2011

Es mi sangre huracán


Es mi sangre huracán de rabia y llanto contenido.
¿Por qué tu mano firme de madre no extermina esa hiena que ocupa sus sonrisas y que huele a estiércol?
Hoy mis palabras gritan sin arpegios, sin aleluya o flores de colores.
Hoy mi verso es plegaria compuesta en llanto y sangre, lamento gangrenando la espalda de cada una de mis sílabas.
Y dudan mis palabras, Señor, son pájaros helados en mitad de un invierno sin diques o fronteras, sin defensa o sol que alivie tanto helor asesino.
Se extravían mis versos como brújula desorientada al descubrir al Polo Norte huyendo de aquella sucesión de cadáveres que se aproximan desde el futuro inapelable. 
Quisiera mantener el cascabel, pero el sonido agudo de mis retinas acaso sea el último síntoma de una inocencia que ya nadie tolera, tan imposible…
Ni siquiera tus manos de madre, Señor, podrán ser caricia, ya sólo son temblor extendiendo mortajas infinitas, como infinito llanto de un adagio de Mahler.
Volver al paraíso, engendrar el pasado de nuevo, y como en la niñez caminar desnudo entre cardos o víboras sin sentir sus mordeduras.
¿Por qué el único llanto, Señor, es el aullido de los muertos o el último estertor del universo?
¿Por qué la única risa, Señor, pertenece a quien cree en el espanto para vivir matando?
Ya sé que la injusticia no es obra de tus manos maternales, también sé que depende de las nuestras exterminar el odio y la injusticia…
Pero hoy mi corazón rebosa oprobio: no puedo contener tanta afrenta expandida en nombre de tu nombre.
Mirad esos espejos negros de quien mira y se oculta, pues hay gafas que sólo sirven para continuar ciegos, o para ser muros de oprobio.
Si sonaran violines de una orquesta, se oirían desgarros de tendones o sollozos de ángeles quebrantados, no de ángeles caídos, sino de ángeles derrumbados.
Aunque escarbe la tierra reseca de mi saliva polvorienta, no hay savia, ni siquiera la luz del rocío sirve para aliviar la sed que me arde en las entrañas.
¿Dónde están las espadas de los besos capaces de morir para salvar?
¿Dónde avanzan, Señor, tus manos enérgicas de madre defendiendo a su camada?
El rescoldo de estrellas nunca llega al destino final de la madrugada, pero alguien negocia siempre con su último rastro, con la imagen deshabitada de luz.
Necesito la potencia de esos versos inauditos que arrojan caricias con la fortaleza del fuego, sin fisuras.
Pero sólo queda el rastro de unos dedos persiguiendo el rastro de una moneda o de una espada ensangrentada.
Me llagan ciertas miradas, tantos gestos, esa audaz cabriola que exige fidelidad, mientras traiciona todo en nombre de piedras, corona y trono, olvidándose de los peces, la barca y las sandalias.
Misericordia, Señor, misericordia, estamos perdidos en el oprobio, en la traición, en la mentira.
Misericordia, Señor, misericordia, tu pueblo gime envuelto en el dolor y en la afrenta, sus huesos quebrantados desde la aurora hasta el ocaso.
Misericordia, Señor, misericordia, tus hijos más débiles caminan con pasos vagarosos e inútiles hacia el abismo, mientras sus hermanos, como hienas, comen después del vómito de la abundancia.


Joven peregrina durante la Vigilia del Sábado
20 de agosto de 2011 en el momento de la oración
ante el Santísimo. (Foto El País)


 

De izquierda a derecha: Sr. Botín, presidente del Banco Santander,
Sr. Rato, presidente de Bankia, Sr. Blanco, ministro de Fomento,
poco antes del inicio de la Eucaristía presidida por S.S. Benedicto XVI
el 21 de agosto de 2011 en Madrid. Foto El País

Sr. Aznar, expresidente del Gobierno de España,
en un momento de la misma misa. Foto El País

martes, 9 de agosto de 2011

Tarde de julio

(BASADO EN HECHOS REALES)

“Y desde ese momento, una gasa gris veló todo cuanto tenía ante sus ojos, como una niebla densa y fría…”
‘Mira que irme a tocar este capítulo, mira que irme a tocar precisamente éste…’.
No es fácil adentrarse en los pensamientos de la mujer de mirada oscura, hoy perdida en ideas que parecen acantilados hondos, peligrosos como dientes de caimán hambriento.
Cualquier observador detallista quizá reparase en la profundidad excesiva de unas ojeras grandes, acostumbradas a pervivir en el rostro anguloso, alargado y expresivo, demasiado tenso para una tarde de verano, en el momento previo al ocaso, cuando todo invita a la relajación, casi a la modorra. Pero la mayoría de personas no es observadora, la mayoría, como quien hoy se sienta frente a ella, sólo se percata de lo que rompe la quietud, de algún gesto o movimiento como el de ahora, cuando el libro que sujetaba la mujer hace un instante caía entre los muslos y el regazo.
Sin fijarse en la página, la mujer ha cerrado el volumen con un mohín de fastidio. ‘Precisamente éste’, piensa de nuevo, ‘Mira que irme a tocar este capítulo…, mira que irme a tocar este capítulo’ repite con machaconería.
Si se pudiera entrar en sus pensamientos, cualquiera se percataría de que en realidad no lo son, pues carecen de voluntad; son ideas reflejas de una idea, como cuando un grifo cierra mal a pesar de estar cerrado y la gota, incesante y monótona, incansable y desesperante, golpea una y otra vez contra el fregadero.
Al otro lado de la ventanilla del tren, el paisaje corre veloz y polvoriento. La climatización de los modernos vagones del AVE impide que allí dentro, ella o cualquier otro pasajero, sientan el calor del verano, esta tarde sí, por fin ese calor tan denso, tan corpóreo, que parece querer acostarse sobre la tierra, como amante febril y ansioso. Sus ojos se distraen en las carreras de los árboles y de los surcos, o eso cree el pasajero aposentado frente a ella y cuyo deseo es adivinar el título del libro, ahora escondido entre los muslos y el regazo y que está a punto de caer al suelo.
El mes de julio no ha sido especialmente caluroso, al menos en esta parte del país, pero ella tampoco es muy consciente de este detalle, a pesar de ser el comentario generalizado tanto en su ciudad, como en esta ciudad de la que regresa, cosida al nuevo dolor, mejor dicho, a la desazón que le ha producido la noticia nueva. Ella en estas jornadas ha sido ajena a la conversación principal de un verano tan triste, de unas vacaciones tan extrañas e inútiles. No le interesa el tiempo, ni el verano, ni las vacaciones… A ella no le interesa ningún asunto. Su corazón es el nido de un malestar que la tiene paralizada para algo distinto a sufrir, como si ese dolor se hubiera hecho carne y hubiera ido a parar a los latidos de su pecho. Ni el libro ayudará en esta tarde que se desploma lentamente sobre un cielo con pujos de aguamarina, ni siquiera este libro que tiene la rara fascinación de envolverle en otra vida agitada, ese relato que ha sido capaz de sumergirla en una aventura de la que no puede salir. Pero hoy es imposible su lectura… ‘Mira que irme a tocar este capítulo’.
Cuando casi en susurros una enfermera les ha dicho a la familia que podían llamar al capellán, ha sentido un desgarro real, físico, a pesar de que, increíblemente, no vio su sangre vertida por el suelo. ‘No puede ser, no puede ser, no puede ser’ pensaba que pensó en el pasillo amplio del hospital.
El viajero de enfrente sólo está pendiente de la portada de la novela, aunque a veces le distrae el gesto crispado de aquellos dedos largos y estrechos, que le impiden leer el título.
Después de aquel susurro que sonó a antesala de cementerio, les llegó otra noticia. El médico miró con desdén a la enfermera, hizo un gesto cortante, como si espantase las palabras innecesarias y matizó la información. Mientras seguía el ademán de la mano del doctor, se fijó en el brillo del sol, y recordó que estaba de vacaciones y se dijo, ‘Menudas vacaciones, menudas vacaciones… Ojalá, si él se salva, pierda para siempre mis vacaciones’. Pasar estas semanas de asueto en un hospital, pendiente de una agonía, sólo distraída algunos ratos por la novela, no eran las mejores vacaciones de su historia.
Por suerte su hermano estaba consciente y pudo decidir entre las opciones que el médico propuso. O morir en la cama, no muy lentamente, mientras el monstruo engullía su organismo, o quizá morir en la mesa de un quirófano, mientras un experto cazador de monstruos intentaba extirparle el suyo. ‘Un cincuenta por ciento de probabilidades de morir durante la operación’ les dijo el cirujano en frase directa y clara. Su hermano siempre fue valiente; ninguna decisión de su vida había sido tomada por cobardía, al contrario, siempre había ido un poco más allá, como cuando aprendió a volar en parapente, a pesar de la oposición de la familia. Tampoco tuvo dudas en aquel momento, a pesar de volar entre riscos y ser zarandeado por vendavales de huracán o de tornado. Atisbó de inmediato la lectura positiva de su decisión: el cincuenta por ciento de probabilidades de seguir viendo crecer los seis años de su hijo, de contemplar los ojos de su mujer que se acurrucaba cada noche entre la desesperación y el dolor, o de seguir hablando con su hermana sobre cualquier cosa, qué más da, hablar por el mero afán de hablar, de mirar, de sentir… de seguir vivo…
El paisaje corría veloz, y le hubiera gustado distraerse con esa novela comprada en la feria del libro de su ciudad, distraerse como otras tardes de ese mes de julio, pero le tocaba aquel capítulo… Aquella tarde era inútil abrir el libro en cuya portada negra restallaban dos piernas de mujer, cruzadas y desnudas ante una ventana. Aquella tarde el libro no podría cumplir con su misión veraniega.
Hay cosas que a veces resultan imposibles, hasta para una novela…

(Más relatos de verano aquí)

sábado, 6 de agosto de 2011

Desde las afueras de mi piel


Quiero resquebrajar, esta noche, el sonido del llanto y convertirlo en una levísima esquirla de arena o, quizá en su último pliegue, como un eco de luz de sus dentelladas malditas.
Pero desde las afueras de mi piel, donde el mundo se yergue y domina, donde todo parece un monstruo que acecha, donde el odio pasea su torso fornido, donde la ambición reina y mata, donde la envidia mueve su mano asesina, donde el hambre devasta la infancia, donde el papel timbrado corrompe la sangre, desde ese lugar asesino, repito, contemplo la verdad acuciante como daga afilada y dispuesta: el grito resquebraja la noche, la convierte en esquirla de arena, la somete a tortura y a llanto y a sangre, la destroza y la rompe y la reconstruye como a un monstruo de odio, de rabia, de miedo…
Y sin embargo el cielo cabalga a su ritmo y organiza su propio periplo ajeno al grito nocturno, impávido al odio, la rabia y el miedo.
¿Y al final qué me queda?
Sólo sus brazos, lágrimas que centellean, aunque aún desconocen su tarea de cuna, de venda y de salmo, y me quedan palabras como disparos al aire, como truenos rabiosos, torpes, inútiles.
Y entretanto un reguero de sangre recorre el planeta y el dolor atraviesa mis venas y la rabia retuerce mi entraña… Pero no sé romper esta cárcel, y no sé vivir esta celda, y no sé ni llorar en silencio, y no sé ni escribir unos versos.

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domingo, 31 de julio de 2011

Me faltan


Me faltan las palabras más sencillas, las más elementales, las que describen lágrimas si hay lágrimas recorriendo las noches y sus ciénagas; las que logran decir sonrisa cuando es sonrisa el sudor compartido de un esfuerzo; las que logran decir pan cuando el pan importa mucho más que los tesoros.
Y me falta la rabia de quien mira al verso con el gesto de los héroes, esos seres que marcan territorios con aroma a poema sin careta lanzando la verdad como quien lanza un cielo verde líquido de ocaso en la entraña del caos y la mentira, eliminando sombras y alabastros.
Y me falta el dibujo delicado de quienes son capaces de hacer de las arrugas el trofeo más bello de una vida, porque ven más allá de la apariencia y convierten la piel en ese libro impreso por la tinta del dolor leyendo en sus esquinas las historias de una existencia expuesta a la agonía.
Y me falta la punta de la aguja cosiendo las verdades escondidas, convirtiendo los lirios en espadas, o atravesando pieles con mil besos, o haciendo de su filo vendaje protector del olvido y de la muerte, o construyendo puentes sobre abismos, o esgrimiendo palabras como bombas devastando el disfraz de la mentira.
Y me falta el mirar desnudo y simple, la pupila de un niño ensimismado en el vuelo combado de los pájaros, o en el viaje en zigzag de las abejas, o en la gota de lluvia repetida, mientras el tiempo fluye tras su espalda…, la retina infantil, despreocupada, que aún recuerda la esencia del presente: única eternidad del universo.
Y sin embargo sé que mi camino sólo lo correrán mis pasos lentos, porque sólo a mis pies les corresponde trazar su itinerario sin destino; y alterar este rumbo es imposible, si no quiero vivir en la mentira, si quiero que mi casa no se caiga al paso de huracanes o borrascas, o porque la endeblez de sus cimientos la sepulte en las lluvias del otoño, si quiero que mi casa sea entraña donde crezca la llama de la vida.

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jueves, 28 de julio de 2011

Me pregunto

Me pregunto en silencio por la muerte; pero no por la muerte en general. Ni tampoco pregunto por mi muerte. Se trata de otro tema. Es como una navaja con respuesta. Parecerá retórica, lo sé. Pero no tiene nada de vacío, sino que está tan llena de dolor, que da miedo mirar entre sus flemas, o recorrer el viaje de su esputo…
Pregunto por mis crímenes. Aquí tengo el dossier de mi existencia, delante de mis ojos, no hay engaño…
Hablo de los cadáveres inútiles que hacen de este planeta un cementerio cuyo crecer no para ni un instante. Hablo de tantos muertos que he matado, gracias a mis olvidos consentidos, gracias a mis silencios o a mi miedo.
Hay zonas del planeta como zanjas, como oscuras trincheras excavadas con mi gesto omitido y descuidado. Sé que los abogados me dirían, ‘Declárate inocente’. Pero son muchos años afincado sobre estos escenarios de mentira. Tantas pupilas muertas no consienten ni una mentira más saliendo de mi boca. El código penal de los humanos no contempla estos crímenes horribles, pero es inapelable mi condena a cadena perpetua en el infierno. Y quizá haya un atisbo de clemencia si levanto mi voz, si elevo mis latidos, si grito sin cansancio tanto crimen.
Es tan fácil mirar a las estrellas y no contemplar hambres y miserias, que da miedo saberse un ser humano lo mismo que un cadáver de Somalia. Es tan fácil culpar a cualquier muerto, es tan fácil decir que están tan lejos, es tan fácil mostrar las manos limpias… Es tan fácil callar a mi conciencia y convertir en limpio lo vacío, que da miedo mirar esas miradas, porque además su viaje es nuestro viaje. Ellos llevan billete en el crucero, igual que yo lo llevo, y sin embargo, yo no pago el peaje que ellos pagan, aunque también el mar es mi destino.
Así pues, soy culpable de su muerte, al menos de una parte de su muerte; y aunque no soy el único asesino, quizá por omisión también mis dedos apretaron gatillos, empuñaron espadas o evitaron la ayuda imprescindible.
Me declaro homicida por silencio, y por comodidad, por omisión y miedo, por no hacer lo que puedo, por escurrir el bulto entre la masa, por no querer oír ciertas verdades, las únicas verdades… Por no elevar mi voz contra estas muertes…

martes, 26 de julio de 2011

La Esfera Cultural número 3

Quizá aún no sepáis que La Esfera Cultural acaba de editar en papel su tercer número Aquí teneis una aproximación.

Para poder acceder a toda la información u para adquirirla desde aquí podéis hacerlo.

domingo, 24 de julio de 2011

Somalia o la indiferencia

En estos últimos días la ONU ha declarado oficialmente la hambruna en Somalia. Esta noticia debiera ocupar todas nuestras líneas y todas nuestras reflexiones y todos nuestros esfuerzos. En el siglo XXI no es de recibo que haya países cuya situación sea la del hambre a causa de una sequía brutal que asola el país desde hace muchos meses.
Sin embargo nos ocupan otras informaciones. Ni yo mismo he estado a la altura. Llevo desde el jueves comentando etapas del Tour, y citando la catástrofe noruega o la muerte de una cantante cuyas circunstancias concretas no se han aclarado aún (al menos que yo sepa), pero que todos intuimos.
Sin embargo, el hambre de los somalíes no ocupa las portadas de ningún medio de comunicación, y son pocos los blog que elevan aunque sólo sea su lamento por esta circunstancia. Hay, claro está, honrosas excepciones, como el trabajo de periodistas como Nico Castellanos de la Cadena Ser, o los tuits de te Ana Pastor de TVE que llevan algún tiempo intentando alertarnos de la situación, convirtiéndose en más de una ocasión en pregoneros de las ONG más implicadas.
Acabo de echar un vistazo a las portadas de los periódicos digitales de difusión más amplia. Cito: El País, El Mundo, ABC, La Razón, Público, La Vanguardia, El Periódico… Salvo Público (y en un lugar más bien escondido, en su parte inferior) ninguno de los otros seis trae en su página de inicio semejante noticia. Todos repiten –con algún matiz más o menos irrelevante- lo mismo: relatos, conjeturas y comentarios sobre la masacre noruega, la victoria de Evans en el Tour, la magnífica carrera de Fórmula 1, la manifestación de los indignados en Madrid (en tres o cuatro se repite, además, la misma imagen de una pancarta muy acertada –como el 99% de los eslóganes del movimiento-: “No es una crisis, es el sistema”, dice su texto), la presentación del vídeo promocional de Rubalcaba, reflexiones tardías sobre la dimisión del ex Presidente de la Generalitat Valenciana Sr. Camps, la reaparición de José Tomás en el coso de Valencia… Pero nada de la muerte por hambre en el cuerno de África. Habría que saber ahora, cuántos lectores de prensa digital pinchan sobre la página de la sección de internacional. Y cuántos de ellos han descendido el cursor hasta llegar a la información africana, porque ni siquiera en esta sección aparece en cabecera, ya que las primeras informaciones se las sigue llevando el horrible atentado en Noruega o el regreso de Hugo Chávez a Venezuela, o la otra matanza que hoy nos llega, esta vez en Texas tras una bronca familiar, parece.
Por suerte en el informativo de La SER de este mediodía he escuchado, por segundo día consecutivo, una emotiva y concisa crónica de Nico Castellanos que se ha marchado hasta allí, como hizo cuando lo del terremoto de Haití.
¿Estoy diciendo algo contra los medios de comunicación?
Parece que sí, a primera vista. Pero en el fondo no lo sé. Porque no estoy seguro de que ellos sean los únicos culpables, o más bien se trata de otra cuestión.
Como siempre en estos casos, me hago la misma pregunta: ¿Los medios no informan porque no interesa a la ciudadanía, o no interesa a los ciudadanos porque los medios no informan? En la vida, como se ve, no se puede aplicar la propiedad conmutativa como en las matemáticas y el orden de los factores sí afecta al resultado final de la operación.
En estos meses he escuchado al menos en tres ocasiones a José Luis Sanpedro la misma idea. No tiene que ver directamente con este asunto, sino con las movilizaciones del 15M, pero quizá se pueda aplicar también a esta cuestión. Sostiene el escritor que la libertad de expresión en sí misma no tiene ningún valor, sino viene precedida de la libertad de pensamiento. Y el sistema en que vivimos, el sistema que nos ha educado, se ha encargado de imbuirnos en el subconsciente con precisión sistemática lo que debemos pensar; es decir, no nos ha preparado para pensar con libertad, por tanto nuestra libertad de expresión no es tal, o al menos no lo es de modo absoluto. Quizá que una noticia como el hambre que amenaza a tantos centenares de miles de seres humanos en el llamado Cuerno de África pase desapercibida, o nos resbale por la piel con menos efecto que el agua de la ducha, tenga que ver con lo anterior.
Reconozcamos que lo que ocurre más allá de nuestra civilización es para nosotros tan lejano como si sucediera en otro planeta o entra época de la historia. Reconozcamos que la muerte de tantos seres humanos es algo que no nos importa. Reconozcamos que las consecuencias para los que sobrevivan, tampoco es que ocupen nuestros pensamientos. Reconozcamos que pensamos que es su problema, que nosotros tenemos los nuestros y que sucede muy lejos de nuestras vidas. Si acaso, acallaremos las conciencias un poco más turbadas con un donativo que nos justifique ante el futuro.
Es verdad, y no seré yo quien lo niegue, que como se están encargando de explicar unos pocos, Somalia es una de las pruebas evidentes de lo que los politólogos dan en llamar estados fallidos. Parece que se trata de un país nacido de la unión de dos colonias gestionadas por el Reino Unido e Italia. De hecho y tras y una cruenta guerra civil parece que en la práctica funcionan varios estados dentro de uno meramente nominal. Ante esta situación es difícil gestionar una escasez casi endémica, más cuando los dirigentes de los diferentes grupos tribales estarán más pendientes del poder que de sus pueblos. Pero a pesar de todo ello es inconcebible que el resto del Planeta permita lo que está sucediendo. Si Somalia interesara a una o varias potencias en algún aspecto no se habría llegado a esta situación.
Y los somalíes siguen llegando a un campo de refugiados en la frontera con Kenia, creo. En el trayecto de centenares de kilómetros, y ante la escasez extrema los padres van dejando de comer para que sus mujeres e hijos dispongan de una porción más de alimento. Sólo este dato, que ayer escuché a Nico Castellanos en su crónica del mediodía, tendría que ser suficiente para que el mundo entero detuviera su marcha, para que todos los gobernantes se dejasen de zarandajas y dispusieran lo necesario para que esto deje de suceder. Sin embargo, no va a pasar. En alguna información que he vislumbrado se insinúa que sectores afines a Al Qaida no quieren que la ayuda internacional se haga presente en su territorio. No sé hasta qué punto será cierto esta información, pero ahí está.
Mientras que la mejoría de la vida del ser humano en desarrollo armónico con el Planeta (en el fondo es lo mismo, pero prefiero esta tautología para que no se me malinterprete o para que se me entienda del todo), no sea el objeto primordial de los poderosos y gobernantes del mundo, no podremos decir que la Humanidad está en camino de su plenitud. Por el contrario, en el actual estado de cosas, en el que prima fundamentalmente la consecución de beneficios financieros y el crecimiento de los de siempre, asistiremos a más situaciones similares, o peores quizá.
No, no soy nada optimista en esta cuestión, como se observa.
Ya se ha advertido por los científicos –o por una parte de ellos al menos- que el primer y gran damnificado del cambio climático será precisamente África que es quien menos está colaborando en él, pues el continente con menos emisiones de CO2 a la atmósfera; sin embargo es el más frágil.
Entretanto seguiremos a lo nuestro. Ojalá, al menos, que muchas conciencias se sientan con ganas de justificarse y colaboren con la abnegada tarea que varias organizaciones humanitarias llevan a cabo en el terreno.

sábado, 23 de julio de 2011

Hacinados



(Información del Norte de Castilla, a doce de julio de dos mil once).

Hoy leo un titular desgañitándose como un verso escondido dentro de una pesadilla: 


Cien temporeros viven hacinados
en viejos gallineros
ubicados en Puente Duero, Valladolid.
 



¿Cien hombres y mujeres expiran como gallinas cuya única misión es poner huevos antes de la muerte? 

Son rumanos, explica la noticia, y el primer grupo,
más o menos legal llegó hasta una vivienda de las afueras
hace justo cinco años.
 


Algunos periodistas son precisos, y el lector debería agradecerlo… 

Vivieron hacinados por decenas…
Otra vez me golpea la palabra, me atraviesa el asta de su hache muda,

hasta que decidieron vivir
literalmente bajo un puente -el de la carretera que rodea aquel barrio-.


A veces un adverbio resplandece como una luna llena, hasta iluminar frases o poemas.

Pero la Policía y el Seprona los echaron de allí poco después,
aunque los inmigrantes se mudaron hasta los gallineros solitarios
a cien metros del río… Y allí siguen. 
 


El detalle del río es lírico y es triste, como como eco de libertad, como trueno de abrevadero…

Aunque el problema, escribe el periodista,
es que el censo no para de crecer
son casi un centenar de inquilinos temporeros.
En la antigua capilla de la granja -hoy muy destartalada-
es donde se recibe a quien visita el poblado.

Me pregunto por qué en estos gallineros había una capilla, y si Dios preferirá esta capilla tan destartalada, o una gran catedral como un imperio…, me pregunto. Y la respuesta es tan imposible como rozar el ocaso con los dedos, aunque si fuera periodista, le solicitaría entrevista en la capilla destartalada de los gallineros.

Allí los residentes malviven hacinados…

De nuevo esta palabra es cuchillo entrando en mi cerebro, sangrándome crespones de miseria, escupiéndome náusea y fetidez:

dos grupos familiares repartidos en los cuatro edificios de una planta
que hace más de dos décadas poblaron
varios trabajadores de aquellos ponederos.

Antes de proseguir, el periodista concreta su relato, para evitar sospechas de ficción, dando cuenta precisa del lugar, y, después, sin detenerse, nos zambulle en el marasmo. 

Un camino de tierra, que nace en la rotonda
de acceso a la variante de Medina del Campo o hacia la carretera de Viana,
es la entrada al submundo de estancias compartidas
por unos residentes que aprovechan cada hueco dejado por sus antecesores
-las idas y venidas de inquilinos son aquí una constante-.
Se organizan parejas o grupos en los únicos inmuebles que mantienen tejados.
Los cuartos y cocinas ofrecen un aspecto que casi es aceptable.
Pero en el exterior, o en los bloques que están deshabitados,
la basura revienta las pupilas.

Desde hace ya tres años, los temporeros más veteranos
ocupan las primeras casitas de la entrada.
No parecen llevarse nada bien con esos compatriotas asentados
en aquel gallinero viejo y sucio al que llegaron hace unas semanas.


El lector olfatea el aire denso y maloliente del comienzo de un drama; también en la pobreza cuenta el escalafón.

Oír su castellano permite distinguirlos.
«Aquí somos familia, y vinimos directos desde nuestro país,
porque había trabajo y de momento seguimos...»,

explica en su perfecto castellano uno de los rumanos.
Luego aclara que a veces viajan por el país, sobre todo hacia el sur,
«cuando sale trabajo en la aceituna».

Se nos muestran amables y también nos enseñan
sus pequeños ‘palacios’.

«No es que esto esté muy bien, pero ya no me quejo»,
apunta una mujer -acaso la mayor,
aunque hacer ciertas cábalas es casi imposible:
porque todos parecen ser muy jóvenes-.

Muestra su cocinilla que está llena de cacharros y platos.
Su habitación también está ordenada, pero el salón...
«Ahí mejor que no entres».

Mantas, colchones, tiendas…
Esta parte del gueto en Puente Duero,
cada vez más nutrido,
que fue desalojado al completo hace dos años,
aunque los afectados volvieron enseguida,


‘a sus casas’, escribe el periodista con una lucidez tan irreal como hermosa: ¿o es que no son los pájaros los dueños de los árboles?

Es la más ordenada de ambos grupos
familiares que acogen los viejos gallineros.
«Hacemos nuestra vida, ellos hacen la suya».
‘Ellos’ apenas llevan unos días pocos metros arriba del camino
y también nos reciben muy amables.

«Aquí somos muy pobres, pasa y mira para que veas cómo vivimos», adelantan.
‘Ellos’ son más de medio centenar de personas mezcladas en estancias
comunes donde duermen sobre mantas, viejos colchones, tiendas de campaña…
tirados sobre el suelo. Y sólo en una viven veinte de ‘ellos’.


El reportero entrega un dato que esconde la miseria insoportable: la verdadera senda de la huida es la respuesta exasperada a la pobreza

‘Ellos’ también llegaron por trabajo.
«Vinimos para el ajo y la patata, estaremos tres meses
luego nos iremos a Sevilla a la aceituna»,
anuncia el temporero que mejor se defiende en la lengua de Cervantes.


Intuyo que el cronista llega al tuétano… ¿Por qué si no, Cervantes en el texto? ¿Cómo no recordar esa pobreza que se pegó a su vida sin borrarle la humanidad…?

En estos gallineros destrozados
por aquellos primeros moradores, su vida no es camino de rosas. 
Tienen luz, a saber de dónde llega, pero carecen de agua
y de las condiciones mínimas sanitarias.

Buscando acaso un pétalo de paz, el periodista acalla las conciencias, la suya, acaso la de los lectores asomados a un abismo incomprensible.

Y de ello son conscientes todas las policías
(local y nacional)
que a menudo vigilan el camino de acceso hasta la granja.
Los agentes comprueban los papeles, los permisos de todos los vehículos,
y evitan su lavado en la ribera del río.

No pueden hacer más, pues los gallineros son recinto privado,
propiedad de la empresa que se desentendió de los terrenos.

La vida de ambos grupos de rumanos
que comparten casetas y miseria no es fácil.

No trabaja ninguno, sólo esperan que llegue,
al fin, la temporada anual de la patata.


Pero como bien saben los pobres de este mundo, las miserias caminan de la mano como espesos racimos de mil lágrimas…,

pues durante las últimas semanas reciben la visita de un español,
un vallisoletano que quiere extorsionarles.

«Ya ha venido tres veces en su coche,
viene solo, se baja, y nos dice
que es el hijo del dueño y luego pide
ciento cincuenta euros por familia porque estamos aquí»,
resume un afectado… Pero ellos no tragaron.


Y al lector le conmueve esa hidalguía, y se imagina el gesto altivo, de lirio oscuro, y le duele esta vida de miseria.

«Entonces le dijimos que se fuera por el mismo camino,
que nos dejara en paz, que bastante es la vida que tenemos».
 

Quizá hubo más palabras, o quizá alguna amenaza. Quizá tras esas frases, sus miradas se encendieron con llamas de venganza, pero acallaron sus impulsos, si es que los hubo entonces, ‘pues bastante es la vida que tenemos’.
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martes, 19 de julio de 2011

María José Salinas expone en Moratalla, Murcia

Soledad Ó Maria José Salinas


No conozco a María José Salinas en persona. De hecho apenas nos hemos tratado tres o cuatro noches en un chat que se celebra al mismo tiempo que el programa de radio nocturno que dirige y presenta La Voz Silenciosa, o lo que es lo mismo, el entrañable José Francisco Díaz-Salado Suárez, cuya portentosa voz ha puesto voz a alguno de mis textos, cosa que nunca terminaré de agradecer…
Pero eso es otra cuestión que ahora no viene al caso.
Iba a hablar de María José Salinas…
Antes de nada, y por si la prisa de los lectores no le permite llegar hasta el final, diré que el próximo viernes 22 de julio a las 21.30 horas en la galería Zer-bizio? de Moratalla, Murcia, cuelga parte de su obra. el título de la muestra, Sentimientos a todo color, es un perfecto resumen y una declaración de intenciones de cómo ella entiende la pintura.
Descubrí en esas pocas horas de chat nocturno a una persona con mucho sentido del humor y con una fina sensibilidad. Y cuando me enteré de su pasión/afición por la pintura, le pedí que me autorizara el uso de alguna de sus imágenes, cuando alguno de mis textos así lo requiriese. Consintió desde el primer instante sin poner ninguna pega y posteriormente me habló de esta exposición.
Va a ser lastimoso para mí mismo no poder acercarme hasta aquella localidad murciana y poder contemplar en directo su obra, pero me tendré que conformar de momento con esta reseña.
Contemplar las imágenes que ya tengo en mi poder –aunque sea en formato virtual- es un anticipo de lo que se podrá ver en la citada sala.
Es verdad, como nos anticipa el título de la muestra que se trata de un canto al color que tiene especial preponderancia en sus obras, pero a mi modo de ver que, reconozcámoslo, además de muy subjetivo, está poco preparado para el análisis pictórico, las obras de María José tienen cierto componente poético. Una especie de roce sinuoso con ciertos significantes hondos del ser humano.
Es la figura humana protagonista –aunque no exclusivo- de su obra, y en particular la mujer. Una mujer que es frágil y poderosa al tiempo, una mujer que lleva en sí la fuerza de la vida y al mismo tiempo vive atrapada por sus obsesiones. En algunos cuadros, por ejemplo, roza cierta tendencia a lo onírico –no me atrevería yo a hablar de surrealismo-, y es destacable su gusto por las alusiones literarias –sobre todo el Quijote-, y por último, también se observa en algunas de sus obras una clara preocupación por los temas sociales que a todos nos duelen. Incluso diría que en algunas de sus obras, como la que sirve de ilustración a este post, se percibe la esencia del artista en cuanto a persona que es capaz de leer lo más escondido de la sociedad en que vive y sacarlo a flote, puesto que estas imágenes, por tanto este cuadro, ya lo había visto yo con anterioridad al 15 de mayo.
Espero que a partir del próximo día 22, quienes estén por la zona murciana se puedan acercar hasta Moratalla y en la galería Zer-bizio? poder gozar de la obra de María José Salinas. Seguro que no se arrepienten.




sábado, 16 de julio de 2011

"La Exposición: Gregorio Arnanz Rodríguez. Ceramista". (Segovia 1886-1961)

Imagen que anuncia la exposición


Regreso a las salas del Museo Rodera Robles de Segovia. De nuevo me hago la promesa de escribir sobre la historia de esta familia, de este Palacio, de esta fundación, de este edificio… Pero hoy, achicharrante domingo de finales de junio, no es mi objetivo. Me he acercado para contemplar la exposición que desde el día veintidós de junio y hasta finales de noviembre ocupará sus salas bajo el título “Gregorio Arnanz Rodríguez. Ceramista (Segovia, 1886-1961)”.
Antes de cruzar la puerta, nada más hojear el folleto de la exposición, uno se da cuenta de la paradoja del título que no es el más preciso, aunque quizá sí el más adecuado. En efecto Gregorio Arnanz es conocido por su tarea como ceramista (de ahí lo acertado del título); de hecho dos grandes estudiosos del tema, Abraham Rubio Celada y María Jesús Tejada lo consideran el discípulo predilecto de Daniel Zuloaga. Sin embargo, al hojear el catálogo y entrar en las salas, me asalta la idea de la imprecisión. O bien Arnanz no sólo es ceramista, o bien para alcanzar altas cotas en este arte decorativo es precisa una preparación mayor de la que se pueda suponer en principio. La primera virtud de esta muestra, pues, ha sido descubrir a una persona que tuvo incursiones en diversas ramas del arte: dibujo, acuarela, óleo, fotografía, como iré apuntando…
(Para continuar la lectura del artículo pinchad aquí...)

miércoles, 13 de julio de 2011

Veintitrés años

¿Veintitrés años son pocos, son muchos…?
Veintitrés años ascendiendo la misma calle cada mañana. Veintitrés años sonriendo al amanecer, aunque en invierno el amanecer sea aún futuro. Veintitrés años intentando descubrir sobre los hombros de los números y sobre las pestañas de las letras un corazón latiendo o la esperanza o la angustia.
Veintitrés años dando rienda suelta al oficio de vivir siendo útil a alguien que desconozca de esta tarea tan oculta como las sombras en medio de la noche.
Veintitrés años sabiendo que de mi dedicación o de mis despistes pueden depender unas sonrisas, el pago de una hipoteca, o la letra de algún electrodoméstico… incluso, como me dijeron una mañana de hielo, el turrón de unos cuantos niños.
¡Qué estupidez…!
¿Qué estupidez?
¿Cómo va a depender de un movimiento diligente que se endulce la boca de un niño, o un banco no inicie un desahucio por impago…? ¿O sí?
No, no, no… Sé que no soy tan importante. No, no, no… Sé que mi tarea es un eslabón casi invisible de una cadena que más parece un bucle interminable… Pero… ¿y si el eslabón se rompe? ¿Si esa cadena pierde uno de sus enlaces, cómo llegará la soldada necesaria a esas manos que cargaron la pala con la arena para que el hormigón allanara la calle escondida de aquel pueblecito que es más pequeño que su nombre casi de poema…?
Veintitrés años compartiendo vidas y sueños, dolor y pesadillas, alegrías y futuro, angustias e ilusiones.
En veintitrés años caben libros, bodas, bautizos, entierros, cirugías, juicios, divorcios, borracheras, universidades, oposiciones, denuncias, más libros, más amor, más odio…
Veintitrés años (rozando la mitad de mi vida vivida) y unas horas ya…

martes, 12 de julio de 2011

Literatura Nova y Eterna luz sonora

Verán ustedes, aún no sé si es el verano, y que las altas temperaturas impiden meterme dentro de la campana de una buena música aislándome del ruido externo, y por tanto,  por desgracia, a diferencia de nuestra amiga Paloma Corrales, no puede escribir asomado al silencio, que es de lo que se trata. No sé hacerlo de otro modo. También pudiera ser, por el contrario, que no tengo ninguna idea en concreto y que esta ausencia sea la que convierte mi atención en una especie de radar que se lanza a auscultar todo cuanto acontece a su alrededor…
Sea como fuere, desde hace algún tiempo, este blog anda un poco canino, como si estuviera a régimen de adelgazamiento. Y en esto hay un error, él, el blog, digo, no tendría por qué atravesar un tratamiento de este tipo, más bien debería ser su propietario, pero quizá exista un almacén de vasos comunicantes entre el blog y su editor.
En fin, que también dedico mi tiempo a algunas otras actividades de las que quiero dar cuenta, por si ustedes tienen a bien tenerlas en cuenta de un modo u otro.
Como se habrá observado por los más asiduos, el aspecto del blog se ha modificado. He desplazado al inferior de la página todas las informaciones que antes lo presidían. Así el blog se carga con más facilidad y quien viene sólo a leer la entrada, no tiene por qué ir más allá.
Pero, en realidad, el motivo de esta entrada no es comentar un cambio cosmético, sino participarles que he encontrado una nueva página llamada Literatura Nova, donde se pueden subir textos en formato PDF, que pueden ser descargados por cualquiera de modo gratuito. De hecho, ya he subido allí uno de mis poemarios Eterna luz sonora que está inspirado en la música de Johann Sebastian Bach, como he dicho en alguna ocasión y se puede leer en la página de este mismo blog Un letraherido.  Este libro por dos ocasiones llegó a la final del Premio Gil de Biedma. A estas alturas (doce menos cuarto de la noche del once de julio de 2011) lleva dieciocho descargas en cuatro días, lo cual me llena de orgullo.
Me parece que Literatura Nova es una idea grande, quizá por lo sencilla, por lo elemental. Consiste simplemente de compartir nuestros textos o publicaciones con aquellos que les puedan interesar.
En mi caso se trata de ir dando salida a cierta parte de mi obra que de otro modo no la tendría.
Como he comprobado en mis propias carnes durante este año, intentar que alguien edite un poemario es una aventura que incluye, entre otras cosas una inversión del autor que ni puedo, ni estoy dispuesto a afrontar. Con Versos como carne, como ya saben, realicé una autoedición que al final me ha salido más barato que lo solicitado por los supuestos editores. Pero eso mismo lleva aparejado un esfuerzo personal que tampoco sé si merece la pena.
Uno escribe no sólo para soltar su lastre interior o para intentar explicarse un poco el mundo o para llenar un tiempo que se extiende vacío ante nuestra vida… Uno escribe por muchas razones, pero seamos sensatos, uno escribe también para que le lean, para que otras miradas diferentes a la de uno se deslicen por las líneas previamente pergeñadas por la propia torpeza.
Sin embargo hay libros o textos que difícilmente serán publicados, por no decir que es tarea imposible. ¿Por qué, pues, no compartirlos con los demás, con quien quiera sin que a nadie nos cueste, salvo unos pocos minutos…?
En fin ahí están a su disposición los poemas de Eterna luz sonora. Un archivo en PDF, sólo eso. La dirección precisa es http://literaturanova.com/eterna-luz-sonora.
Pero en esta página web no sólo está este libro, hay muchos más textos, más autores, más sueños. En este mundo en que todo parece que se compre y que se venda, quizá haya una salida para este intercambio.
Es verdad que el autor tiene derecho a su soldada, sobre este asunto no hay nada que discutir. Otra cosa diferente es determinar en qué moneda cotiza la soldada de un poeta, sobre todo cuando se habla de un poemario cuya primera versión nace en 2003. No pienso entrar en esa batalla. No voy a poner en duda los derechos de autor. Pero quizá sí esté poniendo en duda otras cosas, aunque no es el objeto de estas líneas, ni me interesa ahora ese debate. Si alguna vez me llega alguna oferta de un editor, por supuesto que la estudiaré. Creo que una cosa no interfiere a la otra. Todo puede y debe tener su cabida. Literatura Nova Se trata de una iniciativa que me parece brillante y que merece la pena explorar, y a la que me he adherido, porque me ha parecido la forma más sencilla, directa y barata de dar a la luz, aunque sea a la tenue luz de unos pocos, lo que tanto esfuerzo e ilusión me costó en diferentes años.
En fin que ahí tienen ustedes esta magnífica iniciativa. Una idea llena de versos y de prosas y de sueños, abierta para aquellos que no sólo creen que la buena literatura está donde los de siempre nos dicen que está.
Ah, y también podrán encontrar, mi libro, si es que a ustedes les apetece, claro… No se preocupen si no recuerdan la dirección. Con que en el apartado de búsqueda pongan Amando Carabias, llegarán a él… A medida que suba otros libros, lo haré saber por si aún algunos de ustedes tienen a bien acercarse hasta allí.
(Una curiosidad: esta misma imagen que siempre ha presidido las entradas etiquetadas en este blog como Mirada hipermétrope, la verán repetida varias veces en esta página).