domingo, 19 de abril de 2009

MOMENTO FRONTERIZO.



¿Acaba la tarde...? ¿Empieza la noche...?


El color de plata se oscurece y mis ojos son espectadores de ese proceso por el que una mano invisible cubre, poco a poco, bien despacio, a las criaturas que pueblan este pedacito de planeta. Frente a mí, las luces, como leves candelas, maquillan el rostro de torres renacentistas y chapiteles barrocos, de arcos romanos y torres góticas. Es esa hora incierta y breve en que la noche es promesa y la tarde recuerdo, una frontera imperceptible para quien no mire, para quien no tenga entornados los postigos del alma.


Y si la espesura de las nubes no fuera tan cierta y tan rotunda y tan precisa, este instante, ya tan avanzada la primavera, no sería tan efímero. Daría tiempo a sentir su transcurso como un cálido beso largo. Pero el invierno ha asomado sus galones en este ocaso de abril y ha querido imponer su dictadura oscura, con lo que el crepúsculo vespertino parecía la fugaz sonrisa de un niño travieso, pillado en su travesura.


Siento detrás de mí el aliento tibio de quien me ama. Es hora de apurar las palabras.


Vale.

4 comentarios:

Ferran Gallego dijo...

Amando, quería indicarte, sólo a ti, que abandono el blog de Juan Cruz tras la insultante intervención de alguien a quien no conozco, sin saber ni de qué se hablaba, que me reprocha cobardía y no haber intervenido antes...En fin, lo de siempre. Me refiero a blogócrata. Ya lo habrás visto. Ya lo hice una vez y no sé qué habrá ocurrido estos días (ya sabes que, estando de mudanza, no he entrado), y me encuentro no sólo con una pelea, sino con un señor que se atreve a llamarme cobarde...a estas alturas de mi vida. Me habría gustado verle en las dependencias de la Dirección General de Seguridad en 1974, sin ir más lejos...

Ferran Gallego dijo...

Acabo de entrar en el blog de Cruz, para hacer un último comentario. La verdad es que es tiempo que se pierde si, al otro lado, hay personas con capacidad para llamarte eso desde la seguridad física que da el espacio virtual. Como uno no tiene que explicar más que a los amigos de qué ha ido la vida, prefiero invertir el tiempo en cosas más sanas. Empecé publicando un poema y me encuentro con una sarta de zarpazos en los que, luego, se le acusa de tratar de poner paz. Y de salir en defensa de alguien a quien ni conozco.

En fin, como decía Graves: "Adiós a todo eso"

Un abrazo
Ferran

Adrian Dorado dijo...

Querido Amando, qué bueno que ese momento de "impasse" donde las luces se entregan a las penumbras, tengas a tu espalda un aliento amoroso que convoque al festejo y las fusiones. Bien narrado y bien actuado pues cuando las palabras sobran comienzan las silenciosas acciones.
Por otro lado, manifestar las coincidencias con Ferran en el alejamiento del blog de JC al que ya, casi, ni acudo.
Es que poco vale la pena, para mi.
ejarte un saludo hoy domingo y comentarte que el otoño aqúí, ni por asomo, recién ayer refrescó un poquitín y hoy pareciera que se animara a presentarse, pero aún se hallan florecidas todas las plantas y verdeando hasta los fresnos cuando ya a estas alturas, debían dorar sus hojas los contenedores solados.
Veamos que hace el clima con nosotros despues de lo que hacemos nosotros s él.

Abrazo

Amando Carabias María dijo...

FERRAN: Gracias por las confidencias. El día ha sido hermosísimo, la continuación del final de la entrada, y me encuentro con que el eco del jaleo del otro lado también llega aquí.
Hice lo que tenía que hacer, creo, y creo (no puedo ocultar que he visiado aquella parte del mundo y dentro de un rato volveré, pero primero quería cuidar de mi jardín y visitar a los amigos) que algún resultado ha habido.
Allí te han pedido disculpas, aquí te agradezco tus palabras que no merezco que ahora iré a contestar.
Sé que hubo un error, estoy seguro, pero decir más es entrar en la pura adivinación, y mi conocimento no llega a tanto.

ADRIÁN: Gracias por la valoración literaria. Era la intención que has encontrado antes... que yo mismo.
Ay, hermano, qué razón tienes, miedo me da la reacción de la naturaleza por causa de nuestro daño.