lunes, 11 de mayo de 2009

MARCELINO ORBÉS

Foto tomada de Pirineo Digital
La palabra de cada día.
Diario de un opositor. Mayo 2004.

Resulta que Charlot no fue el inventor de sí mismo. Resulta que el mayor genio de los cómicos de todos los tiempos, Sir Charles Chaplin, Charlot, tomó su personaje a partir de un personaje creado por otro cómico a principios del siglo XX. Nueva confirmación del famoso aserto: no hay nada nuevo bajo el sol; además, constato otra vez que cada avance, aunque sea sustancial y trascendente, depende de pasos previos, y también, para qué engañarnos, de mucho trabajo y esfuerzo, y de una buena dosis de suerte.
El precursor del británico fue español, Marcelino Orbés.
Nació en Jaca, muy a su pesar (lo que no entiendo*), pues él siempre aseguró que lo había hecho en Zaragoza. Su padre fue un minero analfabeto. La familia emigró a Barcelona. Volvían mucho a la capital aragonesa, y allí, según se dice, es donde el joven encontró su vocación como payaso de circo, aunque su primer empleo en una pista del espectáculo más grande del nundo, no fue como tal, sino como acróbata, hasta que una lesión le volvió a llevar hacia sus orígenes.
Un ojeador de una compañía británica lo fichó.
Logró éxitos notabilísimos en Londres, Nueva York, San Francisco.
Acabó sus días saltándose la tapa de los sesos con una pistola en un hotel de San Francisco. Este cómico comenzó en un circo, pasó al teatro, y cuando no supo adaptarse a los nuevos tiempos, cayó en las redes del circo, de nuevo.
El propio Chaplin habla de él en sus memorias. Cuenta el proceso de un hombre que poco a poco se hundió. Llegó a la cúspide en su profesión. Hizo desternillarse de risa al mismísimo rey inglés, cuando en un ‘gag’ improvisado, tras habérsele caído el sombrero se lo colocó en la cabeza con un pie. Llenó teatros de cinco mil localidades, sin decir ni una sola palabra. Pero al final de sus días era un payaso roto. Y como dice Charlot, hasta debajo del maquillaje se le veía triste y enfadado.
Esta crónica de Miguel Mora, me ha dejado estupefacto. Hay varias circunstancias en ella que me hacen pensar.
Primero, cómo desde la capacidad de trabajo, uno puede llegar al reconocimiento en su profesión.
Después, lo duro que es mantener esa situación. Comprobar que los gustos cambian, y que lo que hoy sirve, mañana será rechazado por el público o la crítica, como se rechaza una camisa muy usada, aunque siga siendo la misma que compramos porque nos pareció hermosísima.
También la falta de adaptación de los humanos al fracaso, sobre todo si se viene de el más sonoro de los éxitos. Nada debe haber tan duro como esa caída, pues es algo que se repite con cierta frecuencia, aunque no sea de la forma tan drástica como sucedió con el jacetano.
Y lo que más me ha impresionado de la información ha sido descubrir que Marcelino Orbés renegó de su origen o lo ocultó o lo intentó mejorar. No lo entiendo. Esto es lo que menos entiendo de todo lo que se cuenta. Una persona que tiene en poco sus orígenes, que intenta cambiarlos porque le parecen demasiado humildes, me parece que tronza sus raíces, hace que, en un momento determinado, lo que le une a la tierra no tenga sentido, o no exista que es peor aún.
Eso no estorba nada para reconocer la genialidad, tanta que inspiró al mismísimo Charlot

___________________________________
* Nota de mayo de 2009. La explicación que se ofrece en Pirineodigital, donde se afirma que era muy celoso de su intimidad e incluso jugó al despiste con sus orígenes, aunque es una explicación, a mí me suena raro.



domingo, 10 de mayo de 2009

EL HOMBRE QUE AMABA A LAS MARIONETAS

Esta ciudad se ha convertido en el paraíso de los niños. Durante esta semana, Titirimundi ha vuelto.
Han llegado los muñecos arrastrando sobre sus espaldas a unos seres humanos que tienen como misión, la de disfrazar la verdad de todo el asunto.
A ver si me explico.
La realidad es que los títeres decidieron hace años unirse en secreto para darse cita en esta ciudad a principios de mayo. Pero no se podían presentar de cualquier modo. Sabían, pues son expertos conocedores de las realidades humanas, que si lo hacían sin más podrían ser desalojados por la autoridad gubernativa.
Así que se reunieron con su mejor amigo en España: Julio Míchel.
Según mis noticias, todos sabéis que soy bastante despistado, debían correr los últimos días del año 1984 o los primeros de 1985, pero pudo ser cualquier otra fecha.
El mejor amigo de los títeres dormía en ese momento. (Creo que se me ha olvidado decir que los títeres sólo se mueven por su cuenta durante la madrugada). Unos días antes, durante una reunión celebrada en un lugar ultrasecreto, habían comisionado a un polichinela, a una princesa con trenzas amarillas y al lobo bueno, para que se entrevistaran con él.
Cuando llegaron a su casa, Julio ya dormía, así que hicieron lo que mejor saben hacer los títeres, colarse en los sueños del hombre.
¿Que por dónde se metieron?
Sobre este particular sólo dispongo de ciertas conjeturas; el rumor que cobra más fuerza es el que afirma que aprovecharon una rendija de sus ojos, y se montaron en un regato de luz que por allí se colaba, un hilo tenue que venía brincando desde una farola; otras informaciones sugieren que utilizaron un globo aerostático que traían con ellos para aprovechar la tibia brisa de su respiración nocturna; y otra opinión, sin duda promovida por gentes relacionadas con el sector científico, asegura que se limitaron a explicarle sus razones susurrándole a través de los oídos.
Sea como fuere, el caso es que a la mañana siguiente Julio, se levantó con la idea bien clavada en su cerebro: 'Organizaré un festival de títeres en Segovia'. Al escuchar a su propia voz enunciar este pensamiento, quedó convencido de la genialidad de la idea, y se puso manos a la obra.
Cuando llegó la primavera de aquel 1985, las calles de Segovia sonrieron con la presencia de los muñecos que parecían ser movidos por unos hombres y mujeres, pero en realidad era al contrario.
Los niños fueron los primeros en percatarse.
Yo, la verdad, me di cuenta un par de años después. Durante dos años creí que eran los manipuladores los que movían las figuras que por unos minutos cobraban vida. Había muñecos de guante, muñecos de hilo, había sombras chinescas, había seres con todos los aspectos que os podáis imaginar.
Pero una tarde, en la plaza de El Salvador, descubrí la verdad. El agua de la fuentecilla de la plazuela era una melodía tranquilizadora. El sol apretaba de lo lindo. Turbias nubes amenazaban tormenta. Como ocurría entonces, no había mucha gente dispuesta a ver títeres. Todo era más íntimo, más familiar, como si ensayáramos todos: intérpretes y espectadores. Digo que esa tarde me fijé, como por casualidad, en los niños, quienes sentados en el suelo, formaban corro alrededor de los personajes.
Cuando los niños miran un teatro de marionetas, ponen los mismos ojos que ponemos los adultos al mirar un informativo de televisión. Y entonces comprendí.
Comprendí que esos muñecos eran los portadores de su historia, y que simplemente disimulaban. No podían hacerlo de otra manera, porque a esas horas de la tarde o de la mañana, tienen prohibido moverse por su cuenta. Sin embargo los niños tienen la capacidad de descubrir un movimiento imperceptible a los adultos. Y la razón es que sólo se fijan en los protagonistas.
Ellos no están atentos a los gestos del manipulador, ni a las argucias técnicas que tienen que salvar para que las marionetas cumplan con su misión. Ni siquiera les preocupa un ligero error que alborota todos los hilos e impide que la mano izquierda, por ejemplo, vaya al compás que debe.
No, los niños entienden la historia desde el principio, y a través de estos muñecos se acercan a todo tipo de espectáculos. Y comprenden de igual modo las narraciones de toda la vida y las creaciones más vanguardistas.
Poco a poco, los segovianos descubrimos esa verdad, y poco a poco, esa verdad se transmitió de ciudad en ciudad.
Comenzaron a llegar los visitantes, sobre todo desde Madrid y Valladolid, pero también de otras partes de España y del mundo...
Todavía había segovianos de alto copete y enjundioso saber que miraban la algarabía que llenaba plazas y patios y ensanches de calles y jardines y el teatro con aire de superioridad. Decían o pensaban que una ciudad que tiene como máximo exponente cultural las representaciones callejeras de títeres, no sería nada en el ámbito de la cultura. Eran palabras que sonaban a mayúscula y parecían revestirse de un subrayado gritón.
Hoy ya callan. Es lo que tienen las evidencias.
Hoy saben que este sueño de Julio Míchel es un acontecimiento cultural de primer orden, y acaso lo que otorga una singularidad propia a Segovia. Tanto que, años después, y a pesar de las dificultades presupuestarias que a uno le amedrentan, se exporta otros lugares, tanto que la ciudad despierta por estas fechas.
Quizá es que el entramado urbano de Segovia, sea un escenario perfecto para este tipo de actividades, quizá es que las marionetas creyeron que Segovia se parece mucho a un escenario para un cuento de hadas.
No sé, no estoy tan bien informado.
Lo que sé es que hay muñecos y titiriteros que se acercan de todas las partes del planeta. No sólo vienen los que aparecen en el programa. Será que los muñecos no son xenófobos, y admiten incluso a los que no han sido contratados. Comparten las mismas calles. Cuando acaba una actuación programada, unos metros más allá comienza otra que no dispone de papeles, pero genera la misma ilusión y expectación.
Segovia se convierte en el paraíso de los niños, y de cuantos, por unos días, rebuscamos en nuestro almacén la mirada infantil que un día utilizábamos y que por precaución, no arrojamos a ningún contenedor de desperdicios cuando llegamos a la adolescencia.

sábado, 9 de mayo de 2009

DUERME LA NIÑA SUEÑOS...

Foto tomada de Google. Niños de Perú.
*
Duerme la niña sueños con azúcar:
cerrados párpados que ocultan juegos
de angelotes con alas
que espolvorean chocolate blanco
en su sonrisa quieta.

*
Duerme la niña sueños con payasos:
cerrados párpados que acallan risas
que brincan y gritan
dentro del arco iris de sus labios
de su sonrisa quieta.
*

Duerme la niña sueños con acordes:
cerrados párpados que ocultan sones
de mil guitarras, ninfas
que le susurran melodías claras
en su sonrisa quieta.
*

Duerme la niña sueños con abrazos:
cerrados párpados que acunan besos
de Dios que se hace niño de pan tibio
cual caricia de luz
en su sonrisa quieta

viernes, 8 de mayo de 2009

MENSAJE PARA JOYCE. 4


(Por si no lo he aclarado: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, y esta al margen de la realidad).

(En el capítulo anterior...)
(Y en el segundo...)
(...Y en el primero...)

Te necesito, Joyce. Ven, si no mi vida no tendrá sentido. Sabes dónde estoy.
Vaya, pensó, aquello tomaba caracteres chuscos. Ahora sí que necesitaba el trago. A ser posible fresco.
Con urgencia.
Abrió la nevera. En realidad se precipitó sobre ella. Tenía la conciencia de que sólo con la ayuda de una cerveza su cerebro controlaría el galope desbocado de sus pensamientos que no le llevaban a ningún lugar.
Sólo había tres latas de la rubia bebida. Anotó en el rincón que su mente utilizaba como lista de la compra: cervezas.
Se dirigió a la pequeña terraza del salón. Sin mirar, pasó junto a la pantalla del ordenador. Pensó que el frescor de la noche humedecida por la lluvia le ayudaría. Se sintió en mitad de un jeroglífico inextricable. Se trataba de encontrar a alguien que le necesitaba nada menos que para dar sentido a su vida ¿Quién podía ser tal persona?
Pensó que alguien del grupo que chateaba cada noche había descubierto su identidad. Tendría que adivinar quién podía identificar el alias de Joyce con la persona de Abelardo Botícher. No tenía conciencia de haber hablado con nadie acerca de estas costumbres nocturnas.
Abelardo Botícher era un ser taciturno, solitario y callado. En el trabajo le costaba hasta la cortesía formal. Nadie diría de él que era simpático, ni agradable; en todo caso, frío, educado y trabajador. Su enjuto cuerpo se movía en el despacho silencioso y rápido, como una sombra. Si no le llamaban por teléfono, era difícil saber que estaba.
No se le conocían aficiones o vicios. Su separación fue un rumor que corrió entre los compañeros como el susurro de la brisa, al que nadie hizo caso. En el fondo, no encontraron diferencia con su comportamiento. Entre Abelardo Botícher casado y Abelardo Botícher divorciado, nadie supo establecer diferencias.
Acodado a la barandilla, Joyce concluyó que el mensaje no procedía de compañeros del trabajo. El resto de sus relaciones eran escasas y superfluas. Su timidez enfermiza le cerraba puertas; mejor dicho, él mismo no las abría. Sólo era desinhibido en la soledad de la habitación, frente al ordenador. No había otra posibilidad, si alguien conocía su pasión por el escritor irlandés, era Beatriz.
Pero con ella nunca habló de Internet, sino de libros. Beatriz, en realidad, era un sueño inalcanzable que no había sucedido. Tan utópico, que ni a sí mismo se lo planteaba con el realismo que se merecían los latidos de su corazón si estaba en su compañía. La camarera del bar no sospechaba esa pasión, que encendía un pábilo que iluminaba la lejanía del horizonte más íntimo de Abelardo.
Meneó la cabeza un poco entristecido, melancólico quizá. A poco que fuera sincero consigo mismo, Beatriz no podía ser la autora del mensaje. Aunque hubiera adivinado su alias, aunque hubiera sabido que pasaba buena parte de la noche chateando en el ordenador, aunque ella fuese alguno de los miembros del grupo (¿Rosalía, por su romanticismo?, ¿Asterisco porque le gustaba llamar la atención? ¿Dulcinea, por ser la dama de sus pensamientos? ¿Penélope...?).
Eran demasiados compañeros de navegación, aunque..
Al llegar a Penélope el rostro se le iluminó, como si una luna henchida habitara en sus neuronas. No era difícil encontrar la llave entre Joyce y Penélope, hasta un mal estudiante de Bachillerato lo haría fácilmente. Era como responder a las primeras preguntas de un concurso televisivo, las más sencillas, las que todo el mundo sabía.

jueves, 7 de mayo de 2009

TRIBULACIONES DE UN ESCRIBIDOR DORMIDO

Son las cuatro y cuarto de la tarde, y a las tres, cuando salía del trabajo, con una orden imperativa (aunque silenciosa) me he dirigido a mi mismidad: 'Hoy empieza a preparar la entrada antes, y así por la noche sólo tienes que corregirla…'
Pues nada, ni siquiera con órdenes imperativas.
Aunque tengo una explicación: lo que se me ocurre a estas horas (que es muy poco, porque el pensamiento neuronal se focaliza en el estómago, o se alía con los párpados y se arría), no me convence.
O sea que mi hábito se repite hoy como pasó ayer, antesdeayer, el otro día, el mes pasado y en las últimas ciento noventa y cuatro entradas. Preveo que no tengo remedio, que seguiré cayendo en el mismo error, por mucho propósito de la enmienda... En fin, que dejo que se desplome la arena del reloj, para que su sonido me despierte a medida que se acerca la noche. Consecuencia: luego voy como voy. Con la hora pegada, y con la madrugada aporreando a los párpados superiores para que se cierren.
Además me pasa lo mismo con el calor.
Me aplana, como si el plomo fundido de la tarde me cayera encima de los ojos y de los cabezales del cerebro. Durante el estío sólo escribo un poco decentemente a primera hora de la mañana (con la fresca decimos aquí), o por la noche. Lo cual es contradictorio, porque si madrugas, por la noche estás molido, y las neuronas, definitivamente, se declaran en huelga de creación. Y a lo más que llego es a corregir lo hecho…
Sin embargo, cuando el tiempo refresca, es como si las células grises creativas dinamizaran su actividad, como si necesitaran bailar para entrar en calor o como si se convirtieran en la calefacción del cuerpo.
Pero también me ocurre que con el frío me paralizo.
Esta Meseta quedó retratada por Manuel Machado durante el estío:
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Uno le podría parodiar escribiendo, al objeto de completar el cuadro:
En medio de la estepa castellana
cuando el hielo y la nieve del invierno
cabalgan, tanto frío nos espanta.
No es que viva en mitad de la estepa, pero en las mañanas de invierno, aunque la casa esté a dieciocho grados, en cuanto que permaneces media hora ante esta máquina infernal, los pies, con independencia del grosor de los calcetines y de lo tupido de las pantuflas que los cubran, perciben que el riego sanguíneo se lentifica, y en cuanto se detiene y se congela, es imposible saber si 'miércoles' se escribe con hache intercalada, con jota o con y griega. Eso, suponiendo que quieras decir 'miércoles' cuando estás hablando de la rendición del turco en el desierto del Gobi o de la escalada del terrorismo en el Polo Norte..., entre los pingüinos procedentes de la Antártida...
Siempre acabas hablando del Polo Norte... O del Sur. De un polo con mucho hielo, de copos de nieve, o de una hoguera que calienta manos ateridas...
Como las tuyas en esos precisoso momentos. Los dedos empiezan a dolerte desde la punta, que se ha tornado de un color como de escarcha (otra vez con el hielo a vueltas). Cada vez están más lejos, cada vez duelen más. Teclear es un suplicio. Tus dedos casi ni te pertenecen.
¿Será que uno es un sibarita?
¿Será que es un globo sonda o un mito urbano lo que cuentan de las penurias de los verdaderos artistas?
¿Será que no soy artista?
Si el calor me deja en estado de ebullición con las neuronas evaporadas, en el límite mismo de convertirse en especie extinta y el frío en estado de congelación que las torna pesadas láminas de hielo donde todo proceso cognitivo se descalabra tras patinazo inevitable, ¿me tendré que ir a algún lugar tropical o subtropical, y escribir alguna biografía apasionante de algún escritor famoso?
(Cuatro horas para escribir esto).
Un abrazo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

TREN DEL OLVIDO

Mientras contemplaba las últimas caricias del sol sobre el reseco horizonte, olvidó que aquel día no había sido el mejor de su vida.
El amanecer y sus intenciones quedaban lejos, tan lejos como pasajeros de un tren extraviado.
Aquella luz, que caía como si fuera lluvia tibia y limpiadora, aquella luz que iluminaba el oscuro túnel de su mirada, consiguió que relegara del recuerdo todo lo que le había sucedido, lo que había provocado sin querer (unos cuantos malos entendidos, algunas palabras soeces, algunas mentiras piadosas...) y lo que había provocado a conciencia: lágrimas y sonrisas, enfados y reflexiones, rupturas y reconciliaciones.
Durante unos minutos, mientras el ocaso se hacía brisa cálida, olvidó quién era, por qué era de ese modo, y hasta sonrió mientras sentía la mano de ella sobre la suya. Durante esos minutos eternos de primavera se meció en el horizonte. Durante unos minutos sólo quiso ser posiblidad de un sueño...
Durante unos minutos se olvidó del miedo y volvió a creer que una lágrima bastaría para el perdón

martes, 5 de mayo de 2009

UN NIÑO EN BRAZOS


Estoy escuchando música de Bob Marley gracias a que un amigo nos permite con su duro trabajo exhaustivo y tenaz, escarbar en los recuerdos y en los olvidos, en aquello que una vez ocupó nuestra juventud.
Ayer decidí que este rincón se asperjase con la fragancia de la utopía, que, por alguna razón inextricable, en mi ánimo se parece al del tomillo.
Hoy defiendo, otra vez, que es necesario recorrer el camino hacia este país, en realidad, si hacemos caso a Tomás Moro deberíamos hablar de una isla. Diréis que soy un perfecto imbécil, y que el camino hacia el frenopático no está muy lejos de mí.
No, creo que no.
Ayer respondí al comentario de Isolda que, como siempre, nos llegó acompañado de un beso sureño, que si fuéramos capaces de comprender que la tierra y su vida y su belleza no son herencia de nuestros antepasados, sino préstamo realizado por nuestros descendientes, quizá todo podría comenzar a cambiar.
¿Qué nos dirán nuestros hijos, cuando reciban el mundo que estamos destruyendo?
A lo mejor se trata de una pregunta cargada de trampas, porque alguno podréis pensar que quizá suena a coerción o llamada la falta de libertad.
No, si pensáis esto os engañáis...
¿Cuándo portáis o habéis portado un bebé en brazos, no habéis sentido que toda su frágil existencia depende de un gesto vuestro, de un mal gesto por ser algo más precisos...?
¿Acaso no es lo mismo que dejarle caer de nuestros brazos, usurparle el goce de la naturaleza, hurtarle la verdad del pasado, evitarle la contemplación de los monumentos que otros mucho antes que nosotros construyeron, impedirle que disfrute de los inviernos y de los veranos, de los otoños y de las primaveras, contaminarle el aire, el agua, el pensamiento, cercenarle la libertad...?
Ahora escucho una canción de amor y utopía y es que el verdadero territorio de la utopía es el amor, porque sólo desde su dialéctica imperecedera se comprende y se experimenta que es más inteligente dar que recibir...
En fin, hoy insisto en lo de ayer, y no me alargo más. Quizá lo de ayer fue excesivo...
Va ser que esta primavera, por fin disfrutamos en Segovia de una primavera con todos los atributos clásicos de ella, me deja el corazón impreganado de sueños. Si creemos que un camino de un millón de pasos comienza con el primero, quizá sea posible evitar todo ese mal que nos acecha con sus afilados dientes.
Para completar esta entrada os invito que escuchéis algo de Mozart, sin duda uno de los músicos que más ayudan a que la esperanza fluya por las venas, haciendo que nuestros glóbulos rojos bailen y sonrían.

lunes, 4 de mayo de 2009

¿UTOPÍAS PARA EL PRINCIPIO DE MAYO?

Foto tomada de imágenes Google

La palabra de cada día 2004.
Diario de un opositor. Mes de mayo

*
(En realidad este texto debería haberse publicado el 1º de mayo, pero dado que era comienzo de un largo puente, he preferido dejarlo para el primer día laborable tras la fiesta).
*
Cuando este mes arranca, mi primer pensamiento va dedicado al mundo entero, con el ferviente anhelo de que sea un mes (iré poco a poco en mis deseos) en el que los males que tanto nos dañan, al menos, se atenúen.
Cuando el primer día del mes ha sacado a la calle a los que con su trabajo hacen posible que los pueblos y las naciones crezcan, hoy que es el día de fiesta más universal, pues en todo el planeta se celebra, hoy, digo, deseo que mi bandera sea de leve gasa transparente, que no lleve ninguna idea prefigurada, ni ninguna preferencia divisora o partidaria. O mejor aún, que reúna todos los colores del universo, del arco iris. Porque en el fondo, creo que las ideas, cuando son eso ideas, no puñales invisibles lanzados por las neuronas, son patrimonio de todos, de cualquiera de nosotros.
Quizá no sea bandera, más bien, ingenuidad infantil e irredenta. Quizá sea sueño utópico. Pero es mi sueño:
Me encantaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que nadie tuviera que huir de la tierra que le vio nacer, porque pasa hambre, porque sus ideas no tienen una silla donde descansar, porque el color de su piel resalta sobre el fondo del paisaje, porque su opción sexual es diferente al de la mayoría, porque su libertad es el sueño roto a causa de los opulentos, porque su inteligencia ha sido rechazada, porque sus ideas son como vagabundos erráticos, porque su mano, me da igual la izquierda o la derecha, sólo tiene una posibilidad: agarrar a la otra, pues la pala, el pico, el martillo, el arado, el teclado, las redes de pesca, se deshicieron en un sueño ancestral, en una pesadilla cósmica de guerra, caos, injusticia, pobreza, hambre, enfermedad, ambición de las multinacionales y corrupción de los poderosos.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que ser mujer no fuera sinónimo de ser hembra, sólo hembra y en muy pocas partes del mundo ser humano. En que ser mujer no signifique trabajar el doble, o el triple, o el quíntuplo que un varón y cobrar la mitad, la tercera parte o no cobrar. En que ser mujer no equivalga a sufrir, ignorar, engendrar, parir y morir. En un mundo en el que su vida femenina sea un periplo de estatura humana: hija, nieta, estudiante, amiga, compañera, amante, artista, deportista, pensadora, política, profesora, madre, abuela…, persona, en fin, persona inalienable, libre y plena. Pero ante todo, en un mundo en el que por todo eso, y por muchas más cosas que me dejo, ser mujer signifique, como poco, no ser menos que los varones.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que cada aldea, pueblo, villa, ciudad, metrópoli, megápolis esté llena de su gente, hombres y mujeres, que van o vienen de trabajar, van o vienen de ocupar su tiempo ganando el pan, la leche, la carne, las verduras, el pescado, el vestido, el coche nuevo, los libros, los discos, las entradas para el cine o el teatro y la hacienda, sirviendo a las necesidades de los demás, no pasando el tiempo, sino llenando sus horas de aquello que soñaron entregar a sus vecinos, aquello para lo que están más dotados.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que, un poco después de amanecido, los niños, TODOS LOS NIÑOS Y NIÑAS, vestidos con los colores del arco iris, corrieran calle arriba, o calle abajo (por mi calle, por tu calle, por cualquier calle de este planeta llamado Tierra), con sus bolsas, sus carteras, sus mochilas, sus carpetas, sus bandoleras, repletas de libros y bocadillos e ilusiones y caramelos y sueños y chocolatinas y felicidad y muchas chucherías y salud rebosante y sonrisas manchadas de cacao y juguetes...
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que cada joven, previo aprendizaje con el amable maestro, fuera capaz de mostrar con orgullo y satisfacción aquello para lo que se preparó, aquello con lo que ha de disfrutar y nos hará la vida un poquito mejor, aquello con lo que ha de enriquecer a toda la humanidad, empezando por aquel amable maestro que le enseñó cuanto sabía, y que, ahora, ha aprendido, con una sonrisa leve, lo que le ha enseñado su discípulo.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo donde la diferencia entre los más ricos y los más pobres fuera una casa, un yate, un aeroplano, un coche, un pantalón, dos camisas, alguna corbata, quizá un sombrero (o una pamela) y un paquete de cigarrillos… Si acaso, en alguna extrema excepción de opulencia o de miseria (según se mire), y siempre bajo prescripción facultativa, una botella de güisqui. Todo ello teniendo en cuenta que el más pobre tiene derecho a cambiar de camisa cada día, pues también suda; o si quiere, y el calor no aprieta, se puede poner la corbata (o las medias) que combine, a su criterio, con la americana o con la camisa (o con la falda), y esté a la última moda de París, pues los pobres son elegantes y tienen sentido de la estética; o si quiere, y le hace falta (en estos casos los gobiernos podrían intervenir, por cuestiones de contaminación), puede cambiar de coche cada cinco años, o de yate cada quince, pues el mar Mediterráneo, o el del Caribe, o el que sea, son hermosos y acogedores..., también para los pobres.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo, en el que al respirar el humo de las fábricas, los coches, etc., no destroce mis pulmones, ni agujeree la famosa capa de ozono (que no es una capa con polillas, aunque debe parecerlo); en un mundo en el que comer no sea nutrirse con extraños elementos químicos que corroen y destrozan el organismo; en un mundo en el que el agua fuera H2O, y no la misteriosa amalgama química que nos transportan purines, insecticidas, nitratos, nitritos, metales pesados, arsénico, mercurio, y otros venenos producidos en multinacionales legales y no encarceladas.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que las cárceles, los campos de concentración, los campamentos de refugiados, los manicomios, los correccionales, los reformatorios, los acuartelamientos, los calabozos, fueran sólo una tramoya desvaída de algunas películas de terror o de violencia, sólo recomendadas para adultos.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo, en el que los fusiles fueran tubos de telescopios, los carros de combate material reciclado para izar puentes sobre ríos, las bombas se fundieran para construir baldes donde acarrear los frutos de los campos y alguna metralla sobrante, perdigones para las escopetas de feria.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que la opinión de cada uno fuera tan reverenciada como la propia opinión. En el que escucháramos las palabras de los demás, con la misma fruición con la que escuchamos el latido de nuestro corazón. Un mundo regido por una Constitución Universal, cuyo preámbulo fuera un hermoso soneto de amor de Shakespeare, o mejor aún de Quevedo como el que termina así: “(…) serán ceniza, mas tendrán sentido/ polvo serán, mas polvo enamorado”.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que las emisoras de radio, los periódicos y las televisiones sólo dieran como noticias: avances científicos, últimos libros publicados, debates entre los filósofos, la última sinfonía compuesta, los nacimientos habidos en nuestra calle, los resultados de los partidos de fútbol, los resultados de los partidos de cualquier cosa, y el parte meteorológico.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que los niños, o los ancianos, pudieran pasear a las tres de la madrugada en una calle oscura sin tener miedo a nada, ni a nadie, salvo al saludo cortés de otro ciudadano.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que trabajar sea crecer, y estudiar sea crecer, y compartir la vida sea crecer.
Me gustaría despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que cada entierro que hubiera que hacer, fuera el de un viejecito, o una viejecita, que dejó de respirar, sin más, en su cama, acompañado del dulce aliento de los suyos, de todos ellos.
Me gustaría, en fin, despertarme, por qué no mañana, en un mundo en el que rezar a Dios, a cualquiera, o no rezar a ninguno, no sea motivo para que una bomba estalle a nuestro lado y nos saje una pierna o nos dinamite el corazón, sino motivo de respeto, el mayor motivo de respeto…
*
Otros también imaginaron, como yo: pinche e Imagine

domingo, 3 de mayo de 2009

ARTISTA, OBRA Y VIDA.

Foto de Piotr Ilich Chaikovsky tomada de Wikipedia
Escribía esta mañana de sol y contemplaba el cielo como si se hubiera cubierto los hombros con un echarpe de seda azul e hilos dorados. Escribía una carta a un amigo sobre poesía, lo que es necesario para quien le gusta escribir poesía. Quizá sea contradictorio, porque a lo mejor lo lógico hubiera sido escribir algún verso, pero hay épocas en la vida en que es necesaria una parada... Algunas veces, para reflexionar mejor, concreto ideas mediante la escritura.
A pesar de que en casa el silencio era mi mejor aliado, he puesto música, la que emitía Radio Clásica de Radio Nacional de España.
De diez a once de la mañana han hablado de la sexta sifonía de Piotr Ilich Chaikovsky, la Patética.
Pero no quería hablar ni de esta música (al menos en principio), ni de su autor, sino de algo que han comentado de pasada en el programa y que me ha tenido distraído unos segundos que, además, coincidían (¿casualidad?) con la idea que pretendía escribir: lo importante no es el artista, sino su obra. Después de escuchar lo que he escuchado, y que también se recoge a continuación, el párrafo ha quedado más o menos así:

Porque, y este es otro asunto al que te refieres en tu carta con el que estoy totalmente de acuerdo, lo importante no ha de ser el artista, sino la obra. ¿Qué más nos da que la Patética (es lo que emite ahora Radio Clásica) la compusiera Tchaicosky u otro. Lo importante es que esa obra que a uno le pone el alma como una esponja de lágrimas creativas. La escribió Tchaicosky, y sólo por eso merece estar en nuestro recuerdo, en nuestra mente, y debemos de reconocerle el mérito sublime de haberlo hecho, pues sin él no habría existido, pero él sólo la dirigió una vez, y murió. (Acabo de escucharlo. Parece que murió a los tres días del estreno en San Peterburgo, que fue sin pena ni gloria. Diez días después, con el pobre autor bajo tierra, el éxito fue clamoroso). Esta música está ahí, suena y emociona como a mí ahora mismo ciento dieciséis años después de su estreno (mes arriba o abajo). Eso es lo importante, los creadores son un medio (unos más importantes que otros desde luego) del que se sirve el arte para su continua vida, que fluye sin parar.

El compositor ruso es conocidísimo por su obra. Ahora ya no tienen importancia los motivos de su muerte que se pueden consultar en varias de sus biografías (hay dos teorías sobre ella), ni siquiera importa mucho saber a ciencia cierta otras intimidades de su vida, incluso aunque influyeran en su expresión artística, lo que ocurrió, sin duda. Lo verdaderamente trascendental (en el sentido más etimológico del término, es decir, aquello que ha trascendido el tiempo) ha sido esa música que continúa y continúa...
Hoy en día (quizá haya sido siempre así, pero como no estábamos allí no lo conocemos a ciencia cierta) parece que es más importante la vida privada del artista que lo que hace, y uno, en su torpeza, piensa que ese camino es errado. En realidad la vida privada tiene importancia decisiva para quien está próximo al ser humano; pero al resto solo debiera de importarle en cuanto que afecta o ayuda a ese proceso de creación. Nada más. Y nada menos.
La vida no hace al artista, más bien, el artista es quien convierte su vida en objeto de su arte. Lo cual no es lo mismo.
Las notas que escribió este ruso, a los cincuenta y tres años, son notas que estremecen la piel y el alma y que conducen al patetismo. No hay duda de ello. Son melodías que han surgido de una vida, son la consecuencia o la respuesta a una vida. Pero no todas las vidas que sufrieron como él sufrió o padeció, han entregado al resto del género humano una obra semejante. Es posible (seguro) que muchos sufrieron, sufren y sufrirán más que el propio músico, pero cuando escuchamos su música nos estremecemos.
Este es el valor de la obra, este es su éxito
En este enlace hay una versión del último movimento de la obra. Se trata de una versión en la que Mariss Jansons dirige la Concertgebouw Orchestra. No sé si será la misma versión que se ha emitido esta mañana en la radio. Desde luego la orquesta era la misma. Tiene una duración de casi once minutos, pero si podéis, fijad vuestra atención no sólo en la inmensidad de la melodía, sino en el rostro del director. Tengo la impresión de que a partir del minuto cinco dirige con la expresión de su rostro.
Él sí ha comprendido el sentido de lo que interpreta... Escuchemos.

sábado, 2 de mayo de 2009

AY, NIÑA.


Poema incluido en el libro inédito Jirón de viento.
Versión de 2005

Ay niña, aquella oscura noche cubierta de profundas estrellas entristecidas acosó, de pronto, aquellos sueños millones de veces acariciados por nuestros párpados cansados, hojas otoñales tendidas en el descanso de la negritud coloreada por la fantasía. Clamaron las trompetas del horror más sinsentido. Las fanfarrias noctívagas clausuraron la última sonrisa reclutada al fuego del ocaso vespertino. Como hace más de mil millones de años la sutil fragancia de la paz fue abortada por la náusea pestilente del pulpo succionador de todo hálito que pudiere revolotear prendido, apenas, sobre un suspiro, apenas sobre un deseo, sobre un leve pálpito acaso. Ay, niña, los llantos de los muertos orlan de jirones cárdenos la noche. Crujen las pálidas estrellas que cubren el universo. Tiembla, acaso asustado, el último cometa del penúltimo rincón de la galaxia.

Imagen tomada de Google. El cometa Halley

viernes, 1 de mayo de 2009

MENSAJE PARA JOYCE. 3

(Por si no recuerdas la 2ª parte, esta es la página)
Ayúdame, Joyce.
En aquel par de palabras que temblaban no había identificación de autor ni explicación de lo sucedido. Mero grito exigente.
Sin embargo, algo se había avanzado. La inicial y vaga petición de ayuda se concretó. Incluso, quizá por tal concreción, el imperativo era menos dulce, al no atemperarse con el 'por favor' del primer mensaje. Ya no era un grito en el desierto de la noche cibernética ni una botella de náufrago arrojada en medio del océano. El desesperado o desesperada tenía un interlocutor: Abelardo Botícher, alias Joyce. Y eso era parecido a decir que había encontrado un salvavidas en mitad de la noche, tras un naufragio. O tal pensó Abelardo que supondría su anónimo interlocutor
A pesar del temor, se decidió. Mejor proseguir. Lo más que podía pasar, pensó, es que fuera una broma de mal gusto, pero podía suceder lo contrario, que, en efecto, ayudara a alguien que cruzaba mares tempestuosos.
Si no me dices quién eres, no te podré ayudar... Al menos di qué puedo hacer.
Se imaginaba que la frase, recogida sobre sí misma cual pelota inquieta, se deslizaba veloz y botaba, a través de los cables, o de los hilos del teléfono, o de las ondas espaciales, y llegaba al monitor de su anónimo comunicante en peligro, donde, como flor al alba, desplegaría su aroma en forma de palabras.
De nuevo la respuesta se demoró.
Zukerman abandonaba a Beethoven e interpretaba a Haydn.
Pasaron varios minutos. Quizá la situación era más grave de lo que había pensado. Acaso había dudado en exceso antes de contestar la primera vez. A lo peor, el mal no tenía remedio. Sin embargo, cuando empezaba a desesperar, la pantalla escupió su mensaje, el retorno del suyo. Antes de leerlo pensó que no eran formas de mantener una conversación.
Joyce, te necesito. Estoy a punto de sucumbir. Ven, por favor.
Intuyó una lágrima columpiándose en el precipicio abrupto de algunos ojos. Esta vez no dudó. Su respuesta fue, se podría decir, a bote pronto.
Pero, ¿a dónde demonios tengo que ir?
De nuevo el silencio, es decir, el cursor que parpadeaba inalterado sobre una línea en blanco.
Volvió a encenderse otro cigarrillo. Parecía su sino aquella noche. Le apetecía un trago de cerveza; la de la mesa se había calentado. Iría hasta el frigorífico. Pero la angustia de la situación le impedía levantarse, por suerte.
En esta ocasión, la respuesta fue más rápida, casi inmediata.

jueves, 30 de abril de 2009

CARTAS A UN JOVEN POETA (RAINER MARIA RILKE)

Foto de Idea Vilariño, tomada de Internet

Se ha muerto Idea Vilariño. Este nombre, para mí era un nombre más que formaba parte de mi incultura literaria. La Red, sin embargo, se ha llenado, como por arte de magia, de sus poemas, de referencias a su vida, de detalles de su obra.
Todo lo que mi torpe péñola quisiera pergeñar en esta página virtual, sería, acaso, una mera crónica de urgencia que conduciría a pocas partes, a ninguna, para ser precisos. En el mejor de los casos a repetir lo que tantos otros han dicho con mejor tino; y digo que, en el mejor de los casos, porque no sería de extrañar que, por el absurdo afán de decir algo original, encallara en un barrizal de torpezas o inexactitudes.
Supongo que una buena amiga me permitirá que le tome prestada la frase, que creo que no es suya, y haga una adaptación libre: Cuando muere un poeta, muere una enciclopedia del corazón humano, por eso a uno, que quisiera ser poeta (y a lo mejor aún no sabe que eso es lo que más desea del mundo), se siente algo alicaído y algo enfadado con sigo, preguntándose por la razón de su ignorancia.
La respuesta es fácil: el ser humano es muy limitado y la pereza es un pájaro negro que anida muy fácilmente en los corazones.
Hoy leer un poema de Idea Vilariño será lo más fácil en cualquier sitio. Por ejemplo, y sin salir de esta página, si os vais a la columna de la derecha donde dice, Estos son mis paisajes, podréis acercaros a la La Zona Irredenta donde a estas horas en que esto escribo Adrián Dorado ya ha colgado uno hermosísimo; también en el blog de Juan Cruz, hay varios poemas de la poeta uruguaya trascritos por algunos de los participantes en la tertulia... Si escribís su nombre en cualquier buscador, encontraréis varias páginas con reseñas biográficas y con algunos de sus poemas.
Los que he leído, y no han sido muchos, me han abierto un socavón en el alma que se ha llenado de luz. No puedo decir más.
Entre las reseñas que he visto, he leído algo que me ha llamado la atención muchísimo, además de saber que su padre era anarquista y su madre católica:
Es un caso singular. Por su personalidad y convicciones, Idea Vilariño rechazó durante largo tiempo toda posibilidad de promocionar su nombre. Los editores la urgían a promover sus libros y ella se rehusaba. Más aun, mantuvo un silencio casi completo respecto a su obra, hasta el punto de negarse con regularidad a entrevistas de cualquier tipo. Sólo en 1997 aceptó contestar las preguntas planteadas por Rosario Peyrou y Pablo Rocca, en las que se basa el vídeo Idea, estrenado en mayo de 1998, y que ahora puede encontrarse en bibliotecas. Si bien Vilariño aceptó diversos premios e invitaciones tanto en su país como en el extranjero, nunca quiso comentar sus poemas ni escribir sobre su obra poética.(http://www.los-poetas.com/d/vilar.htm).
Este párrafo, me ha recordado algo que tengo marcado a fuego desde hace no mucho: una parte del texto que Rainer Maria Rilke escribió a Franz Xaver Kappus, en la primera carta que le envió al entonces joven poeta desde París, el 17 febrero de 1903 (el subrayado es mío):

Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes ha preguntado a otros. Los envía usted a revistas. Los compara con otros poemas, y se intranquiliza cuando ciertas redacciones rechazan sus intentos. Ahora bien (puesto que usted me ha permitido aconsejarle), le ruego que abandone todo eso. Mire usted hacia fuera, y eso, sobre todo, no debería hacerlo ahora. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Hay sólo un único medio. Entre en usted. Examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba si extiende sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir. Esto, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: ¿debo escribir? Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser un signo y un testimonio de ese impulso. Entonces como el primer hombre, decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde. No escriba poesías de amor, apártese ante todo de esas formas que son demasiado corrientes y habituales: son las más difíciles, porque hace falta una gran fuerza madura para dar algo propio donde se establecen en la multitud tradiciones buenas y, en parte, brillantes. Por eso, sálvese de los temas generales y vuélvase a los que le ofrece su propia vida cotidiana: describa sus melancolías y deseos, los pensamientos fugaces y la fe en algunas bellezas; descríbalo todo con sinceridad interior, tranquila, humilde, y use, para expresarlo, las cosas de ambiente, las imágenes de sus sueños, los objetos de su recuerdo. Si su vida cotidiana le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que no es bastante poeta como para conjurar sus riquezas: pues para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre e indiferente. Y aunque estuviera usted en una cárcel cuyas paredes no dejaran llegar a sus sentidos ninguno de los rumores del mundo, ¿no seguiría teniendo siempre su infancia, esa riqueza preciosa, regia, el tesoro de los recuerdos? Vuelva ahí su atención. Intente hacer emerger las sumergidas sensaciones de ese ancho pasado; su personalidad se consolidará, su soledad se ensanchará y se hará una estancia en penumbra, en que se oye pasar de largo, a lo lejos, el estrépito de los demás. Y si de ese giro hacia dentro, de esa sumersión en el mundo propio, brotan versos, no se le ocurrirá a usted preguntar a nadie si son buenos versos. Tampoco hará intentos de interesar a las revistas por esos trabajos, pues, pues verá en ellos su amada propiedad natural, un trozo y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad. En esa índole de su origen está su juicio: no hay otro. Por eso, mi distinguido amigo, no sabría darle más consejo que éste: entrar en sí miso y examinar las profundidades de que brota su vida: en ese manantial encontrará usted la respuesta a la pregunta de si debe crear. Tómela como suene, sin interpretaciones. Quizá se haga evidente que usted está llamado a ser artista. Entonces, acepte sobre sí ese destino, y sopórtelo, con su carga y su grandeza, sin preguntar por la recompensa que pudiera venir de fuera.

(Cartas a un joven poeta. Rainer Maria Rilke. Traducción José María Valverde. Alianza Ediotorial. 1994. pág.24-27).

Etoy seguro de que Idea Vilariño hizo de este párrafo el lema de su vida, y por ello creo que ahora es un buen momento para rescatarlo del olvido y para haber tejido con él, desde este rinconcillo un homenaje a su memoria.

miércoles, 29 de abril de 2009

FILANDÓN (A la memoria de Antonio Pereira)

Antonio Pereira en una foto reciente.
El Norte de Castilla Edición Digital
El pasado sábado 25 de abril en León, ha muerto de un paro cardiaco Antonio Pereira uno de los mejores cuentistas de España, un maestro del relato breve (oral o escrito). Unos días antes, el domingo 19 de abril, su amigo el gallego, leonés de adopción, José María Merino leyó su discurso de ingreso en la Real Academia de La Lengua Española. El nuevo académico había sido propuesto, entre otros, por otro leonés, Luis Mateo Díez... El mismo José María Merino repitió protagonismo el día 22 al recibir la medalla de oro de las letras de Castilla y León.
No es raro, pues, que dadas tantas coincidencias, mi memoria haya desempolvado un pedacito del diario de 2006...
El trozo que extraigo se desarrolla durante finales del mes de septiembre de aquel año. Era sábado. El penúltimo sábado del mes. Se celebraba la primera edición del Hay Festival en Segovia... Estaba nublado, pero mi corazón latía cubierto por la ilusión...
La palabra de cada día.
El Jardín de la memoria.
Año 2006
El sábado por la mañana, subí a San Juan de los Caballeros, donde me pasé el día como quien dice, pues los cuatro actos a los que acudí se celebraban allí. Sin embargo, no subí por la Calle San Juan, como dicta la lógica, sino que lo hice la Calle Real por dos motivos. Acercarme a la taquilla del teatro Juan Bravo y allí adquirir una localidad para el acto de Ian Gibson que se me había pasado, pues no recordé que la intervención del hispanista irlandés sería acerca de su biografía sobre don Antonio Machado. De todos modos, tal cosa era una excusa, pues supuse que a esas horas, casi el mediodía, la taquilla presentaría una buena cola y ya barruntaba a aquellas horas que me haría con la localidad por la tarde, una vez que hubiera comenzado el primer acto vespertino.
¿A quién engañaré? La verdadera razón por la que subí por la calle Real era que tenía la sospecha de que por ese camino me encontraría con Luis Mateo Díez, a quien iba a ver, junto con otros tres escritores, para el acto titulado Filandón.
Si veinticuatro horas antes había tenido suerte con Félix Grande, por qué no con el leonés.
De nuevo lo novelesco se produjo.
A la altura del Hotel Sirenas, donde se hospedaban, supongo, vi al escritor admirado. Acompañaba, o más bien servía de bastón, a un anciano que supuse sería uno de los contertulios que compartirían ágape de palabras más adelante; pero como no le conocía dejé que siguiera su camino.
(Y en este gesto de indiferencia, mostré, una vez más, mi absoluta incultura, mi ausencia total de preparación...).
Me interesaba Luis Mateo y a él me dirigí. Le estreché la mano y me presenté.
(Mi mano estaba helada, la suya cálida).
Es más delgado aún de la idea que dan sus fotografías de las solapas de sus libros. Tenemos la misma altura, más o menos. Tal y como siempre me ha parecido en sus libros, sus ojos son muy penetrantes, además son muy luminosos y vivos. Su cabello blanco, su perilla blanca. No sé, creo que encarnaría a las mil maravillas un don Quijote. Desde luego la caracterización la tiene hecha y no es necesario que se prepare físicamente. Por mí ni la voz. Es tan honda y tan intensa esa voz.
Le expliqué mi admiración por su obra y le dije que ya le había enviado un libro, incluso una carta. Y me confesó la verdad. Con una claridad y una contundencia que agradezco, porque a uno le confirma las sospechas y lo previene para ciertas veleidades. Dado el volumen de la correspondencia que recibe y el número de libros que le envían, es imposible que lea todo lo que cae en sus manos. Lo dijo de otro modo, ‘Es tal la avalancha que me declaro insolvente’.
Como siempre, su uso del idioma, incluso en la conversación más coloquial, me dejó pasmado. Insolvente no sería la palabra que yo utilizaría para eso, aunque quizá la empiece a utilizar. Como hice con Félix Grande, no quise ser pesado y le dejé ahí. Supongo que, a pesar de que nos volvimos a topar en la entrada al acto (justo en el centro del crucero de la iglesia, también es casualidad) y allí nos reconocimos mutuamente y nos saludamos con una sonrisa afable y sincera (sus ojos son muy expresivos, volví a confirmarlo), seré un rostro que ya se le habrá olvidado. Y si, como me dijo, tiene por ahí mi libro, Cuentos de Euritmia, por ahí lo seguirá teniendo. No seré nadie en su memoria.
Lo cual, dicho sea de paso, es lo normal. Otra cosa hubiera sido un milagro, aunque sólo sea porque su actividad para la escritura la tiene que compartir con la de funcionario del Ayuntamiento de Madrid.
El Filandón es, o era, una costumbre desarrollada en el Noroeste español, por la zona de la montaña leonesa, en aquella parte que es una especie de escaprado cruce de caminos entre León, Galicia y Asturias.
Cuando la eterna noche inverniza se aposentaba sobre los pueblos, las gentes se reunían alrededor de la lumbre y se contaban historias, se decían poemas, dejaban que la realidad viajara hacia la ficción o la ficción se acercara hasta la realidad. Algunas veces la realidad parecía más ficción que la propia ficción, como sucedió con aquella historia del lobo.
El sábado por la mañana (a pesar de la incongruencia del horario) disfrutamos de una sesión de cuentos llevada por cuatro escritores leoneses de pro: Luis Mateo, Antonio Pereira, Juan Pedro Aparicio y José María Merino.
En esta sesión hemos disfrutado de la literatura en vivo. Quizá haya sido el evento más literario de todos los que he asistido, pues no se ha hablado de literatura, sino que se ha hecho literatura. Como cuando los toreros se pican en los quites, así los escritores nos han inundado con sus cuentos o minicuentos, ha sido una especie de orgía de breves historias en las que el ingenio era lo más destacable. Uno sabía que la sorpresa saltaría al final, en la última frase. Allí seríamos testigos de un salto mortal o de un triple salto mortal, ¿quién lo sabía?, que nos situaría en un lugar inimaginable sólo un par de minutos antes. Normalmente, supongo que buscado a propósito, dichas conclusiones han provocado la hilaridad o la sonrisa y los aplausos de la concurrencia. Quiero decir que se ha tratado de un acto de tono festivo, sin melancolías. Muy vital, muy directo. Cargado de esa misma fuerza que tienen los antiguos relatos orales... El público no ha intervenido, salvo una tímida pregunta. Por unanimidad hemos preferido que siguieran contándonos sus cuentos.
Un Filandón en toda regla, aunque haya sido bien de mañana.
*
Abril de 2009...
No han pasado ni tres años y ya nos queda tan lejos aquella hora. La cachaba parda donde se apoyaba, ya no siente el temblor de aquellos dedos. A pesar de la fama de los otros, recuerdo que las intervenciones de Pereira fueron las más celebradas de todas. También recuerdo que más de uno de sus microrrelatos lo tenía escrito en una hoja cuadriculada tamaño folio que había arrancado a un cuaderno de estudiante de bachillerato. Y recuerdo que el tono de su voz era determinante para que el sentido del cuentecillo quedara grabado en el alma de los asistentes, que disfrutábamos como niños pequeños...
Quizá esta costumbre de la zona de la montaña leonesa, que hoy ya no me es absolutamente desconocida, sea una cantera inimitable de escritores de raza. La rotundidad de aquella geografía, haber nacido en lugares que hoy reposan bajo las aguas (esta idea me la comentó Alena Collar, no es mía), vivir aislados del mundo durante la mitad del año, todos los años, obliga, supongo, a que la fantasía y una cierta forma de narrar aniden algunos hombres de esta parte del mundo...
De aquel cuarteto, hoy hay dos académicos de la lengua, un ganador del Premio Nadal y ex-director del Instituto Cervantes en Londres, y un cadáver que estará haciendo reír a los viejos amigos del Bierzo que le hacían un hueco para cuando llegara al Filandón eterno.

martes, 28 de abril de 2009

MÉXICO


Acabo de leer que la OMS ha elevado el nivel de alarma por causa de la peste porcina hasta el cuatro. Lo cual, por lo visto es muchísimo. También acabo de leer que un fuerte terremoto 5,8 en la escala Rittcher ha sacudido México.
Pablo Ordaz comienza así una magnífica crónica sobre la cuestión que publica El País digital :

La ciudad de México está en silencio, escuchándose a sí misma, sintiendo el ritmo de su respiración bajo los trozos de tela azul. A esta ciudad, que no se amilana ante nada y ante nadie, se le está empezando a notar el miedo en los ojos. Sólo en los ojos. Porque la sonrisa, que es su orgullo y su reclamo turístico, hace dos días que quedó sepultada bajo unas mascarillas que ya usan casi todos, desde los guardias de tráfico hasta los incombustibles mariachis nocturnos de la plaza de Garibaldi.
Una amiga con quien me escribo, y a la que conozco como Lectora de Poesía, ha escrito en otro lugar que le han dicho sus amigos de México que tienen vacaciones obligadas, que se han suspendido las clases no sólo en el DF sino en toda la República por causa de la Pandemia hasta el 6 de mayo. No hay lugares públicos abiertos: ni cines ni teatros ni museos ni iglesias (...). Las calles están desiertas y no hay bares ni antros ni nada abierto. Y, claro, una ciudad así es horrible. Le recuerdan que la gripe española en los años veinte mató entre 40 y 100 millones de personas. Y acaban sus amigos escribiendo esto de modo textual:

"El asunto no es ninguna broma, a ver dónde llegamos los mexicanos con nuestra gripe porcina. Sólo queda estar en casa, leer, escribir, y mirar la tarde; como mucho salir a pasear al perrito”.
Siento que esta desgracia necesita de un abrazo solidario, de una especial mirada atenta. En España se sigue con atención la evolución de esta pandemia, y en este rincón, por más motivos.
Por muchos motivos.
Uno de ellos es saber que muchas de los ojos que depositan con cariño y ternura sobre estas letras se asoman desde aquella República tan querida.
Es difícil imaginar vuestras calles bulliciosas y animadas, vacías de pronto. Es difícil asumir que las víctimas hayan aumentado de modo tan rápido. Es difícil calibrar el miedo que sentirán vuestras miradas por causa de este enemigo invisible e irracional...
Espero, de todo corazón, que todo quede controlado en pocos días, que se trate de una gripe que no origine más víctimas de las que ya ha originado, que, como aseguran los que saben de esto, la cura sea eficaz.
Ya ha provocado excesivo dolor, muerte excesiva este virus que no conoce de fronteras.

En Libertad bajo palabra Octavio Paz dejó escrito este poema, que es casi premonitorio de lo que ahora debe estar sucediendo en ese territorio amado.
LA CALLE
Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está obscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.
Desde este lugar de la meseta castellana, pero unido a vosotros de todo corazón y con todo el corazón, un fuerte abrazo y el ferviente deseo de una pronta solución.

lunes, 27 de abril de 2009

ANOCHECE EN CUÉLLAR

Vista del Castillo de Cuéllar. Foto tomada de la página web del Ayuntamiento de Cuéllar. http://aytocuellar.es/
La palabra de cada día 2004.
Diario de un opositor. Mes de junio

(Esta escena se desarrolla en la Huerta del Duque, en Cuéllar, a los pies del castillo que ilustra esta entrada, poco después del anochecer de un miércoles de junio de 2004, durante la presentación de Cuentos de Euritmia en esta villa segoviana. El acto, al aire libre, rodeado de buenos amigos, y familiares, corrió a cargo del profesor de Literatura Octavio Cantalejo que entonces era Alcalde de la villa cuellarana y hoy es Procurador en las Cortes de Castilla y León en representación de Segovia por el PSOE. Ya habíamos acabado de hablar él y yo. Yo con bastante torpeza, él diciendo unas cosas de mi libro que me dejaron anonadado... Y pocos minutos después ocurrió esto...)
*
Mientras firmaba un libro, escuché a alguien (luego supe que se trataba de Puri) que hablaba con Carmen, mi pariente de Chañe, acerca de un tal Nacho. Había abierto el libro por el relato de abril y había leído la dedicatoria.
(Por cierto, la dedicatoria dice “A Nacho y Cristina, donde estéis”.
Nacho y Cristina son los protagonistas mudos y pasivos del relato de ese mes. Son, quiero decir eran, dos niños a los que conocí durante mi etapa como monitor de ocio y tiempo libre en el Colegio de Apadefim de Segovia. Este colegio está dedicado a la educación para los niños con deficiencias y disminuciones físicas y mentales. Nacho y Cristina, en aquel entonces, tenían muy poquitos años y ambos sufrían parálisis cerebral y prácticamente de todo el cuerpo. En mi historia, son todavía más pasivos que en la realidad. A través de su mirada, lo único con cierta vitalidad aparente de su cuerpecillo, describo algunos otros niños con deficiencias o minusvalías y cómo es su relación con el mundo. De hecho este tema me interesa tanto que, en realidad, el arranque de la narración y su inspiración, por así decir, es un poema en prosa que escribí hace más de quince años, y que tiene por tema la sonrisa ausente, pero cargada de recuerdos inasibles, de Cristina).
Pues bien, casi sin entender las palabras de Puri, no sé por qué pensé que se trataba del mismo Nacho y de la misma Cristina.
Y a la vez que pensaba esto, me temblaron las manos, casi no pude seguir firmando en condiciones. Ansiaba que le llegara el turno a Puri.
Efectivamente, cuando le llegó el momento, todo se confirmó.
Le conté quiénes eran 'mi' Nacho y 'mi' Cristina.
Ella asentía a todo.
Me dijo que, efectivamente, eran los mismos. Me dio más detalles: Nacho (como yo imaginaba) había muerto hacía poco y, sorprendentemente desde entonces, Cristina había comenzado a hablar y se encontraba muy bien. Que el sufrimiento sirva para algo, pensé, después de haber pensado que los milagros existen. Porque que Cristina o Nacho pudieran hablar alguna vez es un milagro, que probablemente tenga que ver con alguna acción milagrosa de Nacho desde algún lugar...
Me dijo Puri que se lo comentaría a su madre. No me habló del padre. Espero que la historia que me inventé de sus padres, pensando en que nunca se enterarían de nada, no le afecte y sepa comprender que, obviamente, no me refería a ellos, sino a una posibilidad: la de no aceptar una desgracia de esas magnitudes.
Luego la noche siguió tranquila y fresca.
*
Hasta aquí lo que queda reflejado en mi diario de aquellos días. Hoy lo he recordado a cuenta de una carta que escribía a un amigo. Una carta en la que le decía que lo importante de los seres humanos, lo que verdaderamente los distingue de cualquier otra especie, son los afectos. Aquel curso en aquel colegio, aprendí esta lección y espero no olvidarla nunca. Mientras escribía esta carta que me ha traído estos recuerdos, escuchaba esta música, una música tremendamente melancólica, pero tan hermosa. Una música de un pobre republicano que componía como los ángeles y también fue amigo de la mayoría de poetas del 27, Salvador de Bacarisse>>.