jueves, 27 de agosto de 2009

RÍO PIEDRA

Pero antes que el domingo, pasó el sábado, también caluroso, como si un cocinero hubiera decidido asarlo en el horno abrasador que ojalá hubiera servido para asesinar por el sistema de cremación a todos los virus y bacterias, sobre todo los que atacan al corazón. Al mediodía, después de recorrer la distancia que separa Daroca de Nuévalos, accedimos al Monasterio de Piedra.
Si lo hubiéramos hecho a la inversa, acaso habríamos errado, pero la decisión de Marián fue un total acierto. Primero hicimos la visita guiada al monasterio, luego comimos y por la tarde, a la hora más calurosa, recorrimos el parque natural.
Según explicaron en la visita guiada, que compartimos unas sesenta personas, el monasterio cisterciense se erigió a petición del rey Alfonso II de Aragón y su esposa Sancha sobre un castillo anterior que a su vez había sido ocupado por los árabes. Llegué a la conclusión de que el ser humano siempre ha buscado el Paraíso, o alguna de sus dependencias, para aposentarse allí el mayor tiempo posible, si se pudiera toda la eternidad. A pesar de la ruina y destrucción que campea en algunas zonas que fueron territorio monacal (sobre todo en su iglesia), a uno le queda la sensación de que aún reverberan los susurros de las conversaciones de los frailes y el eco de sus salmodias que volaban hacia lo alto. Ni puedo ni sé ni quiero escribir ahora sobre la traza de las dependencias monásticas, sobre la belleza de su arquitectura, sobre la actividad que desarrollaron los monjes entorno al chocolate y al vino, sobre los siglos de silencio hacendoso, sobre el tiempo de destrucción y abandono. Me alargaría muchísimo, y eso que me alargaré, me temo. Que estas dos imágenes acudan en mi ayuda como endecasílabos de un poema aún sin forma.



Tras la comida, accedimos al lugar en el que pudo estar el jardín del Edén, o una de sus réplicas, repartidas por el planeta. Repito que el sol había decidido mostrarse en toda su fortaleza, y no escatimó ningún recurso. Y, sin embargo, nada más cruzar la entrada del parque, y acometer el primer descenso pronunciadísimo, los árboles se convirtieron en fieles testigos de nuestra ruta compartida por cientos de visitantes que, como nosotros, quizá se olvidaron del tiempo y entraron en una nueva dimensión que más tiene que ver con lo intemporal.

Desde el principio supe que accedíamos a una sinfonía de luz, color, formas y sonidos, donde el agua es la protagonista principal y la verdadera artífice de todo lo que nos rodeaba. El agua murmura, susurra, salmodia, parlotea, ríe, silba, canta, grita, llora, implora, martillea y calla. El agua acaricia, siembra, riega, esculpe, cincela, brinca, cae, duerme, acuna, amamanta. El agua torna vergel o jardín o selva el roquedal calizo de esta parte de la cordillera Ibérica.
Se conoce a este curso fluvial como río Piedra. Aquí, a diferencia de otros ríos, el agua no se limita a utilizar la piedra como lecho sobre el que discurre con más o menos calma. No se trata de un cauce que sigue la pendiente de una ladera y que al llegar a un precipicio se deja caer. El agua del río Piedra ha decidido esconderse en ciertos lugares, girar por zonas impensables, horadar aquí, saltar allá, estancarse un poco más lejos, avanzar como la infantería de un ejército encajonada en un cañón hermosísimo... El agua en este rincón es una niña juguetona y feliz, divertida y creativa. El agua del río Piedra es una escultora con dedos poderosos y delicados.

Pero que nuestras miradas llegaran a esta conclusión no fue instantáneo, sino que nuestros ojos descubrieron esta realidad poco a poco y se arrobaron con imágenes inusitadas, con perfiles huidizos, con reflejos de una paleta de colores cuya gama tiene más de mil matices. Incluso con texturas que parecían arcilla maleable, donde había roca firme pero al tiempo torneada en caprichosas formas curvilíneas.


En el Estanque de los Patos, y ante la cascada Trinidad, el ambiente aún era el de una excursión organizada. Era la primera cascada con que nos enfrentábamos y podía la sorpresa de admiración sobre cualquier otro sentimiento. En realidad esta cascada es la sala de retratos del lugar, es el zaguán en donde el visitante, sin saberlo, deja sobre una percha invisible el disfraz de turista y en un proceso tan paulatino que no se percibe, vuelve a ser la persona de cada día, esa mujer, ese hombre que viven su vida con sus grandezas y sus mezquindades, con sus sueños y sus pesadillas, con sus ilusiones y sus preocupaciones.

Al ascender en sentido inverso al cauce que trae el agua por la cascada Caprichosa, uno se daba cuenta de que los sonidos propios de una excursión, daban paso a los sonidos del arrobo, de la admiración contenida por la contemplación de una maravilla. Cada grupo, cada familia, cada pareja, cada persona adecuaba su ritmo al de su corazón. Del zurrón del alma salieron, como pájaros asustados, la impaciencia, la prisa, el tiempo, el desasosiego. Cada uno se detenía allá donde una flor, un sonido, una perspectiva podía servir de alimento para su corazón.


Nuestros pasos ascendían y descendían por pendientes en algunos puntos vertiginosas, tan vertiginosas como la escalinata casi interminable de la Cascada de los Fresnos. Sin duda buen ejercicio para el cuerpo, pero sobre todo para esa parte de nuestro ser que unos llaman alma, otros corazón, otros cerebro, otros psiqué y que yo resumiría en espíritu.


Después del espectáculo de la Gruta Iris y la Cascada Cola de Caballo, sin duda lo más fotografiado y admirado, seguimos hacia el Lago del Espejo.
Allí alcancé una sensación similar a la paz. En este punto, no sé por qué, el número de visitantes era menor, o fue menor en ese momento, o simplemente me pareció menor. Sólo cuando llegábamos a su extremo final, nos alcanzó un grupo que formaba, este sí, una excursión organizada. Hasta ese instante, el silencio invadió todo esa inefable porción escondida en el territorio del Parque. ¿Exagero si digo que nunca antes en mi vida he visto un agua más transparente? No, creo que no. No me extraña el nombre; y aunque sea el más evidente, es el más adecuado. Allí se comprende perfectamente lo que quieren decir palabras como transparencia, hialino, diáfano, traslúcido, puro, cristalino... Uno tenía miedo de hablar, no se resquebrajara el aire, y los pocos que paseábamos por esa zona murmurábamos entre nosotros, no nos atrevíamos a más, como si estuviéramos en una inmensa catedral de luz y agua, de aire y vegetación. Curiosamente la peña que refleja el espejo del lago se llama La Peña del Diablo.


Para mí fue la paz, con esa armonía de piedra, agua, luz, vegetación que invita a reflexionar sobre la vida, sobre su constante transformación, de tal modo que nunca concluye, pues de un elemento se pasa a otro. Y quizá aquí, donde el agua parece quieta, la piedra frágil, la vegetación aérea y el aire de cristal, es donde mejor se llega a esta conclusión. Nos habían hablado en el monasterio de la vida retirada y contemplativa de los monjes, pero aquí es donde estaba la verdadera capilla del lugar, aquí es donde se puede sentir la caricia de la respiración del creador.

Aunque no sea precisa esta afirmación, al abandonar el Lago del Espejo, se comienza el retorno. Tras una tremenda subida, se regresa hacia zonas ya vistas o intuidas desde el otro margen de la ribera. Como es obvio, volvíamos siguiendo el curso natural de la corriente. A medida que la tarde declinaba, y la luz del sol (aunque aún muy alta) descendía en lentísimo deliquio de oro, el sonido del agua se tornaba murmurio, quizá algo oculto por causa de las conversaciones de la multitud de visitantes que ocupábamos la zona. Unos, los menos, abandonábmos el lugar, después de algo más de dos horas de hermosísima caminata; otros la mayoría, sin saberlo aún, iban dejando el disfraz del turista en la Gruta de la Pantera, nada más abandonar la Cascada Trinidad.

Al regresar camino de Daroca, aún tenía como fondo de mis oídos el sonido del agua que quizá también había esculpido algo en mi corazón.

19 comentarios:

maririu dijo...

En los arcos de la primera foto hay trazas saracenas, parece piedra tallada el dibujo geométrico conviene bien al arte cisterciense, pero no es frecuente, además son gemelos. Pura curiosidad.

La maravilla es tu canto al agua, lo dices son futuros endecasílabos y los espero.

Amando Carabias María dijo...

Maririú:
La influencia morisca en la arquitectura de la zona es indudable. Esta es zona de arte mudéjar, y no es extraño en absoluto.
La verdad es que necesitaré algún tiempo para esos endecasílabos que sugieres, porque hay momentos tan intensos que necesitan asentarse más despacio.

Beatriz Ruiz dijo...

Intensas las palabras con las que nos lo has contado... Son parajes maravillosos, es cierto... pero amigo, ya lo dice Maririu, has bordado el espíritu del agua...

Gracias por las indicaciones para llegar a la pintura de Mariano... ya conocía el blog pero no encontraba la obra reciente...

Besos cariñosos desde Tenerife...

Gaspard dijo...

Preciosas fotografiosas. Preciosas.

Gaspard dijo...

Acerca de la muerte de Ruiz Giménez, personaje remarkable, como dicen los ingleses: con Areilza o Dámaso Alonso, uno de los pocos hombres con dignidad de la España vencedora. En medio de un debate que a veces remite a las propuestas lustracionistas de los hermanos polacos Kaczinski, es justo reconocerlo. Por cierto, Dámaso Alonso tradujo a Joyce.

Amando Carabias María dijo...

Beatriz:
Gracias por el comentario, y me alegro que las indicaciones te ayudaran para llegar donde pretendías. Ahora espero que la visión de la pintura sea de tu agrado.

Amando Carabias María dijo...

Gaspard:
La verdad es que esta vez las fotos han salido un poco mejor, me parece.
De la muerte de Ruiz Giménez me he enterado hace un poco. A mi modo de ver un gran hombre que puso por encima sus ideales al mero afán de permanecer en el cargo.
Interesante la selección de personalidades que realizas. Los tres, efectivamente, aunque nunca se me hubiera ocurrido unirlos, eran personas que me merecieron todo el aprecio.

Beatriz Ruiz dijo...

Mi querido Amando... Ahora mantuve una conversación vía mail con nuestro Mariano y me siento orgullosa al poder decir que "Danzantes" pasará a mis manos...

Y otra sorpresa... cuando finalice la exposición pienso ir en persona a recogerlo a tu tierra, así que por fin podremos vernos las caras, algo no tan interesante, lo sé... ya que hace tiempo que nos conocimos el corazón...

Ufffffffff... estoy contentísima...

Ferran dijo...

No estoy de acuerdo, Gaspard, pero es una diferencia política. Como tú has indicado tantas veces refiriéndote al "otro lado", ¿cómo voy a tomarme en serio a quien, en el momento de su dimisión, en febrero de 1956, señalaba su identificación con lo que representaban el Movimiento Nacional y Franco? ¿Cómo voy a aceptar que era un hombre decente quien justificaba los atropellos realizados por un gobierno del que él formaba parte? Rompió con ellos, sí. Pero...¿hasta entonces? La vara de medir tiene que ser la misma: Ruiz Giménez se enorgulleció, en su despedida como ministro, de haber llevado la camisa azul en la guerra de España. Y Tarancón, en sus memorias, indica lo muy útil que fue la tarea de este cristiano honesto en dar cobertura al régimen con el concordato, que firmó su sucesor en la embaja ante la Santa Sede. En los años sesenta, pasó a la oposición. Y mantuvo posturas de dignidad y energía en fases en los que otros flaqueaban, en 1976-1977. Pero ¿debemos dejar de lado la experiencia de colaboración y de entusiasmo? Gaspard, que cuando le hacen dimitir (no cuando dimite) le dice a Franco que él sólo quiere autentificar la democracia orgánica...! Me parece perfecta su evolución, especialmente cuando no es sospechosa de oportunismo. Pero ¿tenemos que considerar que había hombres decentes en una España en la que se fusilaba a los vencidos? Y no me refiero a un hombre de la calle, sino a un´altísimo responsable del régimen que no podía ignorarlo.

Gaspard dijo...

Amando, me han gustado especialmente la tercera foto (todo un contraste cromático, con esa cortina de agua como transición) y la última (parece una toma de satélite, las cumbres heladas rodeadas de verdor, casi imposible...).

Ferran, yo me pregunto cosas parecidas de Gregor Gysi. ¿No sabía nada?, ¿lo ignoraba todo? Gysi no fue ministro de Honnecker, pero podría haberlo sido. Desde luego, no era el artista inocentón de La vida de los otros, ni un pastor luterano, ni uno de los tipos en que Garton Ash podía confiar. Y allí lo tenemos, sin que nadie le reproche nada. Siento simpatía por Ruiz Giménez en la misma medida en que puedo hacerlo por el Dubczek del 68: creyeron que se podía evolucionar. Habían apoyado cosas horribles (Dubczek el golpe del 48), luego se equivocaron al creer que podrían enmendarse, y ambos acabaron marginados llegada la democracia. En todo caso, ni con un lado, ni con el otro. Yo me quedo como un "erasmista viejo", como lo llama Dahrendorf: Salvador de Madariaga.

maririu dijo...

Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.

No quiero justificarte
como haría un leguleyo,
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

Ferran dijo...

Claro, Maririu...pero no basta de historia y de cuentos y bien que lo sabes.

Yo respeto las evoluciones, como digo siempre, cuando avanzan en un sentido contrario al de los intereses de la persona que las hace. Entonces, me las creo. Pero, en otro lugar, alguien hablaba de Ruiz Giménez como un democristiano, hombre sabio y persona de paz. No. Cristiano sí, pero antidemócrata hasta mucho tiempo después. La sabiduría, en su caso, era un agravante: estamos hablando de la España en estado de guerra hasta 1948, de las ejecuciones conocidas por Ruiz Giménez, cuyas protestas públicas ante las mismas desconozco. Fue ministro en años tan graves como la mitad de la década de los cincuenta. Insisto en que no dimitió y que, cuando se fue, sustituido por Rubio, se declaró orgulloso de haber vestido la camisa azul en tiempo de guerra. ¿Cómo se puede llamar hombre de paz a quien, con más de cuarenta años, en plena madurez y con inteligencia, se empeñaba en dar cobertura a un régimen como el que teníamos en los 40 y los 50? Sin personas como él, el franquismo habría aparecido quedándose reducido a una expresión de falangistas pistoleros, curas integristas y militares que sólo ganan las guerras civiles. Pero gente como él sirvió para darle lustre. Y esa fase de su vida es vergonzosa.

Maririu, yo soy historiador y el poema de Celaya me deja sin trabajo, además de querer decir algo muy distinto a lo que, literalmente, podría suponerse...

Anónimo dijo...

Sí, Ferran, en realidad dice algo que no parece pero me ha parecido una traición no copiarlo entero aunque lo busqué por :
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos."
Y es verdad que para un historiador... ni para mí que a los 10 años quería ser profesora de Historia, pero estoy harta de leer lo bueno que son los muertos.

buenísimos... muertos!

En Tortosa hay gente que me considera cruel (y algunas cosas más) porque escribí una carta en el mismo sentido que tu intervención, cuando se murió mi profesor de Falange recordando que los años 40 también formaban parte de su biografía y me la publicaron. bueno en el año 2003.
pero por un lado hay peores en vida que
Ruiz Giménez, ya dijimos el otro día, en Barna que buscaron con un candil a los hombres honrados y demócratas de derechas ¿te acuerdas?
creo que en este caso ....se puede tolerar....
pero sobre todo a tal punto voy acostumbrándome a las oraciones fúnebres y retahilas de pésames en los blogs que frecuento, bueno en Mira... que sólo se me ocurre :"¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos."

bueno a lo mejor porque un día de estos me tocará a mí y no me enteraré de lo que dicen (mira que si no dicen nada y me entero!!!)

Amando Carabias María dijo...

Beatriz:
Llego tarde, porque al ver tu entrada, lo primero que he hecho ha sido ponerme en contacto con Mariano, para darle la enhorabuena.
Me siento orgullosísimo de haber colaborado para que tengas una obra suya en tu poder, y más una tan cálida, tan dinámica, una mujer bailando. La tengo ante mis ojos, parece el vuelo de una flor, de una rosa anaranjada o rojiza, y esa sonrisa que se aprecia...
Algo que no comenté en la entrada, y que no salió, que insinué...
Decía yo que la exposición se articula entorno a seis grandes retratos que representan a esos humanos que dieron, de algún modo, forma a nustro modo de ser occidental, europeo, mediterráneo.
El resto de cuadros más pequeños que están a su alrededor representan precisamente buena parte de esas cuestiones sobre las que reflexiona el ser humano, la vida, la muerte, el agua, la belleza... Y busqué femeninos, si os fijáis, porque la encarnación de estas realidades son mujeres.

Amando Carabias María dijo...

Gaspard, Ferran, Maririú-anónimo:
En este caso, como en otros, la muerte viene a tender un velo de misericordia sobre la vida de un hombre que por lo que decís tuvo su pasado.
Ponderar la evolución personal de alguien que se sientió de llevar la camisa azul durante la guerra, según nos dices, Ferran y acabó siendo Defensor del Pueblo durante los gobiernos del PSOE, supongo que es complicado.
No lo sé, y no sé si hay alguien que lo sepa, pero creo que tiene que haber una línea en la que el pasado no determine un juicio. Si no hubo sangre, quízá. Lo mismo esa podría ser la medida.
Me alío a Gaspard y me quedo con Madariaga, y más aún con Erasmo, aunque acabó como acabó y ser erasmista en España era tan peligroso como ser judío.

Amando Carabias María dijo...

Maririu:
Por lo demás, el poema maravilloso

Amando Carabias María dijo...

Gaspard:
Ah, muchísimas gracias por la opinión sobre las fotos. Estaban allí. Tuve suerte, supongo. Y si he puesto más que habitualmente es porque intuyeséis que no exageraba, que lo que voy diciento sobre el paseo es así.
La última foto es reflejo, es espejo...

Pepe Gonce dijo...

Amigo Amando, la descripción es maravillosa pero no me sorprende porque ya nos tienes acostumbrado a ello. Pero...lo de las fotografías, ¿son tuyas? pero si son de profesional...Enhorabuena por la crónica y por las fotos.

Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Pepe Gonce:
Pues sí son mías. Y más que hice. Supongo que también hay que estar un poquito inspirado, que la luz ayude (y desde luego ese día ayudó), ir conociendo la máquina. No sé.