miércoles, 5 de agosto de 2009

DOMINGO EN RIAZA

Regresamos el domingo a las tantas. Casi a las once de la noche. En la cabeza traíamos el embotamiento de un viaje repleto de imágenes.
La zona de Riaza, al nordeste de la Provincia de Segovia, está muy próxima, a las provincias de Soria, Guadalajara y Madrid.
Habíamos llegado a Riaza a eso de la una del mediodía, y una vez estacionado el coche en el aparcamiento habilitado por el Ayuntamiento, cazcaleamos por sus callejuelas.
Como tantos y tantos pueblos de Castilla, esta villa con nueve siglos de historia a cuestas, me da la impresión de estar sumida en la duda, en la eterna pregunta: ¿Continúo hacia delante o definitivamente me aquieto? Supongo que se tratará de una pregunta retórica, en especial para los casi dos mil quinientos habitantes de esta villa histórica, pero para los que venimos de fuera es algo que se percibe. Aunque uno no sea capaz de formularla de modo racional, esa sensación se clava en el alma en cuanto se llega a estos lugares, cuya verdadera pujanza se asienta en el forastero que viene atraído por la historia y la gastronomía. Aún en el caso de esta parte de Castilla, la zona que faldea junto al nordeste del Sistema Central, se le puede añadir, sin temor a cometer pecado de exageración, la riqueza paisajística.
El día nos recibió como si fuera un fresco vaso de cristal recién limpiado, aunque algunos angelotes traviesos habían decidido dar unos cuantos brochazos blancos sobre la superficie del celaje.
Riaza dista de Segovia casi catorce leguas, dirían los antiguos, o sea unos setenta y cinco kilómetros. Solo el viaje hasta aquí merece la pena..., si no conduces, como es mi caso. Acercarse a través de la N 110 hasta Riaza supone tener a la derecha del vehículo durante prácticamente todo el viaje los paisajes de una sierra que cada vez se acerca más, como si te acogiera.
Riaza tiene como mejor exponente su plaza mayor porticada, de la que os he dejado en la parte superior de este artículo una imagen aérea tomada de internet. La particularidad de esta plaza es la que se adivina en esta foto, razón por la que la he escogido: aún hoy día aquí se celebran los festejos taurinos durante sus fiestas patronales.
Después de haber comido un estupendo asado, como es de rigor en esta zona, dimos otra vuelta por el pueblo con la esperanza de que por fin la oficina de turismo, sita en la Plaza Mayor, cumpliera con lo que rezaba en el cartel que tenían puesto en la puerta de acceso. Inútil espera.
Tras una inspección de los diversos paneles informativos, dimos con el otro objeto de nuestra visita, visitar alguno de sus pueblos rojos y negros.
Por fin me decidí a sacar la cámara de fotos. Elijo ésta por una sola razón, para que comprobéis lo cerca que está la ladera de la montaña. Si ampliáis la imagen, se tiene la sensación de que se puede respirar el aroma de los pinos y los robles.
Y éste de la derecha es una porción del paisaje que se vislumbra a la salida del pueblo, tomando la carretera comarcal SG V 1111. Parte de esta vía es la recorrerimos las siguientes dos o tres horas, puesto que a lo largo de su longitud sestean los llamados pueblos rojos y negros a los que modernamente se ha añadido la tonalidad amarilla en su denominación por obvias razones de carácter turísitico.
Pero antes de llegar al primero de estos pueblos, a tres kilómetros, se abre una nueva carreterita, aún más estrecha, aún más empinada, que lleva directamente a la ermita de Hontanares. La subida es digna de un película de suspense. El bosque de robles abraza literalmente la vía estrecha y revirada. Se trata de un bosque tupido y denso, en que pareció a eso de las cinco y media de la tarde que anochecía, cosa poco probable tal y como se puede comprobar con las dos instantáneas que he dejado.
Al llegar a la cima, en cuya explanada se erigió la ermita en el siglo XVII, uno tiene la recompensa de contemplar un paisaje en que el horizonte se convierte en infinito, en donde los ojos pueden abrazar extensiones que pertenecen a Soria, Guadalajara, Madrid y Segovia. Si no me falla mucho la orientación (y puede que sí), acaso la extensión que se alufra(1) entre los dos árboles del primer plano pudiera pertenecer a Guadalajara, aunque quizá sea de Soria. No estoy seguro del todo.
Una vez abandonada la ermita y su paraje, entramos a tres pueblos que cualquiera llamaría aldeas, o mejor aún, aldehuelas, sin más, sobre todo en el caso de los dos primeros. No son los mejores, pero no teníamos intención de visitar los más reconocidos (según los expertos, Madriguera y El Muyo), sino de pisar los que la carretera nos fuera acercando.
Pero quizá esta visita se merezca otra entrada, la de mañana, por ejemplo.
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(1) Alufrar: Columbrar. O sea, divisar, ver desde lejos algo, sin distinguirlo bien.

29 comentarios:

Catherine dijo...

Referencia a tu respuesta de ayer : bien perfumada la entrada, con el aroma de los pinos y robles, màs de los pinos que quizàs tapan el de los robles. Qué bella me parece la Castilla!
Buen dia perfumado de cientos de olores.

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Gracias por tu valoración. Los aromas son importantes, y sin embargo, este sentido es uno de los que menos utilizamos los humanos. Hemos perdido muchos matices y es una lástima.
Cuando los que vivimos en ciudades, aunque sean tan pequeñas como Segovia, salimos al campo nos damos cuenta de la cantidad de olores que la naturaleza nos regala.

Amando Carabias María dijo...

Javier, nuestro serpa del grupo, me comenta y me demuestra que he deslizado un error. Lo advertí en el texto que podría sufrir algún error con mi GPS mental que es bastante primitivo.
Efectivamente, la foto de ese amplio horizonte divisado desde la explanada donde está la ermita de Nuestra Señora de Hontanares, no puede pertencer a la provincia de Guadalajara. Es probable que pertenezca a la propia provincia de Segovia o, con suerte, a algún territorio soriano.

Ferran dijo...

Demos la bienvenida a María, después de su envidiable y envidiado viaje, a la manera de los clásicos tendidos mientras bebían vino con especias y fruta, dejando, simplemente, que el tiempo se posara en los confines de su existencia, como un objeto más.


A MARÍA, DE VUELTA


Regresas desde el lado más hondo del espejo,
donde el tiempo es la forma del mármol y el arbusto;
donde el mar yace exacto, lo mismo que un reflejo
de la voz cancelada de los sabios y justos.

La tierra es más humilde si la pisan las ruinas:
duraderas tan sólo, pero ya no inmortales.
Porque hacia el mar impune, la soledad inclina
las tumbas de los hombres, las piedras funerales.

La voluntad prosigue en la tierra dispersa,
arrojada en puñados de una ceniza altiva
al fondo de las aguas, donde el tiempo no llega.

Habrás podido ver su imagen siempre tersa,
navegante memoria perpetuamente viva,
sepulcro del Ser libre, perfil de una isla griega.

Gaspard dijo...

Bellos pasaijes. Algún día me escaparé al interior y os traeré fotos de Ascain, Sare, St-Pée-sur-Nivelle, Cambo-les-Bains... Preciosas tierras.

Ferran, ¿lo de María es una bienvenida o un regalo de cumpleaños?

Maria Sanguesa dijo...

Qué hermosas fotos, Amando, y tu texto me ha llevado a ese lugar tan especial que es Riaza. Hace unos cinco años que estuve por última vez, lo visitaba con cierta frecuencia y te aseguro que lo que escribes me ha supuesto un regalo para la evocación de todo aquello. Gracias. Muchos besos.

Ferran dijo...

Las dos cosas, Gaspard, both of them...¿Has visto que Juan Cruz se ha llevado a las islas "El primer hombre"? Pregunta qué está leyendo la gente. Me ha alegrado que Antonio Corbalán vuelva a MaxeNce van der Meersch, olvidado de forma injusta (aunque han vuelto a editar CUERPOS Y ALMAS). Yo, en mi viaje al fondo de la novela negra, tras acabar con un clásico (Blackburn) y una nueva (Atkinson: Circe la está publicando entera y su libro "Expedientes" es una maravillosa descripción de las pérdidas), estoy con "Laura", de Vera Caspary, sin poder quitarme de la cabeza la película. Por cierto, aviso para navegantes: Asteroide va al rescate de un escritor sin fortuna en España, como hizo con Robertson Davies. Se ha publicado el primer volumen de la "Trilogía transilvana" de Mikols Bánffy, "Los días contados". Gaspard, explicaste que el mundo de Zweig te interesaba: una buena ocasión para meterte en ese imperio en ruinas, aunque desde la visión húngara...

Gaspard dijo...

Sí, Ferran, he visto/leído. Me pregunto que dirán la jauría de fanáticos de ayer, que veían franquistas y cobardes por todas partes. 'El primer hombre' es la obra cumbre, en muchos sentidos, de mi querido Camus. De la misma opinión es Jean Daniel. Demostró, aunque fuera póstumamente, y a los treinta y pico años, que si le dieron el Nobel, no fue porque "se lo mereciera", como dijo Sartre, en el sentido de que había hecho la pelota a la élite capitalista-burguesa europea con obras como 'El hombre rebelde'. Si consiguió el Nobel fue porque "se lo merecía", porque era de lo mejor que nunca ha existido en lengua francesa. Porque se lo saltaron varias veces, y al final obtuvo el justo reconocimiento. Demostró con 'El primer hombre' que no era un gigoló en decadencia, sino una auténtica maravilla. Y aunque se hubiera desencantado de la política ante el desgarro argelino y el humillante final de la 'esperanza Mendès-France' y hubiera abandonado 'L'Express', y no fuera fácil superar, aunque apenas tuviera 40 años, 'El extranjero', 'La caída' o 'El mito de Sísifo', a pesar de todo eso, 'El primer hombre' prueba que no había tocado techo, sino que seguía subiendo la colina, con la piedra de la auténtica rebeldía a su espalda.

No sabía ni que existía Bánffy; he leído a Christine Arnothy. Quiero hacerme con 'El fracaso de un ídolo', de Richard Crossman. A Aron siempre lo tengo al lado, y tengo que leer dos novelas de Gallimard que me compré el sábado: Imperdonables, de Dijan, y Les vierges, de Irène Nèmirovsky. Digo "tengo que leer" porque casi me obligo. Compro y compro, y luego tengo los libros diseminados por los dos continentes, y me ocupan parte del suelo en París, fuera de todo orden alfabético, y es un desastre. Una adicción. Un piso entero, grande, para un new single, que diría Maruja Torres, y no me caben los libros. Y lo de hacerme con una bibliocasa lo descarto ya porque los precios en el distrito XVI suponen una inversión fuera de lugar a mi edad. Hace años estuve mirando en la av. Edouard Vaillant, ya en Bolougne-Billancourt, pero desistí por vago. Tantos libros que mover...

Luego ocurre lo que ocurre: que salgo a ver parajes tan bonitos como los de Amando (por ejemplo, al final de la rue de l'Eglise de Sara se abre la campiña vasca, con una calzada que recuerda al mundo de Oz), y yo con el libro y el fosforito, sin levantar la cabeza para disfrutar de las vistas.

Pepe Gonce dijo...

Amigo Amando, como describes Riaza es para visitarla. Me imagino los paisajes e incluso los olores. Ahora bien veo que la fotografía no es tu fuerte (ni el mío). Alguna charla con Juan C. Gargiulo no nos vendría mal a más de uno.

Maria A, hola vecina, un poco tarde pero quiero decirte que aunque las palabras no pueden sustituir un abrazo, sirven para hacerte llegar mis mejores deseos. Que cumplas muchísimos más y que nosotros te veamos/leamos.

Un abrazo.

Gaspard dijo...

Quiere la casualidad que me entere ahora mismo de la muerte el sábado de Francis Jeanson. Permítaseme la provocación de señalar que quienes no sepan quién era, no se han perdido gran cosa. Camus se lo tomó demasiado en serio.

Ferran dijo...

Gaspard: ya sabes que Camus no estaba hablando con Jeanson.

Catherine dijo...

Si, lei el Primer Hombre. Lei varios libros de Irène Nemirovsky. Entre los autores hungaros hay un premio Nobel, Imre Kertész que cuenta su experiencia de joven judio en los campos de concentracion y su regreso a Hungria y como le acogieron sus compatriotas. Ahora vive en Berlin, hace las entrevistas en aleman.
De la pila de lecturas pendientes leo Rue des Boutiques Obbcures, Gaspard. Pero no puedo leer en el jardin, en el exterior: me distraen los olores, los sonidos, las nubes, los pajaros y mariposas... Falta de concentracion?

Ferran dijo...

Gaspard: Supongo que el acto de comprar es una primera forma de posesión, de apropiación en el sentido más íntegro: de privatización. Los libros se acumulan porque nuestra velocidad de compra no es alcanzada por nuestra velocidad de lectura. En mi casa, donde tengo los libros de historia y Carmen los de filosofía, hay muchos que sólo he podido consultar muy por encima, pero que tienen que estar a mano: lo han estado para escribir ensayos, aunque en éstos siempre ha entrado, por una puerta especial, lo que tengo en la bibliocasa (novela, poesía, las cosas de historia de América Latina y algunas cosas de ensayo). Lo que me gustaría es tener una casa inmensa donde todo estuviera a mano, sin esta escisión entre géneros que nunca ha formado parte de mi eduación ni de mi redacción. Los colegas se quejan: "¿qué hace una cita de Eliot en un libro sobre Auschwitz?". Pues lo mismo que Celan, tontainas. O Benjamin. O Bloch.

Nuestro afán de conocimiento tiene ese fetichismo de la compra de libros y, por ello, se adapta tan mal a un futuro sin ellos. Llegas a casa tras una expedición de saqueo en tu librería favorita, y repasas por encima los libros adquiridos. Eso tiene algo de coleccionista, que se emboba mirando simplemente una portada, sopesando el volumen, la calidad de las páginas, las ilustraciones de época cuando hay suerte. Incluso un libro humilde, como "Laura", publicado en la edición de bolsillo de "El séptimo círculo" de Borges y Bioy Casares.

Luego, a veces, el horror: dar vueltas por la bibliocasa y escuchar las sirenas, como Ulises, pidiendo que te detengas y saques un libro. Tener que escoger entre todos, incluso realizando la fechoría de releer cuando aún te queda tanto por leer en ese internado donde, cuando apago la luz y me vuelvo a casa, quizás Capote se consuela en el hombro de Conrad, o Faulkner mira con desprecio a Fante, o Henry James mira, hacie el estante de abajo, donde la dama del crimen PD James ocupa casi todo un estante, como él. Intolerable...! debe decir. ´¿No podías haberme puesto con Wharton? Y PD James debe responder: ¿vaya pedante me has colocado encima, este chocheante millonario que ni siquiera murió siendo americano...uno que creyó que podía "hacerse inglés"...¿Por qué has dejado tan lejos a Dorothy Sayers o a Elizabeth Georges? Por Dios, si a la pobre Liz la has puesto con Grisham!!!!

O quizás son mucho más tolerantes que nosotros...

Isolda dijo...

Los viajes y los libros. Hoy va de eso Amando. Me encanta Riaza como toda Castilla, como la tierra roja de Soria, que si no está en tu foto, me la imagino. Yo siempre digo de broma, que ya tengo fichadas tres casas en distintas ciudades. Soñar es gratis.
Una en la Rúa del Billar, para muy poquitos días, los melancólicos exactamente, en Santiago; otra en la parte vieja de Ronda, frente al Tajo y la tercera en Medinaceli en el pueblo antiguo, en lo alto, es un palacete precioso.
Como de verdad, si tengo la suerte de disfrutar de otros sitios con frecuencia, me "conformo" con esas tres pequeñeces en España.

Los libros, de los que tanto hablan Ferran y Gaspard; me pasa lo mismo, me enamoro de muchos más de los que puedo leer, pero es una necesidad imperiosa. Debe ser fetichismo como decís, lo cierto es que doy todo lo que sea necesario, pero no presto jamás un libro. Suelo regalarlos, pero los míos en casa.

Amando, gracis por ese viaje que me recuerda a mis años juveniles, en los que llenábamos el seílla con 25 ptas. y pasábamos la tarde en cualquier pueblo de la Sierra de Guadarrama. Ahora me viene a la memoria Lozoya, precioso y el puerto de Navafría. Desvarío.

Besos castellanos, como Riaza, desde el sur.

Amando Carabias María dijo...

Ferran:
Hermoso regalo de bienvenida, hermosísimo soneto de aires simbolistas. Se te nota enamorado, también, no sé si de la cultura clásica, del Mediterráneo o de Grecia o de todo a la vez.

javier dijo...

Esta zona, la Nordeste de la provincia de Segovia, es quizá la más desconocida, se salvan algunos pueblos como Ayllón, Maderuelo o Riaza. Ahora se está haciendo algo por dar a conocer esta comarca en la que se encuentran esos pueblos con encanto, y en la que parece que se paró el tiempo. Solo he ido un par de veces por algunos de estos pequeños pueblos y realmente se disfruta de muchos de sus rincones. El belén que se instala por Navidad en el patio de la Diputación Provincial de Segovia, estos últimos años, está basado en el paisaje y la arquitectura popular de esta zona.

Amando Carabias María dijo...

Gaspard:
Gracias por tu estimación. Nos encantará conocer los paisajes de ese interior.

Amando Carabias María dijo...

María Sangüesa:
Por lo que dices intuyo que esa evocación te ha traído hermosos recuerdos, y me alegro de ello, porque ya se sabe lo que tienen las evocaciones, a veces se disparan en uno sentimientos contradictorios.

Amando Carabias María dijo...

Ferran-Gaspard:
De nuevo los libros, de nuevo el amor por los libros, de nuevo esa especie de lucha titánica y tozuda contra el tiempo, contra el espacio.
Ah, qué pesadilla. Y todavía peor que el espacio, el tiempo (su ausencia) esa devastadora forma de pasar sin que parezca que te cunda, lo cual obviamente es incierto.
Sobre Camus nada que añadir a lo que nos mostráis, ni sobre lo demás.
Y la pregunta, la grave pregunta, diría yo, ¿por qué seguimos comprando libros si nos va a costar tanto tiempo leerlos, si acabamos casi con sentimiento de culpa? Quizá tu respuesta, Ferran, sea la más adecuada.
Esto que cuentas, sobre la disposición de los libros en una biblioteca, ya lo había pensado en alguna ocasión. Es curioso que a veces los temas o el orden alfabético, o la simple curiosidas haga tan extraños compañeros de cama..., esto de estantería.

Amando Carabias María dijo...

Pepe Gónce:
Que la fotografía no es lo mío es un hecho constatable y también desmenuzable paso a paso. De hecho estas fotos, y alguna más que colgaré en la entrada de mañana, son mero testimonio de mi estancia en estos lugares, que, efectivamente, conviene visitar si uno esta cerca de la zona.
Una charla con Juan Carlos sería buena cosa desde luego, siempre es muy agradable hablar con él. Pero en mi caso ni con una charla bastaría. Ni aunque se pusieran conmigo a darme clases tan buenos fotógrafos como el mismo Juan Carlos o mi hermano Mariano y mi padre, llegaría a su nivel. Uno tiene sus limitaciones, las conoce y sabe hasta donde llega.
Y desde aquí, inmensas gracias por la publicidad al citarme en el blog de Juan Cruz. Ya que hoy se ha hablado de él aquí, me he dado una vuelta por allí, y cuando he leído tu comentario, he sentido un inmensa alegría, gracias, amigo.

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Lo de las distracciones cuando se lee también es algo muy curioso. Normalmente me distraen los ruidos de la ciudad, pero no los de la naturaleza. Leer, por ejemplo, en alguno de los pajares que se ven en las fotos de la entrada de hoy, o en los que aparezcan mañana, me sería sencillo. Incluso aunque haya una algarabía de pájaros, no me suelen distraer.
Para mí los ruidos de la naturaleza son como la música.
Sin embargo los ruidos que más me distraen son los de mi interior, esos son tremendos, con esos hay días que no puedo.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Pues si no resultara peligroso, sería un estupendo juego ése de imaginarse qué casas serían las que ocuparíamos si pudiéramos en los lugares que nos gustan. (Como ves acoto, porque ¿para qué buscar algo que nos guste si su ubicación ya no nos gusta?).
Y digo que es peligroso, porque no nos vaya a suceder lo que con los libros y empecemos a acumular tantas que no nos dé tiempo a ocuparlas durante un día de nuestra vida.
Fíjate que cuando el domingo íbamos hacia Riaza, por un momento dudé, al ver la señal de Navafría, si decirle a Marián que girase a la derecha para haber paado el día en el Chorro, pero por suerte me contuve. No quiero decir que el Chorro y Navafría no merezcna la pena, sino que allí ya hemos estado y Riaza no lo conocía.

Amando Carabias María dijo...

Javier:
Te doy la razón. Pero ya son unos cuantos años en que esta comarca se va promocionando y debido a su proximidad y fácil acceso desde Madrid por la A I, una vez cruzado Somosierra, incluso algunos 'notables' de la capital viven por la zona.
Y tengo la impresión de que ese desconocimiento es lo que le ha salvado de la destrucción, como ocurrió con la otra parte de la sierra la que ocupa Madrid y Segovia por la A-VI. Todos esos pueblos desde Villalba hasta El Espinar fueron machacados por el afán urbanizador. Mientras que este otro lado, el más próximo a la zona de Somosierra, aún tiene verdaderas joyas que esperemos que no terminen por sucumbir. Aunque uno se teme lo peor, siempre, en estos casos.

Gaspard dijo...

Entonces, Catherine, habrás recorrido o estarás a punto de recorrer con el Blunt de Modiano, y sus idas y venidas respecto a Howard de Luz y Gay, el muelle de Passy, los jardines de Trocadero, el puente de Iéna, la av. New-York, la “pasarela anterior al puente de l’Alma” (Debilly), el Museo de Arte Moderno (Palacio de Tokyo), la “calle pequeña” (de la Manutention, creo yo). Más tarde, Modiano va por Lepic hasta la rue des Abbesses y Germain-Pilon… Son auténticos paisajes urbanos.

Ferran: yo, de hecho, de hacer alguna clasificación, me propondría algún día separar los libros comprados-pero-no-leídos del resto. Los tengo todos revueltos. Hablas de coleccionismo. Es cierto, nunca lo había pensado así. A mí me ocurre como con la ropa, que cuando llego a casa la miro y apruebo retroactivamente mis decisiones de compra, quedando satisfecho del criterio propio… Los libros son como la ropa para los que desde jóvenes hemos sido pijillos, una segunda piel, parte de uno mismo. Una obsesión, tal vez infantil, de querer abarcarlo todo. Cosa que me gusta, cosa que me cojo. El afán de curiosidad ante la inmensidad de la ignorancia a la que te expones cada vez que miras las estanterías de una librería.

Yo, Amando, compro por eso. Por curiosidad, por tener y descubrir algo nuevo. Y no nos engañemos, porque, como en la mayoría de las ocasiones, nos han inculcado el amor por la lectura. No la lectura por la lectura. No la puerta por la puerta, sino por lo el plus de conocimiento que adquieres cuando sales de la habitación tras haber pasado en primer lugar por debajo de esa puerta. Mis padres me inculcaron ese amor. A muchos niños no les ocurrió lo mismo, ni les ocurre, tampoco hoy.

Mi padre, desde que lo recuerdo, a finales de los 40, cuando era yo un niño, hasta que murió a principios de los 70, se lamentó sobre todo de dos cosas: de haber dejado atrás en Donostia la mitad de sus libros y no de poder ver más los paisajes vascos. Y eso que la foto de anoche la veía él todos los días desde la ventana. Acaso algún día vio a Guy Roland, el personaje de Modiano, bajar por “la calle pequeña”…

Amando Carabias María dijo...

Gaspard:
Creo que a mí me pasa lo mismo.

Beatriz Ruiz dijo...

Que pena amigo... de haberlo sabido con tiempo te habría dicho que sí... que pasases por Madriguera, dónde voy de visita una vez al año... pues allí tienen una preciosa casa los padrinos de mi hijo... Y por supuesto os habrían recibido como sin duda mereceís... Sobra decir que además de padrinos de mi único hijo, son esos buenísimos amigos que lo serán siempre... elegí bien...

Por si se te ocurre volver... Es la casa que está enfrente del frontón, no tiene pérdida...

Ese pueblo que conocí hace muchos años ya... y que por aquel entonces en invierno creo que tenía 8 habitantes y poco más en verano, ahora se ha puesto de moda (no para mis amigos que siempre tuvieron familia por allí... y ya ves ahora una casa, aún en estado de ruina vale lo que no está escrito... Yo me quedo con el de antes, por supuesto... Aunque no se puede poner en duda que todavía hoy es muy agradable pasar unos días de descanso y ofrece unas buenas caminatas... seguro...

Besitos desde Tenerife...

Amando Carabias María dijo...

Beatriz:
En unas horas colgaré, precsisamente algo sobre los pueblos que visitamos... Y como somos como somos, no llegamos a Madriguera, o sea que, como he escrito en la entrada, nos quedamos sin ver el pueblo más famoso y más hermoso de la zona.
En fin.

María A. dijo...

A estas horas llego a la tertulia... Con permiso de Amando, Ferran, mil gracias por tu regalo. Lo imprimiré con letras bien grandes y colocaré en el marco al que dirijo mi mirada en no pocas ocasiones.
Amando, ya me gustaría tener tu habilidad para describir los viajes.. y un poco menos de pereza.
Gaspard, mañana, si no hay contratiempos, estaremos en el Kursaal, palco 9-12. Fila 12, asientos 2 y 4. Previamente, si los atascos y el aparcamiento no lo impiden, entraremos a ver la exposición que hay en la sala de la Kutxa, al lado: "1900-1936 Donostia Biarritz, del modernismo a las vanguardias". Entramos esta tarde y sólo nos dió tiempo a ver un poco los cuadros de Sorolla, pero como tiene muy buena pinta, nos prometimos volver mañana. Hoy, el montaje de "Carmina Burana" de La Fura del Baus,con la Orquesta Sinfónica de Castilla y Leon y el Orfeón Pamplonés -en el que empezó Gayarre- ha estado muy bien, como aperitivo para lo de mañana. Espero que el resfriado del historiador no nos impida acudir.
Pepe Gonce, a finales de agosto paso por Sevilla, supongo, pero como iré pillada de tiempo, creo que en septiembre iré un fin de semana y habrá oportunidad de tomar una Cruzcampo...
Comprar libros, tener libros, ubicarlos, leerlos.. lo nuestro es un poema. Con el lío de casas, nunca tengo a mano el que quiero leer...y termino comprando de nuevo. Y por más que me prometo a mí misma que voy a regalarlos a medida que los vaya leyendo, me cuesta muchísimo desprenderme de ellos. Bueno, que es muy tarde y tengo que leer un ratito: estoy leyendo a Le Clezio "El pez dorado",que ni me sonaba cuando le dieron el Nobel. Me gusta. Besos afrovascos.

Amando Carabias María dijo...

María A:
Supe de tus palabras, cuando vi el aviso en mi correo, pero estaba, ya sabes, pasando el control de aduanas de la entrada de hoy. Cuando concluí con todos los trámites, estaba tan fundido que no tuve ánimos para entrar y decir algo. Mis ojos se rebelaban contra mi deseo y decidieron declararse en huelga de párpados caídos.
Si esta próxima noche, vosotros y Gaspard os conocéis sentiré otra pizca de orgullo, puesto que gracias a esta brasserie, entre otras cosas, se habrá propiciado dicho encuentro.
No confundamos. La habiliad la tienes, como nos has demostrado en varias ocasiones; y yo creo que no se trata de pereza. Si tuvieras que escribir de este modo sobre todos tus viajes, teniendo en cuenta que no estás sola en el mundo, por suerte, y la clase de trabajo que tienes, necesitarías otra vida.
Por no hablar de la lectura. Y del tiempo que se necesita para colocar en su sitio cada libro.
Ya digo, otra vida.
De Le Clezio, cero..., para variar.