miércoles, 2 de septiembre de 2009

ILDEFONSO-MANUEL GIL

Ildefonso-Manuel Gil. Foto tomada de Internet

Hay algo que no sé cómo explicar aún. Quizá tanta duda no logre despejarla en unos días. Quizá llegue mañana la salida de este túnel, o quizá sea el sábado, no sé.
Desde que vi aquella placa fabricada con azulejos blancos en la plazuela que lleva el nombre de este poeta, algo parecido a un reverbero de melancolía me sacude entre la sístole y la diástole. Por ambientarnos transcribo nuevamente los versos que contemplé en Daroca a la sombra de la torre de Santo Domingo:


Torre en penumbra de melancolías / me das en esta hora / el gusto añejo de mis tiernos años / y tu solemne sombra / y silencio acuñado por los siglos / dulcemente se posan / sobre mi corazón que te contempla.  / Muro de San Cristóbal / torreón de mis sueños / Cristobalón de las murallas de Daroca .
Cuando los leí, recordé la entrada que escribí con motivo de nuestra excursión a Arévalo, a finales de junio, concretamente el día 29, recordé a Eulogio Florentino Sanz y pensé en que nuestro poeta de hoy, podría ser de una época semejante, quizá algo posterior, pero no mucho más.
Mientras intentaba escribir sobre Daroca con pies y cabeza, algo que no fuera la simple descripción de una guía al uso, sino la mirada personal arrojada con cariño sobre el lugar, decidí vagabundear por Internet. Allí me encontré con que Ildefonso-Manuel Gil es denominado en más de un lugar patriarca de las letras aragonesas, y que su vida y su obra, sin embargo, han sido opiladas (1), excepto para los expertos, al común de los lectores.
No es que con esto quiera justificar mi enorme incultura, algo que ya empieza a ser más que notorio. Pero mejor centrémonos, al menos con el personaje.
Haré una brevísima sinopsis de su vida, aunque supongo que más de uno habréis indagado a través de la red. Nació en Paniza, (Zaragoza) en 1912. En Madrid estudió derecho y Filosofía y letras. En 1931, con diecinueve años, pues, publicó su primer libro de poesía y poco después conoció o se trató al menos con Jarnés, Alberti, Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. En Teruel, como funcionario del estado, le pilló el estallido de la guerra y estuvo encarcelado durante más de siete meses con la amenaza del fusilamiento pendiendo de su cabeza como una espada inestable. Tras la contienda fue a Zaragoza, donde dio clases, publicó algo de poesía, elaboró manuales de Literatura y tradujo Os Luisiadas de Camoens. En 1962, en respuesta a la llamada de su amigo Francisco de Ayala, emigra a Estados Unidos donde imparte clases hasta su jubilación en 1985, en que regresa a Zaragoza. Durante su estancia norteamericana, además de continuar con su tarea como escritor y como profesor universitario, fue miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. De los títulos honoríficos, distinciones y demás condecoraciones prefiero no hacer mención. En 2003 murió en Zaragoza y está enterrado en Daroca, donde pasó unos diez años de su infancia. Determinante en su obra fue su esposa Pilar Carasol que se convirtió en la musa y esencia de su lírica. Citaré algunos de sus libros: Borradores, La voz cálida, Poemas del dolor antiguo, Homenaje a Goya, El corazón en los labios, El tiempo recobrado, El incurable, Los días del hombre, De persona a persona, Poemas del tiempo y del poema, Poemaciones, Las colinas, Por no decir adiós, Cancionerillos. También escribe libros de memorias como Un caballito de cartón, Vivos, muertos y otras apariciones o novelas como La moneda en el suelo, etcétera, etcétera.
Como se observa en esta brevísima semblanza, el escritor vivió mucho en todos los sentidos. De algún modo, quizá tarde, no lo sé, le llegó el reconocimiento más o menos oficial. Le llegaron los premios, las distinciones, ciertos honores. Y sin embargo su nombre no ha trascendido. No es alguien del que se sepa mucho; no se le cita en los manuales de literatura, supongo que sí en los libros especializados, pero nada más.
Quizá la explicación sea simple y dura, quizá suceda que sus poemas no sean tan buenos, al menos para nuestro gusto; o quizá es que el único reconocimiento lo tiene en su tierra, y se ha quedado en un escalón intermedio entre el poeta que suena en toda España y el que sólo suena en su localidad. Quizá, lo desconozco, Ildefonso-Manuel Gil sea conocido en territorio aragonés, pero me da la impresión de que no es así.
Al leer sobre su vida y su obra, esa melancolía que se asomó en Daroca, prendió la otra noche en todo mi ser. Y no sé explicarme mejor, no sé cómo decir que siento un hondo vacío, un tremendo vacío. Si un hombre como este poeta que trabajó, escribió y publicó tanto, alguien que estuvo relacionado con Jarnés, Mainer, Alberti, Salinas, Ayala, Panero, Maravall, Zambrano..., alguien que recibió tantos galardones en la última etapa de su vida, reposa en el más absoluto de los olvidos, qué nos espera a nosotros.
Y no me refiero a su vida, no me refiero a sus viajes, ni siquiera a su encarcelamiento turolense, durante la Guerra Incivil, o a sus padecimientos posteriores, o su labor como académico de la Lengua Española en la Academia estadounidense. Me refiero a sus libros, a esos poemas que nacieron de su espíritu.
¿Dónde están sus versos?
Una selección se encuentra en Internet es cierto, pero, repito, ¿dónde están sus versos? ¿Cuántos corazones laten hoy influenciados por la emoción de sus palabras? ¿Cuántos pensamientos se afilan al reflexionar sobre sus palabras?
Y si alguien tan reconocido está en el olvido, cuántos con peor suerte en vida, ni siquiera aparecerán donde supuestamente aparece cualquier cosa, hasta la famosa aguja del no menos famoso pajar, me refiero a Internet. ¿A quién le suenan nombres como Moisés Sanz Montarelo, Luis Martín Marcos, Luis Larios, Pedro Antonio Blázquez, Antonio Martín Casla… , todos ellos poetas segovianos que, por desgracia, ya murieron? Un pequeño ramillete que se me ocurre a vuelapluma, sin pensar, sin detenerme.
Quizá, repito, su obra no fuera tan destacable como otras obras. Ni sé, ni puedo, ni debo, ni quiero juzgar. Simplemente digo que, como tantos otros, la mayoría, el olvido se alimenta con sus despojos. Y de quien un día no tan lejano, más bien muy próximo, obtuvo máximos laureles, hoy sólo quedan en el recuerdo unos versos escritos sobre una placa clavada en la pared de una casa humildísima de una plazoleta. Una plazuela de un pueblo aragonés, donde fue feliz, porque allí fue niño, que es el único reino de la felicidad. Una plaza estrechísima, a penas un leve ensanche como un embudo. Adivino o intuyo, que quizá en esa casa situada frente a la torre de la iglesia vivió su infancia, no lo sé. Y quedan un puñadillo de versos.
... A la postre, me queda el consuelo de que el poeta, no es más que ningún otro hombre, y que se tiene que conformar con su destino, que no es otro que el olvido, después de haber sido querido por los suyos.
Y me digo a mí mismo algunas cosas más que, de todos modos, hoy silencio.
Pero por no acabar de esta manera, y por no alargarme más, desde aquí se accede a una breve selección de su obra. Espero que la disfrutéis, como la he disfrutado.
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(1) OPILAR: Según la primera acepción del diccionario de la RAE es obstruir, cerrar el paso.

8 comentarios:

maririu dijo...

Te olvidas de la Historia, la de un "movimiento" (de cangrejo, hacia atrás) que le llevó a la cárcel y luego la mancha no se quita y luego la mercadotecnia, que existía antes del nombre, ya lo dejó atrás, y así vamos.
Podemos añadir un abismo entre los intelectuales de cultura universal y los del ombligo del mundo.
Muchas razones... un individuo aislado es impotente ante el bulldozer de la sociedad.

Amando Carabias María dijo...

Maririu:
En muchos sentidos es muy cierto lo que dices, y no te falta razón. Pero fíjate que, por fechas, su estancia en la cárcel, se pudo convertir en una de sus mejores condecoraciones, como sucedió con otros, que esgrimieron y esgrimen su paso por las celdas fascistas como una especie de salvoconducto que les permite cualquier cosa.
Además los "laureles" a los que me refiero que ya habréis visto, como la medalla de oro de Aragón y cosas por el estilo datan de finales de los noventa, incluso del 2000. Y este hombre falleció en 2003.

Gaspard dijo...

Muy interesante. Desconocía por completo la existencia del personaje. Cernuda, Madariaga, Kent, JUAN JOSÉ LINZ... Perdidos en la academia norteamericana.

Pepe Gonce dijo...

¿Cuántos D. Ildefonso-Manuel Gil habrá o habrá habido en España y en el mundo? ¿Cuánta gente con esta sensibilidad está en el olvido? Es, cuando menos, para reflexionar. Gracias a ti, al menos unos pocos, sabemos algo de D. Ildefonso-Manuel Gil.

Un abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Gracias, Amando, por traernos a este poeta. Tengo que reconocer que desconozco su obra. Voy a buscarla en Internet y, con tu permiso, le haré una entrada en el blog. Así es de injusto el mundo literario, y más aún cuando se trata de la poesía. Tus palabras mueven a reflexión y emocionan. Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Gaspard:
De los cuatro que citas, he oído hablar de dos. Bueno de Cernuda he leído cosas, claro, de Madariaga casi nada. Los otros dos absolutos desconocidos.
Lo que yo digo, soy un inculto de tomo y lomo.

Amando Carabias María dijo...

Pepe Gonce
Pues si esta tarea sirve de algo, agradecido.

Amando Carabias María dijo...

María Sangüesa:
Muchas gracias por tus palabras, y por su puesto que tienes mi permiso, sólo faltaba. Es un honor para mí haberte movilizado