jueves, 13 de septiembre de 2012

Hay noches que... (Oniliria XV)



Hay noches que me cuesta fugarme de mi piel para encontrar tus pasos, para sentir tu llama, para entender tu sueño. Hay noches que mis poros se me cierran y amordazan el vuelo como si un guardián persiguiera con saña mis afanes.
Quizá piel y alma sean haz y envés de una hoja fugitiva: alentada materia, espíritu embarrado, pero hay noches que siento una persecución de alacrán impaciente entre mi piel y mi latido.
Durante algunas noches, como si el escorpión fuera metal, siento un miedo de aristas incendiadas, sospecho que está próximo —a la distancia de un latido—, la victoria del alacrán.
Ya sé, parezco un niño, pero hay noches que me cuesta fugarme de mi piel para encontrar tus pasos, para sentir tu llama, para entender tu sueño.

martes, 4 de septiembre de 2012

Eterna Luz Sonora (Un poemario como un blog)


Después de unas semanas de lecturas y reflexión, he decidido reeditar en formato blog mi poemario Eterna Luz Sonora.
A diferencia de otros blog al uso, nace con todas sus entradas publicadas. Se trata de un poemario que ya lleva un tiempo escrito, y que en su versión de 2010 fue publicada en la plataforma digital Literatura Nova.
No pretendo engañar a nadie, ni crear falsas expectativas, por ello transcribo aquí este fragmento del prólogo a esta edición que allí podéis leer completa, donde se intuye con claridad el tema del poemario:
Al principio —finales de 2002, inicios de 2003—, creí que se trataba solamente de las resonancias que en mí despertaba la música de Juan Sebastián Bach. Y así era (y sigue siéndolo). Pero con el paso del tiempo fui descubriendo que tales reverberos alojan el reflejo de algo sustancial en mí. O dicho de otro modo, lo que me parece que viene a proponer la música de Bach no es otra cosa —pero dicha en el idioma más hermoso de la humanidad—, que la búsqueda y el encuentro entre criatura y creador.
[Para evitar malas interpretaciones, me apresuro a aclarar que no estoy hablando de religión, si de espiritualidad. La distinción quizá sea simplista o sutil para muchos, pero baste enunciarla para señalar que, según lo veo, existen diferencias entre una y otra cosa. A veces excesivas. Quizá por ello huí desde la primera redacción de las obras ‘litúrgicas’ —que son la mayoría— del ‘Viejo Peluca’, quizá por ello me dejé llevar por las Suites para violonchelo, Los conciertos de Brandenburgo, Los conciertos para violín, los dos libros de El Clave bien temperado, y El Arte de la Fuga.]
Ahora doy otro paso. Comparto este poemario en esta versión. Quizá podría haber optado por otro formato —incluso digital—, pero por alguna razón que aún no soy capaz de expresar de modo racional, he decidido hacerlo de esta manera, quizá simplemente porque me apetecía mucho y porque en este formato me encuentro a gusto.
Aquí os dejo el enlace al blog, para que si os apetece, cuando os apetezca, os deis una vuelta por él. Sólo aclarar que cada poema, o entrada (los prólogos, por ejemplo) están en una página, por tanto hay que navegar por el blog pulsando al final de cada entrada, donde dice: entradas anteriores, o entradas más antiguas. También se puede pinchar en las etiquetas. De este modo se pueden leer varias entradas agrupadas bajo el mismo criterio.

miércoles, 29 de agosto de 2012

A las doce de la noche


(Para Ana Joyanes Romo. Microrrelato.
Basado  en hechos, más que reales, cotidianos)

A las doce de la noche me torno calabacilla a punto del desahucio.
Algunas veces procuro continuar rodando; pero carezco de ruedas, ni siquiera cuento con algún pedículo que pudiera funcionar como pie, pezuña, pata… Nada. Alguna madrugada me haré daño de verdad.
El tiempo avanza inexorable. Ella sospecha que no juega limpio.
—Seguro que se dopa —dice—. Parece que las doce llegan antes cada día. Como si no fuera bastante con esta limitación absurda —murmura desazonada—. Hay horas con minutos de treinta segundos y con sólo setenta u ochenta centésimas. —A tanto llega la desesperación que farfulla—: Tiene un pacto con Cronos, estoy segura… Así es imposible.
No es que mi Cenicienta esté quieta durante el baile, esperando de brazos cruzados a que el príncipe se fije en ella. Sabe que si actuase con tal desidia (acaso orgullo) todo sería imposible, pues en este baile cotidiano las bellezas simpáticas, inteligentes y originales abundan.
Bien lo sabe ella.
Cuando la acerco al baile cada tarde, negocia con el hada. Pretende que le permita estar más horas cerca de las mansiones, aunque sea antes del inicio de la fiesta.
—Quizá el príncipe acabaría fijándose en mí —suspira.
Pero el hada es inflexible, aunque siempre le habla con cariño, yo diría que con ternura, cosa que Cenicienta no aprecia lo suficiente.
—Tienes desde ahora hasta las doce, ya lo sabes. En vez de protestar, agradece que te permitan seguir acudiendo cada día. Tendrás que ser más inteligente y más constante, tendrás que saber cómo mirar al príncipe para que él aprecie tu presencia.
Cada jornada se repite la conversación, cada día es lo único que escucho; ya no sé nada más, porque el viaje de regreso nunca lo hago. Siempre me quedo tirada junto a la verja de acceso, convertida en calabaza agotada, casi desahuciada.
Alguna vez he intentado llamar su atención para que regresase antes de la hora y hacer por una vez el retorno como corresponde. En tal caso le diría que quizá ya ha pasado su tiempo, que su zapato de cristal se hizo añicos; pero, repito, es una pretensión inútil. A partir de las doce de la noche, aunque me arrastre por este camino de piedras que me torturan, sólo veo cómo Cenicienta corre y corre, a veces envuelta en llanto, a veces con ganas de gritar, siempre descalza. Llegará desolada a su casa; quizá tarde en conciliar el sueño, pero sus hermanastras, en silencio, ya le han preparado las tareas que antes de las siete de la mañana tiene que empezar a ejecutar o, de lo contrario, ni siquiera tendrá derecho al baile diario, aunque concluya demasiado temprano: a las doce de la noche.

viernes, 24 de agosto de 2012

Silencio


Hay momentos, cuya duración no se puede medir aplicando criterio humano, en que conviene más el silencio. No se trata este silencio necesario de una inacción perezosa, ni viene provocado por una acidia del alma (ni del ánima, ni del ánimo). Quizá pudiera parecer lo contrario, pero el silencio al que aludo, provoca la misma extenuación que cualquier frenesí, porque se trata de hacerme todo escucha, como radar dispuesto a intentar captar hasta el latido de las alas quietas de un insecto. Es, pues, un silencio que contempla y que, por ello, requiere del concurso de cada una de mis potencias, por frágiles que sean.
Hay momentos en que importa más, dejarse hacer que hacer, porque para poder entregar algo, primero es imprescindible tenerlo, y para poseerlo es necesario haberlo encontrado, o haber encontrado el modo de entregarlo. (A veces sucede que uno posee lo que busca, pero si no acierta a darlo, no lo tiene). Dando por cierto que sólo halla quien busca, no es menos cierto que la pesquisa es eficaz cuando cada sentido está pendiente del hallazgo.
[También es posible —pero esto forma parte del proceso de búsqueda y de la atenta escucha— que no haya nada más, que se haya agotado mi tiempo. Es posible, aunque intuyo que no probable, pero es menester prever cualquier posibilidad por muy improbable que parezca].
En fin, quizá perciba a lo lejos el murmurio de la fuente, pero necesito adentrarme en el sendero correcto que desemboque en su manadero, o de lo contrario, aunque no esté lejos, mis pasos sólo serán un cazcaleo sin brújula, sin tino. Es noche cerrada, apretada. Sé que camino al borde del cantil y más que nunca preciso no errar la dirección de mis pasos, para que, al fin, mis ojos vean su mirada.

viernes, 3 de agosto de 2012

Pasión. (Oniliria XIV)

(Imagen tomada de Internet:
“Éstrellas calientes” de Joaquín Rodríguez Martín, Nabuco)).





Su vida había sido una pasión: descubrir la belleza del Universo. A ese afán dedicó los latidos de sus días desde que recordaba, desde que su memoria le acompañaba como sombra de la mente. Una noche de insomnio, casi una vida después, una noche de temperatura cálida y cielo despejado, pero huérfano de luna, salió a la calle y miró a lo alto. Entonces decidió que abandonaría el telescopio. Buscaría donde sólo puede estar la respuesta.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Llegarás, muerte





llegarás, muerte,
lenta como segundo,
siempre presente


llegarás, muerte,
veloz como universo, 
siempre en camino


llegarás, muerte,
fugaz como la historia, 
siempre a la espalda


llegarás, muerte,
libre como un aroma, 
flor invisible


llegarás, muerte, 
callada como un alba,
no será pronto


llegarás, muerte,
callada como ocaso, 
no será tarde


llegarás, muerte,
beso, horca o guadaña,
y será tu hora


llegarás, muerte,
luz de sol o de estrella, 
inexorable

miércoles, 25 de julio de 2012

¿Despertará Caín en nuestras médulas?






Se desgarran mis versos
como jirón de luto anticipado,
preludio de las tumbas.

¿Despertará Caín
en nuestras médulas?
¿Caerá otra vez Abel
                                  bajo su inquina?
¿Beberá nuestra tierra
de su sangre?
¿Se encrespará Caín
en nuestras médulas
para matar a Abel
con la quijada,
la navaja, el fusil
                             o un bombardeo?
¿Enseñará Caín
aquella marca
con la que el mismo Dios
lo hizo intocable
aun caliente 

el cadáver de su hermano?

Se desgarran mis versos
como jirón de luto anticipado,
preludio de las tumbas.

La vieja piel de toro 
que me acuna 
arde en un fuego 
que se abrasa 
en un odio inextinguible, 
un odio que alimenta 
nuestra sangre,
un odio que descubre 
las distancias, 
algunas diferencias, 
                                     el rencor…
Un odio que germina 
sobre un surco 
de miedos y de envidias, 
sembrado por sectarios y mesías,
por verdaderos
seres inhumanos.
Un odio como polen de terror:
el semen del bozal,
el semen de los yugos,
el semen de los crímenes,
el semen de los genocidios,
el semen de las lágrimas que riegan
el osario de España.

Se desgarran mis versos
como jirón de luto anticipado,
preludio de las tumbas.

Historia repetida 
siglo a siglo, 
batallas 
esparcidas en la piel
de cada calendario, 
como una estación más 
en nuestras vidas,
entre la primavera 
y el verano

Se desgarran mis versos 
como jirón de luto anticipado, 
preludio de las tumbas.
Mientras,
veo más brazos sin labor,
y manos llenas de aire
                                          sin caricias,
y ojos con el futuro calcinado,
y madres revestidas
de insomnio interminable,
y más hambre
saciando su ceguera
junto a los basurales malolientes
en donde la opulencia
es desperdicio.

Se desgarran mis versos
como jirón de luto anticipado,
preludio de las tumbas.

sábado, 21 de julio de 2012

El ocaso son pájaros confusos



[Escucho al cantautor 
cantando sus poemas de voz rota,
llenos de garra, rabia y rebeldía.]
Quizá ni el vendaval de esta tarde de estío
pueda llevarse lejos 

—más allá del postrer acantilado
de este Planeta enfermo—,

los malos pensamientos e injusticias,
las lapidarias formas de decir
que no somos personas, sino esclavos,
las lapidarias formas de engañar
según las isobaras nos aplasten
o el escorpión de turno haya dormido.
[Escucho al cantautor
cantando sus poemas de voz rota,
llenos de garra, rabia y rebeldía.]
El ocaso son pájaros confusos:
más que volar están siendo volados;
como nosotros mismos
pues ya no caminamos, nos caminan,
nos conducen a golpe de miedo y amenaza
hacia el postrer abismo del Planeta.
Una víbora muerde al rebaño lastimero,
sólo presta atención al grito de los buitres
que empiezan a gozar con el sabor
de toda nuestra carne y nuestra sangre.
[Escucho al cantautor
cantando sus poemas de voz rota
llenos de garra, rabia y rebeldía.] 

miércoles, 18 de julio de 2012

Regreso de Madrid, noche de junio


Regreso de Madrid, noche de junio, con toda la pobreza de sus calles ruidosas (a pesar de su aspecto sonriente y danzarín), enclavada en mis ojos extraviados. Pero ya no hay opción para el engaño, tampoco para hechizos fugitivos. El alcohol como abismo de las mentes coloniza y destruye más miradas. La miseria embadurna uñas y pieles, las viste con diseños casi arcaicos, que vuelven con furor a nuestras vidas. La fetidez oscura y glutinosa que repta desde el aire a mi nariz. Dos hermosos caballos (día y noche), tan altos y tan fuertes, se acercan distraídos y obedientes, montados por agentes policiales. No estoy acostumbrado a este paisaje, mis pupilas acunan distintos horizontes. Aquí inspiro pobreza, como un átomo del etéreo elemento que permite la vida: oxígeno y pobreza, hidrógeno y angustia, nitrógeno y dolor, vapor de agua y miedo, dióxido de carbono con orín, ozono y heces, criptón y borracheras, argón y esquizofrenia. Esta noche, una brasa sobre junio, no hace falta mirar con más detalle, ni escrutar en rincones muy sombríos, ni perderse al envés de una luz tenue, acaso moribunda; ni siquiera es precisa una mirada. Hoy sólo respirar es suficiente para que la penuria se me adentre. Como si protestara, como si se quisiera hacer presente, como si reclamara sus derechos, hasta ayer arrumbados dentro de espacios mínimos, ocultos y alejados (siempre lejos). La manifestación de la escasez ha sido autorizada, me susurran los belfos de la yegua castaña, mientras se contonea lentamente sobre los adoquines de Santa Ana en dirección al Prado, como si caminase sobre una pasarela.

sábado, 30 de junio de 2012

María Sangüesa: "Juegos de Sirena"


Portada del libro
Juegos de Sirena,
de María Sangüesa


La reseña o comentario a Juegos de Sirena de María Sangüesa, antes que nada es la reseña o comentario al poemario de una amiga y, por tanto cualquier lector puede sospechar, con toda razón, que la objetividad no será su seña de identidad.
Pero matizo apresuradamente. No es que me importe mucho o poco la objetividad ante una reseña de este tipo, sino que me importa más la sinceridad. Nunca he sido muy objetivo, pues no me considero un objeto. Pero sí he procurado no engañar, al menos conscientemente. Otra cosa es la coincidencia de pareceres; este asunto se escapa completamente a mi jurisdicción. Será el lector quien decida al respecto.
Precisamente porque todo el mundo sabe de nuestra amistad, es por lo que he considerado que el lugar más adecuado donde hacer pública mi opinión sobre este poemario sea aquí, en Pavesas y cenizas, espacio de mi única incumbencia.

Momento de la presentación del poemario.
(Foto tomada del blog de María, "El vuelo de Hécate")

Hace diecisiete días exactamente, el pasado trece de junio (en una calurosa tarde matritense), tuve por fin entre mis manos el libro, después del acto de presentación que se celebró en el Ateneo de Madrid.
Juegos de Sirena (Huerga & Fierro editores, 2012) se compone formalmente por un prólogo debido a Julia Gallo, treinta poemas, un postfacio escrito por María Sangüesa y un poema a modo de corolario cuya autoría pertenece a Leonel Licea (otro buen amigo) que quedó fascinado por uno de los poemas del libro, tanto que la inspiración le provocó sus versos.
Pero Juegos de Sirena es, en realidad, un viaje a las abisales honduras del mundo femenino, enfrentado a la tensión perpetua entre el sentimiento amoroso, y la sensación de encarcelamiento que produce este sentimiento.
Vayamos por partes.
Juegos de Sirena puede presentarse, en una primera lectura, como una revisión contemporánea del mito de la sirena que hechiza con su canto a los marineros que caen indefectiblemente entre sus brazos para allí morir sin remedio. Como todo el mundo sabe podemos leer algo así en el a Odisea. Sin embargo, Juegos de Sirena, propone a la sirena como víctima de (igual que el hombre) del hechizo mal entendido del amor.
La poeta lo que hace en realidad es partir de una idea eje o fuerza: toda mujer es una sirena. O mejor dicho aún, la sirena, en realidad, es una alegoría de la esencia de la mujer, del eterno femenino. O, al menos, algún tipo de mujer.
Como ella misma escribe en el postfacio: “La imagen de la sirena devino en la de la mujer, y la de la libertad, también la del eterno femenino”.
Pero con esto que afirmo, aunque transcriba un par de renglones del postfacio no estoy desvelando nada recóndito dentro del poemario. El primer poema, Edenes perdidos, abre así el portón de sus versos:
Cansancios y asfaltos incitan su huida,
nostalgia y ensueños forman su bagaje:
libertad posada en vientos azules,
locas tentaciones, soplos de coral…
Retorna a la mar —a su edén perdido—
lejos de las sierpes,
lejos de las trampas de la gran ciudad.
Regresa a sus aguas, escucha su voz,
cadencias de arena y ondas transparentes…
No quiere ser Eva, otro es su linaje
de sombras y arcillas,
oscuras corrientes trenzadas con sal…
Ayeres marinos en huellas de espuma,
cristales añiles, sendas sumergidas
en rutas profundas.
Edenes perdidos que teje el mar
(La negrilla es mía).
Es decir, en este libro lo que María plantea es una reivindicación de la libertad femenina. Un regreso al mar, entendido éste como edén predilecto, donde las sendas se sumergen en rutas profundas.
Pero este anhelo, al mismo tiempo, se matiza y se ve truncado en muchas ocasiones por la tensión que provoca el amor. El amor entendido como lo suelen entender los marineros que (no deja de ser un trasunto o metáfora del varón). Un amor que deviene rápidamente en pasión y a continuación en cárcel, donde la sirena (mujer) puede acabar enterrando sus sueños. Pero mejor, para que no se me acuse de excesivamente inventivo, vuelvo al postfacio y transcribo lo que la autora dice al respecto:
Y la [imagen] del marinero pasó a ser (…) un reflejo del hombre, una alegoría del arquetipo masculino, del pescador de imposibles. De ese hombre que, para su desgracia, no puede comprender el universo femenino y necesita apresar a la mujer para sentirse seguro, provocando, de una u otra manera, su huida en lo emocional, en lo físico (…)
El tercer elemento del libro que completa el trípode sobre el que se sujeta su armazón es, obviamente, el mar. Ese espacio para la libertad, para la pasión, para la vida, para el futuro, pero también (y al mismo tiempo) para la muerte, para la huida, para el dolor, para las tormentas y los naufragios.
Formalmente el libro se construye alrededor del endecasílabo sobre el que pivotan los heptasílabos. No son los únicos tipos de versos en el poemario, pero sí los más abundantes. Como dijo María durante la presentación y como recalca en el postfacio, de algún modo ha pretendido emular el ritmo, la cadencia del oleaje mediterráneo sobre la arena de la playa, ese rumor interminable que termina por acunar y hechizar a cuantos se acercan a él.
Pero el libro es más, es mucho más. El libro requiere de una lectura, de un lector, no de un comentarista. Porque el libro, es también, un viaje a algunas de las honduras de lo humano, a algunas de sus pulsiones más determinantes, aquellas que giran en torno a la tensión que suscitan el binomio hombre-mujer, o posesión-libertad.
Quiero concluir estas torpes palabras mías, transcribiendo unas del espléndido prólogo de Julia Gallo que pueden ayudar a entender que dentro de los versos de María hay mucho más:
Así hallamos armónica comunión de ritmo y estética al ensalzar o denunciar las ideas que se van revelando. También el erotismo subyace en las profundidades marinas con su consiguiente simbololgía: esa mar, en cuyas entrañas ingiera, para hacelas suyas, las gotas de la lluvia pasional que desmantela la calma y aruuina cimientos porque, por encima del albur y a pesar de los pesares, la soledad anhela romper su caparazón no deseado, como dijo Dámaso Alonso “Soy hombre, y estoy solo”.
En fin, ahora sí que concluyo, agradecer a María que haya escrito este libro, tan cuidadosamente editado, porque quizá algunos marineros puedan comprender la verdadera esencia de una sirena.


miércoles, 27 de junio de 2012

Haití, otra vez.


El mundo está lleno de dolor. Allá donde las miradas se abran con un poco de perspectiva, descubrirán cómo la miseria anida en tantos inocentes que es difícil enumerar.
Nosotros mismos, inmersos en nuestra propia realidad, nos vemos sacudidos por desasosiegos, sufrimientos, preocupaciones que convierten algunas de nuestras jornadas en pequeños (o grandes) laberintos…
Hay diversas maneras de afrontar las cosas. Cada uno usa de sus estrategias, las que puede o sabe manejar.
Hace un año, casi trece meses para ser precisos, escribí AQUÍ sobre Haití. Sobre ASHUADE y Jorge, un compañero de trabajo que invierte el tiempo de sus vacaciones (o parte de él) en intentar paliar algo de ese dolor que se cierne sobre la isla caribeña en concreto en el barrio de Tabarre. En su equipaje, además de todo el ánimo, lleva diversos materiales (este año unas cocinas a modo de placas solares de fácil instalación y uso) y algo de otras aportaciones, también nuestras.
La prensa más sesuda habla de corruptelas sin cuento, de desorganización, de olvido del primer mundo. Eso cuando aborda el asunto de la reconstrucción de Haití, que cada vez es menos, que cada vez está más sepultado por la crisis de nuestra opulencia.
Pero continúa el dolor, las carencias.
Sé que la solidaridad no sustituye a la justicia; pero cuando la justicia falta tan clamorosamente, cuando su ausencia es un grito que provoca horror, hay personas (los mejores de los nuestros, sin duda de ningún género) que son capaces de hacer lo que hace nuestro compañero Jorge.
Os dejo sólo una muestra.
Creo que describir esta fotografía sería suficiente para explicar lo que de verdad es imprescindible para la vida humana.
Según nos cuenta Jorge, se habían acercado para curar una herida en la rodilla de la niña que tiene en brazos. Y esa pequeña expedición de una tarde cualquiera, concluyó del modo en que lo veis.
Y a mí sólo me queda la obligación moral de compartirlo, de difundirlo (aunque sean mis letras un eco casi inaudible).
La palabra esperanza aún no ha muerto.
La palabra esperanza tiene la misma fuerza que la sonrisa de un niño. Y ésa, a pesar de todo, es invencible.
Gracias, Jorge.


jueves, 21 de junio de 2012

A veces los poemas





A veces los poemas
sólo se escriben
con la tinta del llanto.

A veces los poemas
sólo se escuchan
mirando en su silencio.

A veces los poemas
sólo se leen
cuando la luz dormita

lunes, 18 de junio de 2012

Una entrevista en "La Esfera Cultural"


La vida tiene momentos de todos los colores. Casi nunca se nos muestra un color purísimo, sin la mezcla de otros o con la presencia de diferentes matices del mismo. Los grandes pintores lo saben, y desde la llegada del impresionismo, muchísimo más.
Y así va transcurriendo la existencia, caminamos entre luces y entre sombras. En momentos de cierta dificultad o en que el sendero se hace pendiente, muy pendiente, aparecen descansaderos, fuentes de agua fresca. Allí podemos descansar, refrescarnos, tomar impulso para continuar la ascensión.
Comparto con vosotros algo que invita a la sonrisa, que añade el valor de la amistad y del trabajo en equipo a esta tarea de la escritura. No me quiero extender más. Os dejo el enlace con la larga entrevista (luego no digáis que no aviso) que me hacen y me publica mi otra casa, La Esfera Cultural, con la que se inicia una serie de entrevistas del comité de edición del blog…
¿Por qué han empezado conmigo? Creo que es un honor excesivo, pero ellos sabrán.

sábado, 9 de junio de 2012

Paso moderado


Quizá no fuera menester, pues por activa y por pasiva lo vengo sugiriendo en entradas previas, pero durante los próximas semanas o meses, estas entradas serán entradas de tono guadianesco: pues serán más esporádicas, y más breves.
Porque es verano, porque dispondré de menos tiempo pues otras tareas me lo demandan, aliviaré el ritmo de mi paso. No es que deje nada, simplemente seré más intermitente e incluso (aunque esto es casi imposible) más lacónico.

domingo, 3 de junio de 2012

Volará en amanecida




El verso más preciso es intangible,
germina flor de luz desde la sombra,
desenmascara miedos y mentiras.
El verso imprescindible es pan de sol
desmigado en la mesa del ocaso
cubierto y empapado en vino y sangre.
El verso inexcusable es un zapato
de piel hecha jirón por los caminos,
donde aún esperan médulas sin nombre.
El verso imperdurable es himno y danza:
si tantas veces fue lágrima o hueso,
muchas más volará de amanecida.