Ana Joyanes Romo. Foto tomada del blog 7 Plumas
Sobre el enlace al blog, podréis conocer un poco mejor a la autora
Cuando el libro me llegó a casa, Ana había adjuntado una nota en la que, casi en tono de disculpa, comentaba que quizá este tipo de literatura no era mi preferido y, por ello, a lo mejor (a lo peor) no me gustaría.
Lágrimas mágicas, por dejarlo claro desde la primera línea, es un libro que se puede encuadrar dentro del ámbito de la llamada literatura fantástica, pero esto sólo es una tapadera. Y también por dejarlo claro desde el principio, me ha gustado. Y me ha gustado porque maneja con sencillez el lenguaje, porque es directo, pero, sobre todo, porque se nota mucho que la autora ha disfrutado con su escritura, y transmite al lector semejante goce.
Decía más arriba que Lágrimas mágicas pertenece al género de la literatura fantástica, pues sus protagonistas son elfos, suelfos, gnomos, hadas, trolls, trasgos, un dragón, un gato montés que habla, y algunos humanos. Todos ellos forman parte de un mundo que no es muy distinto al que conocemos y las diferencias vienen determinadas, precisamente, por los diferentes tipos de miradas que arrojan sobre él los protagonistas.
Portada del libro
Pero también decía más arriba que, en realidad, Ana Joyanes Romo se ha servido de este género como una tapadera. A ella le interesa poco, o nada, la literatura fantástica. La autora en realidad a lo que se dedica es a inspeccionar el interior de los corazones, a rebuscar en ellos las esencias que determinan la humanidad o no de los sentimientos. Y es que casualmente todos los protagonistas (da igual al grupo al que pertenezcan) son tremedamente humanos. La escritora no se molesta en investigar sobre ritos esotéricos, ni plantea pócimas mágicas, ni transcribe conjuros, ni alardea de poderes especiales: si hasta las tres hadas acaban agotadas cuando tienen que suavizar la caída de la cuna de Paula/Stella sujetando unas cintas, si hasta el dragón sufre heridas en una batalla aérea...
A la hora de la verdad, siempre he me ha gustado la literatura cuyo verdadero norte es el ser humano. (Repito, la que me gusta, no la que sea considerada mejor o peor, aunque la mejor suele cumplir esta condición). Y en Lágrimas mágicas es lo que más se encuentra. Como todo buen libro de literatura fantástica (y no ánotaré títulos para que la atención no se desvíe en cuestiones sobre las que no he hablado), lo importante no son las diferentes especies a las que pertenecen sus protagonistas, humanos, elfos, gnomos, hadas, trolls, suelfos, trasgos..., sino el tono en el que late su corazón y hacia qué horizonte transita cada uno. En el fondo, como siempre ha sucedido en la literatura, hablamos de miedo y de ambiciones, de odios y de amores, de valentía y de prejuicios, de poder y de servicio, de verdad y de mentira, en fin todos los ingredientes que forman la vida humana. Pero todos estos ingredientes no se diseminan por las páginas de un libro como si fueran entes abstractos, se hacen carne en los personajes que cobran vida y se elevan ante nuestras miradas. Y quizá sea ésta una de las atracciones que la literatura, la buena literatura, ejerce sobre los humanos lectores: contemplarse en otros retratos, seguir la vida (o uno de sus pedazos) de otros seres que tanto se parecen a nosotros mismos.
Lágrimas mágicas es un libro de fácil y amena lectura, pequeña extensión y honda arquitectura. La escritora ha construido con solidez un edificio perfectamente habitable para quien quiera demorarse unas horas en su lectura.









