martes, 21 de diciembre de 2010

Navidad sin Cuento. (Cuento de Navidad) y 7

Imagen tomada de Internet


El día de Navidad llegó envuelto en viento del sur. Los restos de nieve de las jornadas previas se habían disuelto y el ambiente de Euritmia era más cálido de lo habitual para esos días. El sol hacía rutilar en nácar las nubes que buceaban juguetonas en el cielo.
Sor Matilde no había dormido, se acercaba el momento estelar de la operación Navidad sin cuento. En pocas horas sabría si todo había sido un éxito, o, por el contrario, ella, su hermana y su cuñado, comenzaban un calvario que les llevaría, sin duda, a prisión.
Cuando su hermana Coronación le explicó su idea, no pensó que aceptaría, pero al final lo hizo. Fue una mañana calurosa de agosto cuando escuchó por primera vez lo de los robos. Se llevó las manos a la cabeza y recriminó a Coro con dureza por semejante ocurrencia del diablo.
Según su hermana, Euritmia, como el resto de Europa, caminaban con paso firme hacia el desastre. La crisis económica, en realidad, no era más que una mezcla de abuso de los bancos, miedo, engaño, avaricia y pérdida de valores. Se trataba con esta acción de poner el dedo en la llaga. Era vehemente en su discurso.
—Nosotros, Matilde, no podremos hacer nada frente a los bancos, y contra eso que llaman mercados, pero a lo mejor podemos devolver sensatez a unas cuantas personas. Ahora parece que todo en la vida se reduce a lo material. El dinero es lo único que importa. Demostremos que a todos nos sobra algo, que sin parte de lo que tenemos, podemos seguir viviendo.
La mirada de Matilde reprobaba la verborrea justiciera de Coro. Adujo la monja que todo aquello le sonaba a bandolerismo, que no estaba dispuesta a convertirse en Sor Matilde, la Bandolera, que no era tarea suya quitar a los ricos para repartir a los pobres y que como no se fuera de allí en ese preciso momento, ella misma la echaría a patadas en su gordo trasero. Pero su hermana se defendió.
—No pienso repartir con nadie lo que robe, ni pienso quedarme con un céntimo. Sólo será un depósito hasta Navidad. Ese día lo devolveremos a sus dueños, como un regalo.
—Pero si es suyo —protestó Matilde.
—¡Esa es la cuestión, hermanita…! No hay nada que en el fondo sea nuestro. Si miras bien, todo lo abandonaremos, aquí se quedará. Detrás de nosotros, habrá otros que con ello harán lo que estimen más oportuno, y no podremos evitarlo. Las monjas y los curas no hacéis más que repetirnos esas cosas una y mil veces… Ya ves, lo habéis conseguido, me lo he creído. Pero si alguna vez no se practica, sólo serán bonitas palabras…, música celestial.
Matilde escuchaba a su hermana y no daba crédito. Empezaba a dudar. En un solo minuto pensaba que había enloquecido o que estaba ante una verdadera santa. Decía cosas muy parecidas a la propuesta evangélica, pero algún matiz se le había pasado.
—Coro, Coro, eso no es así. Se trata de que cada uno llegue por sí mismo a semejante conclusión. Las imposiciones no sirven. Es en el propio corazón donde se decide.
—Sí, ya lo sé. Pero el corazón también necesita de alguna ayudita.
—Ahora me he perdido.
Coronación sonrió. Intuyó que estaba a punto de lograr lo que pretendía.
—¿Cómo puede decidir el corazón sobre el asunto, si sólo se le bombardea con el afán de tener más, de gastar más, de que a más cantidad de cosas, más felicidad? De pronto, con esto de la crisis, el abuso y el miedo han llegado como una bandada de cuervos hambrientos. Todo el mundo piensa que es infeliz porque la economía va mal… Ellos son quienes nos están robando, de acuerdo, pero lo peor es que no sólo nos quitan el dinero, sino también nuestra alegría… Contra el abuso no podemos, quizá contra el miedo de algunos sí.
—Y llegas tú, y vas y les quitas más, para que se pongan tan contentos. No me digas que no es extraño tu planteamiento…
—Sólo temporalmente. No pretendo arruinar a nadie. No se trata de desvalijar las casas, se trata de robarles una parte de lo que tienen. Si me apuras, a los que conocemos más, yo sería partidaria de quitarles más que dinero, algo de cierto valor, donde hayan puesto demasiado sentimiento. Eso les dolerá más, y se darán cuenta que ni los recuerdos, o el cariño, desaparecen con la pérdida del objeto querido. Quizá sean los que primero entiendan que no pierden tanto cuando les desaparece una pulsera o una foto… Te repito, será temporal, como mucho, para nuestras primeras víctimas, tres meses. Luego se lo devolvemos y que ellos actúen en consecuencia. —Tras tomar aire, siguió, más convencida aún—. Éste ha de ser tu trabajo. Hacerles ver dónde está la felicidad y cuál es el verdadero sentido de la Navidad… Me parece que los males de este mundo comenzaron el día en que la Navidad sólo parece que existe si se ha gastado mucho, a veces más de lo que se puede. —Tras un nuevo silencio, un poco más largo esta vez, cambió el tono de su voz—. ¿No te parece muy triste que la época de mayor consumo y mayor gasto en centros comerciales, joyerías, jugueterías, carnicerías, pescaderías, fruterías y restaurantes sea precisamente Navidad?
Matilde se sintió acorralada por el discurso de su hermana. Buscaba una salida.
—Robar en una casa no es tan sencillo… ¿Les pedirás permiso para entrar y luego te llevarás algo de allí sin que se enteren? ¿Se lo vas a coger del baño?
Coronación sonrió.
—Para algo tiene que haber servido casarme con el mejor cerrajero de Euritmia…
—¿No me digas que Isaías está en el ajo?
—¿No pretenderás que me ponga en contacto con una banda de ladrones?
Coro había pensado también pedir a su hermana que la Residencia sirviese como almacén de lo sustraído. Así se evitarían el transporte hasta allí durante las vísperas de Navidad, pero le pareció demasiado para el primer día. Mejor esperar al resultado de los primeros golpes. Si salían bien, sería más fácil convencerla.


Todo transcurrió según lo planificado, mejor aún, pues habían robado en todos los hogares previstos, una semana antes de lo calculado por Isaías. Al final de octubre, Matilde había accedido a cada pretensión de su hermana y ya estaba enfrascada en la preparación del día de Navidad. Con cada lote hurtado confeccionaba un paquete de regalo al que adhería una tarjeta con el nombre del destinatario. Los bultos se apilaban en un local vacío y amplio de la Residencia y del que sólo ella, como superiora de la comunidad, tenía la llave.
A primera hora de la mañana de Navidad, tras los laudes, convencida de que sería su última jornada en aquella Residencia, se encaminó hasta allí y se cercioró de que todo estaba en su lugar. Había preparado un acto sencillo. En la capilla se celebraría la primera parte.
Le había costado muchos quebraderos de cabeza organizarlo. Había pensado muchas cosas, pero ninguna le convenció.
Al fin encontró la inspiración. Se trataba de ir a la esencia, así que a la esencia fue. Leería dos textos bíblicos, el nacimiento tal y como lo narra Lucas en su evangelio y el himno de la carta a los Filipenses, que desde que llegó a su corazón no dejaba de arrullar en su corazón como una nana:
“Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos...”*
Después, aparecerían su hermana y su cuñado y dejarían sobre el altar la imagen de un niño Jesús tumbado en su cunita. De fondo sonaría una música suave.
A continuación bajarían a la sala donde estaban los paquetes con sus pertenencias.
—Aquí está lo que es vuestro —diría—. No os lo hemos robado. Tal cual lo tomamos os lo devolvemos. Sólo pretendíamos que os dierais cuenta en dónde está la vida.
Por último sólo deberían esperar a su reacción.
Pero en ese momento, mientras su mirada recorría los paquetes, temía su reacción. Eran demasiados

Como cada aurora, al levantarse se había asomado a la ventana de su celda, que daba a la calle Arcipreste de Hita. Era una costumbre que conservaba desde la infancia, mirar a la calle nada más salir de la cama. Y lo vio.
Frente a la puerta de la Residencia, se apostaba un coche camuflado de la Policía.
En Euritmia casi todos se conocen. Casi todos saben mucho de la mayoría de vidas, aunque casi nadie sepa lo que importa, pero eso es otro cuento.
Cuando sor Matilde se asomaba, el joven que se sentaba al volante del vehículo, salió a estirar las piernas y encendió un cigarrillo. Era el nieto de una de sus amigas de la infancia. Matilde sabía que era policía.
Un nudo le apretó en el corazón. Quizá alguien, al recibir la invitación, se malició algo y había dado un aviso a la Comisaría.
No obstante, estaba segura que la Policía no tenía nada concreto. De lo contrario habrían llamado a la puerta de la Residencia esgrimiendo una orden de registro, y a esas alturas, ya estarían en algún calabozo. Por eso, porque sólo sospechaban, esperaban acontecimientos con una discreta vigilancia.

Mejor mantener el silencio. Toda la suerte estaba echada. Al menos habían llegado al día de Navidad, que era mucho más de lo que había sospechado en el mes de agosto.
Mejor no decir nada ni a su hermana, ni a su cuñado, no fueran a traicionarles los nervios.
Mejor esperar, sí.
Una vez que los propietarios abran el contenido de los paquetes, que cada corazón resuelva cómo actuar, que cada corazón escriba el desenlace de la Navidad sin cuento.
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Para quien lo quiera leer completo lo encontrará en la Carta a los Filipenses, capítulo 2 versículos 1 al 11.

16 comentarios:

catherine dijo...

Han vuelto los bandoleros en Segovia: Coronación la justiciera de gordo trasero y pelo blanco, su marido y cerrajero Isaias y la pobre de Sor Matilde convencida por su terrible hermana de poner el Evangelio en práctica. ¡Qué banda! me río mucho y a la vez es una idea buenísima unir u oponer la crisis al Evangelio, el dinero y Navidad, lo superfluo y la alegría.
Ya conocemos el porqué de estos robos extraños. Pero ¿Qué hará la policía? y ¿Qué será la reacción de las víctimas?

Miguel Mora dijo...

Paso por el blog de Gaspard ( Le quai d´Orsay) y veo, Amando, que ya te has pasado por allí. Me permito recomendar a los muchos seguidores de tu blog que hagan el esfuerzo, con su participación, de impedir que el blog se cierre.

Gracias. ¡ Buen 2011!

neko dijo...

El resultado de todo esto dependería de si quisieramos tener algo de confianza en la sociedad o limitarnos a la realidad (si fuera uno de mis sueños tendría claro como acabaría...).

La crisis continúa, pero el consumismo también. Cada año mas, cada año un poquito mas hasta acabar convirtiendo cualquier tipo de celebración en una muestra de consumismo puro y duro. No vendría mal que alguien nos demostrara que se puede ser feliz sin tantas posesiones, que muchas veces el calor humano es mas poderoso que un fajo de billetes.

Felices fiestas Amando, que es lo que toca :)

Isolda dijo...

Los bandoleros! No se me había ocurrido, Catherine. Hay que ver cuánto sabes de la cultura española. Es un cuento fantástico, en ambos sentidos y termina bien, como todos los cuentos, porque si a mí me quitaran algo tan sentimental como un objeto querido, me hubiera dolido mucho. Menos mal que hay Reyes Magos; casi empiezo a creer en ellos.
Gracias, querido Amando, te devuelvo la felicitación para ti y los tuyos.

Fernando dijo...

Un relato con final perfecto, una lección magistral.Yo te sugiero que, aprovechando estos días de convovatoria cristiana, hagas una lectura de esta historia, tan bien escrita, desde el altar mayor de la iglesia. A muchos nos vendría muy bien este tipo de enseñanza moral. Un abrazo y ¡Feliz Navidad!

Ángeles Hernández dijo...

Por fin se supo todo.

Es brillante y muy aleccionador este cuento con el aliciente de que al dejar el final abierto cada cual puede poner el que más le convenga a sus expetativas.

Y..vaya trabajo que me ha costado mantenerme calladita durante estas siete entradas ( todo sirve para aprender).

Un abrazo para todos los amigos quepor aquí vamos pasando de Á.

Flamenco Rojo dijo...

La Navidad…Época ¿con cuento o sin cuento? Para alguien que no quiere perderse la felicidad de disfrutar de la luz que irradian las miradas de su compañera, de sus hijos, de sus amigos…que vive la Navidad que su padre le enseñó, que no tiene nada que ver con lo que ahora proclama la sociedad de consumo…a veces tiene cuento, a veces no lo tiene.

Mi Navidad la intento vivir cada uno de los días del año. Intento no dejarme influenciar por algunas tradiciones, creencias y chantajes emocionales. Disfruto de cada momento como si fuera el último y procuro que mi familia y amigos sean felices sin necesidad de arruinarme para que otros se enriquezcan. Creo regalar a los míos amor a manos llenas, y de ellos lo recibo en idéntica medida todos los días de mi Navidad…365 días.

Querido amigo Amando, gracias por el cuento de Navidad y aprovecho la ocasión para desearte una Feliz Navidad y un año 2011 lleno de salud para ti y para todos los que te rodean.

Un fuerte abrazo.

Verónica dijo...

Hola Amando muy bueno tu cuento, pasé también a desearte una feliz Navidad para ti y tu familia, y que el próximo año se cumplan vuestros sueños.
Feliz semana
Abrazos

Marina Fligueira dijo...

Hola! A todos: El cuento ha tenido un buen final, ¡casi acierto en el pronóstico! Gracias Amando, nos has tenido algo en ascuas con los ladronzuelos... Me quedo con el cometario de Flamenco Rojo! Dame la mano amigo mío, porque yo y mi familia pensamos y actuamos del mismo modo. Felices fiestas para todos, que la Navidad y el próximo año, traiga al mundo entero, paz, salud, amor, igualdad, respeto, Humildad y perdón. Y un sinfin de cosas más tan necesarias para una vida digna.

Amando, me estan entrando unas ganas de reímeeeeeeee! Acabo de recibir un correo. Que... que... que mala soy.

catherine dijo...

estaba a punto de escribir: Hoy sin cuento. Me reía tanto ayer que no había visto el "y 7". Otro relato con un final abierto, otro cuento de Navidad muy bueno.
Feliz Noche Buena y día de Navidad para todos.
Tengo mucho que hacer con los regalos porque aquí los Reyes magos y sus pajes no se preocupan de nadie (y el Papá Noel tampoco aunque todo tiene que ser listo el día 24 por la noche).
Muchos besos.

Leonel dijo...

Querido Amando, a pesar de mi ausencia de algunos días, he leìdo los últimos tres episodios que me había perdido de un tirón, y me ha gustado y me has sorprendido definitivamente con este final que sin dudas, rompe los esquemas. UN excelente modo de llamar la atención sobre el consumismo, y la perdida de las más elementales tradiciones de esta festividad.
Aunque aún sea un poco temprano, deseo que paséis todos, Amando , su familia y amigos. una excelente navidad.
Un fuerte abrazo para ti escribidor.
Leo

Abuela Ciber dijo...

Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor.
(Hamilton Wright Mabi)
.

ARMANDO:

Deseandoles una Nochebuena y Navidad poblada de buenos sentires, reciban mi cariño.

Alena.Collar dijo...

Me gustó y ya tuve ocasión de decírtelo, por eso no comenté aquí hasta ahora.
Tienes algo Amando, que te caracteriza en la escritura, aunque tú no lo quieras; que eres bienintencionado. Y no es un defecto, menos en Navidad, naturalmente. Pero ( porompompero) yo también brindo, además de por las monjitas de tu no cuento, que me parecen entrañables y que me chiflan, brindo también, digo, por a partir de enero más riesgo narrativo. Tú me entiendes y lo hemos hablado alguna vez...
Un abrazo y naturalmente que sí, Felices Fiestas.

María dijo...

He esperado hasta el final de tu relato, sin decir ni muuu, me imaginaba que acabarías con sorpresa incluída, y así ha sido.

Que cada uno viva la Navidad, cómo su corazón le indique, que el mejor regalo, es a veces reencontrarte con algo, o alguien, a quien echas de menos.

Gracias Amando, por tus historias, de las cuales, siempre se saca alguna enseñanza.

Feliz Navidad.

lammermoor dijo...

Un hermoso cuento de Navidad en el que a pesar del materialismo que nos invade y de la crisis que nos castiga, hay sitio para la esperanza. :)

maribel dijo...

Gracias Amando, vengo del enlace de lammermoor, y aunque yo llegue aquí un poco tarde es porque sigo trabajando en el desenlace de la Navidad sin cuento...

Bella historia y reflexión; ahora que volvemos a la "normalidad " recuerdo que en "Doctor en Alaska" Chris robaba a sus vecinos para recordarles que el mundo sigue siendo un lugar salvaje...., su alegato en el juicio parece sacado de tu cuento.

Creo que voy a tener que volver una y otra vez para leerte. Novela negra en una "blanca" Navidad...jejeje!
Un saludo ;-)