lunes, 20 de diciembre de 2010

Navidad sin Cuento. (Cuento de Navidad) 6 de 7

Imagen tomada de Internet


Gayano Balmes bajó al bar de Pruden a tomar un café en compañía de Daniel del Río. Desde hacía unos días no había habido ni una sola denuncia por robo.

—Estoy seguro de que algo traman, Dani. Nadie me lo puede quitar de la cabeza.

—A mí me parece que no se han creído lo que dijiste en la rueda de prensa. Les has asustado —comentó del Río ante la mirada escéptica de su jefe.

—Si nuestras teorías son ciertas, aunque no podamos hacerlas públicas para que no nos ingresen en un manicomio, esto sólo me cuadra porque están preparando algo gordo.

—Tienes la cabeza más dura que los apóstoles… Yo no lo creo, pero, suponiendo que sea cierto, qué imaginas que están tramando.

—Y yo qué sé. Si se me ocurriera, lo diría. Supuse que en esta semana iban a arreciar los robos, precisamente por la cercanía de las fiestas. Pero pararon. No sé, no me cuadra.

—Si supiéramos qué pretenden, quizá fuera todo más fácil —musitó del Río, como si pensase en voz alta…

—Tendríamos que haber estudiado mejor cada robo. Seguro que hay algo que nos abriría los ojos. Me parece que nos hemos quedado en la superficie.

—Nada encaja con el perfil habitual de una banda de ladrones.

—Salvo que roban, querrás decir.

Del Río hizo caso omiso al intento de broma del Comisario, y continuó con sus reflexiones.

—Digo que el error ha sido pensar que luchábamos contra una banda de ladrones al uso. Y me parece que no es eso. Me parece que se trata de otra cosa. —Del Río seguía dando vueltas al contenido de su taza. El azúcar se había desleído hacía tiempo—. Cualquier ladrón, y más una banda, se lleva todo lo que encuentra en una casa y le pueda servir; no se anda con tantos miramientos. Hay ciertos objetos que no valen absolutamente nada, salvo su valor sentimental. En algún caso se puede aceptar casualidad o confusión, pero no en tantos. Es decir, los ladrones conocen bien a muchas de sus víctimas. Sabemos que no son jóvenes. Intuyo que son tan conocidos que nadie, ni nosotros, sospecharía que está ante un ladrón si le viera entrar o salir de una de las viviendas asaltadas. Los confundiríamos con alguna visita o algún otro vecino… O sea, Gayano, que roban, sí, pero no sabemos para qué roban.

—¿Estás seguro de todo lo que dices?

Del Río llevó el café a los labios y sintió en la punta de la lengua el sabor amargo del café, quizá ya un poco tibio. Cuando depositó la taza sobre el platillo, negó con resignación.

Continuará mañana...

4 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

Vaya, no sabía que los apóstoles tenían la cabeza dura...En espera del desenlace quedamos.

Un abrazo.

Ángeles Hernández dijo...

Cuando los ladrones se salen de lo esperado, como siempre que alguien o algo no tiene un comportamiento según la norma(normal), según lo establecido, aunque sea para robar, los burócratas se despistan mucho. Menos mal que algunos de la antigua escuela con menos protocolo y más intuición, conservan la capaidad de pensar por sí mismos.

Buen inspector, ya falta poco Amando,mañana...

catherine dijo...

That's the question: "para qué roban?"
Me encantó tu primer párrafo de la entrada 4 de 7 a propósito de los tópicos de las navidades. Quizá tenemos la clave del relato en lo que debería ser el espíritu de Navidad.

Marina Fligueira dijo...

oh! No... que ya pensaba yo que sería el final feiz, pero no.

Me estoy ríendo jaja, con Flamenco, por la cabeza dura de lo Apóstoles... Que me ha hecho gracia. Un abrazo para todos vosotros. ser felices.