miércoles, 25 de agosto de 2010

Agustín de las Heras: "El retiro de Diógenes"

Portada de El retiro de Diógenes

Agustín de las Heras debería haber sido encarcelado, pero supo mantener oculto su delito cometido en la infancia. Y ha sabido vivir con semejante culpa durante tantos años, hasta que en 2008, no pudiendo con tanta carga lo puso en el libro objeto de esta reseña. Aún así hasta el final no es capaz de hacerlo. Y en el último capítulo no puede más y lo hace:
“De repente, con el ruido de otro tremendo trueno, como anunciándolo, me di cuenta de que llevaba uno de los gruesos. Leí en su portada. Rimas y Leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer.
No, no era un catálogo, era un libro. No entendí nada y lo entendí todo. Me invadió una sensación de culpa. Ya no había distancia entre los resplandores de los rayos y el sonido de los truenos, la tormenta estaba justo encima.
Ante la invitación de algún librero a coger uno de sus catálogos mostrados en primera fila, yo, sin darme cuenta, sin darse cuenta mis amigos, sin ni siquiera darse cuenta el mismo librero, había metido en mi bolsa lo que yo pensaba que era un catálogo, pero en realidad era un libro.
Lo escondí en mi librería, entre los libros de texto antiguos, entre los cuadernos ya terminados que me gustaba guardar de cursos anteriores, y mi infantil cobardía me hizo mantener un secreto que ahora estoy recordando. No, no se lo conté a nadie entonces. No lo supieron mis amigos, ni mis padres, ni me atreví a investigar de dónde lo había cogido. Ese año, ya no volví a la feria.”
Durante unos días este escribidor ha gozado con la lectura de un libro ajeno a los usos y costumbres literarios que hoy en día llenan listas, ocupan escaparates, suplementos literarios y demás herramientas que la industria editorial utiliza para promocionar sus productos.
El retiro de Diógenes, publicado por Editorial GrupoBuho en 2008, es un libro diferente, un libro en el que lo que importa no sucede fuera, sino en el corazón de los personajes.
Es un libro inclasificable. Mejor dicho es un libro clasificable en varios lugares. Si afirmo que se trata de un relato, no miento. Si afirmo que se trata de un libro moral, tampoco miento. Si afirmo que podría formar parte de la llamada literatura del yo, tampoco falto a la verdad.
Lo importante de este libro, a mi modo de ver, es la sinceridad que demuestra su autor.

Por aquel entonces, Agustín participaba en diferentes foros de la red y firmaba con el pseudónimo de Diógenes. Este mismo nombre —cuyas referencias a la filosofía griega son tan evidentes que no conviene detenerse en ellas—, es el que utiliza el protagonista del libro que aprovecha la hora del almuerzo para salir de su oficina, acercarse hasta el Retiro madrileño y allí dar de comer a unas ardillas que habitan en un viejo olmo próximo al lugar solitario donde suele sentarse a ver pasar la vida, a dejarse inundar por el paso del tiempo en actitud contemplativa y observadora.
Aparece Jorge, un niño que pasa por allí cada día, justo antes de entrar en el colegio por la tarde, hacia las tres. Entre ellos, se traba una amistad, que como no podía ser menos, surge de la admiración que en el niño suscita el hecho de que dos ardillas coman de la mano de Dío… Así es como el chavalillo jibariza el nombre de Diógenes.
Y se dispara el libro.
El libro crece gracias a estos breves encuentros entre Jorge y Dío que aprovecha Agustín para desnudar su corazón, para reflexionar sobre las cosas que importan verdaderamente al ser humano, aquello que lo construye por dentro y le dota de personalidad y emotividad: el amor, la amistad, las relaciones, la muerte, el futuro, el fracaso, la ilusión…
No sólo es Jorge quien coincide con Diógenes. Por el Retiro pasean más personas, un mosaico de vidas, las mismas que podemos observar en casi todas partes, y muchas de ellas incluso se detienen a hablar con Dío, normalmente sorprendidos por la presencia de las ardillas. Los temas se dividen en capítulos, por donde la vida nos pasa. Para Agustín de las Heras la vida no sólo sucede ante nuestros ojos, sino que es objeto de reflexión, porque la vida de los demás también es nuestra vida.
De sus palabras brotan comentarios, consejos y reflexiones que simplemente son fruto del sentido común y de una visión del mundo transida por el deseo de mejorarlo. Y está convencido de que la mejora radica en buscar lo que nos hace verdaderamente humanos alejándonos de los lugares comunes, de las verdades impuestas por la tradición, pero que no han sido contrastadas.

Se podrá estar de acuerdo o no con las reflexiones de este pensador, pero eso no importa, o importa muy poco, lo que verdaderamente cuenta es que sitúa al lector en el disparadero de su propia reflexión.
Como los viejos libros de maestros orientales, el maestro suele enseñar preguntando, es decir entregando una palanca al discípulo para que éste descubra por sus propios medios dónde y cuál es la verdad.
En estos tiempos que corren, en los que la verdad se impone desde tantos sitios, quizá convenga echar un vistazo a quien nos propone una zambullida en nuestro interior y nos invita a buscar la verdad, la nuestra.

Aquí podéis encontrar el modo de adquirir la obra, a través de la librería La Clandestina.

14 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

Si un libro te lo recomienda un amigo es bueno...si el libro te lo recomiendan dos es muy bueno...y si esos amigos son Alena (en Alenarte Revista Cultural y Artística) y Amando…cómpralo y léelo.

Un abrazo.

pluma roja dijo...

Hace muy buena pinta, si puedo lo conseguiré, me gustan las historias basadas en la redilad, los escritores saben darle esa magia para que vivas con ellos ese momento.

Un abrazo!!

Isolda dijo...

Me ha encantado la historia del 'pecadillo' tanto tiempo guardado y me intriga la relación de Dío con Jorge. De hecho, el tandem adulto-niño es fascinante.
Me hago co él y te comento Agustín.
Gracias Amando, por traerlo y contarlo como sólo tu sabes.
Besos a ambos.

Leonel dijo...

Tomo nota , trataré de procurarlo via internet. Gracias Amando.
Un abrazo.
Leo

neko dijo...

Dificil quitarse el peso de un delito semejante! :)

Apunto la recomendación, pero aunque te parezca extraño, no leo el resto del post. Tanto en los libros como en el cine me gusta enfrentarme a ello sin saber demasiado. Unas pinceladas me son suficientes, y una buena recomendación lo es mucho mas.

Amando Carabias María dijo...

Espero, Flamenco, que cuando lo leas llegues a la misma conclusión. Es curioso, este libro tiene la facultad de pedir que se lea hasta el final, y aunque no sea precisamente un libro de misterio, no revelaré nada más de su contenido.

Pues si te gustan este tipo de hisotorias, Pluma Roja, este libro te va a gustar seguro.

Y de ese jaez, Isolda, hay más de una. Ya nos dirás, ya.

Ojalá lo consigas, Leonel y después lo disfrutes. Tu capacidad de trabajo y de lectura me tiene fascinado.

Y tanto, y tanto, Neko, así nos ha salido el mozo, todo un lector y además escritor.
Por cierto, haces bien en ir sin ningún tipo de prejuicios y opiniones a los libros y a las películas. Por eso, aunque ahora escriba de vez en cuando sobre libros, sólo lo haré sobre los que lea de mis amigos, como hice con Alena Collar, María Sangüesa, Mercedes Pinto y ahora Agustín de las Heras

Verónica dijo...

Es muy interesante lo que cuentas Amando, pero últimamente no tengo tiempo para leer, tengo unos cuantos esperando en la estantería.
Aunque seguro que me encantaría.....
Abrazos

Paloma Corrales dijo...

Yo me fío de ti a pies juntillas, así que lo compraré, aunque tendré que esperar a que llegue el otoño para la lectura, voy saturadilla...

Besos, muchos.

Amando Carabias María dijo...

Así andamos muchos, Verónica, con el tiempo dividido en tantas cosas...

Muchas gracias, Paloma, con tu sensibilidad seguro que lo disfrutas.

Odiseo de Saturnalia dijo...

He visto llegar al viejo Diógenes esta noche, hace unas dos horas. Le veía cansado, pero despierto. Salió del camino del desterrado Cid, y por no seguir la ruta del "Ego Ruderico" ha llegado a casa.

Ahora sonríe... y agradece. No creo que diga mucho más. Hay veces que la sonrisa es una respuesta y las palabras, no son encontradas para demostrar gratitud.

Al menos, espero que Dío te haya entretenido, porque es un placer para mí, haber sido leído por Amando.

Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Espero Odiseo que el cansancio de Agustín sólo sea el resultado de un viaje en un día de tanto calor, y que no haya llegado con el corazón asendereado como tuvo que sufrir el viejo hidalgo castellano.
Dile a Agustín, cuando despierte, que su sonrisa es pago más que suficiente y que no escribí para que me pagaran, sino para que otros, si es que quieren y pueden, sepan que hay otro libro, otros libros...
Abrazos.

Marina Fligueira dijo...

Pues si, Yo tuve esa suerte de leerlo y fíjate que con mi edad aún he aprendido a valorar cosas, me sirvió para ponerme, como tú bien dices, en el disparadero de la reflexión. Me quedé maravillada del libro, EL RETIRO DE DIOGENES. Hace tiempo que lo tengo y de cuando en vez le echo una ojeada por que es muy- muy ameno. Un beso. Ser felices.

Amando Carabias María dijo...

¡Qué ilusión tu comentario, Marina!
Esto viene a corroborar mis palabras...

Isolda dijo...

Como aquí fue el encuentro con El retiro de Diógenes, justo es que venga a decir que me ha gustado mucho; que pasaré por su blog, pero no dire nada nuevo ni mejor que Amando.
Marina, otra cosa que compartir.
Como dices siempre: sed felices.