viernes, 12 de junio de 2009

LA CARA OCULTA DE LA LUNA. 3

(Para releer el capítulo primero pinchad aquí) (Por si no se recuerda bien el capítulo segundo)

Como diría después el Comisario Gayano, sólo la aparición del diario permitió resolver el caso, a pesar de que en sus páginas únicamente hubiera escrito un nombre, el último, Arilde, y en ninguna página más hubiera otro; pero las descripciones y las situaciones que se contaban fueron suficientes para determinar la persona a la que se refería, sobre todo si se tiene en cuenta el tamaño y número de habitantes de la Euritmia. Además de descubrir al culpable, la aparición del diario hizo posible, como si fuera la fórmula para encontrar la piedra filosofal, desentrañar las razones por las que Veridiana ocultó durante casi seis meses lo que sucedía.

Sin embargo, anteriormente, la policía detuvo a los dos sospechosos aclamados como tales por casi toda la ciudad. Pero a pesar de la prisión, hasta aquella confesión póstuma, las fuerzas de seguridad no tuvieron móvil ni arma con los que, aunque fuese sutilmente, dar alguna explicación suficiente que permitiera al juez el procesamiento de los sospechosos...

Pocos días después del suceso, se supo que Fabián y Osorio, su padre, estaban en el ojo de mira de la familia de la chica. Euritmia se movía al son repetido en baja voz, como si el runrún pudiera despertar y levantar las iras de alguna deidad dormida. No conviene tentar a la suerte, menos al hablar de muertos jóvenes a causa de mentes enfermas. Pudo suceder, de ello también hubo maliciosos susurros, que la muchacha se hubiera prestado voluntaria. Aunque quien sostuvo tal teoría, olvidó que el cadáver era el de ella, no otro. Mera cuestión de oxígeno, aseveró un chistoso a espaldas de Gayano, que resopló indignado e impotente, mientras el humo de su cigarrillo se convertía en niebla que distorsionaba el fulgor de su mirada iracunda.
El lenguaje del diario era críptico, alusiones que se velaban, palabras que se movían como una hélice: el sujeto se elidía en un alarde de escritura, se escamoteaban las circunstancias como si fueran accidentes sin importancia; como si alguien invisible o simbólico, no un ser de carne y hueso, fuera el autor de tanto daño, mejor dicho de la destrucción. Tanta lobreguez, tanta bruma en la redacción, tanta opacidad tenía causa. Lo advertía Veridiana con constantes menciones al miedo, al terror de ser descubierta en su actividad de escritora. Pero el Comisario Gayano, con la estimable ayuda de la autopsia, que, al contrario del diario, era como un vaso de agua por su nitidez, encontró suficientes indicios. Lo malo es que transcurrieron varias semanas, y ya Euritmia había condenado a Fabián y a Osorio. Es difícil evitar que atrevidos y miedosos, determinen sentencias que se disparan accionando el gatillo de la hipótesis o de las circunstancias. Su veredicto no deja marcas, sino tatuajes, salvo milagro de Nuestro Señor, cosa infrecuente en estos tiempos, sólo generosos con quienes enmascaran la verdad con gestos de prestidigitador.
Es difícil llegar más bajo: aceptar esta humillación y, después, salir a la calle con la sonrisa recién vestida en los ojos y recién pintada en los labios, para que nadie sepa que el resto oculto de tu cuerpo es la sede de la brutalidad; pero si digo algo, sé que no lo podré seguir contando, y lo que es peor, Tú sufrirías sus consecuencias; puede ser que Él tenga razón, y me esté portando mal.
La Policía, antes de leer el diario (oculto por la inmovilidad de Arilde), pidió una orden de detención. Las tardes polvorientas y sudorosas de aquellos días inutilizaron más de un cerebro, o lo ralentizaron. Menos mal que un abogado abrió los ojos a la policía, comenzando por Gayano y siguiendo por Del Río con simples preguntas relacionadas con pruebas, móviles, armas…
Fabián y Osorio denegaron estupefactos con lentos movimientos de cabeza y mostraron, primero, un rostro dolorido, y, luego, espanto en su mirada. Fabián declaró con voz entrecortada, que a muchos les sonó a falsete desde el inicio, que no sabía nada, que el primer damnificado era él mismo, pues estaba enamorado de su novia, y algún desalmado se la había quitado para siempre. A pesar de sus lágrimas, la mayoría de las madres decidió que mentía, y decidió que sus hijas corrían peligro si Fabián seguía suelto por Euritmia. Se dictaminó unánimemente, sin necesidad de cónclave, que el joven de aspecto intachable era más peligroso que cualquier criminal confeso. Todos opinaron que mentía, aunque no supieran explicar por qué. El horror del silencio, cuyo único rastro eran las escamas plateadas, vibrátiles e ígneas de los reptiles, paralizó los mecanismos más sencillos de la maquinaria oficial de la ciudad, y cada movimiento se convertía en un error o una torpeza.
La autopsia determinó, con la precisión con que el espejo devuelve la imagen, que el cadáver, además de siete heridas procedentes de arma blanca, dos de ellas mortales de necesidad, presentaba rastros de quemaduras de cigarrillos, cicatrices de pequeños cortes, claros signos de golpes y vejaciones; dado el tiempo transcurrido, no se podía determinar con precisión su procedencia, aunque podían conjeturarse golpes procedentes de instrumentos tales como bates, o palos.
Junto a un café, casi enceguecido por el humo del cigarrillo del comisario, el Forense comentó a Gayano que, a pesar de los años de profesión, era la primera vez que había asistido a una tortura tan salvaje, tan fría, tan calculada. Además, añadió pesaroso, Salvo el día del crimen, parece que nunca hubo violencia incontrolada; todo fue preciso, como si supiera que podía aguantar diez golpes, pero sólo diez, ni uno más; no sé si me entiendes.
El Comisario, más acostumbrado a transitar por el envés frío y negro de la luna, entendía y callaba. Sin embargo, desconocía por qué, quién, y lo peor, por qué la chica guardó silencio, salvo que fuera consentido, aunque un crimen no se consiente.
Pero aquellos primeros días, el diario dormía en la habitación de Arilde
Cuando la madre leyó un resumen de la autopsia (si alguien se la hubiera facilitado completa hubiera cometido un acto criminal), se le cayeron los papeles al suelo. No era posible. Simplemente no podía ser, no había ni una razón más que avalara el aserto. Se imaginaba a Veridiana en tales trances, y sentía que una alimaña se retorcía en su estómago.
Su padre, más advertido de las cosas de este mundo, apretó los puños y tomó la determinación de tener unas palabras con Fabián. Aunque lo que anhelaba era su cuello seccionado y fileteado. Pero aquello no convenía que se dijera, más que nada para evitar una revuelta popular.

9 comentarios:

maria dijo...

Los he vuelto a leer seguidos (gracias por los enlaces) y ahora me parecen superiores , este último me parece bordado, si tuviera el libro ya hubiera leido el final para mejor disfrutar del arte de escribir.
Maririu

Maria Sanguesa dijo...

Buena muestra de que se puede hacer literatura de gran calidad con género de novela negra. Es asombroso como sabes "tocar todos los palillos" y salir triunfante del empeño. Espero que no nos hagas esperar mucho para seguir con el hilo de la intriga. Un beso.

Amando Carabias María dijo...

MARIRIU y MARÍA SANGÜESA:: Muchísimas gracias por vuestras alabanzas. Desde luego es una suerte contar con lectoras como vosotras.
Suelo decir que el género negro es uno de los más complicados y la verdad es que disfruto escribiendo en este estilo. Para mí es uno de los géneros que mejor sirven para entender esta sociedad en la que vivimos.
Y no, no os haré esperar mucho, el próximo viernes está previsto en cuarto y último capítulo.

Adrian Dorado dijo...

Bueno, te agradezco que nos vayas poniendo al filo de la resolución pues la intriga no está hecha para ansiosos como yo. ¿Qué si lo llevas bien? Pues desde luego, eso lo sabíamos y no es intriga... pero lo otro sí, jó y no es cuestión de ...hasta el viernes? ¡UFFFAAA!

Amando Carabias María dijo...

ADRIÁN: Antes de que nos demos cuenta estaremos leyendo el desenlace. Una semana no es nada.

Isolda dijo...

Una semana más con la intriga, qué le vamos a hacer. Soberbio, como todos los relatos que nos regalas.
Besos compinchados con Pepe Gónce,desde un punto del medio sur.

Amando Carabias María dijo...

ISOLDA: Espero de todo corazón que estos días en que coincidís en ese punto del medio sur, sean una maravilla. Saluda de nuestra parte a Pepe y familia.
Un beso y un abrazo, con el ruego de transmisión.

Pepe Gonce dijo...

Leido amigo.

Intuyo el desenlace pero me lo callo. Aunque por otro lado estoy seguro que nos sorprenderás.

Amando Carabias María dijo...

PEPE GONCE; No es por llevarte la contraria, amigo, pero me da en la nariz que no lo intuyes.
Creo que el próximo viernes hablaremos mucho del desenlace.
Bueno, no adelantaré acontecimientos.