viernes, 5 de junio de 2009

LA CARA OCULTA DE LA LUNA. 2


(Acceso al primer capítulo)

Arilde, desde hacía años, centró su espionaje en la búsqueda del diario de su hermana que, arrojado por una mano invisible, durmió sobre el suelo de su habitación aquella tarde polvorienta y sudorosa. Se había pasado muchas otras buscándolo ansiosamente, con desesperación compulsiva y enfermiza, con determinación maniaca que convierte en persecución obsesiva una leve pesadilla. Nunca le había visto escribir sobre el cuaderno, pero adivinó su existencia.
Creía conocer a su hermana, y suponía que escribiría diarios cursis y lacrimógenos, repletos de escenas en que se describiría el cataclismo que conduce a la rotura de un tacón, la tormenta que rasga una media, el naufragio del último peinado a causa de un chaparrón inesperado.
Sin embargo, por más que aguardó con impaciencia insana los momentos en que la casa se quedaba vacía, y sólo se escuchaba la respiración discordante de los relojes, nunca dio con tan deseable tesoro. Intuía que en el cuaderno encontraría el ominoso secreto que derrumbaría el halo que envolvía a Veridiana, un aura que, incluso a sus ojos entorpecidos por la atrofia de la envidia y la distorsión del odio, se mostraba con la nitidez traslúcida de un diamante.
Tras leer sus páginas, mientras la tarde de filos de navajas sangrantes declinaba tan despacio, comprendió que, de haberlo encontrado antes, no lo hubiera creído o hubiera pensado que su hermana, más que un diario, escribía una novela de terror y de ciencia ficción, tan diferente era la vida que su relato mostraba, respecto de lo que todos creían saber acerca de ella.
Resbaló el último átomo de luz a través del lejano horizonte, solitaria gota que agoniza tras una ventana, y Arilde permaneció inmóvil. No fue una decisión voluntaria o elegida, o sea la opuesta a moverse. Si permanecía estática era porque no podía evitarlo. Lo de menos era la desdeñable cuestión de que su musculatura se pusiera en marcha, sino que su corporeidad no podría hacerlo, puesto que su cerebro no transmitiría tan rutinaria orden al resto del organismo. La sorpresa, mejor dicho, el hachazo, fue de proporciones casi cósmicas.
Durante un tiempo, declararon después sus padres, temieron también por la vida de Arilde, como si el diario, en realidad, hubiera sido un silencioso y desconocido proyectil alojado o dormido para siempre en su corazón.
Su última frase fue la puntilla, pero el resto de palabras, hermosas y desoladoras, penetraron como un cuchillo en el ensamblaje mental de Arilde, hasta procurarle un destrozo similar al que una máquina de desguace ocasiona a todo lo que llena sus fauces demoledoras e implacables. Era una frase que cortaba la respiración y produjo un cortocircuito en las neuronas de Arilde. Una frase que era la conclusión lógica de lo escrito, como el perfume que exhalan las rosas, el único aroma posible después de toda la belleza que atesoran:

Aunque parezca lo contrario, habito en el lado oculto de la luna, y ese lado que desconocéis me precipita a la destrucción, Arilde.

Lo peor de la frase no fue su significado, sino su destinataria, ella misma.

Veridiana había escrito su diario pensando en su hermana. Desde la primera línea lo entendió, pero hasta la última frase no lo constató. Como el curso de los ríos avanza sin pausa, y concluye en el infinito mar, por muy larga o lenta o revirada que sea su senda, al final del trayecto siempre permanece un rastro, aunque sea leve o insignificante, de aquella agua que nació como un leve regato en algún lugar lejano y escondido de las montañas. Así, desde la primera frase, supuso que ella era la única destinataria de las palabras.

Comienzo este diario, porque siento que sólo Tú entenderás su significado, el significado de los hondos tambores que me golpean sucesivamente, en mi lado oscuro que ninguno conocéis. (...) Me odias, lo sé, tus ojos me persiguen, lo noto cada día, son dos alfileres que se clavan en el alma. (...) Te miro y no comprendo, nunca te he hecho daño, al menos a sabiendas, pero me odias. Sé que me odias.

El relato avanzaba como un adagio de Bruckner, con su misma intensidad dolorida. Una intensidad consciente de que la esencia del zumo que destilaba, sería recibida como veneno, aunque pretendiera ser medicina.
Descubrió Arilde, en aquellas horas de brillos plateados y fogosos, horno incandescente, que Veridiana había escogido en vez de la envidia, un amor sin fronteras; y supo que la vida de su hermana estaba seccionada por otro odio más dañino que el suyo, por un dolor ominoso, por una violencia exterminadora. Poco a poco, aquella narración le introducía en la realidad que aniquiló la vida de su hermana durante los últimos meses. Esa verdad tan tenebrosa como el lado oculto de la luna.
En algo erró.
Efectivamente el diario existía, pero su nacimiento se produjo en fechas más próximas de lo que había barruntado. No llegaba a seis meses. Comprendió que lo escribió por dos razones: porque era la única prueba que quedaría de su sufrimiento, y porque sospechó que era la única manera de que su hermana la quisiera, aunque fuese un cariño póstumo y lleno de remordimientos. Quizá hubo una tercera razón, más escondida, más camuflada: Veridiana imaginó que Arilde sería la única persona en el mundo que creería todo lo que contara, porque, a pesar del odio o rencor que la devoraba, o precisamente por ello, era quien mejor la conocía.

El dolor que siento cercena mi corazón como dentellada de alimaña salvaje; sin embargo, no existe ningún analgésico que pueda aliviarme; aunque tampoco sé si quiero un alivio pasajero, sólo deseo es que no te ocurra nada.

Parecida sensación se apropió de Arilde: un dolor sólo comparable con la intensidad del odio, o con el pavor de sus pesadillas, en las que caía por un negro pozo sin fondo y sin luz, y cada vez que agarraba algún saliente, descubría que estaba fabricado por cortantes vidrios adheridos a la piedra.

13 comentarios:

Isolda dijo...

Impresionante, Amando, no esperaba menos de estas dos hermanas tan bien avenidas. Sin respuesta, por favor. Mañana te comento, ahora besos para domir bien.

PS. Ferrán ya es nuestro!

Adrian Dorado dijo...

Jó que mala es la tía esa es como una Caína...la verdad es que estuvo tan bien narrado que desapareió el tema del cómo,sinó que nos llevó el qué...que genial, eso es lo que se debe, me parece,en términos del autor, desaparecer como "concertino" de la orquesta. Cuando el escritor desaparece y no intenta mostrar lo maravilloso literato que es, cuando baja los decibeles del "mostrarse para el apaluso" y no se antepone en importancia a sus propios personajes, cuando la lectura va como por un ducto lubricado y uno sólo siente,como en este caso la maldad, la envidia que supura la mente de la protagonista, cuando lo que priva es la sensación de los celos y la envidia que, enrealidad es el objeto a narrar... O sea, escribidor, cuanto menos de uno mismo como ego, tiene la experiencia más sublime concluye,(haré una poesía visual de este aforismo)Y cuando esa desaparición natural ocurre es que se posee pasta de buen escritor, lo que se llama talento y esto te ocurre con mucha frecuencia mi amigo. Así que felicitaciones vas por un camino lleno de luces y nos dejas ser llevados por la narración. Vivenciamos perfectamente lo que le ocurre a la psicoligía de los personajes...Muy bien.Bravo.

Hoy me he adelantado dado que tuve un dia atareado... fueron sólo 6 los puntos en la boca y ahora puedo solo escribir, de hablar na nai estoy aún anestesiado, veremos que nochecita me toca. Gracias por los que os habéis detenido en mis ausencia y las ñañas qe se presentaron en el "comedor". Estaré un par de dias como los bebés a puré.

Beso Y arbazos.
Bienvenido Ferrán.
Amando mi agradecimiento.
Los quiero a todos

Maria Sanguesa dijo...

Impresionante el retrato psicológico sobre los celos que nos muestras en esta narración. Impecable el estilo literario que utilizas para expresarlo. Es buenísimo. Un abrazo.

Pepe Gonce dijo...

¿Versión moderna de Caín y Abel? No, no creo. Presiento otro desenlace.

Amando, gracias por continuar con el relato, gracias por tu dedicación.

Después de lo que ha dicho el patafísico-orínico irredento con los piños arreglaos ¿Qué te decimos el resto? Esto de que este tío entre de los primeros nos deja a los demás en fuera de juego. De todas maneras, la narración, en tu línea. En la línea de un gran escribidor.

Buen fin de semana.

PD.- Nos volvemos a leer el domingo noche o el lunes por la mañana. Me escapo para la Sierra de Cádiz nada más salga la pequeña del cole y allí todavía no tenemos conexión para esta maquina infernal. Os echaré de menos.

Abrazos fuertes para tod@s.

Beatriz Ruiz dijo...

Buenos días a tod@s...

Fantástico amigo... gracias por compartirlo...

Alguno se va a la sierra???... Fantástico... sube una peña por mi...

Saludos cariñosos desde Tenerife...

P.D.: Y dónde está María desde el norte de África???...

Amando Carabias María dijo...

ISOLDA:En esta ocasión, no te hubiera respondido, ya había empezado mi particular película en el cine La Piltra.

Amando Carabias María dijo...

ADRIÁN: Uf qué palabras, hermano, qué análisis. Ante esto cualquiera dice nada.
Me parece que ese es el camino del escritor, intentar desaparecer del texto, y sin embargo que lo digas de éste en concreto me hace reflexionar, porque parecería lo contrario.
Quizá se trate del uso de la persona del verbo. Esa tercera persona, ese alejamiento de quien narra, le da una objetiidad que parece que la primera persona desvirtúa.
Y sin embargo, en la narrativa actual se utiliza mucho más el "yo" que el "él".
Espero que esos puntos cicatricen cuanto antes, tamibén espero que no mueras de hambre con la ingesta de purecitos y papillas. Tres días pasan pronto.

Amando Carabias María dijo...

MARÍA SANGÜESA: Muy agradecido a tu valoración. Espero que los otros dos capítulos que restan, merezcan el mismo baremo, en ese caso el relato habrá quedado equilibrado.

Amando Carabias María dijo...

PEPE GONCE: Cuando leas estas líneas será domingo, me imagino, pero en todo caso os deseo felícisimo fin de semana a los tres, allá en la serranía gaditana.
No adelantaré mucho más, pero, efectimvamente intuyes bien si crees que no es una moderna versión de Caín y Abel... Ya te digo yo que no tiene nada que ver, bueno en algo sí, pero ya se verá.

Amando Carabias María dijo...

BEATRIZ: Respecto de María, Sólo te puedo decir, que si no entendimos mal, andaba con el brazo bastante fastidiado. Espero que no haya empeorado.
Por lo que sé, además, esta semana la tenía liadísima con todo lo relacionado con el final de curso.
Pero me imagino que habré dicho demasiado.

Isolda dijo...

Ya estoy aquí, ESCRIBIDOR; Hubiera querido expresar, cuánto me ha gustado este segundo relato, como lo ha hecho ADRIAN, pero no tengo esa visión tan generalista y sabia; es conocido, las mujeres tal vez absorbamos o interpretemos más, pero finalmente particularizamos. Un bravo para los dos! A tí, Amando por escribir y al patafísico por esa crítica brillante.
A veces hay que tener una segunda opinión; recuerdo una serie de cortos que se pasaron por Canal Sur, de todos los pueblos de Andalucía. Los ponían justo antes de los telediarios y ahí estaba yo para disfrutarlos. Sólo sabía que me he encantaban, de técnica cinematográfica, digamos que nada de nada, de modo que me tragué un montón de pueblos, antes de descubrir por una estupenda crítica en un diario -luego voy con Boyero, no te importa Amando?- en qué consistía el éxito visual de esa serie.
La cosa era, que se sobrevolaban, a vista de pájaro y se emitían las imágenes contrariamente a como fueron rodadas o algo parecido. Claro que la dirigió Manuel Gutiérrez Aragón y fue premiada en varias ocasiones. Mejor si queréis veis algún corto (2 minutos)
http://es.wikipedia.org/wiki/Andaluc%C3%ADa_es_de_Cine

Os supongo enterados de la bronca que le ha caído a Carlos Boyero, por decir lo que dijo de “Los Abrazos Rotos”. En dos palabras, que no le gustó. Con esto vuelvo al peloteo que últimamente abunda en los medios. Pues si señor, es a mi parecer, el mejor crítico de cine actual. Muy riguroso y no pasa ni una, como debe ser. Para admiradora de Almodóvar, mi menda lerenda, me entusiasman varias de sus películas, otras algo menos, digo algo, pero ésta realmente es cansina y no está a la altura. Sin embargo, soy feliz por el doctorado que le han otorgado a mi querido Peeeeedro, porque se lo merece todo.

Ay Amando , otra vez me he pasado. María cuídate ese brazo que queremos tus abrazos completos (que no rotos).
Besos desde el sur a la hora del cafelito.

Isolda dijo...

Me olvidaba, gracias por subir estas letras de Gerardo Diego. Besos.

Amando Carabias María dijo...

ISOLDA: Antes de nada, os cuento que Pilar nos ha saludado a todos en la entrada de ayer. Dice que en el hotel, efectivamente tienen internet y que Barcelona es preciosa.
Efectivamente, la crítica de Adrián es brillante y me ha dejado un poco anonadado, pero si él dice todas esas cosas, pues...
La verdad es que la tarea de los críticos es complicada, y, además, hoy en día vital para que ciertas obras sean tenidas en cuenta o pasen a formar parte de la turbamulta del olvido. Por eso los críticos tantas veces son manipulados y en muchas ocasiones sirven más de voceros de sus dueños.
Los críticos, en general, no me gustan por una cuestión pedagógica, sitúan la lente de aumento sobre los defectos (¿qué hay perfecto?) y muchas veces pasan de puntillas sobre los valores. Creo que una crítica seria y responsable no está en los periódicos, sino en los libros. En los periódicos más bien hablaríamos de reseñas o poco más.
Dicho esto, y ya que particularizas en el cine en la polémica Boyero-Almodóvar, yo diría que Boyero es sino el mejor, uno de los mejores, pero que va de divo, quiero decir, sabe que si él descalifica una película, en general, la opinión de los espectadores quedará lastrada por su visión de las cosas. Supongo que es consciente de ese poder y, por tanto, creo que lo ejerce con honestidad. Sin embargo en el caso de "Los abrazos rotos", me parece que fue destructivo. Leí su crítica el mismo día que la publicó, y cuando vimos la película Marián y yo, ya iba predispuesto en contrario. Quizá porque me barruntaba una película más floja que las anteriores del manchego, no me disgustó tanto. Creo que sí, que como dijo él, es demasiado poco natural.
Dicho esto, la reacción de Almodóvar tampoco me parece ponderada, aunque, obviamente está en su derecho de criticar a quien le ha criticado.
Al final me parece que todo se reduce a que con tanta discusión, la taquilla se ha beneficiado que, en el fondo, es lo que buscaba el de la Mancha.