domingo, 20 de enero de 2013

De rechazos y acogidas


La editora, Amelia Díez Benlliure, con un ejemplar
de "Quizá un martes de otoño"

Cuando uno envía un texto de cualquier género para que sea valorado por alguien cuya misión, además, consiste en decidir sobre su publicación o no, debe saber que se expone al rechazo. Por bien o mal que le siente, el rechazo forma parte de las opciones posibles.
Aunque no soy filósofo, ni lo pretendo, barrunto que la opción de la negativa es la que confiere a la libertad de su valor tan primordial y tan humano, tan específicamente humano. (También cuando elijo libremente un camino, estoy ‘negando’ de facto otro, muchas veces igual de atractivo o más que el escogido).
A lo largo de tantos años dedicado a esta pasión de escribir, he recibido varios rechazos de novelas y poemarios. Decir que me ha resultado indiferente esa negativa sería mentir como un niño, y además sería inútil, porque nadie me creería. Claro que afectan, salvo las paredes de hormigón armado, nadie es inmune a una bofetada.
No sé si es una virtud o un defecto, pero me parece que en ningún caso he pedido explicaciones. Nunca ha sido necesario, porque cuando un manuscrito se me ha valorado negativamente para su publicación, siempre ha ido acompañado de motivaciones que han servido para que entendiera si se habían leído el texto —en cuyo caso, no merecía la pena reincidir en la cuestión—, o simplemente no se lo leerían aunque se lo enviase setenta veces siete —en cuyo caso no merecía la pena reincidir en la cuestión—.
Una vez asumida la primera sensación dolorosa, me quedaban (o me quedan) varias opciones. Soy un poco voluble, lo reconozco, pero hay algo que hasta ahora no me ha sucedido: nunca me he desmoronado del todo cuando me han devuelto alguno de mis libros.
Aunque la primera reacción siempre ha sido un poco dramática, nunca ha salido de mí mismo. Tampoco, al menos hasta el día de la fecha, me ha dado por insistir en exceso. Quizá sea uno de mis errores. No lo sé. Cuando un libro ha sido rechazado, supongo que no reúne los requisitos adecuados para su edición. Lo dejo estar una temporada, como si no existiera, como si tuviera que serenar su contenido. Al cabo de un tiempo le doy otra vuelta.
Es un momento clave. Esta segunda vuelta (que en realidad es una quinta o sexta tras su primera escritura y posteriores correcciones) es la definitiva para que en mi ánimo crezca como libro con posibilidades de publicación o, simplemente, se trate de una criatura fallida, que realmente no tiene otra posibilidad que su almacenaje caritativo en alguno de mis cajones. Cuando se produce el primer caso, vuelve a entrarme el frenesí interior que pocos conocen, porque éste sí lo guardo bien, es uno de mis secretos mejor guardados. Puede suceder que gracias al reposo de los meses, descubra las grietas —según mi entender— por las que el libro hace aguas; puede ser que atisbe otro modo de enfocar la historia —en realidad reescribir el libro—; puede ser que el libro me siga pareciendo publicable con apenas algunos retoques… Da igual, en cualquiera de los tres casos, volveré a intentarlo, volveré a enviar el texto a otro editor. Pero sólo a uno. Si tampoco encuentra la acogida necesaria, salvo que de sus palabras uno deduzca que ni ha abierto la portada, lo dejo definitivamente.
Pienso que no será un libro siquiera digno, o quizá es que no interese a nadie.
En todo caso, no me vengo abajo, no me hundo. Sigo adelante. No me concibo de otro modo que no sea escribiendo. (Que no quiere decir que una escriba siempre de cara al público, eso es otra cuestión). Uno se aleja de los libros escritos años atrás, porque en la mayoría de los casos son reflejos de una etapa concreta de la propia vida. A veces sucede que extrañas circunstancias te devuelven a ellos; pero eso también formaría parte de otra reflexión.
Pero, en caso de segundo rechazo, tampoco estimo que los editores actúen a la ligera. Aunque el único criterio que usen es el de la comercialidad o no de los libros que editan, han tenido un criterio a la hora de admitir un manuscrito o rechazarlo. Y salvo los tontos, no conozco a nadie que se dedique a arrojar piedras contra su tejado. Otra cosa es que acierten o no, pero eso ya es responsabilidad de cada quien. Tampoco interpreto —nunca lo he hecho— que rechazarme un libro signifique rechazarme a mí. Si cada ‘no’ que reciba en esta vida lo entiendo como una afrenta personal, el mundo sería irrespirable para mí.
El poemario Quizá un martes de otoño es una excepción en todo este proceso. Tras el conforme de mis lectores experimentales, tres esta vez —nunca me salto esta parte de mi rutina—, el poemario como se concluyó en su primera redacción, encontró editor, editora en este caso, alguien que en cuestión de días confió en sus posibilidades. Y si el libro se ha alumbrado ahora, ha sido por otras circunstancias, pues estuvo a punto de salir a la luz pocos meses después de haber sido escrito.
Esta singularidad en mi experiencia literaria, me hacer reflexionar retrospectivamente sobre otras cuestiones, pero creo que ahora no vienen al caso, pues, quizá me adentrara mucho en el camino de la melancolía.


Invitación, presentación Segovia (23.01.2013)
Invitación para el acto de Madrid junto a
Eloy Sánchez y Marcelo Díez
(28.01.2013)

13 comentarios:

MARÍA LUISA ARNAIZ dijo...

Estarás en mi mente en la presentación. Que tengas una velada muy receptiva.
Besos.

Isolda dijo...

Si la editora está así de feliz, por algo será. Imagina pues, tus lectores. Fuera melancolías, querido Amando.
No podré estar en Madrid, aprovecho ahora para felicitar a Eloy y Marcelo, que estarán igualmente ilusionados.
Muchos besos.

Paloma Corrales dijo...

Allí nos vemos, en los madriles. Abrazo.

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Tus pensamientos son tan propios de un escritor como de una excelente persona. Amando. No, no lo voy a dejar de decir. Conociéndote, poco personalmente y más por leerte, creo que tu meticulosidad y cuidado con el lector es tan grande que pienso, afortunadamente no en este caso, que la cuestión debe dirigirse, muchas veces, hacia la oportunidad de los aspectos crematísticos de la editorial y no a la valía de lo escrito. Las siempre eficaces enseñanzas en cursos de marketing llegan a ahogar obras que podrían ser importantes.
Te felicito muy efusivamente por tu “Quizá un martes de otoño” y mañana será debidamente solicitado.

Un gran abrazo, amigo Amando.

emejota dijo...

Querido amigo, filósofo no lo se, pero sabio y buena gente eres un rato, doy constancia. No sabes cuanto me alegra tu publicación, sabes que no soy lectora de poesía, que mis emociones van encauzadas al estilo socrático y ahora pretendo jugar a encogerlas como si de un trapillo de algodón puro eso siempre, pero más secas que si del esparto se tratara, enjugándolas en agua ardiendo.
Te deseo la mejor de las suertes en tu MARTES DE OTOÑO, Ahhh el Otoño, cuantos recuerdos.... todos buenos, en él te conocí. Ahora voy de camino al mediterraneo y muy cargada de cansancio, pero en cuanto vuelva relajada de aquél lugar, relajada como suele ocurrir siempre que me encuentro allá, no querría dejar de pasarme por tus lares de camino al norte. Muchos besos.

©Laura Caro dijo...

Espero que nada se tuerza y poder estar con vosotros en la presentación de Madrid.
¡¡Muchas felicidades, Amando!!

Flamenco Rojo dijo...

Si eres buen escritor, todavía eres mejor persona...Aunque tus reflexiones las conocemos los que frecuentamos con asiduidad tus textos, no por eso nos dejan indiferentes. Ya te lo he dicho en otros foros, te deseo lo mejor y una larga vida a “Quizá un martes de otoño” y estoy convencido que con un poco de suerte y la ayuda de Amelia, este poemario puede darte el espaldarazo definitivo.

Abrazos, hoy extendidos a la editora.

Alena. Collar dijo...

A mí en particular y soy sincera me causa cierto pavor la respuesta del "no se venderá". Digo, no me causa pavor porque me de miedo; lo que me da pavor es el editor/a que califica un libro de personas como nosotros-es decir de gente que no nos hacen marketing en El País- en función de las ventas.
Naturalmente que "no se venderá" si usted no lo promociona...es lo primero que se me ocurre responder.
Ahora bien, si la razón de una negativa es literaria, ahí sí me callo. Porque naturalmente todo escrito es revisable y mejorable.
A lo que voy, Amando, es a que creo que en ocasiones hemos puesto a "los Editores" en una especie de sitio elevado sin pensar que si no hubiera manuscritos ellos no comerían...
Un beso risueño. Estaré en Madrid. Naturalmente que sí. Y si, me permitís,mi enhorabuena a Amelia por editar a un Poeta como tú.

Ramón María Vadillo dijo...

Felicidades Amando, siempre.

Un saludo

Fiaris dijo...

Muchas felicidades,abrazo

catherine dijo...

Pues no, no estaré ni en Segovia, ni en Madrid a pesar de las ganas que tengo de participar en estas presentaciones. Es tan difícil coordinar viajes. Estaré un fantasma entre los amigos que te acompañarán. Enhorabuena, Amando.

Ana J. dijo...

Ya falta menos para esa presentación. Va a salir de miedo. Y claro que se venderá!!!!
Besos, amigo escribidor.

Francisco Concepción dijo...

Interesante pareja literaria: Un escritor en mayúsculas y una editora con entusiasmo. La materia prima está. Ahora le toca el turno a los elementos externos: suerte, lectores, trabajo comercial...

Repito, me parece una pareja muy interesante.