domingo, 29 de mayo de 2011

Les nombramos guardianes del futuro


Nos exigen un gesto afirmativo
como bueyes al ser uncidos bajo el yugo,
la determinación
de frentes sudorosas sobre el surco
agotado de gestos y mentiras…
Les dejamos cuidar de nuestra hacienda,
les nombramos guardianes del futuro,
les prestamos las llaves de la casa,
les dimos el timón de nuestro barco,
firmamos un contrato rubricado
con sangre, cárcel, muerte y esperanza,
y seguimos viviendo nuestras vidas,
sembrando de ilusión nuestro futuro
creyendo que sus manos cuidaban las semillas:
abonaban la tierra,
regaban las espigas,
evitaban las plagas,
cosechaban los frutos,
y repartían luego las ganancias,
dando más a quien más le hacía falta…
Pero reconozcamos nuestra culpa:
obviamos vigilar algunas cosas,
como la cerradura de la puerta,
o el apunte contable de sus gastos,
o el modo en que apartaban a los díscolos,
a quienes señalaban los peligros,
a quienes se acercaban a la entrada
sin pagar aranceles en forma de obediencia
en forma de un amén rotundo y firme,
y cómo nos drogaron nuestra mente
narcotizando el vuelo de nuestros pensamientos
con viejas estrategias
revestidas de nuevos oropeles…
Pero hemos despertado con un ruido de alarma
resquebrajando sueños y deseos,
abrasando caminos de futuro,
construyendo miserias, escribiendo epitafios…
Pues de pronto la hacienda ya no es nuestra,
ni tenemos acceso a sus estancias,
ni podemos contar nuestra cosecha
ya que para contarla es necesario
ser sirviente en el templo de Mamón,
donde se aprende nueva economía,
allí les enseñaron que el haber
es como una metáfora compleja,
como una extraña fórmula contable,
la nueva religión incuestionable…
Es fácil de explicar,
aunque ellos no pretenden que se sepa.
Nuestro haber es binomio doloroso:
lo que debemos más nuestro futuro
(siendo ‘lo que debemos’, lo que nos han robado
en nombre del progreso).
Y después de la plaga de langosta,
supimos que teníamos de todo,
pues haber es deber más el futuro;
menos los sacerdotes de Mamón,
quienes saben la fórmula precisa:
con lo nuestro sembraron su terreno,
lo suyo está guardado en otra casa
y guisan el cocido con legumbres
que aún no están sembradas.
Mas de pronto el silencio se ha hecho grito,
y la mente se niega a ser uncida
con yugos fabricados durante nuestros sueños.
Quizá sea difícil el camino,
pero al final la casa será nuestra,
volverán a nosotros nuestras llaves,
pondremos cerradura nueva y limpia,
derruiremos el templo de Mamón,
y no serán sus fórmulas los dioses
a quienes rezaremos.
El futuro será nuestro camino,
pero será trazado por nosotros,
no por sus sacerdotes mentirosos,
o no será trazado,
por más que sus alarmas ensordezcan
el mensaje desnudo de los versos.


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9 comentarios:

mercedespinto dijo...

Otorgar nuestra confianza (¡Cómo me gusta y valoro esta palabra!) a alguien es un acto noble donde los haya por parte de quien entrega tamaño tesoro, el cual, a partir de ese momento, no puede ser culpable de que el otro traicione su confianza. Es el traidor quien posee un alma fría y cruel que no ha valorado la inmensa fortuna que han puesto en sus manos. De todas las miserias del ser humano, la traición es la peor, con diferencia.
Menudo el desgarro de hoy, comprometido, arriesgado, valiente, claro y sentido.
Un abrazo.

Leonel Licea dijo...

Tu poema es tan real y tan sincero, como necesario, Amando, creo que ese sentirse traicionados por quienes recibieron nuestra confianza sea el sentimiento común que une tantos pueblos del mundo.
Tu poema trasciende fronteras, y deja huellas en quien lo lee.
Un abrazo fuerte.
Leo

Flamenco Rojo dijo...

Importante e imprescindible cerrar las puertas que se nos quedan detrás de uno para abrir ventanas que nos permita construir el futuro.

Un abrazo.

Isolda dijo...

Querido Amando: 'Les nombramos guardianes del futuro' pero les dejamos hacer a su antojo y nos olvidamos de que hay que vigilar a los guardianes.
Es un poema de actualidad, me temo que muchas veces repetida a lo largo de la historia. Nos queda sin embargo, a pesar del contenido, la belleza de tus versos y la forma de contarlo. Poesía verdaderamente social que incita a las conciencias a revolverse.
Besos, ya despiertos y en la lucha nuevamente.

María Socorro Luis dijo...

Imprescindible, didáctico.

Una auténtica lección resumen de nuestra sociedad.

Solo falta que todos la aprendan y reaccionen. Confiemos en nuestra maravillosa juventud...

Abrazo cómplice

Marina Fligueira dijo...

¡Ay Amando! Que bien y que claro tu grito al aire, es justo y solidario con nuestros jóvenes que son el futuro de un País... o de Países que se desmoronan por la podredumbre por el egoísmo, por la falsedad de los gobernantes políticos.

Más de pronto el silencio se ha hecho grito,
y la mente se niega a ser uncida
con yugos fabricados durante nuestros sueños.
Quizá sea difícil el camino,
pero al final la casa será nuestra,
volverán a nosotros nuestras llaves.
Ojalá- ojalá sea así. Son palabras que invitan a la esperanza. Felicidades por este grito poético.
Un abrazo solidario. Se feliz.

catherine dijo...

Lo decía hace tiempo el general de Gaulle: los franceses son becerros, lo que significaba que eran zopencos.
Lo dices de otra manera, protestando no con un muuu indignado sino con tus versos.

Maria Sanguesa dijo...

Un excelente poema de denuncia y de esperanza. Un poema que nos hace falta en los momentos actuales, pero que podemos extrapolar a muchos otros países y tiempos... aplaudo tus versos y asumo cada una de tus palabras. Un gran abrazo.

marcela dijo...

Ay, Amado, tu poema es BRILLANTE!Es la primera vez que entro en tu blog y quedé maravillada con la belleza con la que dijiste tantas certezas!
Soy argentina, imaginate cuán representada me sentí con tus palabras: gobernantes cada vez más ricos y un pueblo - que parece anestesiado - cada vez más pobre.
Te mando un beso
Marcela
(cada tanto comento algún libro en Los libros de Teresa)