miércoles, 8 de septiembre de 2010

En la entraña gris del amanecer



En la entraña gris del amanecer,
escucho los silbos de pájaros distintos,
como turistas de miríadas de naciones que cantan admirados al orto que ilumina los senderos.
La última estrella, perezosa para alzarse de la sábana azul que arropa sus sueños plateados,
ha retrasado su despedida al oír su nombre en el idioma del mirlo.
Quizá fuera un estornino o una alondra o un verderón, acaso.
Tengo entendido, según mi escaso bagaje ornitológico, que el ruiseñor vive en los umbrosos bosques densos,
así que, frente a este paisaje desnudo, vagamente ondulado,
no es probable que haya escuchado su canto,
salvo que la nación de los ruiseñores haya desterrado a alguno de los suyos, o, ¿por qué no?, algún ruiseñor tenga pujos de conquistador de espacios desconocidos, de tierras prometidas.
Tampoco sé si las tímidas avefrías delicadas cantan de ese modo.
No sé, para mi desgracia, desconozco el idioma de los pájaros, hasta sus diferentes acentos, desconozco.
Sólo estoy seguro de que no era el zureo de las palomas, o el graznido de algún córvido (incluyendo las orgullosas urracas) o el desagradable chillido de las tórtolas.
Tampoco sé, pues como se ve, no sé de casi nada, si en esta ciudad, o en sus linderos, hay oropéndolas, u otras aves, cuya capacidad canora sea tan hermosa y delicada como las que, en apariencia felices, salmodian en este gris amanecer frío,
casi gélido, plateado casi…
Más aún, es tal mi ignorancia sobre las cuestiones que importan, que tampoco sé distinguir sus aspectos.
Desconozco, sí, burlaos de mí,
cuál es el color con el que revisten su plumaje, el tamaño de su cuerpo, la silueta que dibujan en el vuelo, si acarician las nubes o no alcanzan tal altura.
Y mi vista es tan atroz para ciertas cosas, que nunca los columbro,
aunque su inmediata parla canora acaricie mis oídos.
Pero, acaso, tal desconocimiento sea, cual sutil paradoja, bendición que debo agradecer,
pues me sitúa en la entraña de la esencia de las cosas, no me distrae con añadidos intrascendentes, con superfluos adjetivos, con oropeles sin valor,
porque, al fin, sólo resta dejarme acunar por ese canto coral que decora el alba con melodías tan hermosas,
festoneando este amanecer,
subrayando la belleza triste, algo opaca, de este instante frío.
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20 comentarios:

neko dijo...

Yo también quisiera comprender que nos susurran las aves cuando las escuchamos.

¿Puede ser un amanecer frio y triste?

Beatriz Ruiz dijo...

Hubo muchos amaneceres frios y tristes... y alguno faltará claro... pero lo importante no es saber, lo importante para mi... es sentir...

Leonel dijo...

"porque, al fin, sólo resta dejarme acunar por ese canto coral que decora el alba con melodías tan hermosas,
festoneando este amanecer,
subrayando la belleza triste, algo opaca, de este instante frío."
Amando, en el lirismo de tu versos de hoy es fácil identificarse, sentir la necesidad de entender, no sòlo el canto de los pájaros, sino el reclamo de los arboles, y el llanto de la lluvia, es algo que deseo , creo, desde que tengo uso de la razón.
Me quito el sombrero y te aplaudo.
Un abrazo.
Leo

emejota dijo...

Como me ha gustado lo que he leído. Cada día te superas Amando. El canto de los pájaros me recuerda algo...... referido a..... pero no me acuerdo, cachis, desde luego tiene que ver con algo referido a la sabiduría esotérica. Un abrazo.

emejota dijo...

Repito, que blogger anda lento y he debido precipitarme. Decía que cada día te superas Amando y no es cumplido. También decía que el canto de los pájaros me recuerda a algún pasaje esotérico que ahora no puedo centrar en mi memoria, pero da lo mismo. Me encanta lo que has escrito Amando, y encima haces gala de tu nombre. Un abrazo.

Paloma Corrales dijo...

Es tan tuyo y tan bello este desmenuzar poético, que sólo puedo rendirme y disfrutar sintiendo.

Besazo.

Fernando dijo...

Amigo y escritor Amando. en tu escrito describes las diferentes aves de tu entorno, oero se te ha olvdado citar, quizás por humildad, al ruiseñor de Teócrito. Enhorabuena por tu relato poético. Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

neko, Beatriz, Leonel, emejota, Paloma, Fernando, el tiempo de nuevo me ha pillado y sigo sin internet en casa. Muchas gracias por vuestras palabras que demuestran una atenta lectura a mis versos...

Por desgracia, hasta mañana no podré volver a entrar a comentar. Aquí dejo este mensaje para que nadie de los posibles comentaristas vespertinos pueda sentirse extrañado porque no publique o responda a sus palabras. Espero que el trabajo mañana me permita cumplir con la mínima cortesía, de contestar, porque publicaré todos.

catherine dijo...

Te cuento una historia que me invento cada fin de tarde:
Las abejas susurran una canción de cuna a los oídos de las flores del datura que se vuelve un zumbido desenfrenado, porque es una canción de cuna al revés, un zumbido para despertar las grandes flores que exhalan su extraño perfume solo de noche: las abejas se vuelven locas, tienen poco tiempo para aprovecharse de este encanto.
Mi prosa poética no vale la tuya pero espero que mi cuento te guste.

la voz dormid@ dijo...

Es precioso tu escrito echo poema,
Que paz se siente en el amanecer al escuchar el canto de los pájaros, pero amigo sin tristeza contentos de tener esa maravillas, la flores los pájaros, el sol la montaña.

tenemos tanto y tan bonito la vida sin esas cosas no seria vida.

Un abrazo!!

Flamenco Rojo dijo...

Es reconfortante saber como también los poetas se inspiraran en la naturaleza, que el universo de los pájaros se convierta en una reserva inagotable de metáforas y como resultado tengamos este texto.

Un abrazo.

Verónica dijo...

¡Bello escrito Amando! bonito lenguaje sus cánticos.
Los que yo más o menos conozco un poco, son los verderones, canarios, jilgueros y chamarines.
Ah y un loro que se llama Pepe, de un cuento que escribí y ese no canta, es un malhablado ¡jajaja!
Feliz día
Abrazos amigo

mateosantamarta dijo...

Pues lo importante es la esencia que tan bien transmite tu texto: luz Y celebración por esos pájaros del diario milagro del amanecer. Ellos lo celebran, nosotros casi nunca.
Un abrazo.

Isolda dijo...

Otro anticipo del otoño, la melancolía y la prosa poética, que tanto te gusta. Me suenan las melodías y sólo a ti, Amando, se te pueden ocurrir semejantes palabras:
'La última estrella, perezosa para alzarse de la sábana azul que arropa sus sueños plateados,
ha retrasado su despedida al oír su nombre en el idioma del mirlo'.
El instante gris y frío ya ha pasado, despues de leerte.
Besos llenos de trinos.

Os dejo un canto dedicado a los pájaros para sentirlo.
http://www.youtube.com/watch?v=9bZp3CO0cEA&feature=fvw

Mercedes dijo...

Ya ves, aquí me tienes, aunque tengo mil cosas que hacer, no he podido resistir leer un poquito en tu casa antes de... creo que me voy a dormir, ya no llego a nada, ahora lo haré soñando con este amanecer tan tuyo, tan hermoso...
Hasta mañana.

Marina Fligueira dijo...

Ay que hermusura de relato- envuelto en poesía y admiración por la naturaleza. claro está, que los que no saben nada, son los que en realidad lo saben todo. Cuanto me gusta esta entrada... el canto de los pájaros en el amanecer de cada de un día cualquiera. El susurro del viento, cuando acaricia la rama de los árboles con arminía.

Sabes Amando, me estoy paseando por Euritmia viendo y viviendo paso a paso todo lo emblemátco y otros rincones de en sueño. Gracias- gracias. Un abrazo muy fuerte. Ser felices.

Amando Carabias María dijo...

De parte de Isolda

Odiseo de Saturnalia dijo...

Quería decirte que si eres capaz de encerrar en un instante todo esos sentimientos, tu vida será una eternidad...

maririu dijo...

¡qué gusto! empiezo el año de lectura con poema y canto de pájaros.
Tengo la impresión de descubrirlo todo en internet después de tres meses luchando con un ordenata con más achaques que yo.
Desconfía de las urracas, tú que no sabes nada de pájaros salvo oír sus melodías.
De mis ruiseñores en los algarrobos de detrás de la casa las urracas se lo comieron todo hasta el nido.
Este año no había en La Muntanya casi pájaros, ni los mirlos que siempre eligen los naranjos para sus nidos desaparecen,
se oye sólo el feo grito de las urracas que no sé donde llegaron.
Cathérine tienes vena poética ya lo sabía yo.
Un abrazo

Rafael Mulero Valenzuela dijo...

Bueno, espectacular. Poético, didáctico, hermoso, y sonoro. Mal irá a nuestro espíritu cuando no sepamos escuchar sus cantos y los tuyos. Un abrazo