viernes, 18 de junio de 2010

La Ventana. 4





Por tanto necesitaba la oficina: alejarme del lugar de los acontecimientos, reflexionar con perspectiva, incluso, huir de la tentación. No sé si hubiera resistido el paso de la mañana, sin bajar a la calle, llamar al timbre del portero automático y subir al tercer piso. De hecho, cuando salí hacia la oficina, estuve a punto de cruzar a la acera de enfrente, acercarme al portal, investigar con disimulo, probar, quizá, si la puerta estaba abierta y averiguar alguna cosa, por ejemplo echando un vistazo a los buzones.
Pero me contuve.
O me contuvo algo parecido al temor, una sensación vaga de que detrás de todo esto había algo irremediable, algo que conducía a una vía sin retorno.
Por otra parte agradecí esa impresión que hacía tanto tiempo no inundaba mi organismo. Me sentía inusitadamente vivo. Aquella inapetencia o desgana o indiferencia, ese efecto insalvable de laxitud absoluta en el ánimo, como si me hubiera atrapado la más feroz calma chicha en el centro de mis entrañas, se había evaporado. Aunque fuese como espectador, todo lo que viví la jornada anterior sirvió para que mi venero se comportara como de río de alta montaña, en el que la velocidad y la intensidad y la pasión y lo abrupto del paisaje ocupaban el centro de mi ánimo.
Lo cierto es que en la oficina tampoco hice cosa diferente a pensar en aquella luz, en aquella silueta oscura, y en aquellos rostros que, si tenían algo en común después de abandonar el piso, era su ausencia de indiferencia. Como si todos ellos hubieran encontrado algo decisivo en cualquier sentido. Por suerte no tuve muchas visitas ni llamadas ni siquiera el jefe decidió que mi cabeza se ocupase con elementos diferentes a mis propios pensamientos.
Por hacer algo concreto, algo que se convirtiera en sendero por el que huyera la inquietud, anoté en un papel mis conclusiones: mujer vidente recibe de doce de la mañana a diez de la noche en el tercer piso de la casa número veinticinco de la calle Ángel de Saavedra. Cita previa.
Parecía un telegrama... o un anuncio de prensa.
Y eso me dio una idea. Más que una idea parecía que me había tendido una trampa a mí mismo.
Podría consultar en la sección de anuncios por palabras del Diario y allí comprobar si por casualidad… Si es que había anuncio, quizá no hubiera tantos datos. No estoy muy seguro, tampoco me he molestado en comprobarlo, si este tipo de actividades es muy legal. Quízá el mayor problema sea la opacidad fiscal de tal actividad. Supongo que el dinero de cada sesión pasará a formar parte de un bolso sin previa expedición de la oportuna factura. No me imagino a nadie que siendo vidente, leedor de manos, echador de cartas o actividades semejantes, se dedique a emitir facturas que reflejen su actividad, u otra cualquiera. Pero aunque no hubiera muchos datos, también sospechaba que no habría muchas personas que se anunciaran en un periódico, con tal actividad…
No, me equivocaba, había más de las que me pensaba. Pero en la mayoría de los casos la numeración que debía marcar invitaba a pensar en otro tipo de magia: la que hacen algunos operadores de telefonía con las cuentas corrientes de los que fían su vida a una tirada de cartas…
Sólo había dos que pareciesen números de teléfono normal y que se decían videntes. Acaricié la posibilidad de llamar desde allí mismo, pero me contuve… la primera vez.
También la segunda.
A la tercera fue imposible.
Me contestó una voz masculina. Colgué de inmediato. Sabía que si cruzaba una sola palabra con mi interlocutor acabaría cayendo en sus garras. Por simple intuición, descarté ese número y apunté el segundo. Llamaría a la vuelta a casa. Después de cenar. Hasta esa hora me dedicaría a observar nuevamente todo lo que sucedía en el piso de enfrente.
La actividad, como el día anterior, fue incesante entre las cinco de la tarde y las nueve. Desde las nueve hasta las once sólo hubo dos visitas, una a las nueve y media y otra a las diez y media. Como a las nueve y cinco no había acudido nadie, supuse que podría probar. No sabía si habría acertado con el teléfono que llevaba apuntado, pero lo hice. En cuanto a mis oídos llegó el sonido del zumbido del teléfono cuyos números acababa de marcar, vi como la mujer de enfrente se levantaba del asiento que ocupaba y desaparecía de mi vista. Sonó un par de veces el tono de llamada y el cuarto tono fue sustituido por una voz femenina de fuerte acento alemán.
Como pude (más bien mal) controlé mis nervios. Pensé que me sentía como si estuviera a punto de cometer un delito. La conversación fue breve…
(Continuará).

31 comentarios:

Odiseo de Saturnalia dijo...

Esto no se hace. No puedes dejar tanta intriga entre cucharada y cucharada de relato. Bueno, sí puedes porque eres el autor, pero para un ansias de lector como yo, me cuesta que me des un portazo en la ventana cada vez que me intereso por ella. Por cierto, me intereso mucho. Habrá que esperar, y esperaré. Me está gustando.

Amando Carabias María dijo...

Odiseo de Saturnalia:
Ya sólo falta una semana, sólo una.
Muchas gracias por tus palabras.

fiaris alfabeta dijo...

Esto estuvo muy mal!no podes!!!,dejarnos con tanta intriga,un abrazo grande pensare a ver que acierto cuando sepa el misterio.

Amando Carabias María dijo...

fiaris alfabeta:
Solo una entrega un poquito de paciencia, sólo un poquito de paciencia. Una semana.

Ángeles Hernández dijo...

Amando, pero qué manejo de la intriga, cada día me sorprendes con una cualidad desconocida.

Estoy viendo aquí mismo al voyeur esperando, teléfono en mano, a la vecina levantarse. Escucho el sonido de la voz con acento alemán y yo también me pongo a temblar. Es la emoción de una expectativa que se va resolviendo según nuestros deseos, en este caso un deseo que se ha ido aplazando, con voluntad firme, desde primera hora de la mañana.

Remarco dos frases
-" Me sentía inusitadamente vivo. Aquella inapetencia o desgana o indiferencia, ese efecto insalvable de laxitud absoluta en el ánimo, había desaparecido", y me identifico con el protagonista al que le basta una ilusión, una inquietud por conocer, un misterio por resolver, para salir del ostracismo que lo tenía atrapado en el primer capítulo.

-"Aquellos rostros que, si tenían algo en común después de abandonar el piso, era su ausencia de indiferencia. Como si todos ellos hubieran encontrado algo decisivo en cualquier sentido". A mi parecer, el quid de la cuestión y, a parte de la curiosidad normal por lo inusitado de la vecina, el motivo principal de tan emocionada intriga: si ellos encuentran, yo encontraré.

Hoy no aventuro un desenlace final. Un año más vieja, más sabia, aguardaré pacientemente hasta el próximo viernes.

Fernando dijo...

¡Está bien, esperaremos una semana!
Quien manda,manda. Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Ángeles Hernández:
Técnicamente vierenes.
Muchas felicidades y que lo disfrutes.
Muchas gracias por tus palabras.
Efectivamente el quid de la cuestión está en la frase que señalas...
Ahora quien tiembla soy yo. Siempre me pasa ante la perspectiva del último capítulo, ¿responderé a las expectativas?

Amando Carabias María dijo...

Fernando:
Al final acabaré con complejo de culpa, jaja...
Muchas gracias por tu visita y fuerte abrazo.

Verónica dijo...

Este no se podía resistir a la tentación......
Escucho la radio por las noches, de madrugada, sobre todo los fines de semana que es la madrugada del sábado y la madrugada del domingo, no te puedes figurar la de gente que hay con estos poderes, lo que da más miedo es cuando les dicen a las personas que llevan espiritus de antepasados enganchados a ellos, y debido a ello, les ocurren de todo, porque les chupan su energía.
Me parece a mi que hay mucho vividor en esto.
Buenas noches Amando
Un abrazooo

Isolda dijo...

Bien, sólo una semana más!
Me encanta el tono que va tomando esta historia, la tensión sexual que invade al espectador, el morbo de llamar sin ser visto... La intriga de la sorpresa final me puede. Presiento que el caballero en cuestión, se va a llevar un chasco. ¡Quién sabe! es inútil intentar sacarte información.
En tus ratos libres (jajaja), ejerces de detective, no lo ocultes.
Qué buen relato, Amando!
Besos con la miel en los labios y nunca mejor dicho.

Amando Carabias María dijo...

Verónica:
Bien que lo anticipabas la semana pasada. Así ha ocurrido.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Sí, sólo una semana. En una semana desembocamos en el final, y como dije más arriba, como me suele ocurrir, me entra el vértigo de saber si el final responderá a las expectativas.

Mercedes dijo...

¿Y ya está? ¡Qué fuerte me parece! Así que nos dejas con la miel en los labios hasta... a saber.
Ya estaba yo imaginándome a una especie de ladrona de almas, manipuladora de espíritus. Alguien con un poder único. Creo que a nuestro protagonista le espera una gran sorpresa, y me huelo que no grata.
Estoy muy pendiente de esta ventana. Esperaré impaciente.
Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Mercedes:
Como decían los antiguos seriales, la solución a la próxima semana.

María (Eme) dijo...

Ahora me dejas con la intriga...Me levanto, leo ¡y ya tengo ganas de más! Tienes la capacidad de unir frases como quien se fuma un cigarro antes de dormir, con la misma calma y atención...

Un placer leerte.

Amando Carabias María dijo...

María (Eme):
¿Es que me has visto fumando ese último cigarrillo...? Lo digo porque realmente lo hago con calma y atención, disfrutando de ese placer, por otra parte tan peligroso y un poco tonto.

Flamenco Rojo dijo...

Terminará acudiendo al piso…esa conversación tan breve sólo fue para pedir una cita. Que por supuesto será para el próximo viernes ¿no?

Creo que podremos esperar a esa cita.

Buen fin de semana.

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
Efectivamente, yo creo que ha pedido una cita, el viernes próximo veremos.

Paloma Corrales dijo...

Como el resto, por lo que he podido observar, me quedo con las ganas y la expectación...

Esperaré, ¿acaso puedo hacer otra cosa?

Un beso.

Amando Carabias María dijo...

Paloma Corrales:
Una semana pasa rápido.

Gaspard dijo...

Ya me parecía que no se podría evitar la tentación...

Evaasecas dijo...

Parece que una de las incógnitas del relato ya se ha disipado. Una vidente. Lo que aún no se sabe es la procedencia de la luz azul. Y a pesar de haberse desvelado el tema de la videncia, no ha perdido ni un ápice de intriga el texto. Un fuerte acento alemán... a ver, a ver.
Un saludo a todos y feliz fin de semana.

Amando Carabias María dijo...

Gaspard:
Sí, eso parecía lo más claro.

Amando Carabias María dijo...

Evaasecas:
Muchas gracias por el comentario.
Era uno de los miedos que tenía, si al descubrirse la 'profesión' de la vecina, se perdería la intriga.
Parece que no.

emejota dijo...

¡Artista! Que bien manejas la emoción. Ahora la intriga sigue latiendo en mi memoria. Un abrazo.

catherine dijo...

No se pierde el suspense, al contrario. En Belleville los videntes, todos hombres, tienen un acento africano y te hablan de amor, celos , fortuna y dinero. Nunca consulté a esos profesores Mamadou o morabitos no ermitas del todo que engañan y roban a mucha gente humilde de este barrio popular de París. Lo sé por las octavillas que te dan a la salida del metro o en tu buzón, con el número de su móvil.
A nuestro voyeur la vidente le ha dado energía. ¿Durará o será hecho polvo otra vez? ¿sólo con la llamada o yendo a visitarle?

Maria Sanguesa dijo...

Lo leí anoche, estaba muerta de sueño, pero me gustó... y hoy lo he vuelto a leer. Me ha gustado más. Caramba, qué intriga, no tardes mucho en continuar. Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

emejota:
Muchas gracias por tus palabras. Creo que tengo que pasarme por tu casa, pero fíjate qué horas...

Amando Carabias María dijo...

María Sangüesa:
A esto le llamo yo fidelidad... Cuando digo que eres un cielo, no exagero nada.
Muchas gracias también por tus palabras.

Amando Carabias María dijo...

catherine:
Esto es lo que tiene la moderación de comentarios. Se te puede olvidar uno, con el trasiego de post y se queda aparcado, como si su pasaporte hubiera cadacudo y el policía de fronteras le estuviera reteniendo, mientras se realizan las comprobaciones oportunas.
Nada, nada de eso, se me pasó. Lo siento.

Como ocurre con tantas cosas en esta vida, si existe tal número de personas que se dedican a adivinar el porvenir (dejémoslo ahí de modo general), ¿no será por qué existen muchos que desean saberlo?
Veremos a dónde le lleva esta inusitada energía.

Marina Fligueira dijo...

Vaya-vaya... ¡Por fin ya hubo una conversación breve! No me atrevería yo a entrar pra ver cual será el porvenir... mejor que Dios decida y haga su voluntad. Aunque haberlo ahilo... De todo un poco.

Está muy interesante este relato... Que la mismo tiempo me deja con cierta con cierta ansia. ¡Veremos según la marcha!