lunes, 4 de enero de 2010

EL CAFÉ

Imagen tomada de Internet


Mientras esperaba que la máquina terminara de llenar el vaso con la mezcla de café, leche en polvo y el extra de azúcar que había marcado después de introducir en la ranura un euro, se dio cuenta que no tendría que haberlo hecho.
Hubo un primer síntoma evidente: ningún compañero se encargó de avisarle que la máquina no tenía cambio. O sea que nada más comenzar la mañana había perdido los cincuenta primeros céntimos. En vez de dejar el líquido oscuro en cualquier parte, y regresar a la oficina, se encogió de hombros. Tampoco era cuestión de cancelar la operación (aunque hubiera querido no sabía si se podría hacer tal cosa), sobre todo porque necesitaba de la dosis de cafeína.
Hoy la necesitaba de verdad.
El resto de mañanas tal café se había convertido en costumbre o rito placentero, a pesar de ser rutinario. Pero después de la noche en vela, no tenía más remedio que dotar al sistema nervioso central de un aliado que le permitiera aguantar del mejor modo posible la jornada laboral. Al menos hasta las once y media de la mañana en que haría falta otra dosis de cafeína, está vez en el bar de la esquina, en el bar de Justo…
La hora de la siesta era un valle lejanísimo que parecía imposible de alcanzar en ese preciso momento. Pero no le quedaba otra.

No están las cosas con Ricardo como para que te pille dando una cabezada o simplemente distraída, mientras pretendes dibujar el diseño de ese maldito tornillo que necesitan para que el ensamblaje de la pieza quede perfecto.

Por lo que se oyó hace unos meses, Ricardo, el implacable jefe de su sección, tiene orden de abrir expedientes a la primera de cambio. Y todos, incluida ella, saben que a pesar del poco tiempo que le falta para la jubilación, lo hará, probablemente encantado de la vida.
Según habían explicado los enterados, la apertura del expediente es un mero formalismo, que funciona a las mil maravillas. Los de Recursos Humanos, según los mismos informantes, necesitaban que la falta que abriese el dichoso expediente disciplinario fuera lo suficientemente llamativa, como para disuadir al trabajador de emprender acciones judiciales por despido improcedente, y si algún valiente había, que serían los menos, cuanto más llamativa fuera la falta, quizá el juez fuera propenso, en caso de readmisión, a no ser muy duro con la empresa.
Esta era la cuestión. Despedir a cuantos más mejor. Hay que ahorrar de todas partes, y más en un momento como éste, en que la crisis ha hecho tanta mella en el negocio.
Otro sistema que funcionaba, según le habían comentado estas mismas personas tan próximas al departamento más temido, el de Recursos Humanos, era la acumulación de faltas leves, la denominada falta reiterada. Muchos pocos, hacen un mucho. Desde que se corrió esta información casi nadie llegaba tarde ni un solo día, ni abandonaba el puesto de trabajo (ni siquiera pedían permiso para fumarse un pitillo en la puerta de la calle).
Dormirse en horas de trabajo es falta seria, qué duda cabe.
Y aquella mañana estaba segura de que Ricardo aplicaría el verbo dormir a una leve cabezada, a un parpadeo más lento de lo habitual.

Y luego demuestra que no, que era una cabezada si es que a ese gesto instantáneo se le puede llamar cabezada, tan sólo unas escasas milésimas de segundo que no afectaron para nada al desarrollo del proyecto.

También se rumorea en toda la empresa que su departamento está muy mal visto desde hace unos meses, un año, más o menos. En la cúspide de la organización se han producido tremendas tormentas, y algún trueno ha llegado a los bajos fondos. El resumen, más o menos, podría ser éste: No es época para invertir en novedades. Las novedades, además de no saberse nunca si van a cuajar en el mercado, llevan como prendidos de sus mangas, una cantidad de gastos que los dueños no están muy dispuestos a afrontar.
Le llegó a los oídos que si no cerraban de un plumazo todo el departamento, era por pura estrategia, para que la prensa no diera demasiadas informaciones sobre la precariedad de su situación y porque, en casos puntuales, modificar levemente algún detalle de algún producto conocido y que funciona en el mercado, sobre todo si la alteración está encaminada a abaratar costes de producción, es interesante e incluso necesaria.
Desde aquel día les llaman los remendones.
Se acabaron los grandes proyectos, las grandes ideas…

Si hubiera dormido algo más quizá se habría dado cuenta que no debería haber tomado el café de la máquina, y esta era la segunda pista. Una pista que había crecido, sin que lo notase, durante toda la madrugada, interminable. Ella sabía con toda certeza que había sido Ricardo el causante de su noche de insomnio. Y si su jefe no había ido más lejos, era porque todo formaba parte de un plan, que quizá con su torpeza estaba acelarando inadvertidamente.
Lo cierto es que Ricardo no emitió ni una sola palabra, pero ella conocía demasiado bien el tono de su respiración. Y aunque no hubiera hablado nada ningua de las decenas de veces que había telefoneado, su timbre era inconfundible, aun detrás de aquellos susurros y ruidos guturales.

Ricardo sabía demasiado de ella. Siempre se había preocupado por ella. Sabía donde vivía. Sabía que su madre necesitaba esa ayuda de su sueldo para poder pagar a la asistente que iba a su casa días alternos. Todavía faltaba algún tiempo para que el expediente que se tramitaba en la Comunidad Autónoma llegase a su resolución y le fuera concedido la atención gratuita procedente de la Administración. Entretanto, aquel parkinson y la pensión mínima de su madre, impedían cualquier otra cosa. También sabía que si ella se negaba, algo pasaría... Por ejemplo un despido. O una suspensión de empleo y sueldo. Por eso necesitaba estar despierta...
Mientras revolvía distraídamente el líquido adulzado, pensó que quizá una buena salida era hablar con Víctor, uno de los representantes sindicales, en quien más confiaba. Quizá pudiera intentar acusar a Ricardo de acoso, pero no podía demostrar nada. Aunque estuviese completamente segura. Aunque el margen de duda fuese más estrecho que la hendidura de la cabeza del tornillo que diseñaba, no podía demostrar nada, en el sentido policial o judicial del término.

Antes de acudir al trabajo, muy temprano, se prensentó en la Comisaría para poner la denuncia. Muy amablemente le dijeron que abrirían una investigación y que si obtenían algún resultado, no le cupiese duda de aquel canalla sería detenido, '¿Porque está segura, señorita, de que se trata de un caballero, verdad?'. Ante esa insidia no se molestó en contestar. Simplemente asintió un poco malhumorada. No estaba sorda, que supiese. Continuó el policía, 'Lamento decirle que el número que aparece registrado en su teléfono se corresponde con el de una cabina telefónica'.
Al decirle el nombre de la calle donde se ubicaba la cabina, se estremeció, era la que estaba en la misma acera de su apartamento, seis portales más abajo.
Y el policía, experto en estas lides, le aconsejó que si sospechaba de alguien hiciese lo posible para que ese alguien supiese que el caso ya estaba en manos de la policía. Con esto solía bastar. Y, desde luego, tendría que cambiarse de móvil inmediatamente.
Lo de cambiar el móvil no era difícil. Por la tarde iría a la tienda de su compañía y, presentando copia de la denuncia, le aseguraron que no tardarían mucho en completar los trámites. ¿Pero cómo hacía ella para que Ricardo se enterara de que había puesto una denuncia por haber recibido tantas llamadas, y además sin que él intuyese que ella sospechaba de él?

Los resortes de Ricardo en la empresa eran poderosos.
La tercera pista se mostró ante ella pocos instantes después; pero tampoco la vio...
Se le había empezado a ocurrir una idea que quizá cuajase. Subía la escalera con el café humeante en la mano, dispuesta a tomárselo en la misma oficina, cuando, quizá por culpa de andar distraída, tropezó con el borde del escalón. Trastabilló. Ni hubo golpe, ni hubo caída, nada... un pequeño salto poco elegante, si acaso... El problema es que el café abandonó el vaso y buena parte de él fue a aterrizar sobre la camiseta gris y el vaquero blanco que quedaron escandalosamente condecorados…
Quizá tendría que haberse ido sin más. Ni entrar en la oficina. Haber salido a la calle camino de su apartamento, luego daría explicaciones; pero aquella mañana andaba muy torpe de reflejos. Tanto miedo tenía, que pensó que no le quedaba más remedio que pedir permiso para volver a casa a cambiarse de ropa. Y el permiso, bien lo sabían ambos, sólo se lo podía facilitar Ricardo…

'Si quieres te acompaño... Así no tendrás problemas con los de arriba', le contestó con una de sus más afectuosas sonrisas, que a ella le pareció lobuna…

31 comentarios:

maririu dijo...

Vaya por donde...
El título, la foto, ya empezaba a frotarme las manos y a saborear... y me adentro en un ambiente de tristes perspectivas... no se me atraganta el café porque desde que le añadiste leche ya no era mío, pero me hundo, hace unos días que flotábamos en los cielos etéreos por eso me hundo, en una historia realista y ...lobuna

¡que adjetivo!

Amando Carabias María dijo...

maririu:
Por eso le he añadido tantas cosas al café, porque tampoco quisiera que fuese el mío. Como el de ahora mismo, sobre la mesa de la oficina -se acabó lo bueno-, el café es café sólo, sin ni siquiera algo de azúcar.

Aún nos queda el día de reyes, no te preocupes, volveremos a ser etéreos.

Flamenco Rojo dijo...

Ni solo ni con leche…café nada de nada, por prescripción facultativa claro, que sube la tensión y…

El acoso sexual en las relaciones laborales suele ser un hecho invisible que alcanza un alto porcentaje a las trabajadoras. La falta de legislación y jurisprudencia convierte en una odisea denunciar el hecho y conservar el puesto de trabajo al mismo tiempo. El relato es muy creíble y posible.

Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
Sí, por desgracia es muy real y muy creíble.
Demasiadas veces (y en esto la historia del ser humano ha avanzado más bien poco), quien se sabe poderoso respecto de otro u otra, ha ejercido esa supuesta superioridad como poderío, y ha visto al otro como una especie de súbdito cuya única misión en el mundo es la de servir a su señor, en todos los campos de la vida, incluso en su satisfacción sexual.

maririu dijo...

el buen café es solo y sin azúcar a sorbitos y muy caliente, el mínimo tiempo en la mesa. Pobrecito Pepe con lo bueno que es.
Denunciar y probar el acoso no es una cosa de leyes es cuestión de mentalidades. La LEYY siempre sigue a la sociedad, al estado de la sociedad, tiene que apoyar a las mujeres y los hombres capaces de exigirla.
Para mí se acabaron las Fiestas el día de Reyes no es fiesta con mayúscula en Francia, los juguetes los trae el Papa Noël en la chimenea (cf post anterior) pero es fiesta con minúscula y muy bonita en el trabajo, en la escuela, en ..., se come un dulce, todos junts, llamado galette des Rois, lleva un a "fève" (=haba) escondida y él que la encuentra es proclamado Rey o Reina escoge a su conyuge y paga la bebida.
Aquí es hojaldre relleno de frangipane= una crema de almendra molida con azúcar y huevo deliciosa. Mañana la comeremos en el taller de pintura, el domingo lo hice con mis allegados, estoy invitada al de mi último Instituto y seguramente todos los anteriores, (pero no voy porque me entero de todos los que han muerto), y así durante todo el mes, poco más o menos, aprovechamos para desearnos Bonne Année = Feliz Año Nuevo que no se desea antes de hora como en los cumpleaños.
Me gustaría desear que meditáramos este año sobre lo que es el Estado, la Ley etc pero Ya sé que no es una tarea siempre grata.
por ejemplo si supiéramos que el Estado sólo son nuestros representantes, es decir todos nosotros sabríamos que cuando el Estado paga un puente, una escuela o un Banco o una empresa somos todos nosotros quienes pagamos , la escuela y el puente nos benefician pero ¿el Banco y la empresa? pues depende si el Estado pone condiciones de reembolso y exige que se mantengan los puestos de trabajo sí que nos beneficia pero si los da y se vuelven primas para los que despiden a sus trabajadores NO es en beneficio nuestro.
¡qué rollo! pero me parece esencial
Y estoy muy contenta de que Zapatero convoque a dos españoles Solbes y Gonzélez y un francés Delors para la Presidencia es una idea brillante.
rolo y medio.

Evaasecas dijo...

Madre mía ese café...
El día que yo pueda probar uno. De momento descafeinado y soluble, puaj, que asquito, y más si me encuentro con cafés tan ricos como los que se sirven aquí, aunque hoy sea para hablar de este tema.
El acoso en el trabajo. No solo sexual. Los abusos son comunes por desgracia. Hace tiempo me pasó algo parecido, y para mayor desgracia, fue por parte de una compañera, una igual a mi. Por suerte, prevaleció la justicia, aunque duré allí muy poco tiempo. Estas cosas no gustan demasiado en las fábricas pequeñas, y, aunque tienden a castigar al culpable, también el acosado sufre las consecuencias de su propia defensa.

Amando Carabias María dijo...

maririu
Sí, de mentalidad... y de pruebas.
Quiero decir, nuestra protagonista de hoy sólo tiene su certeza y su convicción (que es sólida, inamovible y verdadera),pero no puede aportar nada más que eso. Para un policía y menos para un juez, nada, absolutamente nada.

No tenía ni idea de que la festividad de Reyes Magos tuviera alguna reminiscencia en Francia.
Y me gusta, mucho, lo que cuentas, es una muy bonita y hermosa tradición

Amando Carabias María dijo...

Evaasecas:
Pues qué quieras que te diga, cuando puedas volver a tomar el cafetito lo disfrutarás el doble, y ya verás cómo puedes.
Dices que en un caso similar prevaleció la justicia, aunque duraste poco en la empresa...
Es una extraña forma de que prevalezca la justicia.

Evaasecas dijo...

A veces el simple reconocimiento de lo sufrido es para el acosado justicia.

Y la valentía del que denuncia frente a la cobardía del que ataca sin razón. Para mí, fue una victoria.

Flamenco Rojo dijo...

Un apunte más sobre el acoso laboral. Aunque pueda parecer una acción ejercida desde un mando superior a un subordinado, creo que se puede dar en cualquier dirección, es decir de superior a inferior, inferior a superior y entre iguales. Depende de la personalidad del acosado, de la del acosador, y de las circunstancias y entorno laborales.

Y estoy de acuerdo con Evaasecas…el simple reconocimiento de lo sufrido por un acosado debe ser reconfortante aunque a veces sea insuficiente.

Amando Carabias María dijo...

Evaasecas:
Visto así, nada que objetar. Yo lo miraba desde el punto de vista del dueño de la empresilla, del que se asustó, de quien pensó..., en fin lo que pensara.
Pero sí, tienes toda la razón. Que a uno le reconozcan como víctima y que de algún modo le den la razón es importante.
Y desde luego, tiene que ser una victoria ser capaz de pasar por encima de quien va contra ti de modo tan injusto.

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
Lo más probable es que también tengas razón. La cuestión del acoso más tiene que ver con la personalidad del acosador y del acosado que con la relación de jerarquía que haya entre ellos.
Pero no me negarás que un inferior tiene menos opciones de acosar a un superior. No es imposible, desde luego, y ahora mismo se me están ocurriendo algunos ejemplos, pero es más difícil.

la palabra en cierne dijo...

Lo siento, pero el acosador casi nunca pierde y menos por el simple reconocimiento, que no es justicia, sino una ligera incomodidad.

Besos.

Isolda dijo...

Estupendo relato, Amando.
Como siempre empieza ligero, como la mañana, con un café de máquina, pero café al fin y le vas añadiendo ingredientes al dichoso café, que lo van amargando sin distinguir, si será el vaso o el líquido, lo que sabe cada vez peor.
Hasta que en el tropezón de la muchacha, se te ocurre...bah, imaginaciones mías, piensas. Pero sigue la tensión en aumento y ya no dudas, además del riesgo a perder el empleo, el pánico que produce ese tipo. Y sí, cometió el error de pedirle permiso.

Mi enhorabuena a las mujeres que denuncian y por supuesto a los jueces ecuánimes.
Besos para Eva y para todas las valientes.

Amando Carabias María dijo...

Palabra en cierne
Sabes de lo que hablas, desde luego, pero hay casos y casos. Creo que denuciar a quien acosa es un primer paso. Aunque a veces no se llegue del todo a dónde se pretente.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
A veces me gustaría más que la tensión creciese más despacio, que llegara a ser inevitable, e incluso deseable la explosión. Quizá en un texto de menos de dos folios sea complicado, pero es algo que suelo buscar, sí.

Y lo que importa de veras, que es la realidad que se denuncia, creo que tienes razón, y es una pena que la tengas.
Porque es una verdadera prueba de que seguimos siendo poco diferentes de nuestros antepasados prehistóricos. Que todavía sea necesario denunciar y (peor aún) esperar que haya jueces ecuánimes es, cómo decir, la prueba de que del camino de mil pasos, por ejemplo, continuamos en el tercero o en el cuarto.

Amando Carabias María dijo...

Está enlazado en la columna de la derecha. Desde allí podéis acceder.
Sino aquí mismo podéis leer el hecho al que, me imagino Evaasecas se refería en sus comentarios matinales.

Además de estar bien escrito, es pura vida, no hay invención, como en esta entradita mía.

catherine dijo...

El café, sin azucar ni leche, y mucho para mi tensiòn muy baja, pero el tuyo, escribidor, se hace màs y màs amargo al progresar el relato.
Acabo de leer el blog de Evaasecas. Ocurre a menudo que la victima se crea responsable en todas las formas de acoso.

María A. dijo...

Yo también prefiero el café solo, sin azúcar ni torrefacto. De Costa Rica, a ser posible... Tomado sin prisas, a veces estimula las neuronas y te ayuda a sacar las fuerzas necesarias para luchar contra el acoso psicológico al que te somete gente sin escrúpulos, o enferma -que también la hay- que dedica todo su tiempo a disparar contra nuestro propio centro de gravedad: la humillación y el acoso al que te someten sin tregua,termina afectando a la propia autoestima y se necesitan grandes dosis de aguante y de valentía para ser capaz de sobrevivir. Evaasecas, si se produce entre mujeres, no sé por qué, pero la experiencia me dice que siempre es más duro. Resistir, denunciar o poner en evidencia la situación termina siendo efectivo, aunque sean muchas las lágrimas que derramemos. Las últimas que salieron por este asunto, las derramé a principios de curso, que a punto estuve de tirar la toalla. La suerte me acompañó y logré superarlo. Sé que el próximo inicio de curso nuevamente se producirá el acoso, pero espero estar ya inmunizada, aunque para esta lacra no hay vacunas...
Llueve sin parar...espero que en Hispalis no haga este temporal y la Cabalgata se lleve a cabo con la ilusión y el poderío de siempre, flamenco rojo.
Abrazos africanos, anegados...

Beatriz Ruiz dijo...

Un magnífico relato que como dice Isolda va creciendo poco a poco en intensidad...

Y está muy, pero que muy bien que se escriba sobre estos temas, quién sabe si le has echado un cable a otra/o acosada/o... quién sabe???...

Vengo del blog de Eva... ya dejé por allí mi comentario, y desde aquí la felicito por contarlo... es que hay que hacerlo... Yo también lo sufrí, pero era una pipiola que no sabía nada de nada de la vida... dejé el trabajo. Ahora si me encontrase con ese buen señor le daría una patada ya podeís imaginaros donde...

María A. de nuevo con los chicos???... Nos debes un relato de ese maravilloso viaje amiga... mientras te mando un beso.

Besos desde Tenerife.

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Es cierto, como venimos diciendo, que una de las facultades del acosador es que consigue que la víctima se sienta culpable.

Amando Carabias María dijo...

Beatriz:
La pretensión no era echar un cable a nadie, aunque si se ha conseguido, bienvenido sea. Pretendía introducir un elemento para la reflexión, sobre una cuestión que afecta a muchas personas de las que parece

Amando Carabias María dijo...

María A:
El café solo tomado despacito entre amigos es uno de los placeres de esta vida que conviene repetir con cierta frecuencia.

Si se logra salir de estas situaciones de acoso, como cuando se logra salir de cualquier situación especialmente dura, salimos fortalecidos e incluso como depurados.

Evaasecas dijo...

Amando, sinceramente te diré que mi opinión es que es mucho más difícil lo que has hecho tu hoy. Describir el caso como lo has hecho es infinitamente más complicado, porque no lo has vivido. Ahí reside el ejercicio literario, es mi modesta opinión. Contar más o menos lo que a uno le ocurre es algo sencillo. Y plantear este tema despertó viejos fantasmas. Gracias por tus letras. Gracias a todos.

Amando Carabias María dijo...

Evaasecas
No discutiremos ahora si eran galgos o podencos, que decía el otro.
Gracias a ti por tu valentía, repito.

la palabra en cierne dijo...

Oh por supuesto denunciar sí. Me refería a que el reconocimiento por sí solo no es suficiente.
Se denuncian muchas chorradas y las menos veces, lo importante.

Saludos frente a un café algo aguado.

Amando Carabias María dijo...

Palabra en cierne:
En muchas ocasiones aunque se denuncie (y se tenga razón en la denuncia), ni siquiera se llega al reconocimiento. Por eso, en efecto, es una pena que se pierda tanto tiempo en denuncias estériles y más bien absurdas. Pero así como hay personas que están sufriendo un calvario y, a pesar de ello, son incapaces de alzar la voz, hay otras expertas en la queja.

¿Su profesión, por favor?
Quejica profesional.

Pues mejor pide otro (café, digo).

maririu dijo...

-pues, yo creo que la denuncia es esencial porque hace que la víctima diga y sobre todo formule lo que le ha pasado y así lo objetivice (se han vuelto palabras, ideas, algo salido de sí y que se comunica) y entonces empieza a ver o ve completamente que no es culpable, aunque se sienta...
La vida trae compensaciones que te ayudan a poner el incidente o accidente en su sitio. No es nimio , de ninguna manera quiero decir eso, pero el castigo del culpable no será nunca suficiente porque no te lo borrará ni hará que no haya sido.
Lo que importa es salir con dignidad y sentirse orgullosa de haber salido.

Ps hace un frío que pela y estoy contenta de haber vuelto a casa después de una tarde intentando pintar.

Amando Carabias María dijo...

maririu
No sé qué opinará el resto, pero a mí me parece una opinión valiosísima. Nada que añadir a lo dicho. En el hecho de denunciar, pues, también se encuentra una terapia.

Lo del frío, por lo que dicen, o me ha parecido oír, va a ser de órdago. Esperemos que se equivoquen.
Si hoy no has podido pintar lo que pretendias, será mañana.

Anónimo dijo...

Hoy viendo a los niños tan felices é ilusionados en la cabalgata de reyes con su padres,que prestos y veloces estaban cuidándolos del frío y la lluvia.He pensado que cuando sean mayores si conservan esa alegría é ilusión tendrán una sociedad más justa,igualitaria y sana que la que tenemos actualmente.Ese es mi deseo para pedirle a los reyes magos,junto al de desearos lo mejor y que sigáis tan unidos en armonía en este rincón de la palabra.
Paco gomez

Amando Carabias María dijo...

Paco Gómez
Feliz año para ti también.
Creo que nosotros sonreíamos y disfrutábamos lo mismo que estos niños, creo que nuestros padres acudían solícitos a nosotros a protegernos del frío, de la lluvia... o de la nieve... Y la sociedad sigue siendo como es.
Es difícil conservar esa ilusión de los pocos años, pero no será porque los Magos no lo intenten, mira que lo hacen cada año...
Pero, de todos modos, me uno a tus votos y sumo mi petición a la tuya.
Ya sabes, que también tienes tu lugar en este rincón siempre que a él acudas.
Feliz 2010 a ti y a los tuyos.