lunes, 16 de noviembre de 2009

ICARO Y LAS PALABRAS

El Sembrador de Millet. Imagen tomada del blog Tierra de Poemas
Desde que uno asomó sus pestañas al mundo de la red, ha experimentado en sus propias carnes, lo que en teoría es sabido desde los tiempos estudiantiles. Sin embargo, nunca es lo mismo conocer algo por referencias, aunque éstas sean muy precisas, que experimentarlo. Es verdad (y procuraré no repetirme en exceso) que en Internet hay mucho rostro cubierto con caretas y que utilizan el disfraz para disparar a dar, pero no es menos cierto que también hay mucha sinceridad y mucho afán por construir, por aportar. Si, como es mi caso, se cuenta con la fortuna de gozar de un puñado de lectores (máxima aspiración de un escribidor) y además se tiene acceso a ellos y se ha instaurado un canal de comunicación cuya base sea la sinceridad, el escribidor descubre muchas cosas.

Aclararé antes de continuar. No se trata de que quien escriba varíe su escritura (ni en forma ni en temas) por lo que demanden los lectores. Mal camino, mal escribidor y malos lectores, si tal sucediera. Se trata de otras muchas cuestiones, pero hoy ni siquiera quería reflexionar sobre ello, sino sobre la independencia de los textos, o sobre su propia personalidad.

El otro día, no hace mucho, con un par de breves textos de mi autoría, que no vienen al caso, se produjeron interpretaciones dispares, pero no contrarias, más bien complementarias, poliédricas, al menos. Y esto me llevó a pensar sobre el asunto.

Por así decir, las palabras surgidas como por arte de magia de las yemas de mis dedos, en el momento en que se publican, se convierten en pájaros que abandonan el nido y que son autónomos para siempre, y emprenden un camino que a los padres sólo les es dado controlar en la distancia. Mientras esas mismas palabras (nada especiales, por otra parte) palpitan en mi casa, y sólo mi corazón es testigo de su crecimiento y de su maduración (no importa el tiempo que dure este proceso) quien escribe sabe que todo depende de sí. Acortar, alargar, espulgar, esparcir, recortar, acrecer, rodear, omitir, mostrar, sugerir, ordenar, desordenar, son tareas que forman parte del oficio, del laboreo silencioso del que se hablaba en el primer artículo de esta serie. Pero en algunos casos, antes o después, llega el instante en que las historias o reflexiones que uno ha vestido con palabras salgan a la calle, solas por primera vez, con la única misión de que otra mirada diferente a la de su creador las contemple.

Quien escribe sueña con que lo lean, es decir, sueña con que sus textos alcancen el destino por el que nacieron: el corazón de otras personas. Pero de lo que no se es muy consciente, o se es tan consciente que no se tiene en cuenta, es que las mentes a las que llegan nuestras palabras no están en la misma sintonía vital que quien las escribió. En muchísimas ocasiones ni siquiera el contexto temporal o espacial es el mismo. Esta diversidad de situaciones anímicas, vitales, espaciales, temporales, culturales, educacionales, etcétera, tiene como consecuencia que las palabras, al posarse sobre el vuelo de las miradas de los lectores, adquieran significados inimaginables para el escritor. No hablo, por supuesto, de errores de interpretación o de interpretaciones sesgadas provocadas por lecturas rápidas y superficiales, eso es otra cuestión; me refiero a interpretaciones, mejor dicho resonancias, perfectamente plausibles, lícitas y que, una vez desenmascaradas por el lector, al escritor le iluminan más si cabe.

Y lo más curioso es que un texto cuanto más íntimo, más sincero con uno mismo, más personal, más evocaciones diferentes provoca, cuando la teoría dice que, a priori, menos interpretaciones diferentes debiera tener.

Llego a la conclusión de que se cierra el circuito de la comunicación.

Una realidad, la que sea, provoca al escribidor a tomar sus útiles que plasman tales pensamientos en un texto. Una vez soportados todos los controles de calidad que se quieran, y que el autor haya establecido como necesarios, concluye en su publicación cuyo destino es otra persona, a menudo anónima y bien distinta del autor que, de pronto, al zambullirse en el texto, encuentra en esas palabras una candela que ilumina un trocito de su propia experiencia; ese efecto iluminador, al mismo tiempo, rebota sobre el propio texto en el que, de pronto, como si un arqueólogo hubiera trabajado con extremado cuidado, aparecen realidades que ni la propia conciencia del escritor había detectado. Sí quizá de modo inconsciente, pero justo es reconocer que sus ojos no las habían descubierto.

Lo habitual es que el lector guarde para sí tales descubrimientos, semejantes miradas diferentes y conclusiones que para el autor son absolutamente desconocidas… Salvo que ocurra, como a mí me sucede, que el lector se atreva a hacer partícipe al autor de sus hallazgos.

Quizá haya escritores que estimen intolerable semejante atrevimiento. Para mí, cuando hay sinceridad y respeto, es emocionante que un lector comente con el autor su visión del texto, esa sugerencia, esa interpretación, y quizá sea ésta una de las suertes de la inmediatez que provoca la comunicación vía Internet, a pesar de sus muchos problemas, porque al final, el escribidor descubre que sí, que no es sólo una metáfora decir que el texto es una criatura que adquiere independencia en cuanto se publica, sino que es una fiel descripción de unos hechos comprobables a diario.

18 comentarios:

Alena.Collar dijo...

Poco voy a decir yo, salvo que fue un lujo que apareciera en Alenarte...
Y contar con quien tan bien escribe, ni os cuento...

Amando Carabias María dijo...

Alena Collar:
Muchas gracias por los piropos. Creo sinceramente que la suerte es mía.

Beatriz Ruiz dijo...

Alena, Amando... yo si voy a decir... Estoy francamente encantada de poderos compartir, de poder leeros y aprender es todo un lujo para mi... y de que acepteís mis comentarios que nunca son gran cosa, todo hay que decirlo, me hace sentir esa cercanía que una se reserva para los "amigos"...

Besos desde Tenerife...

Amando Carabias María dijo...

Beatriz:
Según mi modesta opinión, todos los comentarios que se hacen con respeto aportan algo, enriquecen e indican la categoría de quien los emite

Evaasecas dijo...

Y a mi me gusta pasar por aquí, porque soy lectora y porque me gusta escribir, y quiero aprender, y, porque, me gusta llamarle a las cosas por su nombre, y hacía mucho que no leía que alguien escribia para llegar al corazón del lector.
Y esto de poder comentar la lectura me recuerda a cuando hacíamos cine forum o clubs de lectura y me parece alucinante poder hacerlo ahora, desde casa.
Un saludo de lunes para todos.

Amando Carabias María dijo...

Evaasecas:
Lo que ocurre es que no siempre se puede llegar hasta el corazón. Se intenta, pero algunas veces no se puede o se sabe.
La verdad es que es una buena comparación esa del cinefórum.

Flamenco Rojo dijo...

Para este lector, un escritor es una persona que escribe por inspiración, que ve la vida a través de un prisma particular, por el cual todas las cosas, las personas y los acontecimientos se transforman en materia literaria; todo esto no sería posible sin el apoyo en el conocimiento del lenguaje y la gramática.

En primera instancia, quiero pensar que lo hace no por lucro, fama o reconocimiento, más bien por inspiración, por pasión…Sin duda la meta final de un escritor es que sus textos sean leídos, lo que ya no tengo tan claro es que todos lo hagan para llegar al corazón…para eso además de escritor ha de ser escribidor. Amando, tu eres escribidor.

Un abrazo.

maririu dijo...

¡Bella reflexión! y que se presta a múltiples intercambios.
Cuando uno escribe lo haces con todo su ser (corazón incluido Eva a secas) y crees ser dueño de tu texto, en el sentido más amplio el que domina el cuerpo entero del "objeto" es decir el texto el que sabe lo que dice el texto y lo que quiere decir pero el objeto "texto o libro" existe, por que él lo ha creado pero existe ...
Y existe aún más si ha llegado a los ojos de un lector, los ojos del Otro,
y entonces puede ocurrir el milagro, más milagro que su existencia de "texto de Amando Carabias María" , el objeto se vuelve "el texto leído por Maririù" o por Beatriz o por...
y así así el texto se vuelve universal.
¿qué hice yo al leerlo? no mucho pero no lo leí con las vivencias de Amando, lo leí con las mías de ahora (paso rápidamente sobre dos lecturas por el mismo lector a diez años vista) con mis preocupaciones y le encontré las facetas que correspondían a ellas y a lo mejor al decirlas el autor se da cuenta que también estaban aunque para él no fueran visibles.
El milagro de la comunicación, de la escritura, de la lectura.
Maravilloso tema

maririu dijo...

Horas más tarde
una pregunta ¿por qué un Ceres sembrando y un título con Icaro?
Esperaba el cuadro de Brueghel, voy a buscarlo

Isolda dijo...

Me callo, pues todo está dicho y muy acertadamente.

Dos cosas aparte (iba a poner colaterales, todo se pega), Maririu, una vez más me adelanté, en tu blog, pidiendo la traducción y con alguna falta de ortografía. Pido disculpas.
Me ha interesado mucho la pregunta que haces sobre Ceres e Icaro.
Como supongo que alguna explicación hay, te digo lo que a mí me sugiere. Creo que va ligado al escrito. Las palabras se siembran por uno mismo (aquí Ceres), pero es a través del viento (Icaro), el que las reparte y como todos habeis dicho, se reciben de diferente manera en otros corazones.

Alena, el sábado se me pasó darte las gracias por tu comentario. Así que espero te valgan ahora.
Muchos besos al Escribidor y a vosotras dos en especial.

cauchil dijo...

Pienso que para el escritor el acto de escribir es una necesidad que le reclama en ocasiones con ímpetu. Está en otro mundo, pero está en éste y sus materiales son tan humanos... palabras, sentimientos, imaginación...que si llega al corazón de un lector se convierte en un resorte imprevisible y si se establece esa relación esperada entre el autor y el lector, la magia, el milagro...es posible.

Isolda, me gusta tu interpretación de Ceres e Ícaro.

maririu dijo...

no ví faltas de ortografía Isolda hoy he tenido un día ajetreado y no hay traducción, acaban de marcharse a ver si voy pa'a allá
Amando??????????

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo / Pepe Gonce:
Las razones de cada quien son inextricables, salvo que las cuente el/la interesado/a. Pero estoy por apostar que quienes se sienten o se saben escritores, comienzan a escribir porque es imposible que hagan otra cosa. Literalmente imposible.
Pasado el tiempo a esta pasión insuperable se le pueden añadir otros ingredientes más o menos numerosos y de entre ellos no es descartable (ni creo que tenga por qué ser censurable)el afán de vivir de su tarea e incluso alcanzar cierto reconocimiento o notoriedad por ella.
De todos modos el verdadero afán del escritor, una vez que ha escrito su texto, porque a veces se nos olvida lo más básico, es que le lean, cuanto más mejor.
No soy un profesional del asunto (como es obvio), pero a mí no se me ocurre escribir de otro modo.
Lo que no quiere decir que mi manera de hacerlo sea el único modo de llegar a esa meta. En el fondo, me parece, todo artista a dónde quiere llegar es a la raíz profunda del ser humano.

Amando Carabias María dijo...

maririu.
Efectivamente así es. Uno piensa que posee todos las claves que interpretan estos textos, que, por así decir, está en el secreto oculto de cada frase.
Sin embargo sucede que cuando ese texto que, como bien dices, ya es independiente y existe por sí mismo, pasa a ser leído por otros ojos, adquiere nuevos matices y a veces, incluso, sorprendentes.
Esto sucede mucho con la poesía. (Un poema y una estampa, mejor dicho los comentarios que suscitaron en este blog, fueron los que me provocaron las primeras reflexiones sobre el asunto). Y si le añades las propias vivencias del lector, relacionadas con el asunto el texto se enriquece de modo muy suegerente. Por ejemplo, si escribo un texto relacionado con el nacimiento de un niño, será inevitable que cada quien acuda a su propia experiencia para enriquecer o personalizar las palabras del texto.

Sobre el título y la ilustración... Ambas cuestiones están en el mismo párrafo. El título, que es obra de Alena y demuestra con qué hondura lee los textos, viene sugerido por esta frase: "las palabras surgidas como por arte de magia de las yemas de mis dedos, en el momento en que se publican, se convierten en pájaros que abandonan el nido y que son autónomos para siempre, y emprenden un camino que a los padres sólo les es dado controlar en la distancia". Incluso si se lee este texto en la revista se observa que la ilustración es acorde con la misma.
Como esto ya estaba así, y por incidir en otro matiz, busqué esta ilustración que tien que ver con estas palabras: "Acortar, alargar, espulgar, esparcir, recortar, acrecer, rodear, omitir, mostrar, sugerir, ordenar, desordenar, son tareas que forman parte del oficio, del laboreo silencioso del que se hablaba en el primer artículo de esta serie"

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Cuando yo digo que tengo un grupo de lectores muy especiales...
Acabas de resumir todo lo que he contado más arriba sobre Ceres e Ícaro. Y es así, de hecho. Con lo que, en realidad, lo que has hecho es resumir el sentido del artículo con esa explicación.

Amando Carabias María dijo...

cauchil:
Así es, sí. Se trata de una necesidad irrefrenable, un modo de dar explicación e intentar poner orden al mundo o al propio mundo. Y el afán, siempre, es provocar esa explosión, ese encuentro entre el corazón del lector y las palabras que se escriben.

Odiseo de Saturnalia dijo...

Creo que va el día de descubrimientos... ¿sabeís si me puedo quedar en lo descubierto?

Es que me ha gustado lo que he leído... aunque... tengo tajo.

Saludos.

Amando Carabias María dijo...

Odiseo de Saturnalia:
Sería un honor y un placer. Y lo del tajo ya se sabe que para algunos es un mal al que no sabemos sobreponernos.
Un abrazo.