miércoles, 27 de junio de 2012

Haití, otra vez.


El mundo está lleno de dolor. Allá donde las miradas se abran con un poco de perspectiva, descubrirán cómo la miseria anida en tantos inocentes que es difícil enumerar.
Nosotros mismos, inmersos en nuestra propia realidad, nos vemos sacudidos por desasosiegos, sufrimientos, preocupaciones que convierten algunas de nuestras jornadas en pequeños (o grandes) laberintos…
Hay diversas maneras de afrontar las cosas. Cada uno usa de sus estrategias, las que puede o sabe manejar.
Hace un año, casi trece meses para ser precisos, escribí AQUÍ sobre Haití. Sobre ASHUADE y Jorge, un compañero de trabajo que invierte el tiempo de sus vacaciones (o parte de él) en intentar paliar algo de ese dolor que se cierne sobre la isla caribeña en concreto en el barrio de Tabarre. En su equipaje, además de todo el ánimo, lleva diversos materiales (este año unas cocinas a modo de placas solares de fácil instalación y uso) y algo de otras aportaciones, también nuestras.
La prensa más sesuda habla de corruptelas sin cuento, de desorganización, de olvido del primer mundo. Eso cuando aborda el asunto de la reconstrucción de Haití, que cada vez es menos, que cada vez está más sepultado por la crisis de nuestra opulencia.
Pero continúa el dolor, las carencias.
Sé que la solidaridad no sustituye a la justicia; pero cuando la justicia falta tan clamorosamente, cuando su ausencia es un grito que provoca horror, hay personas (los mejores de los nuestros, sin duda de ningún género) que son capaces de hacer lo que hace nuestro compañero Jorge.
Os dejo sólo una muestra.
Creo que describir esta fotografía sería suficiente para explicar lo que de verdad es imprescindible para la vida humana.
Según nos cuenta Jorge, se habían acercado para curar una herida en la rodilla de la niña que tiene en brazos. Y esa pequeña expedición de una tarde cualquiera, concluyó del modo en que lo veis.
Y a mí sólo me queda la obligación moral de compartirlo, de difundirlo (aunque sean mis letras un eco casi inaudible).
La palabra esperanza aún no ha muerto.
La palabra esperanza tiene la misma fuerza que la sonrisa de un niño. Y ésa, a pesar de todo, es invencible.
Gracias, Jorge.


8 comentarios:

Mª LUISA ARNAIZ dijo...

Todos cuantos te seguimos seremos altavoces por Haití.
Un abrazo.

María Socorro Luis dijo...

Con Jorge. Contigo.

Gracias.

Paloma Corrales dijo...

Gracias. Abrazo.

Anónimo dijo...

Jorge, mucha gente estará muy orgulloso de ti, gran tío, es un placer conocerte

Leonel Licea Alvarez dijo...

Son las personas como Jorge, que hacen posible que la esperanza, a pesar de los pesares, siga viviendo.
Abrazos para los dos.
Leo

Flamenco Rojo dijo...

Jorge, un ejemplo...Gracias por recordárnoslo Amando.

Abrazos.

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Nuestro patético mundo occidental moderno obtiene pingues beneficios con panfletarias desinformaciones que sólo están en los ojos de los opulentos breves momentos.
Después, humanos, su entorno vivo y su desgracia, no son olvidados son obligatoriamente relegados y jamás nombrados, como si el hacerlo supusiese un contagio de miseria.
Tu amigo Jorge y otros muchos amigos que tengo el orgullo de poseer son tan valientes como eficaces e insuficientes, desgraciadamente. Otros muchos, sin el coraje necesario, aportamos un mínimo grano de arena. Pero quienes deberían poseer el espíritu humanitario, países e instituciones, sólo emplean su poder en armas para someter a otros pueblos tan débiles y desgraciados como los antedichos.
Así, la lástima y sonrojo colectivo afloran más allá de la sinrazón de sus tropelías.
La sana indignación se apodera de las personas de buena voluntad hasta que, cuando irritan al poder con sus declaraciones, fotografías incuestionables y ayudas eficaces, provocan una altanera, irracional y, a veces, inhumana recriminación.
Mientras, los afectados mueren a chorros y el desorden y el pillaje requieren la intervención “justificada” de los esclavistas sometedores de pueblos.
Amando, te felicito por lo que haces, tu escrito y tus amigos.

Un fuerte abrazo para los dos.

Isolda dijo...

Le envidio; puede disfrutar "in situ" de las sonrisas de esos niños. Cuesta tan poco y más cuando se es joven y voluntarioso, irse a ayudar a esta gente! Recuerdo los vídeos del año pasado, cuando levantaron un comedor, ahora esas cocinas que se afanaban en montar en Esaña, antes de salir. Cuando pienso en volver atrás, sería para hacer este tipo de cosas.
Gracias, Amando por compartirlo, estoy segura de que la bonhomía se pega.
Besos, hoy todos para los de Haití.