domingo, 22 de enero de 2012

Veo



Al encender la luz de la oficina, su brillo me recuerda un hospital, aunque nuestros pacientes no respiren, ni en apariencia sangren o padezcan. Sobre la mesa yacen los papeles tal y como dejé su cuerpo ayer, sin otra novedad que la emboscada de miles de segundos en sus poros que no han causado heridas apreciables.
Cada mañana veo sin sorpresa que el almanaque está ya en el pasado; nunca paso sus hojas, las arranco, por alguna razón inexplicable, deseo que adelgace cada día, y le aplico esta dieta radical, la terapia precisa del olvido. Después de esta tarea imprescindible, ya puedo conectar mi ordenador. Asomo mi mirada a este planeta antes de comenzar mi laboreo, ése que me propicia el alimento y que sirve de escudo a mis neuronas contra tanto fantasma que me engulle dejándome el cerebro en carne viva.
Miro el mundo a través de su ventana, y sé que este paisaje es incompleto, como si viera un cuerpo al microscopio, sólo trozos, fragmentos sin costuras, carentes del misterio de la vida, de su latir continuo e imparable…
Veo el mundo habitado por seres en desgarro, corriendo hacia el abismo, enceguecidos, como unas marionetas torpes, sordas, conducidas por ciegos avarientos, prestidigitadores que hipnotizan: conducen nuestros pasos al barranco y nos hacen pensar en paraísos. Cada noticia engendra sufrimiento, y como un monstruo engendra pesadillas…
Veo que el graderío de los circos estalla en ovaciones afiebradas decenas de millones de alaridos atentos al rugido de las fieras.
Veo que un huracán nos extermina, la sangre que vertieron nuestros héroes, aquellos que entregaron su existencia para que nuestra vida fuese humana, y no de pobres bestias con dos piernas, cayó en acantilados sin memoria.
Veo que un terremoto nos desgaja y nos convierte en fieras sanguinarias, o en hienas carroñeras que se ríen gozando de un osario de gemidos.
Veo que el mar se adentra, y de un zarpazo comienza la tragedia cuyo fin quizá no sea muerte y cementerio, más bien esclavitud y pesadumbre, un continuo engendrar brazos y piernas para sustituir la carne inútil que será triturada y esparcida, apreciable carroña de los buitres…
Por fin un compañero abre la puerta, una sonrisa humana me rescata, regreso a este presente rutinario, y me aferro a un deseo como un niño cuando reza plegarias inocentes al Dios en quien confía nuestra infancia:
Señor, que esta rutina como polvo de un cansado reloj entristecido, sea harina del pan de nuestra mesa.
Señor, que nuestros hijos sigan siendo otro paso en la senda de la especie hacia la libertad, y no padezcan la vuelta de la argolla sobre el tiempo, preludio del dogal en el cerebro, prefacio de cadenas en la carne.

10 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

Que tus deseos se cumplan...mucha gente será feliz.

Un abrazo.

Mora Fandos dijo...

Qué visiones y qué plegarias: me apunto a esa rutina que sea harina del pan de nuestra mesa.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Cuando miramos el mundo, nuestro entorno y nuestra rutina desde una determinada óptica, nos resulta extraña y sin sentido. Si se piensa desde fuera, surge el asombro y, a veces, la carcajada. Así somos, así nos comportamos. Menos mal que siempre llega un rostro que nos devuelve al calor y a la cercanía.

Isolda dijo...

Ya sabes, querido Amando, que ante todo, te considero poeta, sin menoscabo de todas tus demás facetas. Tengo delante un poema de endecasílabos, que leído en alto, suena de maravilla, no pierde el ritmo en ningún momento y haces de esa rutina diaria, una reflexión profunda sobre el mundo que alcanza nuestra vista, que me trastoca. Es un desgarro continuo, con el barniz que da la cotidianidad. Solo a ti se te pueden ocurrir estas imágenes de algo tan prosaico como la mesa de la oficina: "...sin otra novedad que la emboscada de miles de segundos en sus poros que no han causado heridas apreciables."
Ojalá se cumplan esos deseos. Como dice Flamenco, tanta gente sería feliz!
Besos de diario, para tus versos implacables.

emejota dijo...

Lo siento Amando, me has vuelto a conmover y hoy no me quedan palabras, de veras, necesito colgarme a cada segundo vital e intentar sentirlo feliz, eternamente feliz. Bs.

Leonel Licea dijo...

Cuanto me gustaría que fuesen infinitos los ojos que ven como ves tú. Pero parece que son muchos los que se contentan de seguir ciegos, a veces, hasta Dios.
Espero que tus deseos - que son también míos, se hagan realidad.
Un fuerte abrazo, amigos mío.
Leo

Mercedes Pinto dijo...

¿Te das cuenta, Amando? Eso es lo marvilloso de vivir y del mundo que nos rodea, que por muy duro, frío y oscuro que sea lo que vemos basta una sonrisa para que se haga la luz.
Comienzo mi andadura quincenal con esta primera visita, que no podría ser más agradable e instructiva.
Un abrazo.

María Socorro Luis dijo...

Gracias, Amando por estos minutos poéticos que nos regalas.

Sabes que comparto al 100%, tus sueños.

Abrazo

Marina Fligueira dijo...

¡Hola Amando!!!
Es verdad amigo, nos toca vivir en un mundo lleno de contradicciones de desgarro -de egoísmo -de desvergüenza, de seres sin escrúpulos. Sabes, la mesa de tu oficina, así a primera hora de la mañana, es un buen lugar para pensar y visionar los atropellos de nuestro planeta. Hoy tu escrito colmado de poesía y desgranando verdades y a la vez nos muestra un corazón grande y una mirada al mundo hoy por hoy totalmente certera.
Pero haber, seamos positivos... Y, pensemos que también puede dar un cambio para mejorar... aunque parezca una utopía. Somos muchos, ¡aunque no lo suficiente! A pedir ese cambio.
Estas últimas letras animan a la esperanza. Me encantan. Felicidades. Un beso aunque sea un poco tarde.


Señor, que esta rutina como polvo de un cansado reloj entristecido, sea harina del pan de nuestra mesa.
Señor, que nuestros hijos sigan siendo otro paso en la senda de la especie hacia la libertad, y no padezcan la vuelta de la argolla sobre el tiempo, preludio del dogal en el cerebro, prefacio de cadenas en la carne.
Bravo -bravo.

Ximens dijo...

Deprime empezar así el día. Buenos deseos deseas, por nuestros hijos. ¿Has probado a no leer el periódico nada más que los domingos? Ya sabes, las noticias que no llegan al domingo no son noticias. Ánimo, poeta, que el progreso está en vosotros.