miércoles, 7 de diciembre de 2011

Puesta de sol

Territorio de silencio, la noche. O así se espera, y más durante el final del otoño que ya esparce brillos invernales. Hoy, a pesar de la esplendidez de un día sin una sola nubecilla, el ocaso ha sido una caída a plomo, como un yunque incandescente sobre el horizonte. Estaba arriba, y el panorama era inabarcable para la vista.
Casi sin darnos cuenta, la luz se ha debilitado hasta desaparecer. Poco más que un parpadeo o un escalofrío.
En estos meses del año, como uno no esté atento a las puestas de sol, no se ven, desaparecen, como si huyeran, acaso avergonzadas.
Y leer, aunque sólo sean los titulares de la prensa –cosa que hoy no he hecho, ahora que me doy cuenta, únicamente los he escuchado-, da la razón a esta huida apresurada de la luz.
Da mucha pereza referirse siempre a lo mismo, pero parece que es lo único que quieren que nos interese. Las noticias procedentes del senado brasileño, o la frase lapidaria del Secretario General de la ONU, parecen meros adornos, cuando en realidad es la verdadera esencia de lo que debiera de preocuparnos.
Pero lo van a conseguir, cada día están más cerca: seremos pobres y probablemente hasta cambiemos de nacionalidad, pero importará menos, porque pronto seremos cadáveres sobre el cadáver de un caballo que galopa muerto alrededor de una estrella que seguirá enviando luz sobre este osario.

4 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Ahora vengo de leer la primera plana de El País Digital. En ella no aparece nada de lo aprobado por el Senado de Brasil, uno de los mayores atentados contra la Amazonia, y sólo hacia la mitad de la página se comenta algo relativo a la cumbre del cambio climático.
Y no digo más porque me enciendo... y hay demasiado CO2 en la atmósfera...

Flamenco Rojo dijo...

Amando, sabes que soy un lector empedernido de El País...pero no es ni la sombra de lo que era. Ahora se dedican más a hacerte el cuerpo que seremos pobres, pobres de solemnidad.

Un abrazo.

Isolda dijo...

Como sabes, querido y, para no perder la costumbre, estoy de acuerdo con Flamenco. Casi no leo El País, ¡quién lo hubiera dicho! Leo en digital y muy por encima; intento bucar lo agradable, ya sabes mis columnistas y algo para matar el gusanillo.
Me quedo con tu prosa poética referido al ocaso. Eso, por ahora, nadie lo cambiará y lo disfrutamos todos los que tenemos un mínimo de sensibilidad. Es una hermosura cómo describes ese momento único y distinto cada día. Precioso, como siempre.
Besos azules, Amando.

María Socorro Luis dijo...

Un final estremecedor para un texto de meridiana credibilidad.

Abrazofuerte.