miércoles, 23 de noviembre de 2011

La decisión

Necesitaba doblegar el miedo, como quien doma a un león hambriento. No era fácil evitar el pánico que le sacudía y le empujaba con suma violencia hacia la huida. Pero sabía que lo tenía que hacer o las consecuencias podrían ser mucho peores. Se trataba de decidir entre la hipotética felicidad o la posibilidad de repetir un fracaso que a punto estuvo de llevarle al abismo. Aunque no entendía por qué, sabía que si no decía que sí en pocos minutos, ella no volvería jamás a abrir aquella puerta y regresaría a la soledad donde no había opciones para la derrota, pero tampoco para la alegría. Los segundos, entretanto, ajenos a la situación desesperante, disparaban su munición de ansiedad como si hubieran enloquecido.

14 comentarios:

Mercedes Pinto dijo...

Creo que cuando se trata de decidir entre la hipotética felicidad o la posibilidad de repetir un fracaso la opción es fácil, no hay dilema, no tiene sentido huir de la felicidad que se nos ofrece. El problema es cuando te ves abocado a decidir y no sabes en cuál de las opciones está la felicidad; es entonces cuando el pánico te inunda.
Me voy pensando, porque creo que algo se me escapa entre las líneas del texto.
Un abrazo y buenas noches.

Flamenco Rojo dijo...

Me quedo intrigao, preocupao y con cierto miedo.

Un micro con tu sello.

Un abrazo.

emejota dijo...

Amando, me has conmovido hasta la médula. Te comprendo, quizás en estos momentos más que en otros cualquiera.. Beso extendido.

Isolda dijo...

Ahí, entre esas palabras magistralmente ordenadas, hay una lección de vida. Las decisiones son difíciles. "Sabía lo que tenía que hacer", dices. Eso es lo que cuenta, a pesar del vértigo al minuto siguiente.
Besos siempre, querido.

Leonel Licea dijo...

Las decisiones importantes nunca nos dan dos opciones, o es una o es otra, nunca se equivaldrán y si nos equivocamos, no hay marcha atrás. Conosco esa sensación de saltar en el vacío.
Logradísimo.
Un abrazo, Amando.
Leo
PD. Te debo un correo ;)

ANTONIO CAMPILLO dijo...

El problema es valorar si una hipotética felicidad requiere una decisión tan imperante, tan importante y tan decisiva, como para tener que adoptar, con la prontitud de la ansiedad enloquecida, un camino inequívoco.

RAE:
Hipótesis.
(Del lat. hypothĕsis, y este del gr. ὑπόθεσις).
1. f. Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia.

Esta es la cuestión. Para mí debería ser una tesis. Con las hipótesis siempre se puede cambiar ya que pueden ser posibles o imposibles. Por tanto, se obtienen consecuencias probadas de las tesis no de las hipótesis.

Un abrazo, Amando.

virgi dijo...

Que diga sí, siempre tendrá una ocasión para cerrar la puerta.
Amando, gracias por tus palabras en mi relato de La Esfera.
Un abrazo

Mar Horno dijo...

Siempre hay que arriesgarse. Luego ya habrá tiempo para lamentarse y arrepentirse si acaso. Has transmitido muy bien la angustia de la decisión. Un saludo.

Beatriz Ruiz dijo...

Todos hemos pasado por esa situación en algún momento y son decisiones difíciles... pero claro, yo apostaría siempre por algo de felicidad... Después, con el tiempo, puedo cambiar de opinión, o no???... Aunque claro, hay circunstancias que no vuelven pues no dependen de nosotros...

Paloma dijo...

Quiero darte olas gracias por comentar el microrrelato que La Esfera Cultural ha publicado.
Además te diré que ha sido un placer "decidir" en la piel de tu personaje que todo intento, hasta los nulos, merece otra oportunidad para convertirse en el definitivo.

Encantada de conocerte un poquito más.

Un saludo

Isabel Martínez Barquero dijo...

Estimado Amando, qué grandísima tensión se produce en nuestro espíritu cuando hemos de decidir, y si ha de hacerse deprisa aún es mayor.
¿Sabes? Hace años decidí, para mi propia tranquilidad, que hiciera lo que hiciera siempre me equivocaría, o acertaría, que eso nunca se sabe, pues no tenemos todos los elementos de juicio de la bondad o maldad de los caminos hasta que ha pasado mucho tiempo, incluso hasta no podemos enterarnos y morirnos sin saberlo.

Un beso, y sí: Antinoo caló hondo en el espíritu del emperador Adriano. Existe un libro delicioso, exquisitamente escrito, que lo describe en lenguaje de nuestros días: "Memorias de Adriano", de la excelsa Margarita Yourcenar.

Marina Fligueira dijo...

¡Hola Amando!!!

Pienso que huir no se debe, mejor afrontar –pensar –decidir. Aunque… a veces parezca difícil tomar una decisión. ¡Si no juegas, nunca sabrás si te toca!... quiero decir la lotería.
Como tus letras hoy me suenan a retintín, prefiero que esa puerta se abriera y que entre la felicidad por ella. No estaría mal dar una oportunidad y no arrojarla a la derrota –a la soledad.
Como siempre, es un placer leerte. Gracias por compartir tus lindas letras.
Un abrazo y buen fin de semana.

carlota dijo...

Últimamente creo que hay que actuar, pese a todo. De poco sirve tanta valoración, tanto cerebro. Siempre hay tiempo para reconducir y, si no, tampoco ha de ser todo tan trascendente, teniendo en cuenta lo que nos espera, seguro, al final de cualquier camino.

Buen relato!!

un beso

neko dijo...

Y la tercera opción? la de simplemente esperar a ver qué pasa? no... en realidad esa nunca es una opción, es el tiempo el que acaba decidiendo por ti, y casi siempre para mal.

Yo creo que sí, arriesgaría.