lunes, 12 de septiembre de 2011

Cansancio y soledad

Llegó desnudo al lecho, después de haber cenado su cansancio, envuelto en ensalada y en tortilla, acaso distraído por el vuelo de un balón indolente y caprichoso. Llegó desnuda al lecho, después de haber cenado soledad envuelta en ensalada y en tortilla, acaso distraída por el llanto de la angustia infantil incomprensible. Y el lecho compartido fue, como cada noche, dos murallas de pieles silenciosas tejidas de cansancio y soledad, dos murallas ajenas y enfrentadas, dos murallas dispuestas a olvidar que un día fueron único castillo donde la madrugada era una fiesta de luces y caricias estruendosas, como mil carcajadas en la piel. Cuando al amanecer, regresen los vigías a la almena, y las pupilas alcen sus portones, él se levantará cansado y triste, a ella la soledad le cubrirá los pasos presurosos, engarzados al tiempo que se fuga. Se cruzarán vestidos, perfumados, pero su paladar no sabrá a beso, sino a café y tostada, y no tendrán caricias como salvoconducto para el día, sino el vuelo indolente de un balón y el llanto indescifrable de la infancia. Durante varias horas, el lugar será trono de olvido, almacén de silencios compartidos. De nuevo él llegará desnudo al lecho después de haber cenado su cansancio envuelto en un puré y en pescadilla, acaso distraído por la historia de un crimen imposible y farragoso. De nuevo ella entrará desnuda al lecho, después de haber cenado soledad envuelta en un puré y en pescadilla, acaso distraída por el sueño de la infancia feliz e incomprensible. Y como cada noche será el lecho dos murallas de pieles silenciosas tejidas de cansancio y soledad, dos murallas ajenas y enfrentadas, dos murallas dispuestas a olvidar que un día fueron único castillo donde la madrugada era una fiesta de luces y caricias estruendosas, como mil carcajadas en la piel.

15 comentarios:

Verónica dijo...

Me ha encantado como lo cuentas.
Pero es muy triste llegar a esta situación, sentirnos solos estando en compañia, que para el caso es lo mismo.
Un abrazo, muy buena noche

XAVIER BLANCO dijo...

Amando, precioso texto, el título forma parte del castillo, es el puente levadizo, quizás el portón cerrado. De ese castillo derruido por los ejércitos de la rutina y el desamor. Esas murallas son ciclópeas, tan cerca y tan lejos.
Poca solución veo, tal vez un Caballo de Troya.
Un abrazo

emejota dijo...

Estas cosas pasan por razones diversas. Lo narras como nos tienes acostumbrados a leerte, tan emotivamente y en este caso destila tanta tristeza.
Ahora un comentario jocoso, para ponerle el puntito irónico ya que acaba la entrada con "carcajadas en la piel". Me gusta eh!, pero demasiado cenan estos chicos,¿no te parece? Quizás a la larga este pudiera ser un motivo más, entre tantos. Beso.

Anabel dijo...

Qué bien lo dices, querido Amando. Maldita rutina.

Besos,

Anabel

Leonel Licea dijo...

Eso tiene la rutina, se repite, nos aísla, y hace sentir todo su peso, el peso del cansancio y la soledad. Lo llamas microrrelato, pero en el hay mucha poesia, iniciando por esa anáfora, esa reiteración como recurso que nos envuelve con su cantilena, como la rutina misma. Eficaz y real. Magnífico.
Un abrazo.
Leo

Fiaris dijo...

Que triste ha de ser llegar a esto.
Escribes tan bien las realidades de algunas cosas!
cariños.

mercedespinto dijo...

Esas murallas se construyen a base de indiferencia, problemas cotidianos, apatía y cansancio. Y sederrumban con una sola mirada sincera; esa mirada que dice "me importas".
Lo cierto es que el problema más complejo que una pareja tiene que superar es el del paso del tiempo.
Has retratado con gran realidad y maestría poética el día a día de muchas parejas.
Un abrazo.

Flamenco Rojo dijo...

La rutina, esa implacable asesina de pareja…Los cuentos de hadas que de pequeños leíamos y que trataban de parejas, siempre terminaban con la frase: "y vivieron felices para siempre"...Tal vez ese final habría que reescribirlo y decir, "y vivieron felices hasta que dejaron que la rutina los ahogara para siempre".

Un abrazo.

PD.- En la cama, solo debe crecer el amor…

María Socorro Luis dijo...

Maravilloso, Amando.

Sin duda, antes o más que narrador eres poeta: conviertes lo normal y cotidiano en una obra de arte.
Como el mejor representante del neorealismo, cuentas la pura realidad, desilusión vital, fracaso existencial... pintándola de belleza.

Enhorabuena.

Ramón María dijo...

Tan cerca y a la vez tan lejos, enorme la tristeza que nos narras, como siempre buen texto amigo mío.

Abrazo

Alejandro Kreiner dijo...

Creamos muros en nuestra mente que con el tiempo se convierten en realidad.


Saludos.

Beatriz Ruiz dijo...

Me parece muy triste... Tanta soledad!!!... Pero si no tenemos más que una vida!!!...

No debería ocurrir, no...

ARO dijo...

El tiempo le roba a la belleza y al placer del amor toda su sustancia y los deja secos, sin atractivo.

Marina Fligueira dijo...

¡Caramba! Amando, me da escalofrío tu relato. Debe ser tremendo cuando la comunicación no fluye. Entonces es cuado el amor comienza a morir, y se junta la soledad y la tristeza que son muy amigas las dos.

Aquello de... si me falta el amor no me sirve de nada, ¡Aunque tenga la gloria! Si me falta el amor nada soy. Es una verdad como una casa.

Un abrazo y ser muy felices.

neko dijo...

Como dicen, el peor enemigo de una relación es el paso del tiempo y el no saber llevarlo con habilidad.

Lo único que no entiendo es por qué pasa esto, tan dificil es poner un punto y final a las historias cuando nos damos cuenta de que no hay camino posible?

Me gustan tus micros