sábado, 23 de julio de 2011

Hacinados



(Información del Norte de Castilla, a doce de julio de dos mil once).

Hoy leo un titular desgañitándose como un verso escondido dentro de una pesadilla: 


Cien temporeros viven hacinados
en viejos gallineros
ubicados en Puente Duero, Valladolid.
 



¿Cien hombres y mujeres expiran como gallinas cuya única misión es poner huevos antes de la muerte? 

Son rumanos, explica la noticia, y el primer grupo,
más o menos legal llegó hasta una vivienda de las afueras
hace justo cinco años.
 


Algunos periodistas son precisos, y el lector debería agradecerlo… 

Vivieron hacinados por decenas…
Otra vez me golpea la palabra, me atraviesa el asta de su hache muda,

hasta que decidieron vivir
literalmente bajo un puente -el de la carretera que rodea aquel barrio-.


A veces un adverbio resplandece como una luna llena, hasta iluminar frases o poemas.

Pero la Policía y el Seprona los echaron de allí poco después,
aunque los inmigrantes se mudaron hasta los gallineros solitarios
a cien metros del río… Y allí siguen. 
 


El detalle del río es lírico y es triste, como como eco de libertad, como trueno de abrevadero…

Aunque el problema, escribe el periodista,
es que el censo no para de crecer
son casi un centenar de inquilinos temporeros.
En la antigua capilla de la granja -hoy muy destartalada-
es donde se recibe a quien visita el poblado.

Me pregunto por qué en estos gallineros había una capilla, y si Dios preferirá esta capilla tan destartalada, o una gran catedral como un imperio…, me pregunto. Y la respuesta es tan imposible como rozar el ocaso con los dedos, aunque si fuera periodista, le solicitaría entrevista en la capilla destartalada de los gallineros.

Allí los residentes malviven hacinados…

De nuevo esta palabra es cuchillo entrando en mi cerebro, sangrándome crespones de miseria, escupiéndome náusea y fetidez:

dos grupos familiares repartidos en los cuatro edificios de una planta
que hace más de dos décadas poblaron
varios trabajadores de aquellos ponederos.

Antes de proseguir, el periodista concreta su relato, para evitar sospechas de ficción, dando cuenta precisa del lugar, y, después, sin detenerse, nos zambulle en el marasmo. 

Un camino de tierra, que nace en la rotonda
de acceso a la variante de Medina del Campo o hacia la carretera de Viana,
es la entrada al submundo de estancias compartidas
por unos residentes que aprovechan cada hueco dejado por sus antecesores
-las idas y venidas de inquilinos son aquí una constante-.
Se organizan parejas o grupos en los únicos inmuebles que mantienen tejados.
Los cuartos y cocinas ofrecen un aspecto que casi es aceptable.
Pero en el exterior, o en los bloques que están deshabitados,
la basura revienta las pupilas.

Desde hace ya tres años, los temporeros más veteranos
ocupan las primeras casitas de la entrada.
No parecen llevarse nada bien con esos compatriotas asentados
en aquel gallinero viejo y sucio al que llegaron hace unas semanas.


El lector olfatea el aire denso y maloliente del comienzo de un drama; también en la pobreza cuenta el escalafón.

Oír su castellano permite distinguirlos.
«Aquí somos familia, y vinimos directos desde nuestro país,
porque había trabajo y de momento seguimos...»,

explica en su perfecto castellano uno de los rumanos.
Luego aclara que a veces viajan por el país, sobre todo hacia el sur,
«cuando sale trabajo en la aceituna».

Se nos muestran amables y también nos enseñan
sus pequeños ‘palacios’.

«No es que esto esté muy bien, pero ya no me quejo»,
apunta una mujer -acaso la mayor,
aunque hacer ciertas cábalas es casi imposible:
porque todos parecen ser muy jóvenes-.

Muestra su cocinilla que está llena de cacharros y platos.
Su habitación también está ordenada, pero el salón...
«Ahí mejor que no entres».

Mantas, colchones, tiendas…
Esta parte del gueto en Puente Duero,
cada vez más nutrido,
que fue desalojado al completo hace dos años,
aunque los afectados volvieron enseguida,


‘a sus casas’, escribe el periodista con una lucidez tan irreal como hermosa: ¿o es que no son los pájaros los dueños de los árboles?

Es la más ordenada de ambos grupos
familiares que acogen los viejos gallineros.
«Hacemos nuestra vida, ellos hacen la suya».
‘Ellos’ apenas llevan unos días pocos metros arriba del camino
y también nos reciben muy amables.

«Aquí somos muy pobres, pasa y mira para que veas cómo vivimos», adelantan.
‘Ellos’ son más de medio centenar de personas mezcladas en estancias
comunes donde duermen sobre mantas, viejos colchones, tiendas de campaña…
tirados sobre el suelo. Y sólo en una viven veinte de ‘ellos’.


El reportero entrega un dato que esconde la miseria insoportable: la verdadera senda de la huida es la respuesta exasperada a la pobreza

‘Ellos’ también llegaron por trabajo.
«Vinimos para el ajo y la patata, estaremos tres meses
luego nos iremos a Sevilla a la aceituna»,
anuncia el temporero que mejor se defiende en la lengua de Cervantes.


Intuyo que el cronista llega al tuétano… ¿Por qué si no, Cervantes en el texto? ¿Cómo no recordar esa pobreza que se pegó a su vida sin borrarle la humanidad…?

En estos gallineros destrozados
por aquellos primeros moradores, su vida no es camino de rosas. 
Tienen luz, a saber de dónde llega, pero carecen de agua
y de las condiciones mínimas sanitarias.

Buscando acaso un pétalo de paz, el periodista acalla las conciencias, la suya, acaso la de los lectores asomados a un abismo incomprensible.

Y de ello son conscientes todas las policías
(local y nacional)
que a menudo vigilan el camino de acceso hasta la granja.
Los agentes comprueban los papeles, los permisos de todos los vehículos,
y evitan su lavado en la ribera del río.

No pueden hacer más, pues los gallineros son recinto privado,
propiedad de la empresa que se desentendió de los terrenos.

La vida de ambos grupos de rumanos
que comparten casetas y miseria no es fácil.

No trabaja ninguno, sólo esperan que llegue,
al fin, la temporada anual de la patata.


Pero como bien saben los pobres de este mundo, las miserias caminan de la mano como espesos racimos de mil lágrimas…,

pues durante las últimas semanas reciben la visita de un español,
un vallisoletano que quiere extorsionarles.

«Ya ha venido tres veces en su coche,
viene solo, se baja, y nos dice
que es el hijo del dueño y luego pide
ciento cincuenta euros por familia porque estamos aquí»,
resume un afectado… Pero ellos no tragaron.


Y al lector le conmueve esa hidalguía, y se imagina el gesto altivo, de lirio oscuro, y le duele esta vida de miseria.

«Entonces le dijimos que se fuera por el mismo camino,
que nos dejara en paz, que bastante es la vida que tenemos».
 

Quizá hubo más palabras, o quizá alguna amenaza. Quizá tras esas frases, sus miradas se encendieron con llamas de venganza, pero acallaron sus impulsos, si es que los hubo entonces, ‘pues bastante es la vida que tenemos’.
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17 comentarios:

Paloma Corrales dijo...

Qué duro, y qué manera de desgranar la tuya, uf.

Besos.

Ps. Y sí puede ser perfectamente #poemaac. Ya lo creo.

mercedespinto dijo...

Ante estos escenarios sociales tan tristes y desoladores, una no puede menos que hacerse mil preguntas: ¿Por qué la suerte de unos es la desgracia de otros? ¿Qué sentido tiene tanto sufrimiento? ¿Cómo es posible que después de siglos sigamos con la misma asignatura pendiente, cuando hemos sido capaces de volar? Y, si somos culpables, por favor, que alguien me conteste, ¿QUÉ PODEMOS HACER?
Precisamente anoche, jugando con el mando del televisor, una escena me rescató de mi semiausencia para trasladarme al más absoluto pasmo: un hipermillonario, acompañado de unas megachicas, en un supermegarestaurante disfrutaba de una hipermegasuper cena. Todo vips-plus. Según el “hiperprivilegiado” la cena —por cierto, cocinada con “maría” de la mejor, porque según él, en Ibiza tooooodo el mundo se droga, digo yo que para olvidarse de la escoria que son— podía llegar a costar, ATENCIÓN, 30.000 euros. Pero ¿ESTO QUE DESPROPÓSITO ES? Lo que más me espanta, si es que mi asombro puede ir más lejos, es que, no solo viven de fagocitar a medio mundo, además, los exhiben impúdicamente, como si estuviesen dando una magistral lección de humanidad.
No sigo, porque voy encolerizando por momentos.
Un afectuoso saludo, y perdón por la pésima redacción

Flamenco Rojo dijo...

Desolador, inhumano, descorazonador...en pleno siglo XXI. Y cuántos casos como este.

Abrazos.

María Socorro Luis dijo...

Qué decir?...

Un abrazo cómplice, Amando

Charcos dijo...

nada que decir... rabia y más rabia

besicosss

Isolda dijo...

¿Qué decir de ese doble poema, que es la vida misma? La noticia versada duele tanto o más, por la cercanía del tema. A veces no somos conscientes de lo que tenemos al lado hasta que alguien nos lo hace ver y el poeta nos lo transmite, con esa lírica que va impresa en tu piel, en cualquier caso. "Hoy leo un titular desgañitándose como un verso escondido dentro de una pesadilla:"
Ese titular bien vale el poema completo, me quedo también "¿o es que acaso los pájaros o son dueños de los árboles? Un buen ejercicio el tuyo, querido.
Besos y gracias por abrirnos los ojos.

Alena Collar dijo...

Duro y dale.
El periodista tan contento mientras tanto. Lírico y todo.
Me ha interesado mucho tu manera de escribirlo.

Leonel Licea dijo...

Quisiera decirte muchas cosas para quitarte la duda - porque es un POEMA - te podría hablar de recursos, estilo, y ese modo de tejerlo, estructurarlo, pero no puedo, lo que dices, su mensaje se clava y me llena de rabia, ya sabes, que soy de los que emigraron esperando en algo y aún...
Un abrazo, Amando, y disculpa mi ausencia.
Leo

mateosantamarta dijo...

COMPAREMOS ESTO CON NUESTRA CRISIS, y nuestra crisis con la de las finanzas europeas y la crisis de las finanzas europeas con la de los tiburones de Wall Street: todo se explica. Tu réplica dolorida es la conciencia que renuncia a encallecerse. Un abrazo.
Me voy a recibir a los indignados que llegan a Madrid.

emejota dijo...

Magistral Amando. Hace demasiado tiempo que perdí la fe en la naturaleza humana, aunque afortunadamente excepciones siempre existan. Beso.

emejota dijo...

Magistral Amando. Hace demasiado tiempo que perdí la fe en la naturaleza humana, aunque afortunadamente excepciones siempre existan. Beso.

Maria Sanguesa dijo...

Dejo a un lado el texto, que me parece magistral y, además, muy original en esa doble voz. Lo que dices es necesario, es preciso hablar de esa realidad tan dura, de la miseria material de quienes vienen a trabajar en semejantes condiciones y de la miseria moral de quienes lo permiten. Te felicito por tu denuncia y por la altura literaria con la que la has llevado a cabo. Un gran abrazo.

catherine dijo...

Es fántastico tener el texto del periodista y el tuyo, un verdadero poema, entremezclados. El poema lo escribes con las palabras claves del artículo. Así que no voy a comentar el comentario de una denuncia ya muy fuerte.
Un abrazo , escribidor-poeta indignado.

Ángeles Hernández dijo...

Decir que me ha encantado el poema a dos voces, testigo de realidad y comentarios elegidos específicamente, con el uso de las mismAs palabras y sus consecuencias y deducciones, es solo una manera de expresar como la forma y la idea estética y estática me han emocionado por su belleza y sensibilidad: también la del palarrazi que se atreve a salirse del circuito de " bufones siglo XXI o la guerra de siglas" aun a costa del riesgo de ser leído por una minoría que no aumenta las ventas, pero sobre todo de la disección certera y sangrante que sabe entresacar lo que mas duele y lo mas injusto: iglesia, gallineros, policía vista gorda, clases entre los pobres, Cervantes entre ellos, y el caradura del señorito que en vez de poner agua, pide Euros: para eso estamos.
También se nos transmite la dignidad de quienes quieren tener un hogar -donde hay personas que comparten amor y techo - de los que han tenido tiempo de ubicar su pequeño acomodo...
Todo esto es bellamente expresado pero puede el dolor y la injusticia, la desubicacion por la mera subsistencia , producir además de rabia d impotencia alguna emoción positiva ? . Para mí. El hecho de seguir adelante " malgre tout" y le dignidad de la rumana que tiene claro a quien no le debe nada.

Gracias Amando. Entre el periodista - realidad observada , pero no cualquier realidad- y tu desglose para que nada cayera en baldio nos habeis espoleado bien las conciencias . Que el granito de arena se convierta en una montaña. Ohjala.
Un abrazo a todos. A.

Marisa Peña dijo...

Un placer leerte y descubrirte,de corazón.

Amando Carabias María dijo...

Bienvenida, Marisa a este lugar. El placer ha sido mío y desde luego se lo debo a Twitter y a JS Méndez.

Ana J. dijo...

Me ha llamado mucho la atención encontrar este análisis tan increíblemente certero y original de una noticia que podría incluso haber pasado desapercibida.
Gracias, Amando. Me has servido de revulsivo.
Un abrazo fuerte