martes, 2 de noviembre de 2010

Frágiles, livianos, quebradizos...

Estamos hechos de una pasta más bien blanda. Por mucho que nos creamos fuertes como robles o como rocas de montaña, somos frágiles, livianos, quebradizos…

Y sin embargo el ansia de eternidad nos domina. ¿Tenemos miedo a la muerte? ¿Tenemos miedo al dolor que precede a la muerte? ¿Nos da vértigo la nada o el todo?

Por mucho que las ideas que se graban en la razón día por día, nos hablen del sentido lógico de un final que nos retorna a pura materia en descomposición para volver a iniciar un incansable ciclo, al que llamamos vida, hay algo en nosotros que repele esa idea…

En estos días en que los cementerios pueden ser y son punto de alguno de nuestros peregrinajes, aunque sólo sea mental, conviene que nos detengamos en esa frontera, en ese momento en que dejamos de ser lo que somos y empezamos a ser otra cosa: quizá sólo materia orgánica en descomposición (mejor dicho, en nueva composición), quizá energía que se funde en la energía, quizá luz, quizá otra vida, quizá nada, quizá un sueño, quizá el recuerdo en quien nos quiso y a quien quisimos.

Hoy la tierra de los caminos de los polvorientos cementerios castellanos, era barrillo frío. La humedad reverberaba en vaharadas que salían de bocas y narices atentas a las letras sólidas y nítidas de las lápidas. A pesar del inmenso sol que doraba la alameda, en el cementerio los cipreses casi negros impulsaban a hacerse llanto.

Todavía no se han marchitado las flores de ayer, a pesar del agua, del viento y el frío de la víspera. Todavía resuenan en el camposanto los ecos de los bisbiseos de las oraciones aprendidas en la infancia, y el sutil rastro de lágrimas (algunas más visibles que otras).

Algo, en esta pequeña ciudad de los muertos, me dice que aquí no está nuestra última morada.

Y aunque sé que esta afirmación no es compartida, sé que tampoco os extrañáis de que la exponga, y menos hoy y menos ahora, en que el día de difuntos ya ha anochecido y en los cementerios sólo quedan los muertos.

13 comentarios:

Fernando dijo...

No sé,amigo Amando, el ciprés que sacas en tu meditación, apunta hacia arriba. ¿Concuerda con ese ligero matiz que dibujas con clara incertidumbre, o es sólo que apunta hacia arriba? Un fuerte abrazo .

Mercedes Pinto dijo...

He pensado tanto en este tema que hoy nos traes… Al final siempre le hago caso al corazón y me digo: “Si no hubiese “vida” después de la vida, ¿qué sentido tiene la imaginación como don único en nuestra especie?, ¿qué sentido tiene que yo me plantee qué pasará cuando cruce a la otra orilla si no hay nada más que vacío?, ¿por qué Dios, o la naturaleza, o yo qué sé, ha permitido que yo tenga ese sentimiento de transcendencia?, ¿para qué? Si algo he aprendido es que no podemos imaginar nada que no se pueda realizar, es una cuestión de tiempo.
Como siempre, un texto magnífico.
Es un verdadero placer leerte.

Flamenco Rojo dijo...

Yo esto de la muerte lo comparo con una carrera de obstáculos…Lo que pasa es que como la parca está tan segura de que tarde o temprano te va a pillar, te deja toda una vida de ventaja…Así que por aquello de que después de morir nos convertiremos en “polvo” (partículas subatómicas de tipo fermiónico, de carga neutra y espín ½) disfruta de la vida mientras pueda y cuando veas una “guadaña”, aunque sea en una casa de campo, date la vuelta y a ver si se pudre oxidada la jodía.

Feliz resto de día de Todos los Santos.

Marina Fligueira dijo...

No,Amando, no es nuestra última morada. Tengo motivos- esperiencias vividas que me demuestran que no termina la vida con la muerte. Estoy convencida. Pero... cada loco con su tema... yo respeto a todo el mundo creyente o no creyente. Un beso. Se feliz

emejota dijo...

Referente al tema una vez me asaltó una idea muy peculiar. Si recuerdo no haber sentido el cuerpo de niña porque nada me dolía, y ello me hacía sentirme feliz en contraposición a todo lo que se quejaban "los mayores", supuse que los muertos que tampoco les duele ni sienten el peso du sus cuerpos, también deberían ser felices.
Ya ves, un pensamiento infantil y absolutamente bobo, pero al menos analógico. Un fuerte abrazo extendido.

Alena.Collar dijo...

Yo conocía a una mujer, de pueblo ella, de lo más práctico, y muy bien humorada, que, cuando la preguntaban por esto de morirse decía; "mira hija, si no hay nada no me voy a enterar y si hay algo me llevaré un alegrón, así que en los dos casos salgo ganando".

En todo caso, creo que viven en nuestra memoria. Eso es importante. Recordarlos y honrarlos en el recuerdo.

Leonel dijo...

Estimado Amando, personalmente creo que cada ser humano trata de creer en algo que lo haga sentir sino mejor, al menos más tranquilo respecto a lo que no se conoce. Respecto a la muerta , mi sabia abuela me decía: "Hoy sé que estoy viva y me me lo gozo como mejor puedo, cuando moriré y sabré lo que será trataré de gozarme la muerte."
Te mando un abrazo.
Leo

Verónica dijo...

Muy buen escrito Amando, yo creo que hay un después, y que tenemos un alma inmortal.
Sino a mi no me encajaría, ese rompecabezas enorme que es la vida, cada pieza tiene su lugar.
Vida y muerte, van unidas de la mano, nada podemos hacer para esquivarla.
Sino hubiera nada, sería demasiado fea esta vida para muchos, nada sería justo, ya que hay muchísimas personas que vienen a este mundo para sufrir. Otros en cambio para gozar, la balanza como ves no está en equilibrio.
Eso tiene que tener, su explicación...
Abrazos

Isolda dijo...

Un ciprés junto a una casa en el campo, en Cataluña, indica que serás bien acogido. Cualquier masía que se precie tiene uno a un lado y frente a ella. Quizá por eso, me parecen unos árboles bellísimos y cuando jalonan el camino a un cementerio, dan sensación de paz por llegar a ese lugar tranquilo.
Dicen que hasta Los cipreses creen en Dios, mo estoy segura, pero me ha encantado tu entrada.
De la muerte, no hay mucho que decir: es parte de la vida.
Como siempre prima la poesía en este texto, escribidor.
Muchos besos.

Gaspard dijo...

La conciencia de nuestra fragilidad nos ha llevado a crear paraísos en esquinas muy lejanas y muy altas. El problema, desde mi punto de vista, es el concepto de pecado. No somos pecadores y, si lo somos, hay que aprovechar mientras estemos vivos.

Ángeles Hernández dijo...

La foto me recuerda "la sombra del cipres es alargada" de Delibes que hace tantos años leí y que casi he olvidado.

Tu texto invita a la reflexión sobre dos asuntos:
La muerte
La postmuerte.

Como biologicista que soy, considero que todo tiene su principio y su fin y que el ciclo de la vida, es en el hombre como en todos los seres vivos. Me agobia el sufrimiento y lo duro que puede llegar a ser el tránsito, también la injusticia cósmica de que desparezca un ser que aún no ha completado su ciclo, pero mi fin, tal y como ahora me conozco, llegará y nunca me produjo especial desasosiego.

En cuanto a la transcendencia: eso ya es más complicado. De momento sólo tengo claro que volveremos a las partículas elementales Nitrógeno, Oxígeno, Hidrógeno etc....como componentes orgánicos de cualquier otro ser.
También que mientras estemos en la memoría de alguien que nos recuerde -a nosotros o a nuestras obras- permaneceremos en el mundo de los vivos.

No me atrevo a decir más.

Un abrazo Á.

Jorge Torres Daudet dijo...

Pues yo me uno a ese pálpito que en mi es creencia. Venimos de paso; quiero creelo así.
A parte de compartir esa afirmación me ha encantado tu texto.
Un fuerte abrazo.

neko dijo...

Es curioso.
Olvidé el día de todos los santos y su significado y me dediqué a disfrutarlo y a descansar a partes iguales, y días después la realidad me volvió la cara para recordar el día.

No creo en nada que mi cabeza no pueda explicar en cierta parte, pero sin embargo siempre he querido creer que ese algo que desaparece cuando alguien muere va a parar a algún otro ser.