lunes, 20 de septiembre de 2010

La inspiración.

Imagen tomada de Internet.

Algunas veces los lectores se plantean, y de hecho me han planteado, de dónde sacan las ideas los escritores, o los artistas en general. Quien no está familiarizado con el mundo de la creación se sorprende por la originalidad de los puntos de vista o de los temas, e incluso por la capacidad para la creación de fábulas.
Existe la opinión popular, que viene desde el principio de los tiempos, según la cual, eran los dioses, en concreto las musas, quienes estaban detrás o al fondo o en la base del trabajo del artista. En algunas ocasiones esta creencia que se alimenta por los propios interesados.
En el fondo, pienso que esto es una cuestión tramposa.
Vistas las cosas desde mi experiencia, diría que se trata de una treta urdida por los autores para ocultar los verdaderos mecanismos por los que se acerca a la creación artística. Más aún, diría que semejante ardid no tiene por objeto velar un tesoro repleto de piedras preciosas cuyo valor es incalculable, sino engalanar con cierto halo de misterio una realidad más bien dura y aburrida.
Es verdad en que hay instantes del proceso creativo en que el artista se siente poseído por una fuerza y una pasión que parecen muy fuera de sí mismo, alejado de su propia persona, como si no supiera de dónde le nacen las palabras que fluyen desde su interior para desembocar en el papel. Es verdad que en algunas ocasiones el creador se ve transido por algo o alguien muy fuerte, muy poderoso, que atraviesa su corazón. En alguna situación especialmente excepcional el artista es contemplado por el ser humano que comparte con él filiación y DNI, como en un desdoblamiento, y se extraña de que ése que ocupa su mismo cuerpo sea capaz de estar haciendo lo que hace en ese preciso instante. No sabe de dónde surgieron las palabras, de qué circunvolución de su cerebro se escapó el argumento, o esa imagen que brilla con luz propia en medio de un verso terso y transparente.
Federico García Lorca lo expresó de un modo muy certero, cuando afirmaba que su deseo es que la inspiración le visitase mientras trabajaba.
¡Cuántas hermosas palabras se han perdido por no tener un bolígrafo o un papel a mano!

Sin embargo, a mi modesto entender, La verdadera respuesta a la pregunta con la que comenzaba esta nueva reflexión ha de articularse en torno a la palabra trabajo. Sólo y exclusivamente en el laboreo hacendoso reside la posibilidad del hallazgo de las piedras preciosas que nutren el tesoro hasta entonces escondido. Cuando llego a esta idea, recuerdo esas viejas películas del oeste, en las que algunos hombres lo habían dejado todo y habían caminado siguiendo el rumbo del sol en busca de esos ríos que almacenaban incalculables pepitas de oro que les podrían hacer millonarios. Pero qué pocas veces esa pepita aparecía con sólo mirar en el lecho del río. Había que doblar el espinazo y cribar la arena día tras día, desde la alborada hasta el ocaso, para encontrar, de vez en cuando, alguna piedrecilla por la que recibían algunos miserables dólares.
Algo así ocurre con casi todos los quehaceres.
Cada tarea requiere de su propio utillaje y quien la ejerce, antes de nada, ha de conocer el manejo de sus herramientas. Y como en cada oficio, en el de escribir es necesario saber cuál son los útiles fundamentales que ocupan la maleta que lleva consigo el artista en general y el escritor en particular.
A mi modo de ver, la mirada es el utensilio básico de la ocupación del escritor.
Digo mirada y en ella incluyo todos los tipos de miradas del ser humano, es decir, las miradas que nacen de cada uno de los diversos sentidos humanos: la mirada de los ojos, la de los oídos, la de la pituitaria, la de la lengua, la de la piel, la de la razón, la de la intuición y la del corazón…
Creo que me explico cuando digo que los oídos o la piel o el corazón miran…
La primera función del escritor es la de escudriñar al mundo que le rodea, incluso el mundo que le rodea en su interior, con todo aquello que tenga a mano: telescopios, prismáticos, lupas, gafas o microscopios. Y no vale cualquier mirada, como no vale cualquier caricia sobre la piel que se ama.
Ante mis amigos suelo afirmar, si me preguntan, que cuando mejor escribo es cuando paseo a mi aire, a mi ritmo, a la velocidad con la que me lleven los pies, cuando vacío la mente de cualquier idea, de cualquier verso. En esos instantes pongo el piloto automático y toda mi persona procura ser mirada, mirada como esponja que todo lo absorbe que con todo procura quedarse.
¿Para qué?
Esa es otra cuestión.
Desde ese punto de vista, el escritor suele padecer de una suerte de síndrome de Diógenes en su corazón. Todo lo archiva, todo le parece poco, guarda cualquier color, cualquier situación, cualquier diálogo, cualquier vuelo de pájaro, cualquier modo de caminar, cualquier tendencia de la moda… El escritor se siente escaso de recursos y necesita tener salidas, siempre una salida para una situación de escasez. Por tanto mira para almacenar, para retener en los estanques de la memoria todo lo que ha mirado…
Quizá sea esa la verdadera inspiración: una mirada ávida sobre el mundo y quienes lo habitamos… Un recuerdo que en el pasado se depositó en el anaquel correspondiente de la memoria, de pronto emerge un día o unos años más tarde, y entonces quien escribe, ante el papel, puede exclamar con Dante:

¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme!
¡Oh memoria que apunta lo que vi,
ahora se verá tu auténtica nobleza!

20 comentarios:

emejota dijo...

Enhorabuena Amando, lo primero de todo: has escrito una entrada magnífica y tan bien desarrollada, que si no fuera cierta, QUE LO ES, convencería al más pintado. Da gusto leerte. La segunda enhorabuena es porque veo que ya tienes línea ¿me equivoco? Un gran abrazo extensible y extensivo.

Anabel dijo...

Ha sido genial lo del síndrome de Diógenes. Qué razón tienes. Todo lo guardamos. Muchas veces no somos capaces de encontrar lo que necesitamos, pero otras, de repente, surje ese trasto viejo que nos va a regalar el final de un cuento o la frase maravillosa con la que empezar una novela.

Me siento muy identificada con todo lo que has dicho, sufrimos el mismo mal.

Gracias por colgar el cartel del Recital de Narrativa.

Tengo muchas ganas de poder darte un abrazo en persona.

Hasta pronto,

Anabel, la Cuentista

Leonel dijo...

Optimo análisis sobre la inspiración Amando, creo que sirva todo lo que escribes, sobre todo espíritu de observación, pero puedo decirte por mi experiencia que, aunque reconozco la fuente de inspiración, pocas veces estoy consciente de lo que estoy escribiendo, solo cuando he terminado, me doy cuenta de lo que escribí y allí comienza mi dolor de cabeza, porque es el momento de comenzar a crear, de desnudar cada verso y cada palabra para darle la forma que quiero.
Me alegra que estés de vuelta.
Un abrazo.
Leo

Fernando dijo...

Amigo Amando, palabras exactas, mirada atenta, trabajo, recopilación de miradas. Efectivamente, las musas no aparecen si no es en medio del trabajo. No dejes de trabajar, por favor. Un abrazo.

Mercedes dijo...

Mientras te leía, asentía constantemente. Así es, tampoco a mí me visitado ni inspirado musa alguna, aunque a veces me ha ocurrido que al leerme no me he reconocido de lo hondo que estaba lo que hallé en el desván, extrañada de lo encontrado en mi más remota memoria. Es verdad, es como padecer un particular síndrome de Diógenes, muy hábil esta metáfora. Además, añadiría que el escritor ha tenido la suerte de poder “materializar” sobre el papel todos los sueños y frustraciones que ha ido cumulando en el trastero y que, en muchos casos, no pudo hacer realidad por mera cobardía, es como una manera de saldar cuentas con un mundo que no deja lugar para asustadizos; otros han tenido más suerte o han sido más valientes, y lo han conseguido pisando tierra; o han tenido aún menos fortuna que nosotros y ni sobre el papel ni sobre tierra; o con su sencilla mente abarcan todos sus deseos.
De este tema podríamos hablar tanto… Algún día.
Hasta la próxima.

Flamenco Rojo dijo...

Los animales se clasifican en: herbívoros (los que se alimentan de todo lo verde), carnívoros (los que lo hacen a base de carnes) y omnívoros (comen de todo)…Desde ese punto de vista, amigo escribidor, soy un lector omnívoro…Mi estómago literario devora cualquier texto que se me ponga por delante…ya sea de un diario, de un libro o de un blog…La lectura es una aventura imaginaria, que me permite viajar sin moverme de mi asiento, llorar sin sufrir, reírme estando solo, vivir…Y gracias a quién? Gracias a gente como tú, que con su dedicación lo hacen posible. Gracias.

Un abrazo.

mateosantamarta dijo...

De acuerdo, Amando en que el trabajo es fundamental: es conveniente que las musas nos encuentren trabajando y con los ojos y el entendimiento bien atentos, pero ¡cuandos días he trabajado inútilmente porque no vinieron!
Muy interesante y compleja tu reflexión. Yo me explico con este breve comentario.
Un abrazo.

Verónica dijo...

¡Que decirte Amando! de momento mis musas vienen constantemente a visitarme.
Papel y lápiz, no suelo llevar encima, pero tengo muchísima memoria ¡jajaja! (que me dure)
Feliz semana
Abrazos

Rafael Mulero Valenzuela dijo...

Querido Amando: desde mi posición me encuentro identificado con la exposición que realizas. En la observación, en la mirada, radica el secreto de la interpretación personal que hacemos de los sentimientos y emociones de lo que está ante nosotros. Un abrazo

Odiseo de Saturnalia dijo...

Una vez pensé si alguién me habría secuestrado mi musa, si me la habría escondido...

Desde entonces soy hombre de varias musas, y al menos, soy feliz...

Amando Carabias María dijo...

Muchas gracias emejota por tus palabras. Ý sí ya estoy en línea, aunque para volver a la normalidad aún hay que esperar unas semanas... Os iré contando.

Ay, Anabel que falta menos ya para el encuentro, qué ilusión. También me alegra que te hayas identificado con lo que he explicado. Eso me da a entender que no soy un bicho muy raro... Bueno, aunque eso está por demostrar...

Gracias por tu aportación Leonel. Me ha gustado especialmente eso que dices: " de desnudar cada verso y cada palabra para darle la forma que quiero.". Realmente hermoso.

En ello estoy, Fernando, en ello estoy. Es algo superior casi a la propia voluntad.

Me parece muy interesante tu aportación, Mercedes que además viene avalada porque se trata de un pequeño resumen de tu diario acontecer. Dices, y sin duda hay que tenerlo en cuenta, que muchas veces el escritor deja sobre el papel todos los sueños y frustraciones que ha acumulado y que, en muchos casos, no pudo hacer realidad por mera cobardía, y que otros sin embargo han podido llevar a la vida.
No sé si estoy de acuerdo con esa afirmación. Creo que es un poco arriesgada o general. A veces se escribe, pero no se desearía vivir esa situación que se narra.
Desde luego es un tema para pensar sobre él: ¿El escritor escribe porque es la manera que tiene de vivir, lo que de otro modo le sería imposible...?

También interesantísima tu aportación, Flamenco, desde el punto de vista del lector.
Sin un lector, quien escribe no tiene sentido, aunque, en el caso más exagerado, sea uno mismo y sólo uno mismo.
Algunas veces, parece que nos olvidamos de los lectores, y eso puede ser nuestra tumba. Otro tema apasionante.

Sí, mateosantamarta, también existen las épocas de desierto, esos espacios en los que cada frase, o cada pincelada, parece un suplicio. Pero, como seguramente habrás experimentado, el trabajo (lo que otros llaman oficio), puede sacarnos del apuro. Creo que fue Baudelaire quien habló de ser sublime sin interrupción... Pero eso es imposible...

Gracias, Verónica por tus palabras. Ojalá que sigas disfrutando durante mucho tiempo de ese estado de gracia.

Jajaaja Odiseo. Es verdad en la literatura está permitida cierta clase de libertad de compañías... A veces acudes a una mirada, otras veces a una melodía, en ocasiones a un recuerdo...
Aprovecho para darte aquí también las gracias por tu hermosa reseña sobre Cuentos de Euritmia sobre todo porque está escrita desde el corazón.

Alena.Collar dijo...

Yo escribo porque no sé hacer otra cosa...

lammermoor dijo...

No puedo por menos de coincidir con todo lo que dices.
Y estoy de acuerdo especialmente en que esas ideas tienen su tiempo de germinación y hasta que no estén suficientemente maduras no brotarán por mucho que nos empeñemos.
Al hilo de esta entrada y de algo que hablamos en el Fontán, tengo programada una entrada.

Amando Carabias María dijo...

A mí me psas un poco lo mismo Alena y creo que a más de uno de los que por aquí se ha pasado.

Sí que es verdad lammermoor que hablamos sobre ello en el Fontán, mientras compartíamos una botella de sidra los tres.
Buen rato pasamos.

Inma Vinuesa dijo...

Amando no había leído tu entrada hasta que me has llevado a ella, yo estoy encontrando la dificultad del uso de la palabra ahora que la estoy conociendo un poco más, pero estoy teniendo la certeza de que siempre se queda un paso por delante. Cuando escribo un texto y me gusta, al releerlo siempre pienso que hay algo más por hacer, es como si él mismo me dijera: "si está bien pero aquí podrías escribir otra cosa", es como un feed back, entre lo escrito y mi mente, que da vueltas y vueltas cada vez que lo observo.
Me ha encantado tu texto.
Un fuerte abrazo

Amando Carabias María dijo...

Querida Inma, algunos sostinen que escribir, básicamente es corregir. Y algo de eso debe haber, cuando señalas algo tan interesante como lo que dices, que una experiencia compartida.
A veces llega a convertirse en obsesión, en verdadera obsesión.
Y corregir, no sólo es tachar (que también -y mucho-), corregir también puede ser añadir, aunque sea una palabra, modificar un tiempo verbal...
Y sin embargo, al final, cuando lo has soltado para que sea contemplado por los lectores, te das cuenta de los defectos, de las carencias o de las grasas que le sobran.

Marina Fligueira dijo...

Hola Amando:
Bienvinido ahora sí. Una gran lección tu entrada que bien lo explicas, te daría un abrazo si pudiera. Me siento de esa manera, con escasos o aveces nulos recursos... quizá influya que a cierta edad ya no se tienen reflejos suficientes ni siquiera para hacer cosas sencillas.

He estado alejada estos días... porque uno de mis hijos estuvo internado en un hopital, afectado por una infeción bacteriana intestinal- peligrosa. Gracias doy a Dios y a la vida, que ya está en su casa recuperándonse. Un abrazo grande y ser felices.

Venecia dijo...

Muy buenas D. Amando.
Soy Venecia. ¿ Se acuerda de mi?
Coincidimos hace cuatro siglos en un precioso blog de literatura del diario El País.
Pasaba por aquí y no pude resistir la tentación de entrar a robustecerme el intelecto con lo que ultimamente ha escrito.
Le felicito , su blog brilla como una apetitosa manzana.
Lamento no pasar por él más a menudo ,pero me resulta especialmente duro reencontrarme con el nombre de algunos nicks tan queridos.
Me ha llamado la atención el tema que trata en este post y su particular visión acerca de la inspiración a la hora de crear.
Comparto con usted que para escribir, hay que dejar que la mente sea un camino abierto a todas las sensaciones , a todos los pensamientos....y trabajar codo con codo con Doña Imaginación y Doña Fantasía, pero fijese que en mis recorridos lectores me he encontrado con opiniones de todos los colores .
Hay autores que tras periodos "secos" han confesado que necesitan de algún estímulo , o que Fortuna ( no dicen Musa)les favorezca un poco para poder escribir una o unas cuantas piezas buenas.
John Keats decía que cuando se sentía especialmente ambicioso- cosa que ocurría rara vez y fijese que hermosuras parió-le subían unas fuerzas desconocidas que sólo en un párrafo le dejaban fluir sin ningún tipo de complicación.
Otros en cambio ( altos poetas, sobre todo ) han enfocado el carácter de su inspiración desde un punto de vista mediumnímico. Musset dijo refiriendose a su modo de crear: "On ne travaille pas. On écoute; c'est comme un inconnu qui vous parle à la oreille." También Lamartine le seguía más o menos los pensamientos ,porque más de una vez expuso: " Ce n'est pas moi qui pense , ce sont mes idées qui pensent pour moi."
Y si nos quedamos por casa ,ahí tenemos que en el más exquisito castellano Gutiérrez Nájera expresó con gran acierto:

"Yo no escribo mis versos;no los creo
viven dentro de mí ,vienen de fuera:
A ése, travieso, lo formó el deseo;
A aquel, lleno de luz , la Primavera."

Uy , es tarde ! Disculpe la extensión . Bonsoir . Encantada de leerle .

Ángeles Hernández dijo...

Pues haberlas haylas, de verdad.

Cuando surge una idea sobre la que se siente uno estimulado para escribir, eso es para mí la musa. También cuando tengo la idea y algo no va bien pero de repente las palabras fluyen como si fueran dictadas por otro desde nuestro cerebro y de un tirón: ya está.

Hay que trabajarlo bastante, la mayoría de las veces, y desde luego si la idea que surge, se deja pasar, quizás otro día ya no sea lo mismo.

Recuerdo uno de los relatos que he escrito y que más me gusta que fue gestado en un viaje. Mientras mis manos estaban en el volante se agolpaban en mi cabeza situacionjes que necesitaba escribir. Tuve queparar para tomar notas y nada más llegar a casa , de manera casi compulsiva, pasarlo al papel.

Pero estoy de acuerdo en que habitualmente aunque surja como de la nada la chispa del asunto que se quiere tranmitir, su elaboración y perfeccionamiento requieren tiempo, dedicación, trabajo...y un poquito de disciplina.

Gracias por tu entrada, que nos ayuda mucho alos novatos como yo.


Un abrazo Á.

Anónimo dijo...

Uy, no se acuerda.....

Claro ¡han pasado tantas cosas y tanto tiempo !
Pues usted no ha cambiado en absoluto .
Bon, a veces queremos ver más de lo que hay en las personas , y cuando pasa el tiempo , comprobamos que lo que había era aire.
Dice un refrán que me gusta mucho:

" Lo que dejas , llevas".