miércoles, 21 de julio de 2010

Iagoba Fanlo recrea a Bach.

Iagoba Fanlo en la primera parte del concierto.
Foto Antonio Tanarro. nortecastilla.es

Se acercaba la una de la madrugada del lunes al martes, en realidad, pues, martes veinte de julio. La ciudad todavía respiraba como un animal ahíto tras un desmesurado festín. En este caso demasiado sol durante el día, un sol como de horno, demasiado calor. Es muy extraño que en Segovia el termómetro a tales horas no se hubiera descolgado y aún permaneciese a veintiséis grados centígrados…

Pero a un grupo de privilegiado, no muy escaso, tal cosa no nos importó nada. Alguno sospechábamos que ese calor aplastante y quieto, tenía que ver con la subida de la emoción de nuestros corazones que había llegado a atizar las brasas de la madrugada…

Durante más de tres horas, habíamos estado escuchando a Iagoba Fanlo interpretando las seis suites para violonchelo de Johan Sebastian Bach.
Y por suerte, no soy crítico musical y, por tanto, no tengo que opinar sobre cuestiones técnicas o históricas ni de la obra ni del intérprete. Ni siquiera tengo que disimular mi entusiasmo. Ni tengo que ser objetivo. Ni estoy limitado por un número determinado de líneas, donde condensar lo visto, lo oído, lo sentido..., lo vivido. Uno es público, para más señas público enamorado de esta obra del Cantor de Santo Tomás de Leipzig, compuesta durante el primer tercio del siglo XVIII y recuperada, casualmente en Barcelona, y elevada al trono de la música, gracias a la decisiva determinación de Pau Casals. Uno, pues, sólo tiene la obligación moral de dejarse elevar hacia la belleza, de dejarse llevar por el contenido que se le quiera dar a esa escritura musical tan prodigiosa.

Cada una de estas piezas, en sí misma, supone un esfuerzo notable para un intérprete, las seis juntas son un reto. Un reto que podría ser comparable con otros hitos que quizá sean más reconocibles por el público en general. No pretendo comparar, por eso no añado más al respecto, simplemente subrayo que es difícil encontrar otro concierto en que se hayan interpretado las seis suites, todas juntas, y sin una partitura donde la memoria y el corazón del donostiarra pudiera apoyarse a modo de muleta donde sujetarse... Era un trapecista en triple giro mortal sin red.
No es la música del alemán una música sencilla, o fácil al uso. Como en toda la obra bachiana, hay un aire de trascendencia en cada uno de sus compases que no puede quedar ajena a nadie. Y menos ajena, cuanto más pasa el tiempo, y mucho más, cuanto más nos alejamos de la circunstancia concreta que motivó la escritura de cada una de las composiciones. Ahora nos da igual si las escribió pensando en tal virtuoso de la viola de gamba, o si fue una demanda de la propia corte de Cöthen. Incluso nos da igual la polémica musicológica sobre las posbiles anotaciones de Ana Magdalena, su segunda esposa, buena conocedora de la música, pues era soprano, como es bien sabido.
En su concepción básica, una suite no es más (ni menos) que una composición musical donde se van enlazando diferentes tipos de danzas más o menos rápidas (allemande, gigas, zarabandas, gavotes, courrent, etcétera), pero a  mi modo de ver en el caso que nos ocupa, este aspecto formal le preocupó a Bach lo justo, algo así como un vehículo de expresión conocido para explayar lo que su sentimiento y su emoción le inspiraban.
Se dice, y con razón, que esta música roza lo abstracto, yo hablaría más bien de lo inmaterial, pero eso es otro debate. En sí misma es purísima belleza llena de matices y que no se conforma con lo mínimo, sino que afronta cada uno de los detalles con ánimo de no dejar ni un cabo suelto en su modo de expresar, como si quisiera dejar agotado el asunto, como si quisiera revisar hasta el último matiz del sentimiento o el pensamiento que le empuja a la escritura de semejantes partituras...

La magia de un concierto es que se trata de algo irrepetible. Las partituras y las obras citadas están ahí, y existen múltiples grabaciones, empezando por las de Casals, a las que podemos acudir siempre que queramos. Pero lo de la noche del lunes al martes es algo que sólo ha quedado para las trescientas o cuatrocientas personas que llenábamos el aforo del templo donde se desarrolló el concierto. Incluso aunque mañana mismo, Iagoba Fanlo vuelva a afrontar semejante reto, será completamente disitnto a lo que nos regaló. Las seis suites para chello de Bach, durante unas horas, en realidad, ya no fueron del germano, sino de Iagoba Fanlo.
Ahí estaba su rostro concentrado siendo cauce de los sentimientos que le producía la música que, como arcilla invisible, moldeaba con sus dedos ágiles, casi con vida independiente cada uno de los cinco de su mano izquierda que corrían por el largo traste de su instrumento musical, un venerable violonchello casi contemporáneo a la escritura de la obra que interpretaba, construido en Barcelona, según nos explicó antes de comenzar la segunda parte del concierto. Su mano derecha sostenía el arco con la tensión justa que permitía que su constante paso por las cuerdas fuera una caricia perenne. Y el resto de su cuerpo es como si no existiera, como si sólo fuera el soporte del rostro y los dos brazos.
La fantástica sonoridad de las bóvedas románicas de la antigua Iglesia de San Juan de los Caballeros o Iglesia de los Zuloaga (pues en ella Daniel Zuloaga instaló su taller cerámico en los albores del siglo pasado), desnudas de cualquier otro adorno, impedían que las notas se escaparan o se amontonaran en los oídos. Las notas, los acordes, el ritmo, el tempo, que son las células por las que transita el pensamiento del músico, tenía cada una su propio espacio, su propio lugar en el mundo. Un instante brevísimo, si se quiere, un instante fugaz, pero un instante único e irrepetible.
Sólo al principio del concierto, cuando aún la luz del día besaba las mejillas de la noche, el chillido de los vencejos del exterior me mantuvo ligeramente hilado al mundo. Desde que la noche se convirtió en serena oscuridad, nada, nadie, podía enturbiar o romper esa magia. A pesar de estar rodeado de tantas personas, nada ni nadie me distraía, porque nada ni nadie se distraía de la anteción que nos provocaba contemplar atónitos, cómo brotaba la melodía de la conjunción precisa y casi mágica que va de la memoria a los dedos que pulsan con precisión de geometría pura el lugar exacto de la cuerda para que, como una niña feliz, saltara a la nave del templo cada una de las notas empujándonos a la interiorización de la gratitud, del dolor, de la espiritualidad, del amor, de la amistad, del sufrimiento, de la traición, de la enfermedad, de la compañía, de la belleza..., que sobre todas estas cosas, y más aún, a mi modo de ver, habla Bach en sus melodías.
Y a medida que avanzaron las interpretaciones, avanzó el cansancio. Lo cual es normal, y es lógico, pero como en otras manifestaciones humanas ocurre, también avanzó la emotividad, y avanzó el desnudamiento de lo superfluo, si es que algo de superfluo hubo en algún momento. Es como si su cuerpo, su mente, su corazón, sólo estuvieran al servicio de la música, como si él fuera la encarnadura de la música pensada hace unos trescienos años por Johan Sebastian Bach.

Al acabar el concierto, busqué y encontré al intérprete. Le quería felicitar en persona. Además le quería regalar unos poemas de mi autoría inspirados por la música que acababa de recrear. Como es de suponer, no fui el único en acercarme. Al grupillo que allí estuvimos (con alguna notable presencia entre los contertulios) nos atendió exhausto y sonriente. Su enteco cuerpo y su mirada ardiente emanaban satisfacción por el deber cumplido, cansancio por el esfuerzo, y afabilidad y cercanía en el trato. Se ponderó, sobre todo, la memoria, su memoria. Esa capacidad para atesorar la prolijas y extentísimas partituras. Lo más curioso es que no le daba importancia, es más, se la restaba, como si aquello no tuviera valor, o fuera algo habitual u obligatorio. Pero a mí me admiraba más aún, la resistencia interna para afrontar la interpretación íntegra de las seis suites en un sólo concierto. Según se dijo en aquel grupillo no se conocían muchos casos semejantes, pero de la autenticidad de tal afirmación no puedo dar testimonio fidedigno...
Le entregué lo que quería, me estrechó la mano agradecido (esa misma mano que había sostenido el arco que había sido caricia de las cuerdas de su violonchelo) y me volví a casa... El despertador, inexorablmente, iba a sonar a las siete menos diez de la mañana, y no precismente me regalaría los oídos con ninguno de los preludios para violonchelo de Johan Sebastian Bach, interpretados por Iagoba Fanlo...

Por si queréis ampliar los datos de este concierto, os enlazo aquí la crítica que Rafael Aznar ha escrito para el Adelantado de Segovia, y la que Luis Hidalgo ha realizado para el Norte de Castilla. En ambas encontraréis la información más ajustada a lo que debe ser una reseña sobre un concierto.



27 comentarios:

Verónica dijo...

Se ve perfectamente que hablas de algo que te emociona muchísimo.
Seguro que estabas extasiado.... me alegro Amando de que hallas disfrutado tanto.
Feliz noche
Un abrazooo

catherine dijo...

me gusta mucho tu texto de un oyente que se entrega totalmente a la música que toca, que molda el chelista, instrumentista del cual sólo actúan los manos y la memoria, pero que parece inventar cada nota, cada sentimiento lo que se ve en su cara.
Hermoso texto que nos acaricia el alma como el arco acaricia las cuerdas.

Amando Carabias María dijo...

Verónica:
Sí realmente me emocioné y lo disfruté.
Gracias y buenas noches

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Me emocionan tus palabras. Es perfecto resumen de lo que viví.
Muchas gracias.

fiaris dijo...

Cuando a un@ le gusta algo se nota amigo y aquí se ve muy claro,me alegro lo disfrutaras,abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Fiaris:
Es verdad lo que dices. Y lo cierto es que disfrutamos más de uno y más de dos. Pude hablar (no sólo con los críticos musicales que cito y enlazo al final del artículo), sino con otros amigos y conocidos que allí coincidimos y la sensación era similar.

Marina Fligueira dijo...

Buenos días Amando: Mis felitaciones por tato deleite en esa recogida velada de sonidos que como tú bien dices acarian. Si, acarian el alma- los sentido. Ay que ver que linda música y músicos de un pasado como Johann Sebastían Bach. Y también contmporáneos Jenios que nunca mueren- aquí queda esa herercia viva- viva, sin oxidarse jamás, para nuestro gozo. Gracias por ese post también plasmado. Un beso.

Beatriz Ruiz dijo...

Bach, si pudiera... seguro que se sentiría orgulloso de como nos has contado sus expléndidas seis suites... Impresionante de verdad!!!...

emejota dijo...

Que placer leer esta entrada, que placer contagiarme de entusiasmo, que maravilla de interprete, que PLACER MAS GRANDE todo ello. Un abrazo.

egomanías dijo...

Si cuando supe del concierto, sentí, como te dije , una sana envidia por quien participaría a él, después de haberte leído, esa envidia se ha multiplicado, y no sólo por cuanto me pueda gustar la música de Bach, o la magistral ejecución que describes con tanta admiración, sino por el modo con que nos has contado este concierto. No creo que un crítico con la parcialidad o el conocimiento de las cuestiones técnicas, habría logrado tener la atención de quien lo lee como lo has hecho tú, y el motivo es simple, no sirve la objetividad cuando nos guía la pasión, sobre todo cuando se habla de arte, en este campo cuentan los sentimientos. Como dice mi libro preferido "no se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos". Este es tu caso, has visto y sentido este concierto con el sentir del corazón y agradezco que lo hayas compartido con nosotros.
Un abrazo.
Leo

Isolda dijo...

¡Cuánto me alegro de que seas escritor y no crítico! Dudo mucho que nadie pudiera describirnos con tal cantidad de detalles y matices, la música que os inundó a los amantes de Bach.
A mí me parece imprescindible agradecer a las personas que te hacen sentir feliz, ya sea por un momento o por tres horas como en este caso. Creo que ningún músico habrá recibido mayor muestra de sincero agradecimiento que Iagoba Fanlo con tu texto. Házselo llegar, incluso de parte de los que no hemos asistido, porque casi lo hemos vivido contigo.
Mas besos bachianos.

Abuela Ciber dijo...

Has gozado de buenos momentos por lo que percibo en tu magnifico escrito, estando de acuerdo con muchas cosas que dices.

No soy crítica profesional de nada, soy simplemene una persona sensible a muchas manifestaciones artisticas, y dejo que mis sentires se admiren o no ante su presencia, y luego digo para mí, me gusto o no.

Gracias por tus palabras te dire que si el Dia del Abuelo ha sido creado en Uruguay desde hace muchos años, se conmemora el Dia del Natalicio de Artigas.

Politicamente quisieron ponerle Dia del nunca más, pero no prospero, sigue siendo el Dia del Natalicio de Artigas y de nosotros los abuelos.
Lo fesejamos en todos los Clubes de Mayores y nuestros nietos nos abrazan que mas se puede pedir!!!!!

Cariños y te dejo los deseos que vivas un buen fin de semana!!!!

Flamenco Rojo dijo...

Los que te conocemos sabemos de tu debilidad por Bach...

Con relación al texto, ya no es lo que dices...es cómo lo dices. Si hubiera estado en Sevilla lo hubiera leído escuchado la Ofrenda de Bach que sabes que me encanta.

Un abrazo africano.

Amando Carabias María dijo...

Marina Fligueira:
Gracias por tus palabras, que apuntan una reflexión interesante: la necesidad de los intérpretes que mantengan vivas las melodías escritas por los grandes músicos.
Son imprescindibles para la humanidad.

Amando Carabias María dijo...

Beatriz Ruiz:
Es casi lo único que puedo hacer, además de seguir escuchando su música, por quien tanto me ha dado para tantas cosas, como a tantos seres humanos a lo largo de la historia.
Al final de la página de la Wikipedia que enlazo con la biografía del músico alemán, se recogen unas cuantas frases de músicos que hablan sobre él, y algunas son buena muestra de lo que digo.
Muchas gracias por tus palabras.

Amando Carabias María dijo...

emejota:
Fue un gran placer. Iagoba Fanlo, además de profesor del Conservatorio de Música de Madrid, últimamente está dando conciertos, si en alguna ocasión os pilla en la cercanía de donde estéis y no hay cosa mejor que hacer, desde luego os lo recomendaría con vehemencia.

Amando Carabias María dijo...

Egomanías:
Razón tenía Exupery, cuando puso en boca de su Principito -que también es uno de mis libros predilectos- semejante afirmación.
Los ojos que mejor miran no están en la cara, desde luego.
Sí, precisamente por eso, me alegro de no experto en nada y dejarme llevar por las emociones.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Un montón de gracias por tus palabras. Probablemente si supiera que Iagoba Fanlo va a leer estas palabras, hubiera intentado comedirme un poquito. No sé si habrá pocos o muchos músicos que hayan recibido muestras de tanto afecto, lo que sí estoy seguro es de mi rendida admiración sincera, porque fueron unas horas irrepetibles.

Amando Carabias María dijo...

Abuela Ciber:
A mí me pasa un poco lo mismo, pero es que ahora, al tener este maravilloso instrumento, me doy cuenta de que algunas cosas, además, las puedo compartir con vosotros.

Repito lo que dije en tu blog, esto del día del Abuelo habría que exportarlo

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
Bach es que es tantas cosas... Repito lo que he comentado a Beatriz sobre las frases de unos cuantos famosos. Están al final del artículo.
Simplemente transcribo una de un escritor que se acerca bastante a lo que pienso:

"«Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma, como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo»

Johann Wolfgang Goethe S. XIX"


Y si eso es así siempre, en la obra que citas, la última que compuso, ya con las catáratas cegándole la visión de los ojos, eaa "Ofrenda musical", consigue la cima.

Un abrazo.

sinbalas dijo...

Violonchelo hermosas melodías pueden salir de este hermoso instrumento que tocado por un artista pueden enriquecer aún más la música de Bach, saludos de sinBalas

Amando Carabias María dijo...

sinbalas:
Bienvenido a este rincón, en el que tienes tu espacio.
La verdad es que era lo lógico: hermoso instrumento, gran artista, inmejorables melodías, en un marco también óptimo... Conclusión una magnífica noche.

Anónimo dijo...

Queridos amigos,
Me alegro mucho de que os gustara tanto el concierto de la semana pasada. Para mi, esta es la mejor recompensa y lo que cierra el ciclo de la creación musical, la reinterpretación de la partitura por parte del oyente. Es una gran satisfacción.
Siento no haber respondido antes pero me encuentro aún de viaje hasta el final de esta semana. .
Recibid todos un cordial saludo,
Iagoba

Anónimo dijo...

Siento registrarme como anónimo pero desde el teléfono no me permite hacerlo de otra forma o no acierto...
Iagoba

Amando Carabias María dijo...

Iagoba Fanlo:
Gracias por tus palabras. La verdad es que me llena de ilusión que hayas leído estas líneas.
Es cierto como en toda creación artística hay dos partes el propio artista y quien recibe su obra. En cuanto llega al espectador (lector, oyente, observador...) la obra se modifica, de eso no hay duda.
En el caso de la música existe -como en el teatro o en el cine, en la literatura traducida- además un tercer elemento, el intérprete que es tan importante como el autor, pues es el encargado de llevar la obra a ese receptor.
Y a mi modo de ver (es lo que quiero expresar en el título, volviste a crear a Bach).

Anabel dijo...

Sólo puedo dejarte un beso mientras me embeleso con Bach.

Anabel

Amando Carabias María dijo...

Anabel:
Y mucho me dejas y mucho te agradezco.
Otro beso para ti.