viernes, 2 de julio de 2010

Delación


El Dolor de Oswaldo Guayasamin.
Imagen tomada de Internet .

Ha sido él. Que no os engañe. Ha sido él. ¿No me escucháis? ¿No os dais cuenta de que llevo en mis pupilas cerradas la huella indeleble de su sonrisa criminal? No, no os equivoquéis con los dictámenes médicos, ni con las pistas falsas que os tiende el pasado. Perdonadme esta insistencia machacona, esta repetición compulsiva: ha sido él. Contempladlo, si lo estimáis oportuno. Sí, mirad su rostro arrepentido de chancho sucio, sus lágrimas diáfanas y abundosas, pero no os dejéis seducir, no llora por mí, llora por él, como siempre. No sabe hacer otra cosa; en su puñetera vida ha hecho otra cosa, sólo llorar por él, sólo sentir pena por sí mismo. Cuidado, que no os engañe. Os veo compungidos al dirigiros a su corpachón blandengue, porque sus gimoteos os estremecen; burda patraña, os lo aseguro. Mejor, escuchadme. ¿Por qué no atendéis a mis gritos desgarrados? ¿Es que no os llega mi lamento? Olvidad el suyo, es falso, es disimulo, puro disfraz, como todo él. Os temo. Sois tan superficiales; sois incapaces de comprender lo que de verdad ocurre. Sólo os fijáis en las apariencias, en la superficie, no en el curso profundo de los acontecimientos. Va a quedar impune, lo estoy viendo desde esta atalaya donde el viento verbera con un ulular frío y denso, esta cima oscura adonde me ha enviado su inquina. Ya sé que mi cuerpo no presenta nada que os haga sospechar de él. Sólo sois testigos de la apariencia teatral de sus actos que también a mí me engañaron. No lo dudéis, es un actor consumado. Sólo sois testigos de que me acompañaba por la calle cada tarde; que mercaba en las boticas los fármacos que me prescribíais; que llenaba el capazo azul con la compra, el que reposa vacío tras la puerta de la cocina; que nunca os acompañaba a la hora del partido de fútbol televisado, ni para echar la partida de la sobremesa humosa, ni para el aperitivo del mediodía, porque a esa hora paseaba conmigo despacito, despacito calle arriba, despacito calle abajo. Cuando le preguntabais por mí, sus labios se curvaban en una comba triste, a punto de la lágrima. Pobre, pensabais, sólo pendiente de ella, está tan delicada; se merece un altar con todo lo que está tragando, pensabais. Meneabais la cabeza, sí, lo sé, no me lo neguéis ahora con torpes aspavientos de manos hediondas a nicotina amarilla; movíais la cabeza pensando que la mía estaba desahuciada, que no servía para nada. A mí nunca os dirigíais, para qué tal esfuerzo, si todos estabais al cabo de la calle: una pobre loca que está convirtiendo en calvario la vida de éste. Sí, no me neguéis la evidencia; me teníais lástima, lo sé; pero vuestra compasión no era como la que sentís por cualquier agonizante que va abandonaros, era odio resignado. También me odiáis, no lo neguéis, al menos no se lo neguéis a vuestra inteligencia narcotizada: el autoengaño es la peor de las mentiras. No seáis mezquinos. Me odiáis porque veis en mí la ladrona de vuestro amigo, del gran hombre que se sacrifica un día y otro y otro también por ésta que no vale nada, ni el diezmo del tiempo que le dedica. Neuronas en barbecho, ¿no veis que nos ha engañado a todos? A mí también. También creí que lo que sentía por mí era bondad, entrega pura, amor diáfano. Todo era pose de artista consumado. En el fondo, me odia, porque piensa, como vosotros, que le he destrozado la vida, que le he condenado a existir sobre un público ataúd errante. Además, es un cobarde. Sí, un miedoso desaforado, un pusilánime incapaz de reconocer su cobardía. Es un cobarde porque jamás se atrevió, como vosotros jamás os atrevisteis, a gritar la verdad a los cuatro vientos, a decirme a la cara que le consumía, que le succionaba la voluntad, que le chupaba hasta la última gota de sangre del alma. En esta oscura atalaya, siento frío, mucho frío, y el viento ulula negros gemidos de angustia; pero no me importa. Os lo he de contar todo, para que le escupáis al rostro, para que le alejéis de vuestra compañía con el desprecio más absoluto, para que la verdad no quede secuestrada por la peor de las mentiras, la hipocresía. Os lo repito, ha sido él. ¿Por qué no me escucháis, marmolillos? ¿Es que habéis ensordecido? ¿Por qué le confortáis? No le consoléis, que os engaña. Sabed que está pensando ahora que todo ha sido tan fácil, tan endiabladamente fácil, que se reprocha no haberlo hecho antes. Lamenta haber impedido que lo que hoy pensáis, sucediera entonces. ¿Tenéis miedo del diablo? Sí, un miedo atroz, un pánico cerval. Hasta yo le tengo miedo ahora, ahora que sé más cosas, muchas más. Pues si es así, ¿por qué le consoláis? ¿No os dais cuenta que es Belcebú encarnado en un amorfo verraco repulsivo? Venid, escuchadme. Sí, acercaos hasta aquí, que se me escapan las fuerzas y ya no puedo gritar. Agua, necesito agua, agua, por favor, que tengo la lengua como piedra pómez. Es que nadie va a acercarme un vaso de agua. ¡Malditos, quiero agua! ¿Por qué no me escucháis? ¿Por qué os habéis quedado todos sordos al tiempo? A mí no me engañáis, sé que me oís, pero disimuláis, preferís consolar al mártir que ha entregado todo por mí. Además de no escuchar, ¿tampoco me queréis dar agua? Es igual, no me hace falta para contaros lo que os pienso contar. Lo que no queréis oír, lo escucharéis, estultos. Él me acompañaba cada tarde por la calle, es cierto, no lo negaré, pues sería como negar que en esta atalaya el viento me azota sin piedad; pero, ¿alguno sabéis las veces que me dirigía la palabra? ¿Quién responderá? Hagamos una de esas encuestas que están de moda… No, mejor que una encuesta, juguemos a un concurso, como los que idiotizan las tardes televisivas. Demostrad que sois buenos idiotas. Primera pregunta: ¿En nuestros públicos paseos vespertinos, me dirigía la palabra muchas veces, varias veces, algunas veces, pocas veces, ninguna vez? ¿Quién responde? Ésta es la fácil, ésta es la primera, ésta es la que todos los concursantes saben siempre. No me digáis que no acertaréis. ¿Os calláis? ¿No entendéis la pregunta? Me parece que queréis divertiros a mi costa, y ya no estoy para diversiones. En esta atalaya sopla un vendaval terrible, hace frío, está oscuro. Ánimo, lerdos, la respuesta es muy sencilla. Os repetiré la cuestión, parecéis distraídos niños de primaria ¿En nuestros públicos paseos vespertinos, me dirigía la palabra muchas veces, varias veces, algunas veces, pocas veces, ninguna vez? Me parece que os da vergüenza reconocer que esta cuestión os trae al pairo. Así que esas tenemos, lameculos. Nadie se arriesga. Me conformaría con la aproximación. ¿No? ¿Por qué os calláis, mendrugos? Pues bien, si no queréis escuchar de vuestros labios la verdad desnuda, tendréis que oír mi grito. ¡Ninguna! ¡Nunca me dirigía la palabra por la calle, necios! ¿Qué os parece vuestro mártir? Pero, ¿qué es esto? ¿Ni un solo gesto de repulsa, ni una mirada que repruebe su dureza de corazón? ¿Seguís aliviando sus lágrimas falsas? Os he dicho que no me hablaba, que no me dirigía la palabra. ¿Os da igual? Pues a mí no me da lo mismo, aduladores de pacotilla. Sí, paseábamos agarrados del brazo, pero como si paseara a una perrita. Cada tarde, sus ojos salían disparados a los culos de vuestras hijas adolescentes y de vuestras jóvenes amantes que parecen mártires caídas de las hornacinas de los altares, y se perdían por sus pechos enhiestos, ignorantes de la fuerza de la gravedad. Sí, hacia sus vaginas virginales dirigía su mirada el enamorado, el cautivo de su esposa enferma. ¡Ja! Su esposa enferma. Saludaba a unos, a otros, hasta a desconocidos, para evitar mirarme al rostro siempre triste y sombrío, desesperado y ajado siempre. Muchas tardes llegaba a casa y me daban ganas de ladrarle, de menear el rabo que no tengo, para que, al menos, acariciara mi cabeza, y me dijera, buena chica. ¿No se hace tal cosa con los perros? Por lo que veo, tampoco os afecta esto ¿Es que no tenéis corazón? ¿Es que no os repele tan poca humanidad? No sé si pensar que también sois de su especie, o es que, no me termináis de creer. Pero, si no creéis algo tan simple, y tan evidente, algo que cualquiera podría comprobar con que repasase mínimamente el contenido de su memoria artrítica, ¿cómo creeréis, memos, las demás cosas que os tengo que decir, antes de que vuele, para siempre, de la cima de esta atalaya desolada y ventosa? Si no sois capaces de aceptar que nunca jamás le habéis visto hablando conmigo, ¿cómo admitiréis que en estas cuatro paredes era peor? ¿Seguís sin escuchar, sandios? ¿Seguís sordos a mi delación? No me importa, continuaré con ella, por si os vuelve de pronto la cordura. En esta casa me hablaba, no lo puedo negar; pero hubiera preferido su mutismo. Su voz, que ya no necesitaba el disfraz de la apariencia, se hacía buido reproche frío y cortante, garfio que me sajaba el alma. Durante horas me echaba en cara todo: mi desaliño, mi dejadez, mi aburrimiento, mi tristeza enfermiza, mi desolación, mi ausencia de ganas de vivir. Le dejaba hablar, con mi rostro impasible, pero me desangraba su voz acartonada. A pesar de sus constantes idas y venidas al médico conmigo y de sus perennes visitas a las farmacias, no se creía que estuviera enferma. Nadie se ha creído nunca que estuviera enferma. Sí, hipócritas, todos pensabais que actuaba, que era pura pose, que se trataba de fastidiarle. Ya me hubiera gustado reír, al menos, sonreír, y preocuparme por los vestidos que están de moda, y atender las noticias de los telediarios o las de los boletines horarios de la radio, e interesarme por el último programa televisivo de moda, y buscar recetas novedosas que alegraran la pobreza monótona de un menú asqueroso, y quererle como una mujer, no como un ánima renqueante. ¿Es que os pensáis que no me hubiera gustado? Podré estar loca, ¿qué me vais a contar, bodoques?; pero no soy necia, no soy como vosotros, que os paráis, agotados y jadeantes, en la mera superficie de las cosas y sois incapaces de ir un poco más allá, porque vuestra única neurona está pendiente en exclusiva de la arriada verga verrugosa. Claro que me hubiera gustado ser como todos. Incluso ser cornuda como vuestras mujeres, para poder tener excusas y buscarme a mi nuevo compañero, no esta inútil pocilga sebosa que se pasa la noche roncando. ¿O es que pensáis que vuestras santas no coronan vuestras testas con córneas diademas y no deshacen el lecho conyugal en brazos de jóvenes machos siempre erectos? Me dais pena, panda de ignorantes cornudos. Pero es que no podía, badulaques. Escuchadme bien, mirad como mis labios silabean desde esta atalaya lóbrega: no-po-dí-a, es-ta-ba en-fer-ma. Bah, estúpidos, no sabéis qué es eso. Tener una losa de millones de toneladas aplastando la voluntad, aplastando el cerebro. ¿No os dais cuenta, zafios, que era agotador sólo abrir los ojos? Dad gracias, cerebros de larva, a que desconocéis esto. ¿Qué sabréis del escalofrío de pánico que produce pensar en cruzar el umbral de la puerta? ¿Qué sabréis del desgarro que es mirar un escaparate cubierto de unos trapos que no sirven para nada? No sabéis nada, sólo pensáis en follar con vuestras jóvenes amantes y en el partido de fútbol televisado. Vuestra cabeza de chorlito enano no da para más. Y después de los reproches, todo era peor, porque volvía su mudez que me aplastaba, volvía el alejamiento. Estábamos los dos, enfundados en el más hosco de los silencios. Sentí su odio cada día. Un odio homicida disimulado de cansancio y aburrimiento. Me desesperaba porque no podía hacer absolutamente nada. Sí, zopencos, quería quererle y no podía. Esa sí que es una desgracia. La mayor de las desgracias. Claro que no sabíais nada de esto, bordillos de cemento. ¿Qué habéis de saber, si aunque hubiera querido hablar no me habríais querido escuchar? Ved como tengo razón, todavía no habéis escuchado este grito desgarrado. Todavía no me habéis traído agua que esponje esta piedra pómez que ocupa mi boca. Veo que seguís consolando su aflicción. Patanes, sois unos patanes, ¿o es que sois de su misma condición? Acaso sea esto, acaso estéis interpretando los papeles secundarios de una eterna farsa, pero, en el fondo, os gustaría, ser sus protagonistas… Ruines asesinos… Por Dios os pido, agua, agua que mi garganta arde en medio de este frío sideral de la atalaya ventosa. Agua, por Dios, una gota, una sola gota de agua que humedezca estos labios resecos. ¿No veis que se me están cuarteando como tierra desértica? Es igual, seguiré con mi pliego de descargos. ¿Pensáis que no hay más? No, pardillos, hay más, todavía queda más. Después de la afrenta, llegaba la acusación. Sí, me acusaba de estar matándole en vida. Él que lo daba todo por mí, que se estaba entregando, no recibía nada. Sí, lo decía en silencio, lo escupía con gestos, con miradas de carnero degollado, me abofeteaba con desprecios mudos. Otra mentira. No me daba nada, ni una sonrisa me regalaba. ¿Qué me interesaba que me acompañara por la calle, como el dueño de su perro? ¿Qué me interesaba que llenara el capazo azul de la compra? ¿Qué me interesaba que estuviera a mi lado en la consulta del médico, si callaba como una tumba? ¿Qué me interesaba que comprase un medicamento y otro? ¿Qué me interesaban su silencio amargado, sus insultos mudos, sus desprecios homicidas? Algunos, si me quisierais escuchar, malditos sordos de conveniencia, podríais argüir que me daba el tiempo, su tiempo, que no ha hecho otra cosa estos años. ¡Zafia mentira! Era su corpachón de tostón cebado el que estaba a mi lado, como mojón de martirio. Él no estaba, su cabeza no estaba junto a mí, y menos su corazón o su deseo. Os lo repito, pandilla de termitas, él miraba a vuestras hijas núbiles, a vuestras jóvenes amantes. Ése era su deseo, ése era su pensamiento. Su tiempo, decís, me otorgaba su tiempo, decís. Sólo acepto que digáis, sofistas ineptos, que me daba la carcasa de su tiempo, que me entregaba el tictac de los relojes. Escuchad mi alegato, ratas de alcantarilla, ha sido él quien me ha enviado a esta oscura atalaya donde ulula el gélido frío. No penséis que lo que digan vuestras refinadas autopsias será cierto, aunque sea científicamente demostrable, aunque sus lágrimas de seboso gallináceo os derritan el alma mantecosa. Sí, topos ciegos, mirad a vuestro alrededor. Sí, contemplad las paredes de esta habitación. ¿Veis huellas de palabras agradables? ¿Quedan señales, aun tenues, de caricias comprensivas? ¿Dónde está el eco de sonrisas misericordiosas? ¿Dónde tiembla la llama de un beso consolador sobre la frente? ¿En qué esquina, bazofia de vertedero, vislumbráis el aroma de sonrisas acogedoras? ¿En qué fenda de la tarima, ha quedado el brillo que deja una frase de aliento? Ved, más bien, murciélagos sedientos de menstruo virginal, las esquirlas de insultos solapados, la fetidez de odios perennemente incubados, las melladuras de desprecios silenciosos, la mucosidad viscosa de la inquina, el tamo musgoso de mentiras disimuladas. Dejad de consolarle, botarates, dejad de preocuparos por sus lágrimas frías. ¿No veis que es repulsivo como una babosa? ¿No veis que os sonríe como una víbora hambrienta? ¿No veis, mohosos falos lacios, que se frota las manos, porque esta cama podrá llenarse con los cuerpos de vuestras hijas y de vuestras amantes? Por fin es libre. Eso es lo que buscaba. ¿No lo comprendéis, paralíticos del alma? Cuidaos de su llanto, cuidaos de su pena, porque seducirá a vuestras hijas y copulará con vuestras amantes. ¿Por qué no me escucháis? ¿Por qué mi grito no dispara vuestro odio y le estranguláis aquí mismo, ante mi cadáver que os grita? La ciencia, la inapelable ciencia, tan ciega como vosotros, lémures sin ojos, dirá lo que va a decir. Sus lágrimas serán suficiente argumento exculpatorio. No, no entiendo por qué os habéis quedado sordos de repente. Me estoy desgañitando. Tengo la lengua cual piedra pómez. Dadme agua, por Dios, dadme agua. Oíd, por Dios, mi cargo contra esa serpiente venenosa. Ha jugado bien sus cartas el homicida. Ha estirado su paciencia de vaca solitaria, hasta límites casi infinitos. Algo bueno había de tener ese buey oscuro. Se ha aprovechado de mi maldito error, de mi desesperación de antaño... Cuando no aguanté más, cuando no soporté el peso de la losa que me hacía insufrible pensar, respirar, mirar siquiera, hice lo que todos sabéis. Fue sencillo. Sí, muy sencillo. No había más que estirar el brazo, destapar el tubo, abrir la boca y ensalivar, masticar un poco y tragar despacio, deglutir a conciencia, ingerir sin prisa, sabiendo que era el preludio de mi reposo ansiado. Sí, incapaces, aquellas tres o cuatro veces fui yo. Sí, candelejones, si él no hubiera regresado tan temprano, nada se hubiera podido hacer, y no estaría gritando desesperada desde esta oscura atalaya fría y ventosa. Recuerdo, entre sombras, que su mirada de entonces dudó. Sí, reata de ovejas descerebradas, dudó. Hubiera sido fácil. Cerrar de nuevo la puerta, como si no hubiera entrado, bajar al bar de la esquina, tomar un café, dos quizá; las verdes pastillas, cual liquen muerto, hubieran hecho su efecto. Punto y final. Pero Satán tenía que perfeccionar su obra. No penséis que fue un resto de piedad. No, fue un gesto consumado de guionista de películas de intriga. Aprovecharía hasta el último resquicio para que le compadecierais más aún, para que le adoraseis hasta la eternidad. Pensé, cuando salí del atolladero, lo mismo que pensasteis: me ha salvado, su único afán es mi supervivencia. Nunca le he odiado tanto como cuando llamó a las ambulancias y los médicos me metieron aquellos horribles tubos por la garganta hasta el estómago, para vaciarlo del veneno que me regalaría el descanso. Le odié porque me llevaba la contraria. Le odié, despojos de alquitrán, porque, como siempre, iba en contra de mi voluntad. Le odié, como ahora le odio. ¿No os dais cuenta?, mastuerzos, ha jugado con todos, también con vosotros. Os demuestra su refinada perversidad. Escuchadme, canallas, escuchadme de una maldita vez, escuchadme, os lo suplico. Ha sido él. Lo repito, ha sido él. ¿Cómo queréis que os lo diga? Si susurro, no me escucháis. Si musito, estáis a otra cosa. Si hablo con calma, no me oís. Si voceo, me confundís con el estruendo de la tormenta. Si grito desaforadamente, parecéis asustadas marionetas insípidas. Os lo suplico, hacedme caso de una vez. La autopsia sólo llegará a una conclusión, el resto lo pondrá vuestra podrida imaginación inútil. Esta vez no he sido yo. Desde la última ocasión en que este viscoso escorpión que ahora llora me rescató de las siniestras garras de la bestia, me empeñé en luchar contra el monstruo que me habitaba. Estuve tan cerca del final la última vez, que comprendí que la soledad de esta atalaya ventosa era peor que su compañía silenciosa. Empecé a luchar. Os juro, incrédulos, que empecé a luchar. Sí, escuchadme esto también: luchaba cada jornada por sonreír, por adecentarme, por caminar erguida, por salir a la calle con la mirada dispuesta a contemplar de frente y por derecho a la vida. Sí, os juro que quería quererle. Pero él no estaba por la labor de amarme. Juraría, si jurar me sirve de algo ante la torpeza de vuestro tardo corazón, que le fastidió mi cambio, como un aguijonazo de avispa en los ojos. Siguió a lo suyo, a ese hosco silencio despectivo, a esa indiferencia lacerante, a tratarme como si fuera un fardo de plomo muy, muy pesado. Ayer, sin más, decidió que todo había terminado. Llegó al último renglón del guión espeluznante. Caí en su trampa. Sólo por la sonrisa demoníaca de despedida, descubrí la patraña. Fue su único error. Se inventó un romance sucio, depravado. No se ahorró un detalle de la supuesta traición. Nombre, dirección, fechas, sus posturas preferidas. Extendió su mano de alacrán emponzoñado y me ofreció el tubo de las pastillas de color de liquen muerto, sin que le rilara el pulso, sin lágrimas que rielaran en sus ojos turbios. Cuando acabé con las cápsulas, me sonrió como el diablo, diciéndome que todo era invención. Y bajó a tomar un café, o eso me dijo ¡No, no os marchéis!... Agua, quiero agua… ¡No, no bajéis la tapa del ataúd!... No abandonéis mi cadáver que se desgañita en la cumbre de esta oscura atalaya solitaria donde verbera un denso viento gélido ululando negros gemidos angustiosos…


Escuchadme, imbéciles, escuchadme, ha sido él… No permitáis que os engañe… Ha sido él…

54 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Al final me he decidido.
Este relato es demasiado largo para un blog. Lo sé. Pero me era imposible fragmentarlo, aunque hubiera sido en dos partes.
Precisamente su extensión ha sido lo que durante varios meses me ha retenido su publicación. Es un relato que también está escrito en 2006, como alguno más de este blog.
Pero no sólo su extensión: el tema, su dureza y el lenguje me han hecho dudar más de la cuenta, pero al final me he decidido.
Espero que hasta el lunes dé tiempo a leerlo.

Paloma Corrales dijo...

No me ha parecido largo, quizá sea porque la tensión se mantiene de principio a fin, por momentos he creído estar leyendo a Lope.

Muy bueno, un soliloquio para representar y declamar, no tiene desperdicio en intensidad dramática.

Besos, muchos.

emejota dijo...

¡Que fuerte! Si, largo pero unas emociones retratadas a las mil maravillas. Y digo yo... si una persona que escribe tan bien......bueno quiero decir para PUBLICAR, ¿que más hace falta? ¿Distribuidores? ¿Contactos? ¿Acuerdos? Un abrazo veraniego.

fiaris alfabeta dijo...

Amigo pasaré mañana a leerlo veo que si me lo pierdo me arrepentiré,promesa hecha te digo hasta mañana,cariños.

Verónica dijo...

Pues yo lo he leído ya enterito.
Es espeluznante lo que me ha hecho sentir la historia, leyéndola se me ha puesto el vello de punta.
Las apariencias muchas veces engañan, en esta ocasión lo ha hecho. ¡Pobre mujer! me da pánico imaginar que halla casos así en verdad.
Feliz noche
Un abrazooo

Abuela Ciber dijo...

Si lo he leido todito, y si es fantastico como flyen tus palabras enmarcando sentires, sensaciones.
Queda ese sabor de hasta donde fue el no soportarse de ambos o hasta donde la enfermedad afecto a ambos.
Situaciones que van mas alla de una narracion, cuantos pasaran por hechos como los que describes.

El final tragico de almas a la deriva.

Cariños

Maria Sanguesa dijo...

Impresionante delación del maltrato. Me ha dejado sin aliento, ¡qué retrato tan exacto de un maltratador psicológico! Y estos casos existen, se dan día tras día, ante la indiferencia de la gente, que a una mujer enferma de soledad y sufrimiento (también se da el caso en algunos hombres), le vuelven la espalda y miran, compasivamente, al causante del derrumbe de la víctima que no es capaz de huir de semejante situación por tener mermada su autoestima y bloqueados todos sus resortes interiores. Magnífico relato o soliloquio. Te felicito sinceramente por haber utilizado el lenguaje exacto para esta situación tan auténtica. Un fuerte abrazo.

Flamenco Rojo dijo...

Ahora mismo no puedo leerlo. Volveré con el tiempo suficiente para saborearlo.

Un abrazo.

Maia dijo...

Ante todo felicitarte, por haberte decidido a publicarlo, por arriesgarte. No es fácil exponernos. En cuanto a si es largo o no, todo es relativo...
El relato es desgarrador, me sentí identificada en muchas cosas, en muchos instantes. Me hizo pensar y recordar gente conocida, del pasado, del presente. Ojalá que no de mi futuro. Fuerte, humano. Esta vez no me llevo una frase, sería inconcebible. Me llevo la idea, la enseñanza, la fuerza y también mis recuerdos. Lo volveré a leer. Nadie que no haya sido víctima de una depresión puede describir tan claramente sus síntomas así como hay que haber estado "allí" para comprenderlo. Digamos que tuve la suerte y la mala suerte de entenderlo perfectamente bien...
Un abrazo admirado,

Marina Fligueira dijo...

Hola: Si- lo he leído todo y me parecíó muy largo, pero también muy interesante y mu de actualidad en nuestros días desafortunadamente. ¡Ay! ¡Madre del amor hermoso! Que terrible debe ser, llevar esa cruz a cuestas... yo que he sido tan feliz- me cuesta imaginar algo sejante. Pero si, en muchos casos haberlos ahílos y muy crueles, por cierto, lo estamos viendo casi a diario, sin poder remediar nada. Un abrazo solidario. Ser felices por favor.

Amando Carabias María dijo...

Paloma Corrales:
Hala... a Lope... Exagerada.
Ahora te sorprenderás, no lo había visto de ese modo, aunque es posible que tengas razón y sea representable.

Amando Carabias María dijo...

emejota:
Menos mal que os he avisado, jeje...
Muchas gracias por tus palabras.
Y no sé qué decirte. Llego a la conclusión siguiente: hay muchas personas que escriben maravillosamente y a uno aún le queda un trecho del camino por transitar. Sólo entonces alguien arriesgará su capital o parte de él para publicarme.

Amando Carabias María dijo...

fiaris alfabeta:
Ya sabes que no hay prisa, ya supongo que andas pendiente de la Celeste, pocas horas faltan para que continuén tus paisanos en la competición.

Amando Carabias María dijo...

Verónica:
Gracias por tus palabras y por el esfuerzo.
Por desgracia los hay.
Los casos más sanguinarios (ayer mismo en un pueblo granadino) saltan a las primeras páginas de los periódicos o a un lugar bien destacado en los informativos.
Pero estos otros en donde al desprecio se suma la inquina y la anulación de la persona, conviven con los otros, y casi nunca se sabe de ellos.

Amando Carabias María dijo...

Abuela Ciber:
Obviamente mis palabras a fiaris alfabeta sobre la selección de fútbol de Uruguay las extiendo a ti también.
Gracias por tus palabras. Y como acabo de decir, es cierto que hay muchos casos. Aunque en el fondo cada vida humana es un territorio inexpugnable, ciertas cosas se repiten.

Amando Carabias María dijo...

María Sangüesa:
Agradezco tus palabras muy especialmente.
Aprovecharse de un ser que sufre es una de las cosas más ignominiosas que existe. Aprovecharse de un ser que a causa del sufrimiento ha perdido toda noción de la estima e incluso de la vida, es la mayor ignominia y cobardía.
Pero a veces es tan sencillo que más de uno puede caer en la tentación.

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
A la espera quedamos de tus palabras, que serán tan oportunas como siempre

Amando Carabias María dijo...

Maia:
Tercera representante de la Celeste que se acerca a este rincón. Repito lo escrito para Abuela Ciber y Fiaris Alfabeta y no digo más sobre el asunto, no vayamos a ser agoreros.

Gracias por tus palabras.
Si lo he publicado, asumiendo riesgos por el cambio en el registro habitual y por la extensión es porque llevaba tiempo llamádome a la puerta.
Por desgracia también conozco de primera mano situaciones vitales que se enredan en depresiones y otras enfermedades mentales que convierten al paciente en un guiñapo de sí mismo, en el que la voluntad y la autoestima son palabras sajadas de sus diccionarios.
Esta situación debería ser un campo abonado para la solidaridad, para el cariño, para la ternura, para que el supuestamente sano, aglutine la voluntad de ambos y la autoestima de ambos, para servir de trampolín o pasarela por la que pueda transitar la vida del 'enfermo' hacia la curación.
Bien sé que no es fácil, bien sé que hay momentos en los que el agotamiento es brutal, pero nunca debiera desembocar en algo así...

Flamenco Rojo dijo...

Tremenda la expresión de El Dolor de Oswaldo Guayasamin…

Enhorabuena por publicarlo Amando…Más que a Lope, como dice Paloma, este soliloquio me recuerda a Miguel Delibes en sus “Cinco horas con Mario”.

La violencia psicológica es un anuncio de que la violencia física está en camino. Peor, muchas veces, que la violencia física porque ese anuncio es la amenaza suspendida sobre la cabeza de la víctima, que no sabe qué clase de violencia va a recibir en un momento dado. Detectar la violencia psicológica que sufre otra persona debe ser más fácil que detectarla cuando tú eres la víctima, porque desde fuera, las cosas se ven con mucha más claridad. Pero también creo que muchas veces la violencia psicológica es transparente y solamente la siente la víctima sin que la situación trascienda.

Debo decirte que hasta que no llegué al trágico final del relato pensaba que todo era invención de ella y que la victima era él…Craso error el mío.

Un abrazo.

Maia dijo...

Te aplaudo, una y mil veces.

Isolda dijo...

Desde nuestra óptica puede parecer largo, pero todo ese aluvión de palabras encadenadas entre el rencor y la impotencia, probablemente pasaron por la mente de esa mujer en menos de un minuto. Traté de leerlo como lo diría ella, atropelladamente.
Un soliloquio impresionante y cruel, un descenso a los infiernos, de quien se sabe en posesión de la verdad, aunque no sea capaz de hacerla pública.
Ella insiste, alzando la voz que nadie escucha; claustrofobia y tensión hasta el final.
Me ha encantado, siempre nos sorprendes con tus cambios de registro. Claro que por algo eres el escribidor.
Besos de enhorabuena.

egomanías dijo...

Puede ser que sea largo como dices, pero si se cae en la "trampa" de comenzar a leer no se puede dejar de llegar hasta el final, historia desgarrante pero bien narrada, que deja dentro el sufrimiento de quien pide justicia.
Óptimo relato.
Leo

Gaspard dijo...

Bueno, bueno. Largo, pero de calidad. Subrayo lo de "sólo os fijáis en las apariencias, en la superficie, no en el curso profundo". Cuánto dirían algunos si pudieran. También como enferma el encierro, hasta la victimización. Y cuántos cuidadores hay que se creen los auténticos enfermos, aunque, claro, los cuidadores-familiares viven situaciones muchas veces desesperadas, como el enfermo o más incluso. Por no hablar de los dramas de los hijos que ven esfumarse la herencia en el tratamiento de los padres, que era el tema de un reciente reportaje de 'El País'. Vaya dramas.
Me ha gustado, mucho. Me ha dado la sensación de leer frases que eran como líneas sinuosas en el borde de la atalaya, hasta el final... El final me ha parecido un poco brusco, una curva demasiado cerrada que violentamente nos descalabra hasta las profundidades miserables del nicho humano.

mateosantamarta dijo...

Es tan duro y seguramente tan mil veces un millón de veces cierto que creo es la voz de millones de mujeres explicando su muerte...bueno, excluyamos el último acto que será más raro en la vida real, algo más raro... Un saludo.

fiaris alfabeta dijo...

Amando: pendiente de la celeste un poquitin ahora mismo estan jugando yo por cábala no lo miro,pero ahora me tome mi tiempo para leer con calma,vaya relato amigo ,me he erizado leyendo y a la vez de comenzar imposible parar de leer aunque hagan gol! la verdad¡IMPRECIONANTE!!!amigo ahora si voy a ver que pasa que hay tanto alboroto allá abajo,abrazo y ¡FELICITACIONES!

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo:
Es la segunda reproducción de un cuadro de este artista que saco en el blog. Me gusta la fuerza de sus rostros

Tienes razón. Todos aquí sabéis que una mis devociones es Miguel Delibes y aquí se nota el influjo de Cinco horas con Mario, pero le doy la vuelta de tuerca y es la muerta la que habla, la que se dirige a la concurrencia que acude compungida al velatorio a dar el pésame al pobre viudo.

Creo que la violencia psicológica en condiciones 'normales' es captada mejor por la víctima que en el exterior, pero en demasiadas ocasiones, por una extraña mezcla de sentimientos o situaiones se pretende dar una oportunidad más al agresor, o el miedo es de tal magnitud que inhabilita la capacidad de decidir.
Sin embargo el personaje de este relato es una mujer que sufre un problema de tipo depresivo, por tanto para ella fue mucho más dificil detectar todo lo que ocurría. Más aún, aunque lo detectó fue incapaz de insinuar nada.

Amando Carabias María dijo...

Maia, Abuela Ciber, Fiaria Alfabeta...
Por penaltis, por los pelos, pero cuarenta años después la selección de vuestro país llega a una semifinal de un Mundial.
Disfrutaréis o sufriréis durante la última semana del Mundial. Eso sólo lo hacen cuatro selecciones en el mundo.

Amando Carabias María dijo...

Maia:
Gracias, muchas gracias.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Como acabo de indicar en uno de los comentarios, ya el tiempo a esta mujer le importa poco, no le importa nada.
Gracias por tus palabras.
Ahora me alegro de no haber roto este monólogo en dos partes, lo hubiera destrozado, estoy seguro.
Es cruel por desgracia, como la misma vida.

Amando Carabias María dijo...

egomanías:
Un placer recibirte en este rincón en el que ya tienes tu aposento para cuando gustes. También te agradezco el seguimiento. Es también un gsto recibir a alguien con tu sensibiidad que he descubierto en comentarios tuyos en otros blog como el de María o el de Paloma en donde coincidimos.

Gracias por la valoración que haces del texto. Y me encanta que hayas caído en la 'trampa', ojalá que consiga engañarte más veces. :)
Si te das una vueltecilla por el blog, verás que no es norma de la casa una extensión tan excesiva, aunque no me caracterice siempre por la brevedad. Procuro alternar.

Amando Carabias María dijo...

Gaspard:
También tengo que agradecerte las palabras con las que valoras este texto.
Veo que conoces bien la realidad del entorno de los enfermos de este tipo y la cantidad de variables y situaciones que se pueden dar, incluo la vertitente económica...
Sobre el final del relato, tienes toda la razón, es la llegada al nicho, sin más, el clamor en el vacío.

Amando Carabias María dijo...

mateosantamarta:
Muchas gracias por tus palabras. Sobre el acto final no sé qué decirte. No sé qué opinar. No sé si será más raro que esto o simplemente será distinto o si por desgracia se parece a esto.

Amando Carabias María dijo...

fiaris alfabeta:
No sé si será por cábala o por qué, pero la celeste ha conseguido su clasificación. Más de una arritmia se habrá producido en Montevideo y demás ciudades de Uruguay.
Por acierto, ayer vimos Marián y yo en un balcón de una calle de Segovia dos banderas muy juntitas, como tomando el sol una era la vuestra, otra la nuestra...

Gracias por tus palabras y por tu tu tiempo, y encima eres capaz de comentar justo cuando Forlán empata el partido...

migli2007 dijo...

Estupendo relato, muy interesante, impresiona por su intensidad y muy actual (desafortunadamente).
Saludos.

Amando Carabias María dijo...

migli2007:
Bienvenido a este rincón y muchas gracias por tu comentario, sí por desgracia todo esto es demasiado actual.

Alena.Collar dijo...

Pues voy a decir la verdad, como siempre por aquí:
A mí el personaje de ella se me ha hecho absolutamente repulsivo. Durante todo el relato he tenido la sensación de que es un personaje acomplejado, manipulador, sesgado y mezquino. A mí me ha parecido que quien manipula es ella.
Y con perdón, si yo hubiera sido él no la habría aguantado toda esa mezquindad ni diez minutos de mi tiempo.
Hay personas que se ocupan con una donosura espectacular de hacer la vida de los otros un infierno y encima pasan por víctimas.
Un beso.

Maia dijo...

Amando, yo sé que no tiene nada que ver comentartelo aquí pero no quería deprimir a mis amigos argentinos así que usaré tu post en esta oportunidad: enhorabuena !! Nos veremos en la final????? Ojalá que si. Un abrazo,

Amando Carabias María dijo...

Alena Collar:
Algo de razón llevas en lo que dices. Hay víctimas que, por así decir, se labran con tesón y constancia ese papel en la historia, porque hay personas que no pueden afrontar su padecimiento o enfermedad sin echar en cara a los demás ese sufrimiento, sin convertirlo en arma arrojadiza como razón suficiente para ser siempre el centro del mundo, y aprovechan su situación para pedir siempre la total y absoluta atención de quienes les rodean...
Por desgracia sé bien de lo que hablas. Muy bien.

Pero en este relato, en este en concreto, la víctima es víctima desde el principio, porque su acompañante (que no compañero y aquí quizá radique el verdadero problema de la historia) en vez de tener la valentía que propones de no aguantar ni dez minutos de su tiempo con una persona enferma, jugó el juego de la solidaridad. Y hay juegos que no se pueden jugar si el papel que encarnas dura tanto tiempo y no es el tuyo verdadero.
Quiero decir que en general puedes tener razón respecto de algunas personas, o de muchas, siempre es difícil cuantificar la cuestión, pero hay veces en que la enfermedad llega a tal nivel de profundidad que el enfermo en realidad es un guiñapo que respira, poco más.
Lo he visto y sé de lo que hablo, como también sé perfectamente a lo que te refieres, pues también lo he visto, también lo he padecido y también sé de lo que hablas.
Es posible que en la prehistoria del relato haya un momento en que ella prefirió escoger la postura de víctima sufridora y quejosa, y no de enferma que ve el mundo y la existencia como un suplicio insoportable, es posible, no lo sabemos.
Lo que sabemos es que la enfermedad ha sido muy larga y ella, en este relato, ya es un cadáver que simplemente cuenta cómo llegó a esa situación: una sobredosis de hipnóticos a la que él le invitó después de inventarse una historia de traición.

Amando Carabias María dijo...

Maia:
Ojalá, ojalá... Pero no está fácil.

Beatriz Ruiz dijo...

Es fácil salir de una relación de violencia psicológica???... Pienso que no, en absoluto... entre otras muchas razones porque la persona que recibe esa violencia no es del todo consciente de ello, y si lo es... su autoestima está tan deteriorada que probablemente no tenga la fuerza necesaria, ni muchísimo menos... Existe un dominador/a y un dominado/a...

El dominado/a tiene una auténtica adicción al compañero/a.

Amando, tu escrito es tremendo... pero amigo nos hace reflexionar sobre un tema del que se debería hablar mucho más... Todavía, y lo dicen las estadísticas, no yo... Los casos de violencia psíquica son más numerosos entre los 20 y 24 años (Insultos, amenazas verbales, chantajes afectivos, presiones psicológicas, acoso moral, agresiones físicas)... algo estamos haciendo mal, muy mal... y como siempre digo... la solución está en la educación no sexista desde la cuna... y de esto estamos todavía a años luz... por desgracia...

Según un estudio del Instituto de la Mujer en España... cerca de dos millones de mujeres serían técnicamente maltratadas, no sólo por violencia física, también con amenazas, insultos, privaciones o vejaciones.

Casualmente he tenido recientemente en mis manos un buen libro, "Mujeres maltratadas" de Marie-France Hirigoyen... Es un libro que pienso debería ser de obligada lectura en los institutos... En realidad no de lectura, de estudio obligatorio...

Debemos desaprender demasiado para luchar contra esta lacra, hombres y mujeres... y reconociendo que estamos adelantando algo... es demasiado lento el proceso para mi gusto...

Es fácil decir: Déjalo!!!... JA!!!... Desde fuera es fácil decirlo... pero hay que vivir dentro de ese infierno para saber...

Mercedes dijo...

Aquí te dejo un buen vaso de agua y me marcho, conmocionada, asustada, desesperada, cabreada... Enfadada con el mundo. Es lo que ocurre cuando lees un buen texto, que lo vives.
Los odio, los odio a los dos, por no haber sabido amarse.
Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Beatriz:
Hay algo básico de lo que nos dices en lo que hasta ahora no habíamos reflexionado: cualquier vilencia evidencia una relación de dominio y, obviamente, un dominado. O sea, lo más parecido a una cárcel. Y de una cárcel no es fácil salir.

Amando Carabias María dijo...

Mercedes:
Te entiendo, pero la vida es así.
Lo del amor parece tarea sencilla, pero te puedo asegurar que no es nada fácil. Hay muchas más situaciones que sin llegar a estos extremos se parecen y mucho a la que se relata.
Es más, quizá sean simiente de situaciones similares a esta.
Pero te entiendo.

Beatriz Ruiz dijo...

De las primeritas cosas que tenemos que desaprender es precisamente lo que nos vendieron por "amor"...

neko dijo...

La verdad es que a mi si que se me ha hecho un poco largo para lo que nos tienes acostumbrados, me ha costado unos cuantos días animarme a leerlo, pero no me arrepiento.

Es distinto a todo lo que había leido de ti, pero tiene mucha intensidad y humanismo, personalmene me ha gustado mucho, y siento decir que tambien a mi me recuerda situaciones de absoluta falsedad que he podido ver y sentir.

Mentxu de la Cuesta dijo...

Varios son los factores que entran en juego para que una mujer maltratada, no quiero hacer distinción entre física o psíquica, no salga de esa locura en que está metida.

El escrito que has traído muestra a la perfección, una por una, todas las etapas en que puede caer alguien.
Me ha llamado poderosamente la atención leer algún “reproche” hacia esta mujer. No es fácil entender (desde fuera) que alguien se “someta” a otra persona que la está maltratando, que alguien llegue a odiar a otra persona y sin embargo continúe con ella, que alguien quiera, llamar la atención de su maltrato, incluso buscando la muerte. Puede parecer que es una manipulación. Pero no, es sencillamente otra consecuencia de vivir maltratada, de vivir anulada, de vivir en una situación que llega a la locura, que pasa por la inercia de no querer defenderse, que llega al punto de darte igual todo.

Menciona Beatriz en su comentario un libro que yo también creo que es imprescindible leer, más bien tenerlo como libro de cabecera. Todo lo que escribe esta mujer, Hirigoyen, debería ser materia de estudio en la educación.

Porque desde luego la educación es primordial. Y yo entiendo por educación no sólo el núcleo familiar y la escuela, sino medios de comunicación etc.
Me siento profundamente preocupada en cómo ha derivado muchas y muchos antiguos componentes de grupos feministas, y en lo que se ha caído últimamente. Yo diría que, a pesar de que los medios de que se dispone, se ha dado un paso atrás. Nos hemos vuelto permisivos en lo único que no deberíamos serlo. En nombre de la libertad, del respeto a que cada uno puede elegir la vida que quiera y en nombre de familia, “amor” y muchas otras bobadas que nos dieron a “mamar” estamos recogiendo aberraciones. Y lo peor, consciente o inconscientemente se transmiten, las transmitimos y las admitimos.

Estamos rodeados de trampas. Como el ensalzar a la mujer como parte complementaria del hombre. Ensalzar a la mujer y ponerla en un pedestal por ser madre en potencia. Ni complemento, ni pedestales, ni gaitas...
Muchas mujeres que han sido tratadas así :"como una reina", quedan anuladas de tal manera que se quedan totalmente perdidas y sin fuerzas para vivir una vida solas y plenamente si el que les ha puesto en un pedestal se vuelve en su contra. Están prestas a aguantar lo que sea, porque si el hombre con el que han convivido y les ha tratado “como una reina” deja de hacerlo esas mujeres va a pensar siempre que las culpables son ellas. Esa es otra consecuencia, la anulación, el volverse mezquinas con ellas mismas y con los demás, los cambios de carácter, la incapacidad de saber discernir, y muchos males más.

Para mi el único respeto hacia la mujer y hacia el hombre es que sean tratados de igual manera en todos los ámbitos de la vida y sobre todo que no sean manipulados ni por los medios, ni por la educación, ni por las instituciones, incluida la iglesia. Porque hoy por hoy, la mujer sigue en desigualdad de condiciones y las consecuencias son trágicas.
¿Habéis visto el número de mujeres asesinadas en lo que va de año?... a ese número añadir las maltratadas psíquicamente. Un maltrato que dura toda la vida.
Muchas gracias Amando por dejar el escrito y dar opción a comentarlo.Mentxu

Amando Carabias María dijo...

Beatriz:
Siempre hay que buscar la verdad y la autenticidad en todo.

Amando Carabias María dijo...

Neko:
Muchas gracias por haberte decidido a leerlo a pesar de su extensión.
Y gracias por tu sinceridad.

Amando Carabias María dijo...

Mentxu:
No, gracias a ti por tu comentario que lleva a la reflexión de lo que estamos haciendo en nuestra sociedad, o mejor en nuestro Planeta.
Estamos muy lejos de esa igualdad que reclamas, y demasiados sectores abogan por el disfraz o por la coartada.
De todos modos, aunque creo que te entiendo, hay determinadas cuestiones que sólo son posibles en plenitud para la mujer.
Y esto no quiere justificar nada, sino aclarar que el avance de la humanidad depende de esas cuestiones más que de otras.

Amando Carabias María dijo...

Ángeles:
Muchas gracias por tus palabras. De tu texto estoy en general de acuerdo. Un matiz. Escribes, o así lo he entendido, que en este caso hay reconocimiento social. No estoy muy de acuerdo. Lo que hay es desconocimiento social. Ellos, los ajenos a la vida de esta pareja sólo veían la constancia y dedicación de él: paseos, consultas médicas, etcétera... Desconocían el desprecio, el abandono, la incomprensión el desprecio...
Tampoco sé si el maltrato es cosa de dos. Me parece que es de más. Si los maltratadores fueran despreciados, si la sociedad fuera educada en el desprecio a los que obtienen lo que pretenden a través de la violencia, otro gallo nos cantaría.
No creo en los maltratadores como especie. Cre sinceramente que se trata de casos muy numerosos pero personales. Ahora bien, también creo que la sociedad en la que vivimos tiene muy bien abonado el terreno para que broten, florezcan y arraiguen estos casos.
Aunque se avance, en general soy pesimista respecto de estas cuestiones. El género humano´tiene mucho de especie animal violenta. La violencia forma parte de nuestra genética, y en demasiados casos hay representantes de esta especie que sólo saben utilizar la violencia como explicación a sus deseos, a sus quejas o a sus sospechas.
Pero sí, si luchamos todos contra esta violencia, al menos contra esta, que en nuestro entorno desaparezca. Es lo mínimo. Un paso, al menos ese paso.

Evaasecas dijo...

Ufff, Amando, falto un par de días y mira lo que me encuentro. Yo siento un peso en el pecho ahora que no puedo aguantar. Tengo una hija adolescente y se que cualquiera puede pasar por eso, solo espero que yo misma haya sabido poner ese granito de arena para que no ocurra, que tengo mi parte de responsabilidad. Tengo también un hijo casi adolescente y deseo lo mismo. No se si será importante que ellos se sientan personas importantes, no se si es la palabra, que tengan su autoestima alta, que sepan lo que valen y que sepan que los demás merecen respeto. Quizá sea esa una de las primeras piedras, pero no lo se, rezo para que no les ocurra nada parecido y también para que no le hagan a nadie sufrir algo así.
Un abrazo.

(SIGO CON LOS PROBLEMAS EN LA MODERACIÓN DE COMENTARIOS POR ESO COPIO Y PEGO TU MENSAJE

Amando Carabias María dijo...

Al menos he hecho bien lo de la dirección de tu blog... Qué lío.

Creo que es importante que la persona tenga su autoestima alta, o lo más alta posible, sin llegar a creerse el ombligo del mundo.
A mi modo de ver es importante para todo en esta vida. Pero ciñéndome a esta cuestión, me da la impresión de que es clave, porque la autoestima probablemente conduzca a una menor dependencia, o una mayor autonomía, como lo quieras decir.
Pero igual de importante que esa autoestima es el respeto al otro, a su libertad, incluso a la libertad de decirnos no, o sea, de rechazarnos.

Ángeles Hernández dijo...

Rojas Marcos tiene un libro "las semillas de la violencia" que analiza en qué ocasiones el ser humano tiende a ser violento, destacando la humillación, el ambiente desdichado, laeduación y el ejemplo etc.

En cuanto a la "de género" es un caso muy especial, uno de los que podría si no desaparecer sí yugularse. Poco a poco vamos mentalizándonos NOSOTRAS Y VOSOTROS.
Quizás la generaión de nuestros hijos lo vea más claro.
Tienes razón no es cosa de dos, es cosa de muchos, atávica y educativa. Ahora educamos de otra manera (espero).

Un abrazo en estos momentos en los que te imagino nervioso frente al televisor ( minuto 65 del España/Alemania).

Amando Carabias María dijo...

Ángeles Hernández:
De refilón he escuchado esta mañana que hay un encuesta realizada en España, donde se afirma que el trece por ciento de los jóvenes afirma haber pegado a su pareja en alguna ocasión. Y también se dice ahí que la humillación, la vejación, el control sobre la vida y amistades de las novias, y lindezas por el estilo, no son considerados como actos de violencia.
¿Qué estamos consiguiendo, entonces, con la educación?
Ojalá tuvieras razón, pero informaciones como las que he mal resumido, vienen a contradecir nuestros deseos,que ya no sé si son utópicos.
Sigo pensando que la semilla de la violencia tiene que ver con el sentido de la posesión, con presuponer que quien está conmigo es de mi propiedad, y no con que si está conmigo es porque le da la realísima gana.
Aprender a aceptar un NO por respuesta es la tarea más importante, porque aceptar el NO por respuesta, es aceptar que el otro tiene sus propios criterios y razones que son tan justas, legítimas y necesarios como los nuestros.
Ayer hubo otra mujer muerta en este país a manos de su pareja, y eso que en este caso, había denuncia y había orden de alejamiento...

PD. Me imaginabas bien. En un bar con buenos amigos asturianos... Lo raro es que el comentario llegara hasta donde tenía que llegar con la explosión de gozo que en esos momentos en que escribías, se produjo en toda una nación.