lunes, 19 de abril de 2010

EL PISO SILENCIOSO


Mirella bajó del coche patrulla una vez que ella y Salvador, que esta noche conducía el vehículo, llegaron al portal que le habían indicado desde la emisora de Comisaría de Euritmia: el número veintiocho de la calle Almirante Artigas. Timbró al cuarto D y preguntó por Serafín Alcalde, autor de la llamada que había puesto todo el dispositivo en marcha. Una vez ante su puerta, la pareja de policías comprobó que el tal Serafín estaba bastante nervioso. Les comentó que hacía un rato que el silencio había vuelto al cuarto C, el piso de enfrente y ya dudaba de haber hecho bien en llamar a la Comisaría. Pero es que los gritos habían sido terribles.
Les dijo que a eso de las diez de la noche, había oído gritos femeninos, luego los del marido (conocía bien la voz de Hipólito) y después volvió la calma.
Poco después de la media noche, de nuevo escuchó gritos. Habían sido las voces de Rebeca y un grito sin palabras de Hipólito. Luego el llanto de la niña. Y después nada.
Salvador le preguntó si eran frecuentes las discusiones en la casa. Serafín agachó la cabeza. 'Bueno, verán, creo que sí, aunque... Bueno, yo no soy cotilla, pero es que hay ciertas cosas que...'

Cuando Mirella apretó el timbre del piso de enfrente, no respondió nadie. Esperaron un tiempo prudencial.
Habían decidido que Mirella bajara al coche a preguntar si entraban en la casa por las buenas, ante las sospechas de violencia doméstica o procedían con los trámites habituales ante el juez de guardia, cuando Salvador alzó la mano, había percibido algo así como el eco de unas pisadas, que desembocaron en un rostro infantil aterrado y atravesado por un arañazo que partía o llegaba al párpado inferior de su ojo izquierdo.
Por suerte el ordenador continuaba enchufado, y el documento en el que trabajaban no había sido aún cerrado…

Iba bien la jornada. Trabajo, compras, alegría, estudio. Hasta que ha llegado el sargento de semana con sus cosas absurdas, con sus obligaciones, con su presión sobre nuestras vidas, con sus exigencias labradas de pánico que nos quiere transmitir sin que nosotros lo deseemos. Como dice Laura, es lamentable que alguien pase malos momentos por el sólo afán de pasarlos; sufrir por querer sufrir, sabiendo que se va a sufrir es un poco tonto; pero como he remachado esta mañana, hacer sufrir a otro imponiendo el sufrimiento y el miedo es peor aún.
Cada vez me descompone más su sola presencia, esa angustia que lo tiñe todo de un color grisáceo, esa mirada que elimina el brillo de todas las cosas, y lo reduce a una realidad que desvaída y acechante.
Uno anhela vivir con calma anímica, ya que mental, en esta sociedad, es absolutamente imposible. Uno tiene que responder en su trabajo, tiene que responder en su vida, tiene que responder ante los demás. Todo eso supone el desgaste mental habitual de cada jornada, con eso es más que suficiente como para llegar a su casa y encontrar el mínimo de ambiente adecuado, para descansar, para compartir vivencias, para que el afecto relaje el latir del corazón. Sin embargo, en mi caso, ocurre casi a la inversa. Sucede que si uno sabe que ella no estará la cosa sucede de ese modo más o menos. Cada miembro de la familia está a lo suyo, pero se crea una especie de lazo invisible que nos une infinitamente. Ahora bien, cuando esta casa se llena con su presencia, crece el hielo; aflora la violencia, o al menos de tensión, que lo inunda como una tormenta de verano aflige a una playa. El problema es que no se trata de algo esporádico o excepcional, el problema es que ocurre en cuanto se sienten sus leves pasos por la escalera.
He de tomar la determinación a no tardar mucho; más bien he de hacerlo de modo inmediato…
(…)
Estaba escribiendo lo que antecede, cuando el grito de Coral, me ha hecho levantarme de este rincón. Lo que tenía que ocurrir en alguna ocasión ha terminado por ocurrir.
Gracias a Dios no ha sido muy grave. Llamativo sí es, pero no grave. En medio de la discusión, Rebeca con sus afiladas uñas, ha arañado el rostro de Coral, justo bajo el párpado inferior. Un arañazo que describe una breve curva de unos cuantos centímetros, cinco o seis, que le ha dejado una marcha enrojecida de casi un centímetro de ancha, más o menos.
Ya ha pasado más de una hora. La medianoche silenciosa ha doblado la esquina del día. Ahora el silencio de la casa es el único eco que me responde, salvo el runrún del ventilador de este ordenador. Duermen las dos. Cualquiera que entrara por vez primera en este piso se diría que la paz es una de las moradoras del habitáculo, y nada más lejano a la realidad. Hay odio, hay violencia, hay enfrentamiento, hay sufrimiento. A estas horas del principio de la madrugada, todavía me pregunto por qué no he hecho lo que he tenido la primera intuición de hacer. La tenía que haber echado de esta casa, que no hubiera vuelto a poner los pies en ella, salvo para recoger sus cosas. Sin embargo, se me cierran los ojos, como persianas que hubieran perdido su sujeción, y estoy dispuesto a marcharme a acostar tendiendo mi craso (todavía) cuerpo, junto al suyo enteco.
Si me acercara hasta nuestro dormitorio, la vería encogida sobre sí misma, casi en posición fetal, como si su cuerpo fuera un cuatro desmadejado, con el rostro de niña buena, de niña que abandonada que da lástima, esa lástima que está a punto de llevarme a un final terrible.
Como me pregunta Ramiro de vez en cuando, '¿Cómo puedes dormir al lado de Rebeca todas las noches, si ni siquiera la rozas?'

Siempre me callo. No hay respuesta. Misterios insoldables, el poder del recuerdo de los sentimientos que hace tantos años atesoró el corazón…
Durante muchos años las agresiones que he sufrido en mi piel (esos arañazos y pellizcos y moretones que la dejaban marcada por varias semanas), no me han dolido, y al poco de que me los hiciera, se me habían olvidado. No sólo eso, sino que tendía a justificarlos o explicarlos o, bueno, me conformaba con ellos como si fuera algo inevitable. Algo así como si me gustara la marcha, como si el dolor me alimentara, o como si fuera el justo pago por mi falta de amor, que era cada vez más evidente.

No lo sé.
No obstante, este arañazo, por lo demás tan llamativo, tan grito a los cuatro vientos, no se me olvida; es el arañazo más violento que me ha dado en toda la vida, aunque no me lo haya hecho a mí, o precisamente por ello. Una niña como Coral no se lo merece; es una herida que ya me ha decidido a actuar.
Escribía que tenía que tomar la determinación. No sabe Rebeca, que ya la ha tomado por mí, y de mañana por la tarde no pasa que llame al abogado, para que me asesore legalmente: no quiero cometer ninguna torpeza.
Esto se ha acabado
.

26 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

¿Violencia de género? ¿Violencia doméstica? ¿Violencia feminista? No sé técnicamente como se le llama a este tipo de violencia o maltrato… Según la ley vigente en España la violencia de género es solo aquella que ejercen hombres contra mujeres con las que tengan o hayan tenido una relación afectiva, casados o no. Por lo tanto un hombre no puede ser víctima de violencia de género. Me preguntó también si las cosas deberían ser de otra manera. ¿Por qué entonces limitar el término “género” solo al femenino, cuando está demostrado que también existe el género masculino? Particularmente no soy partidario de calificar la violencia en función del sexo agresor…

A pesar de que son, según las estadísticas, infinitamente menos abundantes los casos de hombres maltratados por sus mujeres que al contrario, haberlos haylos como las meigas…Sus maltratos, casi siempre, son psicológicos, amenazas imposibles de demostrar. Ellos, los maltratados, generalmente carecen de credibilidad…

Una de las claves para erradicar esta lacra de la sociedad está en la educación de las nuevas generaciones…procurar, en primer lugar, desde el entorno familiar que niños y niñas no adopten pautas de conductas machistas o feministas...Y es que si en una barca solo se maneja un remo, el resultado ya lo conocemos…dará vueltas y vueltas en un círculo vicioso indeseable.

Un abrazo.

Mercedes dijo...

He reflexionado muchas veces sobre el tema tan delicado que hoy nos traes, y que tú has sabido ilustrar con elegancia y maestría. He conocido de cerca este tipo de violencia de género, pero no del que se sobreentiende, sino del otro género. Me he dado cuenta que un hombre, ante la constante agresividad de su esposa, está atado de pies y manos, poco puede hacer. Nadie lo asiste en su tormentosa vida: los amigos se ríen, la ley lo hace culpable de antemano y él mismo se niega su realidad; su propia naturaleza lo condena. Es más fuerte, por lo tanto es más agresivo y tiene más posibilidades de defenderse, pero si usara sus armas naturales para defenderse cavaría su tumba. ¿Qué opción le queda a un hombre maltratado? ¿Marcharse? Y, si tiene hijos, ¿los deja con la maltratadora para salvarse él?
Nos has traído un tema muy peliagudo, de difícil solución en los tiempos que corren, teniendo en cuenta que la ley está por sistema de lado del más débil físicamente. La realidad es que el comportamiento agresivo no tiene género, lo que si lo tiene es la fuerza.
Todos, ante una situación de peligro, nos defendemos con las armas que tenemos: el hombre con la fuerza y la mujer con la ventaja de que tiene la ley de su parte y puede insulta, vejar, martirizar... porque tiene inmunidad. Tal vez no se trate de quién dé los golpes, que por supuesto hay condenar sin paliativos, tal vez se trate de perseguir cualquier comportamiento agresivo, sea con las armas que sea.
Me pregunto cómo vivirá el protagonista de tu relato sabiendo que deja a su pequeña Coral bajo la tiranía de Rebeca.
Un relato polémico que daría para mucho debate.
Soy mujer, y estoy con todas aquellas que sufren a manos de un dictador despiadado, faltaría más; pero no doy idiota, y me doy cuenta lo fácil que le resulta a muchas utilizar las ventajas que le otorga la ley para someter al compañero a sus caprichos.
Un abrazo.

Isolda dijo...

Que mas da el nombre. Violencia a secas. El triste relato que nos traes hoy y que muchos conocemos de amigos cercanos, tiene de positivo lo comun a todos ellos. En cuanto se toca a los hijos, se reacciona; es el punto de no retorno y el empuje para salir adelante.
Un beso muy fuerte.

urbanoyhumano dijo...

A veces puede más el miedo a uno mismo que se deja enredar por vidas falsificadas.

Todos necesitaríamos una puesta a punto. Una regresión al significado de ser humano.

Excelente escrito.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

¡Caray! Esta vez el texto se las trae... al principio creía que íbamos a vivir al tranquilo ritmo de Euritmia con todos sus detalles y tomándose el tiempo de ver los resquicios de un edificio... y de pronto me haces entrar en el interior del personaje y ya la vida no es blanca o negra sino llena de matices.
Me gusta el ejemplo de nuestro flamenco, la barca que da vueltas sobre si misma.

maririu dijo...

el anónimo soy yo,

Amando Carabias María dijo...

Flamenco Rojo
Creo que analizas la cuestión con la perspicacia y hondura habituales y que te caracterizan.
El hecho de que las estadísticas decanten hacia la mujer el puesto de víctima en los casos de violencia en el ámbito familiar (me parece que éste es el nombre técnico), es una razón de mucho peso para que se aplique, como se aplica en España, lo que los juristas denominan discriminación positiva, o sea, a priori favorecer a la mujer.
Ocurre que el problema se puede plantear cuando es el varón quien resulta ser el agredido.
Sin duda de ninguna clase el problema se solucionaría, casi seguro que de raíz, con la educación, y el ejemplo que pones de la barca -como también señala maririu- es muy bueno.
Pero no es tan sencillo, porque no se trata de una educación basada en las costumbres o en un reparto más equitativo de los papeles y las cargas en el hogar.
Quizá se trata de educación en libertad, de inocular en el corazón o mente de nuestros hijos e hijas que el hecho de que alguien esté con otra persona, no implica ningún tipo de posesión, sino una libre alianza basada en el amor.
Y el amor es todo lo contrario a la posesión.

Amando Carabias María dijo...

Mercedes:
Se que desde aquí no se consigue gran cosa, pero también pretendía que se llegue a la conclusión de que los varones no tenemos por qué avergonzarnos en el supuesto de que a alguno le suceda algo parecido a lo que le sucede a Hipólito. Pero, y eso también forma parte del ámbito educativo al que me refería más arriba, en que sería menester que se empezara a ser exigente en cuanto a los roles de cada quien. Está mal visto, sigue estando mal visto, que los hombres lloremos, que los hombres nos quejemos, que los hombres pidamos ayuda, que los hombres seamos sensibles, que los hombres no pongamos sobre la mesa lo que sólo los hombres tenemos como verdadera garantía de autenticidad y como único argumento a usar.
Quizá Hipólito fuese más fuerte que Rebeca (casi seguro) y por tanto tenía bien sencilla la respuesta. Y ese es el riesgo, ese es el peligro, porque como bien señalas, si no lo hace, si no lo hizo, la sociedad se reirá, malinterpretará, pensará que es un calzonazos porque no se ha sabido imponer.
Sé, repito, que el porcentaje de maltratadores es infinitamente superior al de maltratadoras y también sé que el tipo de maltrato es bien distinto.
Pero el hecho de su excepcionalidad (que a la vista de tus palabras y de las de Isolda, no son tan excepcionales) no implica su ocultamiento, ni siquiera su indignidad.

Amando Carabias María dijo...

Isolda:
Así es, los hijos son el motor que pueden salvar este tipo de situaciones. Y al mismo tiempo, los hijos son las grandes víctimas (suponiendo que no haya ningún cadáver en el proceso) de todo este asunto.
El problema es que muchas veces, aunque en apariencia se solucione la cuestión y la separación o el divorcio supongan un alivio a la tensión cotidiana, las heridas internas, esas cuyas cicatrices forman parte de los latidos cardiacos, son más profundas y duraderas en ellos, y es muy difícil, por no decir imposible, valorar con anticipación en qué desembocará todo ello.
Pero sí, si no fuera por ellos, a veces continuar sería más difícil.
Aunque en otras ocasiones son una carga, también en esta cuestión.

Amando Carabias María dijo...

urbanoyhumano:
Pones el dedo en una de las llagas de este asunto. Ese miedo que te incapacita para ser tú mismo, y que es incapaz de ver dónde las vidas son vidas o retales de otra cosa.
También es verdad lo que dices, y lo dices de modo más poético que nosotros cuando hablábamos de la educación como solución fundamental:
una regresión al significado del sentido humano, o sea un viaje a las fuentes para bañarnos en sus aguas...

Amando Carabias María dijo...

maririu:
Siempre he dicho que en Euritmia pasa de todo. No es más que una ciudad con mucha historia y mucha belleza, pero en la que hay seres humanos. Quizá se vean más damas y caballeros a la antigua usanza, anacrónicos seres que parecen sacados de las novelas decimonónicas, pero hay de todo, como esbocé en CUENTOS DE EURITMIA: droga, crimen, pasión, ambición, amor, ternura, arte.. Sueños y pesadilla, ficción y realidad... Hay hasta policías de la vieja escuela y periodistas con vocación de detective.
Como ya he dicho más arriba, también me gusta el ejemplo que ha puesto nuestro Flamenco

Verónica dijo...

¡Buenísimo relato! amigo Amando.
La violencia de género, ya la viva una mujer o un hombre, es lo mismo.
Muchos hombres no denuncian, porque la gente al saberlo much@s ignorantes se mofan de ellos. Quizás sea que por eso sabemos de muy pocos casos, en comparación de la mujer. Así y como están hechas las leyes, la mujer parece ser, que tiene siempre las de ganar.
Aunque algunas veces, se termina con su vida. Si se estudiara caso por caso, seguro que entre ellos, habrá algún caso de hombre maltratado, que se tomó la justicia por su mano.
Muchas veces se miente, sobre este tema tan serio, cuando una mujer denuncia a su marido, que muchas veces se hace, al haber ya una tercera persona. Pero queda mejor inventarse que sufre malos tratos. Hoy día eso parece como una moda. Te cansas del marido y denuncias que sufres malos tratos.
Y todos los beneficios se los lleva ella.
Pienso que no hay derecho, y que cada caso debería investigarse por separado, no como se hace habitualmente.
Feliz noche amigo
Un abrazooo

catherine dijo...

este relato que mezcla lo que escribe el hombre y sus vivencias es muy fuerte. Cuando el vecino habla de los gritos de las diez, pues de los gritos de la media noche y del llanto de la niña y que la niña sola viene a abrir la puerta se imagina lo peor. Pero lo que pasa es terrible también: que una niña sirva de chivo expiatorio , de rehén de uno de sus padres es la gota de agua que colma la medida.
Sí, la violencia de parte de las mujeres existe, existe en las que han mal entendido la igualdad entre hombres y mujeres. No digo que la violencia machista sea aceptable pero creo que de parte de una mujer es peor, y es aun peor aquí porque la madre hiere a su hija porque hace tiempo que su marido la deja herirle.

Alena.Collar dijo...

Estoy con Isolda. La violencia lo es sin importar el género.
Conozco casos en un sentido y en otro. Y me parecen tan repugnantes los unos como los otros.
Creo que es necesario contarlo, sin embargo, porque a veces cuando hablamos del tema solo pensamos en la violencia contra la mujer, y me pregunto ¿no sería más fácil si nos olvidamos del género y hablamos solo de violencia?...
Beso artrósico;)...

Amando Carabias María dijo...

Verónica:
El otro día, según vi en un telediario, ha habido alguna reunión sobre este asunto. Una reunión de Importantísimos con muchas carpetas, datos, gráficos, declaraciones, micrófonos, cámaras de TV, etc., etc...
Según una fiscal de este asunto, a pesar de que muchos sospechen que existen muchas denuncias falsas, en las que alguna mujer pretende aprovecharse de las ventajas que supuestamente le ofrece la legislación española en esta materia, sólo detectaron veintiséis sobre más de mil doscientas denuncias.
Este es el dato que dieron, y lo dijo de tal manera que incluso lo de las 26 tampoco estaba claro.
Creo que cada caso se investiga por separado. Otra cosa distinta es cómo se cuentan los casos, y de qué modo llega la información que crea el estado de opinión.

Amando Carabias María dijo...

Catherine:
Sucede que la vida es muy fuerte a veces. Sucede que dentro de algunas casas el odio es una alimaña que se encierra, y tiene a sus habitantes atormentados con su sola presencia. Sucede que el miedo atenaza (y esta una cuestión sobre la que habrá que hablar otro día) a quien es amenazado/a y sabe que puede ser víctima cualquier día. Hasta que un día, de pronto: unos gritos, un golpe... un silencio siniestro...
¿No os sorprende que en un altísimo porcentaje de casos se diga algo así como: no si eran una familia normal, no habían dado señales de que pasara nada, parecían un matrimonio bien avenido?

Amando Carabias María dijo...

Alena Collar:
A ver si la primavera entra con determinación de una vez y esta artrosis tuya te olvida una temporada, y si te olvidara del todo seguro que se lo agradecías...
Tal y como se viene diciendo, probablemente tengas razón y mejor sería hablar de violencia en exclusiva en el ámbito doméstico, si se quiere, que además es más dolorosa y más sangrante.
Pero parece que los números y las estadísticas empujan hacia otras cuestiones.
Y como venimos diciendo desde el principio, sin educación en la igualdad, sin educación en los afectos, no conseguiremos nada, absolutamente nada. Mientras se piense que quienes conviven con nosotros (pareja, hijos) son de nuestra propiedad, la semilla del mal ha anidado en el corazón.

salvadorpliego dijo...

Tarde o temprano se tenía que tomar esa decisión… La agresión lo ameritaba.
Muy grata la lectura.

Un placer leerte.

Amando Carabias María dijo...

Salvador Pliego:
Gracias por tu nueva visita.
Es verdad, había que tomar la decisión; pero yo diría, si Hipólito me escuchara, que quizá tardó mucho, que si hubiera actuado con algo de determinación antes, lo mismo no se habría provocado ese final.
Pero a los protagonistas de relatos es difícil decirles nada, normalmente no te hacen mucho caso.

Amando Carabias María dijo...

Acabo de suprimir un comentario de un tal anónimo que justifica sus graves acusaciones hacia alguien que participa en este blog sin dar la cara bajo la estúpida teoría de que tiene un prestigio que mantener.
Obviamente en mi cuenta de corro mantengo semejante comentario.
De todos es sabida, así que si el tal Anónimo es tan Importante y no puede mostrar su identidad para según qué comentarios, espero que, al menos en privado se manifieste.

Como he dicho muchas veces en este blog no se censura, pero no se tolera ni el insulto, ni la calumnia, al menos hasta donde mis entendederas lleguen.
Tampoco estoy dispuesto a entrar en estúpidas peleas de blogueros.
Los blogs no son tan importantes como para llegar a ese tipo de estupideces.

Ángeles Hernández dijo...

La violencia de género se sustenta por un sustrato cultural antidiluviano ya desde los más antiguos mitos ritos y creencias.
Querámoslo o no, nos guste o nos arrepintamos, en nuestra sociedad judeo cristiana, siempre ha sido de más valor lo masculino que lo femenino. Ha habido honrosas excepciones, pero excepciones al fin y al cabo, que no hacen sino confirmnar la realidad y que han tenido que destacar y luchar mil veces más de lo que lo habría tenido que hacer un hombre. No es que las mujeres no supieran, no quisieran o no pudieran: simpemente la sociedad estaba esructurada así y todos la hemos mantenido, las mujeres con su sumisión y su rol de víctimas y aguantatodo y los hombre exigiendose fortaleza, dureza, y falta de sensibiliad.

Los movivmientos feministas del siglo pasado empezaron a poner la primera piedra consiguiendo grandes avances en el desarrollo social de las féminas, pero al igual que cuando se abolió la esclavitud en Norteamerica dejo de haber esclavos oficiales y que hoy el presidente es un hombre de raza negra ( por azar), en el subconsciente colectivo,y en la mayoría de las personas normales de nuesros tiempos, aun subyace que la mujer y el negro son seres menos estimados para asuntos de envergadura y responsabilidad.

Insisto en que estoy hablando de la generalidad y de que hoy no es igual que cuando a mí me educaron, pero aún hay muchas mujeres que creen que su papel es el de aguantar y sufrir y muchos hombres que se sienten con derecho a ordenar y ser obedecidos. En el momento de transición que estamos atravesando ( a Dios gracias) muchas personas educadas a la antigua usanza, no saben muy bien como colocarse y se mueven errantes entre como le trató y educó su madre y como es o quiere ser la mujer que le acompaña, tanto en el trabajo, como en casa.
Antes el "aquí mando yo , que soy el hombre" era sumisamente aceptado y el sufrimiento de las mujeres ignorado. Ahora muchas no nos sometemos, somos fuertes y más seguras de nosotras y ello crea una enorme confusión en el varón tradicional que queda descolocado y se mueve entre el "soy un calzonazos" o el "a ésta le voy a enseñar yo". A eso hay que sumarle la inseguridad que el paro, el exceso de trabajo, el abuso por parte de empleadores o el despecio de sus congéneres procude en muchos varones, que sólo pueden mostrar algo de poderío al llegar a casa, donde se encuentran a la sumisa para llevarlo y aguantarlo todo, a veces incluso consintiendo porque "pobrecillo, él es bueno, pero es que a veces se pone nervioso, ya va a mejorar".

En ocasiones ocurre el fenómeno de sobreposición de maltratos: "tú me pegas, yo te humillo con mis burlas y desprecios", para luego volver a empezar.

Hay casos de violencia feminista, como mecanismo pendular o simplemente como una errónea interpretación de que la igualdad es ponerse por encima y adquirir el rol masculino tradicional. La la igualdad es eso : IGUALDAD, no superioridad/inferioridad. Todos valemos, según nuestras cualidades y nadie podrá ser verdugo si no tiene cerca una víctima en la que cebarse.

Por eso bien decís con lo de la educación, no sólo en casa,también en la calle, en las tertulias, en la TV, en las películas, en los trabajos... para ir borrando, poco a poco , todos los residuos acumulados a lo largo de tantos siglos y generaciones.

He escrito muy resumido toda la teoría del maltrato (visible o no), y quizás deje puntos oscuros.

El respeto por el otro, sea hombre o mujer, es lo que buscamos y poco a poco lo vamos consiguiendo. Pero cuesta y hay que seguir día a día , luchando por ello.

Amando Carabias María dijo...

Ángeles Hernández:
Nada que añadir a tu exposición que sitúa la cuestión en un punto muy interesante.
Sólo un matiz o una cuestión. La verdad es que no lo tengo claro, y más bien sería una pregunta, pues, repito, no puedo asegurar que sea así.
Afirmas, al principio de tu exposición, que en nuestra sociedad judeo cristiana siempre ha tenido más valor lo masculino que lo femenino.
Esto es innegociable, por su puesto.
Voy a otro sitio. ¿Otras culturas no adolecen del mismo error? Quiero decir, ¿no se trata esta cuestión de algo más amplio en la humanidad que no sólo de una civiliazación por muchas ramificaciones que tenga en la geografía? Entre los musulmanes, por ejemplo (aunque se podrá decir que en parte es civilización semita y que tiene un tronco común similar).
Es decir, a donde voy, que probablemente incluso la propia tradición judía, sea una puesta por escrito de costumbres previas también antiquísimas.
En resumen que este tipo de comportamiento es más atávico de lo que parece.
Gracias por compartir con nosotros este caudal

Marina Fligueira dijo...

Este es un tema- muy importante: Es verdad que existe- este tipo de maltrato también en el sexo masculino. Algo de ésto, me tocó en mi más cercana familia. Él chico no perdió la calma gracias a Dios. Sus padres lo acogieron en su casa, y ella, se quedó con su piso con sus dos hijos y nueva pareja. Fue angustioso y humillante para él. Pero el tiempo todo lo cura, y hoy es muy feliz con atra mujer y con sus cuatro hijos. A pesar de esto, creo que son hechos aislados. Lo que abunda desgraciadamente, es el machismo maltratador y asesino. Sólo en catro meses que va de año... ¿Cuantas mujeres han muerto a manos de sus verdugos? Y tardará años en que esta sociedad aprenda a respetarse los unos a los otros. La educación comienza en casa con sus padres, y luego sigue... ó debe seguir en los colegios. Un abrazo grande. Ser felices.

Amando Carabias María dijo...

Marina Fligueira:
Un caso concreto y real, minoritario.
Y vuelves a incidir en lo fundamental: la educación.

Ángeles Hernández dijo...

Claro que en muchas otras culturas la mujer está (ha estado) subyugada al varón. Pero cito la judeo-cristiana porque es la nuestra, lo cual no excluye a las demás. En todo caso la musulmana es similar a la judeo cristina, tienen el mismo origen aunque,si recuerda, Mahoma hizo el cisma en su momento. si bien en la edad media eran una civilizción mucho más avanzada que la europea, en estos momentos distan mucho de nuestro desarrollo, sobre todo respecto a los derechos humano en general y de la mujer en particular.
Si me enrollo mucho me lo dices y procuro moderarme.

Gracias por tu respuesta.

Amando Carabias María dijo...

Ángeles:
Es norma de la casa, de esta casa, no indicar a nadie, y en nigún caso, la extensión de sus comentarios. Soy yo bueno como para pedir brevedad, mi ejemplo no es el más adecuado, precisamente. Y mira que lo intento.
Habrá entradas (ojalá que muchas) en que te sientas impelida a dejarnos y compartir con nosotros tus reflexiones en extensión y profundidad. Las habrá que con una frase hayas dicho todo cuanto querías. Las habrá, para mi pena, en las que no puedas decir nada, bien por compasión hacia mi torpeza, bien porque el tema en cuestión te parezca una fruslería insoportable.
Aquí lo único que se censura es el insulto, la calumnia y la maledicencia, y los spam que se cuelan día sí, día también, en el mismo artículo, como si fueran una pandilla de misiles sin más ocupación que esa.
La discrepancia, el diálogo, la reflexión, la opinión, etcétera, no sólo son permitidas, sino que son bienvenidas, porque además de aportar y compartir, aprendemos.
Un beso y gracias por tu esfuerzo.