miércoles, 30 de septiembre de 2009

SIN TÍTULO NO HAY NOVELA. LUIS MATEO DÍEZ

Luis Mateo escucha atentamente a Juan Ángel Juristo.
Foto El Adelantado.com.

Mi cara ya le suena. Algo es algo.
El sábado, poco antes de las ocho, cruzaba el umbral de la puerta del Museo Esteban Vicente, y comprobé que el leonés charlaba, acodado en el mostrador del zaguán, con Ana María Martínez de Aguilar, la directora del Museo y con Juan Ángel Juristo, crítico literario que fue el encargado de conversar con él. Me vio entrar, me acerqué, me sonrió y me estrechó la mano.
Eso es un paso más que duda cabe. Ya le suena mi rostro, después de que hace dos años, coincidiera con él en otro acto del mismo festival y tuviera una breve conversación. Nada, dos minutos.
Siempre que veo a Luis Mateo Díez, en persona o en alguna foto, tengo la doble impresión de que estoy ante alguien que encarnaría perfectamente por su físico y su impecable voz de barítono a don Alonso Quijano, y de que podría nadar con toda calma en su mirada, tan clara y transparente.
En el acto del sábado, a diferencia de lo que acababa de suceder con Ana María Matute, se habló poco de Luis Mateo Díez, persona, y sí se habló mucho de su novela, de la última El animal piadoso, y de su narrativa en general.
Me fascina la escritura de Luis Mateo Díez.
No es una obra al uso en la literatura española, al menos la que más se lee. Ni su trayectoria es la trayectoria habitual. No es que escriba, más bien cincela el lenguaje. Trabaja con él como el cantero de una catedral lo haría antaño. Si ahora publica más, probablemente se deba a que se jubiló de su puesto de funcionario en el Ayuntamiento de Madrid y tiene más tiempo para escribir.
La literatura del de Villablino no es de fácil acceso para el común de los lectores. Como bien dijo el sábado, su modo de expresión es la escritura y por ello trabaja con ella – o me lo imagino de ese modo- como lo haría un paciente orfebre de hace siglos. Dicen los que saben de esto que su literatura bebe en las obras de Faulkner, la literatura italiana expresionista, Benet, Kafka, autores centroeuropeos.
Pero lo que yo sé de verdad es que su literatura me deslumbró hace años, cuando leí la primera obra que leí de él, y a partir de ella, empecé buscar sus libros (algunos los compraba, otros los sacaba de la biblioteca) y me iba incorporando poco a poco a ese universo suyo tan especial, tan poco dado a las concesiones, tan íntimo y tan universal, donde cada palabra significa algo, y donde está en su mejor versión y por tanto si está ahí es por algo, no por cualquier cosa. Un lenguaje a veces barroco y a veces cortante como un cuchillo.
Juristo realizó una presentación global de la novela que, además, tuvo la virtud de ofrecer una buena serie de claves de lectura de la misma que, de paso, le sirvieron como trampolines para saltar hacia un esbozo sobre la obra en general del escritor.
En cuanto se enzarzaron en un amenísimo diálogo, comprendí que Luis Mateo posee, a pesar de su rictus serio, un envidiable sentido del humor y una gran ironía. Al igual que me había sucedido un par de horas atrás, comprobé que, como su compañera de Academia, no le da un excesiva trascendencia a la labor que realiza como escritor. Escribe, escribe y escribe de modo infatigable, pero probablemente porque tiene claro que se trata de algo inevitable, y por tanto lo vive con la misma naturalidad con la que se vive el tener que despertarse. Los destinos se pueden vivir como una pesada carga o como un premio. De todo hay en la viña del Señor.
Como dijo en un momento determinado, lo que más le gusta de todo en esta vida es conocer a gente. Su propia persona no le atrae nada como sujeto literario. Y ambas cosas se notan. Que yo sepa (y tampoco es que lo sepa todo) escribe en tercera persona y sus novelas están superpobladas. Mientras le escuchaba y me reía o me sonreía, pensaba lo diferente que es él, respecto de las vidas y los ambientes que retrata en sus libros, normalmente enclaustrados en ambientes duros y difíciles, ya sean urbanos o rurales.
Salvo alguna obra muy, muy concreta, el novelista desarrolla sus historias en un territorio imaginario llamado Celama que vagamente coincide con cierta zona del páramo del suroeste leonés, pero nada más. Celama es la provincia cuya capital se llama Armenta, y donde se sucede la vida, con todo su esplendor, pero sobre todo con tada su miseria, su pobreza y cierta luz más bien penumbrosa y poco acogedora, que sin embargo hipnotiza a sus lectores. Porque en definitiva, como cualquier gran obra (y ahora hablo del conjunto de este hombre, no de Animal piadoso que aún no he leído), lo que queda escrito es la vida o las sucesiones de vidas que se aproximan a los corazones de los escritores.
Dijo muchas cosas que he olvidado o no sé explicar muy bien, pero algunas de ellas se me quedaron suficientemente grabadas, al menos para enunciarlas aquí.
Una de ellas es que el paisaje tiene que ver con el desarrollo de la novela, no es un mero decorado pasivo, sino que de algún modo interviene no como un protagonista principal, pero sí uno de los secundarios más importantes.
En sus obras siempre hay muchas personas, como en la vida misma, que aparecen una tras otra, y todas ellas tienen algún secreto, alguna historia que ocultar, y saber que tienen un secreto, una vida que no se desconoce les da una mayor cualidad humana. Quizá por ello los secundarios que construye este autor sean personajes tan afortunados.
Respecto de Animal piadoso dijo que aunque tiene una trama o un asunto vagamente relacionado con lo policial (se trata de un crimen que se resuelve catorce años después de haberse cerrado sin solución), más bien tiene que ver con la crónica de sucesos. Al hilo de esto añadió algo que me parece absolutamente trascendente e iluminador de casi toda su producción: sus personajes siempre indagan. Siempre buscan alguna cosa. Desde ese punto de vista toda su obra tiene algo que ver con el misterio.
Comentó algo que ya sabía, algo que ha escrito y ha dicho más veces, y que siempre me sorprende porque en esto es muy distinto a mí. Antes de escribir la historia la conoce a la perfección, porque ha llenado un cuaderno con los sucesos, con las cosas que van a pasar, con los personajes que se van a mover en sus páginas y nos van a asaltar el corazón.
Y reveló dos detalles que me parecieron suculentos, aunque quizá no sean de vital importancia. Dijo que sin nombre no hay personaje, no puede haberlo. Necesita un nombre para que ese personaje crezca y se mueva. Y como yo, opina que los nombres de sus personajes no pueden ser nombres muy comunes, porque les restaría fuerza, incluso personalidad. Y como si fuera la consecuencia obvia de lo anterior, afirmó algo que me llamó poderosamente la atención porque a mí también me ha sucedido algunas veces: "Sin título no puedo empezar a escribir la novela". Además, el título de la novela no es cualquier cosa, el título de la novela suele ser metafórico y explicativo del resto de la obra.
De hecho, en dos ocasiones me equivoqué de novela, porque me equivoqué de título; pero eso es otra historia que no tiene que ver con él, sino conmigo.

martes, 29 de septiembre de 2009

¿QUÉ DECISIÓN TOMAR...? (40, 41 y 42)


* * *
40
04:36 a.m.

Aún la ciudad es un gato dormido que quizá sueñe con un amanecer de cristal. Euritmia está lejos de sacudirse las mantas de la noche. Damián sabe que el viejo director del periódico no abandonará su cubil hasta bien entrada la mañana. Como la visión de la diminuta llama de una vela en la distancia, recuerda una de las conversaciones con Doroteo.

¿Pues no me ha dicho el jefe que quiere ver el periódico de papel para estar seguro que los periodistas cumplen con todo lo que les hemos escrito en la nota que iba dentro del sobre con la pasta…? Ahora llamo a Gilberto y le digo que vuelvo al periódico, y controlo cuando sacan los primeros bultos con periódicos. Cojo uno, se lo llevo a su casa y nos podemos ir todos tranquilos a dormir un rato. Porque ya lo de La Cubana hoy no va a poder ser, de ninguna manera, hay que joderse. Otra noche sin nada que llevarme a la boca… Y si en vez de llamar me presento allí… Total, el viejo gallego no va a salir de la cama, seguro que ya duerme a pata suelta. Y yo aquí, bien jodido, muriéndome de sueño y de frío. Sí, mejor voy para allá, no sea que le dé por decir que me tengo que quedar, que prefiere esperar unas horas a que abran los quioscos de prensa… Decidido, Damián, media vuelta y para el periódico, no digas nada al jefe, que lo mismo con lo mosca que está contigo te hace pringar lo que queda de noche delante de una puerta cerrada, para nada, absolutamente para nada.

A pesar de los problemas de vista que padece Efrén Barrientos, y que le impiden conducir con garantías durante las horas nocturnas, nada le puede impedir contemplar que de nuevo el encendido de los faros del coche, ni su lenta maniobra, para girar y abandonar su vigilancia.

***
41
04:38 a.m.

Virginia no conoce a Rubén, y con el aspecto juvenil y desenfadado de su atuendo, ¿quién imagina que se trata de un policía de servicio que viene a salvarla de la sombra que vigila su sus sueños, sus supuestos sueños…? Por ello ha corrido aún más veloz, aún más asustada con esa nueva visión. Otro hombre a esas horas en el inmueble es demasiada casualidad, o eso ha pensado. Si aquel joven ascendía con tanto sigilo por las escaleras, ha pensado que lo hacía para acompañar a su compañero que ahora yace bajo el umbral de la puerta del piso, tras haberle acertado de pleno con el cenicero de cristal macizo. Por una vez aquel regalo absurdo de sus futuros suegros (¿sus futuros suegros?) había servido para algo. No confiaba demasiado en sus fuerzas, y probablemente aquel golpe sólo había servido para marear temporalmente a aquel hombre de tez oscura y baja estatura, pero de fornido aspecto. Tenía que huir con toda la velocidad de sus piernas, nada acostumbradas a una carrera, y menos aún con semejante atuendo, una bata sobre un camisón y unas zapatillas de estar por casa. Sólo tenía clara una cosa, la dirección a tomar. A escasos seiscientos metros de su casa está La Comisaría en la confluencia con el Paseo de las Olmas. Ya está bien de tanto jueguecito de detectives de mala novela negra. Tiene la suficiente información para que cualquier policía sepa cómo actuar. Tiene nombres, tiene datos. Suficiente. Ha pasado ya demasiado tiempo desde que Elio se ha ido de casa, supuestamente para media hora…
A duras penas, Rubén ha podido reaccionar esquivando ese bulto rubio que se le venía encima.


* * *
42
04:47 a.m.

Manuel[1] sabe que está haciendo bien su trabajo. En una ciudad tan pequeña todos se conocen. La carta escrita por Elio es clara y precisa. No era necesario ser muy inteligente para descubrir que detrás de aquel hombre que había llegado a horas tan intempestivas, estaba uno de los mencionados en la carta. En su memoria se unieron, como dos piezas de un puzzle, el nombre que había visto escrito, con el rostro que conocía. En cuanto vio su llegada supo instantáneamente que era fundamental preservar unos cuantos ejemplares del periódico, y luego dejar que el tiempo corriera. Una resma de papel da para mucho, y no es difícil camuflar una ínfima parte de la edición, diez, doce ejemplares... suficiente... lo que quepa en la palma de la mano. Elio que no se ha percatado del rápido movimiento de aquel hombre, sigue en silencio todo el proceso. Está seguro de que el revólver ya no es ningún peligro. La sonrisa de Burón ante la acción de la trituradora de papel es más explicativa que cualquier frase por muy larga que sea. A Elio le sorprendió que Manuel, incluso antes de acabar la llamada telefónica a don Efrén, empezara a destruir ejemplares del periódico. Sabía que no era nada profesional lo que sentía, pero el alivio se asentó, como una caricia, en su estómago y en su corazón.
El cañón de una pistola intimida y asusta bastante.

Desde aquel instante supo que vería las películas con otra sensación bien distinta.
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[1] Se recuerda que Manuel es el Jefe de la Imprenta del Diario de Euritmia. Nota del Escribidor

lunes, 28 de septiembre de 2009

PARA MÍ, VIVIR ES ESCRIBIR. ANA MARÍA MATUTE

Ana María Matute durante el Hay Festival de Segovia, 2009
( Foto tomada de la versión Digital del Norte de Castilla del 27/09/2009)
Llegué cuando Ángeles Caso salía del taxi que las entregó a la puerta de la iglesia-museo de los Zuloaga o San Juan de los Caballeros (de ambas formas conocemos a este lugar que ya es emblemático para la cultura segoviana). La joven escritora se acercó a la portezuela de atrás de donde bajó con dificultad Ana María Matute, toda ella vestida de blanco, como un hada buena, y con una muleta sobre la que cargaba su leve peso en el brazo derecho.
Me aproximé en silencio, para contemplar a esta mujer y escuché su exclamación al entrar en la nave del templo… (permitidme que lo llame así, aunque no haya culto en su interior desde que hace casi un siglo lo adquirió el ceramista Daniel Zuloaga que lo convirtió en su estudio…). Digo que escuché cómo decía “¡Qué maravilla!”, con la rotundidad propia de la admiración, con ese tono de voz nítido y fuerte que parece complicado que salga de ese organismo de apariencia tan delicada y que a lo largo de la siguiente hora empleó en muchos momentos. Durante unos segundos tuve tiempo de ver lo que sus ojos vivos de hada sabia veían: un amplio espacio rectangular (desde ese punto es difícil apreciar la plata de cruz latina) abovedado y al fondo, iluminado, el desnudo ábside románico que enmarca un espléndido arco de medio punto…
Me cerraron la puerta, como no podía ser de otro modo, y me fui, obediente, al acceso que tienen reservado para el público.
Se habían agotado las localidades que no sé en qué número se pondrán a la venta para este lugar, pero así, a ojo de buen cubero, yo diría que entre trescientas o cuatrocientas. Tuve suerte y encontré una silla libre en la tercera fila. Aunque estaba un poquito esquinada no me importó, pues la visibilidad era perfecta.
Como el Hay Festival, o más propiamente en español Festival Hay, está organizado por los británicos, la puntualidad es la esperable, y deseable, en cualquier acontecimiento.
A las cinco en punto de la tarde, pues, por uno de los arcos laterales, accedieron a ese espacio central las dos escritoras. Ángeles Caso, que siente verdadera y sincera admiración por Ana María Matute, la conducía con todo esmero, no se fuera a quebrar su frágil esqueleto. La ovación fue cerrada. No se trató, no, de las simples palmas de acogida, fue una ovación en toda regla. En cuanto se sentó en la silla, pareció la reina de las hadas, la reina del bosque, la reina de un reino imposible. Sus primeras palabras fueron para explicar que este lugar era el mejor que le podrían haber reservado, puesto que ella todavía vive en la Edad Media…
Desde esa primera frase, mi cabeza no se separó de los recuerdos de Olvidado Rey Gudú.
Ana María Matute vino el sábado a Segovia a decir cosas que a mí me parecen muy interesantes y que ya han publicado los periódicos. Por ejemplo, la exclusiva que nos dio: está empezando a escribir otro libro. Por ejemplo que para ella, el solo hecho de escribir le da el poder y la gloria.
Pero eso es lo que dicen y destacan los periódicos. A mí me interesaron, además, otras.
Al preguntarle la escritora ovetense por el instante en que empezó a escribir, la barcelonesa recordó a la cocinera que había en su casa, Isabel, que era de Segovia (y ella lo subrayó con una energía prodigiosa) y le contaba muchos cuentos de hadas, y desde entonces ella se dijo que de mayor querría escribir historias como esas. Evocó a su madre, quien guardaba sus cuentos escritos desde los diez años en una caja de zapatos. Relató que por ser mujer había tenido muchos problemas, pero el mayor de todos fue que le quitaron, por culpa de las leyes franquistas, el crecimiento de su hijo durante tres años. Nada menos que tres años. Para quien no lo sepa, por aquel entonces una separación era la condena para la madre, que perdía cualquier derecho sobre los hijos que, automáticamente pasaban al padre. Su marido (el malo, como ella lo llamó) fue retratado como un ogro, pero gracias a su suegra, que definió como buenísima, pudo disfrutar de su hijo los fines de semana. Quizá se piense que esto no debe estar aquí, pero ella dedicó varios minutos al asunto, y lo repitió varias veces. También citó al marido bueno con quien convivió veintiocho años hasta que murió, y de otros caprichillos, que con ochenta y cuatro años (ella repitió dos veces su edad). Y se extendió sobre la depresión, de lo terrible que es esta enfermedad y que a ella la sepultó en el silencio durante casi diecinueve años.
Ensalzó la luz de la palabra, la fuerza de la palabra, cómo ella se curó, no con pastillas, sino que gracias a que su doctor le dejaba hablar y hablar y hablar.
Le preguntó Ángeles Caso cuál era su mejor novela. Ella dijo que no sabía si era la mejor, pero sí la que más le gustaba, Olvidado Rey Gudú, porque esa era la novela que siempre había querido escribir… A este escribidor se le iluminaron las pupilas, porque esa novela también le gustó muchísimo y eso que es una novela de género fantástico, que es un género que no prodiga mucho quien esto anota. Pero la tremenda sensibilidad de trasgos, gnomos, ondinas, y otros seres extraordinarios en convivencia con humanos de todas las clases, me dejó fascinado hace años.
Admitió con muchas reticencias y, un poco forzada por la insistencia de la asturiana (o a mí me lo pareció), que en la literatura hay una mirada femenina distinta de la masculina, cosa que yo no comparto.
Nos confesó que ella no era intelectual, que ella no sabía de muchas cosas, que ella escribía y contaba historias que es lo que realmente sabe hacer, que de muchas cosas no sabe nada, y que no entiende por qué a un escritor hay que preguntarle siempre sobre todo. Que ella es una mujer que vive en este mundo y que escribe, entre otras cosas, para protestar, para quejarse, pero no sólo del mundo o de las injusticias, sino de sí misma, de las miserias que a todos nos acontecen. Nos dijo que odia a los simuladores, sobre todo a los que van de intelectuales sin serlo.
Y quizá, todavía refirió mucho más, incluso contestó alguna pregunta del público.
Pero si yo hubiera sido periodista, que no lo soy, el titular que hubiera escogido es el que he puesto ahí arriba: Para mí, vivir es escribir.

domingo, 27 de septiembre de 2009

SI ME QUEDARA CIEGO

*
**
La palabra de cada día 2005.
El camino que serpea.
Enero.

¿Qué podría hacer si me quedara ciego?No es una pregunta retórica. Conozco alguien joven que, en teoría, o al menos hasta donde se me alcanza, disponía de buena visión, y, de repente, se ha quedado prácticamente ciego. Una degeneración en la mácula, me ha parecido entender. Lleva tres meses de tratamiento y la cosa tiene oscuras perspectivas, nunca mejor dicho. De momento, le es imposible leer, y a cierta distancia no ve nada o, mejor dicho, lo ve todo distorsionado. He estado hablando esta tarde con él y he llegado a la conclusión de que ha entrado en un proceso de resignación, aunque no exento de esperanzas.
Lo que más me ha impresionado ha sido lo que me ha repetido varias veces, ‘Leer me es completamente imposible’. Y las palabras me han resonado en la mente como aldabonazos. Si a mí me sucediera, repito, qué podría hacer. Me aterra. No poder seguir disfrutando de la lectura ni de la escritura, al menos del modo al que estoy acostumbrado. Pero, por lo que se ve, uno está expuesto a cualquier tipo de riesgo. No quiero parecer demasiado trágico, pero uno ha de estar preparado para cualquier eventualidad, para poder disfrutar de las cosas a las que no se suelen dar importancia por cotidianas.
Damos por hecho que ver es lo más natural. Uno abre los ojos y ya está, las cosas, las gentes, en fin, lo que nos rodea, entra en nuestro cerebro. Es algo sencillo, normal. Sin embargo, sería bueno que me concienciase de que cualquier día uno hace el mismo gesto infinitamente repetido, y no es capaz de ver absolutamente nada. Como si todo hubiera desaparecido, como si se hubiera sumergido en la angustia. Es algo tan terrible como girar y girar el grifo y que el agua nunca saliera. Parece que damos por hecho que las cosas suceden sin más, y no somos conscientes de la cantidad de variables que se han de conjugar.Probablemente somos la especie animal más frágil, aunque dispongamos del mayor de los tesoros que pueblan la naturaleza. Me refiero al cerebro, al cerebro humano que razona, se abstrae, saca consecuencias, crea. Sin embargo, su funcionamiento implica tantos mecanismos, tantas conexiones que, a veces, parece imposible que pueda funcionar correctamente cada día, cada instante, en cada ocasión. Nuestra relación con el mundo exterior que nos rodea, y lo que podemos aportar a ese mundo, depende del correcto funcionamiento de nuestro cerebro: ver, oír, oler, palpar, gustar, reflexionar, aprender, observar, hablar, leer, todo, depende de él. Y no somos capaces de concederle la más mínima importancia. Simplemente lo damos por hecho.

sábado, 26 de septiembre de 2009

CON EL REJÓN DE LUZ DE MIL ESTRELLAS


Con el rejón de luz de mil estrellas
clavado en los ijares de la parca
como un burel desangelado, muere
la muerte que asesina sin castigo.


Esculpiré este sueño con mis versos,
Tornaré en piedra el aire del deseo
que recorre el venero de esta especie.
Esparciré simientes imposibles,
y sembraré sonrisas esta noche
para aventar el rostro de la muerte.
Trituraré su calavera muerta,
pues quiero ser profeta de la vida,
de un cósmico latido interminable
que entierre la miseria de la muerte.

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viernes, 25 de septiembre de 2009

¿QUÉ DECISIÓN TOMAR? (38 y 39)

* * *
38
04:33 a.m.
Del Río, no me queda más remedio que volver a salir, algo está pasando en el periódico.
Ni se le ocurra, don Efrén. Mejor cuénteme lo que ocurre.
Si no hubiera acudido a usted, quizá esto no estuviera sucediendo. La policía siempre tiene que complicar todas las cosas, coño.
¿Por qué no nos tranquilizamos?
Yo estoy muy tranquilo.
Yo diría que no, don Efrén. Yo diría que está muy nervioso, muy acelerado y que no piensa con claridad. Si no me quiere contar, lo que ocurre, allá usted, pero ahora mismo mando allí a un par de agentes y asunto solucionado.
No, no, del Río, ni se le ocurra. Ustedes siempre lo solucionan todo de la misma manera, con una patada en la puerta…
Escúcheme, sólo unos segundos, deje de ser tan cabezota y escuche... Vamos a ver, si usted sale de allí quien está abajo vigilándole irá detrás de usted y le tendremos también en el periódico. ¿Es que prefiere eso…? ¿Don Efrén…? ¿Está ahí…?
Que sí, coño, que estoy aquí, que no marché a ninguna parte… ¡Carallo, tiene razón…!
Entonces cuénteme que está pasando, o por lo menos lo que sabe que está pasando.
Me llamó Elio hace unos minutos, y me dijo que el tal Doroteo Burón le encañona con un revólver en la sien.
¿Doroteo Burón…?
Sí. Recuerde, el testaferro del alcalde, el que figura como representante de la empresa que comprará la mina…
Siga, siga…
Elio añadió a la edición impresa una carta al director, ficticia, claro, en la que publica el resumen de todo el lío que se traen estos entre manos. Lo que no sé es por qué este Burón acudió al periódico, parece como que una meiga le contó lo que hizo el chaval.
Le repito, don Efrén, por su bien, por el del periódico, por el de Elio, no se mueva de su casa…
* * *
39
04:34 a.m.

Sigilo.
No hubiera sido necesario tanto silencio, ni tanto caminar disimulado, ni tanto querer hacerse sombra entre las sombras, convertirse en oscuridad invisible. Los ojos de Rubén pronto descubren que el coche está vacío. Salvo la luz de pomelo de las farolas, la noche acaricia con sus guantes de charol el pavimento de la calle que bosteza. La respuesta a la pregunta, que se cierne como un mal viento, es evidente. El veloz paso de los segundos, es ametralladora en sus pulsos.
Duda.
Tendría que preguntar, quizá, pero se arriesgaría. No hay nada que perder. O se pierde todo. Que la ventanilla no esté cerrada del todo, que el leve aroma del un cigarro se columpie por el tobogán invisible que sale del interior del coche y se desliza por la madrugada, son dos señales inequívocas, la confirmación de la primera intención.
Precaución.
Hay ciertas cosas que un policía no puede hacer en solitario. Como entrar en un edificio sin ir acompañado por un compañero a quien se abre el camino y que, al tiempo, protege tus espaldas.
Ansiedad.
¿Y la prisa, esa prisa teñida de urgencia?
Tendría que haberse traído a alguien. Sin compañero todo es más difícil, casi imposible. Una cosa es vigilar y otra intervenir.
Prudencia.

jueves, 24 de septiembre de 2009

EL JARDINERO


Cada vez que le miraba tomar las tijeras de podar o cualquier otra herramienta, me daba cuenta de que algo había en él que era diferente a los demás jardineros que habían trabajado en mi jardín.
Son muchos años los que tengo y el jardín ha sido cuidado por muchas manos. Todas expertas, todas precisas, todas sabias en plantas, árboles, arbustos y las atenciones que necesitaban. No cualquiera podía desempeñar esta labor. Nunca me hubiera permitido que este jardín, heredado de mis bisabuelos, y que mis nietos disfrutarán, fuera atendido por cualquiera.
Pero cuando le vi a él, hubo algo extraño, sorprendente, diferente.
De plantas no es que supiera en exceso, más bien lo justo. Pero sus dedos eran prodigiosos. Su movimiento era perfecto, siempre; parecía que cada uno de ellos tenía su propia personalidad, como si se pudieran mover con independencia absoluta. En sus manos las herramientas propias del oficio adquirían una suerte de movimientos armónicos que nunca había visto antes. Tenía la capacidad de otorgar vida palpitante a los utensilios de apariencia más siniestra, como si les llegara el alma procedente de sus huellas dactilares, que nunca rocé, pero siempre imaginé suaves, casi sedosas.
Creo que nunca supo que cada mañana me pasaba un buen rato tras las espesa cortina del salón, contemplando el modo en que trabajaba en mi jardín: la tierra, los setos, las plantas, los árboles, el césped… Aunque no me hubiese escondido tras los cortinajes de color índigo, creo que aunque hubiese estado a su lado, habría dado lo mismo, tampoco se habría percatado de mi presencia.
Llegaba, siempre puntual, y como distraído.
Saludaba si veía a alguien, y si no iba a lo suyo.
Una vez protegidas sus manos con los guantes, se ensimismaba en su trabajo como si investigara una vacuna contra el cáncer. El resto del mundo nos evaporábamos a sus espaldas.
La otra noche comprendí algo más de todo aquel misterio, cuando le descubrí en la segunda fila y vi cómo tocaba el violín con la orquesta de la ciudad.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

HAY FESTIVAL


Andamos de preparativos literarios en Segovia. En las principales vías y plazas de la ciudad cuelgan carteles de una guapa amazona que cabalga sobre un equino de piedra entre románico y gótico… Y como estas Pavesas tienen algo de calle de Segovia, también lo he colgado aquí, para ustedes, para que lo disfruten y desde él accedan a la página web de la organización, blog incluido. Bien a la vista se la he puesto, no se me quejen, en la columna de su derecha.
Además de éste, hay más carteles pendiendo de las farolas, en ellos se incluyen muchos nombres propios, los de los escritores, editores, periodistas, críticos, pensadores, comunicadores, etcétera que durante el próximo fin de semana, se darán cita en esta vieja ciudad para hablar de sus respectivas obras, de los procesos creativos, del futuro de esta tarea nuestra…, en fin de la literatura vista y entendida por quien la cocina cada día, pero contada a quien la degusta, o eso dice, también más o menos a diario.
Para el que no lo sepa, le diré que el formato de estos encuentros es muy sencillo y a la vez atractivo. No se trata de una conferencia o discurso que puede ser más o menos plúmbeo, en función de quien se dirija a sus oyentes. Se trata de una entrevista. Una entrevista con más o menos profundidad, pero similar a las que se pueden seguir en los medios de comunicación.
Pero sólo similar.
Es semejante en su formato, pero lo habitual, o eso he percibido en todas las que he asistido hasta ahora (y han sido más de veinte sumando las tres ediciones anteriores), la complicidad entre entrevistado y entrevistador es muy grande. Esa química que fluye entre los contertulios (puede haber más de dos), se hace densa, a veces tanto, que en algunos momentos se deja de percibir quién pregunta a quién, y sucede que el público cercano, atento, cómplice, embelesado, acaba asistiendo a una charla entre amigos. El colofón de cada encuentro también difiere de otros formatos, ya que, al menos durante diez minutos, el público se puede sumar a esta conversación y se puede convertir en periodista que quiera satisfacer alguna curiosidad o alguna duda, o simplemente quiera comentar algún aspecto de la obra sobre la que se debate.
¿La verdad? Se hace hermoso formar parte anónima de estos encuentros, porque uno, por unos momentos al menos, se siente integrante de una especie de la que se creía individuo solitario.
Somos muchos los lectores, somos muchos quienes hemos pasado, pasamos y pasaremos grandísimos momentos con un libro entre las manos. Cada uno tendrá sus gustos, sus autores favoritos. Incluso es probable que ninguno de ellos asista a estas jornadas, pero es gratificante que la literatura no se arredre, se maquille desde por la mañana y decida pasearse por las calles, como cualquier otro tipo de actividad que enseguida ocupa la vía pública.
No todo es puro (¿para qué engañarnos?). Uno de los objetivos evidentes es el que es, porque digo yo que no será casual que muchos de los invitados estrenen o hayan estrenado libro recientemente. Pero, qué diantres, ¿no hacen lo mismo los del cine o los de la música o los del teatro o los de la moda o...? ¿Por qué lo nuestro no puede adquirir ciertas galas, aunque sean oropeles que a la postre no sirvan para nada? ¿Que me gustaría algo todavía menos comercial, menos dominado por ciertos grupos editoriales? ¿Que prefiero la literatura cual ninfa que sin afeites es bellísima y atractiva y deseable…? ¿Y quién lo duda? Pero no tiraré piedras contra ese tejado, que quizá nunca sea del todo el de mi casa. Sobre todo, porque sin esa iniciativa de The Guardian respaldada por otros grupos, periódicos, fundaciones, instituciones, etcétera, no habría nada parecido. Y sólo eso merece nuestro apoyo y nuestro respaldo. Que a esta ciudad vengan las personas que han venido, y que van a venir es un acontecimiento del que sólo seremos plenamente conscientes con el paso de los años.
Si les confieso la verdad, este año no tengo tanta ilusión como en los anteriores en que realmente lo pasé como un niño que estrenaba no sólo zapatos, si no camisa, pantalón y además le habían hecho regalos, muchos regalos.
Quizá cuente algo en estas Pavesas virtuales sobre mis andanzas 'festivaleras'. Tengo previsto asistir al menos a tres actos. El cuarto que habíamos pensado, Marián y yo, un paseo por el Romeral de San Marcos tampoco este año va a poder ser, pues ya se han agotado las entradas disponibles, según me han dicho esta tarde.
En todo caso, si pueden, si les gusta la lectura, si les atrae conocer a alguno de los escritores que nos visitarán, pueden acercarse por Segovia desde el próximo viernes por la tarde. Entren, si lo desean, en esta dirección, podrán informarse con detalle sobre el asunto.

martes, 22 de septiembre de 2009

¿QUÉ DECISIÓN TOMAR? (36 y 37)

* * *
36
04:22 a.m.

El vaso de leche tibia, casi caliente, le reconfortaba, como tantas veces le reconfortaba la escucha de una buena música, esas melodías que en esta época de prisas y estruendos nadie se para a oír. Un buen bolero, quizá un tango…
Cuando entró en el portal y descubrió que el coche que le seguía a todas partes aún no había llegado sonrió aliviado.
No por tanto acontecimiento rompería su rutina. Lucía, a esas horas, dormiría a pierna suelta, ya estaba acostumbrada a los horarios del periódico. Tenía la plena certeza de que, como cada noche, el vaso de leche le esperaba en el microondas para ser calentado. También sabía que le aguardaban sus galletas. Esas cuatro galletas de toda la vida, que eran como el paladar del recuerdo de la infancia, a pesar de sus años.
Pero antes de cumplir con la liturgia de cada madrugada, después de depositar las llaves en la entrada, de puntillas, sin encender ni una luz, se dirigió a la ventana del salón, la que daba a la C/ Arcipreste de Hita, esquina con Dos de Mayo. A pesar de la pequeña treta que había gastado a su sombra, no debería tardar mucho en aparecer. Si no lo hacía quizá debiera de llamar a la policía…Este pensamiento no le duró más de unos segundos, pues los faros del coche aturdieron las sombras de la noche. Ya se podía ocupar de su persona, al menos unas horas: el vaso de leche, las galletas, dormir…
Hasta que el sonido de ese maldito artilugio inventado sin duda por uno de los diablos más perversos que habita en el infierno, convirtió el silencio en un puñado de cristales rotos…Temió incluso que Lucía despertara...
Las palabras que escuchó a Elio no eran precisamente tranquilizadoras.
Si no había interpretado mal, la sien de su redactor de cultura era apuntada por un revólver que empuñaba Doroteo Burón. O desaparecía la carta escrita de la edición impresa o sus días estaban contados. El retraso en la salida a la calle, parecía no importarle a aquel hombre. Ni en los días más duros de la represión de aquel Gobernador Civil había pasado por una situación tan delicada.
Quizá debieron haber aceptado el dinero.
* * *
37
04:27 a.m.

Lauro no había visto nunca Sólo en casa. El niño que lloraba en su cabeza aún no tenía edad para tales cosas. Su edad era la de soñar con tibios ríos de leche caliente. Si hubiera visto la película norteamericana, sabría que el volumen de un televisor puesto a determinada altura puede confundir los oídos de un oyente poco avezado.
Si hubiera pensado, al menos durante unos segundos, sobre tal posibilidad, quizá no hubiera actuado de la manera en que lo hizo. Pero no tenía madera para ser guionista de Hollywood.
Virginia, sí recordó esa cinta. Suponía que no era una solución excesivamente brillante, pero quizá funcionara. Cuando Elio se fue, ella intuía dos cosas, y sabía una tercera. Intuía, primero, que su novio no regresaría tan pronto como decía y, segundo, que estaban siendo vigilados, a pesar de los intentos de Elio por asegurar lo contrario. Además, sabía que tenía miedo. La sensación de miedo era poderosa, tan poderosa como el estruendoso sonido de los latidos de su corazón.
Lauro desconocía el temor que deambulaba en el corazón de Virginia y mientras pensaba en cómo actuar, no vigiló la sombra de la silueta femenina que se asomaba a la ventana. Lauro no sabía que Virginia vio con detalle el momento en que salía del coche y cómo, con pasos de gato precavido, cruzó los metros que separaban su coche del portal.
El miedo ocupó el caudal del torrente sanguíneo femenino y aceleró de tal manera la velocidad de sus pensamientos que en cada segundo le cupieron varias ideas al mismo tiempo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

DIARIO DE EURITMIA. III SIPI

A continuación transcribo la crónica aparecida en la edición de hoy lunes del Diario de Euritmia a efectos de su consideración. A diferencia de lo que sucede con otros que ustedes y yo conocemos, yo sí me fío de la edición digital de este periódico.

III SALÓN INTERNACIONAL DEL PERFUME IMPOSIBLE.
Elio Castro, enviado especial.
Euritmia, Lunes 21 de Septiembre de 2009

A lo largo de este fin de semana se ha desorrallado en el Palacio de la Trashumancia, de la obra social de Cajaeuritmia el III Salón Internacional del Perfume Imposible (SIPI), que como es conocido de los lectores de este Diario, va destinado a profesionales del ramo, ONGs, Administraciones Públicas y Asociaciones de Hosteleros.
Este corresoponsal fue recibido por D. Efraín Balisa Irigoyen, Comisario de la muestra, a primera hora de la tarde del sábado cuando la afluencia de profesionales era menor. Durante el recorrido, y en una charla informal, se produjo la entrevista.
"¿Qué objetivo pretende esta muestra?". Mientras señala distintos lugares de las amplias salas donde se desarrolla esta exposición, el comisario indica que el SIPI nació para dar a conocer los avances científicos, técnicos y artísticos que se están produciendo en esta materia, sin desdeñar la posibilidad de incrementar el volumen de negocio que este año, y a pesar de la crisis general, no ha sufrido muchas pérdidas. “No oculto que nos hubiera encantado aumentar nuestras ganancias, pero no podemos quejarnos”.
"Ha señalado los avances artísticos como uno de los avances imparables, ¿en qué se concreta estas mejoras en este campo?" Efraín Balisa Irigoyen toma en sus manos dos recipientes en apariencia de cristal con distintos tonos y formas y los acerca a mis ojos para que siga las explicaciones que me ofrece. "Como puede comprobar, la delicadeza de las formas, la nobleza del material, incluso la originalidad del diseño es perfectamente equiparable a todos los logros que el diseño está alcanzando en la industria en general. Como sin duda conoce, desde finales del siglo XVIII, cuando la porcelana servía como continente de los perfumes, ha sido tan importante para una esencia el recipiente donde reposaba... Nuestros perfumes no pueden ser ajenos a esta tendencia. Por suerte o por desgracia, sin diseño del producto no hay posibilidad de venta".
Preguntado acerca del perfume más demandado entre los asistentes, el comisario del SIPI aseveró sin pestañear que era el llamado Siemprepaz que, "Como su nombre indica, potencia la sensación de paz entre las distintas personas que inhalan sus efluvios al mismo tiempo". "¿Existe algún tipo de comprador específico para el Siemprepaz?" Antes de contestar asiente con una sonrisa y baja un poco el tono de voz, para decirnos que fundamentalmente son los Gobiernos los que se están haciendo con innumerables dosis del mismo, lo que está convirtiendo a su fabricante en uno de los hombres más requeridos del planeta. "Sin embargo de él sólo se sabe que es ella y nació precisamente en Euritmia, aunque muy pronto, por razones familiares, tuvo que emigrar al extranjero y parece que vive en Nueva York". No obstante, como subraya D. Efraín Balisa, "Todavía no se ha llegado a la perfección absoluta, pues dicha esencia tiene una efectividad muy reducida en tiempo y distancia y sirve únicamente para firmar documentos que una vez pasados los efectos de sus efluvios nadie reconoce".
Otra de las fragancias que más se demanda es la Partager, sobre todo por algunas ONG. La virtud fundamental de este perfume consiste, según explicó Balisa, en que quien lo huele en otra persona, tiende a acceder a prestarle su colaboración, sobre todo cuando se le solicita ayuda humanitaria.
"¿Y todo esto que nos cuenta no atenta contra la libertad de las personas?" El comisario del III SIPI se lleva la mano a la corbata azul celeste que se anuda al cuello de una camisa blanca, y mira de frente a este redactor, como si hubiera quedado sin palabras; pero sólo es un instante, ya que de inmediato recupera su sonrisa y responde con seguridad... "En absoluto, en absoluto. En ningún caso se puede demostrar que quien usa nuestros productos pierde su capacidad de obrar con libertad y pleno conocimiento de causa... Lo único que sucede es que los aromas creados bajo el auspicio de la AMPU (Asociación Mundial de Perfumería Utópica) tienden a reforzar los buenos sentimientos de las gentes. Simplemente se trata de eso".

Al intentar indagar sobre los componentes más habituales en este tipo de perfumes, Efraín Balisa ha respondido de modo tajante, “Según la normativa internacional que se aplica en este tipo de sustancias, todos sus ingredientes, así como su proporción, son total y absolutamente secretos, están sometidos a un riguroso procedimiento de control, incluyendo éste todas las fases de la producción, incluso la más delicada de todas ellas, la experimentación sobre personas, y todos los asociados a la AMPU, tienen prohibido difundir ninguno de los elementos químicos con los que trabajan”. Después de relajar el gesto, remacha, “Ni siquiera es necesario que se prevean sanciones sobre este tema, pues todos nuestros asociados saben los tremendos riesgos que se corren si se rompe la norma. Nadie puede asegurar en manos de quién puede caer cada fórmula y el uso que se haga de ella”.
“Pero nadie puede evitar un análisis pormenorizado del contenido de uno de los envases”. A esta cuestión ha respondido con una sonrisa de felino satisfecho: “Sobre ese aspecto estamos totalmente tranquilos. Nuestros productos se elaboran con tales criterios de calidad y precisión que es imposible su análisis fuera de cada una de las instalaciones autorizadas para elaborarlos, ya que el primer componente común a todos nuestros productos es el desinhibidor de producciones fraudulentas”
En relación con los próximos retos que afrontará la AMPU, ha señalado que se está organizando un concurso de ideas para elaborar nuevos perfumes, del que se facilitará más información en cuanto esté completamente perfilado.

Según cifras facilitadas por la organización el número de visitantes a esta muestra ha experimentado un incremento del diecisiete por ciento respecto de la edición anterior, y el volumen de negocio realizado también ha sido superior al menos en un ocho por ciento, según las primeras estimaciones.

domingo, 20 de septiembre de 2009

TARDE DE OTOÑO

Foto tomada de internet
La palabra de cada día.
Leve hoja de otoño.
Noviembre 2004

Las hojas verdes del espino de fuego espejeaban a la luz del sol de primeras horas de la tarde, limpias y radiantes tras la lluvia caída al mediodía, cuando ha parecido que, de pronto, se hacía de noche. Los frutos rojos, esferas de rubíes, centelleaban más aún.
A veces, uno piensa que en otoño la variedad cromática no es tan intensa como en la primavera, y, sin embargo, puede suceder al contrario. Quizá en la Primavera sean las flores las que marcan ese colorido, pero en otoño, son los frutos los que restallan ante los ojos que observan, y, por ejemplo, esas bolitas carmesíes, tan queridas por los pájaros, por algunos pájaros, ofrecen más intensidad al paseo que durante el resto del año en que sólo se aprecian las hojas verdes, brillantes, casi cerúleas.
Sucede lo mismo en la vida. Pensamos, cuando se aleja la primavera, y se acerca el otoño que llegamos al final, que nuestra decadencia no sólo es irreversible, sino definitiva. Nos detenemos en ese modo de mirar nuestra existencia. Sin embargo, no utilizamos el enfoque adecuado, o nos quedamos, por mejor decir, en la superficie de las cosas, en el inevitable declinar de lo físico u orgánico. No obstante, como a los bosques, el otoño es el momento en el que tienen que nacer los frutos. Esa eclosión supone una riqueza mayor que la que pueda implicar la fuerza irrefrenable de la juventud o de la primavera.

sábado, 19 de septiembre de 2009

COMO LAGARTO DE CRISTAL, LA LLUVIA


Como lagarto de cristal, la lluvia
huye por el declive de la tarde
y limpia de tristezas las esquinas,
tumefactas de carnes degolladas.


Al otro lado del regazo oscuro
mis diez exploradores incansables
retratan los perfiles de mi patria,
esbozan la memoria de las sendas,
trazan el mapa exacto del tesoro
en busca del rincón oculto y fresco
donde mi labio erigirá sus templos.


Como lagarto de cristal, la lluvia
ensaliva el charol de las pisadas
que bordan un castillo de miserias
con el ovillo mustio del olvido.


Al otro lado de su entraña ciega,
tus dedos lentos labran mis latidos,
construyen capiteles, alzan sueños,
amasan llamas, fuego que levita,
destruyen las fronteras de las pieles,
ese abismo infinito de los poros
desaparece entre tus dedos lentos.


Como lagarto de cristal, la lluvia
esconde sus escamas en la entraña
de una ciudad roída por la prisa,
por el sueño infernal de una mentira.


Al otro lado de su vientre herido,
mi reino es conquistado por tus huestes,
mi ejército se rinde a tu estandarte,
mi pulso muere en una luz de ocaso,
soy ciudadano de tu piel de viento,
mi bandera la tejen tus anhelos,
es mi patria el latido de tus venas

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viernes, 18 de septiembre de 2009

¿QUÉ DECISIÓN TOMAR? (34 y 35)

* * *
34
04:07 a.m.
Lauro ha llegado a una conclusión, poderosa y sólida como una montaña: el rumor que percibe a lo lejos es una conversación de telefónica. No puede ser otra cosa. Un cuchillo de viento le cruza los pensamientos. Es probable que la joven esté hablando con la policía. El número de teléfonos que se almacenan en una casa es alto, y su jefe tiene imposibilidad absoluta de controlarlos. Él sabe cómo abrir la puerta de la casa, de ésta, de cualquier casa. Mientras no haya un cerrojo echado o no haya una cerradura de seguridad, todo es muy fácil. Él sabe entrar en los lugares como si se hubiera convertido en un gato silencioso. Lágrimas de niño crujen en algún lugar recóndito. Ha pasado más de una hora desde que la sombra del periodista salió por el portal. Entrar, deslizarse, escuchar, salir… Sigilo. Silencio. Hora intempestiva de la madrugada, donde los sueños se aferran a los párpados para no huir a los brotes del olvido. Aún la luz repta bajo la puerta, como si se escapara. Y al fondo el runrún de voces… Si no se da prisa puede ser tarde. Quizá las sirenas, azules y silenciosas en la madrugada, estén a punto de llegar…Lágrimas de niño crujen en algún lugar recóndito. Si la policía aparece, cómo evitar que el frío y el hambre posen sus pesadas manos sobre su cuerpecito de pulpa de naranja. El dinero aún le pesa en el bolsillo interior. Ese dinero que es sólo una parte de una promesa… Salir corriendo, como regato que nace de la luz, y dejárselo a ella, bajo la almohada que duerme… Luego volver… O no volver… Sigilo. Silencio. Lágrimas de niño crujen en algún lugar recóndito.

* * *
35
04:13 a.m.

Doroteo Burón no puede dormir. Sabe que no lo hará hasta que sus pupilas desgastadas no lean línea a línea el periódico de verdad. Ese periódico de papel que huele a tinta de desayuno y a risotada de engaño. Antes de las cinco de la madrugada será casi imposible que ningún ejemplar esté en la calle. Aunque, quizá a un buen precio, alguien de la imprenta del periódico le deje echar un vistazo a lo que trae el papel. No pierde nada por intentarlo.
Mejor actuar con discreción. Gilberto empieza a ser como un ancla pesada que todo lo ralentiza. Hace tiempo que sabe que si uno mismo no se encarga de sus propios asuntos, siempre hay algo que yerra.
Por qué la chequera está en junto al pequeño revólver que ocupa el bolsillo interior de la americana oscura que le cruza el vientre abombado, es una pregunta que le roza una cana de la sien, que tampoco le inquieta en exceso. Quizá haya sido el gesto automático de la costumbre. La repetición cotidiana. Pero algo le dice que ha habido más que costumbre premonición en aquella decisión inconsciente. Por algo no siente sueño, por algo teme al periódico de papel, ese que se desayuna Euritmia, mientras el día se abre como una rutilante niña enjoyada.

jueves, 17 de septiembre de 2009

FORTUNA


Aquel escritor era tan afortunado, que los sueños escribían sus libros. Los editores creían en su esfuerzo y en su genialidad. Los lectores eran legión innumerable. Vivía de sus palabras depositadas sobre las hojas de papel.
Giró un cuarto de vuelta sobre el colchón.
Aquel escritor era tan afortunado que soñaba los libros que escribía. Vivía de sus sueños.
Giró otro cuarto de vuelta sobre el colchón.
Aquel escritor era tan afortunado que escribía los libros que soñaba.
Giró un cuarto de vuelta sobre el colchón.
Aquel escritor era tan afortunado que escribía y soñaba.
Giró un cuarto de vuelta sobre el colchón.
Aquel escritor era tan afortunado que soñaba.
Y sonó el despertador.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

SOBRE NUEVOS DIOSES

Imagen tomada de Internet
¿Vive para trabajar o trabaja para vivir?
¿Esa pregunta me la hace a mí, o es una pregunta filosófica?
¿Filosofía dice usted...? No, no estoy para filosofías. Sobre este tema los filósofos han escrito mucho, ¿no le parece...? No, mire, yo le hablo a usted, como persona concreta que aparenta buena salud física y mental y que, por lo que sé, trabaja.
Pues mire, la respuesta es tan evidente que no necesito pensarla. Me sobran todos los segundos de un minuto.
Ya, de acuerdo, pero cuál es su respuesta.
Mal me conoce, caballero. Trabajo para vivir... O sea, por si necesita un poco más de claridad, que trabajo porque no me queda más remedio, porque como, visto, duermo, viajo, salgo de copas con los amigos, voy al cine, tengo compromisos, algún capricho... En fin, lo normal. Si por mí fuera...
O sea que el trabajo para usted no es importante.
Hombre, dicho así... No, verá. Es importante, claro, pero no me agobio, ni me mato. Mire mi padre, sin ir más lejos. ¿Ya le he hablado alguna vez de él, verdad...? A lo que iba... Mire mi padre, catorce, hasta dieciséis horas trabajando como un esclavo, para qué...
No diga usted eso, que su padre habla maravillas de su empresa.
¡Qué me va usted a contar! Y no se crea, nunca le he entendido, pero entonces era eso, o morirse de hambre. Otros tiempos, ¿sabe usted?
Ya... Pero digo yo que si vivió aquella forma de ser de su padre, usted podría haber salido más..., más...
¿Trabajador...? No, mire. No se equivoque conmigo. Cumplo el horario como el primero, no escurro el bulto cuando me encomiendan una tarea, mi afán es ser diligente... Yo diría que una cosa es vivir como un esclavo del trabajo, o que el trabajo parezca la brújula que guía mi vida, y otra bien distinta es que actúe con responsabilidad y procure cumplir durante mi horario para ganarme con honradez ese sueldo que me permite vivir, aunque sea sin lujos. Ya me entiende.
Pero muchos ni siquiera tienen un mal trabajo del que lamentarse todos los días.
Cierto. Tremendo sufrimiento tiene que ser este. ¿Se imagina...? El día menos pensado a la calle, a lo mejor con hipotecas, con niños pequeños, casi ni para ir al supermercado...
Y otros son explotados en algunos países de África y de Asia por las grandes multinacionales.
Sí, es repugnante. El capital, ya sabe el poder del capital.
Desde luego, qué razón tiene. A veces me parece que el verdadero dios del mundo es el trabajo. Todo gira en torno a él. Y de él depende la existencia de muchas personas, sus afanes, sus modos de vida o de muerte...
Por suerte en Europa estamos mejor, los derechos son mayores... Aunque haya paro, no es en las misma proporción... ¿No le parece...?
Pues probablemente sea cierto, así, visto en general, pero creo que ese dios empieza a manifestarse de otra manera, también en Europa...
No le entiendo...
La teoría es muy simple: soy yo quien organiza tu vida, y tú te debes a mí en exclusiva, el resto de tu vida no me importa nada.
No le parece a usted una exageración.

martes, 15 de septiembre de 2009

¿QUÉ DECISIÓN TOMAR? (32 y 33)

* * *
32
03:35 a.m.

Sentirse burlado por un viejo no es la mejor de las conclusiones a las que puede llegar alguien como Damián. Después de la segunda carrera, en pocos instantes, los pulmones están a punto de estallarle.
'Tendría que llamar a Gilberto, pero cómo le explico que en a penas cincuenta metros el director del periódico me ha dado esquinazo. Y lo peor es que en cuanto me oiga pensará lo mismo y sabrá que he sido descubierto. Así que en cuanto le diga al jefe que el viejo sabe que le sigo, me deja sin trabajo y adiós pasta… Damián, piensa con calma. Sólo con un poco… El viejo va a su casa, no hay duda. ¿A dónde va a ir si no...? Pues se le podría ocurrir largarse al Dado's. Joder, ya estoy con lo mismo. Venga, no seas imbécil y arranca el coche de una puta vez…No hay que darle más vueltas. No se le va a ocurrir otra cosa nueva. Has metido la pata, eso lo ve un ciego. Vale. Pero sólo lo sabes tú, ¿no?. Nada ha cambiado, por lo menos de momento. No te va a denunciar a la policía. Es como un secreto entre los dos. Así que no te pringues tú solito. Como si no hubiera pasado nada. ¿Ves? No ha pasado nada. La calle sigue vacía. Nadie se ha enterado. Sólo tú y él... Eso, tranquilo. Así, resopla. Sólo tienes que girar el contacto, y conducir tranquilo hasta su casa. Si hubieras pensado un poco más despacio, no habrías actuado tan a lo loco, no habrías entrado en ese maldito pub; pero claro, estabas distraído con La Colombiana, y eso no te ha dejado pensar en condiciones. Excusas. Lo mejor que podría hacer sería comerme tanta disculpa, que ni se las mencione a Gilberto, porque en cuanto se lo digas, te ha jodido. Arranca y a la calle Arcipreste de Hita. Allí le verás llegar, seguro, no lo dudes. Ves, así de sencillo... Eso es... Nada ha cambiado... Segunda...'
* * *
33
03:51 a.m.

Elio ha tenido que agilizar el ritmo de su escritura. La mirada de Manuel no es precisamente una mirada muy amiga. ‘¿Por qué no llamas a don Efrén, Elio? No sé, esto me huele mal, me parece que mañana me va a caer una buena bronca…’ ‘Manuel, seguro que no. Confía en mí. Sólo se trata de una carta, nada más. No hay problema. Un momento... Ya está... Escucha, a ver qué te parece:
Sr. Director del Diario de Euritmia:
El Ayuntamiento, con el Señor Alcalde a la cabeza nos engaña o lo que quizá sea peor, nos toma por tontos. El Sr. Alcalde cree que los euritmitenses somos niños de escuela.
Como bien es sabido, puesto que ha salido publicado en el diario de su digna dirección, el próximo pleno municipal aprobará la permuta de los terrenos donde se ubica la vieja mina de caolín, con otros cuya titularidad pertenece a D. Doroteo Burón.
Todos recordamos que en los medios de comunicación de la ciudad hubo polémica con el asunto, ya que en un primer momento se rumoreó y se escribió que el objetivo de la empresa que representa el Sr. Burón consitía en edificar una urbanización de viviendas sobre dicha parcela, una vez que se hubiera hecho con su propiedad, lo que hubiera supuesto una recalificación urbanística ya que según prevé el plan general de Euritmia este solar está destinado a uso público, esparcimiento e instalaciones recreativas.
Una vez desmentido solemnemente por el Sr. Alcalde este rumor, las protestas se aplacaron, como si todo el mundo se hubiera dado satisfecho. Se permuta un terreno por otro, sin ningún valor aparente y todo el mundo se encoge de hombros. Algo huele mal.
Señor director, a algunos ciudadanos no se nos olvidan las historias que se contaban durante nuestra infancia. Por ejemplo, desde siempre se ha contado que la señalada mina de caolín, en realidad, esconde una gran veta de oro. Y esto que sé yo, lo ha oído buena parte de los ciudadanos de Euritmia, al menos los que contamos con ciertos años. Ya sé que para muchos jóvenes no es más que una leyenda de pastores, pero no convendría echar en saco roto determinadas afirmaciones.
Señor, director, ¿y si no fuera una leyenda de pastores? ¿Y si fuera verdad y algún particular fuera a enriquecerse con un tesoro que pertenece al pueblo, ya que está en un terreno que siempre ha sido de titularidad municipal? ¿Alguien del Ayuntamiento se ha molestado en comprobar la veracidad de este rumor? De ser así, sería conveniente que se diera cuenta de los resultados alcanzados por tal investigación, pues en caso contrario, habrá que empezar a pensar en cuestiones de otro tipo, de las que quizá tenga que conocer la justicia. Un Ciudadano Indignado’
'Vaya, Elio, esto puede ser una bomba'

lunes, 14 de septiembre de 2009

TRIBULACIONES DE UN ESCRIBIDOR SIN PRISAS


Verán ustedes, andaba, como tantas veces, un tanto azorado sobre el tema que quería mostrar en este escaparate. A la desesperada, como quien dice, me he dado una vuelta por las noticias de la prensa y me he encontrado con una noticia sobre Natascha Kampusch que daría para toda una novela, o relato al menos.
Un buen relato negro.
Pero en vez de eso, me he preguntado por la apariencia y por la realidad, por lo fácilmente que todos somos manipulables y por la importancia que tendría que darse al tiempo, a su transcurso. Como no soy periodista, me atrevo a afirmar que una parte de la culpa de todos estos males está en cierta actitud de la prensa, sobre todo por el afán de querer sacar la noticia a toda velocidad. A veces he llegado a pensar que las noticias se cuentan antes de que se produzcan y se hace el caldo gordo al rumor, a la conjetura, a las medias verdades, a una sola versión. Por no hablar de los enfrentamientos entre diferentes medios informativos, porque eso nos llevaría a otro territorio.
Casi seguro que la noticia de la que parto para esta breve reflexión, no es la más adecuada para esta serie de afirmaciones, pero creo que las ilustra. Veamos.
Unos años después de que aquella historia levantara la polvareda que levantó, la cantidad de ríos de tinta que desparramó, la cantidad de debates, tertulias, etcétera que proliferaron en radios y televisiones de todo el mundo, sobre todo en Austria, como es obvio, resulta que todo aquello puede que no sea cierto del todo.
O sí.
Puede que quien se suicidó en la vía de un tren, no tuviera toda la culpa.
O sí.
Puede que Natascha Kampusch no sea sólo víctima.
O sí.
Parece que vivimos con el continuo afán de saber, de atesorar información que deglutimos a marchas forzadas, que engullimos casi atragantándonos y que olvidamos con la misma facilidad y velocidad. Como si participásemos todos, medios de comunicación, profesionales, público de una carrera alocada hacia… ¿Hacia dónde?
Por ejemplo, si una legislatura dura cuatro años, ¿por qué es tan importante conocer la composición de las cámaras, unas horas después de cerrados los colegios electorales? Si un equipo de fútbol ficha a un jugador para cinco temporadas, o las que fueren, ¿por qué a los tres minutos tiene que saberlo la humanidad? Si un famoso se divorcia, ¿por qué todos los medios necesitan entrevistarlo ese mismo día...? Podría poner más ejemplos, pero creo que se entiende a lo que me refiero.
Quizá por esto prefiera la literatura a la prensa, los sucesos que se cuentan en una obra de ficción son siempre reales, al menos dentro de los renglones de la historia, y casi nunca tienen prisa por aparecer a luz pública.

domingo, 13 de septiembre de 2009

LLANTO DE PIANO

La palabra de cada día 2005.
El camino que serpea.
Enero
Llanto de piano que, a pesar de la compañía de la orquesta, deambula entre triste y solitario, apesadumbrado y melancólico, sorprendido y dubitativo. Las lágrimas de la música que estremece o inquieta brevemente las ondas de la habitación adensada de vacíos interminables, aunque, en el fondo, atractivos o, al menos, tranquilizadores. A lo lejos, sobre el peralte inclinado de la última curva del recorrido de mis neuronas, un recuerdo, o el atisbo de un recuerdo, de la adolescencia, quizá de la infancia, que pugna por romper la barrera inexpugnable del tiempo ido, ése que es más inalcanzable que el futuro mismo, pues al futuro podemos aspirar a llegar, sin embargo al pasado es imposible retornar, aunque haya muchos que se empeñen en lo contrario. Una sonrisa lanzada al infinito del futuro que, sin embargo, ahora es casi pretérito. Todo quedó en afán inconcluso, en sueño desvaído, como de remembranza, de confuso color sepia. Lo que ayer (hace más de veinte años) era una ilusión, hoy es pasado, igualmente inalcanzable, o más inalcanzable como digo, aunque se haya vivido.
Así pasa la vida, dejando crisálidas cristalizadas en las cunetas del tictac de los relojes impávidos. Miramos/miro casi siempre hacia delante, acaso excesivamente lejos. Únicamente columbro o alufro siluetas ingrávidas que no distingo ni matizo ni concreto; pero cuando llego, por fin, a su altura, no las reconozco y sigo columbrando o alufrando en lontananza, continúo confundiendo lo que está junto a mí, con lo que todavía no ha llegado pues está más allá, mucho más lejos. Y dejo pasar mi tiempo, el que me corresponde, jaleándolo de improbables quimeras, de hermosos futuribles indemostrables...
El frío, quizá excesivo incluso para ser enero, se agolpa tras los sucios vanos de las acristalados de las ventanas. Viajo, a lomos de hermosas melodías flébiles y quejumbrosas, hacia países de mi propia memoria fantasmal y agónica; hay periplos que únicamente conducen a la desolación, al testimonio de la nada, de que la mayoría de las cosas son penosos ejercicios, mal ejecutados, por este torpe prestidigitador que escucha las hermosas melodías melancólicas.
Estoy convencido, a pesar de todo lo que me digan, que sólo el hombre que sufre, y que es capaz de sacar conclusiones de su sufrimiento madura. Es verdad que las cosas no son más fáciles por ello, ni siquiera se garantiza la tranquilidad en un momento determinado, aunque éste aparezca alejado del presente; pero sí se garantiza el mínimo de tranquilidad para arrostrar las dificultades que se presenten a continuación. En el fondo, la vida es saber sortear las penalidades con las que nos topamos. No hay otra manera posible de vivirla. Si esto no se entiende, si esto no se practica, el primer gran escollo que ocupe el ancho de nuestro sendero será suficiente para apartarnos de él definitivamente. Con lo perjudicial que ello pueda ser. Pues, si lo que hacemos es, en vez de superarlo, buscar otra senda (aunque avance en la misma dirección), acabaremos caminando por el camino distinto al nuestro. Ahí, probablemente, tengan principio muchos de los problemas que hoy asolan a buena parte de la sociedad. Nadie nos ha enseñado dos cosas fundamentales: descubrir nuestro camino y el mejor sistema de limpieza de la vereda de los innumerables obstáculos que muchas veces la hacen impracticable.

sábado, 12 de septiembre de 2009

PARA ROMPER PALABRAS SIN AURORA



En mi verso hay rugidos de silencios,
cuya tinta son ángeles sin alas
encadenados a las heces ciegas
de un pétalo de luna que fallece
sobre el asfalto donde yace un perro.


Mi verso está preñado de sus gritos
cubiertos por el barro que degluten
para atrofiar el hambre de un milenio.


En mi verso hay murmurios de silencios
de dedos que no labran otras pieles,
de labios que susurran ecos muertos
cadáveres de voces sin mirada.


En mi verso hay rosarios de silencios,
manantiales de súplicas
que brotan sobre un gólgota lejano,
olvidado de báculos y mitras,
donde Dios grita y llora envuelto en sangre.


En mi verso hay caricias de silencios
para romper palabras sin aurora
donde entierren la noche del sicario,
donde se alcen los ojos de los niños.

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viernes, 11 de septiembre de 2009

¿QUE DECISIÓN TOMAR? (30 y 31)

* * *
30
03:23 a.m.

La luz que sobresalta la oscuridad de la fachada alerta la mirada de Lauro que, tras haber recibido la orden de Gilberto, está más despierto que nunca. Sabe que la sustanciosa paga de este negocio no se debe a que sus neuronas intenten batir récord de altura o de longitud o de velocidad o de elasticidad. Pero no puede evitar que los pensamientos le rueden como un desprendimiento de rocas. Si Elio ha salido de casa no ha sido para darse un paseo nocturno. Que vaya a acudir a donde está el viejo director del periódico está por ver. Y ahora esa luz. Se le ocurren varias posibilidades: que la joven muchacha se haya desvelado ante la salida repentina de su novio y haya decidido ponerse a coser o a leer un libro (a pesar de la estrecha vigilancia, desconoce todo acerca de las costumbres y aficiones de Virginia), que sufra una pesadilla, que haya recibido una llamada de teléfono. Según su jefe, tienen controlado el teléfono de esa vivienda, pero hoy en día en cada casa hay más de un teléfono. Por un momento la piedra más grande que cae de sus neuronas le impulsa a subir hacia aquel segundo piso e intentar enterarse de lo que ocurre. El olfato de Lauro le dice que algo va mal, que Gilberto no lo tiene todo tan controlado como dice, que están a punto de echar todo al traste. Esa idea crece como una araña venenosa, como una serpiente que le crecieran tentáculos viscosos. Si el plan se desbarata, qué será de ese niño y de su madre en los próximos meses. Algo parecido a una catarata de sangre le golpea en la mirada. Cómo esperar a que reaccione el pendejo de Gilberto, tan pagado de sí mismo, tan ufano, tan convencido de que nada se le escapa. Si algún vecino insomne estuviera mirando, desde otra ventana, creería que Lauro es un felino dentro de un cuerpo de hombre. Sin ruido cierra la puerta del coche. Sin ruido, y con todos los sentidos alerta cruza los escasos metros que le separan de la fachada. Sin ruido abre de nuevo el portal. Sin ruido asciende, como si levitara, los cuatro tramos de escaleras que separan la entrada del edificio de su segunda planta. Sin ruido se para ante la puerta de la joven pareja. Sólo un vago rumor de voz entrecortada le llega a lo lejos.
* * *
31
03:24 a.m.

Elio está a punto de llegar al periódico, cuando le sobresalta la vieja melodía del cacharro antiguo. No da tiempo a sus recuerdos para que se alleguen a su corazón las imágenes de hace unos años, cuando Virginia parecía una realidad inalcanzable, a pesar de sus esfuerzos. ‘Dime… ¿Que le llame? Pero este hombre ha enloquecido o qué. ¿No habíamos quedado en que tenían vigilado su teléfono… No, cariño, perdona, no dudo que te haya dicho eso, lo que digo es que me extraña que lo haya dicho. ¿Y si es una trampa…? No, Virginia, ni se te ocurra salir. Estás mejor en casa, ni se te ocurra’. La imagen de aquella silueta sin duda masculina, encendiendo un cigarrillo tras el volante del coche no es nada tranquilizadora; pero tampoco tiene ningún interés en provocar el pánico en la muchacha. Supone que se limitarán a vigilarlo. Además, el tardará poquísimo. Redactar una carta dirigida al director del periódico enviada por un supuesto ciudadano euritmitense. ‘Tranquila. En menos de media hora estoy de vuelta’. ‘Lo primero es lo primero… A ver… Sí, aquí… ¿Don Efrén…? Que me ha dicho Virginia que… Sí… Sí… No, no pienso cambiar nada de la página digital, pienso modificar algo de la edición impresa… Una carta al director de un tal Ciudadano Cabreado… ¿Que no, qué…? ¿Cabreado…? ¿Mejor Indignado…? Vale, como quiera. En ella escribiré lo que sabemos en pocas líneas… Ya, sólo tenemos dos nombres el del Alcalde y el del representante de la sociedad con quien se permuta el terreno, sí, eso, Doroteo Burón… ¿Qué es poca cosa? Coño, don Efrén, ya lo sé, pero no hay más. O eso o nos quedamos con la pasta… ¿Pero para eso ya es un poco tarde, no le parece? No tendríamos que haber puesto sobre aviso a la pasma…'
Elio baja precipitadamente a la sala donde se imprime el periódico. Su mirada, como de ardilla asustada, se dirige en busca del jefe de la imprenta, Manuel. Manuel le descubre con un atisbo de mueca de fastidio. Cuando un periodista baja al infierno a pocas horas de que el periódico se convierta en testigo del alba es que algo habrá que cambiar. ‘Joder, vaya noche. A este paso hoy no salimos’.