domingo, 28 de junio de 2009

VICTORIANO CRÉMER, IN MEMORIAM.

Victoriano Crémer firma el ejemplar de su obra El último jinete al escribidor.
Foto Alberto Orejas

Con 102 años, probablemente, aunque alugnos hablan de 103, ha muerto Victoriano Crémer. Al segundo día de iniciar esta aventura cibernética, el 19 de noviembre pasado, la quinta entrada en concreto, la dediqué a glosar el acto en el que este hombre recibía el XVIII Premio Gil de Biedma. Como homenaje a este hombre que aún llevaba una columna en el Diario de León titulada Crémer contra Crémer de la que creo que aún hoy se publica el último texto, reproduzco, nuevamente dicha entrada.

Segovia, 19 de noviembre de 2008...

Poco antes del mediodía solar, me he acomodado en el salón de Plenos de la Diputación de Segovia. No quería perderme nada de lo que aconteciera minutos después. Aunque no se trata de un acontecimiento de vital importancia, como en pocas ocasiones la poesía es protagonista de un acto público, merece la pena un esfuerzo.

Los periodistas han sido los primeros en llegar: fotógrafos, camarógrafos, redactores, columnistas y blogueros, la prensa escrita, la radiofónica, la televisiva… No puedo saber si faltaba alguien o no, tampoco puedo saber si sólo cubrían el acontecimiento para nuestras lindes provinciales o sus palabras, imágenes, fotografías, cruzarían hacia otros puntos de la geografía autonómica o española. Quien más, quien menos, sabe que Victoriano Crémer es un autor de muchísimo prestigio y que una obra suya haya sido galardonada en esta ocasión, enriquece (y encarece) el premio.

Paco, pegaba cartelitos en los primeros asientos de las primeras filas: reservado autoridades. Poco a poco llegaban los invitados. No muchos. Tampoco pocos. Los políticos provinciales y locales (de ambos partidos) departían entre sí, distendidos, he visto a un militar de altísima graduación, me saludé con el Jefe de la Policía Local y han aparecido algunos funcionarios de la Corporación, otros de la Junta de Castilla y León y unos pocos espectadores que no tenían nada que ver con la organización (es decir los que realmente se han acercado porque han querido, porque les interesa en algo el poeta o la poesía).

Poco después ha entrado Victoriano Crémer, bajito, enjuto, de piel casi traslúcida y sonrosada, vestía traje de color tabaco y camisa de tonos asalmonados, con una corbata estampada con motivos geométricos, futuristas o ‘mironianos’, aquéllos que hicieron furor a principio de los noventa del siglo pasado. Traía la cachaba en su mano izquierda y una sonrisa que iluminaba todo su rostro. Se movía con facilidad, a pesar de que a su alrededor varias personas velaban por su verticalidad, o porque diera algún traspiés que nunca me pareció fuera a dar. Ya desde ese momento, me ha recordado el modo en que Chaplin manejaba su bastón.

Le acompañaba Chema, pero él preguntaba, ‘¿Dónde está Isabel, dónde está Isabel?’ Y ella, inefable como siempre, apareció como si hubiera oído su llamada. Tras los besos de rigor, el poeta le entregó un par de libros, o eso me pareció. (Fueron tres ejemplares de su Antología poética).

Tras él, vi a un hombre alto, enjuto, serio, con aspecto solitario de poblada barba negrísima, algo calvo y de ojos casi morunos, y vestido todo de negro. Pero su aspecto no era sombrío, ni melancólico siquiera. Supuse, y acerté, que se trataba de Eduardo Fraile, uno de los dos galardonados con los accésit que se conceden en este concurso, gracias a su obra La chica de la bolsa de peces de colores. Aunque no descubrí a ninguna mujer que pudiera ser Ángeles Mora, la otra laureada por su libro Bajo la alfombra, al fin me decidí. Abandoné la butaca que había escogido. Tomé los libros, saqué el bolígrafo escogido para la ocasión y me acerqué a los poetas, que ya se habían sentado y departían tan contentos.

Se extrañaron cuando les solicité la dedicatoria. Como la misma poesía, no tienen los poetas la costumbre de firmar ejemplares de sus obras, pero les encantó la idea.

Eduardo Fraile, muy consciente y satisfecho, con su papel en este acto, aunque no se movió del lugar, fue como si se escondiera, como si todo su atuendo negro le ayudara a tornarse más sombra. Don Victoriano, que me escrutaba con unos vivísimos ojos que parecían tener bastantes menos años de los que dice su carné de identidad, no me entendió. Pensó el buen hombre que yo era uno de los encargados de la organización y pretendía darle uno de los ejemplares de El último jinete para que lo hojeara. Le saqué del engaño, aquél era mi libro, aquél, éste, es mi libro. Y sí, ya lo tengo dedicado.

Tomó el bolígrafo que le tendí y con mano temblorosa, escribió una frasecilla que entonces me pareció de compromiso (¿qué podría escribir si no?), pero hoy es premonitoria con una caligrafía que sí retrata con precisión científica su edad dejó escrito:

A Amando Carabias esta última galopada con un abrazo. Crémer (1)

Y bajo la firma, trazó un par de líneas sinuosas, como lazadas, como ondas de viento caprichosas. Al verlas de frente, he comprendido que se trata del esquema de un pollito picoteando el suelo.

Eduardo Fraile sacó su pluma, y asiéndola de un modo un tanto peculiar y difícil de imitar, me dedicó su ejemplar, con una letra minúscula, tímida, algo saltarina y también muy esquemática, de alguien muy habituado a escribir horas y horas. La frasecilla queda bella, pues la dispone sobre el fondo de la hoja de un modo que indica su condición de esteta, de alguien que también entiende los poemas como algo visual.

Definitivamente Ángeles Mora no estaba, ni ha estado; excusó su asistencia por causa de una enfermedad. Y para mi desgracia, me quedé sin su firma en este ejemplar que ya es mío.

El acto se desarrolló según lo previsto. Se leyó el acta con el contenido del fallo del jurado. Habló el Presidente de la Diputación. Como siempre, Javier Santamaría estuvo sobrio pero atinado. Uno diría que cartesiano, haciendo honor a profesión como profesor de matemáticas. Con sus palabras, el acto encontró su propio destino: la emoción. A priori sería imposible adjudicar a un discurso de Javier Santamaría semejante calificativo, pero el recuerdo que tuvo de Juan Manuel González, el premiado de la edición anterior, fallecido este 2008, fue como el leve viraje que el capitán da al timón de la nave para que encuentre el mejor camino de su singladura.

Gonzalo Santoja ahondó en este asunto, y con la habilidad propia de quien conoce perfectamente el terreno que pisa, recitó unos versos de Crémer, para glosar la figura del poeta muerto. Como siempre hace el director del Instituto castellano leonés de la lengua, catedrático de literatura, ha diseccionado los tres libros premiados (y publicados) con hondura y sapiencia. Como él mismo ha dicho, los poemarios los lee con el prejurado, luego con el jurado y, más tarde, unos meses después, se enfrenta a ellos nuevamente con un criterio más decantado. Me ha llegado al alma, especialmente lo que ha dicho sobre la poesía..., ese verso: consumiéndose para durar...

Eduardo Fraile ha hablado poco. Nos ha leído el texto que inaugura su libro, escrito en una hermosísima prosa con evidentes reminiscencias a Proust. Como todo el libro, este texto habla de su madre, quien le dio la vida dos veces, cuando nació y cuando le enseñó a leer. Y al final, cuando esa página llegaba a su desembocadura, el temblor de su voz se hizo lágrima inconclusa en su mirada, y apenas tuvo voz para concluir. Estoy seguro de que su libro me va a encantar y os lo haré saber.

La hora de Victoriano Crémer, fue la hora de la emoción feliz, de la dicha emocionada. Cuando se levantó de su asiento, a pesar de que Chema le ofreció su brazo cual bastón de carne, él se negó en redondo y pidió su cachaba rústica, que tenía una mujer (supongo que su hija) sentada unas filas más atrás, mientras decía que, si no, no podía andar. ¿Para qué quería su cayado que pastorea las palabras...? Para colgarlo de su antebrazo, para que lo acompañara hasta el estrado, para que no nos olvidáramos de que era un anciano. Porque con su vigor, su fuerza y su ilusión, lo difícil, por no decir lo imposible, es creernos que nació hace más de cien años. Recibió el premio como lo reciben los actores, y los deportistas, con la misma ilusión, y casi con los mismos gestos: levantaba las manos, saludaba como los políticos. Parecía que era un debutante quien había recibido por sorpresa el galardón. Y me pregunto, ¿cómo es posible que alguien que ha vivido un siglo mantenga la ilusión vital de un jovencillo? ¿Quizá porque salió con vida del infierno, como dijo Santonja?

Porque en su juventud cronológica, tras la Guerra (In)civil, acabó en la prisión leonesa del Hostal San Marcos, en cuyo interior se acababa el ser humano. En sus palabras ardientes, apasionadas y emotivas, nos habló de cuando le nacieron, de la fortaleza de su madre, de sus trabajos (tipógrafo, vendedor ambulante de periódicos, mancebo de botica, periodista, escritor…) y leyó unos cuantos poemas que, como él dijo, se convirtieron en una hermosa —esto es de mi cosecha— homilía laica. Y descubrí su coquetería, más anacrónica que su corbata. Hasta que no comprendió que el discurso sería un desastre si seguía así, no se colocó las gafas. ¡Más de cien años y leyó un par de folios, quizá tres, sin gafas!

La cachaba, entre tanto, reposaba en uno de los pupitres donde acomodan los políticos sus papeles, y al final, más emocionado aún que al principio, casi se le olvida recogerla y colgarla en su antebrazo izquierdo. Y su sonrisa melancólica, me recordaba la del viejo Chaplin.

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(1) Esta frase, obviamente, así como el contenido de la dedicatoria están redactadas hoy, no el día en que se publicó por vez primera esta entrada. Nota del Escribidor

25 comentarios:

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...aun estaba,la piqueta de obra le dejo en su sitio y puedo tocar la corteza del roble al pasear en la noche al lado de casa...iba pensando tus versos...paz en la tarde solida,callada.susurros ,silbos suaves...y al llegar encontre esta nueva entra tuya amando sobre victoriano cremer. a quien santonjo da la fuerza de la ilusion salida con vida del infierno.aun mas viendo los lugares que tuvo que soportar...y ese valor añadido en el que el premiado da honor al premio,esta lleno de matices tu esposicion acertada y descriptiva , desde mis horas rotas y en el halo de chaplin que la vida nos deja a instantes te envio un fuerte abrazo por llegar hasta nosotros tan importante acto y el merito de conocer a d. victoriano cremer un orgullo digno de imitar...son estas grandes acciones las que llevan a llenar nuestra simple vida de hechos con magia para vivir y poder soñar....


:::::::: jose ramon:::::::

Alena.Collar dijo...

No sabes cuánto agradezco que en la barahunda de noticias importantísimas" con que nos aturullan, exista una entrada como ésta para homenajear a alguien que tanto hizo por la cultura y la libertad en este país, y como en este caso muchas veces sin reconocimiento alguno por los "oficialistas de nuevo cuño".

De más está señalar que ahora en cuanto pueda enlazo a este articulo tuyo.

Amando Carabias María dijo...

José Ramón Santana Vázquez: Bienvenido a este rincón. Muchas gracias por palabras tan elogiosas, y más por pensar en mis versos mientras caminaba bajo las estrellas de la noche asturiana.
Un abrazo.

Isolda dijo...

Al pinchar en la foto se ve perfectamente la dedicatoria que nos cuentas, Amando. Como siempre, exquisita tu descripción del día de autos. Besos de poesía para esta noche especial.

Amando Carabias María dijo...

Alena: Pues muchas gracias por enlazarme el artículo. Es un honor, y también tu opinión.
Siempre ocurre lo mismo, y a lo mejor no pasa nada, si a don Victoriano le hubieran seguido multitudes de fans, no sería don Victoriano.
La verdadera poesía, me parece, y sobre ello venimos hablando de alguna manera desde ayer, se sube a lomos de la brisa, no forma parte de huracanes ni de tormentas, y menos mediáticos.

Amando Carabias María dijo...

Isolda: Es cierto lo que dices de la firma. La foto se tomó tan cerca. Me hizo tanta ilusión.
Pero lo mejor de todo es la ilusión sencilla con que este hombre vivió aquel acto.
Fue encantador en todo.
Un beso de buenas noches a todos.

Ferran dijo...

Para Victoriano Crémer, un poema en mi lengua materna, de Carner:

Es pau només de pols la que es deposa
sobre el que ens fou amat i ens fou plangut.
Jo no sé pas el que de mi reposa:
res no viu altrament que combatut.

L'hora foscant a mig tenyit de rosa
la finestra que em serva, inconegut.
Diumenge pur, soc franc de cada cosa:
jo poblaré la meva solitud.

Un clos ja val com inifinit teatre
per a desfer-hi Eumènides, debatre
amb l'àngel, viure i caure en el combat.

Va a tomballons cap a la sort comuna
qui s'alegra o es plany de la fortuna.
No hi ha corona com un dol callat.


Traducción traidora:

Es sólo paz de polvo la esparcida
sobre lo que quisimos o lloramos.
Lo que de mí reposa, no sé nada:
pues nada vive si no es al combatirlo.

La hora en penumbra medio tiñe de rosa
la ventana que logra que me ignoren.
Domingo puro; libre estoy de cualquier cosa:
yo mismo poblaré mi soledad.

Un espacio cerrado, infinito teatro
para deshacer Euménides, debatir
con el ángel, vivir y caer en la batalla.

Va, tropezando, a la suerte común
quien se alegra o se duele del destino.
No hay corona mejor que el duelo silencioso.

Ferran dijo...

Y lo que Auden dijo de Yeats:

"Se ha convertido en quienes le admiraban".

Hermoso, hermoso artículo el tuyo, Amando...Hay que difundirlo porque Crémer, como un sector de su promoción no recuperado por cantautores y homenajes más o menos oportunos, es un autor de los que rozan el amargo olvido.

Amando Carabias María dijo...

Ferran I y II: Muchas gracias por el poema y por la truducción. Es cierto lo de la traición, pero quedémonos con que para quienes padecemos de tantas limitaciones, más que una traición es una muleta que nos aproxima al sentido de lo que quiso expresar el poeta, que intuyo tiene que ver con la soledad y con la lucha infatigable.

Las palabras de Auden son un grandísimo elogio al trabajo tenaz, del que muy pocos son dignos. Muchas gracias por tu valoración.

Beatriz Ruiz dijo...

Que mejor homenaje que sus palabras...


DESCUBRIMIENTO DE LA ROSA

¿Cómo no amar la rosa? Pero falta
descubrirla entre tanta incertidumbre,
entre tanta apariencia. ¿Quién no ama
la música si acierta a despojarse
del grito, rebotado por la sangre...?

Es tan sólo un pequeño fragmento... Lo voy a subir completo en mi página...

Besitos cariñosos desde Tenerife... no sé si tendré ocasión de entrar a saludaros en los próximos días desde Madrid...

Amando Carabias María dijo...

Beatriz: Buena elección de poema. Te deseo buen viaje a Madrid y feliz estancia. Que los trámites de la burocracia no te incomoden en exceso.
Un beso.

Maria Sanguesa dijo...

Magnífica crónica. La precisión en el retrato de Crémer, en la de los otros personajes que le rodeaban, el ambiente, las circunstancias... es como si nos metieses dentro de aquel acto para revivirlo junto a ti, es como haber estado presentes, en un lugar de privilegio. Merecido homenaje a quien ha sido un gran artista, un luchador, y una persona extraordinaria. Un abrazo y muchas gracias por compartir tus vivencias con todos nosotros.

Ferran dijo...

Uno se asoma a la conversación y la imagen de un poeta, como podemos hacer gracias a la crónica de Amando. ¿Qué significa -se pregunta uno- vivir en la poesía? (porque DE la poesía, ya se sabe...). Vivir con esa mirada constante de plenitud, de apertura a todo lo que el mundo te arroja al alma, que rebota en muchos cuerpos y que entra en la vida del poeta. Cuando no escribe, cuando observa, el poeta lo sigue siendo: todo aparece ante él como una inmensa metáfora. Contempla el cielo y lo ve de otra manera, transformado en una imagen, casi traducido a una palabra. El entusiasmo por vivir, la tenaz e insignificante resistencia de un insecto, aferrado a su tarea, le conmueve como expresión de lo que es la vida y no sólo la forma de mirar la vida. Despetar a medianoche y sentir que respira a tu lado el ser que te justifica, soñando, completamente a solas por su inconsciencia. Y el poeta lo piensa de algún modo mágico, porque la poesía no es sólo un lenguaje, sino lo que te permite ver, asistir a la experiencia del mundo nombrándolo apenas, intuyéndolo...

Por eso, asistes, Amando, a la presencia de alguien que, en esa apariencia de ser humano normal, tiene el privilegio y la carga de ser poeta, de vivir en esa esfera que le permite y le obliga a mirar el mundo con la sensibilidad y con la inteligencia distintas. Lo escribe para comprenderlo. Lo comprende para comunicarnos, en un lenguaje que no permite otra manera de decirlo, lo que es una flor, lo que es una madrugada insomne, lo que es el abandono, la euforia del amor, el miedo a la muerte o su apetencia. O acercarse a un paisaje ante el que te sientes humilde, abrumado por el poder de la tierra (ahí están, Machado y Juan Ramón, frente a Castilla).

Esos poetas de un tiempo en que, además, la poesía tuvo el respeto tanto de los escritores como de los lectores. Hoy puedes encontrarte con afamados y publicadísimos poetas que dicen cosas como "usted me está mirando y yo me estoy haciendo pis" (no es exacto, pero el verso es muy parecido). ¿Cómo va a perder la gente sensata el tiempo en esas cosas? En los años anteriores, desde principios de siglo hasta los sesenta, la poesía iba de otra cosa (salvo honrosas excepciones actuales) y merecía la atención, el tiempo dedicado a leerlo antes de que tratara de ser "provocativa", pero sin la inteligencia de los grandes provocadores de los años de plata.

Victoriano Crémer estuvo entre ellos, a distancia de los genios, pero en el espacio de la dignidad poética. La poesía da, en un idioma, sólo un puñado de personas como García Lorca o T.S. Eliot. Están, como poetas de guardia junto a esos torreones donde vive el príncipe, quienes saben la contraseña y defienden el espíritu de la poesía. Entre ellos, Crémer. Como entre ellos estuvo un Leopoldo Panero antipático (recordad "El desencanto"), pero capaz de escribir un Cántico que enamoró a Felicidad Blanch y que también me enseñaron en mi dichoso Preu:

"Es verdad tu hermosura, es verdad como entra
la luz al corazón. Como aspira tu aroma
de tierra recién hecha el alma que te encuentra.
Es verdad. Tu piel tiene penumbra de paloma."

Cuando se escribe así, es que se vive así. Y debe ser una vida difícil y, al tiempo, irrenunciable. "Vivir sin estar viviendo", como titulaba Cernuda uno de los libros de "La realidad y el deseo". Más bien, vivir del todo. Como los elegidos, los testigos del espíritu, los que lo sufren, los que lo muestran, los que lo trabajan como se moldea el destino.

Inés dijo...

Qué honor y qué experiencia haber conocido a D.Victoriano Crémer, un fuera de serie.
El texto lo he leído dos veces, envolvente la atmósfera, los personajes y el protagonista se viven.

muchos besos para ti,
Inés

Isolda dijo...

Cuánto se aprende con vosotros. Os doy las gracias de corazón.

Amado, si te fijas, los sábados son tus días mágicos. ¡Cuántas aportaciones! Es la Poesía, (la tuya en particular), que nos ha descrito maravillosamente Ferran, no lo dudes, poeta.
Besos a todos.

Amando Carabias María dijo...

María Sangüesa: Pretendí transmitir esa emoción y esa vitalidad. Como ya he dicho, fue un acto luminoso, poderoso, porque la figura de aquel hombre con tantos años lo eclipsaba todo. Y si alguien le quita veinte o veiticinco años, nadie hubiera podido burlarse por haber errado tanto.

Amando Carabias María dijo...

Ferran: Siempre he creído en la teoría de las pirámides. O si quieres de las montañas. Para llegar a la cima, para ser cumbre, se necesita de una sólida y amplia base. Cuando en poesía o literatura, estamaos con una cima muy muy alta, pero en foma de meseta, es que hemos llegado a una generación espléndida y lo bautizamos (siempre estamos bautizando) como Siglo de Oro, Segundo Siglo de Oro... Y sólo nos fijamos en esos nombres cimeros. Y quizá tenga que ser así, porque como hablabáis en el diálogo que habéis mantenido tu y Beatriz en la entrada de ayer, no hay tiempo para leer todo lo que tendríamos que hacer. Quizá los contemporáneos tengamos esa suerte de poder alternar nuestras lecturas entre unos y otros sin saber muy bien quién es quién, porque quizá, y sobre esto cada vez pienso más, lo mismo no se trata de los poetas, sino de los poemas. Quizá lo que importe no sea la obra completa del poeta, sino sus poemas, los mejores poemas.
No lo sé.
Lo que quiero decir es que hay poetas muy grandes que quizá no sean genios, pero están tan cerca de la cima que hablan con los que allí descansan en susurros.
(Por cierto buscaré lo que me enviaste para hacérselo llegar a Isolda

Amando Carabias María dijo...

Inés: Le conocí en el sentido que cuento aquí. Ya me hubiera gustado a mí que alguien me lo hubiera dejado un ratito, no sé una hora, para tomar un café y charlar de poesía. Mejor dicho, para escucharle hablar de poesía. Pero los actos oficiales, los compromisos, en fin... Pero sí fue un grandísimo honor y una tremenda suerte.

Amando Carabias María dijo...

Isolda: Me ruboriza tu opinión, pero en estas últimas semanas algo hay de ello... Pero me fijo, es curioso, no es que lo lleve de modo muy riguroso que las entradas que tienen que ver con la poesía (ya sea algún poema mío, ya sea algo relacionado con otro poeta, por ejemplo lo de hoy, lo de Antonio Colinas, lo de Benedetti), no es que ausciten un mayor número de visitas, pero sí de comentarios.
Y eso me deja un poco perplejo y a la vez feliz, pues parece que hubiera como algo contradictorio con la opinión generalizada. O es que somos una cofradía pequeña, pero que habla mucho, o es que no es tan pequeño el grupo.
Y gracias por el piropo-

Isolda dijo...

FERRAN, Amando me ha enviado ese comentario sobre "La Femme de Paul"
Impresionada, me has dejado. Cómo puedes desmenuzar tanto este relato. Bien es cierto, que es toda una lección, de verdad me parece un trabajo admirable y al parecer debes tener más escritos, supongo.
De Chejov, si he leído más, pero americanos, me quedo con Faulkner y Steimberg, lo que me obligará a leer "El corazón es un cazador solitario" del que he oído hablar siempre, pero nunca me animo, como me pasa con Kerouak o tantos otros; (creo que me pueden los tópicos y el anti-americanismo)
Una tiene sus fallos y este es uno de ellos.
Muchos besos y te repito gracias, por tan interesante trabajo.

Anónimo dijo...

Amando, tienes toda la razón. Se trata de los poemas que nos gustan, más que del poeta. Uno tiene su propia antología, a la que va sumando hallazgos inesperados. Y una antología donde la variación del estilo no es más que la afirmación de un género. En mi antología particular está East Cocker", de los Cuatro Cuartetos de Eliot, pero también algo tan distinto como alguno de los poemas de JRJ o el "Soliloquio del farero", de Cernuda. También cosas de Heym, George y Trakl, que Jenaro Talens llevó al castellano de la mejor manera posible. Y el poema que Leopardi dedicó a su amada, "Silvia" ("Silvia, recuerdas todavía el tiempo de tu vida mortal?": oigo recitársela, en Barcelona, a Vittorio Gassman...¡qué experiencia!).

Isolda, gracias por tu lectura de mi comentario a La femme de Paul. Tengo algunas cosas más, sobre McCullers, por ejemplo, y un comentario a Chéjov que salió en REVISTA DE OCCIDENTE, y que también tiene Amando. Por favor, Amando...¿se los envías todos? Será un honor que los compartas. Y anímate con "El corazón...", aunque a mí siempre me ha gustado más "La balada del café triste".

Besos barceloneses a todos

Anónimo dijo...

Ferran, gracias por la eleccion de la lectura, escribi en el post del sàbado. Gracias también por el comentario a proposito de la poesia y los poetas.
Amando, tu relato no es poesia sino cine esta vez. Lo compartimos, los vemos y oimos todo. Este hombre jovencillo/anciano que juega coquetamente con su baston tal Charlot es una muestra de lo que llamamos résilience: sacar fuerzas de la adversidad y de las malas pasadas del destino para vivir mejor que nunca después.
Ahora a ver un poco el post del lunés. Porque llego siempre tarde?
Besos de buenas noches. Catherine.

Amando Carabias María dijo...

Catherine: La verdad es que esa es la intención del cronista, actuar un poco como la cámara que cuenta a quien no estuvo todo lo que sucedió. La perspectiva no es la más objetiva, pues es la de mis ojos, pero es la única que puedo utilizar si pretendo ser sincero.
Un beso de buenos días.

Pepe Gonce dijo...

La descripción es tan buena que me parece haber estado en el acto.

Descanse en paz.

Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Pepe Gónce: Lo dicho un saludo y que, efectivamente, descanse en paz haya donde vaya el alma de los poetas honrados.