miércoles, 6 de mayo de 2009

TREN DEL OLVIDO

Mientras contemplaba las últimas caricias del sol sobre el reseco horizonte, olvidó que aquel día no había sido el mejor de su vida.
El amanecer y sus intenciones quedaban lejos, tan lejos como pasajeros de un tren extraviado.
Aquella luz, que caía como si fuera lluvia tibia y limpiadora, aquella luz que iluminaba el oscuro túnel de su mirada, consiguió que relegara del recuerdo todo lo que le había sucedido, lo que había provocado sin querer (unos cuantos malos entendidos, algunas palabras soeces, algunas mentiras piadosas...) y lo que había provocado a conciencia: lágrimas y sonrisas, enfados y reflexiones, rupturas y reconciliaciones.
Durante unos minutos, mientras el ocaso se hacía brisa cálida, olvidó quién era, por qué era de ese modo, y hasta sonrió mientras sentía la mano de ella sobre la suya. Durante esos minutos eternos de primavera se meció en el horizonte. Durante unos minutos sólo quiso ser posiblidad de un sueño...
Durante unos minutos se olvidó del miedo y volvió a creer que una lágrima bastaría para el perdón

9 comentarios:

Adrian Dorado dijo...

Una de las mejores acciones que puede ejercer el recuerdo es la del olvido,pero debe ser un olvido definitivo sino ourrirá como con la canción que canta el cigala que dice "se me olvidó que te olvidé" y allí en esa conciencia del olvido, se rememora lo amado y nuevamente lo sufrido, ahora ahora por duplicado pes egún narra "le evolvió a a sangrar la herida." Mas vale olvidarse, sí, hasta de uno mismo y dejarse ser, como en tu relato sin irse del aquí y el ahora, de esa verad del eterno presente..si igual, no nos engañemos, no hay mas cosa.
El resto puro psiquismo.

Bonito micro

Abrazo

PD Me pellizco para saber si soy yo el que escribe estos comentarios, aquí las 2 de la mañana me voy al sobre.

Amando Carabias María dijo...

ADRIAN:A las dos de la madrugada escribes como si fueran las seis de la mañana de aquí, cuando el amanecer deja a las neuronas iluminadas, perceptivas y ágiles.
Felices sueños.

Pepe Gonce dijo...

Melodía, armonía y ritmo, adecuado este “Air” de Bach para este pequeño gran relato. Tal para cual.

Maria Sanguesa dijo...

Buena narración breve, con un conseguido ritmo interno y una trasfondo poético muy interesante. El perdón pedido dentro de una lágrima, una mano que así lo confirma. Se puede decir mucho con pocas palabras. Y tú lo dices.

Amando Carabias María dijo...

GONCE: Ojalá tuvieras razón. Me voy a ruborizar como las plumas de esos hermosos flamencos con que te presentas en público.

Amando Carabias María dijo...

MARÍA SANGÜESA: Gracias a este blog, no sé si a tí te pasa con el tuyo (y haría extensible la pregunta a Adrián, por ejemplo), uno descubre que puede encontrar cualidades que, aunque aún tenga que trabajar y mucho, pensaba negadas para mi modo de escribir. Nunca creí que podría defenderme en esta distancia, y aunque no sean microrelatos maravillosos, tambpoco son deleznables.

Isolda dijo...

No se que tengo, Amando, que desde que visito vuestros blogs, la vida, la música, la poesía, todo me sabe mejor.
A veces creo que se debe a la serenidad que da el saberse feliz con uno mismo.
Besos con Bach desde el sur.

Amando Carabias María dijo...

ISOLDA: No hay mejor cosa que estar en equilibrio con uno mismo. Quizá sea un buen comienzo. Ése y el que nos diste ayer o antesdeayer, cuando dijeste que mirabas a tus nietos para mirar hacia el futuro.
Al final la felicidad tiene que ver, me parece con la armonía, no grandísimas experiencias, sino que un cierto equilibrio casi indecible entre lo que somos dentro, y lo que nos rodea fuera.
Y por desgracia, muchas veces lo dentro ni lo miramos y lo de fuera está desquiciado y nos desquicia.

maria dijo...

pues ya estoy leyendo algunos, me gustan éste además es poético, como siempre con tus imágenes favoritas de luz y lluvia.
lo único me parece que no se dice "malos entendidos" sino "mal entendidos2 me parece que MAL es adverbio como en mal dicho
pero eres libre de crear lenguaje, escribidor.
me gustó el silencio en Alenarte, no me gustó el recorte-resumen
Abur
Maririu