viernes, 22 de mayo de 2009

MENSAJE PARA JOYCE. y 6


*
Al abrir la puerta del piso, sintió cómo la soledad le caía encima, con la contundencia del martillo sobre el yunque. Soledad revestida de silencio, melancolía, y pensamientos alborotados. Con más parsimonia de lo que se quiso reconocer, volvió a la habitación donde tenía el ordenador. Habían pasado muy pocos minutos: bajar, saludar a Beatriz, extraer de la máquina expendedora la cajetilla de tabaco que no necesitaba y subir.
La frase continuaba detenida en el mismo punto de la pantalla, asomada al mundo real.
Te necesito, Joyce. Ven, si no mi vida no tendrá ningún sentido. Sabes dónde estoy.
Pero no sabía a quién podría dar él sentido, ni, obviamente, tampoco sabía dónde se encontraba aquel ser tan necesitado. En el fondo, ni siquiera sabía si su existencia tan anodina le daba sentido a sí mismo.
Se dispuso a cortar la comunicación. Con apagar el ordenador era suficiente. No tenía ánimos para chatear con el grupo. Quizá leyera un libro, quizá siguiera escuchando el mismo concierto de Beethoven, o quizá se narcotizase el cerebro frente al televisor, o ¿por qué no un paseo bajo la lluvia?
Sin embargo un impulso irracional le llevó a contestar el mensaje, como si sus dedos fueran entes dotados de autonomía o pensamiento propio.
Me gustaría ayudarte, pero, ¿quién eres?, ¿dónde estás?...Estaba a punto de cortar la comunicación, pero lo mismo eres un ángel que viene a salvarme y pierdo la posibilidad de redimirme.
Desganado, mandó la frase y esperó.
¿Por qué has tardado tanto en responder?
La respuesta fue rápida como el eco, y no le pareció la mejor de las posibles. Se sintió acusado, enfadado, ofendido. Casi apagó el ordenador. Bueno estaba lo bueno, pero que encima le regañasen a uno en su propia casa, un desconocido que necesitaba ayuda. Era demasiado. Pero en la pantalla se dibujó otra hilacha blanca compuesta de palabras.
Te ha costado llegar hasta aquí, quizá haya tempestad en el Adriático, ¿o es el Egeo...? Soy tan mala en Geografía.
La nueva frase le sonó a disculpa que incluía, cual carga de profundidad, una dosis de familiaridad y cercanía que le desconcertaba y que añoraba vagamente. Por así decir, sintió el antañón aroma de un guiso de la infancia. Era evidente que hacía referencia a Ulises... Pero había más. Había dos pistas. La tempestad y su calificación en geografía.
Joyce se sintió llenó de energía y optimismo. Sabía que se trataba de una mujer, en eso había acertado. Además, sólo había una persona que él conociera que tuviera a gala ser mala en Geografía. Aquella frase la identificaba casi como si le hubieran presentado el DNI.
Pero no se lo creyó. No podía ser...
...¿O sí?
Era la segunda vez, en poco tiempo, que los ojos de Blanca aparecían ante él. Inopinadamente, aquella noche había llegado a sus mientes el recuerdo de su ex, justo cuando alguien pedía ayuda. Pero Blanca odiaba la informática... y a Abelardo... Claro que, Penélope, podía pedir ayuda a Joyce.
No era descabellado. Era lógico, incluso.
Al fin y al cabo, no se dijo que el viaje fuera sólo de ida. Es más, quedaron abiertas todas las puertas, porque nadie más ocupaba sus corazones. El viaje de Ulises era un retorno casi eterno.
¿El mensaje era la presentación ante el revisor del billete de vuelta? Tecleó nervioso.
¿Penélope?, ¿Blanca?
La respuesta fue inmediata, como el reflejo de la imagen ante un espejo.
Por fin... Estoy harta de tejerte un jersey sin que vengas a probártelo... Alguien llama a la puerta de la casa de Penélope, piensan que Ulises murió... ¿Ha muerto Ulises?
Sintió el recuerdo del leve suspiro de su sonrisa. Las travesuras de la red, al fin y al cabo.
El cursor tabaleaba monótono y rítmico sobre la línea sin escribir, como monótona y rítmica la lluvia tabaleaba con insistencia, quería entrar en la casa fracturando los cristales con sus besos de hielo presentido, en medio de la noche fría.
Más acogedora que nunca, Ítaca se divisa en lontananza, flotando en medio del infinito..., como sumergida en un adagio hermoso, el mismo que decoró la habitación al principio de la noche.

14 comentarios:

Isolda dijo...

Querido Amando, por fin! Confieso que me has sorprendido, yo sólo pensaba en el Ulises, es decir, en el libro que debía escribir Joyce para que existiera. y eso que dejaste claro, que eso lo sabría hasta un chiquillo.
Lo advirtieron los que te acompañan durante las mañanas, que al final habría sorpresa. Y héte aquí que Blanca era Penélope y Penélope era Blanca.
Quién dijo segundas partes no son buenas? Aquí se equivocó.
Ah el viaje a Ítaca... me atrae mucho ese nombre.
Gracias por el suspense en que nos has tenido, aunque lo más importante es el placer de leerte cada día, con y sin suspense.
Besos para ellos dos, que eternamente retomarán su aventura.
Y para el escribidor besos desde el mar proceloso de Ulises.

Amando Carabias María dijo...

ISOLDA: Algunas veces lo que sucede es que lo que tenemos más cerca es lo que vemos más tarde. Y la sorpresa es mayor cuanto más simple es la explicación.
Es una suerte contar con vuestra sensibilidad, sois un buen acicate y algo habrá que hacer con esta potencia que tengo tan cerca. No vaya a ser que hable tanto de proximidades y no comprenda lo que tengo al lado.

(AVISO: Si hoy intervengo más a menudo a horas matinales no se debe a que haya desertado de mi trabajo, o a que esté boicoteando el deber laboral a estos placeres tan placenteros, sino a que estamos de fiesta los de la administración local... Quizá por ello algún/a habitual se retrase o simplemente no venga. Le daremos permiso.)

Maria Sanguesa dijo...

Muy bueno este final. Tienes razón, lo más cercano es, muchas veces, lo que menos vemos. Digo, como Isolda, que es un placer leerte cada día, aunque por las prisas no te deje comentarios, te sigo y te leo a diario. Gracias por regalarnos tus palabras. Un abrazo.

Amando Carabias María dijo...

MARIA: No me extraña que a veces no aparezcas. Con el frenesí de vida cultural que llevas por los madriles, cualquiera se acerca. Y tu mirada, como la de tantos otros se nota.
Ya sabes que nadie está obligado a nada.
Gracias por tus palabras que me animan a continuar.

Pepe Gonce dijo...

Lo sospechaba. Como decía El Chapulín Colorao: “no contabais con mi astucia”.
Muy bueno el final, pero no me ha sorprendido, ni el desenlace, ni tu forma de decirlo.
Eres un fenómeno. Gracias por tu dedicación.

Un abrazo

PD.- No tienes que contestarme. Dosifícate o te va a pasar como a María Sanguesa.

Amando Carabias María dijo...

PEPE GONCE: Quizá algún día no me quedará más remedio, pero mientras se pueda, pues siempre está bien atender con solicitud a los amigos.
La verdad, seamos sinceros, con los comentarios que venían desde las semanas de atrás, no era tampoco muy difícil la solución.
Para ello, tendría que haber desmontado el final, y sinceramente, no me apetecía.
Si es que a uno le gustan los finles felices. Aunque no siempre.
Aunque haya un poquito de melancolía, prefiero que se acabe con una sonrisa... Si es que es posible.

javier dijo...

Amando, espero que estés disfrutando de este día festivo en honor a Santa Rita de Casia, a la que estoy muy agradecido, al menos, por el día de descanso que nos conceden y que siempre procuramos aprovechar.
En cuanto al relato, ya te comenté en alguno de los capítulos que estaba seguro de que no sabría el final hasta concluido el mismo, y no me equivoqué.
Para el próximo has dado pistas en en tu respuesta al comentario de Pepe Gonce, a no ser que juegues al despiste.
A por otro.

Amando Carabias María dijo...

JAVIER: Igualmente espero que hayáis disfrutado de la fiesta en buena compañía y tranquilidad y sosiego.
Os aseguro que un día como el de hoy es de los que me gustan, porque no tengo la sensación de agobio a pesar de no haber parado desde las siete de la mañana.
No sé qué habrás pensado, sobre lo que he querido decir.
Lo cierto es que todavía no me he puesto a ello, y uno nunca sabe.
Hasta ahora en muchas ocasiones los más próximos me han acusado de ser demasiado melancólico o triste en mis escritos. Los que más habéis leído de mí, podréis decir. Y modestamente uno intenta quitarse ese sambenito de encima, y lucha a brazo partido contra esa tendencia, pero...

Adrian Dorado dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Adrian Dorado dijo...

Bueno, tampoco es que seas un deprimido, cada quien tiene su tono y tronzarse las piernas no es camino, uno es solo lo que es y anda siempre con lo puesto... Muy bueno el relato y la manera de contarlo.
No pecaré de sabihondo ni de fanfarrón pero si aquí alguien acercó el bochín para el final entretejido por la Penélope...si hasta, creo que hice una alusión a la Cruz y todo...en fins.. está bien, está bien, no me feliciteis que estoy pasando por un agudo ataque de modestia...o no se nota?

Abrazo, Amando, me gustan mucho tus cuentos deberías... ¡Má que deberías?!! Nada! Haz lo que te plazca y quieras, hombre!

Pero que fácil me sale el consejero, Jó!

Adrian Dorado dijo...

La entrada eliminada la he realizado yo, adrede, no tolero las faltas de ortografía de las que soy conciente,no puedo vivir con semejante bochorno, luego las otras corren solas...

Amando Carabias María dijo...

ADRIÁN: A lo largo de la jornada he estado esperando tu llegada para proclamar, lo que has dicho, fuiste tú, al menos en público, quien apostó y acetó, aunque en privado creo que hay alguien más que lo imaginó, ya me lo confirmarán, quizá el lunes.
Ahora tengo el problema de reflexionar sobre el premio a otorgar al ganador en el concurso. Menos mal que no había bases, ni me hago ilusiones nunca sobre mi capacidad para la sorpresa. La verdad es que no me preocupa.
Y eso que como cualquier otro lector, cuando me enfrento a la lectura de una novela de misterio, me encanta elocubrar sobre la solución del caso. ¿No os ha pasado a vosotros, pregunto, que os gustaría saltar al interior de las páginas e intentar ayudar a quien está resolviendo el caso...?
Dices, Adrián. Deberías... Y sé a qué te refieres, y no te preocupes, lo adelantaré en breve, creo.

Pilar dijo...

Llego más tarde que una sirena varada.
!Vaya sorpresa de final! Yo había descartado a Penélope por lo obvio, pero mira, mira...
Estupendo relato, as usual.
Disculpa mi ausencia, que nuestra santa patrona separa más que une,y además ya sabes lo del ordenador compartido en mi casa, y ahora, ni compartido siquiera , que Pablo está estudiando la PAU como un loco y no hay quien entre en su recinto sagrado.
Te escribo escuchando "Stormy Weather" cantada por Billie Holiday, que viene que ni pintado. Hoy no sé si hay más agua fuera o dentro de mi despacho.
Besos submarinos.
Desde la Pecera.

Amando Carabias María dijo...

PILAR: Nunca es tarde, por aquello de que más vale tarde que nunca.
Como he dicho más arriba, a veces no vemos lo obvio, lo próximo, lo elemental. A mí, en la vida cotidiana (iba a escribir real, como si esto no formara parte de la realidad), me pasa muchas veces, que lo que tengo delante de las narices es lo único que no veo.
Pilar, espero que la alusión a este bellísimo tema, sólo sea una descripción literal del día que nos está obsequiando esta primavera juguetona y esquiva, y que no se refiera a otras cosas...
Creo que hay más agua fuera de tu pecera que en tu pecera.
Besos.