martes, 14 de abril de 2009

EL HIJO

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El hombre tiene cincuenta y siete años. La mujer veintiséis.
Con esta diferencia de edad mantuvieron una relación sentimental con derecho a roce, a mucho roce. No es habitual, de acuerdo, pero tampoco es imposible o impensable. Se podrían dar nombres.
Que el hombre prometiera dejar su pasado y casarse con ella, suena a folletín decimonónico.
Que hace dos años, fruto de esa relación, naciera un hijo, quiza indique algo... o nada. Depende.
Que ella haya dicho que se enamoró de él hace diez años, con dieciséis, por sus "bellas palabras", le da a esta historia un toque de romanticismo propio de una novela de Stendhal. Lo que, para qué engañarnos, demuestra la fuerza que aún posee la palabra.
Que ella le demandase para que él asuma sus obligaciones derivadas de la paternidad, además de rebajar peligrosamente el grado de romanticismo, enseña que, por muy joven que sea nuestra protagonista, sabe qué se trae entre manos, por ejemplo, que un hijo no es un sueño, aunque haya nacido fruto de uno... Sin embargo negar, como negó, la presentación de la querella, enturbia el argumento que, a estas alturas ya se parece al de una de las telenovelas latinoamericanas que tanto gustan en el mundo, en el mundo entero.
Que él sea político en activo y ella no, dota al asunto de una publicidad que al principio parecía innecesaria.
Que el político sea Presidente de República eleva el guión a categoría de noticia que cruza las fronteras.
¿Que si él estaba divorciado o continuaba casado...? ¿Vamos, que si hubo adulterio...?
Perdón, hablaba de Fernando Lugo, Presidente de la República del Paraguay y ex obispo de la Iglesia Católica.
Que él haya reconocido públicamente todo, que asuma sus responsabilidades, que el hijo se concibiera cuando aún era obispo, que había solicitado su secularización al Vaticano y que éste no la había otorgado, y que el lugar donde ejercía su ministerio fuera San Pedro, uno de los departamentos más pobres de su nación, completan, y acaso embrollan más la historia que debiera ser la de dos seres humanos que se amaron, y que acaba siendo tema de Estado.
Dejo el enlace a la noticia redactada por Soledad Gallego Díez en El País Digital...
Vuestros comentarios un poco más abajo. Gracias.
Os doy el mío: La vida se parece peligrosamente a una telenovela latinoamericana de las que tanto gustan en todo el mundo, en el mundo entero.

4 comentarios:

Adrian Dorado dijo...

La noticia podría abordarse desde diferentes lugares, el último que elegiría, aunque no lo desarrollaría tampoco sería el moral. Y, sí, como tu dices, hay veces que la vida se parece mucho a una telenovela y en más casos de los que nos imaginamos. De cualquier manera hasta, éste, tiene un tinte risueño que me agrada, no se ha matado a nadie,no ha habido mafia, corrupción, sangre... el Chaco Paraguayo, que conozco perfectamente, es una selva desbordada por la energía tropical con una capacidad de reproducción alucinante y cuyos habitantes, plantas, insectos y animales ven exaltados sus instintos vitales hasta el paroxismo. Hay que ver cómo incide en la psicología de los habitantes la cuestión climática...Y la carne desborda hormonas estimulada por la exhuberancia de un paisaje que lo envuelve todo. Americalatina es una caja de Pandora y no es para timoratos, pusilánimes ni retraidos.¡Latinoamérica hierve!
No debo hacer públicas historias privadas así que me abstendré de confesiones, ruego dar crédito a lo narrado antes. Paraguay desborda. Muy difícil abstenerse.

Amando Carabias María dijo...

ADRIÁN: Me alegro profundamente de que este comentario te haya suscitado esta intervención que nos aclara mucho de ese trasfondo de una nación que desconocemos tanto. Si en Europa Latinoamérica es desconocida, los países más 'pequeños' a veces es como si no existieran.
Con lo que nos cuents, entiendo que ciertas cosas más que difíciles, son imposibles.
Quizá no haya quedado claro en el texto, no lo sé, pero desde luego ni juzgo, ni quiero juzgar, ni menos la moral. En todo caso, creo que la cúspide de la Iglesia Católica fue la que erró, al no ver a Fernando Lugo como un hombre, sino al contemplar que era una mitra que perdía.
Abrazos.

Pepe Gonce dijo...

Que bueno tener un corresponsal como Adrian en América del Sur. No solo me acuerdo de su entrada, en el blog de Juan Cruz, cuando la muerte de Rául Alfonsín, es que estoy seguro que no se me olvidará.

De todas formas, sin entrar en más análisis, uno muy simplista: La Iglesia tiene una doble moral tan grande como la catedral de Sevilla.

Salud para tod@s.

Amando Carabias María dijo...

Efectivamente Pepe Gónce, tener a Adrián allá y acá es una suerte que de la que no todos pueden presumir. Su mirada aguda y penetrante es como si aumentara nuestra capacidad visual.
Respecto de la iglesia, en mi humilde opinión, probablemente herética, es que está demasiado lejos del espíritu y demasiado apegada a una letra que tuvo sentido, quizá, en ciertas épocas históricas.