domingo, 22 de marzo de 2009

TARDE ANODINA DE JULIO

La palabra de cada día. 2008. Zaguán de estrellas. Julio
El sudor era una película pegajosa adherida a la piel. En el bar no había casi nadie. Los clientes estaban sentados, en su mayoría, afuera, en la terraza desde la que se contempla del devenir de la plaza que ya se empieza a vaciar de gentes… Es sabido que el mes de julio no es el mejor para el turismo de Segovia.
Un hombre enteco, fumador compulsivo, más compulsivamente aún, echaba monedas a la ranura de la máquina tragaperras. A su derecha un joven hablaba con una de las camareras. El hielo enfriaba el café y lo aguaba. La bebida entraba, cruzaba su garganta, dejando un regusto amargo que le aliviaba la sed. Pero el calor, ese calor agobiante, no desaparecía de su piel.
Estaba absorto en sus pensamientos inútiles y enfermizos, esos pensamientos a los que le conducía la actitud dubitativa, cuando ha aparecido otra camarera. Era una jovencita poco mayor que su hija mayor. Otro camarero, fornido, altísimo, con voz tonante le ha preguntado por su viaje a Nueva York.
No ha podido evitar concentrarse al máximo posible en la conversación. Sin parecer cotilla, claro. Seguía acodado en la barra, miraba distraído a cualquier parte, evitaba que su mirada se dirigiera hacia el punto en el que se desarrollaba la conversación.
Se enteraba de cosas.
El viaje había ido muy bien. Habían aterrizado en Barajas la mañana anterior, a las ocho de la mañana. La vida en Nueva York, gracias a la fortaleza del euro, parecía más barata. Al camarero grandote le ha regalado un llavero de los Newyorkers, y un niqui del mismo equipo: una camisa blanca con rayas verticales negras. Muy neoyorquina, desde luego. Se sabía que había trabajo duro porque no cesaban las peticiones de comandas, sobre todo de cervezas y coca-colas.
La joven camarera se movía diligentemente tras la barra. Por lo que había observado en los pocos minutos que había estado tras la barra del establecimiento, era callada, diligente y eficaz. Pero sus pensamientos se dirigían al propio hecho que había motivado toda la conversación.
Los chavales viajan por el mundo con una facilidad similar con la que él sale de paseo. Parece que no hay dificultades que se lo impidan: ni el visado, ni el precio del billete, ni lo difícil que han puesto a la hora de hacer un viaje en avión. A ellos, a los jóvenes, no se les pone nada por delante. Ellos tienen un sueño y lo llevan a la práctica salvando cuantos obstáculos se les aparezcan.
Por un momento ha pensado que, quizá, uno de los aviones que, como un simple destello minúsculo intuye por las noches, acodado en el ventanal de su casa, era en el que viajaban aquellos jóvenes, cuando estaban a punto de aterrizar, antes de haber pasado unos días en la Gran Manzana.
Él incapaz de moverse de su casa, de su ciudad, ellos, los jóvenes, mientras tanto, surcan el mundo a lomos de un enorme pájaro de acero, como quien toma un helado o se bebe un vaso de agua… Quizá sea ésta la diferencia entre una edad y otra.

5 comentarios:

javier dijo...

Estoy de acuerdo contigo Amando, es estupendo, pero, creo que ahora tenemos un afán desmedido por conocer lo que hay más allá cuando desconocemos casi totalmente lo que tenemos a la puerta de casa. Quizá esté bien pensado, mejor conocer primero lo más lejano y después lo que tenemos a mano, o quizá sería conveniente prepararnos un coctel con ambos ingredientes.

Adrian Dorado dijo...

Yo creo que la diferencia es el espíritu "achanchado" de uno y el movedizo del otro. Independiente de las edades, de jóvenes 23 ó 24 años teníamos un amigo al que lo llamábamos "el nono" (abuelo en tano)porque era tan riguroso con su pantalón pijama a la misma hora pra drmir con sus pantuflas y..bueno parecía un jubilado y había otro amigo bien mayor como 25 años más que todos llamaban "el pibe". Es que hay culos pesadísimos y otros superágiles. Con 56 años tomé la mochila y me dí una vuelta por Califormia y México durante cuatro meses y dormí en el suelo ¡¡¡tantas veces!!!
Y en cuanto me chifle pego el salto y aparezco donde menos me esperan. El problema es el parné y ná mas.
Saludos

Adrian Dorado dijo...

Yo creo que la diferencia es el espíritu "achanchado" de uno y el movedizo del otro. Independiente de las edades, de jóvenes 23 ó 24 años teníamos un amigo al que lo llamábamos "el nono" (abuelo en tano)porque era tan riguroso con su pantalón pijama a la misma hora pra drmir con sus pantuflas y..bueno parecía un jubilado y había otro amigo bien mayor como 25 años más que todos llamaban "el pibe". Es que hay culos pesadísimos y otros superágiles. Con 56 años tomé la mochila y me dí una vuelta por Califormia y México durante cuatro meses y dormí en el suelo ¡¡¡tantas veces!!!
Y en cuanto me chifle pego el salto y aparezco donde menos me esperan. El problema es el parné y ná mas.
Saludos

Adrian Dorado dijo...

...que la máquina tiene eco...

Amando Carabias María dijo...

Qué curioso, ¿por qué pienso que ambos tenéis razón?