martes, 17 de marzo de 2009

PERRO MILLONARIO DE TUGURIO

Fotograma de la película
El domingo estuvimos en el cine. Vimos Slumdog millionaire que, probablemente, supondrá el desembarco del cine indio (Bollywood) en occidente de la mano de Inglaterra. El éxito de crítica, premios y público (por tanto taquilla) no son mal aval o tarjeta de presentación.
Con esta película me ha pasado algo extraño.
Me ha gustado, como a todo el mundo a quien he preguntado, porque me ha reconciliado con la vida, con esa misión del cine de darnos ilusión y esperanza. En tiempos de crisis (y soy de los que defiende que el componente anímico o psicológico de esta crisis es elevadísimo) el cine siempre ha actuado como bálsamo. (Algunos dirán como vía de escape. Ya. ¿Y qué?).
El comentario o pregunta de Marián vino a convertirse en llave que justifica el desenlace.
¿Qué hago entonces? Si cuento la cinta, la destripo; pero a estas alturas todo el mundo debe saber su desenlace. En España se estrenó el 13 de febrero y en el mundo aglosajón el 9 de enero. He visto artículos sobre ella en la prensa de Latinoamérica (desde donde tantos ojos se asoman a este rincón). ¿Y si alguien no la ha visto y todavía está a tiempo de verla?
Veamos.
La película es un prodigio de elaboración de un hermoso palacio partiendo de las piezas de un rompecabezas. Toma como base la novela Q and A del escritor y diplomático indio Vikas Swarup. Sobre este cimiento, y tras tres viajes de investigación a los suburbios de Bombay, el guionista Simon Beaufoy (que también escribió el guión de The Full Monty) organiza un elaboradísimo trabajo de orfebrería que une en una sola trama las diversas historias que aparecen en la novela y con el que pretende "conseguir que el espectador sienta esta enorme cantidad de diversión, risas, charlas y sentido de comunidad que uno encuentra en estos suburbios. Lo que percibes en un lugar así es esta masa de energía". El eje es el desarrollo de un conocidísimo concurso televisivo ¿Quiere ser millonario? que tiene idéntico formato en todo el planeta. (¿Será esto la globalización?). Eché de menos desde el inicio a Carlos Sobera, seguro que no se hubiera comportado tan mal con el concursante como el presentador de la televisión india...
Nada más comenzar la película, llama la atención del espectador occidental la hacinada vida en un megasuburbio en el que salvo vida y muchas sonrisas no hay nada. Es cierto que el valor de la existencia en tal parte del mundo es relativo, pero como normalmente es tan corta, las personas la viven con una intensidad fuera de lo normal.
Los personajes centrales de esta obra son los hermanos Jamal y Salim y su amiga Latika. Los tres son niños del suburbio (la traducción literal de esta obra sería perro millonario de tugurio), es decir que estos niños son huérfanos, analfabetos, pícaros, doctorados en sufrimiento y sabiduría en supervivencia. (Por cierto los actores infantiles que encarnana Jamal, Salim, Latika son dignos de una postal. La belleza y hondura de su mirada negra es como un imán para los corazones. Por desgracia me imagino que para más cosas también).
¿Por qué, y esta es la pregunta que me hizo Marián al salir del cine, Salim acaba como acaba y por qué Jamal lo hace de manera opuesta?
Responder a esta pregunta es fusilar a la película. Por otra parte es muy sencillo, pero prefiero no escribirlo. Acabo de decidir que respetaré a quienes aún no la han visto.
La película está cargada de color y vitalidad, de pasión por la vida, de agarrarse a la piel de la tierra de cualquier modo, y algunas veces a cualquier precio. En el suburbio de Bombay no es fácil vivir (no digo vivir bien, sino vivir), esto es lo primero que vemos en la película, después de la escena de la tortura policial en una celda cochambrosa, a manos de un patán. La escena de la persecución policial a los niños es un prodigio cinematográfico, un homenaje a cierta película de Bollywood y una invitación a no meterse en ese avispero. Nunca he visto algo que explique mejor en que consiste un laberinto. Contemplando esta primera parte de la película y algunas otras escenas posteriores, sentí el mismo agobio que al contemplar los cuadros renacentistas que los críticos definen como horror vacui, es decir horror al vacío, y que consiste en ocupar cada centímetro del cuadro con algo, casi con cualquier cosa. En Bombay, y supongo que en cualquier suburbio, encontrar un espacio libre es un milagro al que ya nadie aspira.
Diría que la película viene a poner orden al caos general que impacta en los ojos de los espectadores en los primeros minutos. A partir de la escena de la lluvia monzónica en la que la desaforada tragedia parece ilimitada, se aúpa, poco a poco, y a pesar de las tremendas vicisitudes por las que pasan los protagonistas, un sentimiento que regenera esa realidad irrespirable.
Parte de la crítica ha señalado el burdo tratamiento que Danny Boyle, oscarizado director de la película, hace de la miseria, las mafias, la drogas, etcétera en la India. Y probablemente tengan razón quienes escribieron cosas parecidas a esta: película llena de optimismo y belleza colorista, lástima que los niños mendigos y ciegos de Bombay no puedan verla. Y nada más leer esto, a uno le viene a la cabeza la más terrible de las escenas, sin duda.
Pero, a pesar de la certeza de tales palabras, pienso que lo mismo se podría decir de tantos cuentos infantiles, de tantas fábulas, de tantos relatos, y pocas veces se comenta, porque es algo sabido y porque darle vuelta a tal crudeza es parte del objetivo que persigue el autor. A veces ofrecer un poco de esperanza, indicar una puerta de salida, es más importante que fotografiar sólo el horror en el que nos despedazamos y pudrimos. La realidad siempre supera a la ficción, sobre todo en la parte negativa, por tanto quedémonos con ese deseo que nos pone ante los ojos esta película.
¿Se merece los ocho Óscar obtenidos o los cuatro Globos de Oro o los siete BAFTA...? Esto siempre es relativo y discutible; a mí me queda la sensación de que hay algo de castigo para alguna otra película, aunque también pudiera ser que, dado el momento por el que pasa el planeta, es mejor creerse el cuento de hadas y venderlo al mundo, desde el trampolín de Hollywood.
Así sea.

2 comentarios:

Adrian Dorado dijo...

No la he visto, pero me has creado una buena intriga.
Lo que si se me está agrandando es la sensación de hacinamiento en las grandes urbes, se me ha amplificado la sensación de superpoblación, de muy mala distribución, lamentablemente por cuestiones siempre negativas,de la gente sobre este planeta.
De cualquier manera son culturas donde la vida, es decir el tránsito por esta tierra y con esta forma tienen una relatividad superlativa...en fin no es fácil comprender con ojos de occidental lo que allí ocurra por más que el hombre es hombre en todos lados..pero ¡¡¡ con tantos matices!!!

Amando Carabias María dijo...

Lo que transcribo que dijo el guionista de la película me impresionó, porque es verdad que en medio de la miseria, las sonrisas todo lo iluminan.
La explicación es evidente y es la que tú aportas: la vida, o sea el tránsito por este mundo, es algo bastante relativo. Su resigación es sonrisa, y eso nos descoloca en occidente, donde el ser humano es el centro de todo, más aún, es la medida de la creación.