lunes, 30 de marzo de 2009

GRAN TORINO

Un hombre, fuerte como un roble, y anciano como un roble, y enhiesto como un roble, mira de frente y por derecho a la cámara. El gesto es el mismo, es la misma su mirada, pero las arrugas, son verdaderos surcos que el tiempo ha trazado con la hondura de un arado romano.
Han pasado pocos años, relativamente, desde que vi Million dollar baby y es como si le hubieran caído encima al actor todos los años del mundo. De pronto, Clint Eastwood ya no es solamente la arrogante figura que jamás era afectado por ningún sentimiento humano. Un hombre frío, osado, despiadado, invulnerable, de mirada gélida y agresiva. Alguien que en Harry el Sucio y el resto de sus secuelas cinematográficas, se elevó como guardián del bien utilizando las mismas armas que los representantes del mal. Todo muy violento, todo muy simple, en la misma línea de los spaguettiwestern que gracias a Sergio Leone popularizaron a este actor y convirtieron a Almería en un gran plató hollywoodiense.
El proceso que comenzó con En la línea de fuego, aunque en Los puentes de Madison ya asoma un hombre sensible, ha culminado con este Gran Torino. En aquélla, el talludito y arrogante guardaespaldas del presidente de los EE.UU que aparentaba poco más de sesenta años (los mismos que tenía el actor por entonces), ya empezaba a ser un tipo vulnerable. Y ya el sentimiento de la culpa pesaba en el personaje, como una planta que crecía, quiero decir, que la semilla estaba perfectamente arraigada en su corazón y que sólo era cuestión de tiempo el que llegara hasta donde ha llegado.
Por suerte para todos, Clint Eastwood ha alcanzado setenta y ocho años en plenas facultades mentales y con todo su vigor creativo e interpretativo. También por suerte para todos, su inteligencia ha sido suficiente como para saber que era el tiempo de que diera paso a un hombre atormentado por su pasado, aunque dicho tormento se oculte, o se pretenda ocultar, tras esa arrogancia física que aún ostenta, tras esa mirada acerada y dura, casi siniestra y muchas veces sin piedad.
Pero pronto se ve que todo es pura pose, escudo protector de un hombre que se sabe, en realidad, desprotegido, solo y despreciado, salvo por su memoria y por los habitantes del pasado, entre los que no figuran los jóvenes. Da igual que sean 'rollitos de primavera', sacerdotes irlandeses, morenos o chicanos.
Esta película, como acontece en las buenas obras de arte, y las que dirige Eastwood no son malas, tiene, al menos, dos niveles de lectura. Por la superficie galopa con ritmo y tino cinematográfico el argumento de una cinta que contrapone las dificultades que tiene un antiguo excombatiente de la guerra de Corea para comprender a las generaciones que le han sucedido. Si ya no se entiende con sus hijos, a sus nietos los ve como extraterrestres dignos de un reformatorio al más puro estilo, la letra con sangre entra. Para aderezo completo del ambiente en el que vive, el barrio se ha convertido en lugar de residencia de los 'amarillos', aunque pronto descubrimos que se trata de Hmong, es decir, una etnia vietnamita que apoyó al ejército norteamericano durante la guerra de Vietnam y que tuvo que huir de su país, una vez que el Vietcong se hizo con las riendas de la situación y el ejército estadounidense regresó a casa. Se contraponen los valores del esfuerzo, el tesón, el trabajo, el respeto a los mayores, la hospitalidad, el contacto humano, con el nuevo estilo juvenil de las bandas compuestas por jóvenes de la misma raza (hmong, negros, chicanos...) cuyo único fin es delinquir o eso parece.
Pero bajo este argumento (del que no contaré más por respeto a quien no la haya visto aún) habita la verdadera historia de la película, que no es otra que la historia de purificación de la culpa del protagonista Walt Kowalski, Clint Eastwood, que durante las casi dos horas de proyección evoluciona de un modo que no deja indiferente a nadie. Desde el primer fotograma del filme, en que escuchamos el gruñido de un temible perro guardián enfadado tras la boca cerrada de Walt Kowalski que preside el funeral de su esposa (fotografía que ilustra este comentario), hasta el final de la película, además de la historia que se nos cuenta, contemplamos el cambio de una personalidad que pasa de la intolerancia a la entrega. Un hombre que, a pesar de la animadversión que siente por la iglesia católica (otra de las constantes de los personajes del ultimo Eastwood, la crítica a la iglesia católica, sobre todo al sacramento de la penitencia), siente el peso de la culpa como una losa que le aplasta la vida; un hombre que durante ese periplo interior encuentra, en medio del dolor absurdo causado a un inocente, el modo en que ha de aplacar su remordimiento, una vieja culpa que le ha atormentado toda la vida.

5 comentarios:

S.V.-B. dijo...

Como bien has dicho, Clint Eastwood no defrauda nunca porque siempre hace buenas películas y como en todas en general, siempre puede hacerse una doble o triple lectura o tantas como espectadores tenga.
Por encima de todo está él, que salva cualquier escollo que podamos encontrarle a la cinta, él, que siempre es el duro e impertérrito en todos sus papeles y que en ocasiones, como en esta, nos deja ver un gran corazón que seguro es el que tiene.
Por debajo de todo esto, lugares comunes en todas las pelis americanas: patria, bandera, guerra de bandas, gran coche-símbolo de tiempos mejores y por supuesto, guerra de Vietnam.
La purificación de la culpa, como bien dices, es un proceso que pasa desde lo ridículo al principio a ser un sentimiento verdadero, que es realmente el hilo conductor de todo el argumento.
En fin, merecen la pena las dos horas que estás sentado en el cine.
El doblaje, excepto el del otro grande entre los grandes, penosito.

Amando Carabias María dijo...

SVB: Tienes razón en lo del doblaje. Excepto la voz de Clint Eastwood en español, una de las voces de oro, lo del doblaje, sobre todo el de las escenas en que aparecen las tres bandas callejeras es peor que de serie B. La verdad es que es lastimoso. Y es más lastimoso cuando hemos comprobado tantas veces que los dobladores en español son muy buenos.
En este caso, además de guerra de Vietnam, habría que hablar de guerra de Corea, con lo que el cocido tiene aún más sustancia.
Lugares comunes, dices... Ya, pero es que me temo que en la América profunda (¿El medio Oeste, no') es lo que hay...
Lo de los coches... También Marián me lo preguntó al principio de la peli, y yo me acordé de las conversaciones que tenían muchos de mis amigos cuando eran jóvenes, y tengo aquí al lado a los gitanos que se pasan el día acariciando más a sus coches que a sus novias.
Lo del coche, me temo, no solo es yanqui, sino que tiene que ver con buena parte de la humanidad. La mitad, más o menos, los machitos. (Y eso que algunos nos salimos de ese grupo, pues ni coche, ni carné, ni ganas). Fíjate que E'too el futbolista del Barça es camerunés y uno de sus hobbys es coleccionar coches antiguos... NO, lo del coche no es sólo norteamericano es universal. Lo que caracteriza a éste es su nacionalismo exacerbado: se trata de un Ford, de un Gran Torino 1972
(¿Y eso qué es?) La verdad es que el coche es precioso. Y además juega un papel simbólico grande en el film, algo así como la metáfora de la integración y aceptación de un modo de ser. Quizá esto sea demasiado 'patriotero'.

Adrian Dorado dijo...

Los he leido y cierto es que no me interesan los valores expuestos en esta y otras peliculas del acto-director. Así que paso peo el tema de los doblajes sí es algo que me pregunto porque esos métodos suelen utilizarse cuando hay una población grande de analfabetos para que accedan a los textos dado que sino se perderían el contenido de los mismos pero pierde muchísimo de la cualidad actoral,desde los timbres hasta la inflexión de la voz, por muy buenos que sean los dobladores, serían dos interpretaciones, la trducción del texto y del sonido e inflexión. En cambio con los subtitulados se mantiene toda la frescura y autenticidad del sonido original e incluye a los sordos quienesd e esta manera accederían a su comprensión. De los dos métodos habría que ver a quien dse deja afuera si a los analfabetos o a los hipoacúsicos. De cualquier manera lo que queda claro es que tanto un método como otro los que si se quedan fuera son los ciegos ...y los muertos, claro está...o los que , como yo no se lo bancan al flaquito soberbio.

Abrazos

S.V.-B. dijo...

Bien dices Amando que en España hay un doblaje magnífico; de hecho seguro que nos parecería raro escuchar a Clint Eastwood en otra voz que no fuera la del doblador en español, como nos pasaría con otros tantos actores a los que ya estamos acostumbrados a oir y no precisamente en su voz original.
Tengo un amigo segoviano casado con una portuguesa y por tanto viviendo en el vecino país desde hace bastantes años. Me sorprendió cuando me comentaba que están acostumbrados a ver las películas subtituladas y que escuchar una película doblada les parecía un horror. De hecho, su pequeño Alfonso entiende y escribe el inglés mucho mejor que cualquiera de nuestros hijos porque todas las películas, e incluso creo que me dijo que también los dibujos animados, los ven en idioma original. Por supuesto, el pequeñajo entiende y habla español, portugúes e inglés.

Amando Carabias María dijo...

ADRIÁN y SVB:
Lo del doblaje no tiene pase posible. Ahora voy al cine gracias a la mejora en mi calidad de vida personal, ejem. Bien. Entre otras manifestaciones procuramos acudir al MUCES (Muestra de Cine Europeo) y al Ciclo de la Mujer trabajadora, y en ambos ciclos las películas son en versión original. Lo dicho, no tiene pase. Además, como dices, Adrián, esto supone una nueva interpretación, lo que en el fondo es una segunda traición, porque la traducción del texto original fue la primera.