sábado, 14 de marzo de 2009

ESTACIÓN DE SALIDA

El otro día en el blog Mira que te lo tengo dicho de Juan Cruz el periodista, escritor y editor tinerfeño nos proponía una pregunta: ¿De dónde vienen los escritores?
Esta es una pregunta que se puede interpretar de diversos modos. En un primer momento, en su entrada, Juan Cruz se refería a la procedencia geográfica de los nuevos escritores que llegan a Europa en general y a España en particular.
Pero ese ángulo local o geográfico, pronto dejó de interesar a los intervinientes, desde el principio se ahondó sobre otra posible interpretación a esa pregunta: ¿qué territorio vital transitan los escritores?
Desde ese día, he deseado compartir en este rinconcillo lo que allí dejé sobre la cuestión, sobre todo porque es una interpelación que me vengo haciendo con reiteración, mejor dicho es una auto interpelación.
Para mí mismo es un misterio saber las razones que me impulsan a este afán. Ser escritor, o intentar serlo, no es sencillo, porque es doloroso e incómodo, y, sin embargo, al mismo tiempo, es gratificante y me llena de felicidad, sobre todo cuando uno roza un pedazo de la verdad, esa compleja piedra poliédrica, infinitamente poliédrica.
Con algunos arreglos, esto es lo que escribí allá aquel día:
***
Me imagino que la procedencia geográfica o idiomática de cada quién importa menos que el impulso interno que desemboca en la escritura, en el acto de escribir.
Quizá, en el supuesto caso de desplazados de su tierra (ahora la causa del destierro importa menos, aunque también importe), la ausencia de los horizontes propios rasguee con más fuerza la nostalgia y la melancolía y los recuerdos y la soledad y todo ese cóctel de sentimientos y oquedades, de cicatrices y de vacíos, obligue a tomar cualquier instrumento de escritura y cualquier soporte donde las palabras puedan quedar reflejadas.
Creo firmemente que el escritor procede, sea cual sea su nacionalidad, de la vida y del loco afán por transmitirla o por buscarle una explicación medio lógica a este caos en el que habitamos. Esta sensación se tiene cuando se tiene, quiero decir, que unas veces te empuja en la adolescencia, otras en la madurez, incluso más tarde...
Un buen día ese sentimiento se torna insoportable y te anega el alma de palabras que tienes que arrojar de ti, escribes impulsado por esa necesidad irrefrenable, y después de desalojar de tu corazón ese exceso de sentimientos, te das cuenta de que no vale para nada, de que no has dicho nada que valga la pena, aunque sea único e irrepetible...
Entonces humilde o humillado, o ambas cosas (y en esto se demuestra inteligencia), te paseas por los libros, por unos, por otros, por otros, luego te zambulles y al final te los bebes... La mayoría sirven, de todos aprendes, pero de alguno te enamoras, y sin darte cuenta, vas componiendo tu propia sinfonía u optas porque tu paleta de colores tome todos los matices del gris o del rojo o del verde o del blanco...
Por tanto, al final, el origen del escritor es la vida y son los libros y son los amigos que menean la cabeza cuando algo tuyo no les gusta, o, incluso, silencian su opinión para no dañarte...
Los escritores, creo, vienen, como ha dicho Adsuar (1), de la loma y escriben, siempre, en llano, y vienen de lejos y vienen de aquí al lado y hablan nuestro idioma o hablan otro, pero escarban en la tierra del ser humano para llegar al tuétano del alma y mostrarlo, siempre mostrarlo limpio o sucio, bendito o criminal, apacible o acuciado, ingenuo o perverso, ángel o diablo...
Los escritores, repito, vienen de la vida y de los libros y son como niños que emplean la tarde de domingo en armar un rompecabezas imposible...
***
Aquí acabó mi intervención o mi primera intervención, pero se me olvidó algo fundamental, y se me hubiera olvidado ahora si otra persona que firma como Una lectora de poesía no lo hubiera escrito aquel día.
Ella citaba a Orhan Pamuk el premio Nóbel turco. Concretó lo que a mí se me quedó entre la última línea y los puntos suspensivos. El escritor procede, en última instancia, del silencio y de la soledad, pues es imposible imaginarse el acto concreto de la escritura sin ambos aliados, porque en el silencio y en la soledad es donde se puede construir ese rompecabezas dominical.
Embebido en ese silencio se descubre al tú que llevamos dentro, o sea nuestro yo más hondo.
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(1) Adsuar es una de las personas que intervienen en el blog de Juan Cruz, se trata de alguien que conoce a la perfección la literatura española y generosamente nos ofrece a los demás sus conocimientos, con los que nos enriquecemos.

2 comentarios:

Adrian Dorado dijo...

Reitero lo que dije en su oportnidad y ahora no recuerdo donde, es un buen comentario, tiene ritmo, e interesante como amplió la mirada que fuimos construyendo al respecto de la creación escrita me gusta de sobreanera esta idea:"sin darte cuenta, vas componiendo tu propia sinfonía" la siento muy real. y con la cual me identifico.

Abrazos

Amando Carabias María dijo...

ADRIAN: Este tiempo de prisas y de afanes, de estar en mil batallas, casi todas, quizá, escaramuzas menores, sin embargo, tiene una ventaja: es el tiempo de la reflexión, del replanteamiento de muchas cosas, el tiempo en que uno va tomando conciencia de la dimensión ética de su quehacer, al tiempo que descubre el hondo manantial en donde abrevan los resortes que la impulsan.