miércoles, 18 de marzo de 2009

EL RECUERDO.

Sus ojos, lágrimas extraviadas del amanecer, atestiguan, como cada noche, que la verdad es una joya enjaulada en una inalcanzable caja fuerte de la que se perdió su combinación. Mientras otras manos (¿cuántos dedos, esta madrugada, han mellado su piel de nácar frío?) son torpes y pesadas serpientes viscosas que reptan sobre su lejana desnudez, no puede evitar pensar en las promesas que la alejaron de su horizonte. Le gustaría escupir sobre esa nuca despoblada, arrancar a tiras la piel de esa espalda que se tensa durante un placer violento y breve como la picadura de una medusa. Pero se vuelve a contener, como tantas veces. El recuerdo de otros ojos, también lágrimas extraviadas del amanecer, es un freno más poderoso que el impulso que siente por zanjar para siempre la mentira. Entretanto sonríe y simula algo parecido al susurro de un placer, tan lejano, como la verdad que le prometieron o como su desnudez cotidiana. Cuando esas manos inútiles huyan de su piel como grajos asustados, cuando ese cuerpo desvencijado se retire como ejército derrotado, abrirá, de nuevo, la pequeña cartera de plástico viejo, y allá dentro contemplará su único tesoro, cuyos ojos son lágrimas extraviadas del amanecer. Y el amanecer será del tamaño del llanto.

4 comentarios:

Adrian Dorado dijo...

Oye, un poquitín mas corto tu microrelato, le ponemos música en ritmo de 3 x 4 y tenemos un tango de mi flor.
El tema ha sido el característico de los tangueros de unas décdas atrás preocupados por la naifa a la que se le piantaban los lagrimones luego del último servicio a la masculinidad pagante.
Bien. Bien, me gustó. ¿Su piel de nacar frío?....hummmmm yo no podría, no, no.

Amando Carabias María dijo...

Aquí es terrible lo de la trata de mujeres. Vienen de todas partes del mundo y sufren en la distancia, porque la verdadera amenaza suele ser no sobre ellas, sino sobre los que dejaron en su tierra.

javier dijo...

Que vida más perra, es penoso que esto esté ocurriendo hoy y más penoso aún que pueda seguir ocurriendo por los siglos de los siglos, ....; es cierto que siempre que se habla de este tema, únicamente se habla de una víctima, pero la realidad es la que comentas tu, esas otras personas.

Amando Carabias María dijo...

Y es que además, para que estas víctimas sufran como sufren, son necesarios verdugos. Y en este tema hay muchos, no sólo los que toman el hacha, por así decir.