viernes, 6 de febrero de 2009

LA SOMBRA. (Capítulo octavo y último)


El silencio del ocaso ha sido mucho peor que el bisbiseo esporádico de la tarde. Por culpa de la total ausencia de sonido, la frase resonaba con más potencia en mis neuronas: 'Será esta noche, será esta noche, será esta noche...'. Hasta que se ha tornado martillo que golpeaba con exactitud milimétrica el mismo punto preciso de mi cráneo.
Sabía que allí estaban, camufladas en mitad de la negrura que ha ido creciendo más y más. Pero lo que más me ha preocupado o lo que más me ha aturdido o lo que me ha puesto el ánimo de muy mala leche (en mi estado, ¿para qué andar con zarandajas?), ha sido ese silencio imperturbable que durante toda la tarde ha ocupado a mi vieja sombra, ya saben, la que me acompaña desde siempre.
Ustedes, que han demostrado con suficiencia su capacidad deductiva, se habrán percatado de los variados estados anímicos en que me ha colocado esta actitud esquiva de mi compañera inasible. Hay diferencia entre estar preocupado o estar aturdido o estar cabreado. Y sin embargo la causa era la misma: su pertinaz silencio, su repentino abandono durante tantas horas. Si durante un minuto pensaba que la sombra acechante había acabado con ella, me preocupaba. Al instante siguiente, cuando imaginaba que ambas siluetas vivían un encuentro erótico, me aturdía[1]. Pero segundos más tarde, si barruntaba que ambos ejemplares del mundo espectral se aliaban contra mí, me enfadaba.
Cualquiera entenderá, supongo, que al desembocar en este último supuesto me haya sentido traicionado por aquella silueta que siempre me ha acompañado y ha crecido y ha vivido adosada a las plantas de mis pies...
Pero este pensamiento de ira hacia mi penumbra, no me ha ocupado mucho tiempo, puesto que he llegado a otra conclusión: a lo peor, el supuesto y no comprobado pacto entre sombras, se dirige contra mi persona.. Es decir, he temblado al intuir que, en vez de un abandono, se avecinaba un ataque en toda regla. Más aún, he sospechado que para agredirme, la sombra acechante no necesitaba de pactos, sino que actuaría contra mi silueta, haciéndola desaparecer o volviendo su voluntad contra mí. Por tanto, casi prefería que su desaparición hubiera desenmascarado el error del escocés experto en sombras y mis dos compañeras de piso fueran quienes demostraran al mundo científico que las sombras también practican sexo.
Siempre he creído que el miedo es libre y esta noche lo he comprobado en mi carne, ya que me he visto impulsado a enchufar todas las luces de la casa. Ha sido la única manera de asegurarme que descubriría el instante en que se abalanzaran sobre mí. Por supuesto, me he situado a plena luz, al descubierto de cualquier penumbra que brotase de algún objeto.
Durante unas cuantas horas, mi casa ha parecido una verbena. Pero una verbena silenciosa. Una verbena presidida por mi miedo. El silencio con aspecto de hielo frío y sólido, ha tenido el efecto de que mi pensamiento sólo interpretara en un sentido la frase que había escuchado horas antes: Será esta noche.
Y la noche nos acunaba con sus fríos brazos...
Pero el sueño ha terminado por agarrotarme el entendimiento. Por mucho que he intentado evitarlo, los párpados se me caían, mientras la cabeza se me derrumbaba sobre el pecho, con evidente peligro para la salud de las cervicales.
Quizá haya sido un accidente, un cabezazo excesivo lo que ha descerrajado el engranaje de esas vértebras. Creo que eso ha dicho el forense hace unos minutos...
Pero no se lo crean ustedes...
En realidad ha sido otra cosa...
Al descuidarse mi atención, derrotada por el sueño, ambas sombras (la mía de toda la vida no había sufrido, nada, la pobrecilla) a velocidad de vértigo se han deslizado por el suelo, han ascendido por mis piernas y mi tórax y han entrado en mí a través de mis fosas nasales. Sólo me he estremecido un poco, casi nada, un leve escalofrío. Se han acercado al corazón a toda prisa y me han hablado...
No es exacto. Sólo ha hablado la sombra expectante, la sombra que me vigilaba. 'Soy tu muerte. Cada ser humano tiene la suya propia, que con él nace, pero permanece oculta y callada hasta que llega el último día. Ese día se convierte en sombra invisible para todos, excepto para tu propia sombra que es el único ser que conoce la llegada del final. Tú me has descubierto, y por ello serás premiado. Y desde hoy tu corazón, pasará a ser impulso de otra sombra...'
Yo no he tenido tiempo de preguntar nada. Tampoco es para tanto.
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[1] De nuevo acudo a la sabiduría del profesor escocés John Black Shadow. En su magna obra sobre las sombras existe, efectivamente, un capítulo titulado De las relaciones intersombrales. En él se afirma de modo explícito que, a pesar de sus esfuerzos, no halló ningún caso de posibles encuentros de carácter erótico o genital entre ejemplares de las penumbras. Lo máximo que demostró (ver capítulo CLXIV, página 457, párrafo cuarto. 2ª edición de Oxford. 1905) fue que, en determinadas circunstancias, relacionadas con el carácter excesivamente abúlico del cuerpo propietario de la sombra, se constató acercamiento afectivo entre ejemplares procedentes de diferentes personas, animales o plantas. Dos páginas más adelante, en una narración realmente memorable por lo sensorial y emotivo de sus palabras, relata esta relación entre la sombra de un gato gris y la de una sombra sin aroma. (Perdonarán ustedes que no transcriba la cita literal, pero no se dispone del espacio suficiente. Baste pues esta mención como prueba, a pesar de que los quisquillosos de la exactitud científica e investigadora, puedan declararme como persona no grata).

5 comentarios:

chus dijo...

relaciones intersombrales!!!! que bueno!!!!...lo esencial es invisible a los ojos...

Adrian Dorado dijo...

¡PLACS!¡PLACS!¡PLACS!
"CHAPEAUX" MY FRIEND- I ENJOY THIS TALE A LOT - VERY, VERY WELL THE END WITH THE DEATH BE COMINNG INTO THE NOSE. GREAT...GREATFULL DEATH


(1) ¿¿¿¿¿¿¿Nos dejarás sin la zoofílica relación del gato joputa con la sombra sin aroma???????????

Amando Carabias María dijo...

Querida Chus: Tal y como demostró John Black Shadow el mundo de las sombras es muchísimo más interesante de lo que parece y más amplio. Y sí, lo esencial es invisilble a los ojos, pero no a la mirada...

Dear Adrian, thanks. Your words are pretty for me and my old shadow. I'm very happy if you've enjoy with this tale. Is an honor for me your valoration of this text. Perhaps, one day, I know the true story of the withoutshadow grey cat, and the rose. But today is a mistery for me.

javier dijo...

Bueno, este octavo capítulo, como no podía ser de otro modo, ha estado muy bien, en la línea de los anteriores, tampoco le ha faltado la sorpresa, o el sorpresón, el que me he llevado yo al leer el título:"...y último", una lástima, aunque recompensada con la lectura del mísmo. Otra sorpresa, no me esperaba este desenlace, pero me parece adecuado ya que todo principio tiene un final.
Ahora a por otro por entregas.
Nota: lo del comentario y la respuesta en inglés, UN PUNTAZO.

Porfirio de la Cruz dijo...

Sr.Carabias:
Ha acabado este relato, y me parece que ha sido un final muy poético.
Además de lo que ya se ha dicho, a mí me ha intrigado que el premio que la muerte concede a la sombra es el de ser impulso de otra sombra. ¿Quizá sea ése el arranque de otra historia por entregas como solicitaba Javier?
Gracias por responderme y gracias por este relato.