lunes, 12 de enero de 2009

EL DÍA DEL CUMPLEAÑOS DE CELIA, MADRID SALIO A LA CALLE

Foto tomada de la edición digital de El País

Venimos la familia de celebrar el cumpleaños de una de las peques: nuestra sobrina Celia, cinco años. Se le escapa la vida por los ojos y nos llega hasta el corazón. Su lengua, que ya no es media lengua, sino lengua entera, acierta con el comentario divertido a través del que se vislumbra una personilla a quien no se le engañará fácilmente.
Sigue con su delgadez que presagia buena altura, pero, sobre todo, sigue con su risa dorada, que como el sol del mediodía, calienta estos fríos que a ratos hielan el alma.
Ha sido un día para la contemplación del hielo que aún continúa ahí abajo, para el silencio reflexivo, para el trabajo en la tarea, para la celebración familiar, y para sentirse orgulloso de Madrid.
Como tantas veces, Madrid.
Según los organizadores, unas doscientas cincuenta mil personas han colapsado el camino que va desde Cibeles a Sol. Un buen trecho. Los periódicos y sus primeras páginas sacarán las fotos de los famosos (sindicalistas, actores, actrices, políticos, algún escritor...), así que he elegido a esta muchacha anónima porque en su gesto, en su mirada que se adivina, en el grito que se ha escrito en la mejilla, ALTO EL FUEGO, se resume el espíritu de la inmensa mayoría de los manifestantes.
Madrid, otra vez, ha salido a la calle, ha vuelto a dar una lección como tantas veces viene haciendo desde hace tantos siglos. No me pondré erudito, ni sacaré muchos datos. La memoria obrará en justicia en cuanto que se convoquen los gestos por la libertad.
Madrid despreocupada y vital, trascendente y solidaria, orgullosa y extrovertida, directa y veloz. Madrid, con todo lo que tiene a favor y en contra.
Madrid que me asusta y me atrae, Madrid que a veces me desespera y a veces me enamora.
Madrid ha salido a la calle para defender una causa que nos lleva golpeando la conciencia desde hace más de dos semanas. (Herodes fue más rápido, y según se desprende del texto bíblico, también fue selectivo).
Escrito en esa mejilla tersa de juventud bendita e incipiente, ALTO EL FUEGO, más que un deseo debería ser orden.
Y si uno tuviera mando en plaza, nombraría a esta joven general en jefe de cualquier ejército, mejor dicho, de todos y cada uno de los ejércitos y la llevaría ante las mismísimas puertas del presidente de gobierno israelí y le ordenaría ALTO EL FUEGO. Y luego la invitaría a que se trasladase a Gaza, para que allí, a los terroristas de Hammás, les gritara lo mismo y con la misma fuerza: ALTO EL FUEGO. Y si hiciera falta a Cisjordania, al Líbano, a Siria, a Irán...
Ellos, los jóvenes, tienen las ideas muy claras. Es difícil que se les engañe de cualquier manera, con cualquier excusa, con tal explicación. Y si las explicaciones requieren muchas palabras, peor, mucho peor. Ellos, como toda la juventud de toda la historia, han entendido mucho mejor las consignas que los libros. Ellos no dudan: ALTO EL FUEGO. Después veremos. Después se verá. Lo primero, ALTO EL FUEGO.
Son la generación de la imagen. Directos, y muchas veces, certeros.
Hoy su grito es un disparo al centro de la diana: ALTO EL FUEGO.
Segovia sigue dentro de una nevera blanca, pero Madrid nos ha calentado el corazón y Celia, a estas horas en que el día cruza el umbral de una nueva jornada soñará con un mundo mejor. Esperemos no estropearle su sueño.

2 comentarios:

javier dijo...

Muchas felicidades a tu pequeña Celia y a sus cinco añazos. Mi Celia, mi madre, que en pocos días cumplirá setenta y..., se alegró al saber que conocí en la red a un paisano de Chañe.

Te felicito por los textos de los últimos días.

Saludos desde Tenerife

Javier Gómez

Amando Carabias María dijo...

Gracias, Javier por el comentario y por tu visita. Gracias a tu visita me he dado cuenta de que el texto tenía una imprecisión, mejor dicho, podría llevar a una imprecisión que ya he subsanado: Celia es mi sobrina.
Espero que vuestra en tarea en Tenerife siga adelante.