sábado, 10 de enero de 2009

AYER NEVÓ EN SEGOVIA (TAMBIÉN)





(Fotos: Las dos de arriba, así son de malas, las he hecho yo mismo. La primera es parte del paisaje que tengo delante, cuando escribo. La otra es la calle donde vivo. Así ha amanecido, después de la nevada. Si se hace click, se amplian, me parece).

La de debajo: Plaza Mayor de Segovia al anochecer de ayer nueve de enero durante la intensa nevada. Foto: Edición Digital de El Norte de Castilla)

Deambulan ángeles fríos por las alturas. Descienden tan despacio, tan lentamente que parecen cogidos a parapentes invisibles. Son alfileres de cabecillas gélidas que caen en diagonal, o formando arabescos, a veces quedan en suspenso como si dudaran, no, mejor, como si esperaran a otro para saltar juntos y hacer juegos malabares. A veces me recuerdan la trayectoria a cámara lenta de las metálicas agujas de punto de mi madre, cuando mi madre nos hacía a sus hijos jerseis o bufandas o chaquetas de lana.
La ciudad se ha cubierto de silencio albeado desde el mediodía.
(¿Alguien tiene noticia de la razón según la cual siempre que nieva el silencio lo abarca todo? Esta pregunta la repito desde que era niño, y nadie ha respondido aún).
Hay un diseñador por las alturas que ha decidido preparar un desfile de modelos, como una Pasarela Celeste, que haga competencia a la Pasarela Cibeles... Según me han informado fuentes bien solventes, a esta ciudad le ha tocado cruzar el escenario en el momento en el que se presentan los trajes de novia, hacia el final del evento.
No está más ligera nuestra ciudad, que cuando ha caído este manto que la deja sumida en una belleza de cristal.
A unos pocos metros del ventanal frente al que escribo los abetos aún pequeños se han revestido de espumillón cándido.
Frente a mí, más lejos, en mi horizonte, los tejados pizarrosos de las nueve o diez torres que diviso han encanecido o se han disfrazado con pelucas argénteas. Al Acueducto le han colgado oropeles de nácar en sus viejos dedos fríos. A la catedral os la he dejado escondida, en la foto, detrás de las acacias desnudas de la Plaza. Mi Esbelta Dorada se ha tapado su sonrisa con un liviano velo de tul.
Desde el primer copo que cayó al mediodía de ayer, algo así como un copo tímido, confuso o perdido, supuse lo que ocurriría... Y ha pasado. Ha empezado a nevar despacio, muy despacio, pero sin cesar. Horas, y horas. Ha sido tan moroso como las caricias de la tarde, cuando la tarde se torna una caricia blanca y cálida, infinita y sinuosa, circular y apasionada.
La noticia ha estado en Madrid, como casi siempre. Es cierto: he leído hermosos textos sobre Madrid nevado. He visto imágenes estupendas de Madrid nevado.
Pero esta ciudad nos ha reservado su mejor sonrisa de marfil para nosotros, y no sé si tengo derecho en desvelar este secreto.
Ahora mismo, cuando se publiquen estos temblores en forma de palabra, sigue nevando, como si espolvorearan azúcar glasé sobre la ciudad.

A lo mejor Segovia no es la novia de la boda, a lo mejor es la tarta de nata de la boda.

4 comentarios:

Adrian Dorado dijo...

Lo que sí sabemos, es que Segovia es la nata y la corona de fresas de tu corazón, chaval!

vitruvia dijo...

Donde yo vivo no ha nevado, por eso me paseo por los lugares por los que sí lo ha hecho, porque me gusta esa paz y ese silencio del que hablas.

Es la primera vez que coincido con alguien que también visita el cuaderno de Saramago. Me gustan estas casualidades.
Un saludo.

Amando Carabias María dijo...

Querido Adrián: ¿tanto se me nota?
Pues es una alegría. Veinticuatro horas después de la nevada, esta calle sigue casi igual que en la foto.

Vitrubia: Espero que tu llegada, aunque sea producto de una casualidad (¿casualidad?) no sea esporádica. Si allá donde vives no nieva, es seguro que no tenéis frío y probablemente os bañe el mar. Nosotros, sin embargo, necesitamos recorrer, al menos, cuatrocientos kilómetros para llegar hasta él. (Ahora mismo un galgo corre por encima de la nieve. ¿Cómo lo resistirá?)

javier dijo...

Segovia es una joya, con o sin nieve. Claro que este ornamento natural dota de una textura particular todo lo que cubre, como si lo empaquetara para regalo. Entonces, cuando está listo, nos lo regalas a través de tu blog. Qué preciosidad. Saludos