lunes, 1 de diciembre de 2008

L'ACQUA ALTA

Ahí está la imagen que he subido de la portada de El País de hoy. Por lo que se cuenta en el periódico, a pesar de lo alarmante que parece el fenómeno, no es desconocido para los venecianos. Se tienen que dar, como en estos días, tres circunstancias: que nos encontremos en época de mareas altas, como la actual, que se produzcan muchas precipitaciones (un temporal de agua y nieve parece que azota la zona) y que sople el siroco desde el mar que empuje a éste hacia la ciudad de los canales y que consiga que se introduzca por los canales. La información dice que hubo otras acquas altas históricas en 1966, 1979, 1984. La de hoy mismo no es tan peligrosa, el nivel del agua en la ciudad 'sólo' ha subido un metro y cincuenta y seis centímetros, cuando, en realidad tenían previsto que se alzara hasta el metro sesenta... A esta imagen convendría añadirle, al menos en la imaginación, el ruido de las sirenas y de las campanas y el bando del Alcalde que aconseja que nadie salga de sus casas.
Después de leer el periódico, uno tiene la impresión de que la cosa no es para tanto, algo así como cuando nuestros partes informativos hablan de puertos cerrados por la nieve, o que es obligatorio el uso de las cadenas, o que es mejor no salir a la calle en las horas centrales de la jornada por causa del exceso de calor.
Sin embargo las imágenes me sobrecogen el alma. He escogido ésta, entre otras fotografías, quizá por ser más representativa, porque la imagen de la Plaza de San Marcos es un icono inconfundible de esta ciudad de ensueño para el mundo entero. Esta imagen, esta información, me sobrecoge porque siempre he pensado que Venecia morirá por la misma causa por la que vive: el agua. Que es algo así como el colmo de la belleza o morir a causa de éxito.
Visité Venecia hace muchos años, probablemente el peor día del año para hacerlo, justo después del carnaval, cuando la ciudad está sumida en una resaca que le hace moverse con pereza, como un lagarto soñoliento.
Hablar de Venecia es absurdo, habiendo tantos que lo han hecho y lo harán mucho mejor que yo. No obstante diré que me pareció una ciudad de arrebatadora belleza, aunque con alma melancólica y triste, lánguida y cansada, como si fuera consciente de que su final está más próximo de lo que parece. A medida que uno se aleja del Gran Canal y callejea por las aceras estrechas, el sonido del agua que roza los muros, se hace obsesivo, oscuro. Uno tiene la sensación de que abandona un hermoso cuento de hadas y se introduce en un pasadizo que le llevará hacia un relato, como mínimo de misterio, sino es de terror.
Quisiera volver a Venecia, pero no sé si llegaré a tiempo o el mar acabará por tomarse su tributo.
Desde hace años es sabido que los japoneses están invirtiendo ingentes sumas para intentar frenar el progresivo hundimiento de la ciudad de los canales. No sé si lo conseguirán, aunque será casi milagroso pues todos los peligros posibles se ciernen sobre esta urbe: los casquetes polares pierden hielo, con lo que sube el nivel del mar, los océanos y mares se están convirtiendo en el mayor estercolero del planeta, el tiempo pasa y los cimientos de la ciudad, como las personas, empiezan a padecer de reuma por causa del contacto tan prolongado con la humedad, esta ciudad se está convertido en un museo, y la vida cada vez se aleja más de sus canales.
A pesar de todas estas dificultades, espero que el milagro sea aún posible y que próximas generaciones puedan disfrutar de esta urbe única en el mundo, como ha podido hacerlo la nuestra.
Sería una forma de salvar los sueños, incluso los sueños teñidos de melancólicos recuerdos.

2 comentarios:

S.C. dijo...

Parece ser que están buscando una solución para salvar Venecia.
No creo que nada funcione. Venecia desaparecerá y dentro de unos años se organizarán visitas guiadas submarinas.

Amando dijo...

Mejor que no des ideas, no sea que un Bill Gates nos nazca a cuenta del hundimiento del titanic de la belleza